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miércoles, 6 de mayo de 2026

Reparar hornos industriales sin demolerlos reduciría hasta 140 toneladas de residuos

 Una alternativa desarrollada en laboratorio permitiría reparar solo las zonas desgastadas de los hornos industriales usados para producir acero, cemento y vidrio, evitando desmontar por completo sus recubrimientos internos. La técnica reduciría costos de mantenimiento, tiempos de parada y hasta 140 toneladas de residuos refractarios por intervención, un proceso que hoy puede costar cerca de 1.200 millones de pesos.

La propuesta parte de una pregunta concreta: ¿es posible extender la vida útil de estos hornos sin tener que demoler todo el material que los protege?

Así lo desarrolló Jessica Natalia Tocarruncho Aguirre, magíster en Ingeniería de Materiales y Procesos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien trabajó en una técnica para lograr que el material nuevo de reparación se adhiera de forma segura al recubrimiento que ya está en servicio.

Los hornos utilizados en la producción de acero y cemento son esenciales para la industria, ya que en su interior se transforman materias primas como roca caliza, minerales metálicos y arena mediante calor extremo en materiales fundamentales para la construcción y la manufactura. Debido a estas condiciones, los hornos operan continuamente a temperaturas que se pueden acercar a los 2.000 °C.

Para soportar ese entorno, su interior está protegido por materiales refractarios, una especie de armadura cerámica elaborada principalmente con óxidos de aluminio y silicio, diseñada para resistir calor extremo, desgaste y ataques químicos.

Con el tiempo, las altas temperaturas, los cambios bruscos, la abrasión y los ambientes corrosivos terminan generando grietas, pérdida de espesor y fallas que afectan su capacidad de protección.

Cuando eso ocurre, la práctica tradicional en la industria consiste en detener la operación, demoler el recubrimiento y reconstruirlo desde cero.

Ese procedimiento implica no solo altos costos económicos, sino que además genera una gran cantidad de residuos. Dependiendo del equipo, una sola intervención puede requerir la demolición de entre 40 y 140 toneladas de material refractario que casi siempre termina en escombreras, después de semanas de parada industrial.

Un laboratorio de acero

Allí, con pequeñas piezas de concreto refractario de alta alúmina —similares a las que recubren estos hornos— de alrededor de 9 pulgadas de largo y 2 de ancho, como rectángulos perfectos, se diseñó un experimento controlado. Algunas muestras se dejaron tal como estaban, mientras que otras se modificaron para crear pequeños relieves en su superficie, creando una textura rugosa.

Esos relieves, muy perceptibles a simple vista, ofrecen puntos de agarre para el material nuevo. Luego, sobre esa superficie preparada se aplicó silica coloidal, un material líquido que contiene partículas microscópicas de dióxido de silicio. Al distribuirse y secarse, estas forman una red que actúa como un puente invisible entre el material viejo y el nuevo, el “pegamento” perfecto.

“En conjunto, ambos mecanismos —el anclaje físico y la unión química— buscan evitar que la interfaz, esa delgada línea entre lo antiguo y lo reciente, se convierta en el punto débil”, explica la experta Tocarruncho, quien lleva más de ocho años trabajando en el sector de la cerámica y los materiales refractarios.

Por otro lado, en laboratorio, para comprobar si lo lograban, las muestras se sometieron a una prueba de módulo de ruptura en la que se aplica fuerza hasta provocar la ruptura. No solo importaba cuánto resistían, sino dónde se rompían.

Las muestras con superficies lisas fallaron en la unión, incluso cuando se utilizó el “pegamento” microscópico, y no alcanzaron los 12 megapascales mínimos exigidos por la norma que rige estos materiales. En cambio, aquellas que combinaban los relieves con la silica coloidal superaron ese umbral sin ningún problema.

Eso significa que la unión dejó de ser el punto débil, y el material nuevo y el viejo comenzaron a comportarse como una sola pieza.

Además de las pruebas mecánicas, el equipo también realizó análisis detallados de las superficies, incluyendo observaciones con microscopía electrónica de barrido que permitieron ver cómo interactúan los materiales a escalas muy pequeñas.

También se evaluaron distintas concentraciones de silica coloidal, y se encontró que algunas ofrecen mejores resultados que otras, lo que abre la puerta a optimizar aún más la técnica según cada aplicación.

Para su estudio la ingeniera Tocarruncho contó con la dirección y el apoyo de la profesora Mónica Johanna Monsalve, de la Facultad de Ingeniería, y del investigador Carlos Mario Mesa Toro, de la empresa Erecos, dedicada al sector de los materiales refractarios.

