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lunes, 27 de noviembre de 2023

Hallan altos niveles de mercurio en aves migratorias de Latinoamérica

 El primer mapeo sobre concentraciones de mercurio en aves migratorias de Colombia, Perú y Belice evidenció que su presencia en sangre y plumas supera hasta cuatro veces los niveles normales, un resultado alarmante si se tiene en cuenta que este metal pesado es uno de los más utilizados en la extracción de oro, y por lo tanto uno de los mayores contaminantes de los ecosistemas de las zonas mineras de América Latina, como ríos y quebradas.

“A vuelo de pájaro”, así se le dice popularmente en el país a algo que está pasando muy rápido, y aplica muy bien para lo que está sucediendo con el mercurio en zonas como la Ciénaga de Ayapel, ubicada en Córdoba, un complejo de extensos lagos y humedales que tal vez son uno de los recursos hídricos más importantes de Colombia, y que tiene al manatí como su especie insignia.

En sus aguas mansas se posan hermosas aves como el martín pescador verde (Chloroceryle americana), cuyo nombre le hace honor a los matices verdosos de sus plumas, que contrastan con una especie de naranja o amarillo en la parte de arriba de su pecho. Se encontró que esta especie tiene en su sangre alrededor de 5,3 microgramos sobre gramo (mg/g) de mercurio, una cantidad que excede con creces la normativa estipulada de 1 mg/g.

Así lo determinó una investigación que cruzó las fronteras, como una migración del conocimiento que va y vuelve, y que reunió a nueve países de Centro, Suramérica y el Caribe, regiones que componen el neotrópico. Entre ellos, Colombia tuvo la representación del investigador Sebastián Tabares Segovia, del Semillero Ecotoxicología Medioambiente y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

“Se reunió la base de datos más grande hasta el momento sobre concentraciones de mercurio en aves de esta región, un esfuerzo sin precedentes ya que solo se conocían datos de Estados Unidos, país que ha identificado los efectos sobre las aves de dichas concentraciones”, asegura el biólogo. 

En el estudio se identificaron tres consecuencias en aves en distintas regiones de Norteamérica y que también estarían relacionadas con las concentraciones del territorio colombiano, pues las aves migran a lugares como Chocó, Caquetá o Antioquia y terminan quedándose porque el metal pesado daña su “GPS” natural, o incluso, en vez de volver a su hogar, llegan a países como Argentina. 

En especies como el conocido cucarachero de Carolina (Thryothorus ludovicianus) se ha evidenciado la pérdida de hasta el 10 % de su nidada, es decir de los huevos que tienen en el nido; por otro lado, en especies marinas como el gran bribón (Gavia immer) o el charrán de Forster (Sterna forsteri) hay problemas en la simetría bilateral, lo que significa que sus alas no desarrollan bien. 

Se estudiaron 2.316 aves migratorias de estos territorios, de 322 especies distintas; se destacan los hallazgos de mercurio en el martín pescador enano, el hornero patiamarillo (cuatro de las cinco  aves estudiadas tuvieron niveles letales de mercurio), y el hormiguero caripelado, que ha tenido una reducción importante en su población. 

Estos animales se alimentan de peces pequeños en ríos y quebradas, y aunque aún no se conocen las especies específicas, el investigador asegura que su estudio se debe hacer pronto, pues su consumo puede poner en riesgo la salud humana. 

El trabajo de campo tenía que ser tan rápido y ágil como estas aves; para ello se ponía una red de niebla –de nailon o poliéster– en los puntos de muestreo, sostenida por tubos de aluminio anclados a árboles cercanos o al suelo, un método muy utilizado para capturar a estos animales. Después de capturarlos, y con el mayor de los cuidados, se realizaron las pruebas de sangre y se tomó una muestra de sus plumas.

“Las pruebas se enviaron a algunos laboratorios del Biodiversity Research Institute, en Estados Unidos, y con resonancia magnética nuclear y espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente, se obtuvieron las concentraciones”, explica el investigador. 

En estas zonas la mayor parte de la minería de oro la hacen grupos al margen de la ley, que –según el biólogo– mantuvieron estricta vigilancia sobre lo que midieron los investigadores en el trabajo de campo. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la explotación ilícita de este recurso aumentó en Chocó, Antioquia y Nariño, con hasta un 73 % de la minería de oro ilegal.

“Un factor preocupante y que hay que seguir estudiando es el metilmercurio, tal vez no tan conocido pero que es todavía más letal y difícil de eliminar que el mercurio, y que aún es un problema sin descifrar en los lechos de los ríos, en donde algunas bacterias transforman el metal y lo combinan con carbono”.

