jueves, 7 de noviembre de 2024

COP16: expertos de la UNAL hacen un llamado a la acción global para proteger la Amazonia

  Desde la XVI Conferencia de las Partes (COP16) del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, que concluye hoy en Cali, académicos e investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia destacaron la importancia de la relación entre los ecosistemas del agua, la sostenibilidad ambiental, los conflictos sociales y políticos, y la conservación de las culturas indígenas de la Amazonia.

Durante la conferencia “Biodiversidad amazónica: retos y oportunidades para la conservación”, organizada por el Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani), los expertos de la UNAL contextualizaron a los asistentes sobre el grave problema ambiental que se está generando en pleno siglo XXI debido al cambio climático e hicieron un llamado a la protección de los saberes ancestrales, fundamentales en la protección de los ecosistemas amazónicos.

Al respecto, el profesor Arturo Gómez, director del Imani, afirmó que “la Amazonia necesita de un compromiso y un diálogo global sobre los desafíos urgentes que enfrenta la biodiversidad de la región, hay que contribuir a la formulación y adopción de políticas públicas y de compromisos internacionales que aseguren la protección efectiva de la biodiversidad amazónica y promover un manejo sostenible”.

Colombia pensada como un país de fuentes hídricas

Durante su conferencia “La inundación, una nueva mirada integral a este mágico proceso amazónico”, el profesor Santiago Roberto Duque, director del Laboratorio de Manejo y Gestión de Humedales de la UNAL Sede Amazonia, quien lleva más de 30 años investigando la “salud” ambiental de los ecosistemas acuáticos, y más concretamente las dinámicas del río Amazonas y sus cuencas, realizó una reflexión sobre la magnitud de los recursos hídricos en Colombia, cuestionando cuál es la superficie nacional que le corresponde realmente al agua.

“Si sumamos los ríos, los lagos, los sistemas pulsantes y los humedales, se estima que alrededor del 24 % del territorio colombiano es agua, según datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible”, comentó el profesor Duque.

Sin embargo, mencionó que este porcentaje sería incluso mayor si se tuvieran en cuenta las rondas hídricas, que son las zonas que se encuentran a los lados de los ríos y que el río ha construido para manejar los excesos de caudal; son parte del río y son propiedad del sistema fluvial.

Dichas rondas hídricas son franjas contiguas a los cuerpos de agua naturales continentales, ya sean ríos, quebradas, arroyos, lagos, lagunas, pantanos o esteros.

“Durante el año hidrológico el flujo del agua en estas zonas puede ser continuo, periódico o eventual. En Colombia, el Decreto 2811 de 1974 establece que la ronda hídrica es la faja de protección de los cuerpos hídricos y que tiene un ancho de hasta 30 m, lo cual desconoce las singularidades de cada sistema fluvial”, recordó el experto Duque.

Asimismo enfatizó en que este es un país de ríos y que, según los estudios realizados, hasta el 40 % de la superficie de Colombia está relacionada con el agua. “Si el Gobierno nacional está hablando de un ordenamiento territorial en torno al agua, significa que tendrán que ordenar casi la mitad del país, teniendo en cuenta el río como eje central”, puntualizó.

Biodiversidad y cultura, un ecosistema en peligro

Otras conferencias, como la del profesor Juan Álvaro Echeverri, “Preservación y documentación de las lenguas nativas amazónicas en el contexto de cambio global”, ahondaron en la biodiversidad de la Amazonia y en la necesidad de proteger su riqueza cultural.

“La cuenca amazónica alberga más de 250 lenguas nativas, que representan una diversidad cultural correlacionada con la biodiversidad de la región, y es justamente esta diversidad lingüística la que representa el 25 % de las familias lingüísticas del mundo, que está estrechamente vinculada a la biodiversidad biológica”, afirmó el docente Echeverri.

Con base en esto, la UNAL Sede Amazonia cuenta con el primer Archivo Digital de Lenguas Indígenas de la Amazonia, una colección de 85 grabaciones recopiladas durante más de 30 años por el antropólogo Echeverri, el cual tiene como objetivo documentar y proteger los dialectos autóctonos del sur del país.

Las lenguas indígenas del Amazonas colombiano pertenecen a 12 familias lingüísticas y se extienden por un territorio fronterizo de experiencias variadas, culturales y únicas en el mundo.

Además, el profesor Echeverri considera que “esta interdependencia entre la diversidad cultural biológica es importante para la preservación de la Amazonia, pues cuando se desaparece una lengua se pierde una visión única de comprender el entorno. Las lenguas son el vehículo esencial para transmitir el conocimiento”, puntualizó.

De otra parte, el profesor Camilo Mongua Calderón ofreció la conferencia “La gobernanza ambiental desde una perspectiva histórica: una mirada a la Amazonia”, en la cual analizó la región desde una perspectiva histórica.

Según el académico, la mayoría de las negociaciones actuales alrededor de la Amazonia están enraizadas en estructuras políticas establecidas en los siglos XIX y XX.

“Es muy importante entender cómo estas relaciones de poder han sido construidas históricamente, pues sin ese contexto los esfuerzos de conservación corren riesgo. Solo a través de un análisis histórico se puede entender cómo las relaciones entre grupos indígenas, actores ilegales y autoridades locales hacen negociación política”, dijo el profesor.

En el evento académico también participaron estudiantes del Doctorado en Estudios Amazónicos, entre ellos Alejandro Prieto, quien se refirió a su tema de investigación centrada en el arrullo del wawae magüta como protección cantada y relacionamiento con los seres del territorio, y la  manera como la metodología usada actualmente le está sirviendo para entender las conexiones entre las personas occidentales y las comunidades con sus territorios.

