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martes, 13 de agosto de 2024

Con IA revelan el trabajo invisible de los manglares en Colombia contra el cambio climático

 Solo en 2020 las costas colombianas cubiertas por estas formaciones vegetales capturaron casi 100.000

kilotoneladas de dióxido de carbono (CO2), principal causante del calentamiento global, según calcularon investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que entrenaron un algoritmo de inteligencia artificial (IA) con imágenes satelitales para medir el aporte de estos ecosistemas en la reducción de los gases de efecto invernadero.

Aunque parezca poco común que la física tenga un vínculo estrecho con la ecología y la conservación, en este estudio fue un instrumento clave para medir –mediante tecnología satelital y algoritmos avanzados– el área total de manglar de las costas del Caribe y el Pacífico de Colombia, además de su capacidad de almacenar CO2 en sus tejidos y en el suelo.

Cuando el carbono es atrapado por estos bosques y otros tipos de vegetación marino-costeros recibe el nombre de “carbono azul”, diferenciándolo del almacenado en los bosques y la vegetación terrestre, que es el “carbono verde”.

El profesor Santiago Vargas Domínguez, del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la UNAL y uno de los investigadores del estudio, explica que “en estos casos la física fundamental se aplica a la observación, un campo que ha evolucionado precisamente por los satélites que orbitan alrededor del planeta”.

“Lo que hacemos es captar las imágenes de un satélite de observación de la Tierra y transformarlas en información. A partir de ellas podemos conocer la dinámica del océano, la atmósfera y de los fenómenos que ocurren en el planeta”, sustenta.

Este tema es más complejo de lo que parece, pues los investigadores obtienen una imagen que les proporciona información de cómo la luz está interactuando con la superficie de la Tierra, en este caso de las zonas costeras, y el reflejo de esa luz que le llega al satélite es la información que emplean para inferir las propiedades de la región.

El algoritmo arrojó que en 2020 Colombia tenía un área total de manglar de 2.756,84 km2, y estimó que estos ecosistemas podrían capturar y almacenar unas 96.351,66 kilotoneladas de CO2, lo que contribuiría significativamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, ya que según la medición absorben hasta 10 veces más que los ecosistemas terrestres.

“Los ecosistemas en Colombia están cambiando drásticamente y estimar la reducción o el aumento de manglares depende de muchos factores. En este enfoque hemos aprovechado la información global que nos brinda la tecnología satelital, tanto en términos de cobertura espacial como temporal. Con este estudio abrimos la posibilidad de utilizar algoritmos para analizar otros ecosistemas y asimismo orientar estrategias de conservación”, destaca el profesor Vargas.

Así funciona el algoritmo

“El proceso comenzó en 2020 con la recolección de cientos de imágenes satelitales de alta resolución provenientes del satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea que proporcionan una vista detallada de las áreas costeras de Colombia donde se encuentran los manglares” explica Joel Bernal Ortiz, estudiante de Física de la UNAL y uno de los investigadores del estudio.

“Las imágenes multiespectrales que reunimos no solo capturan los colores que podemos ver, sino además en bandas que nuestros ojos no pueden captar, información que nos permite identificar qué es y qué no es un manglar; para eso empleamos IA”, precisa.

Este proceso requirió de meses de trabajo, pues durante más de 10 años los satélites han estado observando el territorio colombiano y acumulando millones de imágenes, por eso un amplio conjunto de datos de las zonas costeras se filtró, limpió y calibró para asegurar su fiabilidad.

Con las imágenes satelitales seleccionadas se aplicaron algoritmos de procesamiento de imágenes para identificar y mapear las áreas cubiertas por manglares, proceso que incluyó la clasificación de la vegetación mediante técnicas de aprendizaje automático, lo que permitió diferenciar los manglares de otros tipos de vegetación y superficies.

“Nosotros entrenamos el algoritmo Random Forest para que aprendiera a diferenciar lo que era manglar y lo que no, a partir de los datos etiquetados”.

“Luego tuvimos una fase que es de validación, en la que le mostramos al algoritmo datos que no conoce, absolutamente nuevos, para que determine según su aprendizaje las zonas que son de manglar, después verificamos con datos reales si es correcto o no”, explica el estudiante Bernal.

La eficiencia arrojada por esta herramienta optimizaría tanto los costos como el tiempo frente a los métodos tradicionales de recolección y análisis de datos que requieren expediciones de campo extensivas, en las cuales los investigadores recolectan datos directamente en el terreno. Este proceso es costoso por la necesidad de desplazar equipos de investigadores a zonas remotas, lo que implica gastos de transporte, alojamiento y equipo especializado.

Según los investigadores, emplear IA y tecnología satelital no solo representa un avance en la precisión y rapidez con la que se pueden obtener datos críticos sobre los ecosistemas, sino que además abre nuevas posibilidades para la conservación a gran escala.









viernes, 5 de julio de 2024

Para combatir cambio climático restauran bosque en Cali, con supervivencia arbórea del 93 %

Ceibas, cascos de buey, guayacanes y mangos fueron algunas especies seleccionadas en 2019 para la restauración ecológica del bosque seco tropical, por su capacidad para atraer fauna, además del potencial para preservar especies vegetales a futuro. Así, después de 4 años se han vuelto a ver en el bosque pavas caucanas (Penelope perspicax) y armadillos (Dasypus novemcinctus), y el porcentaje de mortalidad de los árboles fue de apenas el 7 %.

