jueves, 22 de agosto de 2024

Colombia buscaría distribución justa y equitativa de beneficios de biodiversidad en la COP16

 Conservar y aprovechar la biodiversidad requiere de un acceso justo y equitativo a la información sobre la misma, por ejemplo, en un país como Colombia donde se extraen múltiples recursos naturales sin retribución correspondiente en conocimiento e inversión. Expertos invitados en el especial La UNAL en la COP16, programa de Radio UNAL, indican las formas en que la Conferencia de las Partes en Cali podría ser el escenario propicio para avanzar en este objetivo.

El centro de la discusión son los recursos genéticos, que es la información sobre el ADN de todas las formas de vida estudiadas y la base para entender la biodiversidad, sus funciones en los ecosistemas, así como los productos que se pueden obtener a partir de esta.

“En esas secuencias de ADN está la información para muchas cosas, tenemos información en esa biodiversidad para desempeñarse en distintos papeles en los ecosistemas, que posteriormente puede aprovechar la humanidad desde diferentes puntos de vista: biotecnología, medicina, de allí puede salir información para generar hasta microorganismos, por ejemplo, a la hora de hacer procesos particulares, acelerar procesos para generación de energías. Por eso es tan importante esas secuencias, todo parte de donde vienen esos organismos y qué conocen los humanos que estaban allí”, explica Juan Carlos Rincón, doctor en Ciencias Agrarias con énfasis en Genética Molecular.

Los procesos de digitalización de información en el mundo, de acuerdo con Mauricio Cabrera, viceministro de Ambiente e invitado al programa, permiten tener acceso a la información y crear nuevos recursos genéticos capaces de aportar insumos para la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, la adaptación a este nuevo entorno digital requiere una regulación equilibrada que garantice el acceso justo a tales desarrollos genéticos y promueva la colaboración global.

“Hay comunidades en las regiones mega diversas como Colombia que están protegiendo ecosistemas, pero estas mismas poblaciones no han tenido los beneficios en la distribución justa de la información genética que ya está digitalizada y que ayudarían a la continuidad de estos procesos de preservación”, indicó el viceministro Cabrera.

Colombia desde el año 2022, a través de la ratificación de la gobernanza del conocimiento tradicional mediante el Protocolo de Nagoya, el cual reconoce los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales, así como sus conocimientos tradicionales asociados a los recursos genéticos, según el Ministerio de Ambiente, apostaría a que, en el país, la información y la biodiversidad no se conviertan en otro extractivismo injusto para los habitantes.

En este sentido, Cabrera asegura que Colombia está trabajando con países como Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela para llegar a acuerdos sobre la distribución justa y equitativa de dichos beneficios digitalizados entre el norte global y el sur global para lograr conservar la biodiversidad de la que goza la región. “Estamos sufriendo presiones muy grandes sobre las zonas de alta biodiversidad. En la Amazonia con minería y la extensión de la frontera agrícola se ve afectada, y esto nos está  llevando a discursos inconscientes de proteger esta zona, pero no se toman acciones adecuadas”, sostiene.


“Si no se logra generar esa distribución adecuada de beneficios para las comunidades que protegen esa biodiversidad, si no logramos cambiar esa forma de recibir beneficios y solo sean las grandes farmacéuticas o las grandes industrias que utilizan esa gran biodiversidad y que no retribuyen a los países que somos generadores, va a ser muy difícil lograrla conservar”, afirma Cabrera.

La inteligencia artificial: una alternativa

Desarrollar procesos de comprensión profunda de los ecosistemas, incluyendo prácticas sostenibles de manejo de recursos, métodos de conservación para mantener el equilibrio ecológico, además de proteger la diversidad biológica de la región son algunos de los escenarios de los cuales las comunidades han sido protagonistas. Por tal razón, combinar la experiencia tradicional con tecnologías avanzadas de secuenciación genética y análisis de datos se vuelven elementos claves para reforzar las acciones de conservación.

La inteligencia artificial puede acelerar el análisis de estos datos, descubrimientos, optimizaciones en biotecnología y conservación de la misma, sin embargo, el uso de esta herramienta plantea desafíos en términos de control y equidad en el acceso de recursos genéticos para todas las comunidades.

Judith Rodríguez, Doctora en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), frente a esta necesidad de ser beneficiarios de estos recursos económicos y científicos que generan la aplicación de inteligencia artificial en procesos de desarrollo genético, señaló cómo la Institución a través de los diferentes trabajos de investigación que impactan directamente a las comunidades ha sido blanco de la falta de recursos. “La distribución justa tiene que verse como una Política de Estado que permita la visibilización de la mega biodiversidad, la protección de la permanencia de las comunidades en sus territorios y la promoción de la investigación dentro de las instituciones”, precisó la académica.

La COP16, que se realizará en octubre en Cali, será un escenario propicio para esta propuesta al abordar las metas del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal. La meta número 21 contempla garantizar el acceso a la información e incorporación de los conocimientos tradicionales, que será fundamental para el reconocimiento del trabajo integral de las comunidades; así mismo, la meta 13 precisa el acceso a recursos genéticos y permitirá reconocer el discurso medioambiental que, aseguran los expertos, concluye en la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo en el planeta.






miércoles, 21 de agosto de 2024

Colombia, el país con mayor biodiversidad por km² del mundo, tiene 1.700 especies amenazadas

 Con 79.831 especies observadas, el territorio colombiano es un punto caliente de diversidad biológica del planeta, lo que posiciona al país como el segundo más biodiverso del mundo, superado solo por Brasil en área geográfica. Para conservar esta gran riqueza amenazada por actividades humanas, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) resguarda más de 7 millones de ejemplares de flora y fauna en sus colecciones científicas; además sus 400 grupos de investigación y 700 profesores en las 9 Sedes aportan activamente a esta tarea.