La profesora Hooz Ángela Chaparro, del Grupo de Investigación en Estudios Transdisciplinarios en Turismo de la Sede Amazonia, realizó una reflexión respecto a la triada: pueblos, biodiversidad y turismo, para ahondar en si realmente esta conexión funciona en una región tan multicultural y biodiversa como la Amazonia.

La participación de la UNAL Sede Amazonia reflejó los avances de los estudios que han realizado los expertos durante casi tres décadas en la región, un esfuerzo importante para conservar la Amazonia, región vital para el planeta.


miércoles, 6 de noviembre de 2024

UNAL lideró Comisión Internacional de Infraestructuras Vivas en la COP16

 Durante el Simposio Global “Biopolis 2024: paisajes e infraestructuras vivas para comunidades saludables” se presentaron experiencias e investigaciones que van desde la biopolis –como un escenario de conexión de entornos– hasta la propuesta de nuevas fronteras, en donde se conectan las tecnologías y los espacios en territorios con condiciones complejas, tanto arquitectónicas como topográficas, sociales y de orden público. El evento fue coorganizado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en el marco de la XVI Conferencia de las Partes (COP16) del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas celebrado en Cali.

Este espacio acogió por primera vez en Colombia a la Comisión Internacional para las Infraestructuras Vivas (LINC), un conglomerado global de organizaciones que trabajan en arquitectura, paisaje e infraestructura, y se dedican a integrar la naturaleza y la biodiversidad en las ciudades.

Además de la UNAL –a través de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Sede Bogotá y el Instituto de Estudios del Pacífico de la Sede Tumaco– en la organización del Simposio también participó la Agremiación Colombiana de Facultades de Arquitectura.

El resultado más importante del encuentro fue la Declaración Biopolis 2024, que presentará ante la ONU y el Gobierno colombiano para exigir acciones concretas que garanticen el derecho humano a la naturaleza y los derechos de la naturaleza en zonas urbanas.

Según el documento, esto se deberá hacer a partir de seis puntos principales: (i) desertificación humana como emergencia global, (ii) acceso a la naturaleza en las ciudades como un derecho humano, (iii) los seres no humanos tienen derecho en las ciudades, (iv) las ciudades deben reconciliar a las personas con la naturaleza, (v) la naturaleza no sabe de límites, y (vi) las ciudades deben evolucionar con la naturaleza.

La UNAL tuvo una amplia participación con ponencias en las que se estudiaron historias locales donde la biopolis se aborda como un escenario de conexión de entornos y sobre nuevas fronteras.

En su conferencia, el profesor Andrés Ibáñez, director de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la UNAL, señaló que “la biosfera se ve afectada por el impacto dramático y trascendental del peso de 30 trillones de toneladas de tecnosfera; además, desde el punto de vista ambiental, las ciudades son lugares y formas de desertificación, las más fuertes y menos reversibles”.

Según el académico, para que un arquitecto colombiano pueda responder cómo se deberían diseñar los lugares en el territorio más biodiverso del mundo, primero debe entender que somos bimodales: “vivimos sequía y lluvias”, y citó a los camellones como ejemplo de adaptación, entendida como la tecnología del paisaje en la cual el mismo suelo se usa para responder a ese tipo de clima.

“La arquitectura debe ser metahumana, es decir, debe superar las necesidades humanas y empezar a incorporar necesidades de otros seres. Además debe ser resilvestrizada o resalvajizada, teniendo en cuenta biotopos en donde la adaptación permita que haya anidamiento espontáneo y se establezca vida no humana en las estructuras, generando edificios vivos y cambiantes a lo largo del tiempo”, explicó el docente.

Las lecciones de las comunidades ancestrales

La estudiante de Arquitectura Sofía Garrido habló sobre su proyecto de grado, “Tejiendo raíces del conocimiento Inkal Awá”, en el analiza la vivienda tradicional de este pueblo indígena, adaptándola al diseño para espacios comunitarios de educación.

“En este se incorpora su cosmogonía, cosmovisión, dimensión cultural y educación, y se busca que el territorio se respete, se cuide del conflicto, además de contar con una construcción pertinente para la educación en su visión y armonía, proteger la identidad de su pueblo y mejorar las 86 estructuras educativas de las comunidades asentadas”, explicó la estudiante.

Por su parte el profesor Ángelo Páez, director del programa de Arquitectura de la Sede Bogotá y de la investigación, agregó que “el reto fue trasladar esa dimensión cultural a la visión de la arquitectura, teniendo en cuenta que se presentan problemas considerables frente a la situación del territorio y de la comunidad con la que están trabajando”.

La estudiante Garrido agregó: “no es fácil llegar a esos territorios por sus características topográficas o por la situación de conflicto en que están inmersas. Cada comunidad tiene unos saberes propios y cada arquitectura debería responder a estos. Hay que llevar un tipo de arquitectura que se pueda ejecutar fácilmente y que la comunidad pueda mantener, llevando materiales que sí correspondan al entorno”.

Ecosistemas conectores de biodiversidad

Durante el Simposio, el profesor Fernando Cortés abordó el tema de la construcción de ecosistemas conectores de biodiversidad y espacio público, resaltando que el paisaje es una dimensión estética. Explicó tres proyectos en los que participó: del paseo urbano de la carrera 15 en Bogotá, la Ciudadela el Pozón, y el POT de Funza. En estos procesos se muestra cómo no solo se tuvo en cuenta el área específica de andenes y árboles sino todas las zonas verdes. “Había que tejer un hilo verde, tejer el territorio para articular las diferentes especies verdes mediante sistemas de arborización continua”, dijo.

