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martes, 5 de noviembre de 2024

COP16 debe incidir en la restauración y prevención de riesgos en ecosistemas marinos

 Cuatro académicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) consideran que para que la XVI Conferencia de las Partes (COP16) del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas incida en la restauración y prevención de riesgos en ecosistemas marinos debe contar con cooperación, construcción de una sociedad equitativa, construcción de respuestas con pensamiento y memoria histórica, además de resiliencia cultural.

La UNAL Sede Caribe llevó su aporte a la COP16 con el panel de expertos “Restauración de ecosistemas marino-costeros: acciones de la gestión del riesgo”, coordinado por la profesora Adriana Santos Martínez, directora de la Sede y líder de estudios sobre este tema.

Los expertos en ecosistemas marinos que acompañaron el panel fueron los profesores Ana Isabel Márquez y Juan David Osorio, de la UNAL Sede Caribe; Carolina Velázquez, de la Universidad Estatal de Florida (Estados Unidos), y José Ernesto Mancera, de la UNAL Sede Bogotá, quienes dejaron como reflexión que la COP16 debe incidir en la restauración y prevención de riesgos en ecosistemas marinos.

“Los elementos clave son la comunicación asertiva, seguir formando capital humano en las universidades con este enfoque, buscando que esta deje de ser solo una estadística, ya que esta formación debe servir para el desarrollo, para la construcción de una sociedad equitativa, porque si una especie lo acapara todo tiende a desaparecer”, destacó el profesor Mancera.

En su turno, la profesora Velázquez recordó que “la gestión de riesgos está sobrepasada debido a los procesos de desarrollo, crecemos más rápido de lo que creamos o incrementamos los riesgos más rápido de lo que podemos construir formas de responder. Por eso las maneras de hacer gestión de riesgo requieren estructura, que cuenten con el pensamiento histórico, que pueda ser accionable, revisada constantemente, sustentable y sostenible”.

Resaltó además que “es fundamental recurrir a la memoria del desastre, porque muchas veces se estudian a profundidad los sucesos, pero se pierde esa información recopilada y no debería ser así, sino trabajarse y reconstruirse a partir de las reflexiones aprendidas”.

Por su parte, el profesor Osorio agregó que “se deben retomar los estudios de toda índole y transdisciplinares que se tienen respecto a la gestión de riesgos en ecosistemas marinos para tomar decisiones y mediciones para poder responder a las crisis a los riesgos”.

Para el cierre, la profesora Márquez indicó que “es importante incorporar las decisiones sociales y culturales construidas históricamente por las comunidades en sus territorios, además de tener la resiliencia cultural como componente esencial”.

En este punto coincidió el profesor Mancera, quien afirmó que “las soluciones se deben basar en los habitantes como parte de la solución, y con metodologías de cooperación; la cooperación es más fuerte que la competencia: endosimbiosis”.







jueves, 31 de octubre de 2024

Reclutamiento de árboles: así funciona una restauración de bosques exitosa

 Recuperar los árboles de una zona deforestada no solo depende de la siembra de vegetación, sino también del tipo de especies plantadas, la sombra que dan y la visita de aves y murciélagos que permiten dar paso a nuevos individuos, un proceso conocido como reclutamiento.

Un estudio adelantado en Medellín, en parcelas restauradas de los corregimientos de Santa Elena, San Cristóbal, San Antonio de Prado, San Sebastián de Palmitas y Altavista, encontró que el 80 % de los nuevos árboles en crecimiento estudiados son especies distintas a las plantadas hace 10 años en el marco de una iniciativa de reforestación. Algunas de las claves para el éxito son la cobertura del dosel (copa de los árboles), la pendiente y las características del suelo .

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo, los 10 lugares de Colombia donde más se siembran árboles son Medellín, Pasto, Barbosa, Barranquilla, Florencia, Bojacá, Buesaco, Almaguer, San José del Guaviare y Funza.

Desde 2009 Medellín tiene una de las iniciativas de restauración más extensas de la Región Andina, llamada “Más bosques para Medellín”.

