miércoles, 2 de marzo de 2022

Llamado internacional de académicos por incendios forestales

 Los incendios forestales aumentarán en un 50 % para el 2100 en el mundo y los gobiernos no están preparados para prevenir ni para mitigar este impacto ambiental.

Así lo advierte el informe “Spreading like Wildfire: The Rising Threat of Extraordinary Landscape Fires”, que contó con la participación de 50 expertos del mundo, entre los que se encuentran las investigadoras Dolors Armenteras, directora del Grupo de Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecomod) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y Tania González, doctora en Ciencias – Biología, quien forma parte del mismo equipo investigador.

Dicho informe, preparado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y GRID-Arendal (centro colaborador del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, ubicado en Arendal, Noruega), proyecta que el cambio climático y los cambios de uso de la tierra harán que los incendios forestales sean más frecuentes e intensos, con un aumento global de aquellos extremos de hasta el 14 % para 2030, el 30 % para fines de 2050 y del 50 % para fines de siglo.

El documento pide un cambio radical en el gasto público en incendios forestales en todo el mundo, modificando sus inversiones y la respuesta a la prevención y la preparación.

“Formar parte de este informe es el resultado de la investigación de calidad y el impacto internacional que se logra desde la universidad pública en Colombia. […] Este trabajo representa el aporte para una evaluación rápida de Naciones Unidas en torno a la amenaza de los incendios forestales sobre los paisajes del mundo”, señaló la profesora Armenteras.

Aseguró además que “no todos los fuegos son dañinos, dependen del contexto, del bioma y de las condiciones a las cuales está acostumbrada o no la vegetación, al manejo adecuado, y aunque es cierto que no todos se deben apagar o extinguir, aquellos que se convierten en incendios y se propagan por días o meses sí deben ser controlados de alguna forma para evitar mayores consecuencias”, asegura.

La publicación les pide a los Gobiernos del mundo que adopten una nueva “Fórmula lista para el fuego”, que sean dos tercios del gasto dedicados a la planificación, prevención, preparación y recuperación, con un tercio restante para la respuesta. Esto, teniendo en cuenta que actualmente las respuestas directas de extinción de incendios forestales suelen recibir más de la mitad de los gastos relacionados, mientras que la planificación y la prevención reciben menos del 1 %.

Para prevenir incendios, los autores piden combinar sistemas de monitoreo basados en datos y ciencia con conocimientos indígenas y una cooperación regional e internacional más fuerte.

En este punto, la profesora Armenteras destaca que es importante llevar a cabo la transferencia de conocimiento de prácticas existentes en los diferentes países, las cuales son herramientas clave para que en otros lugares del mundo sean adoptadas.

Cambian regímenes del fuego

Para la docente, la recopilación de evidencia científica muestra que en el mundo los regímenes de fuego se están transformando, por el cambio tanto climático, como de uso de la tierra y el poblacional, pero que esto depende mucho de la región.

Según el informe, en el mundo se presenta la alteración del ciclo global del carbono que va a emitir grandes cantidades de CO2 en la atmósfera y va a exacerbar el calentamiento global, y esto también impacta económicamente tanto a los individuos como a las comunidades.

Destaca además que la contaminación se incrementa por las partículas que se emiten a la atmósfera. Ni hablar de la pérdida de biodiversidad y el cambio de vegetación que en muchos casos no se recupera, llevando a muchas especies de fauna y flora a estar más cerca de la extinción.

También resalta que “los incendios contaminan los cuerpos de agua y alteran las cuencas hidrográficas y, entre otros impactos, aumenta la erosión del suelo cambiando su composición y sus nutrientes, afectando la cantidad y la calidad del agua porque deja de existir vegetación que ayude en este ciclo”.

Incendios y pobreza

En un aparte del informe se sugiere que los incendios forestales afectan desproporcionadamente a las naciones más pobres del mundo, pues su impacto se extiende durante días, semanas e incluso años después de que las llamas disminuyen y esto impide el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y profundiza las desigualdades sociales.

Los impactos van desde daños en la infraestructura y la salud de las personas (afectadas por el humo) hasta la degradación ambiental de ecosistemas terrestres y acuáticos. Además, después de los incendios se generan altísimos costos económicos de recuperación.

El caso de la Amazonia

“En la Amazonia el problema es la deforestación, la cual se realiza a través de la quema de bosques previamente talados y, en algunos casos, en lugares donde el bosque no se ha talado; si se dan ciertas condiciones secas, el fuego penetra, se expande más allá del área talada y se convierte en un mecanismo de degradación de los bosques”, menciona la doctora Armenteras.

Agrega que “también están en juego la falta de titulación de tierras, su especulación, las actividades ilícitas de extracción de madera, cultivos ilícitos, la ganadería extensiva, la falta de gobernanza y la falta de oportunidades económicas de la población”.

Partiendo de esto, considera que comprender mejor el comportamiento de los incendios forestales y mantener la gestión adaptativa de la tierra requiere de una combinación de políticas, un marco jurídico e incentivos que fomenten el uso adecuado de la tierra y, cuando corresponda, del fuego.








 

jueves, 24 de febrero de 2022

Cáscara de cacao, ideal como material industrial

 Las más de 5.000 toneladas de este subproducto, que se desperdician generando contaminación ambiental, se podrían aprovechar para fabricar materiales empleados en ingeniería, como un sustituto de la madera para diferentes accesorios o muebles.