Con 1.999 especies de aves, 82 de ellas endémicas (exclusivas del territorio nacional), Colombia alberga hoy la mayor diversidad de pájaros del mundo, además de unas 26.000 especies de plantas, 560 de orquídeas y 3.844 de mariposas (350 endémicas). Sin embargo el riesgo de que muchas de ellas desaparezcan es latente, lo que el profesor Miguel Gonzalo Andrade Correa, director del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL, califica como “vergüenza nacional”.

“Entre las 1.700 especies ‘amenazadas’, todas las tortugas continentales se encuentran en ‘peligro de desaparecer’. Entre las plantas, y pese a su riqueza, 311 especies de orquídeas están ‘en riesgo’, así como 38 especies de frailejones, plantas endémicas de los páramos colombianos. El territorio nacional cuenta con 81 ecosistemas, 20 de ellos ‘en estado crítico’ –es decir al borde de la extinción– y cerca de 30 se consideran en peligro, lo que significa que el 25 % están bajo amenaza”, advierte el profesor Andrade.

Por su parte la profesora Luz Stella Cadavid Rodríguez, vicerrectora de la UNAL Sede Palmira e integrante del Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental, considera que “esta crisis, marcada por el cambio climático y la pérdida acelerada de biodiversidad, es reflejo de las fallas en los modelos socioeconómicos actuales, centrados en la explotación intensiva de los recursos naturales que llevará a la extinción de los seres humanos y de todas las formas de vida; por eso propongo una ‘transición civilizatoria’ que se haga mediante un cambio profundo en la relación entre los seres humanos y el medioambiente”.

“Debemos movernos de un enfoque extractivista centrado en el hombre y su postura de dominación, a uno horizontal en el que nos reconocemos como otra especie en la naturaleza y propendemos por la conservación de todas las formas de vida. No se trata solo de un cambio de modelo económico, sino también es de mentalidad: debemos pasar del consumismo desenfrenado a una economía que garantice la preservación de los recursos para las generaciones futuras”.

El grupo de investigación, de la mano de las comunidades de Tumaco y Arauca, ha promovido la transformación de residuos de pescado y desechos de comida en energía renovable, y además creó un fertilizante biológico subproducto del proceso, un aporte para detener la pérdida de biodiversidad con la eliminación de contaminantes y agroquímicos peligrosos para el suelo.


El profesor Diego Fernando Mejía Carmona, coordinador del Sistema de Gestión Ambiental de la UNAL Sede Palmira, destacó que “la biodiversidad no necesita de las personas, esta tiene un valor intrínseco independiente de las necesidades humanas”, al resaltar los servicios que la naturaleza le ofrece a la humanidad, mientras esta última representa sus principales amenazas por la deforestación, la minería, las semillas comerciales y las especies introducidas, como el caso de los hipopótamos en Colombia.

Por su parte, la diversidad genética es fundamental para la biodiversidad porque proporciona la variabilidad necesaria para que las especies se adapten a cambios en el entorno y puedan resistir enfermedades y sobrevivir ante diferentes presiones ambientales. En ese sentido, los estudios sobre el área vegetal adelantados por el Grupo de Investigación en Diversidad Biológica se han enfocado en frutales, flores, plantas medicinales, follajes tropicales y especies para alimentación animal, explorando ganado vacuno, porcinos, aves, peces y microorganismos.

Dentro de estos animales se encuentra el arapaima, el pez más grande de agua dulce del Amazonas, en cuya diversidad genética se basa el estudio de Dagoberto Martínez, estudiante del Doctorado en Ciencias Agrarias, junto con los profesores Juan Carlos Rincón, Darwin Hernández y Jaime Eduardo Muñoz Flórez, líder del grupo.

“Estamos realizando una secuenciación de alto cubrimiento del genoma, para obtener una visión detallada de las numerosas secuencias que nos permiten identificar las características específicas, incluyendo posibles variaciones según las regiones geográficas, lo que contribuye a su conservación”, explica el profesor Flórez.

Balance de la UNAL en la COP16

La profesora Nubia Janeth Ruiz Ruiz, vicerrectora de Investigación de la Universidad, anunció que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le notificó a la UNAL que ahora forma parte de la agenda de la Zona Verde. Además, la Sede Palmira y la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco se incluyeron en el Circuito de Movilización y Participación de la decimosexta versión de la Conferencia de las Partes (COP16).

Cada semana una Sede desarrollará una temática sobre biodiversidad en el programa Análisis UNAL, de Radio UNAL (98.5 FM), transmitido por Periódico UNAL. Este miércoles 21 de agosto el turno es para la Sede Palmira con un panel en el que se abordarán las amenazas a la biodiversidad, además de sus leyes y beneficios para las comunidades.

Por último, la vicerrectora Cadavid informó que durante la Cumbre Académica de Universidades del país, celebrada recientemente en Cali, y que contó con la moderación de la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad, se creó la Red Colombiana de Conocimiento en Biodiversidad, para contribuir con las metas emanadas del Convenio sobre la Diversidad Biológica.












martes, 20 de agosto de 2024

Tapir, el creador del paisaje, está amenazado por incendios y altas temperaturas

 Con 3 de las 4 especies de tapires reportadas en el mundo, Colombia es el país más diverso en estos animales, pero su existencia está en riesgo a causa de la destrucción de su hábitat y del cambio climático, y con ellos la biodiversidad del bosque.

