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jueves, 25 de enero de 2024

Mascarillas y vacunación para mitigar impacto en la salud de los incendios forestales

 A la circulación de varios tipos de infecciones respiratorias y la presencia de la variante JN. 1 de COVID-19, se suma el impacto significativo en la calidad del aire y la salud de los 21 incendios forestales activos en el país. Las altas concentraciones de material particulado en forma de humo afectan a niños pequeños, mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias y cardíacas, pero si el tiempo de exposición se extiende, también a las personas saludables. La emisión de alertas y la generación de recomendaciones constantes para la población son claves en este momento.

El profesor Néstor Yezid Rojas Roa, director del grupo de investigación en Calidad del Aire de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que, las diferentes emisiones de combustión producen contaminantes, algunos gaseosos y otros en forma de partículas sólidas con ciertos compuestos líquidos también.

Precisamente, el humo del incendio forestal a menudo contiene: vapor de agua, materia particular, minerales, dióxido de carbono, monóxido de carbono, óxido de nitrógeno, compuestos de hidrocarburos que contribuyen a elevar el nivel de ozono y compuestos orgánicos, incluyendo acroleína y formaldehído (potentes irritantes respiratorios).

“Se podría pensar que es más tóxico quemar gasolina que material vegetal, pero están a la par o, incluso, en la quema de biomasa, puede haber sustancias más dañinas porque la combustión es menos completa que como sucede con los combustibles de un motor o caldera”.

Agrega que, “en el caso de estos últimos, la mayor parte de la combustión va hasta convertirse CO2 o dióxido de carbono, y los contaminantes que se producen están en proporciones bajas, mientras que debido a las temperaturas y la mezcla con el aire, la quema de biomasa en un incendio como el que se presenta en este momento en el Cerro del Cable, produce mucho material que no llega a convertirse en  CO2 sino que queda en compuestos  intermedios, por eso se ve tanto humo. Si la combustión fuera igual de incompleta en un vehículo todos generaría emisiones visibles de humo, lo cual es cada vez menos frecuente”.

Así, “los incendios producen enormes cantidades de material no quemado y muchos de los compuestos químicos que están dentro de ese humo son muy tóxicos”.

Cuando los niveles de concentraciones de las partículas son altos, como está sucediendo en este momento en Bogotá, el impacto lo pueden sentir tanto los niños menores de 5 años, adultos mayores, mujeres embarazadas y afectados por asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), como el resto de ciudadanos: pican la nariz y la garganta, se estornuda y se tose más.


Al respecto, el profesor Jorge Alberto Cortés Luna, de la Facultad de Medicina de la UNAL y director de Infectología del Hospital Universitario Nacional, afirma que “hay evidencia científica sobre la relación entre la calidad del aire y el riesgo de infecciones respiratorias, especialmente  cuando la exposición es crónica, es decir, cuando hay mayores niveles de contaminación; aunque hay menos estudios con respecto a situaciones como el que atraviesa la ciudad que es aguda, si el fenómeno se mantiene en el tiempo se esperaría que tales afecciones se incrementen en los próximos días”.

“El material particulado genera irritación sobre las vías respiratorias o afecta los mecanismos a través de los cuales de forma normal las personas nos defendemos de las infecciones virales o bacterianas; obviamente la alta exposición de humo puede generar que el tejido sea más fácilmente infectable o que infecciones que hubieran podido ocurrir, pasen más rápido a los pulmones porque los mecanismos de defensa se ven afectados”, agrega.