Así lo corrobora un estudio del ingeniero de proyectos Jeison Alejandro Molano Pinzón, realizado para obtener su grado de la Maestría en Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el cual se advierte que solo el 33 % del cacao (Theobroma cacao)es aprovechado en productos alimenticios, farmacéuticos o cosméticos, mientras que el 67 % -correspondiente a la cáscara– no se trata debidamente, por lo que puede generar hongos y convertirse en foco de propagación que afecta a los cultivos y al ambiente.

En su tesis, “Uso de la cáscara de cacao como fuente primaria para la obtención de materiales aplicado a la ingeniería mediante el estudio de las propiedades mecánicas”, dirigida por la doctora Carolina María Sánchez Sáenz, realizó una serie de ensayos de laboratorio para evaluar propiedades clave de los materiales usados en ingeniería, como tensión, flexión, compresión e impacto.

El magíster señala que en la documentación recopilada ya se ha evidenciado que un aditivo a base de cacao puede mejorar las propiedades mecánicas en pellets de aserrín y carbón; dependiendo del tamaño de la partícula y una serie de pruebas en laboratorio se pueden determinar propiedades y llegar a posibles resultados del buen manejo de este subproducto. También se han realizado estudios sobre incorporación de la cáscara de cacao en espumas de poliuretano.

La metodología para su investigación se basó en la fabricación de 9 probetas –o muestras a base de cáscara de cacao fabricadas en moldes de madera - para cada uno de los ensayos, lo que sumó 36 de estos objetos, divididos en grupos de 3 probetas con porcentajes del 50, 70 y 90 % de volumen de cáscara de cacao triturado. El porcentaje volumétrico restante se compensó con acetato de polivinilo (Colbón –MR-60), el cual actúa como un aglutinante.

Para los ensayos, trabajó con cáscara de cacao proveniente de una finca de Villavicencio (Meta), cuyo cultivo corresponde a una variedad que presenta “menos contenido de cáscara y mayor contenido de granos en relación con el peso total, según el proveedor”.

El material elaborado con cáscara de cacao y acetato de polivinilo se puede clasificar en el grupo de “materiales compuestos posiblemente biodegradables”, debido a que dentro de su estructura presenta un subproducto agroindustrial.

Con base en los resultados de cada uno de los ensayos de tensión, flexión, compresión y a las propiedades mecánicas que se determinaron, se realizó una comparación entre los cuatro grupos de materiales presentes en el campo de la ingeniería: metales, cerámicos, polímeros y materiales compuestos.


Después de los diferentes ensayos, realizados bajo la normativa vigente para producción industrial, el investigador encontró que los materiales compuestos a base de cáscara de cacao se pueden aplicar en el sector industrial empezando como sustito de maderas ligeras, pues sus propiedades se asemejan bastante. Dichas maderas ligeras se utilizan como soportes en la fabricación de objetos de oficina como portalápices, pisa papeles, percheros u otros diseños similares.


No obstante, advierte que se debe seguir mejorando la metodología y continuar incentivando este tipo de investigaciones para obtener mejores resultados.

Según la Federación Nacional de Cacaoteros, en Colombia se produjeron 59.740 toneladas de cacao en 2019, con un aumento en las exportaciones y una disminución en las importaciones, brindando un aporte del 8,1 % al producto interno bruto (PIB) en el primer trimestre del 2020. Sin embargo, a pesar de ser un gran productor, el desperdicio generado durante la extracción de la semilla sigue siendo un “problema” en términos de un mal uso de los subproductos generados, subraya el estudiante de maestría de la UNAL.


 





martes, 22 de febrero de 2022

Big data podrían ser aliados en el estudio de la calidad del aire en Bogotá

 Aunque existen bases de datos con información cuantitativa y cualitativa sobre la calidad del aire de la ciudad, provenientes, por ejemplo, de las estaciones meteorológicas de Bogotá, se evidenció que entre 2018 y 2020 estas estaban desarticuladas, lo que representa una limitación para abordar la problemática de una manera transversal.

Bibiana del Carmen Ibarra Vargas, estudiante de la Maestría en Gobierno Urbano del Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), menciona que la información que ofrecen los macrodatos permitiría diseñar estrategias de política pública que incluyan aspectos ambientales, sociales y económicos.

Gracias a la analítica de los big data es posible procesar los datos históricos y continuos para calcular la calidad del aire en una región, localidad o barrio, en intervalos. Además tiene el potencial de ofrecer pronósticos de los valores futuros que utiliza aprendizaje automático (machine learning). La información resultante del análisis sirve, entre otras cosas, como herramienta de prevención.

Las ciudades colombianas tienen el reto de entender la distribución espacial de la contaminación del aire y conocer cuáles son las poblaciones más afectadas, aspectos a los que se puede acceder, por ejemplo, a través de indicadores económicos, de escolaridad o nutrición infantil.

Durante la reciente emisión del programa Observatorio de Gobierno Urbano, del IEU, que se emite por Radio UNAL (98.5 FM), la estudiante Ibarra señaló que existen tres variables que se deben tener en cuenta: el biotopo, es decir la parte geográfica; la ciudad construida, o sea las viviendas, vías y el espacio público, y por último las actividades humanas.

Campo de estudio innovador

El trabajo de maestría “Gobierno y planificación de la condición ambiental del aire en Bogotá 2018-2020: La informática y el Big Data como herramientas de análisis y manejo” buscaba analizar cómo se ha gestionado la calidad del aire en la capital colombiana desde las políticas públicas y el uso de información.

De un primer ejercicio de búsqueda de información sobre calidad del aire en Bogotá, en diferentes fuentes obtuvo 26 millones de registros; después, tras depurar y priorizar información, seleccionó 137.

