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jueves, 1 de febrero de 2024

Coberturas vegetales, aliadas en la recuperación de las cuencas de bosque de alta montaña

 El análisis de las cuencas El Silencio y Montañita, ubicadas en la Reserva Biológica El Silencio municipio de El Retiro (Antioquia), evidenció que el proceso de restauración ecológica contribuye a mejorar las condiciones de los suelos y a aumentar la tasa de infiltración del agua, evitando que se convierta en escorrentía y se eleven sus niveles en las quebradas de las cuencas asociadas.

Los aportes del trabajo de Marcela Mosquera Vásquez, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, son relevantes en la medida que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período comprendido entre 2021 y 2030 como la Década para la Restauración de los Ecosistemas.

Para hacer la comparación necesaria e interpretar resultados, la ingeniera ambiental, tuvo en cuenta, además de El Silencio y Montañita, otra cuenca, la de Pastos, que no estaba en recuperación y que tiene cobertura de pastos y ganadería.

“Como anillo al dedo”, dice, le resultó encontrar cuencas en restauración de toda la extensión de su área, porque es difícil. Alguien le dio el dato, y le sugirió visitar la zona. Así lo hizo, y “fueron perfectas”, añade, porque en lugar de una, encontró dos.

Sin embargo, hallar una cuenca con cobertura de pastos en la mayoría del área tampoco le fue sencillo, además, el análisis fue más complejo, ya que “después de buscar ya tenía datos de un año en las otras dos en restauración”, cuenta.

La magíster ejerció como una especie de inspectora, aunque primero debió instalar aparatos que le permitieran indagar los efectos ecohidrológicos de la restauración ecológica, concepto que hace referencia a la relación entre hidrología y ecología con los complejos procesos en el ciclo del agua o ciclo hidrológico.

Así, en estos lugares monitoreó, mediante instrumentos, el comportamiento de variables como la humedad del suelo, la infiltración, la evapotranspiración y el rendimiento hídrico y cómo estos inciden en la regulación de caudales de las quebradas.

En las tres cuencas instaló sensores de humedad del suelo para medir los datos promedio cada 15 minutos cada día durante 14 meses. También usó pluviógrafos para cuantificar la precipitación (o lluvias) en acumulados de cinco minutos y estaciones meteorológicas automáticas para conocer humedad relativa, radiación solar, precipitación, temperatura, velocidad y dirección del viento.

Adicionalmente, en cada una de las cuencas utilizó limnígrafos (equipo que grafica los niveles o fluctuación del nivel de un río o lago) y barógrafos (instrumento meteorológico de precisión que mide y registra las variaciones de presión atmosférica sobre un papel milimetrado), que determinan el nivel del agua de los ríos. Se realizaron visitas a las áreas de estudio cada 20 días para descargar los datos y calcular los caudales. 

Asimismo, tomó muestras de suelo de diferentes profundidades para determinar la densidad aparente (su masa por unidad de volumen) por medio de cilindros metálicos que luego fueron pesados y secados en un horno a 105 °C durante 48 horas.

Por otro lado, para conocer cómo fluye el agua a través del suelo y su capacidad para almacenarla, usó cilindros de PVC de 331 cm3 y anillos metálicos de 19,6 cm3, empleando equipos especializados. Además, tomó muestras de suelo para determinar en el laboratorio el contenido de materia orgánica del suelo.

Heroínas en la regulación de caudales

La investigadora explica que, en las cuencas en restauración, propiedades como la densidad aparente fue menor por lo cual hubo, por ejemplo, una mayor porosidad y conductividad hidráulica. Estas características contribuyeron a que la respuesta ante eventos de precipitación fuera más regulada.

Señala que, “llueve y esa agua va pasando por todo el proceso de infiltración, humedecimiento del suelo y flujos subsuperficiales, entonces se demora más en llegar a las quebradas y no aumenta súbitamente los niveles de estas”.

“En términos generales, la restauración tiene un efecto en estos caudales, en el rendimiento hídrico de las cuencas. No se puede concluir tácitamente, pero se nota una tendencia a que regulen mejor los eventos de precipitación y, más aún, a que se mantenga el agua en las quebradas en épocas de sequía (caudal base)”, agrega.

Indica también que, como estas son cuencas de alta montaña la escorrentía puede tener mayores velocidades y llegar más rápido a la parte baja, entonces ese proceso era aminorado debido a la cobertura de vegetación y a que se mejoran las condiciones del suelo”.