En un esfuerzo por restaurar y preservar el bosque seco tropical –uno de los ecosistemas más amenazados del mundo–, caracterizado por albergar una rica diversidad de flora y fauna adaptada a condiciones climáticas de lluvia y sequía, Juan David Patiño Murillas, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), llegó hasta la parcelación Chorro de Plata, en el corregimiento de Pance (Cali), para sembrar 7.969 árboles.

Esta zona forma parte de la cuenca del río Pance y colinda con el Parque Nacional Natural Farallones de Cali. Hasta hace unos años había sido devastada por prácticas humanas insostenibles como la ganadería extensiva y las quemas para la expansión agrícola, las cuales llevaron al predominio del helecho marranero (Pteridium aquilinum (L.) Kuhn), una planta invasora que cubría el 80 % del área y limitaba el crecimiento de especies nativas.

“Este problema, además de la enorme cantidad de nidos de hormiga arriera, y suelos ácidos y degradados encontrados en el diagnóstico, crearon un entorno casi inhóspito para la flora local, impidiendo la regeneración natural del bosque seco tropical, un ecosistema en vías de extinción, amenazado por el cambio climático, que ofrece servicios ecosistémicos como la dispersión de semillas, la captura de carbono y la regulación del clima”, menciona el magíster Patiño.

El proyecto, originado como una compensación ecológica por la construcción de una megaobra en el departamento, no se limitó a la reforestación, sino que además adoptó un enfoque integral diferenciador de restauración ecológica que involucró a las comunidades locales, y en 2019 inició con la caracterización de la zona de estudio para identificar las especies existentes y evaluar la salud del suelo.

Monitoreo constante

Mediante observaciones directas y técnicas de captura en campo se realizaron monitoreos de fauna, seguimiento e identificación de huellas y análisis de excrementos de animales y de restos de alimentos. Para caracterizar la flora se establecieron parcelas abarcando diferentes etapas de desarrollo de la vegetación: fustal (árboles maduros), latizal (árboles jóvenes) y brinzal (plántulas).

Además se recolectaron 120 muestras de suelo para los análisis fisicoquímicos, estudios que le proporcionaron una base sólida para seleccionar tanto las especies como los sitios adecuados para la restauración, que fueron: Otoño, Tanque, Antena, Administración y Charco, ubicados en terrenos montañosos con pendientes pronunciadas, lo que significó un reto para el proyecto. Respecto a las  especies de árboles, se priorizaron las nativas y endémicas de la zona que podrían sobrevivir y prosperar, entre ellas guayacán, ceiba y casco de buey.

También se mejoró la calidad del suelo mediante un proceso de encalado (hecho con cal agrícola) y se controló la propagación del helecho marranero para preparar el terreno para la siembra.

Restauración ecológica, modelo exitoso

A lo largo de 4 años de monitoreo para evaluar la supervivencia de las plántulas y el impacto de la restauración en el ecosistema, el resultado de la investigación del magíster ha sido un notable fortalecimiento de los servicios ecosistémicos del bosque, evidenciado en el incremento de la cobertura boscosa y la atracción de nuevas especies de fauna.

El éxito del proyecto se refleja en la baja mortalidad de las plántulas, con solo un 7 % de pérdida, lo que equivale a 585 árboles. Este resultado supera significativamente las expectativas iniciales y las normas de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), que establecían un umbral del 20 %.

“Uno de los sitios de restauración, conocido como Tanque, se destacó por presentar las mayores alturas promedio en individuos forestales y la mayor riqueza y diversidad de especies, reflejado en los índices de diversidad de Shannon (1,23) y de Simpson (8,77E+01)”, revela el magíster, cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Joel Tupac Otero, del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal.

El proyecto también involucró a la comunidad local con la aplicación de unas 30 entrevistas y talleres participativos a los residentes locales, especialmente campesinos, quienes han formado parte integral del proceso aportando sus conocimientos tradicionales y fortaleciendo el sentido de pertenencia y compromiso con la conservación del bosque.

Las especies de árboles seleccionadas no solo sobrevivieron, sino que además comenzaron a atraer a la fauna local. La presencia de pava caucana(Penelope perspicaz), una especie en peligro de extinción, fue documentada nuevamente en el área. Además se registraron nuevas especies de aves, como la tangara multicolor, y mamíferos como el mono nocturno, el tigrillo y el armadillo, que habían desaparecido por la presión humana.











viernes, 17 de mayo de 2024

¿Dónde y cuándo pescar pargo rojo o atún? Pescadores podrían saberlo gracias a la estadística

 Con un 95 % de confiabilidad, un modelo estadístico diseñado por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) determina las zonas en las que la temperatura y la salinidad hacen fluctuar pargos rojos, sierras, merluzas o atunes barriletes, entre otros peces, en 4 puntos frecuentados por pescadores del Pacífico colombiano, un aporte que les ayudaría a saber con mayor certeza en qué momento y lugar realizar su faena.

