miércoles, 23 de septiembre de 2026

Primer laboratorio de arqueología de la triple frontera rastreará el pasado milenario de la Amazonia

 Cerámicas, herramientas, semillas y otros vestigios conservan rastros de una historia humana que comenzó en la Amazonia hace al menos 13.000 años. Parte de ese pasado podrá estudiarse ahora desde Leticia, donde la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia puso en funcionamiento el primer Laboratorio de Arqueología de la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil.

Su importancia va más allá de contar con equipos y un espacio especializado. Por primera vez, investigadores y estudiantes de la Sede Amazonia podrán analizar evidencias arqueológicas sin desligarlas del territorio en el que fueron encontradas y de las comunidades que conservan conocimientos y memorias sobre esos lugares.

Esta ubicación cobra especial relevancia en una región cuya historia no cabe dentro de las fronteras políticas actuales. Para el profesor Jeison Lenis Chaparro Cárdenas, antropólogo y arqueólogo que lidera el proyecto, contar con esta infraestructura en Leticia permitirá fortalecer una investigación que durante años ha dependido de capacidades instaladas fuera de la Amazonia.

“En esta enorme región del noroccidente amazónico, el laboratorio de la Sede Amazonia es el que articula la investigación sobre el pasado de los grupos humanos. En términos prácticos, es el primer laboratorio para esta región dentro de la región”, señala.

Allí podrán analizarse materiales y evidencias para indagar cómo llegaron y se asentaron los primeros grupos humanos, cómo se movilizaron por la selva y los ríos, qué intercambios establecieron y de qué manera transformaron el territorio a lo largo de miles de años.

Una historia humana que desborda las fronteras

La arqueología permite reconstruir parte de esa historia a partir de evidencias materiales como cerámicas, herramientas, semillas y otros vestigios. Chaparro explica que en la Amazonia existen evidencias de presencia humana de hace aproximadamente 13.000 años, y destaca en Colombia sitios arqueológicos de relevancia como La Lindosa, Chiribiquete y Peña Roja.

Mirar ese pasado desde Leticia permite ampliar la escala de las preguntas. La zona de influencia del laboratorio comprende un territorio conectado histórica y culturalmente entre Colombia, Perú y Brasil, aunque hoy esté dividido por fronteras nacionales. Desde allí será posible estudiar los antiguos procesos de poblamiento, movilidad e intercambio y las transformaciones experimentadas por las sociedades amazónicas desde una perspectiva regional.

Pero las huellas del pasado no están únicamente bajo tierra ni se reducen a los objetos recuperados en una excavación. El laboratorio parte de un enfoque de arqueología social que incorpora las memorias y los conocimientos de las comunidades que mantienen vínculos históricos y culturales con esos lugares.

“La arqueología social reconoce la importancia de las comunidades indígenas. No se trata solo de hacer proyectos académicos bonitos, sino de apoyar iniciativas locales como fortalecer procesos de memoria o reconocer sitios sagrados”, explica el profesor Chaparro.

Esta mirada adquiere especial importancia en la Amazonia, donde muchos sitios y objetos arqueológicos forman parte de territorios que conservan significados culturales y espirituales para sus habitantes. Por eso, el laboratorio busca que las investigaciones puedan responder también a preguntas y necesidades planteadas desde el territorio, además de producir conocimiento académico.

Investigar y formar sin salir de la Amazonia

Además, el laboratorio tendrá una función crucial en la formación de nuevos arqueólogos e investigadores. Los estudiantes del programa de Antropología de la Sede Amazonia podrán acercarse al trabajo arqueológico mediante prácticas de laboratorio y de campo, con herramientas y equipos destinados al análisis y documentación de materiales y evidencias.

Esto permitirá conectar la formación académica con investigaciones realizadas directamente en el contexto amazónico. Para el profesor Chaparro, esta es una de las funciones centrales del espacio. “El laboratorio sirve como un espacio de articulación entre lo que en términos académicos y científicos se desarrolla en la universidad y las comunidades. Es el lugar que permite abordar preguntas científicas para responder a las necesidades y expectativas de la gente”.

El trabajo ya empieza a salir de las instalaciones de la Universidad. El equipo avanza en la formulación de su primer proyecto de intervención arqueológica con la comunidad de Mocagua, que se desarrolla junto con Abel Santos, profesor y líder indígena de la UNAL Sede Amazonia.

A esto se suman gestiones ante el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) para la custodia de piezas de referencia y la creación de redes de colaboración con instituciones de otros países. La intención es consolidar en Leticia un punto de investigación capaz de conectar materiales arqueológicos, formación universitaria, comunidades y preguntas científicas sobre el pasado amazónico.