“Consiste en la plantación mixta de 115 especies nativas en las zonas rurales o corregimientos, y hoy van 750 hectáreas restauradas. Sin embargo, aunque la siembra de árboles o restauración ecológica es una forma de recuperar los bosques, el monitoreo a largo plazo suele ser escaso, por lo que no se sabe qué factores están tras el éxito o el fracaso de estas iniciativas”, explica la investigadora Marina Piquer Doblas, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Por eso ella estudió si efectivamente estas zonas reforestadas en el Valle de Aburrá se están convirtiendo en ecosistemas de bosque andino, sobre todo con base en el crecimiento espontáneo de especies distintas a las plantadas artificialmente. “Para eso evaluamos 22 parcelas, enfocándonos en los árboles de más de 80 cm de altura y que no tenían placa de identificación”, agrega.

Buenas noticias y claves para el futuro

El crecimiento de otros individuos se conoce como “reclutamiento”, ya que el mismo bosque, con sus dinámicas, se encarga de promoverlos. “Hicimos una caracterización de estos nuevos árboles teniendo en cuenta su altura, diámetro, si eran nativos, cuáles eran los más abundantes, cuál era la condición del suelo, etc., todo ello tomando muestras y fotografías”, cuenta la investigadora Piquer.

Así mismo registró la cobertura del dosel, es decir cómo las copas de los árboles más altos dejan pasar la luz del sol, y así evaluar la competencia a la que se estaban enfrentando los árboles en crecimiento. “Aunque en todos los predios se habían hecho las mismas actividades de reforestación, vimos que unos tenían más éxito que otros, por lo que hicimos correlaciones entre distintos factores”, comenta la investigadora.

En el estudio se registraron 1.903 individuos reclutados, el 81 % de los cuales fueron especies distintas a las sembradas en el proyecto anterior, y los géneros más abundantes son: Miconia, Palicourea, Myrsine y Verbesina. “Se trata especialmente de árboles pioneros, es decir que crecen muy rápido, pueden competir con el pasto y no necesitan de condiciones muy especiales como la sombra. Después de ellos pueden llegar otras especies, e incluso fauna más específica”, comenta.

El equipo de trabajo constató que la vegetación reclutada proviene de semillas dispersadas por animales, como algunas aves y murciélagos, que tienen pocas restricciones para desplazarse en entornos urbanizados o poco favorables. “Con respecto a las condiciones más favorables, vimos que las parcelas más pendientes tienden a albergar mayor densidad de individuos, pues sus suelos presentaban un porcentaje de arcilla más alto, lo que los hace más fértiles”.

la riqueza y la diversidad, por lo que recomienda plantar especies pioneras como el arboloco (Montanoa quadrangularis), que ayudaría a dar más sombra. “También identificamos que cuanto más bosque había alrededor de las parcelas, más densidad de reclutamiento obteníamos, probablemente porque los animales se mueven más cómodamente y dispersan más semillas”.

Estos hallazgos, además de ser alentadores, permitirían elaborar planes de reforestación más efectivos considerando el uso anterior del suelo, por ejemplo en los que antes se hizo ganadería extensiva, que necesitan tratamientos especiales para regenerarse. En la investigación se determinó que los suelos que tuvieron pastos mejorados tienen una menor densidad de reclutamiento que las que tuvieron pastos nativos o cultivos de pan coger.

“Además, esta investigación abre la frontera del conocimiento que se ha cerrado a los estudios del Trópico, dejando relegados los ecosistemas de alta montaña, que en Colombia son fundamentales porque es donde se concentra la población y buena parte de la deforestación”, concluye.

Este estudio fue dirigido y co-dirigido respectivamente por los profesores Luis Fernando Osorio Vélez y Guillermo Antonio Correa Londoño, del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín.






martes, 17 de septiembre de 2024

Guadua, árboles y flores permitirían recuperar predios reasentados en el río Fucha


 Comunidades del Alto Fucha en Bogotá lideran una serie de iniciativas para restaurar suelos que han sido reasentados por el riesgo de deslizamiento en la ronda del río. Sus actividades permiten no solo mitigar el riesgo para la zona, sino que además contribuyen a tener un ambiente sano tanto para la población como para la naturaleza.

En la cuenca alta del río Fucha, en la localidad de San Cristóbal, las familias reasentadas por alto riesgo han dejado suelos abandonados, provocando problemas de inseguridad, invasión y mal uso del terreno. Sin embargo, la comunidad ha tomado la iniciativa de restaurar estos suelos de manera autónoma, logrando importantes avances en la protección del medioambiente.

