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martes, 2 de junio de 2026

Fotografías y relatos muestran el otro rostro de San Andrés de Tumaco

 Manglares, playas, ríos, rostros y escenas cotidianas del Pacífico nariñense componen el libro Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco, del profesor Eyder Daniel Gómez López, en el cual se utiliza la fotografía para contar la riqueza cultural, ambiental y humana de uno de los territorios más biodiversos y menos visibles del país.

La publicación, que formó parte de las novedades presentadas en la reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026, propone un recorrido por Tumaco a través de imágenes y reflexiones construidas desde la experiencia directa del autor en el territorio.

Aunque en Colombia hablar de San Andrés evoca al Archipiélago del Caribe, al sur del país, en el litoral Pacífico nariñense, existe otro: San Andrés de Tumaco, un territorio rodeado por manglares, ríos y selva húmeda tropical que concentra una riqueza biológica, cultural, ambiental y humana representativa de la biodiversidad nacional.

Allí convergen la pesca, la actividad portuaria y el comercio marítimo. Durante generaciones la población —en su mayoría afrodescendiente— ha construido una identidad profundamente ligada al territorio, expresada en sus prácticas culturales, su gastronomía, su música y sus formas de vida comunitaria.

Esa relación entre paisaje, memoria y vida cotidiana es el punto de partida de Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco, una obra que interpreta el territorio a través de las fotografías tomadas por el autor.

Además de describir a San Andrés de Tumaco, el escritor lo interpreta en las imágenes captadas a través de una mirada que combina experiencia personal en el territorio y reflexión académica, y propone el concepto de “sintaxis” como la forma en que cada individuo organiza el mundo a partir de su vivencia.

Una de sus inspiraciones principales fue la interpretación personal de “La tríada” (que plantea tres dimensiones del ser: espíritu, cuerpo y alma) presentada por la psicóloga Margarita Osorio Salazar durante el encuentro “Artes, ciencias, humanidades y tecnologías: culturas en comunicación (Cuenco)”, realizado en junio de 2024 en San Andrés de Tumaco.

Lo que comenzó como una reflexión académica terminó convirtiéndose en un proyecto editorial en el que la fotografía asumió el papel principal.

Inspirado en el relato Ante la ley, de Franz Kafka, el libro retoma la idea de “prohibida la entrada” para reflexionar sobre barreras visibles e invisibles: desde las dificultades de acceso a la educación hasta los límites culturales y simbólicos que muchas veces condicionan las aspiraciones incluso antes de intentar alcanzarlas.

En este contexto, a través del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA), la UNAL ha permitido que estudiantes de regiones como Tumaco accedan a la educación superior llevando consigo sus saberes y experiencias. “Ellos son como una Colombia en pequeño dentro de la Sede”, destaca el autor al referirse a la diversidad territorial que enriquece la construcción de conocimiento.

En sus páginas, el profesor Gómez también reconoce el papel de estos estudiantes, con quienes ha compartido procesos formativos, investigativos y humanos.

La fotografía como puente para leer el territorio

Con 198 páginas y disponible en formato físico y digital gratuito, Desde mi sintaxis: San Andrés de Tumaco recorre los paisajes del Pacífico mediante imágenes y textos breves sobre identidad, territorio y país.

El recorrido comienza con el capítulo “En blanco, gris y negro”, una serie de fotografías de atardeceres en las playas de Tumaco que introduce al lector en la atmósfera visual y emocional de la obra.

Durante su presentación, el profesor Gómez invitó a reflexionar sobre una pregunta sencilla y a la vez profunda: ¿cómo entendemos el mundo desde el lugar que habitamos?

Para el autor, la respuesta pasa necesariamente por reconocer las condiciones históricas que han marcado territorios como Tumaco, en donde las brechas en educación, infraestructura y oportunidades han influido en la manera como las comunidades construyen su relación con el entorno.

Uno de los hilos más personales del libro es la relación del autor con el mar. Criado en el macizo colombiano, el profesor Gómez conoció el océano a los 6 años durante una visita a Buenaventura, un primer encuentro con el Pacífico que marcaría una profunda conexión, y que más adelante se fortalecería a través de su trabajo académico e investigativo en regiones como Guapi, Tumaco y posteriormente el Caribe.






lunes, 8 de septiembre de 2025

Tumaco será sede del XI Congreso Internacional en Desarrollo Humano y Rural Sustentable

 La degradación ambiental, la presión sobre la biodiversidad y la urgencia de modelos económicos sostenibles son desafíos que marcan la agenda del XI Congreso Internacional en Desarrollo Humano y Rural Sustentable, que se realizará del 26 al 28 de noviembre en Tumaco (Nariño). Este encuentro reunirá a expertos nacionales e internacionales para debatir soluciones frente a problemas que afectan por igual a la Amazonia, el Caribe, la Orinoquia y el Pacífico colombiano.

Organizado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, el Congreso busca poner sobre la mesa temas cruciales como la bioprospección, entendida como la búsqueda de compuestos útiles en plantas, animales o microorganismos para aplicaciones en salud, agricultura o industria; la bioculturalidad, que alude a la relación entre la diversidad natural y los saberes y prácticas culturales de las comunidades; y las economías rurales diversas y el impacto de especies invasoras. La idea es articular el conocimiento científico con el saber local y generar propuestas concretas para el desarrollo sostenible de las regiones.

Desde 2014, la Dirección Nacional de Investigación y Extensión de la UNAL impulsa la estrategia “Fomento a una cultura de la innovación” a través de los Nodos regionales, concebidos como puntos neurálgicos para dinamizar proyectos académicos, de investigación y extensión en los territorios.