El humo del incendio forestal contiene partículas finas (PM2.5) y ultrafinas que pueden absorber directamente en su torrente sanguíneo y alcanzar cualquier órgano o área de su cuerpo. Según el ranking del Índice de Calidad del Aire (IQAir) hoy en Bogotá esta es “perjudicial para grupos sensibles”, y no es para menos, en este momento, hay activos cinco incendios forestales: Quebrada La Vieja, cerca al relleno Doña Juana, Cerro del Cable, Humedal Tibanica y Barrio Timiza, en Kennedy). La concentración de PM2,5 en la capital del país es actualmente 7.6 veces superior al valor guía anual de calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Depende de la atmósfera

Para el profesor Rojas, ayer miércoles 24 de enero, el impacto del incendio en la quebrada La Vieja era localizado; la meteorología ayudó a que este no se extendiera más hacia la ciudad y se mantuvieran niveles de contaminación aceptables, pero el incendio de El Cable ha llegado a un área más grande de la ciudad.

“Esto se debió a que en horas de la noche y la madrugada la atmósfera estaba poco mezclada, muy quieta, en el sentido que no se dispersaban los contaminantes y los registros de contaminación indican que prácticamente toda Bogotá está afectada por esta conflagración”, menciona.

Según el experto, las condiciones meteorológicas de hoy todavía no son buenas, de manera que las altas concentraciones que se alcanzaron en la noche persisten en este momento”.

La explicación está en la llamada estabilidad atmosférica, que muestra que, la atmósfera es estable cuando no hay buena mezcla; entonces, cuando se emiten contaminantes en condiciones de estabilidad las concentraciones altas se mantienen, mientras que una atmósfera inestable se mezcla más fácilmente y las concentraciones de contaminantes bajan”.

“Para que la estabilidad atmosférica sea inestable se necesita mucha energía y esta llega con la radiación solar. Los días despejados ofrecen mucho de esta característica, que permite que el suelo se caliente y el aire frío se mezcle con el aire caliente de la parte superior y se diluyan los contaminantes”.

“En este momento ya hay más radiación, el suelo se está calentando, aunque todavía falta romper la inversión para que se mezcle la atmósfera y se reduzca la carga contaminante; si se tiene suerte y hay suficiente radiación solar esto podría suceder esta tarde; aunque también depende del incendio si este continúa, seguirá inyectando contaminación”.

Para el académico Rojas, si el efecto sigue siendo agudo puede ser necesario emitir alertas y generar recomendaciones a la población para que se protejan por ejemplo con mascarillas de alta eficiencia como la N95 o limpiadores de aire.

“Incluso en algunos casos puede ser necesario intentar controlar otras fuentes contaminantes como restringir la circulación de vehículos muy humeantes por ciertas zonas o toda la ciudad; también puede ser necesario suspender actividades industriales que tienen cierto tipo de equipos como calderas a carbón, aunque hay pocas en la ciudad, y ladrilleras”.

El profesor Cortés, agrega que sería importante que, “las personas de riesgo se protejan mucho más y se debe garantizar que las personas tengan sus vacunas al día para disminuir el efecto de algunos virus específicos como el de influenza, neumoco o COVID-19”.


miércoles, 2 de marzo de 2022

Llamado internacional de académicos por incendios forestales

 Los incendios forestales aumentarán en un 50 % para el 2100 en el mundo y los gobiernos no están preparados para prevenir ni para mitigar este impacto ambiental.

Así lo advierte el informe “Spreading like Wildfire: The Rising Threat of Extraordinary Landscape Fires”, que contó con la participación de 50 expertos del mundo, entre los que se encuentran las investigadoras Dolors Armenteras, directora del Grupo de Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecomod) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y Tania González, doctora en Ciencias – Biología, quien forma parte del mismo equipo investigador.

Dicho informe, preparado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y GRID-Arendal (centro colaborador del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, ubicado en Arendal, Noruega), proyecta que el cambio climático y los cambios de uso de la tierra harán que los incendios forestales sean más frecuentes e intensos, con un aumento global de aquellos extremos de hasta el 14 % para 2030, el 30 % para fines de 2050 y del 50 % para fines de siglo.

El documento pide un cambio radical en el gasto público en incendios forestales en todo el mundo, modificando sus inversiones y la respuesta a la prevención y la preparación.