De otra parte, el profesor Leonardo Álvarez compartió con los asistentes cómo se ha venido pensando el campus de la UNAL Sede Tumaco; en su conferencia “Espacio para la educación tropical: inmersos en la naturaleza, Costa Pacífica colombiana”, dijo que “este fue un reto de magnitud teniendo en cuenta el contexto geográfico, arqueológico y social de la región”.

“Después del análisis se determina la protección del bosque abierto central y los canales de agua periféricos. El trazado proyectado se adapta a esas características, le apuesta a fortalecer y proteger estos escenarios, promueve las relaciones horizontales, con sistemas abiertos y ventilados para los pabellones, como unidades básicas, en torno a unas zonas verdes, con plataformas flexibles, adaptables y que estén alineados con el impacto solar en la estructura para     obtener confort climático y la convicción de potenciar del paisaje cercano”, relató el profesor Álvarez.

El Simposio Global “Biopolis 2024: Paisajes enfraestructuras vivas para comunidades saludables” contó con la participación de 14 invitados internacionales y 25 nacionales que compartieron experiencias exitosas y debatieron sobre el presente y el futuro de la biodiversidad en las ciudades del mundo y de Colombia.

El evento fue realizado en alianza con el Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt, el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, la Red Mundial de Infraestructura Verde, el Consejo de Construcción Sostenible de los Estados Unidos y la Federación Internacional de Arquitectos del Paisaje.

 
                            










martes, 5 de noviembre de 2024

COP16 debe incidir en la restauración y prevención de riesgos en ecosistemas marinos

 Cuatro académicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) consideran que para que la XVI Conferencia de las Partes (COP16) del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas incida en la restauración y prevención de riesgos en ecosistemas marinos debe contar con cooperación, construcción de una sociedad equitativa, construcción de respuestas con pensamiento y memoria histórica, además de resiliencia cultural.

La UNAL Sede Caribe llevó su aporte a la COP16 con el panel de expertos “Restauración de ecosistemas marino-costeros: acciones de la gestión del riesgo”, coordinado por la profesora Adriana Santos Martínez, directora de la Sede y líder de estudios sobre este tema.

Los expertos en ecosistemas marinos que acompañaron el panel fueron los profesores Ana Isabel Márquez y Juan David Osorio, de la UNAL Sede Caribe; Carolina Velázquez, de la Universidad Estatal de Florida (Estados Unidos), y José Ernesto Mancera, de la UNAL Sede Bogotá, quienes dejaron como reflexión que la COP16 debe incidir en la restauración y prevención de riesgos en ecosistemas marinos.

“Los elementos clave son la comunicación asertiva, seguir formando capital humano en las universidades con este enfoque, buscando que esta deje de ser solo una estadística, ya que esta formación debe servir para el desarrollo, para la construcción de una sociedad equitativa, porque si una especie lo acapara todo tiende a desaparecer”, destacó el profesor Mancera.

En su turno, la profesora Velázquez recordó que “la gestión de riesgos está sobrepasada debido a los procesos de desarrollo, crecemos más rápido de lo que creamos o incrementamos los riesgos más rápido de lo que podemos construir formas de responder. Por eso las maneras de hacer gestión de riesgo requieren estructura, que cuenten con el pensamiento histórico, que pueda ser accionable, revisada constantemente, sustentable y sostenible”.

Resaltó además que “es fundamental recurrir a la memoria del desastre, porque muchas veces se estudian a profundidad los sucesos, pero se pierde esa información recopilada y no debería ser así, sino trabajarse y reconstruirse a partir de las reflexiones aprendidas”.

Por su parte, el profesor Osorio agregó que “se deben retomar los estudios de toda índole y transdisciplinares que se tienen respecto a la gestión de riesgos en ecosistemas marinos para tomar decisiones y mediciones para poder responder a las crisis a los riesgos”.

Para el cierre, la profesora Márquez indicó que “es importante incorporar las decisiones sociales y culturales construidas históricamente por las comunidades en sus territorios, además de tener la resiliencia cultural como componente esencial”.

En este punto coincidió el profesor Mancera, quien afirmó que “las soluciones se deben basar en los habitantes como parte de la solución, y con metodologías de cooperación; la cooperación es más fuerte que la competencia: endosimbiosis”.







viernes, 1 de noviembre de 2024

SOS para el Chocó biogeográfico, amenazado por la creciente degradación ambiental

 La minería ilegal, la tala descontrolada y los cultivos ilícitos están causando estragos en los ecosistemas de esta región, reconocida por su biodiversidad única que reúne 180 especies de mamíferos, 790 de aves, 190 de reptiles, 140 de anfibios y 108 tipos de vegetación con un rol crucial en la captura de carbono. Por eso es relevante que la XVI Conferencia de las Partes (COP16) del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas se esté realizando en Cali (Valle del Cauca), una de sus capitales.

El Chocó biogeográfico se define como un enorme corredor que se extiende desde la mitad de Nicaragua hasta el norte de Ecuador y que alberga no solo una gran variedad de flora y fauna, sino también de ecosistemas como los manglares, bosques de llanura y ríos que durante siglos han sustentado a las comunidades afrocolombianas y locales.

Su vegetación es tan única en el planeta, que científicos como el profesor Jesús Orlando Rangel, del grupo de investigación en Biodiversidad y Conservación del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), no lo piensa dos veces para asegurar que estos ecosistemas representan un verdadero tesoro biológico.

