jueves, 4 de abril de 2024

Investigadores abordan riesgos zoonóticos en carne de monte, dieta tradicional en los Llanos Orientales

 Animales silvestres como chigüiros, iguanas, patos y hasta serpientes son usados como alimento en la Orinoquia, un comportamiento que forma parte de la cultura de caza y dieta habitual en varias regiones apartadas del país, pero que por tratarse de fauna nativa –de la que no se controla su salud, dieta ni higiene–, representa un riesgo para la seguridad alimentaria, además de las alteraciones en el ecosistema. Por eso es esencial generar información que fortalezca las estrategias de vigilancia epidemiológica de la región, y para ello un grupo de biólogos indaga sobre los virus y parásitos de estas especies que puedan enfermar a los humanos.

Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y la Universidad Internacional del Trópico Americano (Unitrópico) en Yopal (Casanare) desarrollan un proyecto para identificar los agentes zoonóticos (microorganismos que puedan transmitirse de los animales al ser humano y enfermarlos) presentes en la “carne de monte”, como se le conoce popularmente a estos alimentos.

El trabajo, liderado por los docentes Lady Correa e Óscar Rodríguez, de Unitrópico, tiene como objetivo principal identificar virus y parásitos en muestras de los animales silvestres que consume la comunidad, recogidas en áreas rurales de Yopal y Paz de Ariporo. Entre los animales cazados, y de los que se han tomado muestras, se encuentran mamíferos como chigüiros, armadillos y zarigüeyas o “chuchas”; reptiles como iguanas, tortugas, boa güio y babillas; y aves silvestres como garzas y patos “pelones”.

La profesora Nubia Matta, líder del grupo de Investigación Caracterización Genética e Inmunología de la UNAL, señala que “buscamos identificar parásitos y virus tan peligrosos para el ser humano como la influenza, bacterias como Leptospira y parásitos sanguíneos como Plasmodium, que comúnmente son portadas por aves y mamíferos silvestres; queremos identificar cuáles pueden estar provocando enfermedades por zoonosis en la región, y de qué tipo”.

“Luego de tomar las muestras de sangre, cloacales e hisopados orofaríngeos (secreciones nasales), las analizamos en laboratorio; aunque varios de estos estudios toman más tiempo que otros, en los hallazgos preliminares, en la sangre de zarigüeyas y chigüiros encontramos parásitos como tripanosomas, y en iguanas hallamos parásitos asociados con la malaria”, destaca la experta. Estos resultados subrayan la necesidad de continuar monitoreando y comprendiendo los riesgos de salud asociados con las prácticas alimentarias en los Llanos Orientales.

El proyecto no solo busca identificar los riesgos asociados con la manipulación de fauna silvestre, sino que también involucra a la comunidad y estudiantes universitarios en la toma de muestras y análisis, contribuyendo así al desarrollo científico local y fortaleciendo las capacidades de investigación en la región.

La profesora Matta menciona que “además se busca crear conciencia entre las comunidades locales sobre los riesgos para la salud asociados con la caza, la manipulación y el consumo de carne silvestre, por lo que los primeros hallazgos arrojan luces para futuras investigaciones e implementación de medidas preventivas en la región; también esperamos que los resultados finales del estudio sirvan como una herramienta educativa para promover prácticas alimentarias más seguras y sostenibles en la región”.

Además, la colaboración entre instituciones académicas y entidades gubernamentales es fundamental para garantizar la salud pública y el bienestar de las comunidades rurales en toda la región de la Orinoquia.

Enfoque crucial para la salud pública

En la lucha de las enfermedades zoonóticas, la vigilancia y el control de epidemias emerge como un pilar fundamental para la salud pública. Es común el estudio de enfermedades tropicales transmitidas por picaduras de insectos, como dengue, malaria, chagas, entre otras, y una de las grandes alertas es su rápida y elevada transmisión; en este sentido, la vigilancia de microorganismos ha estado enfocada en agentes de común aparición, por eso es necesario analizar otros agentes que puedan provocar zoonosis en los humanos.

La extensa zona rural del Casanare, su gran biodiversidad, las costumbres y hábitos de sus pobladores –como la caza y el tráfico de animales– condicionan la presencia de organismos potencialmente infecciosos para el ser humano, de los cuales hasta el momento existe poca información e investigación.

De hecho, según un estudio previo de la Universidad de La Salle, realizado en Paz de Ariporo, las garrapatas presentes en chigüiros pueden transmitir enfermedades rickettsiales a los humanos, como neumonitis intersticial, miopericarditis (trastornos del corazón y vasos sanguíneos), lesiones cutáneas, meningitis linfocitaria, así como afectaciones hepáticas, renales y gastrointestinales, lo que sustenta la importancia de estudiar los riesgos asociados al cazar y manipular la “carne de monte”.

