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miércoles, 21 de mayo de 2025

Manizales: amenazas naturales se agravan por la acción humana

 Las lluvias no dan tregua en la capital de Caldas, en donde rige la alerta amarilla por riesgo de deslizamientos e inundaciones. Aunque no se ha llegado a una situación crítica, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) advierten que la amenaza no proviene solo del clima: factores como la saturación del suelo, la urbanización inadecuada y la falta de articulación entre normas y prácticas culturales están agravando el riesgo.

Según reportes recientes de la Unidad de Gestión del Riesgo (UGR) del municipio, en los últimos 25 días se han registrado acumulados de lluvia superiores a los 200 mm en zonas como Bosques del Norte (230,3 mm), Chipre (226,8 mm) y Alcázares (215,4 mm). Estos niveles, por encima de lo habitual, han intensificado la vigilancia en sectores vulnerables y mantienen en alerta a las autoridades y comunidades.

Ubicada en el corazón del trópico andino, Manizales comparte con gran parte del país una condición geográfica tan privilegiada como frágil. Su topografía montañosa, la presencia de fallas geológicas activas y la cercanía a zonas volcánicas hacen que el territorio esté constantemente expuesto a amenazas naturales como deslizamientos e inundaciones.

A estas condiciones naturales se suma una urbanización acelerada y en muchos casos desordenada, lo que convierte a Manizales en un territorio especialmente vulnerable. En los primeros meses de 2025 las lluvias han sido tan intensas que los suelos de Caldas están sobresaturados. Aunque el agua es parte fundamental del ciclo de vida en la región, también se puede convertir en detonante de emergencias cuando coincide con ocupaciones inadecuadas del terreno.

La profesora Jeannette Zambrano Nájera, del Departamento de Ingeniería Civil de la UNAL Sede Manizales, considera que atribuir los desastres solo a las lluvias es un diagnóstico incompleto. Aunque las precipitaciones funcionan como detonantes, la verdadera raíz del problema está en múltiples factores humanos que agravan las amenazas naturales y transforman el entorno en un escenario de riesgo.

“La eliminación de la cobertura vegetal, la urbanización en zonas de alto riesgo, la impermeabilización del suelo y la construcción en laderas o cerca de ríos son acciones humanas que transforman una amenaza natural en un riesgo social”, afirma la profesora Zambrano.

En Manizales la cobertura vegetal ha disminuido significativamente en las últimas décadas. Según un estudio de la Universidad de Manizales, entre 1986 y 2023 los espacios verdes en el área urbana pasaron del 59,6 al 53,7 % evidenciando una pérdida de 5,9 puntos porcentuales. Esta reducción afecta la capacidad del suelo para absorber agua y aumenta la vulnerabilidad a deslizamientos e inundaciones.

La impermeabilización del suelo, producto de la expansión urbana y el uso excesivo de materiales como el cemento, impide la infiltración natural del agua incrementando la escorrentía superficial y la presión sobre los sistemas de drenaje. Esto agrava el riesgo de inundaciones, especialmente en zonas con pendientes pronunciadas.

En relación con la topografía es importante recordar que la capital de Caldas se caracteriza por su topografía montañosa, con pendientes que en algunos sectores superan los 30°, lo que, combinado con suelos húmedos y poco consolidados, incrementa la susceptibilidad a deslizamientos. La construcción en laderas y cerca de ríos, a menudo sin una adecuada planificación y sin considerar las normas urbanísticas, expone a las comunidades a mayores riesgos durante las temporadas de lluvias intensas.

“La manera en que ocupamos el territorio está transformando profundamente la dinámica de las amenazas: hoy los eventos son más intensos y frecuentes, no solo por el cambio climático, sino por nuestra intervención sobre el entorno”, advirtió la profesora Zambrano.

Frente a este panorama, ella insiste en que la ciudadanía no se debe ver solo como víctima sino también como protagonista del riesgo. La forma en que cada persona interactúa con el entorno puede aumentar o disminuir el riesgo. Por eso subraya que “la prevención debe comenzar en lo cotidiano: sembrar árboles adaptados al territorio, no obstruir los drenajes, conservar las zonas verdes, y sobre todo respetar las advertencias técnicas y las normas urbanísticas”.