“Si desaparecen los tapires desaparece la variabilidad genética del bosque, y como consecuencia se reduce su capacidad de adaptación al cambio climático, ya que lo relevante de este animal es que se puede desplazar largas distancias, entre 5 y 7 km, dispersando semillas y frutos. Estos nuevos árboles o arbustos son el hogar cientos de especies de insectos, anfibios y aves, por eso los tapires son considerados como especie paisaje”, explica el biólogo Federico Mosquera Guerra, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), investigador del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod).

El tapir, o danta, es una especie de gran importancia ambiental para el mundo que se ubica en la categoría de “peligro de extinción”. Este fue el eje central del octavo simposio del Grupo de Especialistas de Tapires de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), realizado esta vez en Brasil, en julio de 2024. Allí, un representante de Ecolmod compartió los aportes del grupo desde la investigación científica y las contribuciones en pro de la conservación de los tapires.

Colombia es el quinto país del mundo con mayor riqueza de mamíferos, entre los que se encuentran el tapir centroamericano (Tapirus bairdii), tapir de montaña (T. pinchaque) y tapir de tierras bajas (Tapirus terrestris).

El tapir de tierras bajas es un mamífero herbívoro de gran tamaño que desempeña un rol muy importante en los ecosistemas en donde habita, y en la ecología de las sabanas de la Orinoquia son esenciales como dispersores las semillas y frutos de los bosques de galería y morichales, contribuyendo así al mantenimiento de las coberturas naturales y la regulación del ciclo del agua, lo que resalta la necesidad de preservar esta especie y sus hábitats en un entorno de constante cambio por las acciones humanas.

A pesar de su importancia, los tapires enfrentan amenazas como la caza, la destrucción de su hábitat, los cambios en el clima y los fenómenos extremos, como sequías o inundaciones, que pueden alterar su acceso a alimentos y al agua, degradando sus hábitats aceleradamente.

“En los últimos años el cambio climático ha generado un aumento en la frecuencia, intensidad y extensión de los incendios forestales, que se han convertido en una amenaza creciente para la biodiversidad de la Orinoquia porque deterioran los bosques riparios y morichales en las sabanas. Estas acciones humanas reducen la oferta de recursos disponibles para las especies de mamíferos, como alimento, refugio y provisión de agua”.

“A esta situación se suman las actividades productivas mal implementadas como la ganadería extensiva y la agricultura tradicional, que realizan prácticas como la tala y quema, que influyen en la presencia de estas especies en los hábitats evaluados para las sabanas de altillanura de la Orinoquia”, explica el investigador Mosquera.

Tapires: especiesvitales para el mantenimiento de los ecosistemas del país

El objetivo del proyecto “Biofuegos” del grupo Ecolmod es evaluar la influencia de factores ambientales –como las áreas afectadas por incendios forestales y las actividades humanas agropecuarias– sobre la diversidad de especies de grandes mamíferos amenazados.

“El tapir de tierras bajas –considerado como vulnerable– se distribuye en las sabanas nativas de altillanura del Vichada y actualmente está amenazado por el deterioro de sus hábitats debido a incendios forestales, construcción de infraestructura vial y la presión cinegética”, enfatizó el investigador de la UNAL.

La conservación de esta especie es esencial no solo para su supervivencia sino también para la salud de los ecosistemas que dependen de su actividad ecológica. Según el biólogo Mosquera, “la asistencia al simposio y el diálogo con los profesionales de diferentes países me permitió identificar 3 principales cuellos de botella para lograr la conservación del tapir y de sus hábitats”.

“El primer obstáculo es la protección social del conocimiento, es decir articular la academia que está generando investigaciones con el decisor, que en últimas son las comunidades; el segundo es la incidencia en las políticas públicas y el tercero la financiación de la ciencia, ya que el porcentaje para la construcción del conocimiento en nuestros países es muy bajo.

Por último, hace un llamado acerca de la importancia de conocer e implementar acciones que realmente ayuden a la conservación de los tapires y sus hábitats, debido a que su pérdida no solo afectaría esta zona de estudio del país. Mientras tanto el equipo de investigación continúa realizando estudios que ayuden a identificar las amenazas que presenta el tapir de tierras bajas y posteriormente construir las estrategias para incidir con este conocimiento en la toma de decisiones que tenga como pilar fundamental la conservación y protección de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que prestan estos grandes mamíferos y sus hábitats en el país.

Un llamado internacional

El biólogo Mosquera representó al grupo Ecolmod en Campo Grande do Soul (Brasil) para exponer los conocimientos adquiridos por la UNAL sobre la relación entre el tapir y su entorno y el desplazamiento de grandes mamíferos amenazados, como el tapir de tierras bajas característico de las sabanas del Vichada.

El simposio del Grupo de Especialistas de la UICN se realiza cada 3 años y esta vez participaron importantes instituciones interesadas en la preservación de esta especie al rededor del mundo, entre ellas la UNAL y el Zoológico de Cali representantes de Colombia; algunas ONG como WCS e instituciones académicas como las Universidades Nacional Autónoma de México (UNAM), Nacional de Guatemala, y Nacional de Costa Rica, entre otras instituciones de Ecuador, Brasil, Singapur y demás países de Asia y Europa.