Esta investigación fue una de las ganadoras de la convocatoria del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) que busca promover la investigación, el conocimiento y desarrollo de capacidades regionales. Además es financiado con recursos del Sistema General de Regalías en colaboración con el departamento de Casanare.






miércoles, 3 de abril de 2024

La energía nuclear está creciendo en el mundo y Colombia aún no está preparada

 Aunque desde hace 60 años en Colombia hay un reactor nuclear para labores de investigación, su funcionamiento es desconocido, y de hecho el rol que puede jugar esta energía en el país también, un campo que ha vuelto a estar en auge en el mundo y que a futuro podría traer un amplio desarrollo de radiofármacos (compuestos para diagnóstico y tratamiento de enfermedades), además de abastecer de electricidad a todas las regiones y disminuir la huella de carbono y su contaminación.

En 2012, mediante el Decreto 0381, el Gobierno nacional le asignó al Ministerio de Minas y Energía la competencia para adoptar la Política Nacional de Energía Nuclear y Materiales Radioactivos; sin embargo hoy no existe tal política, y hasta este año se llevará al Congreso la propuesta para generarla, teniendo en cuenta las necesidades energéticas del país: en donde el carbón va de salida, hay problemas con las reservas de gas, y es complejo seguir dependiendo de la energía hidroeléctrica cuando hay fenómenos ambientales como El Niño.

Por otro lado, desde la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín se está pensando en abrir un posgrado en reactores nucleares, un campo que, como asegura el profesor David Galeano, de la Facultad de Minas, dará de qué hablar en Colombia, y en el cual es de vital importancia tener profesionales que puedan atender la demanda de un campo que está en el olvido, aunque desde 1965 tiene un reactor en el corazón de Bogotá.

¿Pero qué es la energía nuclear? En una emisión del programa de ABC, de Periódico UNAL, el profesor Galeano aseguró que esta se produce cuando se rompe el núcleo del uranio, más específicamente de su isótopo 235, que es una variación de su masa y propiedades físicas, pero con la misma composición química; cuando se produce este quiebre se libera calor que es transferido a una fuente de agua que mueve una turbina y genera electricidad.

Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), actualmente hay más de 400 reactores de potencia nuclear en más de 30 países, que suministran aproximadamente el 11 % de la electricidad mundial; y además de no producir gases de efecto invernadero, tiene múltiples usos que no solo benefician el medioambiente y la economía del mundo, sino también la vida cotidiana de las personas.

El profesor Galeano explica que esta energía tendrá muchos usos, entre ellos el “hidrógeno rosa”, que se refiere a producir hidrógeno a partir de reactores nucleares y que serviría para alimentar la pila de combustible de los carros eléctricos; para los llamados distritos térmicos, zonas en las que no se vende la energía sino el calor que desprende, para procesos industriales; la desalinización del agua del mar, el reemplazo de la quema de carbón, y la ciencia y tecnología nuclear para temas médicos, geológicos e hidrológicos.

Los residuos y la seguridad, aspectos que generan dudas

“Lo que sale de los reactores es agua en forma de vapor; por lo que allí no hay radiación, esta queda contenida en el núcleo. Por otra parte, en estas zonas los residuos se manejan de manera eficiente, pues no es un problema de volumen, por ejemplo si tomáramos todos los desechos que se han producido desde la década del 40 –cuando inició el auge de este tipo de energía–, podríamos llenar una cancha de fútbol americano”, indica.

“Aunque existen diversos mitos en torno a la energía nuclear, contrario a lo que se cree, los residuos nucleares no explotan, pues no es físicamente posible, y el 96 % de estos residuos se reciclan para otros procesos, tanto del mismo reactor como de otras labores, por lo que contamina menos y no ocupa tanto espacio; no obstante, hay un porcentaje de plantas nucleares que aún deben implementar un sistema para que solo salga vapor.

Se estima que la próxima generación de centrales nucleares –también llamados reactores avanzados innovadores–, generará muchos menos desechos que los actuales. Su construcción se prevé para el 2030, teniendo en cuenta los desafíos que se enfrentan en el mundo en el tema ambiental, y lo que se proyecta para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Como indica el experto, el desastre de Chernobyl se dio ya hace muchos años y fue debido a problemas de diseño y operativos, y un pésimo manejo del accidente. Además ocurrió en los años 60, y desde ese momento este campo ha avanzado mucho. La energía nuclear no es sinónimo de armamento nuclear, pues para producir una bomba se necesita una composición de hasta 90 % de uranio, y las plantas trabajan con máximo un 4 %.

“Colombia no se quedará sin uranio, pero sí sin combustibles fósiles, que tienen una presencia marcada en zonas como el Medio Oriente o Venezuela; este metal está ampliamente distribuido en el territorio nacional, en 2012 se habían decretado unas 20 millones de hectáreas como reserva estratégica, pero hace falta más investigación y planeación para estar a la par de países latinoamericanos como Argentina, Brasil y México, que ya tienen plantas operando”, concluye el experto.






martes, 2 de abril de 2024

ADECUACIÓN DE SENDEROS Y ACOMPAÑAMIENTO A COMUNIDADES, ENTRE LAS ESTRATEGIAS.

 CVC FORTALECE TURISMO DE NATURALEZA EN EL DRMI RUT NATIVOS

Es toda una alternativa que prioriza actividades de contacto con la naturaleza, el paisaje y la biodiversidad. 

