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jueves, 30 de julio de 2026

Técnica usada en África aceleraría la recuperación de suelos en Cesar

 La combinación de una técnica utilizada en zonas áridas de África con abono orgánico y sombra permitió recuperar la humedad, disminuir la temperatura del suelo y favorecer el crecimiento espontáneo de vegetación en terrenos degradados del Cesar. El resultado abre una alternativa de bajo costo para restaurar áreas afectadas por el sobrepastoreo, la deforestación, e incluso la minería de carbón.

En buena parte del Cesar, años de sobrepastoreo (exceso de ganado sobre un mismo terreno), tala de árboles y quemas para preparar cultivos han deteriorado la capa vegetal que protege el suelo. Sin esa cobertura, las lluvias arrastran los nutrientes y las semillas, mientras la radiación solar endurece la tierra y favorece procesos de desertificación, dificultando que vuelva a crecer la vegetación.

Frente a este panorama, Angie Vanessa de Armas Díaz, estudiante de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz, desarrolló con el profesor David Sánchez Núñez un experimento para evaluar si era posible acelerar la recuperación del suelo mediante una técnica de microcaptación de agua utilizada en regiones áridas de África.

La estrategia consiste en construir pequeños semicírculos o medialunas de tierra que actúan como trampas naturales para captar y retener el agua lluvia. Así aumenta la humedad alrededor de las plantas y disminuye el impacto del intenso calor sobre el terreno.

Con el apoyo del personal de mantenimiento del campus de la Sede de La Paz, la estudiante adecuó el relieve del terreno y comparó 4 tratamientos: suelo sin intervención; medialunas con compost maduro; medialunas con compost y polisombra; y medialunas con compost, polisombra y riego activo.

Durante el experimento hizo un seguimiento permanente a variables que permiten evaluar la recuperación del suelo, entre ellas la humedad, la temperatura, el pH (nivel de acidez), el contenido de materia orgánica —clave para la fertilidad del terreno—, la cobertura vegetal y la presencia de hongos cultivables.

Los resultados preliminares mostraron que la combinación de las medialunas con compost y polisombra creó un microclima más favorable, al disminuir la temperatura superficial del suelo, conservar mejor la humedad y favorecer el establecimiento de la vegetación.

“En todas las medialunas registramos el crecimiento de vegetación espontánea, lo que nos indicó que con este método el ecosistema comenzó a reactivar paulatinamente sus procesos ecológicos”, explica la investigadora, quien desarrolla este estudio como parte de su trabajo de grado.

De los ensayos en el campus a la restauración de áreas mineras

Los resultados también mostraron que la humedad del suelo y el establecimiento de la vegetación responden rápidamente cuando se crean las condiciones adecuadas.

En contraste, las propiedades químicas del suelo, como la estabilización de la materia orgánica —fundamental para su fertilidad— y el equilibrio del pH requieren más tiempo para recuperarse. Por eso los investigadores recomiendan mantener un monitoreo de largo plazo que permita evaluar la evolución del suelo con futuros equipos científicos del programa.

Los avances obtenidos en este laboratorio ya motivan una nueva fase del proyecto. Según el profesor Sánchez, el equipo de la UNAL Sede de La Paz llevará esta metodología, adaptada de experiencias desarrolladas en África, a escenarios industriales de mayor complejidad.

En una siguiente etapa realizarán ensayos de restauración ecológica en escombreras, es decir terrenos donde se depositan los residuos estériles de la explotación de carbón en el Cesar.

Si los resultados se mantienen, esta estrategia se convertiría en una alternativa de bajo costo para recuperar áreas degradadas por actividades productivas y fortalecer los procesos de restauración ecológica en el departamento y otras zonas del Caribe colombiano. Al adaptar una técnica internacional a las condiciones ambientales del Cesar, la investigación demuestra que es posible desarrollar soluciones concretas para responder a uno de los principales desafíos ambientales de la región.





jueves, 1 de febrero de 2024

Coberturas vegetales, aliadas en la recuperación de las cuencas de bosque de alta montaña

 El análisis de las cuencas El Silencio y Montañita, ubicadas en la Reserva Biológica El Silencio municipio de El Retiro (Antioquia), evidenció que el proceso de restauración ecológica contribuye a mejorar las condiciones de los suelos y a aumentar la tasa de infiltración del agua, evitando que se convierta en escorrentía y se eleven sus niveles en las quebradas de las cuencas asociadas.

Los aportes del trabajo de Marcela Mosquera Vásquez, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, son relevantes en la medida que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período comprendido entre 2021 y 2030 como la Década para la Restauración de los Ecosistemas.