Con el resultado principal del proyecto “Efectos del cambio climático en la producción pesquera y en la biodiversidad en el Pacífico”, Yessica Natalia Ramírez, magíster en Estadística de la UNAL, le ayuda a esta población a hacerle frente a una crisis ambiental que cada vez dificulta más su labor, pues el calor no da tregua en las aguas de nuestros mares.

Para desarrollar el modelo estadístico ella utilizó los lenguajes de programación Python y Rstudio, además de una herramienta de sistema de información geográfico (SIG) para analizar grandes bases de datos públicas del Instituto Colombiano de Desarrollo (Incoder), entidad que desde 1979 ha recopilado información sobre las toneladas y desembarques pesqueros en el país –en este caso en el Pacífico colombiano–, discriminando por tipo de pez.

También se usaron los datos recogidos por el grupo de Investigación en Recursos Hidrobiológicos de la UNAL Sede Palmira en los 4 puntos del Pacífico estudiados, sobre temperatura, salinidad y profundidad a lo largo del tiempo, además de información de sensores remotos internacionales de acceso abierto que tienen valores y características de distintas zonas marítimas del mundo.

Dichos puntos estaban definidos en una porción del océano delimitada en un “polígono”, así: por el oriente con la costa Pacífica de Colombia, a unos 750 km, con la costa ecuatoriana a 270 km, y con Panamá a 770 km.

Disminución de la salinidad influye en poblaciones de peces

Los análisis permitieron tener mapas en los que era más frecuente encontrar las especies estudiadas, teniendo en cuenta un análisis espacial en 3D a profundidades de 0,5, 41 y 86 m bajo la superficie del océano. Esta información estaba en formato NetCDF (Network Common Data Form), empleado para analizar grandes volúmenes de datos en campos como la climatología y la oceanografía.

“Este ejercicio evidenció que con el pasar de los años y el aumento de la temperatura disminuye la salinidad a distintas profundidades, lo cual dificulta la aparición de algunas especies en las zonas de pesca”, asegura la magíster.

Con respecto a la temperatura, además de su confiabilidad del 96 %, con el método se estableció que el pez dorado, el pargo lunarejo y el atún barrilete son las especies con la mayor probabilidad de aparición en las 4 zonas estudiadas, en las cuales se determinó una temperatura de entre 23,4  y 24,2 °C y una probabilidad del 42 % de ser capturados, contrario a especies como al atún alerta amarilla o el pargo rojo, con apenas un 13 % de probabilidades.

En cuanto a la salinidad, que oscilaba entre 31,8 y 33,2 PSU (unidades prácticas de salinidad), los más frecuentes fueron el dorado y el pargo lunarejo, con entre 20,32 y 33,09 % de posibilidades de captura, mientras que los demás peces podían tener 1 % o menos de aparición, como el atún alerta amarilla.

Los análisis permitieron tener mapas de la frecuencia por cada lugar y para los 7 tipos de pez estudiados, en un análisis espacial en 3D que tuvo en cuenta un concepto: la curva de cada característica en profundidades de 0,5, 41 y 86 m bajo la superficie del océano (evaluando los pixeles en cada imagen con la mayor probabilidad de presencia de estos animales), que se obtuvieron en archivo NetCDF, empleado en grandes volúmenes de datos en campos como la climatología y la oceanografía.

“Aunque este es un primer paso para entender la distribución espacio-temporal de estas zonas del océano Pacífico, aún falta mucha más investigación para tener claridad sobre lo que ocurre con las profundidades en que se han realizado mediciones, así como con los datos sobre los desembarcos pesqueros y las especies que traen allí, ya que hay un subregistro de los puertos”, indica la magíster, quien contó con la dirección del profesor Viswanathan Arunachalam, del Departamento de Estadística.






lunes, 12 de febrero de 2024

Caldas tiene primer Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Cambio Climático

 El conocimiento generado en 30 años de investigaciones alrededor de la prevención y gestión del riesgo, que ha convertido a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales en una institución líder en el tema, evoluciona ahora hacia la creación del Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático, que apueste por el desarrollo y la consolidación de políticas públicas que generen acciones concretas en este importante ámbito.

La iniciativa es liderada por el Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL Sede Manizales, y con esta se busca ofrecer servicios de extensión en la prevención de riesgos y adaptación al cambio climático orientados a entidades públicas y privadas como Aguas de Manizales, la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas), la Defensa Civil, la Cruz Roja, la Alcaldía de Manizales y el Cuerpo Oficial de Bomberos. Así mismo, se trabajará de manera conjunta con la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.

El Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático brindará formación especializada en educación continua, como diplomados, cursos y talleres prácticos que sean espacios tanto de aprendizaje como de sensibilización y responsabilidad, y que sirvan para reducir la vulnerabilidad del territorio.

El profesor Jaime Alberto Sepúlveda Gómez, director del IDEA y del proyecto, menciona que “este proceso interdisciplinario está apoyado en el trabajo que durante tres décadas ha realizado el Instituto, y que se reforzado con el programa Investigación Integrada sobre Riesgos y Desastres (IRDR) y el Consejo Internacional para la Ciencia (ISC)”.

