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domingo, 13 de abril de 2025

Falta de control agrava el deterioro del páramo de Sumapaz

 La falta de control sobre la expansión agrícola y la ausencia de una planificación ambiental efectiva están poniendo en riesgo el páramo de Sumapaz, el más grande del mundo. Aunque la Provincia Administrativa y de Planificación del Sumapaz (PAP-Sumapaz) se creó para coordinar su protección, la desarticulación entre entidades dificulta su impacto, mientras los cultivos y el turismo sin regulación siguen degradando este ecosistema esencial para el agua en Colombia.

El páramo de Sumapaz cubre más de 300.000 hectáreas y es vital para la regulación hídrica, ya que abastece a millones de personas en Bogotá y otras regiones del país, pero su frágil equilibrio está en riesgo.

“El páramo representa la vida de todos”, le dijo un habitante de la vereda Santa Bárbara –quien ha dedicado su vida a la agricultura– a la abogada María Fernanda Pirabán Cañón, candidata a magíster en Gobierno Urbano del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien adelantó este estudio.

Históricamente el territorio ha estado ligado a movimientos de colonización campesina y luchas agrarias por el acceso a la tierra. Sin embargo, la expansión de la frontera agrícola ha afectado gravemente la conservación del páramo, debido especialmente a actividades agropecuarias y asentamientos rurales. La Ley 1930 de 2018 prohíbe la agricultura y la minería en los páramos, pero la regulación ha sido insuficiente en municipios como Pasca, Arbeláez y Cabrera.

“Nosotros reforestamos y protegemos el recurso hídrico solos, sin ayuda de las instituciones porque no ayudan en nada ni se aparecen por aquí”, le manifestó también la presidenta de la Junta de Acción Comunal de la Vereda El Salitre. Su testimonio refleja la frustración de las comunidades campesinas, que sienten el abandono institucional frente a los retos ambientales que afrontan.

Aunque la PAP-Sumapaz se creó en 2023 para coordinar la gestión ambiental en la región y debía ofrecer soluciones, la falta de articulación entre entidades ha limitado su impacto.

Descoordinación y conflictos por el uso del suelo

A partir de un enfoque cualitativo, la abogada Pirabán analizó las dinámicas del territorio más allá de los datos estadísticos, priorizando la percepción de los actores involucrados. A través de entrevistas a habitantes del páramo, líderes comunales y funcionarios públicos, documentó cómo la falta de diálogo y coordinación entre entidades ha debilitado la gestión del ecosistema.

También revisó documentos oficiales como los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) de los municipios afectados, el Plan de Manejo Ambiental del Parque Nacional Natural Sumapaz y registros cartográficos sobre los cambios en el uso del suelo.


El estudio encontró que la falta de coordinación entre entidades ambientales y municipales es uno de los mayores obstáculos para conservar el páramo. Existen superposiciones de competencias entre el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Minambiente), las Corporaciones .

Además, la delimitación del páramo ha sido un proceso problemático. La Resolución 1437 de 2017 de Minambiente estableció límites sin la participación de las comunidades. Frente a esto, la Coordinadora Campesina de Sumapaz-Cruz Verde presentó una acción de tutela exigiendo la protección de sus derechos al mínimo vital, igualdad y participación ambiental. En 2019, un juzgado dejó sin efectos la delimitación y ordenó un nuevo proceso participativo que incluya a las comunidades de los municipios con cobertura de páramo.

“No existe una definición común y precisa de la extensión del páramo; en algunos casos su ubicación se asocia con la altitud, pero no hay una única referencia de altura, y en otros casos se define con base en veredas específicas, lo que genera confusión en la aplicación de las normativas y en la protección efectiva del ecosistema”, detalla.

Además, el turismo sin regulación ha sumado otro problema: en lugares como las lagunas de Colorados, Larga y Negra, el aumento de visitantes ha generado contaminación y daño en la biodiversidad. “Aquí vienen turistas, pero no hay control. No hay quién cuide el páramo y cada vez hay más gente entrando”, advirtió un campesino entrevistado en la vereda Santa Bárbara.

Urge una estrategia integral

La abogada enfatiza en que la Ley de Páramos es un gran avance, ya que establece una perspectiva integral para la gestión del ecosistema. Aún así, destaca la importancia de fortalecer los escenarios de participación y concertación con las comunidades, dado su arraigo histórico y social en la región.

“Las comunidades han experimentado conflictos por el acceso a la tierra y tienen una percepción negativa de las entidades públicas, en especial de las autoridades ambientales, que imponen restricciones pero no ofrecen alternativas viables”, sostiene.