Fruto de la investigación se escribió un artículo para la revista internacional Ecotoxicology, que se se puede leer completo en el siguiente enlace: 

https://link.springer.com/article/10.1007/s10646-023-02706-y






martes, 24 de octubre de 2023

Habitantes de zonas costeras, en riesgo por contaminación de mercurio y microplásticos

 El análisis de 2.000 peces del Pacífico colombiano evidenció que todos presentaban algún nivel de mercurio en sus tejidos; sin embargo, por contener menos de 0,5 µg/g (microgramos por gramo) no representan un problema para la salud humana, siempre y cuando se consuman una o máximo dos veces por semana. Las poblaciones costeras, en donde todos los días se come pescado, afrontarían un potencial peligro si no se toman medidas. La investigación se extenderá al Caribe.

El proyecto de investigación intersedes “Evaluación del efecto de la contaminación por metales pesados en la biodiversidad y dinámica ecosistémica para identificar riesgos por consumo de organismos marinos en la bahía de Buenaventura”, adelantado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se centra en la contaminación por mercurio (se estudiaron 2.000 individuos) y la presencia de microplásticos (partículas de plástico menores a 5 mm hasta tamaños imperceptibles) en pescados de la zona (800 individuos).

Entre las más de 50 especies analizadas se encuentran ñato, canchimala común y canchimala blanca, y especies de la familia de las corvinas, como el cajero o pacora.

A diferencia de la presencia de mercurio en los tejidos del 100 % de los individuos estudiados, solo el 50 % de los peces tenían microplásticos en su tracto digestivo, en particular bagres de mar y corvinas, fundamentales para el sector pesquero local, tanto  artesanal como comercial.

“Algunas de estas especies mostraron una disminución del 25 % de su peso en relación con su tamaño, lo que quiere decir que están reemplazando su alimento por los microplásticos, lo que afecta su salud, y de paso, por la cadena alimenticia, afectaría a las personas”, afirma el profesor Guillermo Duque Nivia, líder del Grupo de Investigación Ecología y Contaminación Acuática.

La población costera que se alimenta a diario con estas especies corre un riesgo potencial de exposición a niveles peligrosos de mercurio, en especial las familias de los pescadores, que son quienes más las consumen. “No obstante, según estudios previos, los índices detectados en la bahía de Buenaventura se mantienen bajos frente a los de otras regiones, como la bahía de Cartagena”, explica el académico.

“Esto se puede atribuir, en parte, a que allí la actividad minera de oro es más baja que en Chocó y la parte norte del país; sin embargo es preocupante, ya que el mercurio es persistente y se mantiene en los ecosistemas por décadas aunque se detengan los vertimientos, y se activa cuando se hacen dragados, los cuales son comunes en la bahía de Buenaventura”, amplía.

Ante la magnitud del problema, los investigadores desplegarán el estudio a regiones de la costa Caribe, incluyendo muestras de Santa Marta, en un nuevo proyecto intersedes que se adelantará con la UNAL Sede La Paz y la Universidad del Atlántico y que permitirá comparar los niveles de contaminación entre Caribe y Pacífico, un estudio pionero en el país.

Para el investigador Duque, “ante la necesidad de comprender y abordar la contaminación ambiental en Colombia, este nuevo proyecto garantizará un enfoque multidisciplinario y la comprobación de los resultados en las zonas costeras del país”.

Los hallazgos obtenidos hasta ahora proporcionan una base sólida para futuras políticas y programas de mitigación, y también para crear conciencia pública a industrias, turistas y habitantes locales sobre los peligros de estos contaminantes y la urgencia de tomar medidas.

A fin de evaluar la contaminación por mercurio, para este nuevo proyecto la UNAL adquirió un innovador equipo que permite medir directamente el metal en el músculo de los peces, eliminando la necesidad de preparación química y reduciendo posibles errores. Esta innovación tecnológica garantizará mediciones precisas y eficientes.

Según el profesor Duque, “antes todas las muestras para analizar mercurio se procesaban en el Laboratorio de Toxicología de la Universidad de Córdoba, dirigido por el profesor José Marrugo, nuestro asociado académico para ese tipo de análisis, pero ya contamos con el equipo DMA80, que es el medidor directo de mercurio, adquirido gracias a la gestión –por mucho tiempo– de los recursos necesarios”.