El IRDR es un programa internacional que aborda los desafíos planteados por los eventos de amenazas naturales y mejora los mecanismos de formulación de políticas; por su parte el ISC trabaja globalmente para catalizar y convocar experiencia científica, asesoramiento e influencia sobre temas de gran interés tanto para la ciencia como para la sociedad.

Cambio climático, una responsabilidad de todos

La alteración de los ecosistemas, la temperatura y la variación en los patrones climáticos se da, en primera instancia, por las malas prácticas o acciones como la quema forestal, la explotación de suelos y ríos, y el el uso de combustibles fósiles y gas.

El profesor Omar Darío Cardona, del Departamento de Ingeniería Civil de la UNAL Sede Manizales, uno de los más reconocidos expertos nacionales y latinoamericanos en gestión del riesgo, afirma que la capital de Caldas “es un laboratorio natural para la gestión y prevención de desastres”.


“Una de las estrategias de este Centro de Excelencia es generar equipos de trabajo articulados interdisciplinariamente con profesionales de todas las carreras, que permitan conducir a nuevas 

metodologías para generar estudios más profundos y robustos, en pro de resolver e identificar riesgos inminentes como deslizamientos o inundaciones, para mitigar y reducir el riesgo”.

El Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático se creó a inicios de 2023 y es uno de los 13 centros de excelencia con los que cuenta la UNAL; para 2024 se espera un gran impacto ante la academia y representación de la UNAL, pero aún más la responsabilidad de trabajar juntamente con la actualización del Plan Nacional de Riesgo en su última versión del 2015 al 2030 que entrará en fase de actualización.





sábado, 28 de octubre de 2023

En Bogotá, lluvias cortas, pero más intensas, evidencian efecto del cambio climático

 Las zonas más afectadas por las intensas lluvias suelen encontrarse hacia el oriente de Bogotá, cerca de los cerros. Áreas específicas como la calle 205 con Autopista Norte y la zona de Contador son más propensas a tormentas intensas. Así se desprende del análisis de la información proporcionada por la red de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, realizado por ingeniero civil de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), el cual reveló una disminución de los días que llueve, pero a la vez un aumento de la intensidad.

Los efectos del cambio climático son una realidad y una preocupación mundial. Cuando se presentan altas temperaturas, se alteran los patrones de precipitación o lluvias, lo que significa que la forma en que el agua cae puede ser mayor o menor. Esto conlleva problemas como inundaciones, movimientos de tierra y daños en infraestructuras.

El análisis del ingeniero civil Fabio Rubiano Sánchez, especialista en Análisis Espacial de la UNAL, abarcó datos recopilados entre 1970 y 2020. El propósito de su trabajo era evaluar el impacto del cambio climático en la distribución espacial de las lluvias en Bogotá. “El aumento en la intensidad de las lluvias plantea desafíos considerables en términos de gestión del riesgo y adaptación urbana", afirma.

En la capital las lluvias que solían ser prolongadas y moderadas se han ido transformando de manera gradual debido a los efectos del cambio climático. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ya había alertado que hacia el año 2100 se proyecta una transformación en el comportamiento general, con una disminución del -20 a -10 % de las precipitaciones en la parte oriental y un aumento del 20 a 30 % en la zona occidental.

Lo que indican los datos

En el análisis se recopiló información de eventos extremos, es decir, de esas lluvias que superaban el percentil 99 de la distribución de los datos. Esto permitió evaluar la frecuencia e intensidad de aguaceros que estaban fuera de lo común.

Para identificar la tendencia que se ha venido marcando en la capital, se utilizó una combinación de herramientas, incluyendo rutinas de programación en Python y Sistemas de Información Geográfica (SIG).

“Esta revisión se complementó con una interpolación incluyendo información de los puntos de la red de monitoreo de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá que, al igual que otras entidades, miden estos fenómenos”, indica.

Los puntos de riesgo

Las zonas más afectadas por las intensas lluvias suelen encontrarse hacia el oriente de Bogotá, cerca de los cerros. Áreas específicas como la calle 205 con Autopista Norte y la zona de Contador han sido identificadas como propensas a tormentas intensas.

Mientras que las zonas más secas en Bogotá suelen ubicarse hacia el occidente y suroccidente, en localidades como Kennedy, Fontibón y Engativá. De hecho, Kennedy tiene una referencia histórica con el primer aeropuerto de Bogotá en Techo, que indica que esta zona ha sido tradicionalmente menos propensa a las lluvias intensas.

Según el experto, “hablar del riesgo de inundaciones en determinadas zonas de una ciudad como Bogotá no es tan sencillo. Este se calcula teniendo en cuenta la amenaza y la vulnerabilidad. Para el caso de la ciudad, la amenaza está asociada con la intensificación de las lluvias, y la vulnerabilidad se refiere a la capacidad de adaptación ante estos eventos”.

Sin embargo, con la tendencia que pone en conocimiento este estudio, se pueden crear estrategias en gestión del riesgo frente a estos eventos naturales, que aunque no se pueden controlar sí se pueden atender con una mayor preparación.

