Mostrando entradas con la etiqueta degradados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta degradados. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de febrero de 2024

Urge restaurar los páramos degradados del país

 En Colombia se ha perdido el 57 % de estos ecosistemas: de las 2.900.000 hectáreas que existían ahora solo se contabilizan alrededor de 1.120.000. En los páramos afectados por actividades ganaderas o agrícolas la vegetación autóctona desapareció; los suelos se perdieron pues se compactaron y ya no retienen agua, y por lo tanto esta ya no corre hasta llegar a quebradas y ríos. Hacedores de política pública, academia y sociedad deben aunar esfuerzos para arrojarles un salvavidas a estas máquinas naturales de hacer agua, que paradójicamente agonizan de sed.

“Aunque los páramos están protegidos desde 2018 por la Corte Constitucional, esta legislación no se aplica, por eso ellos necesitan primeros auxilios urgentes y, desde los mandatarios de pueblos que tengan jurisdicción en estas áreas, hasta el Gobierno nacional, deben tomar decisiones apoyadas en la evidencia científica”, afirma el profesor Conrado de Jesús Tobón Marín, coordinador del grupo de investigación Hidrología y Modelación de Ecosistemas Dinámicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

En uno de los recientes ABC de Periódico UNAL, el experto señala que, “aunque existe una legislación –como la ley 1930 de 2018, también conocida como Ley de Páramos–, esta no se aplica porque no tiene en cuenta a quienes habitan dichos territorios […] no se trata de legislar desde los escritorios desconociendo las necesidades de los pobladores; se necesita una normativa acorde con la situación real de los páramos”.

Menciona además que “aunque en las últimas décadas se ha dado un creciente interés por los páramos, antes estos ecosistemas eran una oportunidad de vida para los campesinos despojados de tierras en las partes medias y bajas; ese uso intensivo para actividades agrícolas y ganaderas arrasó la vegetación autóctona y desapareció los suelos por erosión. Esa amenaza no ha parado, en algunas zonas se ha frenado, pero no ha desaparecido”.

Máquinas de hacer agua

“Los páramos son ecosistemas de alta montaña, sobre todo en el norte de los Andes, y por lo tanto se ubican por encima de los 3.000 msnm, especialmente en Colombia, Venezuela y el norte de Ecuador; tienen lluvias frecuentes y esto los hace climatológicamente fundamentales”, explica el profesor.

En Colombia la mayoría de los páramos están de sur a norte de la cordillera Oriental; otra parte considerable en la cordillera Central, y en menor medida en la Occidental y en la Sierra Nevada de Santa Marta.

“Además son arbustales y pajonales, una vegetación típica que se complementa con el aspecto hidrológico ya que sus condiciones de clima son muy suaves, la evapotranspiración es muy baja, y por ende el rendimiento hídrico (agua que producen) es muy alto”.

Con respecto a los servicios ecosistémicos, el docente inicia enumerando la gran diversidad de plantas y sigue con el paisajismo: “no es lo mismo subir a una montaña en Perú, donde todo es rocoso, a estar en una zona a tal altura y estar rodeado de vegetación […] entre la cantidad de fauna propia de esas zonas sobresalen el oso de anteojos y el venado, pero también cuenta con una amplia diversidad de aves, mariposas y reptiles”.

Pero, sin lugar a dudas el componente más relevante del último siglo ha sido su abundante aporte hidrológico. A pesar de conformar pequeñas áreas, su producción de agua es muy alta, y como no hay asentamientos humanos su calidad es excelente; además, al estar por encima de las ciudades, no se produce el costo adicional de llevarla hacia las viviendas, sino que se da por gravedad.

“Solo por el servicio hidrológico que prestan deberían conservarse al 100 % e ir más allá: restaurar los páramos degradados”, recalca el docente.

Sobre las iniciativas relacionadas con turismo de montaña es enfático al afirmar que “solo el turismo bien manejando, que conozca la capacidad de carga del sitio y no permita sobrecupo, es una gran oportunidad para que los guías les hablen y enseñen a las personas qué son los páramos y cuál es su importancia; debe haber caminos demarcados; no se permite sacar especies ni tumbar nada; se va a pie y no a caballo, motocicletas o cuadraciclos. Este tipo de iniciativas, bienvenidas”.

Advierte que el uso de caballos y vehículos motorizados es dañino para el ecosistema.