Como aporte de la UNAL al encuentro, el investigador Mosquera expuso 4 trabajos derivados del proyecto “Biofuegos” (BPIN 2020000100456) que desarrolla el grupo Ecolmod con financiación del Sistema Nacional Regalías: “el primero está relacionado con un modelo de distribución potencial para el tapir de tierras bajas para la altillanura y su representatividad en áreas protegidas; el segundo con la conectividad funcional de los tapires en la Orinoquia, con énfasis en la altillanura; el tercero con la importancia de los bosques ribereños y el hábitat de más de 31 especies de grandes mamíferos, y por último presentamos avances del libro Colombia, país de tapires, el cual publicaremos próximamente como un aporte pedagógico tangible al conocimiento más profundo de la especie en el país”, concluye el investigador Mosquera.






viernes, 16 de agosto de 2024

Declarar el río Magdalena como sujeto de derechos contribuiría a su recuperación

 Para contrarrestar los conflictos socioambientales del río Magdalena, en cuya cuenca habita el 77 % de la población colombiana y se produce el 85 % del producto interno bruto (PIB) nacional, sería necesario brindarle protección al afluente y los ecosistemas que lo componen, además de reconocer su importancia como principal vía fluvial del país.

Una de las problemáticas del río Magdalena identificadas por el ingeniero civil Gonzalo Duque Escobar –con posgrados en Economía, Geofísica y Mecánica de Suelos y docente de la UNAL– es la carga de 150 millones anuales de toneladas de sedimentos que se vierten al Caribe, como expresión de la deforestación del 80 % de la región Andina, y las crecientes periódicas que inundan decenas de miles de hectáreas en su cuenca baja como consecuencia de la pérdida de la función reguladora de la depresión Momposina, en donde se han desarticulado complejos de cientos de ciénagas, cerrando sus caños.

Según el investigador, a esta situación se suma la pérdida del 90 % de la pesca y el blanqueamiento del 80 % de los corales entre Cartagena y Santa Marta, así como la consecuencia de la deforestación en algunas de sus cuencas.

“Este río de 1.613 km, con 990 km navegables desde su desembocadura en el mar Caribe hasta el Salto de Honda, y 400 km más desde allí hasta el departamento del Huila, tiene comprometida su cuenca –de unos 250.000 km2–, puesto que es un escenario deforestado que explica por qué en la desembocadura, siendo el caudal promedio de 7.200 m3/segundo, se presentan variaciones desde 10.287 m3/s en invierno hasta 4.068 m3/s en verano.

“Lo anterior explica por qué amparar los derechos ambientales a la Luz del artículo 331 de la Constitución Política de Colombia –que crea Cormagdalena– y de la Ley 161 de 1994 –que la organiza– es darles primacía a sus 30.000 pescadores y a 15.000 más de sus afluentes en el Cauca, a los humedales y bosques secos que lo circundan, no solo para ponerle límites a las intervenciones que buscan establecer un canal navegable para que no alteren su vaguada (ascenso de masas de aire cálido y húmedo) ni los frágiles humedales como ecosistemas vitales de este territorio”, enfatiza.

Por otro lado, en 1991 la Constitución Política, mediante el artículo 331, crea la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena, (Cormagdalena) encomendándole la recuperación de la navegación y la protección del medioambiente y de los recursos naturales renovables de la principal arteria fluvial del país. “Pero pese a haberle encomendado la recuperación integral del río, al adscribírsele el organismo con la misión al Ministerio de Transporte, se ha ocupado principalmente de la navegación, dejando de lado a los pescadores y los ecosistemas”, manifiesta el investigador Duque.

Deterioro ambiental va más allá de la deforestación y pérdida de complejos de humedales; además de resolver la contaminación por aguas vertidas y no tratadas, donde a las actividades agroindustriales con su huella hídrica se suman los vertimientos industriales y urbanos”, precisa.

Propuesta

Para el ingeniero civil, una posible solución sería una declaratoria que priorice al río Magdalena partiendo del concepto del territorio como sujeto de derechos. “Si su cuenca es el hábitat en donde se dan las relaciones con el medio andino tropical y también el río hoy –víctima del olvido– y se encuentra degradado y contaminado, urge emprender una recuperación que tenga como fin una política pública orientada a socializar los beneficios de la economía modal”.

“Además, para recuperar íntegramente el río, sostiene que se necesita una declaratoria que lo haga sujeto de derechos bioculturales y de reconocer su valor excepcional como patrimonio cultural y natural de la humanidad, como lo propone la Cátedra Unesco”, puntualiza el investigador.

Recorrido del río

La cuenca del río Magdalena ocupa el 24 % del territorio colombiano. En ella están 11 departamentos: Magdalena, Atlántico, Bolívar, Cesar, Antioquia, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Caldas, Tolima y Huila.






martes, 13 de agosto de 2024

Con IA revelan el trabajo invisible de los manglares en Colombia contra el cambio climático

 Solo en 2020 las costas colombianas cubiertas por estas formaciones vegetales capturaron casi 100.000

kilotoneladas de dióxido de carbono (CO2), principal causante del calentamiento global, según calcularon investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que entrenaron un algoritmo de inteligencia artificial (IA) con imágenes satelitales para medir el aporte de estos ecosistemas en la reducción de los gases de efecto invernadero.

Aunque parezca poco común que la física tenga un vínculo estrecho con la ecología y la conservación, en este estudio fue un instrumento clave para medir –mediante tecnología satelital y algoritmos avanzados– el área total de manglar de las costas del Caribe y el Pacífico de Colombia, además de su capacidad de almacenar COen sus tejidos y en el suelo.

Cuando el carbono es atrapado por estos bosques y otros tipos de vegetación marino-costeros recibe el nombre de “carbono azul”, diferenciándolo del almacenado en los bosques y la vegetación terrestre, que es el “carbono verde”.

El profesor Santiago Vargas Domínguez, del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la UNAL y uno de los investigadores del estudio, explica que “en estos casos la física fundamental se aplica a la observación, un campo que ha evolucionado precisamente por los satélites que orbitan alrededor del planeta”.