El profesor del IEU Fernando Montenegro Lizarralde, director del trabajo de grado de la estudiante Ibarra, destaca la importancia de abordar la temática con enfoque urbano, ya que es un campo de estudio novedoso.

El académico indica que el trabajo de su pupila tiene tres pilares: reconocer la importancia de la calidad del aire; entender cómo el uso de big data puede evaluar el problema, e indagar cómo se gestiona esta problemática desde el gobierno urbano.

Teniendo en cuenta los indicadores, que se pueden encontrar por los big data y las variables planteadas, coinciden en señalar que es necesario entender que se requiere un cambio en el concepto de gobernanza.

Gobierno urbano y calidad del aire

Además de las declaraciones de alerta por baja calidad del aire, la estudiante también indagó sobre las respuestas que la Alcaldía Mayor de Bogotá le dio a la problemática. Para ello, tomó el periodo 2018-2019 –durante el mandato de Enrique Peñaloza– y 2020, primer año de Claudia López en el cargo.

La estudiante menciona que “aunque en ese periodo el Concejo de Bogotá abordó el tema, ninguna ponencia estaba en la línea del gobierno urbano, sino que respondían a cuestiones técnicas”.

Según el profesor Montenegro, la calidad del aire afecta de manera distinta a las comunidades, pues son más vulnerables quienes habitan cerca de las zonas industriales.

Con respecto a la alerta amarilla por contaminación ambiental emitida a comienzos de febrero, los invitados al programa señalaron que se dio de manera general, sin tener en cuenta que el problema no afecta por igual a la población.

Por ejemplo, existe evidencia de que el centro-occidente de la ciudad presenta altas concentraciones de contaminantes del aire, que incluso llegan al doble de lo que se registra en otros lugares.

“Por eso es esencial entender la problemática de una manera diferenciada, y ahí las autoridades deben priorizar los lugares donde se requiere una mayor intervención”, asevera el profesor Juan Felipe Franco, uno de los evaluadores del trabajo de maestría de la estudiante Ibarra.

Así, la futura magíster evidenció en su investigación que solo Claudia López incluyó en su Plan de Desarrollo temas referentes al cambio climático y desarrollo de las ciudades en el marco del cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 11: “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”.






martes, 15 de febrero de 2022

Impactos ambientales acumulativos no se tienen en cuenta en Colombia

 A la hora de realizar sus proyectos, los proponentes de obras de infraestructura –como hidroeléctricas, producción de hidrocarburos, vías y puentes, entre otras– no consideran los impactos ambientales acumulativos, en parte por el desconocimiento que rodea la aparición de estos indicadores, y en parte por la ambigüedad normativa.

Así lo determinó estudiante Lesly Villamil Rivera en su trabajo de grado para la Maestría Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien analizó 25 casos de proyectos presentados a las autoridades ambientales entre 2015 y 2019, 10 del sector de hicrocarburos, 9 de infraestructura, puertos, plantas de tratamientos y túneles, y otros 6 del sector de energía.

El 56 % de esta muestra no tenía un método específico para identificar los impactos ambientales acumulativos, a pesar de que estos se incluyen en los lineamientos para la Evaluación de Impactos Ambientales (EIA).

Los impactos acumulativos son todos aquellos efectos ambientales que se generan alrededor de una obra, más allá del espacio puntual en donde esta se ejecuta, y a corto, mediano y largo plazo, por lo que identificarlos oportunamente ayudaría a mitigar posibles daños a la naturaleza.

Aunque esta evaluación se contempla en países como Estados Unidos y Canadá, en Colombia es un campo de acción nuevo, por lo que a los proponentes o contratistas de obras se les dificulta identificar tales impactos.

“Para muchas de las actividades en una obra, por ejemplo de un pozo petrolero, se tienen que retirar capas vegetales, lo que implica el desplazamiento de fauna silvestre; esta acción empieza a interactuar con otra y generan sin

ergias que no existían antes en los ecosistemas intervenidos, pero no se les presta mucha atención”, detalla la estudiante Villamil.

Agrega que “debido a la ambigüedad en las normas, los proponentes hacen su propia interpretación de estas y terminan ajustándolas a sus intereses”.

Después de recopilar información bibliográfica y revisar los requisitos normativos existentes en Colombia para el otorgamiento de una licencia ambiental, la investigadora encontró que “los impactos acumulativos ambientales sí son mencionados, pero no se describen ni se dan recomendaciones. Cuando la norma es tan confusa se puede prestar a muchas interpretaciones”, subraya.

Así mismo, para ayudar a identificar estos indicadores, aplicó una metodología de análisis de redes complejas, además de plantear lineamientos dirigidos a los proponentes y equipos consultores, con los cuales se busca robustecer este análisis. También formula una serie de recomendaciones dirigidas a las autoridades ambientales, para fortalecer su análisis y gestión desde la institucionalidad.

Impactos de alto riesgo

En la revisión de los 25 estudios de impacto ambiental, la estudiante indagó por el desempeño de la evaluación de los impactos acumulativos y evidenció que la identificación de estos es el aspecto que mayores dificultades experimenta.

Al aplicar la metodología propuesta en el estudio de impacto ambiental de un parque eólico en La Guajira, se identificaron 7 impactos con un alto nivel de riesgo, entre ellos la pérdida de cobertura vegetal, la activación de procesos erosivos, las molestias en las comunidades indígenas aledañas, el riesgo para las aves y otras afectaciones a fauna silvestre.