Así lo identificó la investigadora Jhody Katherine Sánchez Beltrán, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien realizó un estudio sobre los procesos de recuperación de estos suelos, adelantados por comunidades las ubicadas en el sur de la ciudad, los cuales implican desde la siembra de diferentes especies de plantas hasta la creación de espacios para la recreación.

Líneas de acción para sanear terrenos en riesgo

Para desarrollar su trabajo, la investigadora identificó predios reubicados en el área de 10 barrios del Alto Fucha; además realizó visitas de campo y participó en las actividades desarrolladas por la comunidad, y recorrió y georreferenció cada uno de los puntos para determinar su cercanía al río o su ubicación dentro de otros ecosistemas estratégicos. También entrevistó a los líderes comunitarios y a los habitantes de la zona, con el objetivo de obtener diversas perspectivas sobre la situación.

La propuesta de la investigadora se centra en tres líneas de acción importantes para estas iniciativas comunitarias: restauración ecológica, huertas urbanas y recuperación del espacio público, todas desarrolladas por la misma comunidad, lo que genera apropiación y responsabilidad ecológica con el territorio.

Restauración ecológica: utilizando materiales biodegradables como la guadua, un material liviano y económico que no requiere de una gran destreza técnica para este tipo de intervención, se crean “terraceos”, estructuras que incorporan la siembra de semillas de árboles nativos como el árbol loco, mano de oso y el nogal, lo que a futuro permitirá tener un suelo más resistente, evitando la inclinación y el deslizamiento de tierra. “Así, cuando se degrade la guadua, los árboles ya tienen firmeza en el suelo y lo amarran para evitar deslizamientos de tierra”, explica la investigadora.

Este proceso permite adaptar la forma natural del terreno para hacerlo más asequible y estéticamente agradable. “Lo que se intenta con estas estrategias es justamente evitar mayor impacto y posibilitar que el ciclo del agua se dé naturalmente, ya que la acumulación de agua en el suelo es lo que genera los deslizamientos”, señala la investigadora.

Huertas urbanas: la creación de huertas agroecológicas tiene un sentido pedagógico con la gente de la zona, ya que no solo producen alimentos como hortalizas y aromáticas, sino que además educan a la comunidad sobre la importancia de la sostenibilidad.

Las flores de la caléndula, la curuba y la fuchsia boliviana –un arbusto de rivera de río nativa de los Andes– contienen gran cantidad de néctar, estas flores sembradas en la huerta atraen a los insectos polinizadores y aves como el colibrí picoespada (Ensifera ensifera) generando un ecosistema sostenible y ecológico.

Espacio público: los Cerros Orientales cuentan con pocos espacios para la recreación al aire libre, como canchas o parques públicos debido a su origen (en su mayoría informal) y su ubicación geográfica. En esta línea se busca que las comunidades adapten las áreas reasentadas como espacios de encuentro, por medio del uso de la guadua se construyen sillas para el descanso, decoración como el nombre del barrio, se adecua el borde de una vía o las gradas de una cancha del fútbol autoconstruida. “Estas intervenciones no requieren grandes inversiones, solo el reconocimiento y apoyo del Estado para su sostenibilidad”, menciona la investigadora.

Un modelo de adaptación frente al cambio climático

La investigación sugiere que, con mayor respaldo institucional y económico, las iniciativas comunitarias podrían garantizar la sostenibilidad de los suelos reasentados en los Cerros Orientales de Bogotá, contribuyendo al bienestar social y ambiental de la ciudad. “Lo que se propone con la tesis es hacer alianzas público-comunitarias, es decir que reconozcan la existencia de estas iniciativas y se repliquen a lo largo de las zonas que han sido reasentadas por riesgo en Bogotá, particularmente en los cerros donde se hizo esta investigación”, dice la magíster Sánchez.

Las estrategias identificadas en el Alto Fucha no solo promueven la conservación del ecosistema, sino que también sirven como un mecanismo de adaptación frente al cambio climático. “Los habitantes no quieren irse de su territorio y manifiestan que el riesgo existe en cualquier parte de la ciudad, lo que queda es adaptarnos como ciudad”, afirma.