“Lo que hacemos es captar las imágenes de un satélite de observación de la Tierra y transformarlas en información. A partir de ellas podemos conocer la dinámica del océano, la atmósfera y de los fenómenos que ocurren en el planeta”, sustenta.

Este tema es más complejo de lo que parece, pues los investigadores obtienen una imagen que les proporciona información de cómo la luz está interactuando con la superficie de la Tierra, en este caso de las zonas costeras, y el reflejo de esa luz que le llega al satélite es la información que emplean para inferir las propiedades de la región.

El algoritmo arrojó que en 2020 Colombia tenía un área total de manglar de 2.756,84 km2, y estimó que estos ecosistemas podrían capturar y almacenar unas 96.351,66 kilotoneladas de CO2, lo que contribuiría significativamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, ya que según la medición absorben hasta 10 veces más que los ecosistemas terrestres.

“Los ecosistemas en Colombia están cambiando drásticamente y estimar la reducción o el aumento de manglares depende de muchos factores. En este enfoque hemos aprovechado la información global que nos brinda la tecnología satelital, tanto en términos de cobertura espacial como temporal. Con este estudio abrimos la posibilidad de utilizar algoritmos para analizar otros ecosistemas y asimismo orientar estrategias de conservación”, destaca el profesor Vargas.

Así funciona el algoritmo

“El proceso comenzó en 2020 con la recolección de cientos de imágenes satelitales de alta resolución provenientes del satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea que proporcionan una vista detallada de las áreas costeras de Colombia donde se encuentran los manglares” explica Joel Bernal Ortiz, estudiante de Física de la UNAL y uno de los investigadores del estudio.

“Las imágenes multiespectrales que reunimos no solo capturan los colores que podemos ver, sino además en bandas que nuestros ojos no pueden captar, información que nos permite identificar qué es y qué no es un manglar; para eso empleamos IA”, precisa.

Este proceso requirió de meses de trabajo, pues durante más de 10 años los satélites han estado observando el territorio colombiano y acumulando millones de imágenes, por eso un amplio conjunto de datos de las zonas costeras se filtró, limpió y calibró para asegurar su fiabilidad.

Con las imágenes satelitales seleccionadas se aplicaron algoritmos de procesamiento de imágenes para identificar y mapear las áreas cubiertas por manglares, proceso que incluyó la clasificación de la vegetación mediante técnicas de aprendizaje automático, lo que permitió diferenciar los manglares de otros tipos de vegetación y superficies.

“Nosotros entrenamos el algoritmo Random Forest para que aprendiera a diferenciar lo que era manglar y lo que no, a partir de los datos etiquetados”.

“Luego tuvimos una fase que es de validación, en la que le mostramos al algoritmo datos que no conoce, absolutamente nuevos, para que determine según su aprendizaje las zonas que son de manglar, después verificamos con datos reales si es correcto o no”, explica el estudiante Bernal.

La eficiencia arrojada por esta herramienta optimizaría tanto los costos como el tiempo frente a los métodos tradicionales de recolección y análisis de datos que requieren expediciones de campo extensivas, en las cuales los investigadores recolectan datos directamente en el terreno. Este proceso es costoso por la necesidad de desplazar equipos de investigadores a zonas remotas, lo que implica gastos de transporte, alojamiento y equipo especializado.

Según los investigadores, emplear IA y tecnología satelital no solo representa un avance en la precisión y rapidez con la que se pueden obtener datos críticos sobre los ecosistemas, sino que además abre nuevas posibilidades para la conservación a gran escala.









lunes, 12 de agosto de 2024

Buenas relaciones comerciales aumentan la adopción de tecnologías en el sector agrícola

 Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales revela que las buenas relaciones entre los agricultores y los proveedores de insumos y servicios inciden en la manera como los agricultores adoptan nuevas tecnologías en la producción agrícola.

La investigación muestra que una relación comercial sólida no solo facilita el acceso a nuevas tecnologías, sino que además mejora la capacidad de los productores para implementar estos avances, aumentando así su competitividad y sostenibilidad.

El estudio fue realizado por Charles Robin Arosa Carrera para el Doctorado en Administración, con el objetivo de analizar el “capital relacional” a través de la red de actores en los territorios agrícolas en el Meta y cómo este capital influye en la innovación tecnológica.

El investigador aplicó encuestas a 250 productores agrícolas (medianos y pequeños) de palma, arroz, café, cítricos, yuca, plátano, cacao, maíz, aguacate, caña y maracuyá. Se eligió el Meta por su importancia agrícola y diversidad de cultivos, aunque presenta un bajo índice de innovación frente a otros departamentos colombianos.

“Para medir la calidad de la relación comercial entre productores y proveedores se utilizó una escala de 7 puntos, con una media general de 3,75, lo que sugiere que, en términos generales, las relaciones comerciales se perciben positivamente, aunque se identificó un margen para mejorar”, explica el investigador.

En cuanto al nivel de adopción de innovaciones tecnológicas, el estudio reveló que el 52 % de los productores adoptaron al menos una nueva tecnología en los últimos 2 años. “De estos, el 70 % de aquellos que reportaron una buena calidad (alta) en la relación comercial, también adoptaron innovaciones, mientras que solo el 35 % con una relación comercial de baja calidad adoptaron nuevas tecnologías”, precisa el investigador. Esto demuestra una fuerte relación entre la calidad de la relación comercial y la adopción de innovaciones.