“Después de identificar estos impactos, los pusimos a interactuar y nos generaron unas redes en las cuales reconocimos, por ejemplo, que el impacto de las molestas ocasionadas a la comunidad era una de los más delicados, por la modificación del paisaje que iba a generar el proyecto”, menciona la investigadora.

Otro impacto de acta relevancia está asociado con los efectos erosivos propiciados por las excavaciones, debido a los cambios que esta situación generaría en la capacidad del suelo para conservar agua potable, un recurso que escasea en esta región.

Esfuerzo institucional

Frente a este panorama, y con base en los resultados de su estudio, la estudiante de la UNAL propone usar la matriz propuesta es su estudio y generar escuela de formación para identificar estos impactos.

En ese sentido, agrega que “se requiere un gran esfuerzo de las autoridades ambientales para proveer información a los contratistas de obras de infraestructura, porque si no existe información actualizada es difícil que ellos identifiquen la acumulación de estos impactos”.

También recomienda que para identificar dichos impactos se tenga en cuenta la participación de las comunidades, más allá de los talleres de socialización que se realizan para informarles sobre determinado proyecto.

Por último, sostiene que no identificar a tiempo los impactos acumulativos llevaría a afectaciones sobre el turismo, la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable, entre otros aspectos.





lunes, 31 de enero de 2022

Buscan reducir accidentalidad en minería subterránea

 La Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín y la Agencia Nacional de Minería (ANM) trabajan de manera conjunta en la implementación de una guía técnica para diseñar un plan de prevención y mitigación de explosiones por metano y polvo de carbón en las minas subterráneas de Colombia.

Entre 2010 y 2021 Colombia registró 1.591 emergencias (117 en 2021) y 1.469 mortalidades en minas subterráneas de carbón (140 en 2021). Así mismo, el año pasado se presentaron 6 emergencias y 25 víctimas mortales por explosiones, según reportó la ANM.

Con el objetivo de reducir esas cifras, la UNAL Sede Medellín y la ANM unieron esfuerzos para elaborar un documento técnico que brinde directrices para prevenir las atmósferas mineras explosivas en Colombia.

Para ello se formuló y estructuró la implementación de una guía técnica para diseñar un plan de prevención de explosiones por metano y polvo de carbón en las minas de Colombia.

El profesor Jorge Martín Molina Escobar, adscrito al Departamento de Geociencias y Medio Ambiente, líder del proyecto, afirma que “los accidentes por explosiones en Colombia son la segunda causa de mayores fatalidades, alcanzando a un promedio de 60 personas cada año”.

“Es importante elaborar un estudio del riesgo de las minas para establecer variables o puntos críticos; por eso es importante construir una guía que permita evaluar el riesgo y desarrollar estrategias de prevención”.

El profesor Sebastián López Gómez, adscrito al Departamento de Procesos y Energía y quien participó en el proyecto, agrega que “esta es una propuesta que nace de una colaboración que se tiene desde 2019 con el Grupo de Seguridad y Salvamento Minero de la ANM en busca de reducir la accidentalidad en la minería colombiana, en especial en la subterránea”.

“En los años anteriores se realizaron esfuerzos importantes en capacitar al personal de la ANM y representantes del sector minero en la prevención de explosiones e incendios, que es uno de los accidentes más frecuentes en el país y que causa la mayor cantidad de fatalidades”.

“En esta colaboración se identificó que el país no cuenta con una herramienta que brinde lineamientos sobre cómo deben ser las operaciones dentro de una mina para evitar este tipo de accidentes, y por eso uno de los objetivos en 2021 fue crear esta guía”.

“Para construir la guía –que será de acceso gratuito y estará disponible en el sitio web de la ANM– se requirió casi todo el año, en el que la ANM tuvo una participación inicial muy importante y plasmó los objetivos que se deberían abordar”.

Posteriormente el grupo de la UNAL liderado por el profesor Molina inició la elaboración del documento involucrando a expertos de la industria en gestión del riesgo, y además contó con la asesoría del Laboratorio Oficial de Madariaga de la Universidad Politécnica de Madrid (España), un referente mundial en el tema de atmósferas explosivas.

Con respecto al contenido, el académico explica que “la guía da unos lineamientos para valorar el riesgo según las emisiones de gas metano, polvo de carbón y fuentes de ignición en las minas. Esta valoración permite dar los lineamientos del plan de prevención y mitigación que se debería acoger para evitar explosiones, y cómo se debe realizar el seguimiento y control al plan de prevención propuesto; al final se incluye un capítulo asociado con los planes de emergencia ante una explosión”.

Uno de los retos para el equipo de trabajo durante la construcción de la guía fue pensar en que el documento fuera fácil de entender e implementar en cualquier mina del país. Además se trató de que fuera sencillo y poco extenso, pero que abordara todos los temas que se deben considerar en la construcción de un plan de prevención y mitigación de explosiones.

Respecto a la divulgación de este importante proyecto, los académicos manifiestan que la difusión se ha realizado por medio de talleres en Cundinamarca, Boyacá y Norte de Santander, regiones en donde se tiene la mayor cantidad de títulos mineros; además se socializó en eventos técnicos como el “Seminario Minero - Ambiental 2021”, realizado en la Universidad de Cundinamarca, y en el “Congreso Nacional de Gestión del Riesgo en Seguridad Minera” celebrado virtualmente en octubre.






viernes, 28 de enero de 2022

Pilas orgánicas, otra invención de la UNAL con patente de la SIC

 La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) le otorgó patente de invención al método para fabricar pilas orgánicas con desechos de caña panelera, cáscara de plátano y semillas de aguacate, lo cual le permitirá a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) producir y comercializar de manera exclusiva este producto ecológico en el territorio colombiano por un periodo de 20 años.

