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lunes, 16 de febrero de 2026

El acero más resistente no siempre es el mejor ante sismos

 En Colombia el acero que refuerza los muros de miles de viviendas se fabrica para ser más resistente. Sin embargo, un ingeniero civil demostró que esa resistencia también puede hacer que se deforme menos antes de romperse, y en un terremoto esa capacidad de deformarse sin fracturarse es tan importante como la fuerza misma, por eso es crucial que tanto los fabricantes como las constructoras y los expertos evalúen los métodos de soldadura y fabricación adecuados en el material para disminuir posibles riesgos.

En el país, los edificios de 5 pisos o más suelen emplear muros de concreto reforzado como sistema estructural principal. Estos elementos no solo dividen espacios, sino que además soportan cargas verticales y resisten fuerzas laterales generadas por el viento o los sismos. Según el Servicio Geológico Colombiano, cada día se registran en el territorio nacional alrededor de 80 sismos, los cuales, aunque muchas veces son imperceptibles para las personas, con el paso del tiempo pueden acumular efectos sobre las estructuras de las viviendas.

El concreto presenta una alta resistencia a la compresión (hasta 210 kg/cm² en una vivienda tradicional), pero es limitado frente a esfuerzos de tracción, es decir cuando se estira o se separa. Para compensar esta debilidad se incorpora acero como refuerzo, una aleación de hierro y carbono que resiste los esfuerzos de tensión (hasta 5.500 kg/cm²) y aporta capacidad de deformación al sistema estructural, una propiedad indispensable para soportar movimientos sísmicos sin colapsar.

Durante el desarrollo de su investigación, el ingeniero civil Édgar Nicolás Fuentes Alfonso, magíster en Ingeniería – Estructuras de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), observó que las barras corrugadas —tradicionalmente utilizadas en muros de concreto— han comenzado a sustituirse por mallas electrosoldadas de acero, que ya vienen unidas de fábrica y no requieren amarre manual, lo que incrementa la rentabilidad de los proyectos y reduce hasta en un 30 % los tiempos de construcción.

“No obstante, estas mallas electrosoldadas, que actúan como refuerzo interno del muro y contribuyen a su resistencia mecánica, pueden presentar diferencias significativas en su capacidad de deformación ante cargas sísmicas”, asegura.

Esta propiedad, conocida como ductilidad, se refiere a la capacidad de un material de deformarse considerablemente bajo tensión, sin fracturarse. Depende en gran medida del proceso de fabricación del alambre base, que generalmente se hace mediante dos métodos: la laminación en caliente o el trefilado en frío.

En el primer método el acero se funde hasta ponerse al rojo vivo y luego se moldea, y al enfriarse conserva una buena combinación entre fuerza y ductilidad. En el segundo el acero moldeado se estira a través de orificios denominados “dados”, cada vez más pequeños para reducir su diámetro; ese estiramiento lo hace más resistente y a nivel microscópico aumenta su dureza.

“Aunque a simple vista ambos aceros se ven iguales, cuando un muro se mueve por efecto de un terremoto la diferencia aparece: el reforzado con acero más dúctil se puede deformar mucho antes de romperse, mientras que el reforzado con acero frágil y con poco confinamiento se puede fracturar con menor deformación. Esa diferencia puede ser decisiva en un país sísmico como Colombia, dada su ubicación en una zona de interacción tectónica donde convergen las placas Nazca, Suramericana y del Caribe, lo que aumenta la probabilidad de estos movimientos telúricos”, explica el investigador.

Un laboratorio de acero

Para comprobar esta diferencia, el investigador llevó el estudio al Laboratorio de Materiales y Estructuras de la Facultad de Ingeniería de la UNAL.

Allí seleccionó mallas electrosoldadas producidas en Boyacá —el corazón de la industria siderúrgica del país—, con diámetros comerciales utilizados en vivienda de interés social (alambres entre 6 y 8,5 mm). Las de fabricación laminadas en caliente según la norma NTC 2043, y las trefiladas en frío según la norma NTC 5806. Luego tomó probetas de las barras corrugadas y grafiles, y probetas de la malla electrosoldada con dos uniones de soldadura.