“Adrenalina nativa”, “Consciencia nativa” y “Ruralidad nativa” hacen parte de las rutas definidas en el marco del proceso de fortalecimiento al turismo de naturaleza, que la CVC adelanta en el Distrito Regional de Manejo Integral (DRMI) RUT Nativos.

 Cada una de estas rutas comprende diversas actividades, que van desde la adecuación de senderos e instalación de puntos ecológicos, hasta el acompañamiento en procesos de formalización empresarial a los diferentes actores de la cadena de turismo de naturaleza.

De acuerdo con Leonardo Fabio Pérez, profesional de la DAR BRUT de la CVC, se adecuaron senderos ecoturísticos en los atractivos “Sendero de la cueva del duende”, “Sendero ecológico La Playa”, “Sendero Los Pailones” y en la Reserva Natural Villa Juliana.

 También se adecuaron senderos y espacios dedicados a la educación ambiental en la Escuela Agroecológica El Rincón del Oso; en la finca agroecológica El Milagro; en la finca Las Palmeras; el parque escuela Pacha Mama; en el trapiche panelero Finca Estambul y en la Finca museo El Recreo. 

Las mejoras incluyeron la instalación de puntos ecológicos para la disposición de residuos sólidos en los voladeros “Aguapanela” “La Unión” y “Los Tanques”


Con este proyecto, se espera masificar el turismo de naturaleza en los municipios de Roldanillo, La Unión y Toro, con una variada oferta de atractivos turísticos que le den valor al territorio, promuevan su conservación y garanticen la sostenibilidad de la biodiversidad. 




lunes, 1 de abril de 2024

Es posible estimar cómo se comportará un deslizamiento y prevenir tragedias.

 Datos de la avenida torrencial ocurrida en Mocoa (Putumayo) en 2017, que implicó un poco más de 500 movimientos en masa, permitieron estimar –mediante dos metodologías– el nivel de amenaza en zonas específicas según la propagación que tendrían los deslizamientos de tierra superficiales. Esta información, que ya se aprovecha en otros países del mundo, se podría considerar aquí para mitigar con mayor efectividad el riesgo, elaborar mejores planes de ordenamiento territorial y proyectar adecuadamente una infraestructura segura.


Colombia es uno de los territorios con mayor amenaza por deslizamientos, con una probabilidad de media a alta “por su ubicación en el norte de América del Sur, una zona con un paisaje accidentado, lleno de montañas, con un clima tropical húmedo y patrones complejos de precipitación o lluvia”, explica Johnnatan Arley Palacio Córdoba, magíster en Ingeniería - Geotécnica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Y aunque los movimientos en masa suelen iniciar en las partes altas de las montañas, su afectación a la población e infraestructura se da en las zonas bajas, luego de su propagación.

“Justamente en eso nos enfocamos: en determinar los parámetros y la información que se debe tener en cuenta para modelar la propagación de deslizamientos, concretamente en los detonados por lluvia, que son los más frecuentes, para estimar cómo, por dónde y a qué velocidad podrían desplazarse, información de vital importancia en la planificación territorial”.

Para esto el magíster trabajó con datos obtenidos de la avenida torrencial ocurrida en 2017 en la capital de Putumayo, donde ocurrieron más de 500 deslizamientos en un área de cerca de 40 km2.

“Trabajamos con dos modelos utilizados en otras zonas como los Alpes europeos, pero que se han empleado poco en geografías y climas tropicales como el nuestro. Para todo ello conté con la asesoría de los profesores Edier Aristizábal y Óscar Echeverri, y también del profesor Martín Mergili, de Austria”, anota.

Analizando lo ocurrido en Mocoa, el investigador Palacio estimó los rangos de los parámetros necesarios para cada modelo. “Así, para el más sencillo, llamado Flow-R, se determinó que, en caso de desprenderse suelo desde un área susceptible, el material podría modelarse con una velocidad máxima de 10 m/seg; entre 2 y 4 el rango que representa cómo se dispersa (pues este no se desplaza en línea recta), y 15 grados el ángulo mínimo entre en material deslizado y el depósito”, añade.

Para el modelo más complejo –conocido como r.avaflow– se establecieron algunas características físicas del material que se desprendió, y se estimó la fricción basal: “esta podemos entenderla imaginando dos esferas, una que baja rodando por un vidrio inclinado, a una alta velocidad y con poca fricción entre las superficies, y otra que baja por una pendiente de tierra y materiales diversos, moviéndose con mayor dificultad y fricción. La esfera se moverá en función de las características de cada superficie y de su propio material. Así estimamos, por ejemplo, si el movimiento en masa se detendrá en un punto o continuará. Para este modelo en específico es recomendable usar la fricción basal igual a la fricción del material que se desplaza”.

Así comprobó que con cada modelo es posible determinar la probabilidad mínima de afectación en una zona. El primero muestra gráficamente unas manchas de distintos colores, simbolizando una afectación que va del 0 al 100 %.

“Partiendo de esto definimos unos umbrales: todo lo que se encuentre bajo un 25 % se puede considerar con una afectación mínima, y lo que se encuentre por encima podrían como zonas que se verían afectadas. Sin embargo, los daños siempre deprenderán de los elementos expuestos como vías, viviendas, edificios o infraestructura vial”.