Gracias a esta iniciativa, las Sedes de Presencia Nacional –Amazonia, Caribe, Orinoquia y Tumaco– han fortalecido procesos de identidad territorial y desarrollo local, consolidándose como plataforma para conectar a la comunidad científica con los sectores productivos en torno a la agroindustria y la sostenibilidad.

En ese sentido, las 10 ediciones anteriores del Congreso han servido como plataforma para conectar a investigadores y productores rurales en torno a la agroindustria y la sostenibilidad.

El profesor Roberto Andrés Bernal Correa, director del Instituto de Estudios de la Orinoquia, señala que “el propósito del Congreso en su XI edición es claro: articular el conocimiento local y científico, identificar oportunidades de colaboración y proyectar líneas de trabajo comunes frente a los desafíos ambientales, sociales y culturales que enfrentan las regiones”.


El Congreso se estructurará en 4 líneas temáticas que reflejan los principales retos regionales: en la Amazonia se analizarán los impactos de las especies invasoras y las alternativas para mitigar sus efectos ecológicos, económicos y en la salud pública.

En el Caribe se abordará la bioculturalidad y la sostenibilidad en las zonas costeras e insulares, con énfasis en la histórica relación entre comunidades y ecosistemas marino-costeros.

Con respecto al Pacífico, con Sede en Tumaco se estudiarán las economías diversas y la biodiversidad como pilares de modelos productivos responsables.

Y en la Orinoquia se presentarán avances en bioprospección y biodiversidad, destacando el potencial de las especies endémicas para el desarrollo de nuevos compuestos biológicos.

En formato híbrido, el XI Congreso Internacional en Desarrollo Humano y Rural Sustentable reunirá a expertos nacionales e internacionales en conferencias, paneles y presentaciones de investigación. Además de fortalecer los lazos entre instituciones académicas, gobiernos, organizaciones y comunidades locales, el evento promete consolidarse como un espacio de diálogo para promover la sostenibilidad, la innovación y la colaboración en el desarrollo integral de las regiones.





miércoles, 4 de junio de 2025

Proteger las aves playeras es proteger la vida en Tumaco

 La pérdida de hábitat por urbanización costera, la contaminación por residuos sólidos y las alteraciones de los flujos de agua dulce son algunas de las principales amenazas que enfrentan las aves playeras en Tumaco, en el Pacífico colombiano. Así lo explicó el experto ambiental Vinicio Góngora Fuenmayor durante la charla “Aves playeras y estrategias para su conservación en Tumaco”, organizada por el Sistema de Gestión Ambiental (SGA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) como parte del Evento Ambiental 2025.

Durante el encuentro, transmitido por YouTube y liderado por la UNAL Sede Tumaco, el investigador destacó que este grupo de aves incluye especies migratorias como el playero semipalmeado (Calidris pusilla), que cumple funciones esenciales en los ecosistemas costeros como el control de insectos y la dispersión de semillas. “Son bioindicadores del estado ecológico del litoral. Su declive es una señal de alerta sobre la salud del ecosistema”.

“Además su papel ecológico se extiende al equilibrio de humedales y zonas intermareales: controlan poblaciones de gusanos arenícolas e insectos, lo que evita desequilibrios que podrían afectar incluso la salud humana”, señaló el experto.

También presentó un análisis detallado de las presiones que están reduciendo la presencia de estas aves en playas, estuarios y manglares. Entre ellas mencionó la ocupación desordenada del borde costero, el vertimiento de aguas residuales sin tratamiento y el uso no planificado de playas para actividades turísticas o comerciales.

A esto se suman amenazas como la cacería furtiva, el uso de herbicidas en camaroneras y el abandono de piscinas acuícolas, que deterioran el hábitat de especies fundamentales. Entre otros factores que también afectan la permanencia de estas aves está la presencia de perros ferales —caninos que viven en estado salvaje, organizados en jaurías y que suelen perseguir o atacar a las aves—, la contaminación con residuos sólidos, el ruido y tránsito de motos en la playa, y la depredación por halcones o serpientes.

Estrategias que nacen en el territorio

Frente a este panorama, el experto propuso fortalecer el trabajo comunitario como vía para la conservación. “Las estrategias de protección deben surgir con y para la comunidad. Necesitamos construir capacidades locales que permitan la apropiación del conocimiento sobre las aves y su entorno”, indicó Góngora, uno de los creadores de la Fundación para la Conservación de la Biodiversidad (Guandal) - Tumaco Birding. En ese sentido, resaltó experiencias exitosas de monitoreo participativo y educación ambiental con niños, jóvenes y líderes locales en Tumaco.


Desde la Fundación, creada en 2018, se han desarrollado iniciativas como festivales comunitarios de aves y ballenas, distribución gratuita de calendarios ilustrativos con nombres locales y científicos, exposiciones fotográficas y talleres escolares. También se han llevado a cabo más de 38.000 registros de aves en cinco años, identificando 28 especies, muchas de ellas migratorias. Estos datos se han integrado a bases de datos científicas nacionales e internacionales.

Igualmente hizo énfasis en el valor cultural que algunas de estas aves tienen para las comunidades locales. Por ejemplo, la cachimbuja (Numenius phaeopus) es utilizada por las piangüeras como señal auditiva de que la marea sube, permitiéndoles saber cuándo deben regresar del manglar. Otras, como el meniaculito, son reconocidas por sus movimientos característicos y se integran al saber popular.