Las soluciones propuestas permiten que las comunidades sigan habitando estas zonas de riesgo mientras se implementan medidas que reduzcan su vulnerabilidad. La investigadora enfatiza en que estas estrategias de recuperación autónoma deben seguir siendo replicadas en otros Cerros Orientales. “La gestión del riesgo es un fenómeno social que cambia con el tiempo y es importante reconocer las iniciativas de las comunidades para disminuirlo”.

La meta de reasentamiento

Según el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger), en Bogotá existen más de 8.245 predios en alto riesgo no mitigable; en estas zonas de alta amenaza habitan alrededor de 245.000 personas. En la localidad de San Cristóbal 3.135 familias se encuentran en riesgo inminente, y muchas de ellas han sido reasentadas bajo proyectos distritales.

El Proyecto de Inversión 7698, que trata sobre el traslado de hogares localizados en zonas de “Alto riesgo no mitigable” –o los ordenados mediante sentencias judiciales o actos administrativos en Bogotá– tiene como objetivo reubicar 2.150 hogares en 2024. Sin embargo, hasta la fecha solo se  ha ejecutado el 20 %, lo que corresponde a 107 hogares, lo que afecta la proyección general planificada para el 2030.

En cuanto a la administración distrital, para reducir las condiciones de riesgo actuales, se han desarrollado acciones con el Plan Distrital de Gestión del Riesgo de Desastres y del Cambio Climático para Bogotá D. C. 2018-2030 (PDGRDCC), llevando a cabo diversas intervenciones en el territorio, tales como la realización de obras, la identificación de áreas que deben ser incorporadas como suelos de protección, especialmente en zonas con amenaza alta no urbanizable o con alto riesgo no mitigable, y el reasentamiento de familias.

Sin embargo, estás medidas han sido insuficientes y requieren de mejoras que atiendan la función social y ecológica de la propiedad, por lo que esta investigación propone algunas posibles estrategias.





lunes, 22 de julio de 2024

Restauración de manglares debe considerar fenómenos de El Niño y La Niña

 Acciones de dragado, manejo de sedimentos y limpieza de caños en la Ciénaga Grande de Santa Marta deben tener en cuenta los fenómenos de El Niño y La Niña para evitar afectaciones en los manglares. Un estudio demuestra que la restauración ecológica debe ser climáticamente inteligente para contrarrestar o evitar reforzar los efectos que pueden tener las temporadas de sequía y lluvia en estas importantes especies vegetales.

La Ciénaga Grande de Santa Marta es muy importante para el Caribe colombiano y el país porque alberga alrededor de 519 especies animales y sustenta más de 3.000 pescadores que dependen de sus servicios ecosistémicos, según explica el doctor en Biología Marina David Alejandro Sánchez Núñez, docente de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz. Incluso algunas comunidades viven inmersas dentro del manglar, como las poblaciones palafíticas de Buenavista y Nueva Venecia, que se benefician de la pesca, el ecoturismo, la madera y la protección contra vientos.

“Cuando se muere extensivamente el manglar, que ellos denominan como su ‘empresa’, hay muchos peces y otras especies comerciales que pueden aminorar, entre ellas sábalo, mojarras, camarón, robalo, lisa, macabí y jaiba, que utilizan para su sustento y para vender”, acota el experto. Mientras que, si los manglares se expanden, habría más hábitats para los peces, más recursos pesqueros y mayor bienestar para las poblaciones.

Para proteger estos ecosistemas y quienes dependen de ellos es necesario actuar según la variabilidad climática. “Normalmente cuando el evento es de El Niño (lluvias por debajo de lo normal en los Andes y Caribe colombiano) se pierde cobertura, o sea que se muere la vegetación; y cuando es de La Niña (donde ocurren lluvias y aumentan caudales por encima de lo normal) gana cobertura o se expande”, explica el investigador.

“Cuanto más fuerte sea El Niño, como en el 2015, cuando el Gobierno nacional impulsó el ahorro de agua y luz para evitar racionamientos, hubo muchos manglares que se murieron, mientras que con eventos de La Niña consecutivos entre 2007 y 2010 o entre 2020 y 2023 los manglares se recuperaron, y lo más interesante es que se expandieron en lugares internos difíciles de recuperar con el desarrollo de árboles”, anota el profesor Sánchez.