Aunque los resultados aún corresponden a condiciones de laboratorio, representan un avance importante hacia métodos de reparación más sostenibles y menos costosos para industrias que dependen de hornos de operación continua.

Además de reducir costos, reparar en lugar de demoler también permitiría disminuir residuos, aprovechar mejor los materiales existentes y reducir el impacto ambiental de procesos que hasta ahora se asumían como inevitables.






miércoles, 2 de noviembre de 2022

Biocarbón reduciría uso de fertilizantes sintéticos en cultivos forestales

 Al combinar biocarbón –carbón activado– con fertilizantes sintéticos en un vivero de plantas de madera se genera mayor acumulación de nutrientes, con lo que también se mitiga el impacto ambiental de los agroquímicos.

El biocarbón es un tipo de carbón que se obtiene a partir de la exposición a altas temperaturas de residuos vegetales (tallos, ramas, y hojas entre otras), por medio de pirolisis. Una de sus bondades es que funciona como fertilizante o acondicionador orgánico que, combinado con los fertilizantes o abonos sintéticos, puede proporcionar
una mejor rentabilidad en los cultivos forestales.

El profesor Giovanni Reyes, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, menciona que “dicho aprovechamiento, puede disminuir las aplicaciones de fertilizantes sintéticos, lo cual genera una ganancia ambiental debido a que estos son solubles, por lo que cuando se utilizan en grandes cantidades,  terminan contaminando las fuentes de agua que se encuentran bajo la superficie del suelo (acuiferos), las cuales se conectan a las aguas superficiales (ríos, quebradas y lagos, entre otros)”.

Según el investigador, con la combinación de biocarbón y fertilizantes sintéticos se tiene una ganancia económica y ambiental, ya que no se utiliza el 100 % de dichos fertilizantes.

“El gran logro es que combinamos el biocarbón con la mitad de fertilizante sintético que usualmente se utiliza en la plantación”, expresa el profesor, quien agrega que “gracias a esta mezcla también se obtuvo un mayor crecimiento, vigor y salud en las plántulas de vivero”.

El reto de la investigación era entender cómo un residuo como el biocarbón se podría utilizar como acondicionador en las plántulas, que es el estado de la planta que se da tiempo después de brotar la semilla, por eso el objetivo de este estudio fue evaluar el efecto del biocarbón, mediante el análisis del sustrato y las medidas de la planta.

Paso a paso para el estudio

La investigación se llevó a cabo en un vivero de la empresa Green Cooperation, en el corregimiento de Planas (Meta), donde la producción de plántulas de A. Mangium se destina para la posterior plantación forestal.

En el lugar se evaluaron 9 tratamientos, 3 repeticiones y 3 materiales fertilizantes compuestos de la siguiente forma: (i) biocarbón obtenido a partir de podas de A. mangium (BAM), (ii) fertilizante sintético (FS), y (iii) la combinación de ambos, BAM + FS.

Así, se encontró que en la combinación del tratamiento hubo un aumento del 18 al 28 % en el rendimiento de plantas en campo, por lo que se recomienda una aplicación de biocarbón de 47 toneladas por hectárea.

Para medir el crecimiento de las plántulas se realizaron mediciones fisiológicas teniendo en cuenta el índice de Dickson, un indicador de predicción de plantas en campo.

El profesor Reyes menciona que su investigación se realiza en un vivero, pues es el paso fundamental para tener raíces de plantas fuertes que sobrevivan en una plantación forestal.

En ese sentido, explica que “la nodulación en las raíces de las plantas es un indicador de eficiencia de conversión de nitrógeno disponible para la planta”.

“Los nódulos son pequeñas estructuras circulares presentes en las raíces de algunas plantas (leguminosas) que forman simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno. Las raíces con grandes nódulos tendrán un mayor crecimiento vegetativo. Por eso el nitrógeno es tan importante en una planta, es como su leche materna, por eso es lo primero que se aplica en términos de fertilización vegetal, y lo que garantizará el tamaño y el color verde de las plantas”.

Los resultados de la investigación son importantes si se tiene en cuenta que en Colombia se han plantado cerca de 129.000 hectáreas de A. mangium en zonas como el Bajo Cauca, sur de Córdoba y Llanos Orientales, por lo que es esencial proteger y conservar los suelos en donde se produce.

Además, las plantaciones forestales tienen un potencial crecimiento en el país. La Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal estima que hoy en Colombia se sobrepasan los 17 millones de hectáreas con aptitud forestal.