Las pilas orgánicas se pueden usar en controles remotos de televisores, en apuntadores, linternas y dispositivos electrónicos del mismo tipo.

Cuando las pilas cumplen su vida útil tienen un tratamiento similar al de una fruta, pues “se pueden desechar sin complicaciones, e incluso aprovecharse como abono para la tierra”.

Así lo asegura el ingeniero físico Favio Nicolás Rosero Rodríguez, de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas y líder de investigación en energías renovables y baterías orgánicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, realizada junto con un grupo de trabajo interdisciplinar conformado por estudiantes de las Maestrías en Ciencias - Física, Ingeniería Física, Química, Eléctrica e Industrial.

La patente de la producción de pilas orgánicas, que forma parte de los resultados de su tesis para la Maestría en Ciencias – Física, “permite darle una mayor utilidad a los desechos orgánicos y se pueden utilizar con potenciales proyecciones y aplicaciones”, como señala el investigador.

“Es genial mostrar, por medio de una invención, el proceso de hacer ciencia utilizando el método científico y brindando soluciones a problemas reales de la sociedad”.

“Los dispositivos fabricados ofrecen importantes proyecciones hacia futuros productos que se pueden utilizar en la industria, ya que minimizan los efectos sobre el medioambiente y poseen eficiencias cercanas a los productos que hoy están en el mercado”, afirma.

Considera además que “su cercanía en eficiencia a las pilas similares del mercado permite seguir trabajando en imponer una nueva tecnología en la industria”.

Según la Dirección de Asuntos Ambientales, Sectorial y Urbana del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, el impacto ambiental de las baterías comerciales depende especialmente del material del que estén fabricadas. Por ejemplo, las de zinc pueden contaminar hasta 3.000 litros de agua, las alcalinas unos 175.000 litros, y las de mercurio alrededor de 600.000 litros.

Semillas, cáscaras y bagazo

El investigador explica que “para el proceso de fabricación de las pilas se utilizó una semilla de aguacate (pepa), una cáscara de plátano verde y una caña de 50 cm, las cuales se secan en un horno para eliminar el exceso de humedad, se maceran en un mortero y se tamizan con una malla para finalmente obtener polvos semifinos de semilla”. Como compuesto electrolítico se utilizaron los materiales orgánicos, además de cloruro de zinc y de sodio, y el electrolito fabricado”.

“También se tomaron elementos de las pilas AAA desechadas,se les retiró el material contaminante, y los casquetes de zinc y el grafito que quedaron se rellenaron con el químico obtenido”.

Y la labor fue más allá, pues se sintetizó el material a escala nanométrica, una tecnología más avanzada. “Los materiales llevados a escalas tan pequeñas potencian sus propiedades y generan unas nuevas, y por eso es interesante escalarlos a nanopartículas de plata por un método sencillo que es económico y más ecológico que otros procesos de síntesis”, explica el investigador Rosero.

Al final, para las 9 pilas se utilizó el 60 % del material orgánico procesado y el peso aproximado de cada una es de 4,32 g.

Transferencia tecnológica


El magíster de la UNAL explica que esta tecnología formará parte de un proceso de transferencia tecnológica que se trabajará desde la OTRI N-LACE, una apuesta para impulsar negocios innovadores en Caldas.

Al respecto, el director de la OTRI, Sandro Villamil Martha, menciona que “para la adjudicación de la patente de pilas orgánicas es fundamental contar con las protecciones, porque facilita el proceso de acercamiento al sector real y mejora las condiciones de transferencia de posibles negociaciones con empresas interesadas en el desarrollo de esta tecnología para comercializar el producto en el mercado”.


Por su parte, Elisabeth Restrepo Parra, directora de Investigación y Extensión de la UNAL Sede Manizales, explica que “este proceso patentado es el primer piloto; el siguiente paso es formar y capacitar a un grupo de estudiantes de maestría para continuar escalando el proceso, de manera que las pilas alcancen mayor voltaje y duración”.

El profesor Rosero concluye invitando a toda la niñez y juventud a que indaguen en la ciencia, a que se interesen por la investigación y que sigan este camino maravilloso de ser científico.










jueves, 13 de enero de 2022

Islas de San Andrés, muy vulnerables a eventos climáticos extremos

Mediante la medición y el modelado de mapas que contemplan las amenazas por huracanes –como los vientos, inundaciones urbanas y costeras– cruzadas con las condiciones de vulnerabilidad social, un estudio logró definir como “sumamente alto” el riesgo de las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina ante huracanes como Iota, ocurrido hace un año.

El estudio permitió identificar, por ejemplo, que el 70 % de San Andrés tiene una condición de vulnerabilidad alta frente a estos eventos extremos, tanto por las condiciones físicas de los mismos huracanes como por las condiciones sociales de exposición, fragilidad y capacidad de adaptación y resiliencia respecto a los tipos de vivienda y a los sistemas de drenaje existentes en la Isla.

“Por medio de un equipo multidisciplinar que involucra científicos del área atmosférica, oceanográfica, costera, urbana y del componente de vulnerabilidad, tratamos de reproducir y caracterizar algunas de estas amenazas por medio de mediciones en campo y por modelación matemática,”, refiere el investigador Andrés Fernando Osorio Arias, magíster y doctor en Ciencias y Tecnologías Marinas, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y director del Grupo de Investigación en Oceanografía e Ingeniería Costeras (Oceánicos).