En los agronegocios con relaciones comerciales de alta calidad se observó un incremento del 15 % en la adopción de nuevas tecnologías, en comparación con aquellos con relaciones menos efectivas. Este aumento en la adopción de herramientas tecnológicas demuestra que las buenas relaciones comerciales están estrechamente relacionadas con la disposición para incorporar innovaciones en la agricultura.

“El análisis estadístico mostró una correlación positiva significativa de 0,65 entre la calidad de la relación comercial y la adopción de tecnologías, con un valor p < 0,01, significa que hay menos del 1 % de probabilidades de que los resultados observados se deban al azar si la hipótesis nula es cierta. En otras palabras, es muy improbable que el resultado se deba a una casualidad.

Esto confirma que la relación entre ambos factores es estadísticamente significativa y destaca la importancia de una buena relación comercial para fomentar la innovación tecnológica en el sector agrícola”, menciona el investigador.

La mayoría de los agronegocios muestran una relación estable con sus proveedores, pues hay coherencia entre el tiempo dedicado al cultivo y la duración de la relación comercial. Los cultivos perennes, como la palma, tienen tiempos de dedicación más prolongados en comparación con los cultivos transitorios como el arroz.

En términos de área cultivada, la palma de aceite lidera con 1.465,9 hectáreas y una alta productividad de 17,2 toneladas por hectárea, además de un tiempo promedio de dedicación de 24,7 años. En contraste, el arroz tiene una menor área cultivada (177,5 hectáreas) y una productividad inferior (5,3 toneladas por hectárea), pero los productores se dedican a esta actividad durante un promedio de 10,4 años. Otros cultivos como el café y los cítricos presentan distintas combinaciones de hectáreas y productividad, con tiempos de dedicación que varían según su antigüedad y tipo.

En muchos casos la baja área cultivada obedece a la estructura organizacional basada en la economía campesina en la región del Meta, que está compuesta predominantemente por pequeños y medianos productores. La productividad presenta una gran dispersión, influenciada por la edad de los cultivos y las inversiones necesarias para su desarrollo. En general, los valores observados son consistentes con los niveles de productividad nacionales.

El sector agrícola colombiano tiene la oportunidad de mejorar la optimización de sus cultivos mediante la adopción de innovaciones tecnológicas avanzadas. Por ejemplo, emplear pulverizadoras modernas para fumigar cultivos, junto con sensores digitales para el monitorear parcelas, podría garantizar un manejo más preciso y eficiente.

Las sembradoras de precisión optimizarían el proceso de siembra, mientras que los biofertilizantes y bioestimulantes fortalecerían el desarrollo de las plantas. Además, los drones facilitarían el monitoreo aéreo de los cultivos, y el uso de macrodatos (big data) permitiría recopilar y analizar información detallada sobre factores cruciales como el suelo, el clima y la calidad del agua, contribuyendo a una gestión agrícola más efectiva e informada.










viernes, 9 de agosto de 2024

Con participación de la UNAL, el Valle del Cauca adopta el primer Plan Agroecológico del país

 Más de 7.000 productores agro-ecológicos del departamento se beneficiarán con la implementación del Plan Agro-ecológico construido colectivamente y adoptado por el Valle del Cauca para el periodo 2024-2035, proceso acompañado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

El nuevo Plan Agro-ecológico del Valle del Cauca, adoptado por la Ordenanza 656 del 11 de junio, contempla una inversión cercana a los 95.000 millones de pesos para transformar en los siguientes 11 años la agricultura departamental y beneficiar mediante su implementación a más de 7.473 personas agrupadas en 233 asociaciones agro-ecológicas.

La agro-ecología toma cada vez más interés en el mundo porque promueve la conexión de conocimientos científicos y tradicionales para desarrollar sistemas agrícolas sustentables. Por eso en el Plan también se propone promover la autosuficiencia alimentaria, posibilitar el acceso a la tierra con dignidad y asegurar la conservación de la biodiversidad y la inclusión de la agro-ecología en la producción rural.

Desde sus inicios esta iniciativa ha estado respaldada por la experiencia y acción de más de 20 años del Grupo de Investigación y del Centro de Pensamiento en Agro-ecología de la UNAL Sede Palmira, los cuales, a través de seminarios y encuentros con agricultores, han facilitado la apertura institucional hacia la investigación y el trabajo comunitario en los territorios. Así la Institución busca articularse al Plan mediante la participación activa en el grupo “Alianzas por la Agro-ecología”.

“Esta coalición buscará impulsar la agro-ecología en todos sus componentes: tecnológico, económico, social, político y ambiental, con la articulación de la Gobernación, organizaciones campesinas agro-ecológicas, el Instituto Mayor Campesino (Inca), el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y la UNAL”, informa la profesora Marina Sánchez de Prager, coordinadora del Centro de Pensamiento y del Grupo de Investigación en Agro-ecología, el cual avanza en la formulación de proyectos para contribuir al bienestar de las comunidades.

“A partir de esta ordenanza la UNAL debe proyectarse más allá de sus paredes y seguir trabajando de manera integral con la comunidad, pues la agro-ecología es una herramienta poderosa para mitigar el cambio climático, bajar los costos de producción y promover la justicia social, fundamental para la sostenibilidad y la paz en los territorios”, enfatiza la coordinadora.

Con la adopción del Plan Agroecológico, el Valle del Cauca se convierte en el primer departamento de Colombia en asumir con acciones reales los pilares de la política nacional para el campo, la cual plantea: convertir el país en potencia agroalimentaria para promover la soberanía y seguridad alimentaria desde lo local; frenar la crisis del hambre; garantizar el derecho humano a la alimentación adecuada; sustituir las importaciones de alimentos y de insumos con base en la  petroquímica, y además estimular la producción rural con miras a fortalecer la agricultura campesina, familiar, comunitaria y popular.