El segundo, por su parte, estima la altura del suelo que se podría depositar, la velocidad y la presión de impacto. “A partir de este modelo definimos que las zonas susceptibles son aquellas cubiertas por un depósito mayor a 50 cm, mientras aquellas cubiertas con depósitos menores no se consideran con gran afectación”.

Según el investigador, ambos modelos serían cruciales para la gestión del riesgo. Con base en sus estimaciones se podrían elaborar planes de ordenamiento territorial, regular la expansión urbana, proyectar grandes estructuras en lugares seguros, y construir muros de contención o similares para evitar tragedias.



 



jueves, 21 de marzo de 2024

Páramo de La Cortadera tiene partes que ya no capturan la misma cantidad de carbono

 Este ecosistema, ubicado a 45 minutos de Tunja y colindante con los municipios de Toca, Pesca, Rondón, Viracachá y Siachoque (Boyacá), afronta disminuciones en su capacidad para capturar carbono orgánico, fundamental en la disminución de gases de efecto invernadero (GEI) y que contribuye a tener suelos con más nutrientes. Un estudio reciente evidenció que mientras algunas zonas del páramo secuestran hasta 370 toneladas por hectárea, otras solo pueden almacenar entre 10 y 20 ton/ha.

Los páramos son por excelencia lugares estratégicos para el medioambiente y para la vida humana, pues son la fuente de agua para millones de personas del país, y además son espacios que contrarrestan el impacto del cambio climático, las altas temperaturas y el efecto de los GEI en la atmósfera. Con un área cercana a los 3 millones de hectáreas, Colombia posee el 50 % de los páramos del mundo, y además existen 37 complejos biogeográficos que se distribuyen por las cordilleras, la Sierra Nevada de Santa Marta y el Nudo de los Pastos.

Aunque dichos ecosistemas están delimitados según las zonas que los componen, todavía hay un tema que no está del todo claro, y son las zonas en que pueden captar o no mayor cantidad de carbono orgánico, lo que representa un beneficio para toda la vegetación y la vida del lugar, pues las plantas crecen con nutrientes necesarios como nitrógeno, fósforo y azufre, los suelos están más compactos y se retiene una mayor cantidad de agua.

Por esta razón, el investigador Pablo César Serrano Agudelo, magíster en Geomática de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), realizó una predicción de cuánto carbono orgánico había por hectárea en el páramo La Cortadera, para lo cual utilizó bases de datos gratuitas de sensores remotos que tienen imágenes satelitales del lugar, además de muestras de suelo recolectadas y proporcionadas por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), y algoritmos de machine learning.

Para evaluar la zona de páramo, con el software de programación Python se analizaron al menos 800.000 pixeles en 27 variables de análisis, entre ellas topografía, temperatura, modelo digital de elevación y diversos índices recopilados en los sensores remotos que registraban el estado del terreno.

“Las zonas con mayor contenido de carbono son aquellas que han sido menos intervenidas, esto quiere decir que no tienen tantas hectáreas dedicadas a cultivos o con otros usos de los suelos; estas fueron las que registraron valores de captura de carbono en un rango entre 10 y 20 toneladas, en especial en una frontera agrícola con Toca”, asegura el magíster, cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Luis Joel Martínez, del Departamento de Agronomía de la UNAL.

Las muestras proporcionadas por la UPTC fueron 169, distribuidas en dos categorías: la primera con muestras tomadas a una profundidad entre 0 y 15 cm, y la segunda de 15 a 30 cm; ambos grupos ya tenían todos los análisis fisicoquímicos para determinar su composición y el nivel de  concentración de carbonos orgánicos, aportando a los datos de los sensores Sentinel 1, Sentinel 2, y plataformas como WorldClim.

El investigador asegura que “este estudio ayuda a que la delimitación de los páramos se haga de manera estratégica, teniendo en cuenta las zonas que no deberían ser intervenidas, y evidenciando que se tienen alturas por encima de los 3.000 msnm que son puntos de protección y conservación, pero hay cultivos e intervención humana que dificultan la estimación del carbono capturado por estos ecosistemas”.

En este contexto, la Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá) indicó hace algunos años que los páramos de esta región serían los primeros en los que se implementen los “bonos de carbono”, un método de compensación para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, adquiridos por los países y empresas que más los producen y en los que es clave determinar qué zonas tienen más pronunciada esta problemática.

Gracias a la IA y al machine learning, dos algoritmos, uno de bosques aleatorios y otro de redes neuronales artificiales, predijeron hasta en un 65 y 70 % la captura por hectárea y zona del páramo de La Cortadera. Estos valores son equivalentes a los registrados en investigaciones anteriores en otros páramos, por lo que los resultados son prometedores y sientan un punto de partida para futuros proyectos y para diseñar políticas públicas mejor enfocadas.