Respecto al cambio climático, alertó que “algunas especies están adelantando su llegada migratoria a Tumaco, lo que estaría asociado con alteraciones en sus ciclos reproductivos en el hemisferio norte. Aunque aún no hay estudios concluyentes, esta es una línea de investigación urgente”.

También compartió hallazgos sobre especies migratorias que, de forma inusual, han comenzado a reproducirse en playas de Tumaco, como el chorlito (Anarhynchus wilsonia), a pesar de las perturbaciones humanas. Esta ave ha desarrollado una estrategia reproductiva escalonada que le permite anidar dos veces por temporada, lo que aumenta sus posibilidades de éxito.

Así mismo planteó la necesidad de integrar estos esfuerzos con políticas públicas y ordenamiento territorial, subrayando que “las soluciones deben ser interinstitucionales, pero con el corazón puesto en la comunidad”.

La charla se inscribe en una serie de encuentros virtuales que buscan sensibilizar sobre los retos ambientales más urgentes en los territorios colombianos, en el marco del Evento Ambiental 2025 de la UNAL.






viernes, 11 de abril de 2025

Manglares de San Andrés y Tumaco responden distinto a la erosión costera

 Mientras en las playas de Bocagrande (Tumaco), cuando el oleaje es más intenso, los manglares prosperan, en el Parque Nacional Manglares de Old Point (San Andrés) ocurre lo contrario: la potencia de las olas los deteriora, debilitándolos con el tiempo. Así se evidenció luego del análisis de imágenes satelitales y datos sobre oleaje y caudal en estas regiones, un enfoque novedoso ya que considera a estos ecosistemas como indicadores de la erosión costera.

La erosión costera es un fenómeno natural generado por el oleaje, el viento, las corrientes oceánicas y las mareas. Sin embargo, según la investigadora Johanna Paola Echeverry Hernández, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la actividad humana acelera este proceso, convirtiéndolo en un problema no solo para los ecosistemas sino también para las comunidades que habitan las zonas costeras.

Este fenómeno afecta a diversas regiones del país. Datos del Observatorio Ambiental de Cartagena de Indias —una ciudad que la experta ya había estudiado en relación con la erosión costera— indican que “La Heroica” enfrenta un alto riesgo debido al aumento del nivel del mar, las lluvias torrenciales y otros factores que propician la erosión y las inundaciones.

Investigaciones de las Universidades de los Andes y EAFIT advierten que para 2040 el nivel del mar en Cartagena se incrementaría entre 15 y 20 cm, poniendo en peligro al menos al 80 % de los barrios de la ciudad. 

Este problema no es exclusivo de Colombia. Según un artículo publicado en la revista Nature Climate Change, en las próximas tres décadas el mar avanzará unos 100 m sobre las playas del mundo, con América Latina entre las regiones más afectadas; particularmente Chile, Argentina y México serían los países más vulnerables.

Dado que se estima que el 40 % de la erosión costera es prevenible, la investigación de la magíster Echeverry cobra especial relevancia, ya que en su estudio comparó el comportamiento de los manglares de San Andrés, donde se encuentran dentro de un área protegida, y en Tumaco, donde la madera de estos ecosistemas es aprovechada con fines comerciales. 

Estos bosques de árboles y arbustos, además de servir como barreras naturales contra la erosión, cumplen funciones ecológicas esenciales: capturan y almacenan carbono, y albergan una gran diversidad de especies marinas, como peces y moluscos.

Del satélite al detalle

Para su análisis la investigadora utilizó imágenes satelitales de acceso público y gratuito, como las de PlanetScope y Rapideye, del periodo 2010-2023. Estas herramientas le permitieron obtener una visión detallada de la cobertura vegetal en el Caribe y el Pacífico colombianos, con especial énfasis en los manglares.

Además recurrió a los datos del programa Climate Data Store Copernicus de la Unión Europea —dedicado al monitoreo ambiental del planeta— para evaluar variables como temperatura y oleaje. También utilizó imágenes de la NASA y registros del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) sobre el impacto del fenómeno de El Niño en estas zonas.

El análisis de estas variables, realizado a través de un software especializado en geografía y estadística, reveló hallazgos significativos. En primer lugar, los manglares no responden de la misma manera a la erosión en todo el país, lo que cuestiona las estrategias de conservación que los abordan como ecosistemas homogéneos.

Por ejemplo en Bocagrande (Tumaco), cuando el oleaje es más intenso, los manglares prosperan. La fuerza del mar contribuye a la acumulación de sedimentos permitiendo la expansión de estos ecosistemas y evitando la progresión de la erosión, mientras en San Andrés ocurre lo contrario: la intensidad de las olas deteriora los manglares, debilitándolos con el tiempo.

Otro factor determinante es la temperatura. Durante los eventos de El Niño —que elevan la temperatura del agua— los manglares de Tumaco no logran resistir y mueren, mientras que los de San Andrés se ven favorecidos y prosperan. En cambio, con el fenómeno de La Niña ocurre lo opuesto.

El estudio también evidenció la importancia del caudal de ríos y mares en estos procesos: mientras en Tumaco un mayor volumen de agua ayuda a los manglares a procesar y aprovechar los sedimentos, en San Andrés esta dinámica es diferente, ya que la Isla carece de ríos que alimenten sus costas con estos materiales.

