jueves, 22 de febrero de 2024

Una segunda vida para los residuos que salen de los pabellones de las ferias de exposición

 Una guía ilustrada, similar a un cómic, sobre producción de pabellones, sintetiza las fases, roles y componentes involucrados en la construcción de dichas estructuras temporales diseñadas para eventos masivos. Está dirigida a los encargados de la redacción de términos de referencia (contratación), productores, diseñadores y fabricantes. Con ella se busca promover la transición hacia una economía circular, y de paso reducir el vacío normativo que existe en el país con respecto a este tipo de espacios.

Según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en 2022 el sector de la construcción fue responsable del 34 % de la demanda energética en el planeta, y de alrededor del 37 % de las emisiones de dióxido de carbono, derivadas de sus operaciones y funcionamiento.

Estas cifras se asocian con los procesos de construcción convencional, pero poco se habla sobre los impactos de la fabricación de pabellones y estands para eventos masivos.

Así lo concluyó Antonio Ernesto Yemail Cortés, magíster en Construcción de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien lleva más de 20 años trabajando con la elaboración de pabellones para entidades como el Ministerio de Cultura y de las Artes, y el Centro Nacional de Memoria Histórica, en especial en el contexto de ferias y eventos culturales.

Luego de realizar una revisión historiográfica de más de 64 proyectos de arquitectura temporal en Colombia a partir del siglo XX, identificó que la madera es el material más utilizado, con usos en hasta un 54 % de los casos, por su bajo costo y facilidad de fabricación y montaje, seguido por metales como acero o aluminio, en cerca del 37 %, y otros como concreto, cerámica, drywall o vidrio, en el 9 % restante.

El 72 % de la construcción de pabellones se da en Bogotá, un desbalance que se podría subsanar con la reutilización de estos.

Entrevistó a actores relevantes en la producción de eventos culturales, vinculados a entidades como la Cámara Colombiana del Libro, Corferias y el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), seleccionados por su experiencia en distintas etapas del ciclo de vida de los pabellones.

Aunque hay iniciativas que promueven la reducción de residuos y la recuperación de materiales desde las entidades promotoras, sus protocolos no consideran una segunda vida para los elementos de manera anticipada.

“El contraste con el escenario internacional es muy diciente, hemos participado en proyectos como el Pabellón de Colombia para la Exposición Universal de Milán en 2015, en los que la normativa era distinta, y sí exigía un plan de manejo de materiales posterior al evento”, indica el arquitecto Yemail.


También analizó casos notables en Latinoamérica como el del Pabellón en el Zócalo de la Ciudad de México, que resalta por su simplicidad y el uso de módulos comerciales de madera; el Museíto Itinerante en Perú, que también destaca por su simplicidad y se transporta fácilmente, por lo que llega a diferentes localizaciones y tiene un amplio alcance social; y el Pabellón ZERI, construido en Hannover (Alemania) y Manizales y que representó una innovación constructiva con materiales renovables como la guadua.

“La disposición y el transporte de estos materiales puede representar cerca del 10 % de las emisiones totales del proyecto, por lo que tener un plan de manejo antes de la ejecución es indispensable para disminuir estas cargas contaminantes”, afirma.

La guía

Otro importante resultado de la investigación es el desarrollo de una guía ilustrada de lectura y producción de pabellones, que sintetiza las fases, roles y componentes involucrados en este tipo de proyectos, dirigida a los encargados de redactar los términos de referencia, productores, diseñadores y fabricantes, buscando promover la transición hacia una economía circular en el sector, y que haya pedagogía sobre esta problemática; por eso utilizó un estilo de un cómic.

El experto explica que como resultado se generaron una serie de recomendaciones para cada etapa del ciclo de vida de un pabellón, y cuya efectividad se comprobó con su implementación en tres proyectos de arquitectura efímera en Bogotá: la Feria Internacional de Arte de Bogotá (ARTBO) 2022, la feria La Vuelta 2022 y Salvando Primates en 2023.

Los tres casos presentaban restricciones temporales, presupuestales y de gestión material similares, además se realizaron en secuencia con el objetivo de recuperar y reconfigurar los materiales de un proyecto para el desarrollo del siguiente, buscando conservar el valor, la utilidad y la calidad de estos elementos y reducir la producción de desechos.

Por último, el investigador asegura que “se reconoce que la selección cuidadosa de materiales y la planificación de su reutilización, desde las etapas iniciales, es un factor crucial para mitigar las cargas ambientales de los pabellones, y su implementación y éxito dependen de una gestión integral, entendiendo que la responsabilidad de extender la vida útil de un pabellón no recae solo en la arquitectura”.





miércoles, 21 de febrero de 2024

Paujil de pico azul, ave en peligro de extinción que todavía se puede salvar

En la Sierra Nevada de Santa Marta ya no es tan frecuente escuchar el canto de estas aves, que no excede los 90 cm, pues la caza, el tráfico ilegal y la deforestación han hecho que su hábitat se pierda; por eso cada grano de arena dirigido a su conservación es fundamental. Una bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) hizo un primer registro sobre el comportamiento reproductivo de 4 paujiles en Medellín, y creó un protocolo para preservar la especie en el país.