Así mismo, las actividades humanas, como las obras de infraestructura o mantenimiento de afluentes, impactan las condiciones de estos ecosistemas costeros. La Ciénaga Grande de Santa Marta perdió 27.380 hectáreas de manglares entre 1956 y 1995, de las 51.150 hectáreas presentes previamente por la construcción de las carreteras Ciénaga-Barranquilla y Palermo-Sitio Nuevo y de diques paralelos al río Magdalena, que aumentaron la salinidad del suelo en el sistema (hipersalinización) al reducir la conectividad mareal y de agua dulce.

La salinidad del suelo es uno de los principales reguladores de las plantas de manglar. Aunque los manglares son tolerantes a la sal, cuanto mayor sea la salinidad, mayor será la energía involucrada en la absorción de agua y menor será el crecimiento del manglar.

Cabe anotar que a este sistema le entra agua dulce del río Madalena a través de varios caños y de tres ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta, que aumentan su caudal durante estaciones lluviosas y eventos La Niña, y disminuyen su caudal durante la estación seca o durante eventos El Niño.

Un poco de historia

Entre 1996 y 1998, la Ciénaga Grande de Santa Marta fue declarada como sitio Ramsar (humedal de importancia internacional) y en el año 2000 como Reserva Internacional de la Biosfera. Durante la década de 1990 se implementó un proyecto de rehabilitación hidrológica llamado Prociénaga para aumentar la conectividad de agua dulce mediante la construcción de derivaciones que reconectan al sistema lagunar con el río Magdalena, principal fuente de agua dulce.

En 1998 cuando se reabrió el Canal Aguas Negras como medida de restauración hidrológica, sucedió al mismo tiempo un evento de La Niña fuerte. Es decir, le entró mucha agua dulce al sistema, disminuyendo la salinidad demasiado y muy rápido. El manglar no se recuperó en el corto plazo tanto como se esperaba, pues en algunos lugares proliferaron otras especies de vegetación acuática como la enea (Typha domingensis).

La alta carga de sedimentos provenientes del río Magdalena, 10 veces mayores a las existentes hace varios siglos, taponan los caños y reducen la conectividad hidrológica (los sedimentos taponan los caños como el colesterol lo hace con las arterias). Por eso desde 2004 el mantenimiento de caños se ha realizado periódicamente, y aun así la extensión ocupada por los manglares ha fluctuado con periodos de recuperación o degradación.

Luego de El Niño de 2015-2016, que fue el más fuerte que se ha registrado, se perdieron alrededor de 7.659 hectáreas de manglar, casi la mitad de la extensión de manglar recuperada entre 1995 y 2015 (16.711 ha). En 2017, este sistema natural fue incluido en el registro de Montreux (humedales Ramsar en peligro crítico) debido a la sequía severa generada por El Niño 2015-2016 y a otras a afectaciones como la expansión agrícola y ganadera y los desvíos y captaciones de flujos de agua de los ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Medidas como mejoras en la disposición de sedimentos cuando se hace dragado de caños, eventos de la Niña consecutivos entre 2016-2018 y entre 2022-2023 y una restauración ecológica más efectiva han permitido recuperar el manglar a un nivel similar al presente antes de El Niño 2015-2016.

Recomendaciones

Con base en esta investigación realizada por el doctor Sánchez junto con la magíster en Ciencias de Biología, Jenny Alexandra Rodríguez y el doctor en Biología José Ernesto Mancera, docente de la UNAL Sede Bogotá, se podría recomendar que cuando se espere un evento de El Niño se realicen los dragados de mantenimiento a los canales; mientras que cuando se presenten eventos de La Niña muy fuerte no es recomendable realizar mantenimientos extensivos porque se dulcifica rápidamente el sistema de la Ciénaga Grande.






miércoles, 6 de diciembre de 2023

Científica de la UNAL premiada por estrategia para monitorear restauración de bosques

 
Gracias a la propuesta de combinar métodos tradicionales de restauración con nuevas tecnologías como la teledetección, la doctora en Ecología Swanni Tatiana Alvarado, profesora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), recibió el Premio L’Oréal-Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia” 2023.