El estudio, que se hizo en el marco de un convenio de cooperación entre la Corporación Coralina, la UNAL Sedes Medellín y Caribe, y la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin), quería evaluar las amenazas y la condición de vulnerabilidad y de riesgo a la que estarían sometidas las islas por la presencia de estos fenómenos naturales.



Amenazas del huracán

Según el profesor Osorio, con el huracán vienen tres elementos básicos: el primero son los vientos huracanados, que viajan a grandes velocidades. Por ejemplo, un huracán de categoría 5 puede producir vientos que viajan de los 200 a 250 kilómetros por hora, y suelen ser devastadores. Sin embargo, a medida que baja la categoría también disminuye la velocidad. Para el caso de Providencia, estos vientos fueron modelados, cuantificados y validados con información satelital y otros datos.

La segunda amenaza es la inundación urbana, que ocurre cuando de un huracán se despliegan grandes cantidades de agua lluvia en poco tiempo. En el caso de San Andrés, normalmente puede llover 800 milímetros de agua al año, pero en un evento como el del paso de un huracán puede llover hasta 400 milímetros de agua en dos o tres días, es decir que en ese corto tiempo en la isla había llovido lo de casi seis meses.

“Esto se agrava por el hecho de que islas como San Andrés no tienen sistemas de drenajes pluviales suficientemente funcionales, lo que genera un desbordamiento de las vías, del sistema pluvial que exista haciendo que se sobreeleve el nivel del agua, inundando las casas”, describe el investigador.

La tercera condición de amenaza que se midió fue la inundación costera, que se refiere a un aumento en el nivel del mar que inunda la costa, y al cual se suman olas más grandes de lo  normal (de 6 o 7 m). Este y los otros dos fenómenos también fueron modelados y calibrados con una serie de instrumentación y sus resultados se validaron para sacar mapas de cada una de las amenazas.

Los datos arrojados por los mapas se cruzaron con los de dos tipos de vulnerabilidades: física y social. La física está dada por la infraestructura física de las viviendas, es decir, si están hechas de concreto, bahareque o madera.

“Tuvimos que censar las manzanas de la Isla para observar los materiales de las casas, y con esa información definir a qué tipo de pérdida estará asociado el fenómeno de los huracanes, y con base en esa vulnerabilidad física se le da un porcentaje”, señala el experto.

Es decir, mientras que una casa de concreto tiene una vulnerabilidad ante estos fenómenos entre 20 y 30 %, la vulnerabilidad de una de bahareque puede ser del 60 al 70 % para el mismo viento. “Por ejemplo, un viento de 200 o 250 km/h deja en una casa de concreto una vulnerabilidad del 30 %, mientras que ese mismo viento en una de bahareque o de madera puede llevarla al 80 %”, explica el profesor Osorio.

El otro tipo de vulnerabilidad evaluado fue el social, que hace referencia a qué tan listos o no están los habitantes de la Isla para desplazarse, conocer el fenómeno, entender las instrucciones, dónde protegerse, manejar un botiquín, entre otros.

“Todo esto sirve para que, ante un evento de riesgo máximo, como los huracanes ETA y Iota, los decisores de San Andrés y Providencia puedan saber cuál es la preparación que debe tener el Comité Departamental de Riesgo para enfrentarse a futuros eventos climáticos como estos”, advierte el investigador.


 

viernes, 7 de enero de 2022

Termitas ayudarían a recuperar suelos degradados por la ganadería

 Cuando el bosque natural se modifica o el uso de la tierra se intensifica, la riqueza y abundancia de termitas a menudo disminuye y la composición de especies también puede cambiar, de ahí que estos insectos se consideren como buenos indicadores de biodiversidad en regiones tropicales como la Amazonia.

El ingeniero forestal José Daniel Castro Torres, magíster en Entomología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que –contrario a lo que se cree popularmente– las termitas no se alimentan solo de madera, pues de hecho participan en todo el proceso de descomposición del material vegetal de los bosques.

Para comprobarlo, evaluó qué tanto se podría recuperar el suelo amazónico sembrado con caucho en cuatro fincas de San Vicente del Caguán, Florencia, Belén de los Andaquíes y Albania, municipios de Caquetá.

Según el investigador, diferentes sistemas de producción de caucho en el piedemonte amazónico pueden ser una alternativa para recuperar los suelos degradados –especialmente por ganadería extensiva–, siempre y cuando su manejo no sea extensivo o químico.

“Indagué sobre la diversidad y acción de las termitas en tres sistemas diferentes de caucho en estos suelos y lo comparé con la pastura cuando dicho suelo está en uso de ganadería. Esto nos diría cuál de los sistemas tendría mayor diversidad y cómo se deberían estructurar según las comunidades de termitas en un entorno natural sin intervención”.

Los sistemas productivos de caucho evaluados fueron: un sistema agroforestal –combinación entre caucho y copoazú (fruta amazónica pariente del cacao, usada en la región para jugos, helados y chocolate de copoazú–; un campo clonal, basado en los cauchos que son clones genéticamente mejorados y que tiene una mayor productividad a largo plazo; y algunas plantaciones comerciales, en las cuales se da un manejo más tradicional, y que eran las más antiguas (20-25 años).

Exploración y colección en campo

Para desarrollar su investigación, el magíster colectó termitas de 15 miniparcelas de los sistemas escogidos y también del bosque y de los suelos con pasturas.

Considerando los lugares donde se alimentan las termitas, trazó una ruta y se establecieron parcelas en las que dos personas examinaron distintas características del suelo durante 20 minutos.