Las áreas arboladas cumplen un papel clave en la prevención de desastres: ayudan a regular las lluvias, protegen el suelo y disminuyen la escorrentía. Sin embargo esta lógica ambiental ha sido desplazada por una visión de desarrollo urbano centrada en el cemento, que sella el suelo, impide su respiración natural y dificulta la regulación del agua. Según la experta, “recuperar la vegetación nativa y garantizar espacios permeables no solo es deseable sino también una medida urgente de adaptación y resiliencia frente a las amenazas crecientes”.

Tecnología y ciencia ciudadana: el aporte de la UNAL para reducir el riesgo

La UNAL Sede Manizales ha desempeñado un papel fundamental en el fortalecimiento del Sistema de Alertas Tempranas (SAT) de la ciudad. A través de un convenio interadministrativo con la UGR de la Alcaldía se han instalado estaciones pluviométricas y miras limnimétricas en zonas críticas como Lusitania, Providencia y las cuencas de los ríos Chinchiná y Manizales. Estas herramientas permiten monitorear en tiempo real variables como la saturación del suelo, los caudales y las condiciones atmosféricas facilitando una respuesta oportuna ante eventos de riesgo.

“Uno de los avances más notables del sistema de alerta temprana ha sido la integración de tecnología asequible con el conocimiento local”, afirmó la profesora Zambrano. Así, esta articulación ha permitido que estaciones automáticas trabajen en sintonía con la observación atenta de las comunidades rurales.


Además la UNAL ha liderado iniciativas de ciencia ciudadana para fortalecer la gestión comunitaria del riesgo. Un ejemplo destacado es el proyecto desarrollado en la quebrada Manizales, en donde se capacitó a los residentes de barrios como Maltería y Juanchito en el uso de sensores de bajo costo y pluviómetros manuales para monitorear participativamente las variables  hidrometeorológicas. Esta estrategia ha permitido una mayor apropiación del conocimiento y una respuesta más efectiva ante posibles emergencias.

Estos esfuerzos se enmarcan en una visión integral de la gestión del riesgo, la cual reconoce la importancia de la articulación entre la academia, las autoridades locales y la comunidad. La experiencia de Manizales ha sido reconocida nacional e internacionalmente como un modelo de gestión del riesgo de desastres, destacando la necesidad de superar enfoques asistencialistas y tecnocráticos para avanzar hacia una planificación del desarrollo que integre la reducción del riesgo como un componente esencial.

Según la profesora Zambrano, la academia cumple un rol fundamental en la prevención de desastres. Su aporte va más allá de la investigación técnica: incluye la formación de ciudadanía, la planificación territorial con enfoque de riesgo, y la construcción de puentes entre la comunidad, las autoridades y las instituciones. Por eso insiste en que esta articulación es esencial para avanzar hacia territorios más seguros y resilientes.

 






sábado, 28 de diciembre de 2024

Bolsas de semilla de mango serían una alternativa a los plásticos tradicionales

 Las biopelículas hechas a partir de residuos de mango se convertirían en una solución ecológica para reemplazar las bolsas de plástico de un solo uso. Este innovador material, desarrollado por Stephania Hurtado Páez, estudiante de la Maestría en Ciencias - Física de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, no solo es biodegradable, sino que además se degrada en agua caliente (70 °C)

En la investigación se utilizan residuos industriales de esta fruta para desarrollar biopelículas biodegradables que reemplazarían los empaques plásticos convencionales. “Estamos aprovechando las semillas de mango, que normalmente se desechan, para extraer almidón y fabricar un material similar al plástico pero que se degrada fácilmente”, explica la magíster.

El proceso comienza con la recolección de las semillas de mango provenientes de residuos industriales, como los generados durante la producción de pulpa. Estas semillas se lavan y pelan para extraer el cotiledón, o almendra interna, que contiene un alto porcentaje de almidón.