“Las formaciones de bosque en esta área son inigualables. No hay nada comparable en Asia, África o Australia”, asegura el profesor Rangel, y explica que “así como la vegetación de la Amazonia ha sido fundamental para restaurar las zonas afectadas en Brasil y otros países, el norte del Chocó desempeñaría un papel esencial en la regeneración de ecosistemas deteriorados, incluso en otros países”, dijo en el reciente ABC de Periódico UNAL dedicado al Chocó biogeográfico.

Sin embargo, casos como el catival –una formación vegetal en la que predomina el cativo, conformado por árboles de gran altura– han disminuido debido a la explotación industrial. Para dimensionar la magnitud de estas afectaciones, en el norte, el área deforestada es de casi el 11 % de la vegetación original, en el centro alcanza un 50 % y en el sur un 34 %.

Esta situación ha sido muy distinta en el sur, pues allí –donde se sitúan San Juan y Buenaventura– tenían como medio de subsistencia los bosques de sajo, que fueron diezmados por la sobreexplotación.

Otro caso alarmante en relación con la explotación en este territorio es la cruel utilización de los manatís para alimentar a los trabajadores de los campamentos de explotación maderera y minera. “Más o menos unas 9.000 toneladas subían por todos los ríos cada mes para alimentarlos”.

Y aunque el perfil de los explotadores ha cambiado, el profesor Rangel enfatiza en que aún persiste la presión sobre los recursos naturales del Chocó, lo cual agudiza los efectos del cambio climático.

“Todos hemos identificado el problema por la emisión de gases y el calentamiento global, y una de las medidas más apropiadas es que la vegetación trate de captar ese dióxido de carbono para  disminuir el calentamiento. La solución es recuperar esos bosques, pero eso no se consigue con buenas palabras”.

“Tanto una reforestación bien dirigida como el apoyo a las comunidades locales permitirían una recuperación significativa del ecosistema. Sin embargo, las decisiones políticas no siempre han acompañado las recomendaciones científicas”, asegura el profesor Rangel.

La UNAL, por ejemplo, ha realizado un papel importante en la investigación del Chocó y en la formación de profesionales capacitados para trabajar en la región. Desde los años 80 ha colaborado en proyectos de conservación en áreas críticas, como la isla Gorgona, donde se ha protegido una porción de la biodiversidad característica del Chocó.

“Fuimos y trabajamos en esta área excepcional, que es un paraíso. En el Chocó tuvimos durante mucho tiempo la cultura de la extracción artesanal de los minerales preciosos: oro y platino. El asunto es que cambien lo artesanal con la parte mecánica”.

Por eso enfatiza en que es urgente que el Gobierno implemente políticas que les brinden incentivos económicos a las comunidades para que puedan conservar el bosque.

“No podemos pedirles que protejan la naturaleza si eso significa que sus familias pasarán hambre. Necesitamos un cambio de enfoque que reconozca que la conservación también puede ser una fuente de ingresos”, expresa.








jueves, 31 de octubre de 2024

Reclutamiento de árboles: así funciona una restauración de bosques exitosa

 Recuperar los árboles de una zona deforestada no solo depende de la siembra de vegetación, sino también del tipo de especies plantadas, la sombra que dan y la visita de aves y murciélagos que permiten dar paso a nuevos individuos, un proceso conocido como reclutamiento.

Un estudio adelantado en Medellín, en parcelas restauradas de los corregimientos de Santa Elena, San Cristóbal, San Antonio de Prado, San Sebastián de Palmitas y Altavista, encontró que el 80 % de los nuevos árboles en crecimiento estudiados son especies distintas a las plantadas hace 10 años en el marco de una iniciativa de reforestación. Algunas de las claves para el éxito son la cobertura del dosel (copa de los árboles), la pendiente y las características del suelo .

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo, los 10 lugares de Colombia donde más se siembran árboles son Medellín, Pasto, Barbosa, Barranquilla, Florencia, Bojacá, Buesaco, Almaguer, San José del Guaviare y Funza.

Desde 2009 Medellín tiene una de las iniciativas de restauración más extensas de la Región Andina, llamada “Más bosques para Medellín”.

“Consiste en la plantación mixta de 115 especies nativas en las zonas rurales o corregimientos, y hoy van 750 hectáreas restauradas. Sin embargo, aunque la siembra de árboles o restauración ecológica es una forma de recuperar los bosques, el monitoreo a largo plazo suele ser escaso, por lo que no se sabe qué factores están tras el éxito o el fracaso de estas iniciativas”, explica la investigadora Marina Piquer Doblas, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Por eso ella estudió si efectivamente estas zonas reforestadas en el Valle de Aburrá se están convirtiendo en ecosistemas de bosque andino, sobre todo con base en el crecimiento espontáneo de especies distintas a las plantadas artificialmente. “Para eso evaluamos 22 parcelas, enfocándonos en los árboles de más de 80 cm de altura y que no tenían placa de identificación”, agrega.

Buenas noticias y claves para el futuro

El crecimiento de otros individuos se conoce como “reclutamiento”, ya que el mismo bosque, con sus dinámicas, se encarga de promoverlos. “Hicimos una caracterización de estos nuevos árboles teniendo en cuenta su altura, diámetro, si eran nativos, cuáles eran los más abundantes, cuál era la condición del suelo, etc., todo ello tomando muestras y fotografías”, cuenta la investigadora Piquer.

Así mismo registró la cobertura del dosel, es decir cómo las copas de los árboles más altos dejan pasar la luz del sol, y así evaluar la competencia a la que se estaban enfrentando los árboles en crecimiento. “Aunque en todos los predios se habían hecho las mismas actividades de reforestación, vimos que unos tenían más éxito que otros, por lo que hicimos correlaciones entre distintos factores”, comenta la investigadora.