Los paujiles macho tienen un pico azul celeste inconfundible, cresta crespa y negra, y como muchas especies de aves, se contonean, bailan y les dan regalos a las hembras para cortejarlas; además viven en los sotobosques, lugares en donde abundan los arbustos y árboles pequeños, vegetación entre la que se esconden y estiran el cuello.

A pesar de ser un ave endémica de Colombia (o sea que solo vive aquí) su población ha disminuido radicalmente con el pasar de los años. El nivel de baja es tan preocupante, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la incluyó como especie “en peligro crítico de extinción”.

Existen pocas investigaciones sobre su situación actual, solo se sabe del estudio de un grupo de paujiles en Yondó (Antioquia), realizado por la ONG Wildlife Conservation Society, en el cual se determinó que si la cacería de la especie se mantiene constante en los próximos años, no habrá vuelta atrás y los esfuerzos por conservarla serán en vano.


Ante este panorama, y considerando que en el país al menos el 39 % de las 24 especies de crácidos (familias a la que pertenece el paujil) están en grave peligro, la bióloga Zhara Valentina Cubillos Arias llegó al Parque de la Conservación (Medellín) para trabajar por el cuidado y manejo de 4 paujiles de pico azul y aportar al entendimiento de su comportamiento reproductivo y social, generando estrategias que potencien los planes de conservación existentes hoy.

Durante seis meses, la bióloga enriqueció el hogar de estas aves –conformadas por recintos cerrados con un nido y algo de espacio– con balazo (Monstera deliciosa) y platanillo, plantas cuyas hojas rojas y amarillas parecen picos de aves. Aprovechando su presencia en el Parque, se ubicaron nueve ejemplares en cada jaula para que sirvieran como aislantes del ruido (el lugar queda al lado del transitado barrio Antioquia) y de la conexión con otras especies como las guacamayas.

“Aunque el paujil no interactúa en su día a día con estas plantas, tampoco se sabe qué tipo de vegetación prefiere, pues como son aves difíciles de encontrar no hay certeza sobre el lugar del que provienen”, asegura la investigadora, cuyo trabajo de investigación fue dirigido por el profesor Hugo López, del Departamento de Biología.


“Cuando llegué aquí los paujiles estaban retraídos y poco activos; presentaban muestras de estrés por no tener un hábitat adecuado, y por ende sus intenciones de reproducirse eran muy bajas; no  obstante, después de enriquecer sus recintos y de aplicar un plan de manejo que tuvo en cuenta la interacción entre ellos y la alimentación, así como retos cognitivos para conseguir comida y su condición física, las aves volvieron a presentar intención de copular y un mayor dinamismo y movimiento”, cuenta la investigadora.


Un dato curioso y a la vez riesgoso para la especie, por increíble que parezca, es que su principal estrategia de cortejo consiste en reunir las piedras más preciosas que encuentra a su alrededor para llevárselas a la hembra,  práctica que ha alentado el mito de que las aves guardan oro en su cuerpo, por lo que personas inescrupulosas las cazan para comprobar si es cierto.

“Después de ajustar los nidos hubo acercamientos para reproducirse: uno de los machos montó a una hembra de unos 6 años, pero el proceso no llegó a buen término porque se tornó muy agresivo. Un segundo macho, con el que también hubo buena química, ya tenía 20 años y no se interesó”, indica la bióloga.

Aunque no se pudo obtener un huevo viable para tener un polluelo, se evidenció que la hembra mejoró su comportamiento materno, pues al inicio los dos huevos que puso los dejo caer y dañar, pero al tener un nido enriquecido les dio calor y los protegió.

Este trabajo es un primer paso para entender los procesos que influyen en la reproducción de la especie, por lo que representa un insumo y antecedente fundamental para futuras investigaciones. Aunque en el Parque se manejan protocolos rigurosos de cuidado y alimentación (frutas, vegetales, arroz, huevo o pollo), el estudio permite robustecer los planes de conservación y preservación con enfoques más holísticos e integrales.

 




martes, 20 de febrero de 2024

¿Vida en Marte? El vapor de agua y su relación con los ciclos solares tendría la respuesta

 Un estudio sobre cómo las variaciones en el ciclo solar (11 años) habrían alterado la atmósfera y la producción de vapor de agua en Marte concluyó que, a diferentes altitudes, se dan cambios en la producción de dichas partículas. El aporte ayudaría a entender la posibilidad de que haya vida en ese planeta, tener misiones espaciales con menos riesgos, además de un buen funcionamiento de los satélites alrededor de la Tierra.

¿Por qué es importante saber el comportamiento del vapor de agua? porque este es un indicio crucial sobre la posible existencia de vida en Marte, ya que el vapor tuvo que venir de agua líquida bajo la superficie, o en forma de hielo, y determinar su disponibilidad existente tendría implicaciones en futuras misiones de exploración, y por qué no, en una posible colonización humana.

Aquí es donde aparece el Sol, pues se ha evidenciado que cuando la estrella está aproximadamente en el quinto año de su ciclo, la radiación que emite es mucho más intensa, y en la Tierra se relacionaría e incidiría con fenómenos climáticos como El Niño y La Niña, la cantidad de ozono en la estratosfera, la densidad atmosférica y la trayectoria de objetos espaciales y satélites.