Para hacer la comparación necesaria e interpretar resultados, la ingeniera ambiental, tuvo en cuenta, además de El Silencio y Montañita, otra cuenca, la de Pastos, que no estaba en recuperación y que tiene cobertura de pastos y ganadería.

“Como anillo al dedo”, dice, le resultó encontrar cuencas en restauración de toda la extensión de su área, porque es difícil. Alguien le dio el dato, y le sugirió visitar la zona. Así lo hizo, y “fueron perfectas”, añade, porque en lugar de una, encontró dos.

Sin embargo, hallar una cuenca con cobertura de pastos en la mayoría del área tampoco le fue sencillo, además, el análisis fue más complejo, ya que “después de buscar ya tenía datos de un año en las otras dos en restauración”, cuenta.

La magíster ejerció como una especie de inspectora, aunque primero debió instalar aparatos que le permitieran indagar los efectos ecohidrológicos de la restauración ecológica, concepto que hace referencia a la relación entre hidrología y ecología con los complejos procesos en el ciclo del agua o ciclo hidrológico.

Así, en estos lugares monitoreó, mediante instrumentos, el comportamiento de variables como la humedad del suelo, la infiltración, la evapotranspiración y el rendimiento hídrico y cómo estos inciden en la regulación de caudales de las quebradas.

En las tres cuencas instaló sensores de humedad del suelo para medir los datos promedio cada 15 minutos cada día durante 14 meses. También usó pluviógrafos para cuantificar la precipitación (o lluvias) en acumulados de cinco minutos y estaciones meteorológicas automáticas para conocer humedad relativa, radiación solar, precipitación, temperatura, velocidad y dirección del viento.

Adicionalmente, en cada una de las cuencas utilizó limnígrafos (equipo que grafica los niveles o fluctuación del nivel de un río o lago) y barógrafos (instrumento meteorológico de precisión que mide y registra las variaciones de presión atmosférica sobre un papel milimetrado), que determinan el nivel del agua de los ríos. Se realizaron visitas a las áreas de estudio cada 20 días para descargar los datos y calcular los caudales. 

Asimismo, tomó muestras de suelo de diferentes profundidades para determinar la densidad aparente (su masa por unidad de volumen) por medio de cilindros metálicos que luego fueron pesados y secados en un horno a 105 °C durante 48 horas.

Por otro lado, para conocer cómo fluye el agua a través del suelo y su capacidad para almacenarla, usó cilindros de PVC de 331 cm3 y anillos metálicos de 19,6 cm3, empleando equipos especializados. Además, tomó muestras de suelo para determinar en el laboratorio el contenido de materia orgánica del suelo.

Heroínas en la regulación de caudales

La investigadora explica que, en las cuencas en restauración, propiedades como la densidad aparente fue menor por lo cual hubo, por ejemplo, una mayor porosidad y conductividad hidráulica. Estas características contribuyeron a que la respuesta ante eventos de precipitación fuera más regulada.

Señala que, “llueve y esa agua va pasando por todo el proceso de infiltración, humedecimiento del suelo y flujos subsuperficiales, entonces se demora más en llegar a las quebradas y no aumenta súbitamente los niveles de estas”.

“En términos generales, la restauración tiene un efecto en estos caudales, en el rendimiento hídrico de las cuencas. No se puede concluir tácitamente, pero se nota una tendencia a que regulen mejor los eventos de precipitación y, más aún, a que se mantenga el agua en las quebradas en épocas de sequía (caudal base)”, agrega.

Indica también que, como estas son cuencas de alta montaña la escorrentía puede tener mayores velocidades y llegar más rápido a la parte baja, entonces ese proceso era aminorado debido a la cobertura de vegetación y a que se mejoran las condiciones del suelo”.

La investigadora anota que ese resultado se esperaba en mayor medida para la cuenca Montañita, que es la que mayor tiempo lleva en el proceso de restauración: más de 15 años. Sin embargo, manifiesta que la regulación hidrológica necesita más tiempo para evidenciar efectos notorios.

En cuanto a las coberturas, destaca la importancia de los árboles y su relación con la materia orgánica, en la medida en la que las hojas que caen generan otros procesos mediados por microorganismos que, si bien no se midieron en este estudio, sí se recomienda incluir en futuros análisis.

Los aportes de este trabajo son relevantes en la medida que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período comprendido entre 2021 y 2030 como la Década para la Restauración de los Ecosistemas.

Hay un concepto estrechamente relacionado con el análisis de su tesis de Maestría y es el caudal base. Este es, explica, el “nivel de agua que está ahí incluso en época de pocas precipitaciones, cuando más se necesita el recurso”. Expone que “por ese lado va la importancia de la investigación”.