Plan de Agro-ecología, un trabajo colectivo

En entrevista con la Agencia UNAL, el ingeniero agrónomo Fernando de Jesús Álvarez Ramírez, funcionario de la Secretaría de Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca de la Gobernación del Valle del Cauca y coordinador de la construcción colectiva del Plan, destacó que “la iniciativa se hizo con enfoque territorial y de género, lo que permitió una participación amplia de los municipios en las 4 subregiones del departamento: norte, centro, Pacífico y sur”.

“Para los agricultores que adopten prácticas agro-ecológicas el Plan incluirá incentivos, como subsidios para la compra de insumos orgánicos y apoyo técnico continuo. Estamos comprometidos a garantizar que los agricultores tengan acceso a los recursos necesarios para implementar estas prácticas y mejorar la rentabilidad y calidad de vida de las comunidades rurales, campesinas, indígenas y afrodescendientes”.

El Plan Agroecológico del Valle del Cauca prevé la implementación de 50 mercados agro-ecológicos, 20 casas de semillas, 500 escuelas campesinas de agroecología, y 8 casas museo para la memoria biocultural. Además, la construcción de redes subregionales de consumidores agro-ecológicos y la creación de 84 proyectos para la producción de energías alternativas y 178 biofábricas, con el apoyo de la UNAL y otras instituciones académicas y de investigación de la región.

La estrategia se estructuró en 4 dimensiones: (i) ecológica técnico-productiva para el manejo y la conservación de la agro-biodiversidad, (ii) histórico-cultural y espiritual para recuperar la memoria cultural y los saberes ancestrales, (iii) las económicas diversas y alternativas como la del cuidado, popular y solidaria, y (iv) organizativo-política e institucional, que fortalecerá el movimiento agro-ecológico y la integración de la agro-ecología con las instituciones de la región.

Dada la importancia del Plan, la agenda previa de la COP16 en la UNAL Sede Palmira inició con el conversatorio “Agroecología y futuro local, regional, territorial y planetario: una mirada desde el Valle del Cauca y el PLAVEV”, en el que se socializó parte de la iniciativa. Revívelo aquí.







jueves, 8 de agosto de 2024

Universitarios y campesinos rescatan árboles para restaurar alta montaña en el Valle del Cauca

 Academia, empresa y familias campesinas restauraron ecológicamente en cooperación zonas degradadas por la deforestación para agricultura y ganadería en áreas de conservación de recursos naturales de la alta montaña de Palmira. La siembra de casi 500 árboles rescatados por las comunidades fue un éxito al lograr el 60,6 % de supervivencia en el primer semestre del año

Este territorio, ubicado entre los 2.400 y 2.800 msnm, es rico en biodiversidad y de allí se originan importantes ríos que surten al municipio. Además ha sido históricamente escenario del conflicto armado y actividades al margen de la ley, que luego de la firma del Acuerdo de Paz en 2016, se abrió a nuevas oportunidades productivas y turísticas, y con ello vino una mayor ocupación y uso de la tierra. Algunas familias regresaron al territorio y otras llegaron buscando un nuevo comienzo.

La paz brindó la oportunidad a la academia, representada en profesores, investigadores y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, de subir a estas zonas del municipio y reconocerlas, un proceso que desde 2017 ha originado diversos proyectos de investigación en los corregimientos de Toche, Teatino, Cabuyal y Combia.

En este último, ubicado en la parte más alta de la montaña cerca al Parque Nacional Natural de Las Hermosas Gloria Valencia de Castaño, se realizó la restauración ecológica en cooperación con la siembra de 487 árboles nativos como gavilán, flor amarilla, sauce, cedro negro, molde y palma de cera, el árbol nacional del país.

Cerca del 60 % de las plantas fueron rescatadas por la comunidad. Las 13 familias campesinas, en sus recorridos por la zona montañosa, se dedicaron a identificar árboles pequeños de entre 20 y 40 cm de altura, utilizando su conocimiento ancestral y una cartilla proporcionada por el Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental y su semillero de Investigación Ambiental (SIAMB). Durante las caminatas encontraban estos arbolitos en lugares donde probablemente no sobrevivirían, y siguiendo las indicaciones los sacaban cuidadosamente protegiendo la raíz y parte del sustrato.

Yorledis Esquivel, una de las participantes de la zona rural de Combia, quien ordeña en las mañanas y en las tardes realiza los oficios de la casa, manifestó: “uno que no conoce muchos árboles puede pensar que son maleza y no sirven, pero este proyecto nos enseñó su importancia y cómo cuidarlos para ayudar al medioambiente”.

Luego de recolectar los árboles, los llevaban a sus casas y los cuidaban en bolsas especiales que les habían sido suministradas. Cuando llegaba el momento de la siembra, profesores y estudiantes revisaban el material vegetal rescatado, y si estaba en buenas condiciones lo trasladaban al lugar de plantación en la montaña.


“Durante el proceso de investigación adelantado con un equipo multidisciplinario identificamos uno de los problemas más importantes: la fragilidad ambiental que tienen estas zonas frente a la conservación de su biodiversidad, particularmente sus árboles nativos y sus bosques, que son clave para la sostenibilidad y la adaptación al cambio climático”, señaló la profesora María Victoria Pinzón Botero, directora del SIAMB y líder de la iniciativa, respecto al origen del proyecto.

