Cerámicas, herramientas, semillas y otros vestigios conservan rastros de una historia humana que comenzó en la Amazonia hace al menos 13.000 años. Parte de ese pasado podrá estudiarse ahora desde Leticia, donde la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia puso en funcionamiento el primer Laboratorio de Arqueología de la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil.
Su importancia va más allá de contar con equipos y un
espacio especializado. Por primera vez, investigadores y estudiantes de la Sede
Amazonia podrán analizar evidencias arqueológicas sin desligarlas del
territorio en el que fueron encontradas y de las comunidades que conservan
conocimientos y memorias sobre esos lugares.
Esta ubicación cobra especial relevancia en una región cuya
historia no cabe dentro de las fronteras políticas actuales. Para el profesor
Jeison Lenis Chaparro Cárdenas, antropólogo y arqueólogo que lidera el
proyecto, contar con esta infraestructura en Leticia permitirá fortalecer una
investigación que durante años ha dependido de capacidades instaladas fuera de
la Amazonia.
“En esta enorme región del noroccidente amazónico, el
laboratorio de la Sede Amazonia es el que articula la investigación sobre el
pasado de los grupos humanos. En términos prácticos, es el primer laboratorio
para esta región dentro de la región”, señala.
Allí podrán analizarse materiales y evidencias para indagar
cómo llegaron y se asentaron los primeros grupos humanos, cómo se movilizaron
por la selva y los ríos, qué intercambios establecieron y de qué manera
transformaron el territorio a lo largo de miles de años.
Una historia humana que desborda las fronteras
La arqueología permite reconstruir parte de esa historia a
partir de evidencias materiales como cerámicas, herramientas, semillas y otros
vestigios. Chaparro explica que en la Amazonia existen evidencias de presencia
humana de hace aproximadamente 13.000 años, y destaca en Colombia sitios
arqueológicos de relevancia como La Lindosa, Chiribiquete y Peña Roja.
Mirar ese pasado desde Leticia permite ampliar la escala de
las preguntas. La zona de influencia del laboratorio comprende un territorio
conectado histórica y culturalmente entre Colombia, Perú y Brasil, aunque hoy
esté dividido por fronteras nacionales. Desde allí será posible estudiar los
antiguos procesos de poblamiento, movilidad e intercambio y las
transformaciones experimentadas por las sociedades amazónicas desde una
perspectiva regional.
Pero las huellas del pasado no están únicamente bajo tierra
ni se reducen a los objetos recuperados en una excavación. El laboratorio parte
de un enfoque de arqueología social que incorpora las memorias y los
conocimientos de las comunidades que mantienen vínculos históricos y culturales
con esos lugares.
“La arqueología social reconoce la importancia de las
comunidades indígenas. No se trata solo de hacer proyectos académicos bonitos,
sino de apoyar iniciativas locales como fortalecer procesos de memoria o
reconocer sitios sagrados”, explica el profesor Chaparro.
Esta mirada adquiere especial importancia en la Amazonia,
donde muchos sitios y objetos arqueológicos forman parte de territorios que
conservan significados culturales y espirituales para sus habitantes. Por eso,
el laboratorio busca que las investigaciones puedan responder también a
preguntas y necesidades planteadas desde el territorio, además de producir
conocimiento académico.
Investigar y formar sin salir de la Amazonia
Además, el laboratorio tendrá una función crucial en la
formación de nuevos arqueólogos e investigadores. Los estudiantes del programa
de Antropología de la Sede Amazonia podrán acercarse al trabajo arqueológico
mediante prácticas de laboratorio y de campo, con herramientas y equipos
destinados al análisis y documentación de materiales y evidencias.
Esto permitirá conectar la formación académica con
investigaciones realizadas directamente en el contexto amazónico. Para el
profesor Chaparro, esta es una de las funciones centrales del espacio. “El
laboratorio sirve como un espacio de articulación entre lo que en términos
académicos y científicos se desarrolla en la universidad y las comunidades. Es
el lugar que permite abordar preguntas científicas para responder a las
necesidades y expectativas de la gente”.
El trabajo ya empieza a salir de las instalaciones de la
Universidad. El equipo avanza en la formulación de su primer proyecto de
intervención arqueológica con la comunidad de Mocagua, que se desarrolla junto
con Abel Santos, profesor y líder indígena de la UNAL Sede Amazonia.
A esto se suman gestiones ante el Instituto Colombiano de
Antropología e Historia (ICANH) para la custodia de piezas de referencia y la
creación de redes de colaboración con instituciones de otros países. La
intención es consolidar en Leticia un punto de investigación capaz de conectar
materiales arqueológicos, formación universitaria, comunidades y preguntas
científicas sobre el pasado amazónico.




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