“Hay una necesidad de crear medidas en la planificación urbana, el diseño de sistemas de drenaje y la concientización pública para minimizar los riesgos asociados con las inundaciones. Con estos datos se puede avanzar en ello”, puntualiza el investigador.








lunes, 4 de septiembre de 2023

“Migración de especies marinas por cambio climático provocaría conflictos pesqueros”

 Así lo afirmó el paleo-oceanógrafo británico David Thornalley, profesor de geografía en la University College de Londres –conocido por su trabajo sobre los cambios en la circulación del Atlántico Norte durante el periodo Cuaternario–, en el Seminario Ciencias del Mar 2023, desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz.

Según el experto, “aunque existe una alta probabilidad de que las especies migren hacia latitudes más al norte, la interacción entre este fenómeno y la circulación oceánica modificará esta distribución en diferentes regiones”.

“En algunos casos esta reubicación podría desencadenar conflictos pesqueros, especialmente cuando el calentamiento se acelere abruptamente. […] En el mundo de los ecosistemas marinos y la circulación oceánica juegan un papel esencial en la distribución de recursos cruciales”.

Según la Primera Evaluación Integrada del Medio Marino a escala mundial de Naciones Unidas, los océanos y la vida que contienen son fundamentales para el funcionamiento saludable del planeta, ya que suministran la mitad del oxígeno que respiran los seres humanos y cada año absorben un 26 % de las emisiones de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera.

“Cada vez hay más evidencias que demuestran el papel esencial que desempeña la biodiversidad marina para la salud del planeta y el bienestar social. La pesca y la acuicultura son una fuente de ingresos para cientos de millones de personas, en especial familias de bajos ingresos; además contribuyen directa e indirectamente en su seguridad alimentaria”, manifestó el experto.

Los ecosistemas marinos proporcionan innumerables servicios a las comunidades costeras; por ejemplo los manglares son una importante fuente de alimento para más de 210 millones de personas, y otros también ofrecen medios de subsistencia, agua limpia, productos forestales y protección contra la erosión y los fenómenos meteorológicos extremos.

“Cambios como que un 57 % de la superficie oceánica registre temperaturas que en 1870 se consideraban como extraordinarias y que entonces afectaban como mucho al 2 % de los mares, hoy se ha hecho habituales”, dijo.

La capacidad de prever estas transformaciones es un desafío para la humanidad. En este sentido, el científico Thornalley dijo: “a pesar de los avances en modelos climáticos, todavía existe una brecha significativa en la comprensión de la variabilidad en el noreste del Atlántico. Este vacío resalta la necesidad imperante de mantener una vigilancia constante y mejorar la comprensión de los aspectos biológicos relacionados para evaluar con precisión los cambios oceanográficos y sus consecuencias ecológicas”.

Uno de los impactos más notables es la reubicación de especies marinas, incluida la pesca comercial, debido al calentamiento de los océanos.

El experto manifestó además que “el mecanismo clave detrás de esta dinámica es la ‘Invertida Meridional Atlántica’, una ‘cinta transportadora’ que lleva calor y agua salada al Atlántico Norte, donde se enfría y se sumerge hacia las profundidades”.

“Una vez allí, el flujo de agua se dirige nuevamente hacia el sur y circula por los océanos globales. Sin embargo, modelos climáticos indican que este sistema podría ralentizarse debido al calentamiento global y los cambios en los ciclos del agua”.

El equipo de investigación dirigido por el profesor Thornalley está abordando este desafío. La investigación ha identificado un patrón distintivo sobre cómo impactan en el océano los cambios en la Invertida Meridional Atlántica, en particular cuando interactúa con otros factores, con el compromiso de generar registros más detallados y precisos para tener una comprensión más sólida de estos procesos.

“La interacción compleja entre la circulación oceánica y el calentamiento global está transformando los ecosistemas marinos y generará tensiones geopolíticas significativas, pues los recursos pesqueros son esenciales para las economías”.

En ese sentido, una combinación de observaciones continuas y un profundo conocimiento biológico son esenciales para anticipar y gestionar adecuadamente los cambios en los océanos y sus consecuencias en la biodiversidad y la política internacional”, concluyó el científico británico.

 







 




jueves, 15 de septiembre de 2022

Educación Doctorado en Estudios Ambientales, alternativa a desafíos del cambio climático

 Ante la mayor amenaza medioambiental que enfrenta la humanidad, un entorno académico sólido y de alto nivel científico debe responder a las problemáticas nacionales y globales. Por eso, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira puso en marcha el Doctorado en Estudios Ambientales, el primero en el Valle del Cauca.

Los impactos del cambio climático ya son visibles en el aumento de la temperatura media del planeta. Según datos de la Organización Meteorológica Mundial, “los siete años transcurridos desde 2015 son los más cálidos de los que se tienen registros”.

Además, en mayo de 2021 la concentración media mensual de CO2 alcanzó un máximo histórico acumulado que no se registraba desde hace 3 millones de años, como lo evidenció una medición realizada por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos.

No obstante, “la problemática ambiental va más allá de los recursos naturales y la temperatura: comprende el territorio y las necesidades de sus comunidades”, afirma la profesora Janneth Torres Agredo, coordinadora del Doctorado, ofrecido por la Facultad de Ingeniería y Administración de la Sede.

El programa estableció tres líneas de investigación: uso sostenible de los recursos naturales; planeación y desarrollo territorial; y sociedad, economía y medioambiente.