Según la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior, 4.921 satélites están orbitando la Tierra, pero no todos están activos, ya que cerca de 2.600 no funcionan. Además, las misiones espaciales se ven afectadas según el estado del ciclo solar.

Aunque el efecto del Sol sobre nuestro planeta ha sido un tema muy estudiado, aún hay muchas preguntas, en especial sobre otros planetas como Marte y su relación causal entre los ciclos solares y los cambios en partículas como dióxido de carbono, nitrógeno, argón, oxígeno molecular y vapor de agua, principales componentes de su atmósfera.

Por eso el investigador Johan Nicolás Molina, magíster en Astronomía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), determinó hasta qué punto había cambios en la concentración del vapor de agua causados por la actividad solar a lo largo de su ciclo.

¿Si estando a 150 millones de kilómetros el Sol tiene incidencia en la Tierra y determina su clima, por qué no pensar que en el planeta rojo también podría incidir, ya que está a unos 228 millones de kilómetros?

El estudio

Para la investigación se recopilaron miles de datos provenientes de bases de libre acceso entre 2004 y 2018. Para ello se empleó el Spicam, un espectrómetro instalado en la sonda Mars Express, que desde 2004 está tomando datos en Marte y con cuyos sensores se ha recogido información sobre la atmósfera y la superficie marciana, y además se revisó información del orbitador Viking 1, que tomó datos en 1975.

Para ello se usó el lenguaje de programación Python, con el que se analizaron y determinaron patrones que dieran cuenta de los cambios tanto en el vapor de agua como en las demás especies químicas. Este fue uno de los mayores retos del proyecto –tomó 9 meses– y consistió en desencriptar registros de lo que ocurría en la atmósfera, y fue complejo ya que estos son muy viejos y tienen un código difícil de entender; sin embargo, gracias al arduo trabajo del magíster Molina se pudieron utilizar.

Se identificó que la concentración de vapor de agua en diferentes altitudes de la atmósfera de Marte y en el índice Penticton –que mide el flujo solar– había una relación en cambios que iban en 4 órdenes de magnitud con un promedio de 7.000 millones de partículas por centímetro cúbico, una cifra que parece de un valor variable muy grande (4 órdenes de magnitud) y que manifiesta la incidencia del Sol sobre la atmósfera marciana desde el mínimo hasta el momento más álgido del ciclo solar.

Además se implementó la metodología periodograma de Lomb Scargle, novedosa en este campo, la cual consiste en una simulación computacional del clima de Marte en la plataforma NRLMSISE-00, creada por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.

Los resultados sugieren que a altitudes entre 50 y 60 km de la superficie de Marte la variación en la concentración del vapor de agua está alineada con la variación de la actividad solar, asociada con su ciclo periódico de 11 años.

Según el investigador Molina, “el Sol, sus manchas y la energía que liberan se han estudiado desde la época de Galileo Galilei, pero aún hay muchos parámetros para determinar sus cambios y el impacto en el sistema solar, en este caso en Marte”.

“Este resultado es importante porque es un aporte a la caracterización de la atmósfera de Marte y una guía para las agencias espaciales para saber en qué momento deben lanzar una misión, teniendo en cuenta las condiciones y reducir fallos tanto en la ejecución como en el impacto a los satélites”, indica el magíster, cuyos directores de investigación fueron los profesores Santiago Vargas, del Observatorio Astronómico Nacional, de la UNAL, y Jorge Zuluaga, de la Universidad de Antioquia.











lunes, 19 de febrero de 2024

Uso adecuado de maquinaria en el agro, crucial en la producción de alimentos y el cuidado del medioambiente

 No saber maniobrar correctamente una máquina o la tecnología en el campo implica generar daños irreversibles en el suelo que comprometen su capacidad para sustentar la vida vegetal. De ahí que la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) dicte un curso gratuito sobre la mecanización sostenible, que hace referencia tanto al uso de maquinaria y tecnología en la siembra, la cosecha y la labranza como a la gestión eficiente de los recursos naturales asociados con la producción agrícola.

En un mundo donde la demanda de alimentos crece exponencialmente, la agricultura enfrenta el desafío de aumentar la productividad sin comprometer la sostenibilidad de los recursos naturales, especialmente del suelo, un organismo vivo que sustenta la existencia y en donde yace el 90 % de los alimentos que llegan a las mesas, y por ende es la base del bienestar humano y la seguridad alimentaria.

El foco central de la mecanización agrícola es el suelo, pues este sustrato vital se afecta directamente por las operaciones de mecanización. Si no se maneja adecuadamente, la maquinaria puede causar daños irreparables comprometiendo la capacidad del suelo para sustentar la vida vegetal.

En este contexto la sostenibilidad se vuelve imperativa, y proteger y preservar el suelo se convierte en una responsabilidad que recae en todos los actores involucrados en el proceso agrícola, desde agricultores hasta académicos y responsables políticos. El desafío: lograr el equilibrio entre la producción de alimentos y la conservación del medioambiente a largo plazo, para garantizar el sustento de las comunidades y el futuro de las generaciones venideras.