Uno de los mayores desafíos es evitar el pardeamiento, es decir el oscurecimiento de la semilla, un fenómeno que afecta la calidad del almidón. Para ello, la investigadora Hurtado utiliza un agente limpiador a base de limón concentrado.

El almidón limpio se seca en un horno de convección a 40 °C durante 8 horas; luego se tamiza para eliminar impurezas y obtener un producto listo para fabricar las biopelículas, un paso crucial ya que determina la calidad del material final.

El siguiente paso es crear las biopelículas, un material con el que se busca una alternativa ecológica al plástico tradicional. Para mejorar las propiedades mecánicas del almidón –como resistencia y durabilidad–, la investigadora lo combina con gelatina. “El almidón de mango tiende a ser muy elástico, casi como un chicle, pero tiene poca fuerza, por lo que la gelatina ayuda a que el material sea más firme y menos estirable”, explica.

La mezcla se calienta hasta alcanzar el punto de gelatinización del almidón y luego se vierte en moldes de silicona. Para garantizar una textura homogénea se utiliza un sonicador, dispositivo que emite ondas de ultrasonido para eliminar burbujas y asegurar una distribución uniforme. Por último, las biopelículas se secan en un horno de convección durante 14 horas y se obtiene un material flexible y ligeramente elástico, con un acabado homogéneo.

“El almidón de mango combinado con gelatina adquiere una textura similar a un plástico delgado, pero con la ventaja de que es biodegradable y suave al tacto, característica que permite que las biopelículas se adapten bien a distintas formas y aplicaciones, convirtiéndolas en una opción versátil para empaques; es impresionante ver cómo se deshacen en agua caliente, algo que no ocurre con los plásticos convencionales”, describe la investigadora Hurtado.

Aunque el trabajo está en una etapa inicial, los resultados prometen aplicaciones concretas, especialmente en la industria de empaques alimenticios. “Estamos explorando la posibilidad de utilizar estas biopelículas en empaques internos, como los que contienen porciones dosificadas dentro de un empaque principal”, señala la magíster. Este enfoque sería particularmente útil para productos como pulpas de fruta, que requieren envases individuales para su comercialización.

No obstante, antes de que estas biopelículas se puedan comercializar es necesario hacer pruebas adicionales para garantizar su compatibilidad con alimentos y su viabilidad en diferentes condiciones. “La investigación llega hasta un punto, pero hay que realizar estudios de compatibilidad y seguridad para su uso en productos de consumo”, agrega la magíster.

Implicaciones ambientales y sociales

El impacto potencial de este producto va más allá de reducir residuos plásticos, ya que también aborda el problema de los desechos agroindustriales, que a menudo se queman o se desechan de manera inadecuada generando emisiones de CO2 y otros problemas ambientales. “Con esta investigación buscamos cerrar el ciclo de los residuos de mango, transformándolos en un recurso valioso”, sostiene la magíster.

Además el proyecto impactaría positivamente a las comunidades rurales y agroindustriales, al ofrecerles nuevas oportunidades para el aprovechar loa desechos y generar materiales sostenibles. Este enfoque también está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, particularmente en lo relacionado con la producción y el consumo responsables.

“Es emocionante pensar en el potencial que tienen estas biopelículas. Aún hay mucho por explorar, pero estoy segura de que estamos en el camino correcto para crear una alternativa viable y sostenible”, concluye la magíster Hurtado. Con investigaciones como esta, el futuro de los empaques sería mucho más verde y amigable con el planeta.







viernes, 27 de diciembre de 2024

Desarrollan extracto de hojas de lavanda en aerosol que evitaría la corrosión del acero

 Los extractos de lavanda están revolucionando la lucha contra la corrosión del acero, ofreciendo una solución eficiente y sostenible. Con una capacidad de inhibir el deterioro metálico en un 85 %, estos recubrimientos naturales no solo prolongan la vida útil de los materiales, sino que además reducen el impacto ambiental, generando hasta un 30 % menos de residuos tóxicos que los productos comerciales.