La investigación aporta un nuevo enfoque para entender la erosión costera, al demostrar que los manglares pueden ser indicadores importantes de estos procesos. Sin embargo, su respuesta a los cambios ambientales varía según la región, lo que resalta la necesidad de diseñar estrategias de conservación adaptadas a las particularidades de cada ecosistema.






martes, 25 de marzo de 2025

Filtros elaborados con cáscara de coco limpian contaminantes del agua en Tumaco

 En este municipio del Pacífico nariñense el agua no es potable. A los cauces de los ríos les arrojan residuos sólidos y vertimientos directos de aguas residuales, industriales y domésticas, dejando como consecuencia la disminución de los caudales y la contaminación de los cuerpos de agua. Una solución a este problema estaría en uno de los frutos que más se cultivan en la región: el coco, cuya la cáscara posee propiedades adsorbentes naturales para atrapar contaminantes, entre ellos metales pesados –como mercurio y cromo– y otros compuestos tóxicos.

Solucionar la crisis del acceso al agua en Tumaco requiere de múltiples esfuerzos, entre ellos los de la academia, que ha encontrado en la combinación de cáscara de coco y nanotecnología una posible alternativa para remover los contaminantes que llegan a las fuentes hídricas por acción humana, arrastrados por las lluvias, o a causa de pozos sépticos diseñados sin las técnicas adecuadas.

La ingeniera electricista Elisabeth Restrepo Parra, profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, analizó este problema con un equipo de investigadores, y decidieron tomar cartas en el asunto aportando iniciativas que ayuden a mejorar la situación del agua para los habitantes tanto de Tumaco como de las subregiones: Pacífico Sur (Tumaco y Salahonda), Sanquianga (El Charco, Mosquera, Olaya Herrera) y Telembí (Barbacoas, Magüí Payán y Roberto Payán).

El alcantarillado de Tumaco cubre solo el 12 % de la demanda, por lo que más del 61 % de las viviendas usan pozos sépticos hechos por maestros de obra, y el 29 % disponen las aguas residuales a campo abierto. Aunque el nivel de riesgo de calidad del agua es bajo, esta no es apta para el consumo debido a que la planta de tratamiento de agua potable es deficiente por todos estos factores, y además el 58 % de la población no tiene acceso a estas fuentes.

En ríos, arroyos, quebradas y otros cuerpos hídricos se han encontrado diversos aceites y bacterias, entre otros contaminantes emergentes, además de metales pesados como el mercurio, usado en la minería ilegal (aquí se incluirían sustancias como el petróleo, la gasolina, plásticos, disolventes, detergentes, etc.). Estos compuestos presentan estructuras moleculares complejas que se filtran en el subsuelo y contaminan las aguas subterráneas dificultando su proceso de limpieza.

A esta situación se atribuyen casos de enfermedad diarreica aguda (EDA) y afectaciones en la piel. Según el Análisis Situacional de Salud (ASIS) realizado en 2020, en Tumaco la tasa de mortalidad por EDA en menores de 5 años muestra un comportamiento variable con tendencia a crecer entre 2016 y 2020.

Carbón activado de coco

Tumaco es líder en producción de coco, industria que cada año genera más de 40.000 toneladas de cáscara, de la que se obtienen algunos insumos agrícolas y fibras textiles. Además, los residuos del  fruto poseen propiedades adsorbentes naturales, lo que los convierte en un material ideal para atrapar contaminantes presentes en el agua, como metales pesados y otros compuestos tóxicos.

El estudiante Kevin Jair Castillo Delgado desarrolló esta propuesta que permite elaborar filtros con cáscara de coco, los cuales pueden remover contaminantes en el agua. Él es oriundo de Barbacoas (Nariño), adelanta la carrera de Ingeniera Física a través del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) de la UNAL Sede Manizales, y es integrante del equipo de la profesora Restrepo.

El proceso comienza con la carbonización de la cáscara de coco, transformándola en carbón activado, el cual tiene una gran superficie porosa capaz de retener partículas contaminantes, lo que mejora significativamente la calidad del agua.

Para ello utilizaron nanotecnología –que permite manipular materiales a escalas casi atómicas–, a fin de generar nuevas estructuras o dispositivos para mejorar la función del carbón activado con micropartículas de dióxido de titanio, un compuesto conocido por sus propiedades fotocatalíticas, es decir capaz de mineralizar los contaminantes y no generar sustancias nocivas. En el estudio se evidenció que con esta metodología se pueden inhabilitar metales pesados como plomo, cromo y mercurio, principal contaminante de la minería ilegal.

“Con las nanopartículas de dióxido de titanio se redujo el titanio, por medio de ruta verde no contaminante”, anota el estudiante Castillo.

Cuando se exponen a la luz, estas nanopartículas descomponen contaminantes orgánicos y eliminan bacterias (un proceso conocido como fotocatálisis), que al combinarlas con el carbón activado limpian el agua haciéndola segura para el consumo humano.

Las pruebas realizadas tanto en laboratorio como en campo demostraron que este filtro es capaz de eliminar efectivamente una amplia gama de contaminantes presentes en las aguas residuales, entre ellos metales pesados –como mercurio, cromo y plomo–, además contaminantes emergentes como pesticidas y fármacos.

El uso de materiales locales como la cáscara de coco también reduce los costos de producción haciendo esta tecnología asequible para las comunidades rurales de Tumaco, que son las más afectadas por la contaminación del agua.






miércoles, 20 de noviembre de 2024

Corvina de Tumaco, entre los peces comerciales amenazados por los microplásticos

 El estudio adelantado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira en la bahía de Tumaco, ubicada en el extremo sur del Pacífico colombiano, reveló presencia de microplásticos en el contenido estomacal de 126 corvinas de 467 analizadas; el dato representa un desafío para la sostenibilidad pesquera en esta región del país, base de su economía y de su seguridad alimentaria.