Por último, el magíster asegura que “en otros ecosistemas de este tipo se han registrado valores de captura de hasta 700 ton/ha, por lo que se necesitan más estudios que clasifiquen las zonas en donde se ha perdido esta capacidad”.





miércoles, 20 de marzo de 2024

Museo de Historia Natural de la UNAL, patrimonio ambiental

 El Museo de Historia Natural (MHN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), reconocido por el Ministerio de Cultura y certificado como “Centro de Ciencia” por el Ministerio de Ciencias, ofrece una experiencia educativa y recreativa a través de sus 9 salas y cerca de 600 m2 de exposiciones, en las cuales se exhiben más de 200 especies de fauna y flora colombiana. El recorrido muestra las interacciones de los primeros pobladores humanos con la naturaleza y también ofrece una experiencia virtual mediante un Museo en la web, complementario al museo físico, permitiendo un acceso más amplio a su oferta educativa.


Fundado en 1938, el MHN es una entidad dedicada a divulgar la riqueza de la biodiversidad colombiana al público en general. A diferencia del Instituto de Ciencias Naturales (ICN), enfocado en generar conocimiento científico para apoyar las decisiones de política pública ambiental, el Museo busca hacer asequible este conocimiento a todos las personas de la sociedad, por eso desde 2000 opera como una unidad de extensión de la Universidad.






Ubicado en el edificio del ICN, dentro del campus, el Museo promueve la educación formal e informal a través de visitas guiadas, talleres y charlas orientadas a enriquecer el conocimiento sobre biodiversidad. Además los sábados ofrece una agenda académica con temas específicos como la importancia de los hongos o el papel de las mujeres en las ciencias, y actividades recreativas enfocadas en el aprendizaje desde la lúdica sobre temas específicos como el camuflaje y el mimetismo en la naturaleza.

La mayoría de las colecciones del Museo, registradas ante el Ministerio de Ambiente y el Servicio Geológico Colombiano, constan de especímenes colombianos que incluyen piezas históricas provenientes del Museo Nacional de Colombia.

A diferencia de las colecciones científicas, pensadas para la investigación básica, el Museo de Historia Natural de la UNAL trata colecciones museológicas enfocadas en la educación.

Su horario para el público es de lunes a viernes de las 8:00 a. m. a las 5:00 p. m. y los sábados de 9:00 a. m. a 12:00 m.

 


martes, 19 de marzo de 2024

Bacterias amazónicas, protagonistas de la riqueza de nutrientes en sus suelos

 El mundo de las bacterias en la Amazonia es un campo desconocido y emergente, que es la base de las chagras de resguardos indígenas y de la gran abundancia de árboles presente en los bosques. Allí se realizó la primera caracterización de microorganismos y se encontraron 22 cepas diferentes que pueden fijar en los suelos altas concentraciones de nitrógeno, fosfato y potasio, lo que ayuda en el crecimiento de cultivos como la yuca, incluso en condiciones desfavorables y falta de nutrientes.

La Amazonia colombiana se caracteriza por sus suelos con alta acidez, y que, por el paso del tiempo y los climas cálidos y húmedos, ha perdido fertilidad, pues la materia orgánica se descompone rápidamente y pierde sus propiedades químicas, con procesos como la lixiviación, que se refiere a las lluvias intensas, o los prolongados riegos en la agricultura, que desplazan los nutrientes hacia capas de la tierra más profundas y difíciles de alcanzar.

A pesar de las condiciones adversas en los suelos de esta región selvática del país, las chagras –cultivos indígenas tradicionales que sirven como estrategia para su soberanía alimentaria–, que se especializan en alimentos como la yuca, el ñame, la batata, el fríjol o la piña, han subsistido a lo largo del tiempo; de hecho, esto también se observa en la gran diversidad de árboles, arbustos y demás especies vegetales de la zona.

La respuesta está en los microorganismos que habitan estos suelos, en especial las bacterias, que son el intermediario perfecto para los nutrientes que necesitan las plantas. Aunque su abundancia en la región es invaluable, hasta el momento se han estudiado muy poco, lo que ha generado un vacío para entender por qué fijan nitrógeno, fósforo o potasio en los cultivos.

El investigador Michael Stiven Granados Álvarez, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con la guía de la profesora Jimena Sánchez Nieves, del Departamento de Biología, realizó una de las primeras caracterizaciones de las comunidades bacterianas amazónicas, en una zona que antes era de difícil acceso por el conflicto armado, y para su sorpresa encontró 22 especies –que podrían ser muchas más, pues algunas no se pueden cultivar en laboratorio–, con un enorme potencial para que los cultivos de todo el país se beneficien de su resistencia a suelos ácidos y de baja fertilidad.

La zona de muestreo fue Araracuara, en la frontera Amazonas-Caquetá, en la que se encuentra el Resguardo Indígena Andoke de Aduche, de la comunidad andoke (gente del hacha), que sufrió las consecuencias del genocidio de la casa Arana en torno al caucho. Allí se tomaron muestras de suelo en las inmediaciones del río Yarí, en una parte del bosque profundo que no ha sido intervenido, y también en las chagras.