En ese sentido, recomienda que la gestión del páramo no se limite a la delimitación del territorio y la formulación del Plan de Manejo Ambiental, sino que las comunidades se incluiyan como aliadas en el control y monitoreo permanentes. “Ellos son habitantes perennes de la zona, lo que los convierte en actores estratégicos para la protección del ecosistema”, agrega.

Otra importante medida es fortalecer los pagos por servicios ambientales, un incentivo económico para fomentar prácticas de restauración y conservación. Asimismo se requiere realizar el censo de habitantes del páramo, una obligación del DANE según la Ley de Páramos. “Este censo es crucial para diseñar estrategias de reconversión productiva y garantizarles alternativas de sustento a las familias que dependen del páramo”, puntualiza.

Por último, la investigadora Pirabán sugiere que en la revisión de los POT de los municipios con área de páramo se regulen los usos del suelo en las zonas colindantes. “Esto permitiría establecer una zona de amortiguación para prevenir la expansión de actividades que amenacen la conservación del ecosistema”, concluye.



jueves, 30 de mayo de 2024

En suelo del Páramo de Chingaza encuentran indicios de cambios climáticos de hace 16.329 años

 Geóloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) identificó 8 zonas del suelo de la laguna Seca de este páramo, con variaciones en las condiciones climáticas y un posible aumento de la temperatura desde hace 17.000 años, lo cual se asocia con aumento del tamaño de grano de arcilla y arena, la presencia de minerales como el cuarzo y la disminución de la acumulación de restos orgánicos entre hojas y tallos de plantas de la época.

Hasta ahora no se habían estudiado a fondo los cambios en el suelo que ha tenido este santuario natural a lo largo de periodos geológicos como el Pleistoceno –que terminó hace unos 11.700 años con la última glaciación– y el Holoceno, que inició justo después y que aún no termina.

Por eso Andrea Mayor Amador, magíster en Geología de la UNAL Sede Bogotá, quiso desentrañar qué ocurría en los sedimentos (material no consolidado) de la laguna Seca, uno de los puntos clave que conectan el páramo de Chingaza con el embalse de Chuza, reserva hídrica con cerca de 220 millones de mde agua potable que últimamente ha sonado mucho por el racionamiento que se está viviendo en Bogotá.

En el Pleistoceno aún se paseaban por los bosques y praderas de la Tierra los grandes mamíferos, entre ellos el mamut lanudo, el tigre dientes de sable o el perezoso gigante –tal vez esta combinación le recuerde la película de La era de hielo–, y de hecho fueron los neandertales quienes tuvieron el privilegio de observar este desfile de animales, aunque con la última glaciación todo cambió: el aumento de la temperatura hizo que estos animales se extinguieran y le dieran paso a la era del humano actual y a especies más pequeñas como ciervos, caballos y lobos.

Estos cambios se pueden observar a nivel del suelo, por eso la investigadora analizó los 410 cm de sedimento recolectados en un arduo trabajo de campo para el que utilizó una sonda tipo rusa, la cual tiene una pala alargada que se va clavando a distintas profundidades para luego almacenar la tierra en tubos y preservarla en cajas que se llevan a laboratorio.

Sedimentos bajo la lupa

El material se fraccionó en porciones de 2 cm y se estudió su color, tamaño y composición del sedimento, así como la cantidad de minerales y materia orgánica presente; además se hicieron análisis químicos para determinar los elementos presentes y las dataciones para estimar la época a la que pertenecían estos cambios.

“Encontramos que las capas más profundas forman parte del Pleistoceno, con una edad de 16.329 años atrás, mientras que hacia la mitad de la profundidad del sondeo se obtuvo una fecha de 9.548 años, marcando estados intermedios del Holoceno; esta edad va disminuyendo hasta nuestros días, con el momento actual de los suelos de la laguna Seca”.


“Entre las 8 zonas se observan cambios de temperatura y humedad que se reflejan en el suelo, pues la laguna ha tenido momentos tanto de abundancia como de sequía, por ejemplo ahora, con  condiciones más secas y aumento de la temperatura respecto a zonas anteriores. Así mismo, la cantidad de materia orgánica como hojas y tallos va yendo y viniendo con los años entre estas dos épocas geológicas”, explica la investigadora Mayor.

Para la experta, el cambio se evidencia en el tamaño de la arcilla: en las primeras zonas es más pequeña y su distribución era más amplia en el suelo, siendo rica en titanio o circonio, y con el paso del tiempo y los cambios de temperatura los granos de este material se van haciendo más grandes, como en el suelo que hoy tiene la laguna, y se observa una disminución de la concentración de materia orgánica y un aumento de minerales como el óxido de hierro o el cuarzo, e incluso indicios de ceniza volcánica.