En el estudio se registraron 1.903 individuos reclutados, el 81 % de los cuales fueron especies distintas a las sembradas en el proyecto anterior, y los géneros más abundantes son: MiconiaPalicoureaMyrsine y Verbesina. “Se trata especialmente de árboles pioneros, es decir que crecen muy rápido, pueden competir con el pasto y no necesitan de condiciones muy especiales como la sombra. Después de ellos pueden llegar otras especies, e incluso fauna más específica”, comenta.

El equipo de trabajo constató que la vegetación reclutada proviene de semillas dispersadas por animales, como algunas aves y murciélagos, que tienen pocas restricciones para desplazarse en entornos urbanizados o poco favorables. “Con respecto a las condiciones más favorables, vimos que las parcelas más pendientes tienden a albergar mayor densidad de individuos, pues sus suelos presentaban un porcentaje de arcilla más alto, lo que los hace más fértiles”.

la riqueza y la diversidad, por lo que recomienda plantar especies pioneras como el arboloco (Montanoa quadrangularis), que ayudaría a dar más sombra. “También identificamos que cuanto más bosque había alrededor de las parcelas, más densidad de reclutamiento obteníamos, probablemente porque los animales se mueven más cómodamente y dispersan más semillas”.

Estos hallazgos, además de ser alentadores, permitirían elaborar planes de reforestación más efectivos considerando el uso anterior del suelo, por ejemplo en los que antes se hizo ganadería extensiva, que necesitan tratamientos especiales para regenerarse. En la investigación se determinó que los suelos que tuvieron pastos mejorados tienen una menor densidad de reclutamiento que las que tuvieron pastos nativos o cultivos de pan coger.

“Además, esta investigación abre la frontera del conocimiento que se ha cerrado a los estudios del Trópico, dejando relegados los ecosistemas de alta montaña, que en Colombia son fundamentales porque es donde se concentra la población y buena parte de la deforestación”, concluye.

Este estudio fue dirigido y co-dirigido respectivamente por los profesores Luis Fernando Osorio Vélez y Guillermo Antonio Correa Londoño, del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín.






viernes, 25 de octubre de 2024

Cambiar biodiversidad por geodiversidad, paso fundamental para una protección efectiva

 Hablar de geodiversidad, y no solo de biodiversidad, implicaría una protección más integral de la naturaleza, nuevos retos para la ciencia, las políticas públicas, las leyes y la conservación del patrimonio natural. Colombia es el segundo país más biodiverso del mundo por km2 gracias a su diversidad geológica, que va desde suelos áridos hasta casquetes de hielo, montañas, rocas y aguas, tan amenazadas por la actividad humana como los animales y las plantas.

Colombia es el único país de Sudamérica que tiene costas en los dos océanos, Atlántico y Pacífico, con distintos niveles de salinidad, temperatura y densidad. Además tiene selvas húmedas, zonas pantanosas y nieves perpetuas.

“La variedad fisiográfica y geológica hace que todas las formas de vida, plantas y animales también se manifiesten de distintas maneras”, explicó el profesor Sergio Andrés Restrepo Moreno, geólogo adscrito al Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, durante su participación en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16) que se adelanta en Cali.

Partiendo de una idea reciente entre los científicos –uno de los primeros artículos sobre el tema data de 2020–, el profesor Restrepo planteó que el término “geodiversidad” sería mucho más amplio y completo que el de “biodiversidad”, una idea que incidiría no solo en el discurso sino también en la investigación y en las políticas públicas para la conservación.

“Pensemos en las más de 26.000 especies de grillos descritas hasta la fecha. Sus diferencias dependen del contexto geológico en el que viven: temperatura, tipo de suelo o disponibilidad hídrica, entre otros factores, lo que nos demuestra que, en esencia, los procesos geológicos son los que garantizan la supervivencia y el funcionamiento de los ecosistemas”, precisó.

Geodiversidad amenazada

Colombia tiene tres puntos críticos, o hotspots ecológicos: los Andes tropicales, el Caribe y el Tumbes-Chocó-Magdalena, es decir tres zonas megadiversas fuertemente amenazadas por las actividades humanas.

“Existen formas muy crueles de explotar la naturaleza, proyectos empresariales legales, pero no siempre legítimos, que sacan maderas finas, carbón, petróleo, oro y cobre que soportarán la transición energética. Por eso es pertinente plantear: ¿debemos hablar del cuidado de la geodiversidad más que del de la biodiversidad?”, agregó.

En el concepto “geo” se inscribe un mundo más amplio: la diversidad biológica, cultural, climática, hidrológica y topográfica. “Este cambio de términos modificaría las agendas de estudio, plantearía nuevos retos para las ciencias de la Tierra y del medioambiente, abriría nuevas prácticas de laboratorio y nuevas discusiones en torno al patrimonio geológico y la conservación de elementos como minerales, suelos y paisajes”.

La vida cambia porque la Tierra cambia

El profesor Restrepo, quien ha estudiado algunos de los períodos más prematuros de la Tierra, explica que “hoy se están interrumpiendo ciclos naturales que han permitido ‘evolucionar’, es decir pasar de organismos unicelulares como los del Precámbrico a otros más complejos como los del Paleozoico”.

“Pensemos en las cinco extinciones en masa que ha habido. La Tierra se ha creado y regulado a sí misma durante millones de años. No obstante, la sexta extinción (la actual) es muy distinta en cuanto a velocidad, y sería la primera ocasionada por una especie consciente”.