“La mecanización sostenible se refiere al uso de maquinaria y tecnología en un sistema de producción agrario que permite planificar, organizar, direccionar y controlar los recursos para alcanzar mejores resultados. Implica combinar la eficiencia –mediante la cual se logran resultados deseados con la menor cantidad de recursos, tiempo o esfuerzo posibles– con la efectividad, que significa que las acciones cumplen su propósito de manera satisfactoria”, explica el profesor Óscar Chaparro, uno de los docentes que impartirá el curso en la UNAL Sede Palmira.

Los recursos asociados con la producción agrícola que se pueden gestionar son: suelo, agua, fertilizantes, fungicidas, herbicidas, insecticidas, maquinaria, combustible, datos y tecnología.

Formación para la mecanización sostenible


Profesores de la UNAL Sede Palmira, en colaboración con Fomenta –una organización sin ánimo de lucro especializada en la formación en el sector agropecuario– desarrollarán el curso gratuito de Mecanización Sostenible al que ya se inscribieron 25 participantes entre egresados que trabajan en el sector agrícola y estudiantes activos de los diferentes programas en la Sede Palmira (carrera 32 # 12-00, barrio Chapinero).

El curso, que se impartirá de manera teórica y práctica, les proporcionará a los asistentes las herramientas y los conocimientos necesarios para adoptar prácticas sostenibles en sus operaciones agrícolas.

El profesor Sebastián Saavedra Rincón, otro de los docentes de la Facultad de Ingeniería y Administración a cargo del curso, señala que  “en los tres días abordaremos 4 unidades temáticas: la primera relacionada con la conceptualización y la fundamentación de la mecanización agrícola como herramienta de gestión para el uso racional de la maquinaria y conceptos clave asociados con su manejo y el uso del suelo en los sistemas de producción agrícola”.

“En la segunda veremos el fenómeno de la compactación del suelo y estudiaremos la teoría hasta llegar a la práctica y observar en campo cómo se expresa dicho fenómeno, pues si presenta perjudica los sistemas agrícolas porque no permite el normal desarrollo o crecimiento de las plantas”.

“En la tercera abordaremos la gestión del tránsito de la maquinaria agrícola sobre el suelo en las diferentes operaciones: siembra, cosecha, fertilización y labranza, en la denominada “intensidad de tráfico” y cómo se asocia con la compactación. En esta unidad los asistentes conocerán cómo mitigar esos efectos que pueden ser adversos para un sistema de producción agrícola”.

“Y en la cuarta haremos un recorrido por todas las herramientas tecnológicas que existen hoy para lograr esa gestión de forma más eficiente mediante la agricultura de precisión y la agricultura digital. Se espera que los participantes adquieran habilidades prácticas y conocimientos teóricos que les permitan implementar sistemas más eficientes, rentables y sostenibles”, concluyó el docente Saavedra.

El curso tendrá una duración de tres días, con una intensidad de 8 horas diarias. Al cierre, todos los asistentes recibirán un certificado.






viernes, 16 de febrero de 2024

Paneles solares más eficientes gracias a innovadora mezcla de minerales

 Instalar paneles solares en los techos o patios de las casas y edificios se ha convertido en una alternativa sustentable para captar radiación solar y conseguir energía eléctrica. Estos paneles están hechos especialmente de silicio, el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre después del oxígeno. Un estudio de laboratorio determinó que fabricarlos con mezclas de elementos como indio, galio y arsénico mejoraría su eficiencia energética, aumentando su productividad del 30 al 60 %, ya que logran absorber todo el espectro visible de la radiación solar, desde el infrarrojo hasta el ultravioleta.

Los módulos solares se componen de pequeñas celdas o laminillas que actúan como semiconductores, capaces de transformar la luz del sol (energía fotovoltaica) en energía eléctrica. Un solo módulo puede contener más de 60 piezas de estas, más delgadas que un cabello humano. Aunque actualmente se utilizan estas celdas, un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, realizado en el Laboratorio de Nanoestructuras Semiconductores del campus La Nubia, propone construir las celdas con mezclas de elementos y una técnica novedosa para sintetizar o unir las capas de cada una.

Por lo general, el proceso de construir paneles solares se hace con cámaras que emplean gases como el nitrógeno, el argón o el helio. Sin embargo, en este caso se utilizó un método diferente llamado “deposición de capas atómicas”, en el que un equipo llamado magnetrón escúter realiza una deposición física de vapor en vez de utilizar gases.

“Es una especie de rayo que choca con lo blanco del material y hace que las partículas del componente se ubiquen una sobre otra generando una especie de capa”, así lo explica Juan Esteban Salgado Salgado, ingeniero físico de la UNAL Sede Manizales, quien con la colaboración de su profesor Álvaro Orlando Pulzara Mora, doctor en Física de la UNAL, enfocó el estudio en el uso de los elementos semiconductores III y V de la tabla periódica.

Las tres mezclas fueron: (i) aluminio, galio y arsénico, (ii) indio, galio y arsénico, y (iii) galio, arsénico y nitrógeno. El galio se encuentra en pequeñas cantidades en algunos minerales de zinc (extraído comúnmente de depósitos de esfalerita) y aluminio; el arsénico se encuentra en minerales como la arsenopirita. La segunda fue la más eficiente. 