A pesar del impacto del fenómeno de El Niño a inicio de 2024, en el seguimiento adelantado en el primer semestre se registró que los árboles lograron un porcentaje de supervivencia de 60,6 %, “lo que evidencia que ese esfuerzo compartido logró un éxito contundente, incluso a pesar de las variaciones climáticas”, agregó la profesora Pinzón.

La metodología empleada se centró en un enfoque participativo y de transferencia de conocimiento. El trabajo de siembra se distribuyó en tres jornadas entre febrero y abril de 2024, y paralelamente se fue realizando el seguimiento a cada uno de los arbolitos sembrados en los diferentes sectores correspondientes a las franjas de protección del río Amaime y de la quebrada Los Cuchos, fuente abastecedora del centro poblado plan de vivienda del corregimiento.

Restauración ecológica en cooperación

En el trabajo con las comunidades que venía adelantando la UNAL Sede Palmira en Combia, la iniciativa fue impulsada por el vivero local con el campesino Jaime Quintero, quien desde hace algunos años trabaja en el rescate de la palma de cera, nativa de las regiones montañosas de los Andes colombianos. Luego, con el apoyo del SIAMB, se propusieron destinar un área adicional para cultivar y rescatar árboles nativos.

Desde 2017 la actividad investigativa ha sido apoyada por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Parques Nacionales Naturales de Colombia, el municipio de Palmira y la empresa Ecotank, que en 2023, a través del programa “Reverdece con propósito” y con la colaboración de compañías de diversos sectores a los que presta sus servicios, logra contribuir con la puesta en marcha de la siembra de árboles con apoyo económico para las familias campesinas.

Diana Giraldo, quien vive con su familia en la vereda Combia y se dedica a diversos oficios como la recolección de cebolla y otras tareas del campo, recorrió con su esposo y dos hijos pequeños la montaña en el rescate de árboles. Ella destaca que fue “algo muy bonito que les enseñó a valorar y proteger el entorno natural, donde mis hijos aprendieron la importancia de esta tarea”.

Para la profesora Pinzón “es fundamental que los futuros profesionales comprendan que las zonas de conservación y protección no siempre están en las condiciones ideales que imaginamos. Este proyecto ha permitido que los estudiantes se enfrenten a la realidad de los territorios y conozcan la importancia de conservar los árboles nativos y la biodiversidad para un ordenamiento territorial más sostenible que aporte efectivamente a los retos de la adaptación al cambio climático”.








martes, 6 de agosto de 2024

Nuevo modelo prevería emergencias en proyectos como Hidroituango

 Un modelo multicriterio, probado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, logró hacer previsiones a modo de ranking –de mayor a menor– de los impactos ocurridos en torno a este proyecto, por lo que sería una herramienta útil para tomar decisiones acertadas, prevenir riesgos y evitar mayores gastos. Su uso se podría extender a futuros planes hidroeléctricos, o similares, de gran envergadura.

Hidroituango, una de las centrales de generación de energía más grandes de Sudamérica, tuvo una de sus mayores contingencias operacionales en 2018 por la obstrucción de uno de los túneles auxiliares de desviación. Así mismo, y pese a su importancia para la economía del país, tuvo una fuerte oposición por parte de la comunidad, lo que implicó retos económicos, sociales y ambientales.

“Durante la planeación de proyectos como este se busca prever, evitar y mitigar riesgos. Sin embargo, los estudios suelen ser muy limitados y unidireccionales, centrados a favor de los resultados que el proyecto pretende alcanzar”, explica Juan Felipe Laverde Salazar, magíster en Ingeniería de Sistemas de la UNAL Sede Medellín.

Hidroituango como caso de estudio

El nuevo modelo se considera integral porque determina la influencia que puede haber entre variables y revela conexiones que pasan desapercibidas con otros métodos. “En la bibliografía encontramos 21 metodologías existentes, luego seleccionamos aquellos impactos relacionados con las hidroeléctricas (148 en total), y por último con el modelo DEMATEL-WINGS (empleado para analizar factores entrelazados) determinamos cómo influía cada impacto en el sistema o en ‘el todo’”.

Para este estudio se analizó el Listado de impactos ambientales específicos2021, publicado en por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. “Obtuvimos 1.104 combinaciones que siguen la estructura: Decisor – Espacio geográfico – Temporalidad del proyecto – Impacto, lo que nos permitió determinar quiénes eran los más afectados por el proyecto, en qué etapa y en cuál área de influencia”.

Y además realizar un análisis complementario para los planes de manejo ambiental, de manera que sean más precisos y efectivos. “Para validar el modelo propuesto según los impactos ‘listados’, tomamos como caso de estudio el proyecto Hidroituango y los datos públicos de su Evaluación de Impacto Ambiental”.

Esta información se ingresó al modelo para analizar los 30 impactos que finalmente se muestran “ranqueados”, y encontramos que la mayoría se concentran en el proyecto mismo, tal como ocurrió en la vida real con la emergencia operacional.

Según estos resultados, el proyecto es el principal agente de impacto dentro del sistema, y además sugieren que la comunidad es la más afectada por su implementación. En cuanto a la dimensión temporal, se destaca que la mayoría de los impactos ocurre durante la fase de construcción.

Con respecto a la dimensión espacial, se obtuvo que la zona del embalse experimenta la mayor incidencia de impactos, principalmente atribuibles al proyecto. “Aunque la validación se correspondió con la realidad, el modelo se puede mejorar aún más, incluyendo actores como los estatales y variables de causalidad”, agrega el investigador.

Potenciar un modelo como este sería establecer un precedente para construcciones más equilibradas y sostenibles, de manera que se prevean y mitiguen conflictos socioambientales y de operatividad. Por último, también es importante señalar que es extrapolable a proyectos similares y de gran magnitud.