En el laboratorio los análisis se realizaron bajo la lupa, poniendo cada porción de sedimento para observar sus características físicas; también se utilizaron equipos especializados para hacer análisis de difracción de rayos X y fluorescencia de rayos X, que permiten determinar facetas cristalinas y elementos en el suelo respectivamente, además de los usados para la medida de carbono orgánico, isótopos y dataciones de carbono 14 (C14) de estas zonas.

“Este trabajo es un primer paso para seguir entendiendo los cambios que se producen en estos ecosistemas de alta montaña, indispensables para la vida a lo largo de la historia de la Tierra, y son un precedente para otras investigaciones que quieran ahondar, por ejemplo, en el tipo de especies de plantas que vivían esta zona, que es única por los procesos de sedimentación continuos en una zona aislada y con efectos mínimos de factores externos (erosivos e hídricos) que se dan allí”, indica la magíster en Geología.

 






lunes, 6 de marzo de 2023

Amazon financia proyecto académico en el páramo de Chingaza

 Los 171.000 millones de pesos donados por la corporación estadounidense Amazon se destinarán a la capacitación de la comunidad en temas de gobernanza del agua, en el diseño de instrumentos que incentiven la conservación de los bosques y en la promoción del ecoturismo en el Parque Nacional Natural Chingaza.

Los recursos serán administrados por la Alianza WEF (Agua, Energía, Alimentos) Nexus Colombia – Estados Unidos, conformada por la Universidad Estatal de Pensilvania, el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo - América Latina (SEI), la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y las Universidades Jorge Tadeo Lozano y Javeriana.

El profesor Sergio Alonso Orrego, director Nacional de Extensión, Innovación y Propiedad Intelectual de la UNAL, dijo que “la Institución participará en este proyecto a través de la vinculación de profesores en temas académicos específicos”.

Los páramos son considerados como fábricas de agua naturales, y el de Chingaza alimenta microcuencas que desembocan en los ríos Meta y Bogotá, a través de los afluentes Teusacá y Siecha.

Además se encuentran los embalses Sisga, Tominé, San Rafael y Chuza. Los dos últimos pertenecen al sistema Chingaza, que provee el 80 % del agua para Bogotá y municipios de la Sabana como Soacha, Mosquera y Funza y juega un papel importante en la producción de energía.

A través del proyecto del páramo de Chingaza, la Alianza tiene como objetivo mejorar la planificación futura considerando varios factores, entre ellos los efectos del uso del suelo en la capacidad del páramo para suministrar agua potable a la cuenca del río Bogotá.

El enfoque innovador del proyecto aportará información valiosa sobre los desafíos que enfrentan las comunidades y sobre las posibles soluciones que pueden implementar los decisores en un futuro no muy lejano.

Siela Maximova, directora para América Latina y el Caribe de Penn State Global y profesora-investigadora en biotecnología vegetal, resaltó que “la Alianza WEF Nexus es un importante ejemplo de lo que podemos hacer cuando acordamos un objetivo común y unimos esfuerzos para entender los complejos desafíos asociados con los sistemas de agua, energía y alimentos. Este proyecto es un sitio de investigación esencial para la seguridad hídrica”.

Por otro lado, Brian Huseman, vicepresidente de Políticas Públicas de Amazon, indicó que “en todas las comunidades donde operamos nos esforzamos no solo por ser un gran empleador, sino también un gran vecino, y eso significa invertir en iniciativas de sostenibilidad local. El acceso a agua limpia es esencial, y es por eso que estamos invirtiendo para proteger el medioambiente de las personas y comunidades a las que servimos”.


David Purkey, director del SEI para América Latina, agregó que “este proyecto brinda un laboratorio de aprendizaje crucial para impulsar la gestión sostenible de los ecosistemas de páramo en Colombia y en los Andes del norte, donde estos ecosistemas dominan cuencas fluviales significativas y se constituyen en fuente vital de suministro de agua para las poblaciones aguas abajo”.

Yesica Rodríguez, investigadora del SEI para América Latina explica que “en esta zona hay una alta concentración demográfica y socioeconómica, lo cual hace que haya una demanda alta de agua potable y por lo tanto se deba recurrir a fuentes de abastecimiento alternativas como el páramo de Chingaza”.

“Este ecosistema alberga más de 2.000 campesinos y cuenta con una amplia riqueza en biodiversidad, lo cual hace que se ahonde en la investigación para poder entender el ecosistema y así realizar una gestión más integral y sostenible de los recursos existentes allí”.