“Aunque Parques Nacionales ha venido haciendo un buen trabajo, también se les debería dar la oportunidad a los habitantes de estas zonas de generar ingresos que les permitan conservar los páramos”, concluye.







viernes, 7 de enero de 2022

Termitas ayudarían a recuperar suelos degradados por la ganadería

 Cuando el bosque natural se modifica o el uso de la tierra se intensifica, la riqueza y abundancia de termitas a menudo disminuye y la composición de especies también puede cambiar, de ahí que estos insectos se consideren como buenos indicadores de biodiversidad en regiones tropicales como la Amazonia.

El ingeniero forestal José Daniel Castro Torres, magíster en Entomología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que –contrario a lo que se cree popularmente– las termitas no se alimentan solo de madera, pues de hecho participan en todo el proceso de descomposición del material vegetal de los bosques.

Para comprobarlo, evaluó qué tanto se podría recuperar el suelo amazónico sembrado con caucho en cuatro fincas de San Vicente del Caguán, Florencia, Belén de los Andaquíes y Albania, municipios de Caquetá.

Según el investigador, diferentes sistemas de producción de caucho en el piedemonte amazónico pueden ser una alternativa para recuperar los suelos degradados –especialmente por ganadería extensiva–, siempre y cuando su manejo no sea extensivo o químico.

“Indagué sobre la diversidad y acción de las termitas en tres sistemas diferentes de caucho en estos suelos y lo comparé con la pastura cuando dicho suelo está en uso de ganadería. Esto nos diría cuál de los sistemas tendría mayor diversidad y cómo se deberían estructurar según las comunidades de termitas en un entorno natural sin intervención”.

Los sistemas productivos de caucho evaluados fueron: un sistema agroforestal –combinación entre caucho y copoazú (fruta amazónica pariente del cacao, usada en la región para jugos, helados y chocolate de copoazú–; un campo clonal, basado en los cauchos que son clones genéticamente mejorados y que tiene una mayor productividad a largo plazo; y algunas plantaciones comerciales, en las cuales se da un manejo más tradicional, y que eran las más antiguas (20-25 años).

Exploración y colección en campo

Para desarrollar su investigación, el magíster colectó termitas de 15 miniparcelas de los sistemas escogidos y también del bosque y de los suelos con pasturas.

Considerando los lugares donde se alimentan las termitas, trazó una ruta y se establecieron parcelas en las que dos personas examinaron distintas características del suelo durante 20 minutos.

Apenas aparecieron las termitas se capturaron manualmente con pinzas, se almacenaron en alcohol y se etiquetaron indicando el lugar en donde se colectaron.

“Además en cada lugar recolectamos una muestra de suelo de 500 g para hacer análisis fisicoquímicos en laboratorio, y poder comprar las principales propiedades de cada lugar para posteriores análisis”, explica el magíster.

Caucho sí, pero con buen manejo

Uno de los resultados importantes de la investigación es que se trató del primer listado más grande de termitas para Colombia en una zona limitada, en el que se identificaron casi todas las especies, 10 de las resultaron ser nuevas para la ciencia.

Los investigadores también encontraron que no todos los sistemas productivos de caucho pueden ayudar a recuperar el suelo, ya que, por ejemplo, los sistemas agroforestales tendrían un impacto cero en mejorar los suelos y que sería casi igual a tener pasturas, mientras que, al compararse con los campos clonales, la diversidad aumenta considerablemente y crece en los cauchos comerciales.

“Esto no quiere decir que los cultivos de cauchos sean malos, pero sí se encontró una relación negativa con el manejo que se le está dando a las plantaciones, que es la razón que puede estar influyendo”, señala el investigador.

Agrega que “los sistemas agroforestales son los que tienen más manejos químicos, de pesticidas y fungicidas, y además no dejan residuos naturales en los suelos, lo que hace que no llegue materia prima o alimento a las termitas para que consuman y generen nutrientes que posteriormente serían depositadas en las plantas”.

“Al hacer eso químicamente se está generando un impacto negativo en la biodiversidad, y a largo plazo lo tendrán los suelos, ya que estas no solo aportan nutrientes, sino que también ayudan a descompactar el suelo (poca porosidad en el suelo resultado de la ganadería extensiva) y generan una mejor filtración del agua para que crezcan otras yerbas favorables”.

Entre las recomendaciones se encuentran la búsqueda de alternativas de manejo fitosanitaria y de fertilizante a los suelos, lo que les ofrecería a los suelos condiciones ideales para que organismos como las termitas lleguen a mejorar la fertilidad en un largo plazo.