Apenas aparecieron las termitas se capturaron manualmente con pinzas, se almacenaron en alcohol y se etiquetaron indicando el lugar en donde se colectaron.

“Además en cada lugar recolectamos una muestra de suelo de 500 g para hacer análisis fisicoquímicos en laboratorio, y poder comprar las principales propiedades de cada lugar para posteriores análisis”, explica el magíster.

Caucho sí, pero con buen manejo

Uno de los resultados importantes de la investigación es que se trató del primer listado más grande de termitas para Colombia en una zona limitada, en el que se identificaron casi todas las especies, 10 de las resultaron ser nuevas para la ciencia.

Los investigadores también encontraron que no todos los sistemas productivos de caucho pueden ayudar a recuperar el suelo, ya que, por ejemplo, los sistemas agroforestales tendrían un impacto cero en mejorar los suelos y que sería casi igual a tener pasturas, mientras que, al compararse con los campos clonales, la diversidad aumenta considerablemente y crece en los cauchos comerciales.

“Esto no quiere decir que los cultivos de cauchos sean malos, pero sí se encontró una relación negativa con el manejo que se le está dando a las plantaciones, que es la razón que puede estar influyendo”, señala el investigador.

Agrega que “los sistemas agroforestales son los que tienen más manejos químicos, de pesticidas y fungicidas, y además no dejan residuos naturales en los suelos, lo que hace que no llegue materia prima o alimento a las termitas para que consuman y generen nutrientes que posteriormente serían depositadas en las plantas”.

“Al hacer eso químicamente se está generando un impacto negativo en la biodiversidad, y a largo plazo lo tendrán los suelos, ya que estas no solo aportan nutrientes, sino que también ayudan a descompactar el suelo (poca porosidad en el suelo resultado de la ganadería extensiva) y generan una mejor filtración del agua para que crezcan otras yerbas favorables”.

Entre las recomendaciones se encuentran la búsqueda de alternativas de manejo fitosanitaria y de fertilizante a los suelos, lo que les ofrecería a los suelos condiciones ideales para que organismos como las termitas lleguen a mejorar la fertilidad en un largo plazo.





 




miércoles, 22 de diciembre de 2021

Nuevo tiempo para todos

 


Siempre unidos por un respiro para este hogar... LA TIERRA !

Gracias a nuestros amables visitantes que día a día nos dan su voz de animo para continuar llevando a cada uno las noticias de adelantos científicos, para cuidar mejor la naturaleza y minimizar los impactos ambientales que cobijan en este tiempo el Planeta .

Gracias por el tiempo que dedican a leer y estar enterados de estas paginas.   

martes, 21 de diciembre de 2021

Aves se afectarían por contaminación lumínica y sonora de la pólvora

 A la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres (Urras), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, han llegado aves con las alas o las patas astilladas debido a que no alcanzan a escapar de los árboles al momento del estruendo que producen los juegos pirotécnicos.

“Los fuegos artificiales, que abundan por esta temporada de celebración navideña, ocasionan accidentes en algunas aves que, aturdidas por el ruido, se pueden estrellar o, en el caso de las migratorias, se desvían del trayecto que siguen, y también han recibido polluelos que se pierden de sus nidos” explica el médico veterinario Miguel Nova Chamorro de la Urras.

Señala además que “entre noviembre y diciembre recibimos en la Urras un promedio diario de entre 4 y 5 aves rapaces en condiciones deplorables; solo en enero de 2021 fueron 192, un número alto de animales con las mismas afecciones, por lo que creemos que puede ser a causa de la pólvora por las festividades”.

Por su ubicación geográfica, Colombia es paso obligado para casi 300 especies migratorias por esta época del año. Además en Bogotá hay cerca de 200 especies de aves, entre las presas y las depredadoras.

“Las torcazas, las tórtolas, las mirlas y las copetonas son animales muy nerviosos que ante la amenaza desencadenan un estímulo de defensa, y por lo tanto, cuando están expuestos a estímulos repentinos como la pólvora, entran en un estado de shock y mueren inmediatamente”, precisa el veterinario de la Urras.

Por su parte, las aves rapaces nocturnas son muy sensibles a los estímulos auditivos, de manera que cuando se produce una explosión de la pólvora el estruendo las aturde, y al ir a volar se confunden y terminan estrellándose, lo que les ocasiona múltiples lesiones o la muerte.

Al estrellarse, las aves pueden sufrir consecuencias como traumas craneoencefálicos, hemorragia intracraneal, fracturas en los huesos y rupturas de vasos sanguíneos, entre otros. “Las aves tienen una estructura ósea muy delicada y las lesiones de moderadas a severas son un reto para tratar, es decir que tienden a tener muy mal pronóstico”, detalla el doctor Nova.

A diferencia de los mamíferos, cuando las aves cicatrizan generan muchísimo callo óseo y pueden pasar dos cosas: que la fractura se contamine si no se trata en menos de 24 horas, en cuyo caso el pronóstico es muy pobre, o que la fractura cicatrice mal, generando mucho callo óseo que imposibilita su capacidad de vuelo por el mismo peso del hueso”, menciona.

Proceso de rehabilitación

“Cuando las aves ingresan a la Urras lo primero que se hace es un examen clínico exhaustivo con el fin de determinar un diagnóstico, y después se traza un plan de rehabilitación”, detalla el veterinario Nova.