La primera cohorte inició el semestre pasado con tres estudiantes de la región interesados en analizar diversos problemas ambientales en el Valle del Cauca y formular soluciones sustentables.

Yotoco, entre lo rural y el desarrollo

El estudiante José Alejandro Raigoza Zapata escogió la línea de planeación y desarrollo territorial, por lo que uno de sus planteamientos es “estudiar los efectos ambientales causados por proyectos de intervención como infraestructuras viales y zonas francas en las comunidades del municipio de Yotoco, en el Valle del Cauca”.

Por su ubicación en el corredor vial que conduce al puerto de Buenaventura, este territorio tiene importantes áreas de conservación y protección de recursos naturales que coexisten con grandes proyectos de intervención del sector industrial y logístico del departamento y el país.

Yotoco cuenta con una población cercana a los 16.000 habitantes, de los cuales el 48 % pertenece a la población rural. Sus comunidades se destacan por la capacidad de asociatividad.

“Pese a su potencial ambiental, el municipio ha vivido cambios constantes en el uso del suelo, bajos niveles de inversión en procesos de conservación ecológica, conflictos derivados de la minería ilegal y tenencia de la tierra, así como dificultades de acceso al recurso hídrico y una limitada acción por parte de los gobiernos para liderar procesos de conservación de áreas estratégicas”, asegura el estudiante Raigoza.

Así mismo, buscará aportar –desde la gestión social y el desarrollo con enfoque territorial– soluciones que permitan enfrentar las dificultades ambientales de las comunidades de Yotoco.

Tuluá, víctima del crecimiento desorganizado del territorio

La sostenibilidad y el ordenamiento territorial se han convertido en una necesidad de las comunidades de Tuluá y otros municipios del Valle del Cauca como Buga y Bugalagrande.

Pensando en ello, y el gusto por la investigación, han llevado a la ingeniera ambiental Johangeline Pérez González a profundizar en su área de interés: la planeación estratégica y el desarrollo territorial, con el objetivo de aportar un instrumento que responda al modelo de sostenibilidad de ordenamiento territorial en zonas rurales y mejore la condición de las comunidades.

“La problemática en Tuluá se evidencia en la productividad de las comunidades y en el desgaste de los recursos naturales, porque no hay reglamentación definida”, indicó la estudiante del Doctorado.

Por su parte, la docente de la UNAL Sede Palmira Adriana Martínez Arias, también estudiante del Doctorado, espera aportar al país desde su conocimiento en sistemas de información geográfica.

Para el profesor Juan Gabriel León, decano de la Facultad de Ingeniería y Administración, “la tendencia debe apuntar a la conservación y sostenibilidad ambiental. Cualquier actividad económica, social y política debe ser respetuosa con el ambiente, de ahí surgen todas las posibilidades en torno a los estudios ambientales”.

El Doctorado en Estudios Ambientales está dirigido a profesionales de cualquier disciplina y de las ramas de la ingeniería agrícola, agropecuaria, agroindustrial, biológica, de procesos, forestal, mecánica y de alimentos, entre otras.

En la actualidad el programa tiene abiertas las inscripciones y el plazo para pagar los derechos de inscripción es el 11 de noviembre. Mayor información en: posgradosfia_pal@unal.edu.co






martes, 7 de septiembre de 2021

Islas del Caribe se deben unir para enfrentar el cambio climático y la pandemia

 Los países caribeños se deben unir en un propósito común y construir unidades sólidas que les permitan enfrentar las consecuencias del cambio climático y la pandemia en cuanto a seguridad alimentaria y turismo, factores clave para la supervivencia de buena parte de las islas.

Así lo advierte el historiador Alfonso Múnera, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), exembajador de Colombia tanto en Jamaica como en Trinidad y Tobago, y exsecretario General de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), invitado a inaugurar la Maestría en Estudios del Caribe de la UNAL.

En su conferencia “Trayectorias históricas y desafíos del Caribe”, el académico recordó que este se ve afectado por el cambio climático, la intensidad de los huracanes, las inundaciones, el aumento del volumen del mar, el deterioro de la barrera coralina y la erosión costera, que lo hacen vulnerable frente a las afectaciones de su infraestructura, fauna, flora, ecosistemas costeros, sistemas subacuáticos y comunidad.

En torno a estos problemas, el docente considera que “el Caribe debe hablarle al mundo desde una posición unificada y no desde la tradición caribeña de la fragmentación, en la que cada isla opera por su lado pese a que existen organismos internacionales como la Comunidad del Caribe (Caricom) y la AEC.

La cooperación entre los países caribeños también es fundamental para afrontar desafíos como el turismo, la seguridad alimentaria, el cambio climático y el entorno marino, pues solo de manera conjunta y organizada se pueden resolver en conjunto los problemas que aquejan a la región.

Trayectorias históricas

En opinión del docente de la UNAL, el Caribe es una de las zonas más complejas y a la vez más fascinantes de estudiar, por lo que no es casual que existan varios institutos e instituciones en el mundo interesados en analizar sus múltiples complejidades.