Un esfuerzo sin precedentes se ha realizado durante varios años en el Grupo Restauración Ecológica (GREUNAL) creado en 2002, y que desde ese momento, con el liderazgo del profesor Orlando Vargas Ríos, sentó las bases de lo que sería la restauración ecológica en Colombia. En sus inicios se tuvo a la Reserva Forestal Municipal de Cogua como un bosque altoandino al que había que prestarle atención, y se realizaron estrategias para su protección.

Luego se llegó al embalse de Chisacá, en la localidad Usme, en donde especies invasoras y exóticas como el retamo espinoso (Ulex europaeus) comenzaron a crecer de manera desmedida, por lo que se crearon doseles para impedir que la especie obtuviera la luz solar y los recursos necesarios para seguir creciendo. Tales coberturas vegetales se hicieron con plantas como los lupinos, cuya altura va desde 0,5 hasta 2 m, o el arboloco, puede llegar a los 10 m.

Desde 2018 GREUNAL se ha enfocado en el bosque del Macizo de Iguaque, en Villa de Leyva (Boyacá), una zona que se ve invadida por especies como las gramíneas (Melinis minutiflora), debido a su capacidad de adaptación a diferentes condiciones, por ejemplo después de incendios, así como a su introducción y propagación para actividades como la alimentación de ganado.

Aquí es donde aparece la experiencia e invaluable trayectoria de la profesora Alvarado, pues en 2023 comienza a liderar el grupo de investigación y a continuar el legado del profesor Vargas, quien también fuera su docente cuando estudiaba en la UNAL. La experta trajo preguntas como: ¿por qué no se hacen monitoreos rigurosos a estas estrategias de conservación y restauración a largo plazo? Y ¿será la tecnología la respuesta para llenar estos vacíos de información?

Dentro de su propuesta se encuentra la necesidad de evaluar y monitorear la eficacia de los antiguos proyectos de restauración del grupo en Cogua, Chisacá y Villa de Leiva, utilizando la teledetección (uso de sensores e imágenes satelitales para determinar el éxito de la intervención a largo plazo), puesto que estas estrategias de generación de doseles, parches de pioneras (introducir especies nativas para que compitan con otras que están generando afectaciones), aumento de línea de avance de fragmentos de bosque, así como la dispersión de semillas y control de especies invasoras, fueron realizadas hace entre 5 y 10 años, y aún no se sabe nada sobre su éxito.

“Hoy tenemos la gran ventaja de acceder a un volumen grande de información y de acceso gratuito sobre imágenes en tiempo real de estas zonas, e incluso de lo que ocurría en los bosques hace más de 30 años, por lo que es indispensable que estas herramientas tecnológicas se   implementen, en especial en los lugares en los que aún no ha habido un estudio riguroso de cuáles han sido los cambios generados en problemas como los de las especies invasoras.

Añade que “la teledetección permite obtener una mayor y mejor ‘fotografía’ del lugar, lo cual transforma el entendimiento y la descripción de la restauración de unas cuantas parcelas y hectáreas que se pueden recorrer y describir en el trabajo de campo, pues se hace un zoom más amplio de las zonas en donde se ha aplicado alguna estrategia de restauración”.

Gracias a su trabajo fue galardonada con el premio L’Oréal-Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia” 2023, el cual desde 1998 reconoce a las mujeres que desde la ciencia aportan soluciones y estrategias importantes y necesarias para la sociedad.

En esta edición el galardón fue entregado a 10 científicas colombianas por la empresa francesa L´Oreal, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (Icetex), y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias).

Para la investigadora es una gran oportunidad en la búsqueda por superar trabas y demoras como la falta de financiación para este tipo de proyectos, que muchas veces, debido a que tan solo duran alrededor de 1 año, se torna difícil determinar qué ha ocurrido en la zona en un tiempo prolongado. Esto aporta al diagnóstico, y por ende a una mejor restauración, pues se puede identificar de manera rápida y precisa si una u otra estrategia está resultando más beneficiosa para los ecosistemas.