Cada probeta de acero se puso en una máquina universal que la sujeta por ambos extremos y la estira lenta y controladamente, como si la jalara con fuerza creciente. Mientras el material se alarga, el equipo registra cuánta carga soporta, cuánto se estira y en qué momento deja de volver a su forma original; la prueba continúa hasta que el alambre se rompe, lo que permite medir no solo qué tan fuerte es, sino también qué tanto se puede deformar antes de fracturarse.

Cuando la prueba continuó hasta la rotura, el investigador notó que el acero fabricado con laminación en caliente se pudo estirar más antes de romperse: en las pruebas alcanzó deformaciones entre el 8 y 12 %. En cambio, el acero trefilado en frío se alargó bastante menos, y en algunos casos no superó el 3 %. Esa diferencia muestra que aunque el segundo es más resistente tiene menor capacidad para deformarse sin fracturarse, es decir, menor ductilidad.

A una escala micro

Pero el estudio no se limitó a las pruebas mecánicas. Para observar su estructura interna también se realizaron ensayos de microdureza —medición que permite evaluar la resistencia de un material a la deformación permanente a escala microscópica— y análisis metalográficos.

Bajo el microscopio —una técnica poco utilizada para evaluar la unión soldada de las mallas— el investigador evidenció que el trefilado en frío altera la estructura interna del material. Los granos microestructurales de perlita y ferrita se alargan en la dirección del estiramiento, una “memoria interna” que aumenta la dureza del acero pero reduce su capacidad de deformarse sin fracturarse.

Además, evaluó los puntos de soldadura donde se cruzan las barras o grafiles en la malla. Aunque allí hay cambios locales por efecto del calor, las pruebas indicaron que para las mallas estudiadas la soldadura no es la principal responsable del comportamiento global: la diferencia decisiva proviene del proceso previo de fabricación del acero.

“En 2024 se actualizó la normativa de fabricación para incluir el uso de las mallas electrosoldadas laminadas en caliente bajo la NTC 2043. En la actualización de la NSR se ha propuesto el uso de este tipo de mallas como refuerzo en muros estructurales, pero hasta ahora no se había estudiado el comportamiento mecánico de este material y los efectos por sus procesos de fabricación. Esta investigación ayuda a que los fabricantes, los diseñadores, las constructoras y los planificadores tengan información más precisa sobre el uso de este material para sus proyectos”, indica el experto.

 







lunes, 9 de octubre de 2023

Sismos en los océanos, clave para conocer la edad de las rocas

 Un novedoso método, que tiene la misma precisión que la datación clásica –en la que se ponen a prueba elementos como el carbono o el magnetismo de la Tierra–, identificó en el océano Pacífico rocas de hasta 12 millones de años de antigüedad. Así lo determinó una investigación que forma parte de más de 20 años de estudio de la estructura térmica de la Tierra, y cuyos hallazgos se pueden aplicar en la evaluación de nuevos materiales en ingeniería y en la comprensión sobre cómo funcionan los sismos en otros planetas.

El grupo de Geofísica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), liderado por el profesor Carlos Alberto Vargas Jiménez, se ha adentrado en los misterios que rodean la estructura térmica de la Tierra, y en cómo se puede estimar la edad de sus pisos oceánicos, que están en el fondo de estas aguas; allí hay una gran diversidad de rocas como el basalto o el gabro, piezas de un rompecabezas geofísico en el que la historia ha dejado huellas y marcas.

El basalto, una de las rocas volcánicas más comunes en el planeta y que tiene un color oscuro por su composición de minerales como el magnesio, es ampliamente utilizado como piedra de construcción en edificios o carreteras por su durabilidad, una aplicación que también se da con el gabro, que es de tono un poco menos oscuro. La diferencia entre los dos es que este último es plutónico, lo que quiere decir que tiene una interacción más lenta con grandes masas de magma.