La investigadora anota que ese resultado se esperaba en mayor medida para la cuenca Montañita, que es la que mayor tiempo lleva en el proceso de restauración: más de 15 años. Sin embargo, manifiesta que la regulación hidrológica necesita más tiempo para evidenciar efectos notorios.

En cuanto a las coberturas, destaca la importancia de los árboles y su relación con la materia orgánica, en la medida en la que las hojas que caen generan otros procesos mediados por microorganismos que, si bien no se midieron en este estudio, sí se recomienda incluir en futuros análisis.

Los aportes de este trabajo son relevantes en la medida que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período comprendido entre 2021 y 2030 como la Década para la Restauración de los Ecosistemas.

Hay un concepto estrechamente relacionado con el análisis de su tesis de Maestría y es el caudal base. Este es, explica, el “nivel de agua que está ahí incluso en época de pocas precipitaciones, cuando más se necesita el recurso”. Expone que “por ese lado va la importancia de la investigación”.



jueves, 18 de mayo de 2023

Cuencas atmosféricas, esenciales en el monitoreo de la calidad del aire

 Al igual que en la hidrología, las cuencas atmosféricas son espacios geográficos delimitados parcial o totalmente por elevaciones montañosas u otros atributos naturales, ocupados por un volumen de aire con características similares que propician la concentración y reacción de gases y partículas contaminantes del aire; por eso su uso resulta preponderante en la gestión de la calidad del aire. En la aplicación de este novedoso concepto avanza el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la segunda aglomeración urbana de Colombia, que lo viene utilizando en su normativa ambiental.

En 2011, con el fin de conocer las zonas más afectadas por la baja calidad del aire y delimitarlas en polígonos para tomar mejores decisiones, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) fue definida como un área fuente de contaminación o cuenca atmosférica, porque allí se emite material particulado PM10 y PM2.5, es decir, de partículas de polvo, ceniza, hollín y otros contaminantes que quedan suspendidos en la atmósfera.

“El AMVA es la única en Colombia que ha aplicado el concepto, y aunque ha sido un hecho valioso aún hay algunos problemas relacionados con su definición, interpretación y aplicación técnica”, señala Lucas Andrés Quintero Velásquez, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Agrega que “sabemos que los factores que deterioran la calidad del aire –afectando la salud humana, la fauna y la flora– están directamente relacionados con la organización del territorio. Por eso es indispensable adoptar figuras que sirvan como determinantes en los planes y esquemas de ordenamiento”.

Sin embargo, el país no tiene una norma que mencioné y desarrolle el concepto de “cuenca atmosférica” o “pluma urbana”, y hacerlo sería crucial para tomar medidas conjuntas (entre distintas entidades y la comunidad) que impidan que los contaminantes que se generan en una región perjudique a otra.

Según el magíster, “se sabe, por ejemplo, que las emisiones del Valle de Aburrá llegan a la región biogeográfica del Chocó, y que las generadas en el Valle de Sogamoso pueden afectar el Valle de Aburrá, especialmente a Medellín. La figura de cuenca atmosférica ayudaría a abordar y mejorar el problema”.

Esta afectación entre regiones se da por la velocidad y la dirección de los vientos, por lo cual no es suficiente determinar una cuenca atmosférica a partir de la cuenca geográfica (montañas, pequeños relieves, etc.), sino que además se debe apelar al transporte de contaminantes.

A partir de entrevistas a decisores, funcionarios del AMVA, revisión de literatura, análisis de leyes colombianas y estudio de la situación normativa y ambiental en México –en donde sí se ha legislado en torno a cuencas atmosféricas incluyendo dirección y transporte de contaminantes–, el magíster determinó que “dicho concepto sí puede ser un determinante ambiental en Colombia, de manera que su implementación derive en limitaciones en los usos del suelo, en la circulación de vehículos, la presencia de fuentes fijas (como industrias) y la altura de los edificios”.

“Como la implementación de esta figura implica restringir algunos derechos, como el de circulación y propiedad privada, si en la normativa se considera la cuenca atmosférica, se deberá regular mediante una ley estatutaria, que implica un debate y un consenso más arduo en el legislativo”, señala el experto.

En definitiva, aunque en el Valle de Aburrá se haya avanzado en el uso del término, su definición aún no ha sido detallada ni establecida legalmente.

“El concepto de ‘pluma urbana’ nos lleva a tomar datos de emisiones y transporte de contaminantes durante todas las épocas del año, lo que permitiría tener un seguimiento constante de un asunto que es dinámico y cambiante. Implementar esta figura legalmente en el país llevaría a una mejor gestión y planificación territorial relacionada con la calidad del aire”, concluye el magíster.