Es importante recordar que la ingesta de fragmentos de plástico que miden menos de 5 mm puede provocar en estos peces la sensación de saciedad, que en el mejor de los casos los hace que queden mal alimentados y desnutridos, y en el peor de los casos les puede obstruir el estómago, causar lesiones en el tracto digestivo y exponerlos a contaminantes químicos.

Además, organismos internacionales como Naciones Unidas vienen llamando la atención sobre la necesidad de prestar mayor atención al potencial impacto para la salud humana de consumir peces que hayan ingerido microplásticos.

Ante este panorama, y como un ejercicio que busca ofrecerle al país evidencia científica sobre este problema de manera que sirva para establecer estrategias de manejo y conservación en zonas como Tumaco, los investigadores José Alejandro Vivas Sánchez y Guillermo Duque Nivia, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, y Esteban Gamboa García, del grupo de investigación en Ecología y Contaminación Acuática (Econacua), analizaron la ingesta intencional y no intencional de un grupo de corvinas.

La captura de corvinas se realizó entre 2020 y 2021 en 4 sitios de muestreo, utilizando artes de pesca artesanales como el anzuelo, la changa y el transmallo; también se contó con la colaboración de pescadores tumaqueños.

Cada espécimen fue identificado taxonómicamente, según su forma y tamaño, mientras que el peso, la frecuencia y composición de su contenido estomacal se analizó en el Laboratorio de Peces Ornamentales. Además se clasificaron los microplásticos presentes en función de su tipo y color.

De igual manera, para relacionar la dieta de los peces estudiados con las variables ambientales, se midieron parámetros como salinidad, temperatura y oxígeno disuelto en el agua en cada estación de muestreo.

Crustáceos, el alimento favorito de las corvinas

Los resultados indicaron que para el 92 % de las especies evaluadas, los crustáceos constituyen la principal fuente de alimento, por lo que representa un ítem de consumo constante y de gran importancia en el 80 % de los casos. El camarón blanco (Penaeus occidentalis) y el camarón tigre (Rimapenaeus byrdi) fueron las especies identificadas como la presa principal de tres especies de corvina: Stellifer typicus, Larimus argenteus y Stellifer pizarroensis.

En los estuarios, los crustáceos, por ser organismos bentónicos (que viven en el fondo o cerca de él), actúan como un puente en la red alimentaria. Al consumir los camarones, las corvinas mezclan los nutrientes del fondo con aquellos de las zonas medias y superficiales donde nadan (red trófica pelágica). Esta conexión es vital, ya que permite que la energía y los nutrientes circulen desde las profundidades y mantengan la estabilidad y diversidad del ecosistema.

“El consumo de crustáceos más alto se presentó en la zona externa del estuario, asociada con una mayor salinidad, oxígeno disuelto y transparencia, lo que determina mayor abundancia y riqueza de este recurso”, menciona el ingeniero ambiental Vivas.

Con respecto a la ingesta incidental de microplásticos –es decir no intencional–, el análisis de 30 peces de 10 especies de corvinas (la mayoría de relevancia comercial) reveló que los tipos más comunes fueron las fibras transparentes (39 %) y las azules (36 %), que provendrían tanto del desgaste de los textiles y de la ropa al lavarla como del deterioro propio que sufren las mallas o las redes de pesca que van soltando esas fibras plásticas en los ecosistemas.

Según el investigador, “estas partículas microscópicas se estarían transmitiendo a través de la cadena alimentaria, afectando a los depredadores superiores en la bahía de Tumaco”.

Entre los efectos secundarios se encuentra la posible disminución en la tasa de crecimiento y el peso de los peces, es decir que podría haber “peces más pequeños y con menos carne”, amplía.

Estudios previos han documentado que la ingesta de micropartículas de plástico puede causar en los peces problemas morfológicos y reproductivos, así como obstrucciones y daños en su tracto digestivo, lo cual podría afectar la disponibilidad de este recurso para las comunidades locales​.

En Tumaco la pesca artesanal es el sustento para más de 5.000 familias; en 2022 produjo 1.917 toneladas de pescado, lo que representó el 9,66 % del total nacional.

La investigación destaca la importancia del monitoreo continuo de estos contaminantes, fundamental para proteger la biodiversidad y los medios de subsistencia en la región.








jueves, 25 de julio de 2024

Moluscos en Tumaco presentan alta contaminación por hidrocarburos

 Un análisis de contaminación por hidrocarburos en moluscos bivalvos de la bahía de Tumaco identificó niveles tóxicos para los seres vivos. Los resultados sugieren que las entidades protectoras del medioambiente y de la salud de los habitantes del puerto nariñense tomen acciones preventivas.

El ingeniero químico Jesús Alberto Angulo Cuero –oriundo de Tumaco–, magíster en Ingeniería Ambiental la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, analizó la contaminación por hidrocarburos en moluscos bivalvos (que se encuentran dentro de una concha rígida formada por dos piezas o valvas) de la bahía de Tumaco, asociada con los derrames de petróleo.

Inicialmente el investigador escogió el caso ocurrido en 2000, cuando 3.500 barriles de petróleo crudo (provenientes del oleoducto trasandino) se derramaron en el río Rosario, y cuya mancha se extendió por más de 40 km amenazando con llegar al océano Pacífico a través de la bahía de Tumaco.

El río Rosario es la principal fuente de abastecimiento para las comunidades ribereñas, donde habitan principalmente consejos comunitarios y población afrodescendiente.