El profesor Vargas explica que estas huellas o resquicios de la edad de cada roca se pueden identificar con los sismos que se presentan en zonas llamadas dorsales oceánicas, cadenas montañosas submarinas relacionadas directamente con el magma y la actividad volcánica, y que producen estos movimientos de manera frecuente, por lo que son un tesoro para la investigación geofísica.

“En las dorsales se presentan muchos sismos, pero con una energía muy baja, así que decidimos analizar qué ocurría cuando nos alejábamos de estos puntos, a 20, 100 o 1.000 km, y lo que encontramos fue fascinante, pues a una mayor distancia los sismos eran menos frecuentes, pero mucho más profundos y con una gran energía, lo cual tiene una relación directa con las rocas, pues se puede determinar la forma en que han evolucionado y coómo las han impactado estas fracturas”, asegura.

Añade que “cuanto más cerca esté la roca de las dorsales es más joven, mientras que a mayor distancia tiene mayor edad”. Esto se comparó con métodos de datación como el isotópico, que consiste en analizar la forma en se desintegran en las rocas algunas partes de elementos como el carbono; la medida funcionó para rocas de hasta hace 12 millones de años, más allá de ese tiempo empieza a ser complejo determinar de qué época es, y se necesitan más estudios relacionados con la química de estos lugares.


Para el estudio se utilizó información de las bases de datos de acceso público de los servicios geológicos de países como Estados Unidos y el Sistema Sísmico Nacional Avanzado, una colaboración de varias regiones para monitorear movimientos significativos en las placas tectónicas.

Se analizaron cientos de datos de lo que ocurre en 8 de las principales dorsales oceánicas del mundo, especialmente del océano Pacífico central, Atlántico e Índico, que tienen las dorsales de mayor tamaño, y por ende una mayor frecuencia de sismos.

Además, se tenían datos sobre el flujo de calor de la Tierra, para determinar cómo su estructura se modifica con estos movimientos y afecta las rocas; toda la información luego pasaba por un software especializado para arrojar los patrones existentes.

Las aplicaciones de estos hallazgos son tan diversas que pueden llegar a servir para avanzar en las ciencias planetarias, ya que en otros planetas ocurren procesos muy similares en cuanto a sismos y a este tipo de materiales, por lo que sería una luz para nuevas exploraciones en lugares como Marte, e incluso la Luna.

“Esto nos abre el camino para seguir entendiendo las rocas y su composición a lo largo de la historia, aún debemos saber por qué no podemos ir más allá de los 12 millones de años, y cómo influiría la distancia de las dorsales oceánicas, pues cuando estas cadenas montañosas se van desarrollando se alejan cada vez más del centro de los océanos y comienzan a quedar por debajo de los continentes, lo cual hace complejo su estudio”, indica el experto.

La investigación fue galardonada en la edición 2023 del Premio Ciencias – Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Fundación Alejandro Ángel Rocha, y se realizó en conjunto con los investigadores internacionales Luca Caracciolo, de la Universidad de Erlangen-Nuremberg (Alemania), y Philip Joseph Ball, de la Universidad de Keele (Reino Unido); también participaron dos estudiantes del Departamento de Geociencias de la UNAL: Alejandra Josefina Angulo y Nicolas Pinzón Matapí.

“El dinero del premio se donará al Laboratorio de Instrumentación Geofísica de la UNAL, para que sirva como un apoyo a trabajos de pregrado y posgrado en los temas que hemos venido investigando”, expresa el profesor Vargas.






martes, 29 de junio de 2021

Herramienta estima vulnerabilidad de palafitos ante sismos y tsunamis

 Este modelo computacional permitiría, por primera vez en el país, estimar la probabilidad de daño de las viviendas de madera tradicionales de Tumaco (Nariño) al ser sometidas a sismos de mediana intensidad –que se mueva el terreno– y tsunamis –la altura que alcancen las olas o la profundidad de inundación.