“Por lo tanto, el año pasado la Alianza WEF trabajó en la propuesta del páramo Chingaza, con el fin de entender el componente del agua del páramo, la cual se realizará a través de una modelación hidrológica de los procesos biofísicos del páramo y de sus procesos de demanda asociados con la asignación de agua”.

Por último, la investigadora resaltó que “se busca entender la relación entre la comunidad y el ecosistema según las actividades económicas que se desarrollan en este ecosistema”.







miércoles, 10 de agosto de 2022

Felinos: en el centro del Plan de Manejo que se diseña para el Páramo del Almorzadero

Por medio de huellas, excretas y trampas cámara, entre otras evidencias, además de la realización de encuestas a habitantes y grupos de la región, se construyó un inventario de la población de felinos en esta área del municipio de El Cerrito (Norte de Santander). El objetivo es establecer espacios científicos y culturales que generen procesos de apropiación del conocimiento de la naturaleza y de la problemática ambiental de la zona.

La investigación, liderada por la profesora Yaneth Muñoz Saba, del Grupo de Investigación en Evolución y Ecología de Fauna Tropical de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), busca “generar conciencia sobre la importancia de cuidar este tipo de ecosistemas naturales, tan importantes para la vida y el desarrollo de la fauna local, entendiendo y dialogando desde todos los sectores acerca del porqué se han producido daños ambientales y qué planes se pueden implementar para mejorar su manejo”.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en el Páramo de Almorzadero se registran 26 especies de plantas, 18 de las cuales están en peligro; allí también habitan el 58 % de los mamíferos de páramo del país y el 30 % de las especies de aves que tienen estos ecosistemas, por lo que representa un importante patrimonio natural para la nación.

La iniciativa de la UNAL nace de una problemática que empezó a surgir en este lugar: la caza de ovejas y cabras, aparentemente por parte de felinos, situación que llamó la atención de los habitantes del lugar, quienes contactaron a la profesora Muñoz para que les ayudara a entender lo que estaba ocurriendo.

“Planteamos un plan de manejo para estos animales, a partir de la evidencia que pudiéramos encontrar en la zona y del trabajo con la comunidad, si no se trabaja con la comunidad las estrategias no sirven”, asegura la investigadora.

Añade que “el proceso ha sido lento, ya que los momentos más importantes son los que se adelantan en campo, y tener que alejarse, aún con todas las redes y tecnologías disponibles, no es lo mismo”.

Sin embargo, indica que “se ha ido avanzando y se espera construir un plan de manejo que considere no solo a los felinos como la problemática principal, sino que vea de manera integral por qué actúan de esta manera, entendiendo los daños ambientales que los seres humanos están generando en su hábitat”.

Pensar y sentir desde lo felino

Para la experta es determinante que las personas se pongan en la situación de los felinos de la zona, “solo así podremos entender lo que está sucediendo, sensibilizándonos como humanos con lo que tienen que vivir estos animales, y con el daño que producen prácticas como la tala de árboles en la zona”.

“Las estrategias se deben crear desde la comunidad, construyendo un circulo de reflexión que lleve a las personas a preguntarse cosas como ¿si yo fuera un felino cómo actuaría?, para que niños desde los 4 años hasta personas de la tercera edad se pongan en el lugar de esta fauna silvestre, que por alguna razón ha tenido que buscar fuentes alternativas de alimento”.

“Una parte muy importante de este proceso ha sido la ayuda del profesor Edmon Castell, profesor de la Facultad de Artes de la UNAL, cuyo trabajo conjunto nos ha llevado a cuestionarnos estas problemáticas no solo desde lo técnico y descriptivo de la biología, sino también desde lo humano, histórico y social”, asegura la docente.

Y añade que “esta arista es la primera que se debe evaluar, ya que es una problemática que no empezó ayer sino que lleva 40 años o más produciéndose, por lo que es esencial entender, por ejemplo, cómo vivieron antiguos pobladores y cómo trataron estas tierras, además del desarrollo que han tenido”.

El Plan de Manejo está en construcción, y en él se plantearán estrategias para cuidar y preservar la flora y la fauna de la región, buscando que en la población surjan líderes que se apropien del conocimiento.

La académica asegura que “se trata de una semilla que plantamos desde la infancia, para que, como se dice tradicionalmente, enseñemos la jota de jaguar en vez de la de jirafa, dándole visibilidad a la riqueza y realidad natural de nuestro país”.

Los aportes de la profesora Muñoz se dieron en el programa Naturalmente, producido por el profesor Jaime Aguirre, del Instituto de Ciencias Naturales, el cual se emite por Radio UNAL.