El proyecto tuvo dos fases: en la primera se realizó la caracterización de las muestras, que eran de suelo rizosférico, o sea que está alrededor de las raíces de las plantas. Allí, por medio de aislamientos específicos de cada bacteria, del conteo de sus unidades formadoras de colonia, y de  aplicar técnicas de secuenciación genética, se encontró que los géneros más frecuentes en las dos zonas eran KlebsiellaPseudomonas y Bacillus.

“En la segunda fase el interés fue determinar la capacidad de estas bacterias para fijar en los suelos nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio, que le brindan el entorno perfecto a las plantas para crecer sin ningún problema; esto se hizo mediante colorimetría, en medios de cultivo específicos que hacían que los microorganismos reaccionaran a las condiciones y dejaran los nutrientes a disposición de las plantas”, explica el experto.

La idea de este método es que en los cultivos de cada cepa haya un cambio de color, entre tonalidades amarillas o grises, lo que indica que solubilizaban (para los científicos, “producir un compuesto de interés”), es decir lo que se esperaba.

En el caso del nitrógeno, entre las que mostraron un mejor desempeño están: Pseudomonas aeruginosaK. pneumoniae y K. oxytoca; para el fosfato, Pseudomonas putidaK. pneumoniae y K. oxytoca; y para el potasio Bacillus subtilisPseudomonas aeruginosa y K. oxytoca.

Además se evaluó si producían una fitohormona llamada ácido indolacético, que ayuda en la fijación de hierro y aporta en la nutrición vegetal, y se encontró que todas las bacterias fueron capaces de producirla.

“Este es un trabajo pionero que aún necesita de mayor investigación, pero que ya muestra resultados importantes en cuanto a las bacterias que ayudan en el crecimiento vegetal de la Amazonia, lo cual ayudaría en los cultivos de otras regiones del país con condiciones similares. Por otro lado, falta estudiar más a fondo las cepas que son de preocupación clínica y que se encontraron tanto en la selva como en las chagras”, indica.

 





jueves, 7 de marzo de 2024

Registran una manada de marimondas del Magdalena que están en riesgo de extinción

 Después de un año de monitoreo con cámaras-trampa en las Reservas Naturales de la Sociedad Civil La Nacional y Nueva Delhi, ubicadas en la Serranía de Perijá, biólogos registraron una manada de 10 monos araña (Ateles hybridus), también llamados marimondas del Magdalena o choibos, un hallazgo significativo si se tiene en cuenta que este primate no muy pequeño, con una cola prensil muy larga que utiliza como un quinto brazo para trasladarse, está en peligro crítico de extinción, es decir que su población está reducida en el país y amenaza con desaparecer.

Desde 2023 la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz tiene acceso a dichas reservas –otrora refugio de grupos al margen de la ley– para estudiar su fauna. El ecólogo Joan Gastón Zamora Abrego, profesor de la Sede, afirma que “la especie A. hybridus se puede utilizar como indicadora del estado de conservación de ciertos hábitats por sus requerimientos para realizar sus procesos vitales, y además porque prefieren los lugares tranquilos”.

Por ejemplo las marimondas de Magdalena necesitan árboles de entre 20 y 30 m de altura, ya que es allí, en los doseles o copas, donde prácticamente realizan todas sus actividades: se trasladan de un sitio a otro, se alimentan de frutos maduros, hojas y pequeños artrópodos como hormigas, y hasta se “enamoran” cuando alcanzan la madurez sexual (entre los 3 y 5 años de edad), que les permite a las hembras gestar y parir una sola cría, cuya relación se extiende durante un año.

El trabajo coordinado por el profesor Zamora se adelantó en el pie de la Serranía del Perijá, entre los municipios de Becerril y Codazzi, en el centro de Cesar, una zona inexplorada por la ciencia. En las primeras visitas los docentes y estudiantes de la UNAL pudieron ver babillas, monos aulladores, tucanes, monos cara gris, marimondas, monos nocturnos, grandes felinos, zainos, venados y serpientes venenosas, lo que da cuenta del gran valor ambiental de la zona.


La manada de 10 monos araña se registró mediante cámaras instaladas a nivel del sotobosque (vegetación que crece en las zonas más próximas al suelo), cerca de un caño. “Los animales bajaron de las copas de los árboles para beber agua y jugar, tal vez comieron tierra, un comportamiento que suelen tener para neutralizar los componentes que tienen los frutos o las plantas”.

Pese al importante papel que juegan en los ecosistemas como dispersores de semillas, lo que ayuda a mantener la biodiversidad del bosque y garantizar la supervivencia de muchas otras especies de plantas y animales, el deterioro del hábitat de la marimonda del Magdalena, provocado especialmente por la ganadería extensiva y la deforestación, hace peligrar su existencia.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el Libro rojo de mamíferos de Colombia, dicha especie se encuentra en “estado crítico de extinción”, una de las tres categorías de amenazas de los animales; las otras son “vulnerable”, “en peligro de extinción” y esta, que significa que la especie está a punto de desaparecer, y en última instancia pasa a ser “extinto”.

El ecólogo Zamora recalca que “estos animales son muy sensibles a las perturbaciones externas o a la transformación de los ecosistemas, provocados por la tala de árboles –puesto que requieren áreas boscosas conectadas– y el cambio en el uso del suelo (bien sea por cultivos o ganadería); también los amenazan la cacería ilegal y el tráfico de especies”.