“Estos elementos se seleccionaron por su facilidad de ser donantes, es decir que les sobran electrones hasta para compartir, y además son huecos, por lo que cuentan con espacios que permiten el paso de más electrones a través del material y que fluyan a través del semiconductor”, menciona el ingeniero Salgado.


Para lograr esta mixtura, las celdas se acoplaron a una temperatura entre 300 y 500 °C durante 3 horas mínimo y 8 máximo, con medidas de 5 mm x 5mm y un espesor inferior a 1 mm. El ancho de banda del silicio es de 1 electronvolt (eV), mientras con las mezclas indio y nitrógeno: 0,7 eV; galeno y nitrógeno 3,4 eV.

Estas celdas reforzadas son sumamente eficaces porque logran absorber todo el espectro visible de la radiación solar desde el infrarrojo hasta el ultravioleta, a diferencia de las fabricadas solo con silicio. Además, a las capas exteriores se les agregaron átomos de silicio y manganeso, un método físico conocido como “dopaje” que se utiliza para mejorar la conductividad eléctrica.

Al proceso se le conoce como “monounión”, es decir una sola celda compuesta de diferentes capas; si se quisiera hacer más gruesa o aumentar más su eficiencia, se conoce como “modelo tándem”.

La evaluación de las celdas se hizo con el apoyo del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional en México (Cinvestav), en el que se utilizaron especialmente dos técnicas de medición: microscopia electrónica de barrido SEM y espectroscopia de rayos X de energía dispersiva EDS. La primera arroja una imagen de los componentes de cada una de las capas y la superficie de la celda y la segunda determina que realmente está compuesta por esos elementos añadidos con el rebote de los electrones.

También se usó la espectroscopia de fotoelectrones de rayos X (XPS), que se enfoca en la superficie de la muestra, ya que la idea es que absorba la mayor cantidad de fotones posibles. A diferencia de las otras dos técnicas de medición, esta no dice exactamente qué tipo de elemento químico hay, sino en qué enlace se encuentra (uniones entre elementos).

“Este aporte permitirá mejorar la productividad en paneles solares, con películas delgadas y más flexibles, con una alta eficiencia para competir en el mercado, en el que el aporte investigativo logra cumplir con la propuesta del trabajo que era identificar, crear y generar una descripción morfológica superficial y química de la celda, poder medir su eficiencia”, concluye el ingeniero Salgado.





jueves, 15 de febrero de 2024

. Jardín Botánico de San Andrés, custodio de la vegetación del Archipiélago

 ¿Qué sería de San Andrés sin sus aguas azules, sin la arena suave y fina que masajea los pies de miles de caminantes, pero, sobre todo, sin sus plantas autóctonas como guayacán real, drácena, sandía, duranta, crotón, oreja de elefante, longuián y helecho nido de pájaro?

No es una revelación que uno de los mayores atractivos de San Andrés es su mar Caribe con una amplia gama de tonos, que alberga peces coloridos y corales, y sus cálidas playas, lo que seguramente usted desconoce es que es un lugar lleno de biodiversidad, cuyo bosque seco tropical incluye más de 200 especies de plantas.

Para preservar este tesoro de flora, hace 16 años la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) creó el Jardín Botánico de San Andrés, proyecto ideado por el arquitecto Santiago Moreno González y el profesor Petter Lowy Cerón, exdirector de la Sede Caribe, quienes con el apoyo de la comunidad raizal compraron el terreno en 1996, con la finalidad de conservar y estudiar las especies de plantas que este alberga en una extensión de 69.718 m2.

El 90 % del Jardín es de bosque seco tropical y allí viven 12.640 individuos de 234 especies pertenecientes a 72 familias botánicas, diversidad se incluye plantas ornamentales, tóxicas, medicinales y maderables.

Un 42 % de este acervo pertenece a plantas nativas que contribuyen al conocimiento, la conservación, el aprovechamiento y la recuperación de la vegetación del Archipiélago.

El Jardín es un aula viva para los estudiantes de la Universidad y de las instituciones educativas de la Isla, lo que lo convierte en un lugar importante para la investigación ambiental.


Todo esto es posible gracias a que en marzo de 1999 la UNAL le presentó el proyecto al Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, que otorgó el concepto de “predio favorable” para adelantar tareas técnico-ambientales, convirtiéndolo así en uno de los primeros jardines botánicos aprobados por esa institución en el país.

El 6 de agosto de ese mismo año obtuvo el permiso ambiental de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (Coralina).


El esfuerzo de la UNAL por conservar esta tierra y las especies que viven en ella se debe valorar como un proyecto que permanece para ser guardián de la historia ambiental de la Isla en los tiempos de los agricultores y sus derechos ancestrales como territorio y comunidad, porque, ¿qué sería de la Isla de San Andrés sin su historia?









miércoles, 14 de febrero de 2024

Región Andina seguirá estando muy afectada por fenómeno de El Niño

 La confluencia entre el periodo seco –entre diciembre y febrero– y el fenómeno de El Niño hace que, debido a la diversidad topográfica del país, la sequía sea mucho más intensa y afecte más a la región Andina y menos a la Orinoquia o la Amazonia. Experta de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín explica las razones científicas de la temporada de calor que todavía no parece irse.