 La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales realiza una investigación innovadora  que transformaría la industria de la protección contra la corrosión. A partir de las hojas de lavanda se desarrolló un inhibidor natural que retrasa significativamente el proceso de oxidación en materiales metálicosLa Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales realiza una investigación innovadora. Este enfoque sostenible promete reducir el impacto ambiental de los productos químicos tradicionales, abriendo la puerta a aplicaciones en sectores como la construcción, la manufactura y la energía.

Su producción resulta hasta un 50 % más económica, por lo que este inhibidor natural se consolida como una alternativa prometedora para reducir la contaminación de las industrias de pinturas anticorrosivas. Además, las pruebas realizadas han demostrado su efectividad durante al menos 72 horas de exposición continua en ambientes agresivos en un potenciostato-galvanostato capaz de acelerar el proceso de corrosión hasta 20 años.

La idea de utilizar lavanda nació del interés por encontrar alternativas sostenibles a los inhibidores de corrosión convencionales, los cuales suelen estar compuestos por sustancias tóxicas que contaminan el medioambiente. “Decidimos explorar el potencial de las hojas de lavanda debido a su composición química rica en compuestos antioxidantes y aceites esenciales”, explica Santiago Ocampo Palacios, estudiante de Ingeniería Física y miembro del Semillero de Investigación en Electroquímica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNAL Sede Manizales.

El proceso comienza con la recolección de las hojas de lavanda en la región de Caldas, en donde las condiciones climáticas favorecen el crecimiento de esta planta. Posteriormente se someten a un procedimiento de extracción que permite obtener los compuestos activos responsables de inhibir la corrosión. Estos extractos se evalúan en laboratorio para determinar su efectividad en la protección de metales como el acero y el aluminio.

El método desarrollado por el equipo de la UNAL combina técnicas de extracción por solventes con análisis electroquímicos avanzados. En primer lugar, las hojas de lavanda se trituran y se procesan utilizando acetona como solvente, lo que permite obtener una solución concentrada de compuestos bioactivos.


Los extractos obtenidos se someten a pruebas de corrosión acelerada, sumergiendo muestras de metal en soluciones altamente corrosivas. “Aplicamos técnicas como la espectroscopía de impedancia electroquímica (EIS), una técnica de análisis empleada para estudiar las propiedades electroquímicas de materiales, especialmente en el contexto de la corrosión y los recubrimientos protectores, con el objetivo de medir la resistencia de los metales al ataque corrosivo cuando están recubiertos con el inhibidor de lavanda”, detalló el investigador Ocampo.

Los resultados han sido alentadores: los metales tratados con el extracto de lavanda mostraron una reducción del 80 % en la velocidad de corrosión frente a aquellos que no recibieron tratamiento. Además, el inhibidor demostró ser efectivo incluso en ambientes altamente salinos, lo que amplía su aplicación potencial.

Uno de los aspectos más destacados de este proyecto es su contribución a la sostenibilidad. Los inhibidores de corrosión convencionales suelen contener metales pesados y otras sustancias químicas que representan un riesgo tanto para el medioambiente como para la salud humana. En contraste, el extracto de lavanda es biodegradable y no genera residuos tóxicos.

Además, el uso de un recurso natural como la lavanda fomentaría el desarrollo económico de comunidades rurales de Caldas. “Este proyecto tiene el potencial de crear cadenas de valor sostenibles, mediante las cuales los agricultores locales se beneficiarían del cultivo y suministro de lavanda para fines industriales”, señala el investigador.

A pesar de los avances logrados, el equipo de investigación enfrenta varios desafíos, uno de los principales es escalar el proceso de extracción para producir inhibidores a gran escala sin comprometer la calidad del producto. También se están realizando estudios para garantizar la estabilidad del inhibidor bajo diferentes condiciones ambientales y su compatibilidad con otros materiales.