La región es compleja por las trayectorias históricas que atravesaron esta geografía, que le permiten compartir una experiencia común del pasado, definida por el colonialismo practicado por las potencias europeas y su interacción conflictiva, por la explotación de los recursos y de la población nativa, por la introducción de grupos humanos esclavizados desde diferentes partes de África y otros procesos compartidos.

En la economía caribeña el turismo es una de las actividades compartidas que articulan las islas por ser uno de los sectores económicos más dinámicos del mundo por la generación empleo, el aporte de divisas y su contribución al desarrollo regional.

En ese sentido, el profesor Múnera destaca que en Colombia, el Caribe se ha consolidado como la región turística por excelencia dado el atractivo de sus recursos naturales y sus trayectorias históricas que han dejado un legado cultural y material atractivo para visitantes.

El efecto de la pandemia

En la región del Caribe hay 12 islas que viven del turismo y la mayoría de sus ingresos provienen de este sector, que se vio afectado por la llegada de la pandemia del COVID-19, trayendo una reducción significativa de los ingresos estatales y de los grupos sociales que derivan su sustento de esta actividad.

“Este panorama ha generado afectaciones económicas, sociales y políticas en las islas de Cuba, Jamaica, República Dominicana y Barbados, entre otras, con excepción de Trinidad y Tobago que tiene los recursos gasíferos y petroleros”, afirma el profesor Múnera.

Se estima que el progreso de la región perdió una década de avance y la disminución del crecimiento PIB para el Caribe puede ser de 8 puntos porcentuales según el informe de la CEPAL de 2020.

Durante 2019, el 7,4 % de la población de América Latina y el Caribe vivió con hambre, lo que equivale a 47,7 millones de personas. La situación se ha ido deteriorando durante los últimos 5 años, con un aumento de 13,2 millones de personas con subalimentación.

El profesor Múnera afirma que “un buen número de islas reciben entre el 70 y 80 % de sus productos alimenticios del exterior, es decir los alimentos básicos, lo cual es grave, pero es parte de la historia, en la que se concentra toda la economía en un producto y se intercambia de tal manera que el resto de los productos son importados”.

Por eso considera importante tener en cuenta los procesos históricos que, como el sistema de plantación, podrían explicar algunas circunstancias actuales de la región.

“El impacto de la pobreza sobre la seguridad alimentaria de los hogares dependerá de las medidas que los Gobiernos sean capaces de seguir tomando para afrontar esta crisis”, advierte el docente.

 






viernes, 27 de agosto de 2021

“Cambio climático exige medidas urgentes”

 Ante un cambio climático cada vez más generalizado, rápido e intensificado en todas las regiones del mundo, el país tendría que migrar a una agricultura más intensiva pero menos extensiva, es decir, producir más en un área menor, con tecnologías que permitan aprovechar más el suelo en la captura de carbono y recuperar los bosques.

Las universidades por su parte pueden contribuir a generar mecanismos que lleven a concretar la justicia ambiental y climática, develando y denunciando a los Estados privados y particulares con mayor poder sobre los combustibles fósiles para que haya una mayor dignidad ambiental en el futuro.

Estas y otras acciones fueron propuestas en el marco del encuentro de Diálogos Convergentes, una iniciativa de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y el Pacto por la Paz, sobre el reciente informe 2021 entregado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

El informe, que llega a su sexta versión, señala que la temperatura de la superficie terrestre seguirá aumentando hasta al menos mediados de siglo en todos los escenarios de emisiones considerados. El calentamiento global de 1,5 y 2 °C se superará durante el siglo XXI en el mediano plazo (entre 2040 y 2060), a menos que se produzcan profundas reducciones de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero en las próximas décadas.

Mensajes alarmantes

El profesor Germán Poveda, de la Facultad de Minas de la UNAL, señala que el calentamiento será cada vez más evidente en el aumento de la intensidad de temperaturas extremas, las olas de calor terrestres y submarinas, las precipitaciones intensas, los huracanes, las sequías hidrológicas y ecológicas en algunos lugares, y la reducción de hielo; tampoco se puede descartar el futuro aumento de 2 m en el nivel del mar al final del siglo XXI.

Según Manuel Guzmán, investigador y docente universitario, el primer mensaje que queda con este reporte es que los cambios en el clima son cada vez más generalizados, rápidos e intensos y no tiene precedentes de al menos los últimos 1.000 años, lo que da cuenta de la magnitud del problema.

Acciones que nos tocan a todos

Para el economista Juan pablo Ruiz, magíster en Estudios Ambientales, profesor universitario y consultor en temas ambientales, “el informe es un llamado urgente a la acción e información científica que nos llama a todos. Aunque Colombia genera solo el 0,44 % de los gases de efecto invernadero, desde la mitigación, la reducción tendrá efecto importante, ya que hasta ahora hemos sido exportadores de carbón y petróleo”.

Señala además que “aunque las acciones para su mitigación tendrán un costo para todas las personas, se debe actuar de manera colectiva generando pactos entre la ciudadanía, los gobiernos nacionales y locales y las entidades privadas”.

“Un ejemplo de lo que podemos hacer es decidir qué queremos consumir y cómo hacerlo, porque debe primar una demanda por la producción local de alimentos o productos. Otro ejemplo es que, si vamos a comer carne de res y lácteos, debemos procurar que estos alimentos vengan de sistemas que ayuden a fijar el CO2 y a mitigar el impacto de la ganadería en el calentamiento global”.