Según investigaciones lideradas por el profesor Restrepo, hace millones de años algunas zonas de Antioquia presentaban tasas de 0,1 a 0,02 mm de erosión por año (mm/año), mientras que hoy solo la actividad agrícola ocasiona tasas promedio de 10 a 100 mm/año, cuando la formación de suelo ocurre a cerca de 0,1 mm/año.

Un caso de estudio: la Sierra Nevada de Santa Marta

Actualmente el profesor Restrepo y dos estudiantes –uno de maestría y otro de doctorado– estudian la relación entre biodiversidad, geodiversidad y diversidad cultural en la Sierra Nevada de Santa Marta, el sistema de montaña costera más alto del mundo, con climas y geoformas diversas que han permitido el asentamiento de cuatro grupos indígenas: kogui, arhuaco, wiwa y kankuamos.

“Confirmar, como lo han hecho otros autores, que todo está interconectado, nos permitirá diseñar estrategias de conservación más efectivas. No debemos hablar solo de animales y plantas, sino también de culturas y elementos abióticos o ‘inertes’ como el suelo, máxime cuando en zonas como la Sierra se prevén grandes proyectos mineros para la extracción de cobre. Es un hecho histórico que la COP16 esté aquí, pues como país tenemos toda la autoridad y la evidencia para plantear discusiones como esta”, concluye el docente.









jueves, 24 de octubre de 2024

UNAL firma compromiso con la biodiversidad en la Reserva Bosque de Yotoco en acto simbólico

 Las directivas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) reafirmaron el pacto para proteger una de las áreas con mayor biodiversidad del país: la Reserva Forestal Bosque de Yotoco, en el Valle del Cauca, seleccionada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible como Zona Verde de la Conferencia de las Partes (COP16).

La Reserva, protegida por la UNAL desde 1959, abarca 559 hectáreas de bosque húmedo subtropical y es símbolo de la expresión de la diversidad biológica, pues aquí se encuentran 750 especies de plantas, 449 de aves y 68 de mamíferos –como el emblemático mono aullador y la amenazada pava caucana–, solo por señalar algunas cifras.

Allí, el rector de la UNAL, profesor Leopoldo Múnera Ruiz, y otras directivas académicas sembraron árboles nativos y dieron inicio a la COP16. En solo tres días del evento sobre biodiversidad más importante del mundo se inscribieron 1.000 personas para visitar esta zona, que se abrió al público para que conozca la naturaleza que se busca proteger.

Como parte del compromiso institucional con la biodiversidad, el rector Múnera inició oficialmente el evento mediante la firma de un retablo que permanecerá en el lugar como recordatorio del esfuerzo compartido, en el cual quedaron marcados los mensajes dedicados al cuidado de los recursos naturales y genéticos que se salvaguardan en la Reserva. El Rector estuvo acompañado de las directivas académicas, investigadores, estudiantes y miembros de la comunidad local.

“La Reserva no es solo un espacio de estudio, sino un santuario de vida que debemos cuidar y proteger para las generaciones futuras”.

Como acto simbólico, el rector de la UNAL sembró un guayacán manizaleño que crecerá hasta 20 m de altura y del cual brotarán flores de pétalos blancos y estambres largos color blancuzco.

Por su parte, la profesora Luz Estella Cadavid Rodríguez, vicerrectora de la UNAL Sede Palmira, sembró un monte frío, árbol que crece en los bosques húmedos de la Región Andina y que es reconocido por atraer aves; y el profesor Gonzalo Andrade, director del Instituto de Ciencias Naturales (ICN), plantó un arrayán blanco.

Este ecosistema vital para la preservación de especies resguarda una rica variedad de fauna, entre ellos insectos como la mariposa monarca, 26 especies de anfibios y 32 de peces de agua dulce; y flora que incluye orquídeas, plantas nativas como el cedro amarillo, el aguacatillo y la jigua.

Por ello, el rector de la UNAL afirmó que “el futuro de la sostenibilidad depende de nuestro compromiso hoy. […] La Universidad tiene un papel esencial en la conservación del ambiente, no solo como generadora de conocimiento, sino también como garante de la protección de estos territorios que son el corazón ecológico de la región”.

Además de ser un laboratorio ambiental esencial para la investigación científica y académica, la Reserva ofrece alojamiento, senderos interpretativos y un mirador que les permite a científicos y visitantes nacionales e internacionales conectarse con la naturaleza.

“Aquí uno se siente vivo, contrario de lo que sucede en la ciudad, aquí la vida brota de todas partes, está en el camino, en la vegetación, en los árboles, en los animales, aquí está reflejada la vida de la Universidad”, agregó el profesor Múnera.

Por su parte, el profesor Andrade, del ICN, se comprometió a “seguir apoyando la conservación y protección de la Reserva de Yotoco por todos sus aportes a la conservación de la biodiversidad, el fomento de la investigación científica, la educación ambiental y la valoración de los servicios ecosistémicos”.

A su turno, la vicerrectora de la Sede Palmira aprovechó el espacio para plantear la necesidad de “transitar de un enfoque extractivista centrado en el hombre y su postura de dominación, a uno horizontal en el que reconocemos que somos otra especie en la naturaleza y propendemos por la conservación de todas las formas de vida”.

La COP16 representa una oportunidad única para que visitantes locales e internacionales no solo conozcan la riqueza de la biodiversidad en el Valle del Cauca, sino que también apoyen los emprendimientos sostenibles de la región, ya que podrán interactuar con proyectos que promueven la conservación ambiental, el uso responsable de los recursos naturales y el fortalecimiento de las comunidades rurales, enfocados en áreas como la agroecología, el ecoturismo, la acuicultura y la producción sostenible.