El riesgo de desabastecimiento de agua y el incremento de los incendios en el país son algunos de los efectos de un evento natural que afecta a las regiones según sus condiciones geográficas. Las altas temperaturas en el territorio nacional han llevado al Gobierno de Colombia a pedir ayuda a las Naciones Unidas.

Según las características de sus coberturas, en las ciudades el calor se puede sentir más o menos intenso cuando aumenta la temperatura. ¿Pero qué es la temperatura? La profesora Yuley Cardona Orozco, del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la UNAL Sede Medellín, explica que “es el resultado de fenómenos físicos que ocurren a escala global y local. Como planeta tenemos un clima cambiante de origen antropogénico, es decir resultado de la acción humana –como por ejemplo de la actividad industrial– o de la contaminación”.

En la región Andina, diciembre, enero y febrero son los meses de temperaturas más altas y menores precipitaciones, igual que julio y agosto. “Estacionalmente hablando, desde la meteorología no estamos por fuera de lo normal. Lo que sí es diferente es la confluencia del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) de fase positiva, que es el resultado de un calentamiento del océano Pacífico central y que tiene su pico máximo alrededor de diciembre”, agrega.

El Boletín ENOS –de seguimiento de las condiciones de la temperatura superficial del mar asociadas con este fenómeno– publicado el lunes 5 de febrero por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) indica que en la actualidad se está en un pico y que las anomalías del trimestre son de 2 oC en la temperatura del océano superficial.

La profesora Cardona comenta que “además de que estamos en una tradicional época seca, para Colombia el ENOS representa una reducción en precipitación –o en las lluvias– y un aumento de la temperatura”.

Así mismo, la Oscilación del Sur tiene que ver con la presión atmosférica, por lo que durante la ocurrencia del fenómeno también se dan cambios en los valores relacionados. Es decir, en algunas zonas disminuye y en otras aumenta, haciendo que la intensidad, la velocidad y la dirección del viento se modifiquen.

Este fenómeno, que es planetario, afecta a las regiones de forma distinta según su ubicación; por la diversidad topográfica del país, la región que suele verse más afectada es la Andina, mientras que las menos impactadas son Orinoquia y Amazonia.

Las altas temperaturas registradas han generado alertas dada la cantidad de incendios presentados y corresponden a un proceso natural de variabilidad climática interanual. Por ejemplo, entre los episodios de El Niño más intensos se recuerdan los de 1998 y 2016, en los que hubo disminución en los niveles de los embalses e incremento de los incendios forestales.

Del aumento progresivo de la temperatura hay datos y registros. Por ejemplo, reportes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) indican que 2021 fue el año con más alta temperatura en la Tierra, tendencia que continuó en 2022 y 2023, este último año declarado por la Organización Meteorológica Mundial como el más cálido en la historia. Lo que ocurre es que “cada año estamos rompiendo el récord”, afirma la profesora Cardona.

Desde 1980, Naciones Unidas viene informando que cada década ha sido más cálida que la anterior, y que los fenómenos meteorológicos se han hecho más frecuentes e intensos; de otra parte, aunque los eventos extremos de frío se seguirán presentando pese al aumento de la temperatura, su frecuencia ha disminuido desde 1950.

Hacia finales de enero, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) informó sobre el aumento de temperaturas en el país y de incrementos récord en 29 municipios. Uno de ellos, Jerusalén (Cundinamarca), superó los 40 °C. Más tarde, a inicios de febrero, se comenzaron a registrar lluvias, y la entidad informó que se preveía que estas condiciones continuarían y que serían abundantes en sectores de las regiones Pacífica y Andina.

Según la académica Cardona, el reporte de la NOAA del 5 de febrero indica que “existe un 73 % de probabilidades de que entre abril y junio no estemos en el fenómeno de El Niño, aunque este es difícil de predecir, y con esta probabilidad se indica que pasaríamos a una fase neutral”.

El calentamiento global que sufre el planeta es precisamente lo que hace más difícil el pronóstico, coinciden las docentes, por cuanto no hay datos históricos que permitan comparar, porque nunca antes el planeta había alcanzado las temperaturas que se están registrando ahora.

 




Sistema inteligente mantiene a salvo del frío los cultivos de invernadero

 El asistente computacional combina pantallas térmicas, tuberías con agua y ventilación natural, y puede aumentar hasta en 5 °C la temperatura dentro del invernadero. Tales características crean un ambiente óptimo para el crecimiento de hortalizas, flores y hasta plantas ornamentales como helechos y bonsáis que forman parte de muchos hogares colombianos.

El cultivo de plantas es una labor que se podría calificar como “titánica”. Los agricultores no solo tienen que lidiar con una serie de plagas como la mosca blanca o la arañita roja, sino que además deben estar listos y anteponerse ante variaciones climáticas como las bajas temperaturas, que dificultan el buen desarrollo de los cultivos.