Otras especies encontradas

Además de la manada de monos araña, en las reservas La Nacional y Nueva Delhi los investigadores del Semillero de Investigación Kashinduka de la UNAL detectaron paujiles pico azul (Crax alberti),también en “peligro crítico”. Esta ave es autóctona del norte de Colombia, su distribución abarca tierras bajas (hasta 1.200 msnm), desde el valle medio del río Magdalena y el bajo Cauca, hasta la Sierra Nevada de Santa Marta.

“Su sensibilidad al cambio en las condiciones de hábitat deja ver que requiere grandes áreas de bosques tropicales para vivir, de ahí que su presencia o ausencia lo convierta en una especie indicadora del estado de conservación de los ecosistemas que son su hogar”, aseguró el profesor Zamora. Las cámaras-trampa también detectaron un jaguar, un puma y varios venados.

Ernesto Altahona, propietario de estas reservas naturales del Cesar, manifestó que “esto significa un antes y después, puesto que cambia la historia de la región. Demostramos que las reservas son sanas y aportan significativamente a la conservación del departamento”.

Cabe anotar que en una Reserva Natural de la Sociedad Civil se articulan y trabajan tanto la Universidad como la ⁠comunidad y los propietarios. La idea es que a futuro también se vinculen empresas y ONG como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).





















miércoles, 6 de marzo de 2024

Camiones y volquetas diésel, los que más están afectando calidad del aire en el Valle de Aburrá

 En un año estos vehículos emiten alrededor de 2.000 toneladas de material particulado (PM2,5) que van a la atmósfera; se trata de partículas tóxicas 100 veces más finas que un cabello humano, implicadas en la agudización de enfermedades como bronquitis y deficiencia cardiopulmonar. Por eso, aunque la medida de “pico y placa ambiental” reduciría el deterioro de la calidad del aire que afrontan Medellín y el Valle de Aburrá, controlando la emergencia, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) afirman que urge instaurar políticas públicas estructurales y de largo plazo.

Según el inventario de emisiones atmosféricas de 2022, elaborado por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, aunque los automóviles de uso común son la principal fuente de dióxido de carbono (CO2), solo emiten cerca de 100 toneladas de PM2,5 al año (t/año), mientras que los camiones emiten 1.281 t/año y las volquetas 894 t/año.

“Los vehículos más antiguos y que funcionan con diésel son la principal fuente de estas partículas, tan riesgosas cuando entran a nuestros pulmones que se han convertido en el principal indicador establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para monitorear la calidad del aire que respiramos”, explica la profesora Carmen Elena Zapata Sánchez, directora del Laboratorio de Calidad del Aire (Calaire) de la UNAL Sede Medellín.

Se estima que en 2022 circularon por el Valle de Aburrá más de 44.500 vehículos de carga y volquetas intermunicipales que llevan escombros, arena, tierra, piedras y otras materias primas para la construcción, y que suelen a recorrer hasta 72.000 kilómetros al año en promedio.

“Sin embargo hay un detalle adicional: estos son los vehículos registrados en esta área, pero por aquí también pasan camiones y volquetas de otras regiones. Para esos casos sería útil, como lo hemos propuesto, hacer control de emisiones y evaluar si dejarlos pasar o no”, afirma la académica.

Así mismo, más del 30 % de estos carros tienen más de 20 años, e incluso algunos más de 45. “Aunque ha habido renovación (la mayoría tiene menos de 16 años), sigue siendo el grupo más contaminante entre las fuentes móviles. De ahí la relevancia de implementar medidas como el “pico y placa ambiental”, aunque lleguen de forma tardía: desde hace semanas se sabía que los incendios forestales podrían tener influencia en la calidad del aire, porque también emiten PM2,5, y el año pasado tuvimos algunas estaciones en rojo (aire dañino para la salud)”, señala.

Más crítico hacia el sur

Según el histórico de mediciones de los últimos siete días, las estaciones de Itagüí, Envigado y La Estrella han registrado índices más altos de PM2,5. “Esto se podría entender a partir de las simulaciones que hicimos hace algunos años para seguir las trayectorias de masas de aire dentro del Valle de Aburrá, las cuales mostraron que en los límites entre Envigado y Medellín se  crea un efecto vórtice, y que como el sur es más frío que el centro, el aire suele estancarse allí”, añade María Camila Eguis Cuentas, magíster en Ingeniería - Recursos Hidráulicos de la UNAL Sede Medellín.

Esto se relaciona con las características topográficas del Valle de Aburrá: una depresión ubicada en la cordillera Central de los Andes cuyo eje principal es el río Medellín, o río Aburrá –de casi 60 km–, cercado por laderas que se elevan hasta 1 km, con una distancia que varía entre los 10 y los 20 km.

Hacia el sur hay más edificaciones, el Valle se estrecha y se produce un efecto tapón al que se le añaden vientos que ingresan en dirección contraria desde San Antonio de Prado.