“Se deben buscar acciones de mayor impacto desde las comunidades locales para la adaptación y mitigación del cambio climático y que vinculen a las instituciones y corporaciones públicas y privadas”.

No bastan las compensaciones

Por su parte Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda, sostiene que aunque las compensaciones para que las empresas o las economías avanzadas puedan seguir generando emisiones son una oportunidad para el país, el mensaje es que en la misma operación se reduzcan.

“Como país biodiverso que puede almacenar ese carbono, debemos aprovechar y vender esas compensaciones a las empresas, monetizar los recursos como una transición, pero entendiendo que cada quien por su propia cuenta tiene que lograr la reducción de emisiones de CO2, sobre todo en sectores industriales”, señala.

Y advierte que el mundo requerirá transformaciones en sectores como el uso del suelo y en ese camino de transición deberá haber una mayor electrificación, sobre todo en el transporte, sustituir el uso de recursos fósiles por energía eléctrica, por ejemplo en el transporte público y aumentar la demanda por electricidad en el país.

 





miércoles, 25 de noviembre de 2020

Casas de malla, opción agrícola frente al cambio climático

 Resultados preliminares de un estudio que compara los cultivos que se siembran a campo abierto y los que se hacen dentro de casas de malla, muestran que en estas se consume 20 % menos agua en las plantaciones.

Estos resultados hacen que las casas de malla se perfilen como una buena opción de adaptación al cambio climático, pues las proyecciones muestran que en el futuro habrá temperaturas más altas, y al mismo tiempo precipitaciones (lluvias) más bajas. “Y si vamos a tener menos precipitación necesitamos sistemas más eficientes que consuman menos agua”.

Así lo explicó el profesor Enrique Alejandro Torres Prieto, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, líder del proyecto “Manejo y uso eficiente del agua en la agricultura del Valle del Cauca como medida de adaptación al cambio climático”.

Las casas son una especie de invernadero, pero en vez de ser un lugar cerrado tienen mallas de pequeña abertura, las que generalmente se utilizan como antitrips para evitar la entrada de estos diminutos insectos. Las mallas son un control físico que reduce la cantidad de agroquímicos aplicados en los cultivos para controlar plagas.

El docente señala que desde hace ya varios años la comunidad científica ha aceptado el cambio climático como una realidad y ahora se buscan medidas de adaptación.

Especialmente en el Valle del Cauca se ha observado el uso masivo de las casas de malla, lo que llevó a los investigadores de la UNAL Sede Palmira a preguntarse sobre las implicaciones de estas frente a la cantidad de agua que se le aplica al cultivo, es decir si debía echarse más o menos agua, “porque lo que dice la literatura es que, por un lado, esto genera un incremento en la temperatura, pero por otro, como no deja mover fácilmente el aire, la humedad relativa puede bajar”, dice el profesor Torres Prieto.

Evapotranspiración como factor guía

El ejercicio se adelantó en campo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en Palmira (Valle), el cual colaboró en este proyecto a través del Programa de Recursos Genéticos en un convenio con la UNAL Sede Palmira.

A los cultivos se les instalaron estaciones meteorológicas sobre superficies de referencia (pasto) para comparar cómo se afectaba la evapotranspiración de referencia (la del pasto), lo que les permitió comparar el consumo de agua dentro y fuera de la casa de malla.

El ejercicio se adelantó en campo del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en Palmira (Valle), el cual colaboró en este proyecto a través de un convenio con la UNAL Sede Palmira. Además contó con la participación de la profesora Sara Mejía de Tafur y de los estudiantes de Ingeniería Agrícola Jheison Adolfo Guerrero Gutiérrez, Rafael Orlando Díaz Angarita y Richard Lasprilla Velasco, también de la Institución.

Aunque en un principio las intenciones del equipo investigador eran realizar un seguimiento al cultivo diariamente, por motivos de la pandemia se vieron forzados a modificar la metodología. Al final resolvieron que se harían mediciones dos veces por semana, y hacia el final del proyecto sí se realizó una jornada intensiva de mediciones diarias.

Se concluyó que la diferencia en el requerimiento hídrico entre los cultivos sembrados dentro y fuera de la casa de malla varía entre un 20 y 27 %, siendo más bajo dentro de la casa de malla. Es decir, se requiere mayor cantidad de agua para los cultivos sembrados a campo abierto, que es el método más común entre los productores.

Con este estudio se contribuye al importante camino de la búsqueda e implementación de posibles métodos y herramientas que le hagan frente al cambio climático y al uso eficiente del agua, pues es importante recordar que además de los retos que plantea el aumento de las altas temperaturas, actualmente la agricultura demanda cerca del 47 % del agua que se consume en el país.

En Colombia las casas de malla se han implementado especialmente en cultivos de hortalizas, tomate y pimentón, cuyas alturas son medias o bajas, pues la casa de malla es costosa y con la altura de esta también se elevan los costos.

Sin embargo, según lo expresa el profesor Torres, por todas las bondades que presenta, “es posible que en el futuro tengamos árboles también en casas de malla”.