Un laboratorio vivo natural

En la Reserva de Yotoco, estudiantes, investigadores y docentes llevan a cabo estudios sobre biodiversidad, ecología y conservación. Cada año más de 2.000 visitantes, entre los que se encuentran académicos y científicos nacionales e internacionales, desarrollan proyectos de investigación que tienen un impacto directo en la preservación de especies y el mantenimiento de los ecosistemas.

Uno de los grandes logros recientes en la Reserva ha sido el aumento de la población de la pava caucana, una especie endémica y en peligro de extinción. Mientras que en 2006 se registraban entre 6,5 y 10 individuos por km2, este año los estudios revelaron una densidad de 46 ejemplares en la misma área, lo que representa una recuperación significativa para esta especie amenazada.

Además de la pava caucana, otras especies notables como el tucán rabirrojo y la guacamaya se han avistado en la Reserva, lo que indica que el hábitat natural está en proceso de recuperación. Estos resultados son alentadores para los conservacionistas y destacan la efectividad de las estrategias de gestión ambiental implementadas por la UNAL.












miércoles, 23 de octubre de 2024

UNAL, UIS, Uniandes y Univalle plantean estrategias para enfrentar riesgos de la biodiversidad en Colombia

 Durante el conversatorio “El quehacer de la educación superior frente a los retos de la biodiversidad y el cambio climático”, realizado en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16), rectores y directivas académicas de reconocidas instituciones de educación superior destacaron la necesidad urgente de replantear las estrategias y hacer alianzas para salvaguardar los recursos naturales y genéticos en el país.

En el evento académico, realizado en el auditorio principal de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, los rectores de la UNAL, Leopoldo Múnera Ruiz, y de la Universidad de los Andes, Raquel Bernal, así como directivas académicas de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y la Universidad del Valle (Univalle), discutieron sobre la crisis de la pérdida de biodiversidad y propusieron algunas iniciativas para su conservación.

Durante su intervención, el profesor Múnera hizo una reflexión a través de cuatro escenas para abordar este desafío global. En la primera advirtió el incumplimiento de las metas desde la firma del Convenio sobre Diversidad Biológica, señalando que, “aunque existen compromisos y se han implementado acciones tanto nacionales como internacionales, la biodiversidad continúa en una situación crítica”.

“A pesar de los esfuerzos, un informe reciente revela que solo seis de las 20 metas planteadas en Aichi, Japón, durante la COP10 se han logrado parcialmente, lo que ha llevado a la creación del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal en 2022; no obstante, la situación sigue siendo alarmante, con una reducción del 73 % en el tamaño de las poblaciones de fauna silvestre analizadas en el informe Planeta Vivo, mientras en América Latina y el Caribe la reducción alcanza el 95 %”, afirmó.

En tal sentido, destacó que aunque la UNAL cuenta con 730 profesores dedicados a clases o investigaciones sobre la biodiversidad, la sostenibilidad y el ambiente, y además ofrece 1.284 asignaturas sobre los mismos temas, hay que seguir fortaleciendo este aspecto.

En la segunda escena llevó a cabo un análisis histórico-cultural desde la La vorágine, en la que retomó el centenario de la obra de su autor José Eustasio Rivera, graduado de abogado de la UNAL en marzo de 1917, ya que retrata y denuncia la explotación de la selva y la esclavización de personas en el contexto de lo que se conoce como “la fiebre del caucho”.

El profesor Múnera afirmó que esta novela ofrece una visión que entrelaza las ciencias sociales, naturales y las artes para abordar problemas complejos como la explotación de la naturaleza y la degradación ambiental: “es necesario comprender que la diversidad biológica es indisociable de la diversidad cultural, y que para enfrentar los desafíos actuales se requiere una sensibilidad epistemológica diversa y una creatividad extraordinaria”.

Agregó que “la obra se acompaña de una serie de estudios inter y transdisciplinarios que dan cuenta de la pertinencia del texto para responder y plantear alternativas a los problemas más acuciantes de nuestra época, tales como el cambio climático, la transición energética y la pérdida de la biodiversidad”.

Tercera escena: “la racionalidad dominante y sus límites”

En esta escena, el Rector se refirió a los modelos de desarrollo y los patrones de producción y consumo que, en su opinión, han contribuido al incumplimiento de las metas de conservación. “El paradigma dominante reduce el bienestar colectivo al crecimiento económico, ignorando los límites ecológicos. Pese a las advertencias, nos seguimos comportando como si el crecimiento ilimitado fuera sostenible, cuando los datos indican lo contrario”.

Para el profesor Múnera, el mito del progreso y el crecimiento ilimitado, ahora colorido de verde, se presenta como una solución para revalorizar la naturaleza, enfocando su valor únicamente en términos económicos y promoviendo soluciones basadas en la financiación y capitalización de la crisis ambiental, un enfoque que les permite a algunas empresas eludir la transición energética mientras otras consolidan nuevos mercados que concentran el poder y la riqueza.

“Mientras los países llamados desarrollados cuentan con tecnologías de punta para capitalizar la biodiversidad, los países periféricos se ven cada vez más obligados a garantizar el acceso de estas empresas a sus bienes comunes, y la conservación se convierte en una herramienta para capitalizar en terrenos como el farmacéutico y el alimentario”, añadió.

En la cuarta escena el rector Leopoldo Múnera propuso adoptar “racionalidades alternativas” que reconozcan los límites naturales y la importancia de una visión integradora. Debemos reconstruir la historia de la bioeconomía, alejándonos del reduccionismo económico que ha caracterizado su uso en la actualidad”.