Después del derrame se estableció una estación de monitoreo en la desembocadura del río Rosario para medir los niveles de hidrocarburos y detectar su ingreso a la bahía. A pesar de los esfuerzos para evitar más afectaciones, las riberas y los manglares presentaron impregnación de crudo en alturas entre 2 y 3 m.

Con base en esta información, el investigador determinó que los moluscos bivalvos, almejas, piangua y ostras, por tener su hábitat en manglares y formar parte de la dieta alimentaria de los tumaqueños, recibirían una gran carga de contaminantes, ya que estos se alimentan a través de la filtración y presentan la propiedad de biomagnificar (transferencia de químicos a través de la cadena trófica) el contenido de los hidrocarburos en sus tejidos grasos.

Así, y con el área de estudio conformada por 3 puntos: la desembocadura del río Rosario, El Morro y El Pindo, se comprobó la alta concentración de contaminantes, es decir por encima de los 35 nanogramos, considerada como tóxica para el hombre y las especies de animales que cohabitan en estos sectores.

Estos hidrocarburos, clasificados como aromáticos polinucleares por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), y presentes especialmente en fuentes naturales como petróleo, carbón o depósitos de alquitrán, cuando llegan mar provenientes de diferentes orígenes (rio, manglar, puerto) y son ingeridos en distintos niveles de la cadena alimentaria hasta llegar al hombre, ocasionan graves riesgos para su salud.


Con estos resultados se emite una señal de alerta para que las autoridades ambientales y de salubridad continúen los análisis de sedimentos marinos y revisen los planes de contingencia que contribuyan a proteger la vida humana, reducir las consecuencias ambientales y centrar los esfuerzos en la restauración de los ambientes impactados.








lunes, 24 de junio de 2024

Tumaco reduciría su huella de carbono hasta un 99 % si convirtiera sus residuos en biogás

 En esta esquina biodiversa de Colombia, ubicada en el litoral Pacífico, un estudio adelantado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira demostró que utilizando la “digestión anaerobia” es posible generar energía limpia y reducir la huella de carbono hasta alcanzar la neutralidad, ya que mediante esta tecnología las bacterias transforman en biogás los desechos tanto de alimentos como de la pesca.

Entre las problemáticas que afronta Tumaco, municipio de Nariño, se encuentran su aislamiento geográfico y la falta de infraestructura energética. Allí la comunidad se ha visto obligada a usar plantas diésel para abastecerse de energía, y para cocinar también acuden al gas licuado de petróleo –compuesto principalmente por propano y butano–, el cual, además de costoso, contribuye al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), y en consecuencia al calentamiento global.

Tampoco existe una estrategia eficaz de selección y manejo de residuos orgánicos, en especial los derivados de la pesca artesanal –una de las principales actividades económicas del municipio– y los sobrantes de restaurantes o plazas de mercado, lo que lleva a una disposición ineficiente y perjudicial en rellenos sanitarios.

En busca de soluciones sostenibles, la ingeniera ambiental Valentina Osorio Gómez, candidata a magíster en Ingeniería Ambiental de la UNAL Sede Palmira, utilizó la metodología del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) para medir y comparar con el escenario actual cuánta huella de carbono generaría convertir los residuos orgánicos en biogás, fuente de energía limpia empleable en la generación de energía térmica y eléctrica.

Para ello implementó el proceso biológico de digestión anaerobia con agallas y vísceras de pescado, cáscaras de banano, tomate y lechuga, entre otros vegetales, aprovechando estos recursos.

La profesora Luz Stella Cadavid Rodríguez, directora del Grupo de Investigación en Prospectiva Ambiental y también de este estudio, explica que “la huella de carbono es un indicador ecológico que mide la eficiencia de un proceso en términos de toneladas de dióxido de carbono equivalente, es decir, calcula cuán limpio es con respecto a cuántos GEI emite a la atmósfera”.

Importantes hallazgos

Uno de los resultados más importantes fue estimar que aprovechando al menos el 50 % de los residuos orgánicos de Tumaco se podría abastecer energéticamente a más de 5.000 hogares. “Así se reducirían tanto la dependencia del municipio al uso de combustibles fósiles como las emisiones contaminantes, y se mejoraría la calidad de vida de sus habitantes”, señala la candidata a magíster.

Comparando el escenario actual con el sistema propuesto se observó una reducción de hasta el 99 % en la huella de carbono del municipio nariñense, un paso hacia la neutralidad en carbono, un
 estado en el que la cantidad de dióxido de carbono liberado  a la atmósfera es equilibrada por prácticas que lo eliminan, logrando así un impacto neto cero en el clima.

La investigación también concluyó que la mezcla de 50 % de residuos de frutas y verduras con 50 % de residuos de pesca fue la más efectiva para la producción de biogás, superando en un 40 % la generación de metano frente a otros tratamientos, lo que sugiere que una combinación adecuada de distintos tipos de residuos puede maximizar la eficiencia del proceso para producir energía renovable.

El aspecto diferenciador y destacado del estudio fue la medición directa de la huella de carbono en Tumaco, con una metodología conocida como huella de carbono in situ, la cual permite medir las emisiones de GEI directamente en el lugar donde se generan, a diferencia de otros enfoques teóricos que se basan en estimaciones y factores de emisión estándar.

Se trata de una tecnología que hasta ahora ha sido poco explorada en Colombia y que ofrece datos más confiables y refuerza el valor de implementar soluciones localizadas y adaptadas a las condiciones específicas de cada municipio.