El investigador enfatizó en la importancia de la colaboración interdisciplinaria: “este proyecto ha sido posible gracias tanto al trabajo conjunto de químicos, ingenieros y agrónomos como al apoyo de los laboratorios de la UNAL”. Asimismo se está explorando la posibilidad de establecer alianzas con empresas del sector industrial para llevar este innovador producto al mercado.

La investigación sobre el uso de lavanda para retrasar la corrosión representa un ejemplo del impacto positivo de la ciencia y la tecnología en la sociedad, ya que no solo aborda un problema técnico importante, sino que además promueve la sostenibilidad y el desarrollo económico regional.

En palabras del investigador: “este es solo el comienzo. Creemos que la naturaleza tiene mucho que enseñarnos y que podemos seguir encontrando soluciones innovadoras y sostenibles para los desafíos industriales”.

Con iniciativas como esta, la UNAL reafirma su compromiso con la investigación de vanguardia y la construcción de un futuro más sostenible.





viernes, 13 de diciembre de 2024

Sopa de chachafruto con probióticos, rica y saludable combinación

 Aunque en el mercado ya existe una amplia gama de sopas instantáneas con diversos ingredientes, ahora también existe una opción innovadora a base de chachafruto, un fruto autóctono de Caldas. La preparación, desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, contiene probióticos que favorecen la salud intestinal, ofreciendo una alternativa saludable, fácil de preparar y perfecta para el consumo diario.

El nombre científico de esta especie de leguminosa es Erythrina edulis, pero recibe nombres populares diferentes según la región: chachafruto en Antioquia, Quindío, Risaralda, Caldas, norte del Tolima y Valle; balú en Cundinamarca y Boyacá; frijol ncpaz o jite en Santander; poruto o chaporuto en el Huila; sachafruto en Cauca; y poroto o sachaporoto en Nariño.

Su sabor es dulce y posee un alto contenido nutricional, representado en proteínas, carbohidratos, fibra y minerales como calcio, hierro y zinc; además es rica en vitaminas A, B1, B2 y C. Pese a este valioso potencial su uso ha sido limitado, y en muchos casos se le considera como un desecho.

Las propiedades nutricionales del chachafruto lo convierten en un alimento ideal para combatir la desnutrición infantil, especialmente en regiones con acceso limitado a otros alimentos nutritivos. Su contenido de proteínas y carbohidratos les proporciona energía a los niños, mientras que las vitaminas y minerales son esenciales para su desarrollo y crecimiento.

La propuesta de los investigadores del semillero de investigación Diseño y Formulación de Alimentos (Difoal) de la UNAL Sede Manizales, dirigido por la profesora Sneyder Rodríguez Barona, de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura, apunta hacia el desarrollo de una sopa funcional a partir del chachafruto, con una buena dosis de probióticos para aumentar su valor nutricional y funcional.

El proceso de desarrollo de la sopa funcional comenzó con una formulación básica creada por el ingeniero químico Carlos Iván Palacios, integrante de Difoal, quien había trabajado previamente con una nutricionista para diseñar una sopa de chachafruto. Este producto ya era prometedor desde el punto de vista nutricional.

Según la estudiante Luisa Fernanda Gil Henao, de la Maestría en Ingeniería Química, “el principal objetivo del proyecto era evaluar las condiciones ácidas gástricas, saber si los probióticos que le agregamos sobreviven a esas condiciones”.

Entre los probióticos añadidos se encuentran cepas como Bacillus coagulans, que puede sobrevivir en condiciones adversas como las del sistema digestivo, caracterizadas por su acidez. Este aspecto es crucial, ya que para que un alimento sea considerado como probiótico debe contener una cantidad suficiente de microorganismos vivos que lleguen al intestino.


“Para ser clasificado como probiótico un alimento debe tener al menos 10^6 unidades formadoras de colonia (cifra establecida en la normativa 8/10 de 2021 del Ministerio de Salud y Protección  Social), es decir al menos un millón de microorganismos vivos que aporten positivamente al organismo”, menciona la estudiante. Este fue un desafío importante para los investigadores, quienes debían asegurarse de que los microorganismos mantuvieran su viabilidad a lo largo del proceso de digestión.