“Para las aves perdidas o cansadas el periodo de recuperación es de 2 a 3 días. En los últimos días tuvimos el caso de un búho que nos remitieron con un trauma craneoencefálico porque lo atropelló un carro, le realizamos el tratamiento de terapia, además de una intervención con veterinarios extranjeros, pero a pesar de todos los esfuerzos realizados quedó con secuelas de  movilidad, y cuando va a aterrizar no le responden muy bien las patas y termina resbalándose. Su recuperación es de 3 a 4 meses”, afirma.

Cuando los animales no se rehabilitan totalmente, es decir que no recuperan su fitness ecológico, están condenados a vivir en cautiverio: algunos pueden remitirse a zoológicos o bioparques, otros quedan sin un destino muy claro y se empiezan a presentar problemas de hacinamiento en los centros de fauna.

En 2021 han llegado a la URRAS 1.056 animales, 56 de los cuales han presentado trauma craneoencefálico.

En este momento la Urras está recibiendo donaciones de alpiste, mixtura, nestum, menudencias, cobijas en buen estado (cualquier tamaño) y papel periódico, para atender los animales en rehabilitación. Estas donaciones se pueden llevar a las porterías de la UNAL, a nombre de la Urras, de 8 a. m. a 5 p. m.

Recomendaciones para mascotas

En relación con los animales domésticos, el doctor Nova recomienda que “en diciembre y enero, cuando abundan los juegos pirotécnicos, es importante darle al perro o gato un espacio en el que se sienta seguro para que se pueda esconder, y abrazarlo, pues esto le brindará protección y seguridad”.

Además, cada dueño debe generar estrategias para que el animal deje de asociar la pólvora con un estímulo negativo. Así, lo que se podría hacer es que cada vez que haya pirotecnia o un ruido fuerte, al animal se le puede dar un estímulo positivo como una croqueta o un juguete.







Habilidades gerenciales también se aprenden jugando

 Valoret, Trustland y Advogame son los nombres de algunos de los juegos diseñados por estudiantes del grupo Centro de Investigación y Consultoría Organizacional (CINCO) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, los cuales han mostrado su eficacia para promover en cargos gerenciales el desarrollo de habilidades blandas como la comunicación o el trabajo en equipo.

Valoret plantea el conocimiento de valores éticos para ascender en la organización; Trustland muestra cómo la confianza en instituciones como alcaldías o juntas de acción comunal sirve para construir comunidad; con Triple E los jugadores aprenden a diferenciar aspectos como eficiencia, eficacia y efectividad; y Advogame enseña cómo estandarizar el proceso de los aguacates.

El profesor Miguel David Rojas López, doctor en Ingeniería de Sistemas de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, afirma que el desarrollo de estas herramientas de aprendizaje se apoya en los juegos de rol o de búsqueda de soluciones utilizados por niños y jóvenes.

Destaca además que desde 2010 se desarrolla la asignatura Juegos Gerenciales como parte de posgrados y maestrías con diversos énfasis, la cual ha sido cursada por 200 alumnos. Desde entonces se han diseñado y puesto en práctica más de 50 juegos.

“Dicha materia empezó a formar parte del área curricular de Ingeniería Administrativa e Industrial, de las Especializaciones en Gestión Empresarial y en Finanzas, y del Doctorado en Industria de Organizaciones, y cualquier estudiante matriculado en un posgrado en la Universidad puede tomarla”.

Señala además que lo largo de la historia numerosas teorías y escuelas parten del juego como base ideal en el aprendizaje. Desde la Antigüedad hasta hoy este está presente en la vida del hombre como algo que le conforta, le gusta y lo entretiene.

Según la trayectoria del grupo y su experiencia, “el juego potencializa las habilidades blandas en las personas y les permite mejorar el pensamiento crítico, la creatividad, la inteligencia emocional y la resolución de problemas requeridas para la vida personal y laboral”.

El doctor Rojas afirma que los juegos han tenido tal impacto que el grupo BBVA los invitó a capacitar a su personal en habilidades blandas como el trabajo en equipo, la toma de decisiones, la comunicación y la confianza, lo cual le permitió al personal tomar decisiones informadas, aumentar la probabilidad de lograr los resultados deseados y a pensar de una manera más creativa y crítica.

A esto se suma la participación en varias ocasiones de la profesora Laura Londoño en la Asociación para la Simulación Empresarial y el Aprendizaje Experiencial (ABSEL), un congreso internacional organizado en Estados Unidos en ciudades como San Diego y Orlando en California.

También participó en la Conferencia Iberoamericana en Sistemas, Cibernética e Informática (CISCI) de Florida, estuvo en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (TEC), en Puebla (México), en la Universidad San Martín de Porres en Lima y en la Universidad Católica de Chile.

Del juego a la gamificación

En 2019 el doctor Rojas y el profesor Carlos Mario Zapata, del Departamento de Ingeniería de Sistemas de la UNAL Sede Medellín, realizaron un curso de gamificación con el profesor Óscar Pañela, de la Universidad de Barcelona.

Relata que así se dieron cuenta de que esta tendencia toma elementos de la diversión para aplicarlos en diferentes áreas organizacionales, cuyo principal elemento es la motivación, que se puede usar para cambiar comportamientos, incentivar el aprendizaje y generar premios o recompensas a los jugadores.

Según el docente Rojas, “los expertos en pedagogía han demostrado que las formas en que más se aprende es haciendo o jugando, y las universidades no pueden ser ajenas a esa metodología y por eso se intenta llenar a través de la creación de esta materia. A todas las personas les gusta jugar, a ninguna perder y las personas siempre quieren aprender cosas nuevas”.