Por su parte, la profesora Nubia Ruiz, vicerrectora de Investigación de la UNAL, resaltó la importancia de la colaboración en el sistema de educación superior para enfrentar la crisis de la biodiversidad, y destacó la necesidad de trabajar en conjunto desde una nueva racionalidad crítica que invite a docentes e investigadores a construir propuestas de formación para los jóvenes, y que considere las amenazas ambientales.

También resaltó la importancia de la investigación situada y contextualizada, dada la presencia nacional de la UNAL en regiones vulnerables como la Amazonia, Tumaco, el Caribe y la Orinoquia, e hizo un llamado a trabajar con comunidades y sectores económicos, con el fin de generar conocimiento práctico y construir políticas públicas basadas en la realidad de los territorios.

El evento también sirvió como plataforma para resaltar la cooperación entre las universidades en torno a la conservación de la biodiversidad. La economista Raquel Bernal, rectora de la Universidad de los Andes, y el rector Múnera coincidieron en la necesidad de establecer alianzas estratégicas no solo entre instituciones colombianas, sino también con entidades internacionales.














lunes, 21 de octubre de 2024

Conservación entresierras: retos y aprendizajes de la biodiversidad

 En un episodio especial del programa Análisis UNAL como abrebocas a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16), que se celebrará del 21 de octubre al 1 de noviembre en Cali, los profesores de la UNAL Sede de La Paz Duverney Chaverra, Carlos Esteban Lara y Teddy Angarita abordaron los desafíos y oportunidades de conservación en la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, enfatizando en la riqueza biológica y cultural de estas áreas, esencial para la biodiversidad global.

La Sierra Nevada de Santa Marta es un epicentro mundial de endemismo. El profesor Carlos Lara, ingeniero forestal, explicó que “el aislamiento geológico de la Sierra ha propiciado la evolución de especies únicas. Más allá de su biodiversidad, la particularidad más destacable de la Sierra es el alto nivel de endemismos, hay especies que solo existen aquí en el planeta”, afirmó el académico.

Por su parte el profesor Teddy Angarita añadió que en la cuenca del río Cesar, donde se ubica la Sede de La Paz, se encuentra el doble de especies de anfibios que en toda Europa, y un 15 % de estas especies son endémicas, es decir autóctonas de la región. Si una de estas especies desaparece de la Sierra también desaparece del planeta, de ahí la importancia de conservar estos ecosistemas.

Además la Sierra juega un papel esencial en las rutas migratorias de aves que viajan desde América del Norte hacia el sur, las cuales encuentran allí puntos estratégicos de parada haciendo de este lugar un punto importante para su conservación global.

Dos mundos diferentes a 30 km de distancia

Otra peculiaridad destacada por los expertos es la proximidad de dos ecosistemas tan diferentes como la Sierra Nevada y la Serranía del Perijá, pero separadas por apenas 30 km en línea recta y que ofrecen una enorme biodiversidad completamente diferente. Este contraste ofrece oportunidades únicas para investigaciones biogeográficas y evolutivas. Resaltan que contar con dos mundos tan distintos a una distancia tan corta es algo único en el planeta.

Además no solo la biodiversidad se mueve entre estas dos montañas, pues también hay un movimiento de cultura. “Hay una participación muy grande de culturas ancestrales que están en ambos lados y que han marcado la manera en que se han desarrollado las intervenciones humanas alrededor de estas dos localidades”, recalca el profesor Chaverra.

Ciencia y saber ancestral: un diálogo necesario

En la charla también destacó la importancia de integrar el conocimiento científico con las cosmovisiones ancestrales de los pueblos kankuamos, wiwas, koguis y arhuacos. Estas comunidades, que han habitado las sierras durante siglos, ven la biodiversidad, la salud y la vida como un todo interconectado, una perspectiva fundamental para la conservación.

“Entender las conceptualizaciones ancestrales de los pueblos indígenas será un elemento muy importante para que podamos llevar sus saberes a otras dimensiones”, anota el profesor Angarita. Un ejemplo de esta colaboración fue el redescubrimiento del colibrí de Santa Marta (Campylopterus phainopeplus), que estuvo perdido para la ciencia durante más de un siglo y fue avistado en territorio kankuamo.

Conservación como motor de desarrollo

El cambio climático y la degradación ambiental amenazan no solo la biodiversidad sino también a las comunidades que dependen de los recursos de la Sierra. Alteraciones en temperatura y humedad afectan especies cruciales, lo que a su vez impacta los medios de subsistencia locales. Los expertos coincidieron en que la conservación es esencial para mantener los servicios ecosistémicos, como el suministro de agua y el uso agrícola, fundamentales para la región.

La Universidad al servicio del territorio

Desde hace 3 años la UNAL ha fortalecido su presencia en estas áreas a través de programas de monitoreo y proyectos de conservación en alianza con la sociedad civil. El profesor Chaverra enfatizó en que “la Sede de La Paz busca formar talento humano que investigue estos valiosos recursos y que, en última instancia, las mismas comunidades se conviertan en guardianes de su biodiversidad”.

Los profesores manifestaron que la Universidad ha adoptado una postura proactiva en la que el objetivo es acercar la academia a las comunidades y no esperar a que estas vayan a la Universidad, sino que la Universidad vaya a los territorios. El profesor Chaverra invita a reconocer la Sede de La Paz como una apuesta de futuro para la región.

La charla cerró con una invitación a participar en la programación de la COP16 y en el “Foro de intercambio de saberes sobre la biodiversidad en la Sierra Nevada de Santa Marta”, en el que la Universidad participará.