Para desarrollar esta herramienta en el caso del sismo se realizaron 120 simulaciones variando las respuestas del material ante distintas fuerzas, y 960 en el del tsunami, variando aspectos como la orientación de la fuerza y las propiedades mecánicas.

“El mapa de amenaza sísmica nacional establece que Tumaco se encuentra en una condición alta; la investigación determina que para aceleraciones y sismos menores a los de diseño de la norma es posible que gran parte de los palafitos colapsen; en caso de tsunami, la probabilidad de colapso también es alta si se presentan profundidades de inundación superiores a 4 m”.

Así lo explica Miguel Ángel Rivas Tabares, magíster en Ingeniería - Estructuras de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), autor de este trabajo que ha servido como insumo para que la Dirección General Marítima (Dimar) diseñe estrategias de mitigación frente a los efectos provocados por estos fenómenos naturales.

Pese a la importancia de los palafitos –o viviendas de madera– que se construyen sobre el mar, como prácticas culturales asociadas con la vida y las tradiciones de sus habitantes, se han estudiado poco para evaluar su vulnerabilidad desde el punto de vista estructural.

En ese sentido, los materiales de construcción y la ubicación inadecuada de algunas viviendas del municipio evidencian una alta fragilidad en caso de presentarse este tipo de desastres naturales.

Ensayos mecánicos

En el siglo XX Tumaco sufrió cinco tsunamis generados por sismos de magnitudes superiores a 7,9 en la escala de Richter: en 1906, 1933, 1942, 1958 y 1979. En este último año, el Gobierno registró 452 muertos, más de 1.000 heridos, 3.081 viviendas destruidas y 2.119 averiadas.

Según datos del DANE, la población actual del municipio es de 257.000 habitantes y cuenta con 13 corregimientos, 5 comunas y 13 barrios, una parte importante de ellos construidos a orillas del mar.

Por eso, el interés del ingeniero Rivas, mediante ensayos mecánicos de los materiales –en este caso maderas autóctonas de la región– y de las uniones típicas, fue analizar dicho tipo de edificaciones y evaluar su vulnerabilidad ante cargas de sismo y tsunami a través de curvas de fragilidad estructural.

“El desarrollo técnico de las curvas de daño explica cómo se podría dañar una edificación, y el desempeño estructural de la fragilidad de estas en múltiples escenarios, desde baja hasta alta intensidad”, detalla el magíster

Pruebas de resistencia

Para las pruebas de resistencia con distintas fuerzas, el investigador realizó primero una visita de campo a Tumaco con el fin de caracterizar las viviendas: cuánto miden los elementos, de qué especie son, etc. cómo son las uniones, y al mismo tiempo obtener la madera necesaria para la fase experimental.

Después realizó la caracterización mecánica de dos especies de madera y de la unión típica entre pilares y vigas, es decir se sometió el material ante distintas fuerzas y evaluó su respuesta.

Los materiales más frecuentes encontrados en la construcción de palafitos son: palma (Attalea colenda) rolliza para los pilares, chaquiro (Goupia glabra) aserrado para vigas y columnas, y paneles de nato (Mora megistosperma) o sajo. Así, obtuvo 18 muestras aserradas de chaquiro. Además se recogieron 10 muestras de palma con el apoyo de la UNAL Sede Tumaco.

Con las maderas se construyeron uniones siguiendo las prácticas constructivas de la región y se ensayaron aplicando ciclos de carga y descarga para simular el efecto del sismo hasta la falla.

El país cuenta con fuentes de información para el estudio de la amenaza en Tumaco: tres mapas vigentes de amenaza sísmica, mapas de inundación en Tumaco y Buenaventura, mapas de amenaza volcánica y mapas de amenaza por remoción en masa, estudios de amenaza por tsunami, entre otros documentos técnicos.

Ahora los resultados de la investigación del ingeniero Rivas se convierten en un insumo más para los decisores.