Los invernaderos han sido una alternativa efectiva para la diversificación de los cultivos, con un aporte muy importante a la calidad. Para no ir muy lejos, en Cundinamarca existen cientos de estas estructuras, generalmente de plástico o vidrio, que brindan protección contra el clima, lo que posibilita la producción agrícola durante todo el año.

Los hay de tipo túnel, de dientes de sierra, con techumbre curva o el famoso capilla, que es muy utilizado en la región Andina, en especial en Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca. La elección del tipo adecuado depende del clima del lugar, las necesidades de espacio del cultivo y la ventilación requerida.

Aunque los invernaderos ofrecen un sinfín de beneficios, la mayoría carece de sistemas de climatización, elementos clave para controlar y optimizar las condiciones ambientales, especialmente en zonas de clima frío, en donde son frecuentes las temperaturas bajas y las heladas.

En el Centro de Investigación Tibaitatá de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia) se encuentra un invernadero tipo capilla con doble ventilación fija que asemeja una pequeña casa con techo curvo y dos aberturas en su parte superior. Por dicha altitud, el cultivo de plantas es todo un reto.

Para afrontar este desafío, Gloria Alexandra Ortiz Rocha, magíster en Ingeniería - Ingeniería de Biosistemas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), diseñó un sistema integral de climatización que aprovecha la energía solar.

El prototipo diseñado cuenta con pantallas térmicas, colectores solares y un panel solar híbrido. También aprovecha mangueras térmicas estratégicamente ubicadas para mantener condiciones óptimas dentro del invernadero.

“Los elementos trabajan en conjunto para regular la temperatura dentro del invernadero, maximizando así las condiciones ideales para el crecimiento de los cultivos”, señala la magíster Ortiz.

Agrega que, “las mangueras se pintaron de negro para que absorban mejor el calor. Ellas facilitan la circulación de agua caliente durante las noches o madrugadas frías”. Esto quiere decir que el agua caliente, generada por el sistema de colectores solares, ayuda a mantener una temperatura estable dentro del invernadero, de tal manera que protege los cultivos de condiciones climáticas extremas.

Una de las características más destacadas del prototipo es su capacidad para adaptarse a diferentes tipos de invernaderos y condiciones climáticas. Gracias al uso de la dinámica de fluidos computacionales (CFD, por sus siglas en inglés), la ingeniera lo diseñó de modo que se pueda ajustar según las necesidades específicas de la ubicación y la estructura.

Luego de haberlo sido sometido a rigurosas pruebas experimentales, se demostró un aumento significativo en la temperatura interior de la estructura. En promedio, se ha logrado un aumento de 5 °C, lo que representa un avance considerable en la protección de los cultivos contra las heladas.

Para evaluar su eficacia, mediante sensores se realizó un seguimiento durante tres meses que incluyó mediciones de temperatura, humedad, velocidad del viento y radiación solar.

Según la investigadora, su propuesta es una alternativa para los desafíos que enfrenta la agricultura en la actualidad, al impulsar prácticas agrícolas más eficientes y resistentes al cambio climático.









lunes, 12 de febrero de 2024

Caldas tiene primer Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Cambio Climático

 El conocimiento generado en 30 años de investigaciones alrededor de la prevención y gestión del riesgo, que ha convertido a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales en una institución líder en el tema, evoluciona ahora hacia la creación del Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático, que apueste por el desarrollo y la consolidación de políticas públicas que generen acciones concretas en este importante ámbito.

La iniciativa es liderada por el Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL Sede Manizales, y con esta se busca ofrecer servicios de extensión en la prevención de riesgos y adaptación al cambio climático orientados a entidades públicas y privadas como Aguas de Manizales, la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas), la Defensa Civil, la Cruz Roja, la Alcaldía de Manizales y el Cuerpo Oficial de Bomberos. Así mismo, se trabajará de manera conjunta con la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.

El Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático brindará formación especializada en educación continua, como diplomados, cursos y talleres prácticos que sean espacios tanto de aprendizaje como de sensibilización y responsabilidad, y que sirvan para reducir la vulnerabilidad del territorio.

El profesor Jaime Alberto Sepúlveda Gómez, director del IDEA y del proyecto, menciona que “este proceso interdisciplinario está apoyado en el trabajo que durante tres décadas ha realizado el Instituto, y que se reforzado con el programa Investigación Integrada sobre Riesgos y Desastres (IRDR) y el Consejo Internacional para la Ciencia (ISC)”.

El IRDR es un programa internacional que aborda los desafíos planteados por los eventos de amenazas naturales y mejora los mecanismos de formulación de políticas; por su parte el ISC trabaja globalmente para catalizar y convocar experiencia científica, asesoramiento e influencia sobre temas de gran interés tanto para la ciencia como para la sociedad.

Cambio climático, una responsabilidad de todos

La alteración de los ecosistemas, la temperatura y la variación en los patrones climáticos se da, en primera instancia, por las malas prácticas o acciones como la quema forestal, la explotación de suelos y ríos, y el el uso de combustibles fósiles y gas.

El profesor Omar Darío Cardona, del Departamento de Ingeniería Civil de la UNAL Sede Manizales, uno de los más reconocidos expertos nacionales y latinoamericanos en gestión del riesgo, afirma que la capital de Caldas “es un laboratorio natural para la gestión y prevención de desastres”.