Después de implementar el proceso de gestión anaerobia en los reactores de la planta de biogás instalada en la Sede Tumaco, a escala de laboratorio, se calcularon las emisiones contaminantes provenientes de cada tratamiento de residuos propuesto en el Laboratorio de Investigaciones Ambientales de la UNAL Sede Palmira.

La implementación de esta tecnología no solo tiene el potencial de transformar la gestión de residuos y el abastecimiento energético en Tumaco, sino que también serviría como modelo para otras comunidades rurales de Colombia y del mundo, ya que le ayudaría al país a cumplir con los objetivos de reducir las emisiones en 30 % establecidos en la Agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.








jueves, 9 de marzo de 2023

En Punta Soldado y Tumaco las comunidades participan en soluciones a sus problemáticas

 En el corregimiento de Punta Soldado (Buenaventura) y en el municipio de Tumaco (Nariño) el conocimiento que tienen las comunidades del territorio –ampliamente centrado en la actividad pesquera– ha permitido que, de la mano de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), entre otras instituciones, se dé respuesta a problemáticas como la erosión costera y el incremento de la temperatura del mar. Algunos aportes se presentaron en la Cátedra “Riquezas, saberes, problemáticas y retos del Litoral Pacífico colombiano”, que forma parte de la Cátedra Nacional de la UNAL.

Punta Soldado, corregimiento ubicado a 20 minutos del puerto de Buenaventura, es un territorio habitado por alrededor de 480 personas afrodescendientes, dedicadas en un 98 % a la pesca como principal actividad económica, que también representa la base de su seguridad alimentaria.

Pese a ello, las familias han sido desplazadas por la erosión costera; de hecho, en 2020 el nivel del mar aumentó cerca de 50 m ahogando varias hectáreas de mangle, que, como se sabe, suelen ser valiosos criaderos de peces.

En la reciente sesión de Cátedra “Riquezas, saberes, problemáticas y retos del Litoral Pacífico colombiano”, el profesor Andrés Fernando Osorio Arias, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín y director de la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin), manifestó que “en este corregimiento la playa se empezó a perder y las comunidades se convirtieron en desplazados por el clima. El aumento del nivel del mar los ha obligado a adentrarse cada vez más en la isla, a la que se llega únicamente por vía marítima”.

Desde 2019, un equipo conformado por la UNAL, CEMarin, el Consejo Comunitario Punta Soldado y la ONG Adaptation, entre otros, vienen realizando allí investigaciones relacionadas con las aves playeras, la vegetación costera, las olas, las mareas, las corrientes, la erosión y la sedimentación costera, actividades que se realizan de la mano con las comunidades, con las que se ha implementado un diálogo de saberes promoviendo el fortalecimiento de capacidades entre los jóvenes de la comunidad, y en la actualidad trabajan en el tema de la bioeconomía.

Ana Lucía Caicedo Laurido, investigadora del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas de la Dirección General Marítima (Dimar) seccional Tumaco, invitada a la Cátedra, centró su intervención en las bases del Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026: Retos y oportunidades para el Pacífico colombiano de cara al mar.

Al respecto, la especialista destacó los alcances de esta política pública para las zonas costeras que consideran aspectos como la adaptación y variabilidad climática, la gestión de riesgos y desastres, el fortalecimiento de los territorios alrededor de los océanos y los ríos, y la transformación energética.

El tercer participante en la reciente sesión de la Cátedra fue el profesor John Josephraj Selvaraj, director del Instituto de Estudios del Pacífico (IEP) de la UNAL Sede Tumaco, quien  presentó el proyecto de investigación “Evaluación de la vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en la pesquería marina de Tumaco – departamento de Nariño”.

El investigador mencionó los efectos del cambio climático en este sector, que consisten en el incremento tanto de la temperatura del agua como del nivel del mar y de la acidez en el océano debido al dióxido de carbono (CO2).

A partir de este valioso proyecto se creó el Geovisor “Geopesca Tumaco”, plataforma de divulgación de información relacionada con las condiciones oceanográficas y la actividad pesquera en la región que además sirve como apoyo a los procesos de transferencia de conocimiento para que los pescadores de Tumaco y la subregión pacífica nariñense tomen decisiones más informadas.

En esta sesión de la Cátedra se evidenció que gran parte del éxito de estos proyectos se debe a lo manifestado por el profesor Osorio: “las soluciones no vienen solo de la academia, las soluciones se co-construyen con las comunidades y se piensan desde el diálogo de saberes”.

También se resaltó el significativo aporte que se ha hecho desde la ingeniería y la oceanografía.

Importancia de la Cátedra 

La Cátedra “Riquezas, saberes, problemáticas y retos del Litoral Pacífico colombiano” tendrá 15 sesiones que se adelantarán a lo largo del primer semestre de 2023. Su propósito es ampliar el panorama de la comunidad universitaria sobre cómo –a partir de las distintas carreras que se ofrecen en la UNAL– se pueden realizar valiosos aportes a la resolución de problemáticas de los ciudadanos en todo el territorio nacional y así mejorar su calidad de vida, en especial las de las comunidades de las zonas costeras del país.

La profesora Amanda Lucía Mora, directora de la UNAL Sede Tumaco, destaca que “a partir de esta Cátedra se identifican problemáticas, retos y oportunidades en las comunidades, que demandan un proyecto o una línea de política pública en la cual la comunidad universitaria desde su accionar investigativo y la participación activa de los estudiantes puede aportar al mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad”.