“Formar parte de este informe es el resultado de la investigación de calidad y el impacto internacional que se logra desde la universidad pública en Colombia. […] Este trabajo representa el aporte para una evaluación rápida de Naciones Unidas en torno a la amenaza de los incendios forestales sobre los paisajes del mundo”, señaló la profesora Armenteras.

Aseguró además que “no todos los fuegos son dañinos, dependen del contexto, del bioma y de las condiciones a las cuales está acostumbrada o no la vegetación, al manejo adecuado, y aunque es cierto que no todos se deben apagar o extinguir, aquellos que se convierten en incendios y se propagan por días o meses sí deben ser controlados de alguna forma para evitar mayores consecuencias”, asegura.

La publicación les pide a los Gobiernos del mundo que adopten una nueva “Fórmula lista para el fuego”, que sean dos tercios del gasto dedicados a la planificación, prevención, preparación y recuperación, con un tercio restante para la respuesta. Esto, teniendo en cuenta que actualmente las respuestas directas de extinción de incendios forestales suelen recibir más de la mitad de los gastos relacionados, mientras que la planificación y la prevención reciben menos del 1 %.

Para prevenir incendios, los autores piden combinar sistemas de monitoreo basados en datos y ciencia con conocimientos indígenas y una cooperación regional e internacional más fuerte.

En este punto, la profesora Armenteras destaca que es importante llevar a cabo la transferencia de conocimiento de prácticas existentes en los diferentes países, las cuales son herramientas clave para que en otros lugares del mundo sean adoptadas.

Cambian regímenes del fuego

Para la docente, la recopilación de evidencia científica muestra que en el mundo los regímenes de fuego se están transformando, por el cambio tanto climático, como de uso de la tierra y el poblacional, pero que esto depende mucho de la región.

Según el informe, en el mundo se presenta la alteración del ciclo global del carbono que va a emitir grandes cantidades de CO2 en la atmósfera y va a exacerbar el calentamiento global, y esto también impacta económicamente tanto a los individuos como a las comunidades.

Destaca además que la contaminación se incrementa por las partículas que se emiten a la atmósfera. Ni hablar de la pérdida de biodiversidad y el cambio de vegetación que en muchos casos no se recupera, llevando a muchas especies de fauna y flora a estar más cerca de la extinción.

También resalta que “los incendios contaminan los cuerpos de agua y alteran las cuencas hidrográficas y, entre otros impactos, aumenta la erosión del suelo cambiando su composición y sus nutrientes, afectando la cantidad y la calidad del agua porque deja de existir vegetación que ayude en este ciclo”.

Incendios y pobreza

En un aparte del informe se sugiere que los incendios forestales afectan desproporcionadamente a las naciones más pobres del mundo, pues su impacto se extiende durante días, semanas e incluso años después de que las llamas disminuyen y esto impide el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y profundiza las desigualdades sociales.

Los impactos van desde daños en la infraestructura y la salud de las personas (afectadas por el humo) hasta la degradación ambiental de ecosistemas terrestres y acuáticos. Además, después de los incendios se generan altísimos costos económicos de recuperación.

El caso de la Amazonia

“En la Amazonia el problema es la deforestación, la cual se realiza a través de la quema de bosques previamente talados y, en algunos casos, en lugares donde el bosque no se ha talado; si se dan ciertas condiciones secas, el fuego penetra, se expande más allá del área talada y se convierte en un mecanismo de degradación de los bosques”, menciona la doctora Armenteras.

Agrega que “también están en juego la falta de titulación de tierras, su especulación, las actividades ilícitas de extracción de madera, cultivos ilícitos, la ganadería extensiva, la falta de gobernanza y la falta de oportunidades económicas de la población”.

Partiendo de esto, considera que comprender mejor el comportamiento de los incendios forestales y mantener la gestión adaptativa de la tierra requiere de una combinación de políticas, un marco jurídico e incentivos que fomenten el uso adecuado de la tierra y, cuando corresponda, del fuego.