“Una de las estrategias de este Centro de Excelencia es generar equipos de trabajo articulados interdisciplinariamente con profesionales de todas las carreras, que permitan conducir a nuevas 

metodologías para generar estudios más profundos y robustos, en pro de resolver e identificar riesgos inminentes como deslizamientos o inundaciones, para mitigar y reducir el riesgo”.

El Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático se creó a inicios de 2023 y es uno de los 13 centros de excelencia con los que cuenta la UNAL; para 2024 se espera un gran impacto ante la academia y representación de la UNAL, pero aún más la responsabilidad de trabajar juntamente con la actualización del Plan Nacional de Riesgo en su última versión del 2015 al 2030 que entrará en fase de actualización.





jueves, 8 de febrero de 2024

Bosques del Magdalena Medio tendrían más especies en riesgo de las que se creía

 Con algoritmos avanzados se identificó que en las áreas aledañas a la Reserva Natural El Silencio (Yondó, Antioquia) el impacto producido por la presencia de especies exóticas e invasoras –como la palma de cera, el gecko casero, o la pomarrosa– es mayor del que se tenía registrado con los datos de sensores remotos; esta situación amenaza el hogar del tití cabeza blanca, el mono araña café, y el paujil, ave cada vez más difícil de avistar debido a la tala ilegal y la deforestación.

Los sensores remotos son el instrumento por excelencia para monitorear la mayoría de los ecosistemas del mundo; son sistemas que captan información de la superficie terrestre de manera satelital, también se utilizan imágenes detalladas del tipo de vegetación, la distribución y la humedad, entre otras propiedades importantes.

No obstante, existen inconvenientes para estudiar más a fondo las especies de flora y fauna presentes en una zona, o cuáles son sus dinámicas en un ecosistema que afronta problemáticas como las mencionadas, y a veces no se trabaja de la mano con las extensas bases de datos que los biólogos construyen en todo el territorio nacional.

Aunque existen sensores acústicos que captan sonidos de aves, insectos y mamíferos, su uso aún no está muy extendido. En vista de este vacío, y con la atención puesta en la Reserva Natural El silencio, que, contrario a su nombre, tiene una gran abundancia de sonoridades de animales, Luis Hernando Romero Jiménez, magíster en Geomática de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), tuvo la brillante idea de utilizar algoritmos de machine learning, o aprendizaje de máquina, para analizar todos los datos y obtener mejores evidencias.

Para lograrlo combinó más de 10.000 datos recogidos por los sensores remotos disponibles en la zona, 1.500.000 registros de especies de animales y plantas almacenados en grandes bases de datos como el Sistema Global de Información sobre Biodiversidad, y múltiples investigaciones en campo desarrolladas por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.

Este mapa de la zona le permitió tener una idea más clara de lo que había en El Silencio, pero aún faltaba una pieza: la inteligencia artificial. Con la prueba de diferentes algoritmos de aprendizaje de máquina tuvo una precisión de más del 70 % para determinar que varios de los parches de bosque considerados como de “alta calidad” por los sensores remotos cuentan con la presencia de especies exóticas que afectan la integridad de los bosques evaluados.

“Los bosques se han conservado en pequeñas porciones, se han fragmentado, y esto afecta la calidad del hábitat; en donde los sensores mostraban buen estado, realmente se presenta el ‘síndrome del bosque vacío’, en el que las especies indicadoras de buena calidad ven mermadas sus poblaciones a causa de la caza y el tráfico ilegal”, destaca el magíster.

Aunque las cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales mostraban que para 2022 la deforestación en el país había disminuido en un 29 %, la pérdida de bosques sigue siendo de al menos 123.517 hectáreas, por lo que la naturaleza sigue en aprietos y necesita de mejores planes y estrategias de conservación, como los que posibilitan los algoritmos utilizados en esta investigación.

“Al hablar de calidad de hábitat se pueden interpretar muchas cosas, pero en la investigación nos centramos en tres puntos de estos bosques: el primero es que su estructura esté bien constituida, esto quiere decir que sus árboles y vegetación sea alta y abundante, con poca intervención humana; el segundo, la riqueza en la composición y diversidad de especies animales y vegetales, y el tercero se refiere a la función y relación entre estas especies”, indica el investigador.

Añade que “el estudio es pionero en cuanto al uso de algoritmos en el análisis de múltiples especies, pues investigaciones pasadas se concentraron en lo que ocurría solo con un ave o mamífero en específico, pero aquí se consideró lo que ocurría con todos los registros, un abordaje holístico, integral, que facilita encontrar el riesgo y la vulnerabilidad asociada para estos animales”.

“El modelo está diseñado para que cualquier investigador interesado lo replique, especialmente para zonas con características similares a este lugar, aunque es posible modificar la captura de información para analizar otros ecosistemas o especies de interés”, anota.

La investigación contó con el apoyo tanto de la Fundación Biodiversa Colombia –que trabaja con las comunidades de ese territorio para tener mejores datos– como de la guía de los profesores José Camilo Fagua González, del Departamento de Biología de la UNAL, y Susana Rodríguez Buriticá, del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.