En la Cátedra participarán destacados investigadores, maestros y líderes del territorio que buscan ofrecer diferentes perspectivas frente a temas propios del Pacífico colombiano, desde las investigaciones científicas, las experiencias, los saberes y las realidades del territorio. Esta es también el resultado del trabajo realizado desde el Centro de Pensamiento en Asuntos Estratégicos del Pacífico Colombiano (CPAEPC), en articulación con las sedes Bogotá, Medellín y Palmira.





jueves, 5 de agosto de 2021

UNAL impulsa ciencia e innovación en colegios de Tumaco

 En desarrollo del Programa Ondas, de MinCiencias, cerca de 10 instituciones educativas del municipio elaboraron 21 proyectos enfocados en biodiversidad, medioambiente, cultura y creatividad tecnológica.


El Programa, dirigido por el Instituto de Estudios del Pacífico de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Tumaco, contó con el apoyo de docentes de las Facultades de Ciencias y de Artes de la UNAL Sede Bogotá.

“Promover la investigación y el desarrollo de actitudes y habilidades en niños, niñas y adolescentes de diversas zonas del país para insertarse activamente en una cultura de ciencia, tecnología e innovación” es el propósito de esta estrategia del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación.

Aunque Tumaco comenzó el Programa a inicios de 2020 con cerca de 20 instituciones, por efecto de la pandemia por COVID-19 algunos colegios de zonas rurales y urbanas se vieron obligadas a retirarse, por lo que solo permanecieron 10, con las que se desarrolló el proyecto.

“Quedaron 3 instituciones de la zona rural y 7 de la zona urbana, por lo que adaptamos el Programa de manera virtual y se llamó “Ondas desde casa”. Así pudimos avanzar en los proyectos de investigación de los jóvenes”, explica Sergio Iván Jiménez, coordinador del Programa Ondas en Tumaco.

Colegios, lugares de ciencia

Del trabajo resultaron 21 proyectos de investigación enfocados en tres ejes: biodiversidad y medioambiente (8), cultura (8) y creatividad tecnológica (5).

El profesor John Josephraj Selvaraj, director del Instituto de Estudios del Pacífico de la UNAL Sede Tumaco, menciona que “los proyectos estuvieron acompañados de 20 maestros coinvestigadores de los colegios y asesores, con quienes se realizaron métodos comunicativos sincrónicos y asincrónicos (clases virtuales y semipresenciales), espacios de divulgación propios y capacitaciones para los estudiantes y coinvestigadores, en los cuales se mostraban los avances de los proyectos”.

En el eje de biodiversidad y medioambiente los proyectos presentados fueron: Oxígeno; Colibrí; Naturaling Gaia; Biófilos Natural 1; Biófilos Natural 2; Los senderos de mi manglar; Tropa Manantial, y LEA 2020, dirigidos por el director Josephraj y el coordinador Jiménez. 

En las propuestas para el eje de cultura figuran: Folclórico herencia; Marimbera; Los sabores de la paz; Compilando nuestra historia; Artes escénicas para la paz; Danza conmigo; Danzarte; y Aventureros del Arte, coordinados por el docente Federico Demmer Colmenares de la Facultad de Artes de la UNAL Sede Bogotá, y asesorados por el antropólogo Harold Enrique Tenorio.

En el eje de creatividad tecnológica se destacan: Biófilos Natural 3; ST innova; Innovatec; Innovadores por el ambiente; y Navalitas plastiecológicos, apoyados por el docente Fabio Fajardo Tolosa de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá, y asesorados por el arquitecto Juan Sebastián Bedoya.

Algunos de los estudiantes participantes consideran que esto los motivó a plantear iniciativas que entreguen soluciones más económicas y sencillas sobre diversas problemáticas a la población o al campesinado.

“Pudimos acercarnos a los métodos científicos, crear una idea, saber cómo hacer un proyecto y mostrar un resultado”, dice María Alejandra Caviedes, del Instituto Educativo San José de Caunapí Km 60.

Dentro del proyecto también se dictaron capacitaciones de liderazgo y argumentación, por medio de las cuales los jóvenes se apropiaron del conocimiento adquirido. Al respecto, el director Jiménez afirma que “hubo un empoderamiento de sus investigaciones y las defienden con argumentos, pudimos tener a los estudiantes encantados con la ciencia, la tecnología y la innovación, que son pilares del desarrollo de la región”.

Rompiendo estigmas

El resultado más satisfactorio para el equipo fue mostrar el panorama científico del municipio, que supera estereotipos con los que se asocia a este puerto.

“Tumaco no es solo fútbol, también hay investigación, hay ingeniería, hay chicos que verdaderamente tienen algo que aportarle a Colombia”, explica el docente José Salas, de la Institución Educativa General Santander.

“Los proyectos se elaboraron con la posibilidad de proyectarse a largo plazo, es decir que con el conocimiento científico del que se apropiaron los jóvenes, podrán investigar, responder y resolver problemáticas para sus proyectos de vida a futuro”, concluye el docente Leonardo Padilla, del Instituto Educativo San José de Caunapí Km 60.

En el Programa Ondas –también apoyado por la Secretaría de Educación de la Alcaldía de Tumaco– participaron las siguientes instituciones educativas (IE): Llorente; Misional Santa Teresita; Santa Teresita; San José de Caunapí; General Santander; Integrada de Chilví: Ciudadela Educativa Tumaco; Liceo Nacional Max Seidel; Agropecuario Tangareal;

En desarrollo del Programa Ondas, de MinCiencias, cerca de 10 instituciones educativas del municipio elaboraron 21 proyectos enfocados en biodiversidad, medioambiente, cultura y creatividad tecnológica.