Así mismo, la calidad del aire depende de la radiación solar que ha aumentado en todo el mundo propiciando la formación de niebla tóxica o esmog y otros contaminantes como el ozono y el dióxido de nitrógeno. “Aquí las estaciones de monitoreo casi nunca están en verde, por eso es importante seguir investigando y explorando medidas realmente efectivas, sin descuidar la incidencia de fuentes fijas como las industrias, que aportan hasta 161 t/año de PM2,5”, menciona la profesora Zapata.

Entre las principales recomendaciones para cuidar de su salud está usar tapabocas N95 si va a hacer deporte (caminar, trotar o montar en bicicleta), pues aunque este no filtra los gases, sí detiene algo de material particulado. “También sería ideal que los niños, adultos mayores, mujeres embarazadas o personas con comorbilidades no salgan antes de las 9:00 a. m., máxime si las estaciones de medición cercanas registran 35 microgramos por metro cúbico de PM2,5 o más, información que se puede consultar en la página web del Sistema de Alerta Temprana de Medellín”, finaliza la experta.






martes, 5 de marzo de 2024

Buscan determinar origen botánico de mieles del Valle del Cauca

 Utilizando metabarcoding –una prometedora herramienta para estudiar el ADN de gran variedad de especies–, una zootecnista trabaja en identificar las plantas de las que provienen las mieles recolectadas en los municipios vallecaucanos de Buga, Argelia, El cerrito, El Cairo, Caicedonia, Trujillo, Roldanillo, Calima, Restrepo, Palmira, Cali y Tuluá. El objetivo es que, así como el café, la miel también tenga una denominación de origen botánico que impulse la reputación del producto, y que de paso les permita a los apicultores de la región generar mejores ingresos.

La denominación de origen botánico se refiere al proceso mediante el cual se identifica y clasifica la miel según su procedencia geográfica, composición, método de producción u otras características específicas que la distinguen de otras mieles.

Así, cada colmena de abejas que existe desde Buenaventura (al nivel del mar) hasta los Farallones de Cali (a 3.000 msnm) resguarda una parte de la rica biodiversidad del Valle del Cauca, riqueza que la zootecnista Kelly Johana Quitián Sosa está decidida a identificar mediante herramientas genéticas, en el marco de su Maestría en Producción Animal y del Grupo de Investigación en Diversidad Biológica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

Entre los métodos que existen para realizar dicha denominación están la palinología y la melisopalinología. La primera es el estudio y la caracterización de los granos de polen presentes en la planta para luego hacer una relación de las plantas presentes en los apiarios; y la segunda es el estudio del grano de polen, pero suspendido en la miel. Con el metabarcoding se espera hacer una identificación más precisa de las especies vegetales del departamento, presentes en la muestra.

“Incluso la técnica permite trabajar con pequeñas cantidades, ya que proporciona una visión más completa de la diversidad floral asociada con la miel”, indica la zootecnista Quitián.

A diferencia de los métodos tradicionales, el metabarcoding utiliza información genética y, gracias a la automatización y a la alta capacidad de procesamiento, analiza múltiples muestras de manera simultánea y rápida, facilitando el procesamiento de grandes volúmenes de datos y aumentando la eficiencia del análisis.

En la actualidad, la zootecnista estandariza el protocolo en el Laboratorio de Biología Molecular de la UNAL Sede Palmira, ya que el metabarcoding también se aplica para plantas y microorganismos, uno de los pocos reportes alrededor de su implementación.

“Técnicas moleculares como esta nos permiten estudiar el material genético o ADN presente en el grano de polen suspendido en la miel, y con la metodología que he diseñado espero obtener información de las plantas visitadas por las abejas”, señala la zootecnista.


Las abejas obreras hacen el pecoreo, que es la práctica de extraer polen y néctar de las flores, y durante este emplean varios mecanismos para la elaboración final de la miel u otras sustancias derivadas. Para ello usan las corbículas, unas “canastas” ubicadas en el tercer par de patas, que es la parte ensanchada.

La investigadora señala que “así como el café ha representado a Colombia en el mundo, la miel tiene el gran potencial de convertirse en un emblema de calidad y sostenibilidad, gracias a la invaluable labor polinizadora de las abejas”. Sin embargo, la falta de una cultura arraigada de consumo de miel ha llevado a que su valor y variedad pasen desapercibidos en la mesa de los colombianos.

Dicho desconocimiento, además de limitar la productividad de los pequeños productores en el departamento, también se convierte en un riesgo si se considera que hasta el 80 % de las mieles en el país son adulteradas o falsificadas, lo que deja a los consumidores en la oscuridad sobre la verdadera naturaleza del producto que adquieren.

Gracias a su ubicación geográfica y diversidad de climas, el territorio colombiano produce miel a lo largo de todo el año. No obstante, la falta de estándares de calidad y de la rigurosidad necesaria en su proceso productivo han limitado su presencia en el mercado internacional.

A diferencia de países como Argentina, que lidera las exportaciones y en donde las estaciones marcan la pausa en la producción, Colombia tiene el potencial de convertirse en un referente global si supera la realidad de pequeños productores que luchan por mantenerse a flote en un escenario en donde el precio y no la calidad suele ser el factor determinante.