 

martes, 5 de diciembre de 2023

CVC REALIZA MINGAS DE RESTAURACIÓN CON AGRICULTORES DE JAMUNDÍ

 Bajo el modelo de una novedosa técnica llamada agricultura sintrópica, la CVC ha capacitado a campesinos del mercado agroecológico de los corregimientos de Villapaz, Quinamayó y Potrerito, con el fin de mejorar la producción alimentaria. 

Con el sistema de siembra de agricultura sintrópica, una técnica utilizada dentro de los sistemas agroecológicos, la CVC está realizando capacitaciones practicas con el grupo de agricultores del mercado de Jamundí, donde se desarrollan actividades de fortalecimiento de la oferta de productos para su estabilidad, cantidad adecuada y variedad.

 “La agricultura sintrópica puede definirse como un modelo en el que los procesos agrícolas se asemejan a los procesos naturales. El sistema contribuye a acelerar la restauración de los suelos en el predio, aumenta el uso eficiente del recurso hídrico, aumenta la biodiversidad, contribuyendo al equilibrio ecosistémico, y, a mediano plazo, genera independencia del uso de insumos y provee tanto seguridad alimentaria como el fortalecimiento de la economía de los agricultores”, explicó Nelly Gutiérrez, de la Dirección de Gestión Ambiental de la CVC.

Es de resaltar que, por parte del Grupo de Cambio Climático de la CVC, en articulación con la secretaría de Agricultura del municipio de Jamundí, se han realizado varias jornadas en los corregimientos de Villapaz, Quinamayó y Potrerito, a través de mingas para la plantulación de hortalizas de semillero y siembra directa de frutales, maíz, pepino, habichuela y fríjol, con el fin de mejorar también la cantidad y variedad de especies.

“Este tipo de trabajos prácticos comunitarios son muy importantes porque fortalecen la unión de los grupos, se avanza en el conocimiento de los predios y se generan acciones de economía comunitaria al momento de las cosechas, donde parte de ella favorece al propietario del predio y otra parte se destina al mercado, de forma comunitaria”, destacó la funcionaria de la CVC.

 

De esta manera, durante las jornadas se ha sembrado aguacate, naranja, guanábana, mandarina, cacao, eucalipto, matarratón, limón, nacedero, botón de oro, nogal cafetero, cedro, guácimo, balso, plátano, banano, guayaba, zapote, carambolo, fríjol, maíz, canavalia, pízamo, chachafruto, yuca, pasto mombasa, moringa, guandul, entre otras.

Este tipo de actividades también se han llevado a cabo en Cali, en la Institución Educativa José María Cabal y en el corregimiento El Hormiguero, con el grupo del mercado del río Cauca. Así mismo, en los municipios de Andalucía, Tuluá, Pradera Dagua, Yotoco, Cartago y Florida.

 ¿Cómo se desarrolla la agricultura sintrópica?

 Consiste en la asociación de especies, de acuerdo con la necesidad de luz y la sucesión natural, protegiendo al suelo con abundante cobertura, a manera de compost in situ, con el propósito de ‘almacenar’ abono para un largo período y sembrar simultáneamente una alta cantidad de estacas para la producción de biomasa como matarratón, nacedero, botón de oro, higuerilla, guandul y morera, para la futura cobertura del sistema.






sábado, 22 de abril de 2023

22 de Abril día Internacional de la Madre Tierra !

 Cuidar a nuestra Madre Tierra

La Madre Tierra claramente nos pide que actuemos. Los océanos se llenan de plásticos y se vuelven más ácidos. El calor extremo, los incendios forestales, las inundaciones y otros eventos climáticos han afectado a millones de personas. Aún a día de hoy nos enfrentamos al COVID -19, una pandemia sanitaria mundial con una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema. 

El cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden acelerar el ritmo de destrucción del planeta.

Este día de la Madre Tierra es el segundo que se celebra dentro del Decenio de la ONU para la Restauración de Ecosistemas. Los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra. De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Restaurar aquellos que están dañados ayudará a acabar con la pobreza, a combatir el cambio climático y prevenir una extinción masiva. Pero sólo lo conseguiremos si todo el mundo pone de su parte.

Recordemos hoy más que nunca en este Día Internacional de la Madre Tierra que necesitamos un cambio hacia una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. Promovamos la armonía con la naturaleza y la tierra. ¡Únete al movimiento mundial para restaurar la madre Tierra!