En cuanto a la detección de microplásticos, se empleará un equipo, proporcionado por la Universidad del Atlántico, que permite determinar con precisión la presencia y el tipo de estos contaminantes en las muestras, teniendo en cuenta que se trata de un área nueva, y que aunque su conocimiento ha crecido en los últimos años, todavía falta mucho por determinar el efecto en los organismos.








miércoles, 15 de marzo de 2023

Mercurio y plomo, los metales pesados que más contaminan Ciénaga Grande y Bahía de Cispatá

 Estas dos fuentes hídricas del Caribe colombiano, la Ciénaga Grande de Santa Marta, considerada como la laguna costera más grande del país, y la Bahía de Cispatá (Córdoba), cuyas 8.600 hectáreas de manglares sirven como refugio de peces, moluscos y el caimán aguja, en peligro de extinción, tienen altas concentraciones de mercurio, plomo, estaño y cobre, lo que representa un peligro inminente para la flora y la fauna que estos ecosistemas preservan.

Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe y la Universidad Jorge Tadeo Lozano, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), evalúa desde 2021 el impacto de los niveles de contaminación por metales.

Según el doctor en Biología Marina Néstor Hernando Campos, profesor de la UNAL Sede Caribe, “la importancia de realizar estas evaluaciones radica en el grado de influencia que tienen los ríos Magdalena –en la Ciénaga Grande de Santa Marta– y Sinú, en la Bahía de Cispatá. Estos cuerpos de agua son relevantes para el país, pero que están en alto riesgo, así como las comunidades que viven en esos sectores, por las descargas de contaminantes”.

Por ejemplo, en 2014 se evidenció que en Cispatá el mercurio producto de la explotación aurífera en la zona estaba causando malformaciones en los cangrejos, y desde hace poco más de dos décadas se viene advirtiendo sobre el grave deterioro de la Ciénaga Grande, provocado entre otras razones por la hipersalinización de los suelos, la muerte progresiva del manglar, el incremento de la erosión costera, la disminución de la profundidad de cuerpos de agua y el enriquecimiento de estos con materia orgánica, nutrientes y contaminantes de la zona bananera.

Para la investigación se programaron cuatro muestreos: dos en época de lluvia y dos en tiempo seco, ya que en este tipo de ecosistemas costeros las fuentes de entrada de contaminantes son los ríos. Así se tiene una mirada más clara del efecto de las descargas de los ríos, según el clima y sus consecuencias.

Se tomaron muestras de sedimentos y de materiales suspendidos en el agua, divididos entre material inorgánico y orgánico, como las ostras. El material obtenido se secó a una temperatura de máxima de 60 °C y se envió a la Universidad de Córdoba, donde se contrató un servicio para la medición de los contenidos de metales.

El experto explica que “una cantidad aproximada de una milésima parte de un gramo, es decir 50 micrómetros, fue sometido a calentamiento con una mezcla de ácidos fuertes para producir la destrucción del material orgánico y así liberar el inorgánico; dicho proceso se utiliza en la determinación de la cantidad del contenido en relación con el metal pesado, a través de un equipo especializado para analizar concentraciones bajas de metales”.

El mismo procedimiento se hizo con moluscos como las ostras, en las que se analizó el tejido blando (formado principalmente por los órganos reproductores y digestivos envueltos en un tejido carnoso) para determinar su grado de contaminación.

Altas concentraciones

El profesor Campos afirma que “después de los estudios se encontró una fuerte variación de los contenidos de metales. En muchos casos también hallamos concentraciones relativamente altas, lo cual permite pensar que estas son peligrosas para los organismos; las ostras sencillamente las acumulan y concentran”.

Los trabajos e investigaciones adelantadas buscan determinar cuál es el grado de contaminación, es decir la capacidad que tiene ese organismo, en este caso la ostra, de tomar y extraer elementos del medio, pues al estar en raíces de mangle ellos extraen las partículas suspendidas para alimentarse. Tienen la capacidad de absorber grandes cantidades y concentrarlos.

“La cantidad de elementos que tienen las ostras indica su capacidad de acumulación, teniendo como referencia valores de otros sitios, y así determinar qué se considera como una concentración ‘normal’; en este caso la concentración sí es muy alta en contaminación”.

Además, esta información se relaciona con la capacidad de estos animales para transferir y contaminar a otros niveles. Por eso se hacen mediciones sobre la concentración del metal en los organismos, en los sedimentos donde viven y en los materiales suspendidos en el agua.

La evaluación es esencial

“La evaluación de la contaminación debe ser muy precisa, pues lo que se conceptúe puede ser tomado para decisiones, y si no se tiene certezas puede ser muy riesgoso”, destaca el docente.

Sin embargo, con información disponible por organismos como la Organización Mundial de la Salud o el Ministerio de Salud y Protección Social (Minsalud), las cuales determinan las cantidades que una persona puede consumir por kilogramo de peso de estos elementos, se puede estimar si una persona está en riesgo o no por consumir determinado número de ostras.

“Con los resultados se publicará un artículo científico. Además, estamos trabajando en un informe al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para que implementen regulaciones de manera conjunta con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y Minsalud”, concluye el académico.