Uno de los componentes más innovadores de este proyecto es el uso de un prototipo que simula las condiciones gástricas humanas. En vez de realizar pruebas directas en seres humanos, el equipo utilizó un prototipo de estómago en el que se simulan condiciones de acidez o temperatura.

La profesora Dayana Vanessa Gilón Salazar, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, agrega que “dicho prototipo permite evaluar si los probióticos sobreviven a la acidez y otros factores que afectan la viabilidad de los microorganismos en el tracto digestivo. Para realizar estas pruebas, los investigadores sometieron la sopa a condiciones gástricas simuladas por 2 horas, que es el tiempo aproximado que los alimentos permanecen en el estómago antes de pasar al intestino”.

Se evidenció que los microorganismos no solo sobrevivieron, sino que además mantuvieron su viabilidad, alcanzando las 6 unidades formadoras de colonia necesarias para ser absorbidos en el intestino.

Además de estudiar la viabilidad de los probióticos, el equipo de investigación también se centró en asegurar que la sopa cumpliera con los requisitos de seguridad alimentaria, lo cual incluyó la evaluación de parámetros fisicoquímicos como la solubilidad, la higroscopía y la viscosidad del producto.

El estudiante Fabián Andrés Velásquez Ángel, de Ingeniería Química, explica que “para que la sopa fuera funcional debía cumplir con ciertas características, como una adecuada reducción de tamaño y el uso de aditivos alimentarios permitidos, como el glutamato monosódico, que es un potenciador de sabor comúnmente utilizado en productos instantáneos”.

La docente Gilón subraya la importancia de este enfoque: “tratamos de que sean alimentos saludables y autóctonos”. Esto no solo refuerza la sostenibilidad del proyecto, sino que también resalta la importancia de rescatar y valorizar los recursos naturales de Colombia, a menudo subutilizados o ignorados.

Según los investigadores, los siguientes pasos incluirán pruebas adicionales para optimizar el proceso de fabricación de la sopa de chachafruto y explorar la utilización de diferentes tipos de probióticos. A largo plazo esperan que el producto se convierta no solo en una opción saludable para los consumidores, sino que además impulse la producción de alimentos funcionales basados en recursos locales.

 






jueves, 14 de noviembre de 2024

UNAL desarrolló sistema que alerta sobre inundaciones y deslizamientos en Manizales

 El Centro de Monitoreo para la Gestión del Riesgo de Manizales se basa no solo en tecnología avanzada como el uso de sensores y miras limnimétricas (determinan el nivel de agua de ríos, embalses o lagos), sino también en una red de colaboración con la comunidad, en especial de las áreas rurales. La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales instaló estaciones pluviométricas (que miden la cantidad de lluvia que cae en un lugar) y radios, lo que les permite a los residentes reportar cambios significativos en el entorno.

Para cubrir zonas propensas a inundaciones y deslizamientos se seleccionaron ubicaciones estratégicas en zonas urbanas de Manizales como Lusitania y Providencia, además de varios puntos de las cuencas del río Chinchiná y las quebradas El Guamo y Manizales, y también en zonas rurales importantes como el Km 41.

En estos lugares críticos, tanto los dispositivos como las miras limnimétricas permiten observar el nivel del agua y reconocer a simple vista el grado de riesgo. Las miras son reglas graduadas que miden en metros el nivel de un río o quebrada, y en este caso también están graduadas con códigos amarillo y rojo que indican nivel de alerta para la comunidad.

“Uno de los avances más notables del sistema de alerta temprana ha sido la integración de tecnología asequible con el conocimiento local”, afirma la ingeniera civil Jeannette del Carmen Zambrano Nájera, profesora del Departamento de Ingeniería Civil de la UNAL, quien destaca que este esfuerzo es el resultado del convenio interadministrativo realizado con la Unidad de Gestión del Riesgo (UGR) de la Alcaldía de Manizales para fortalecer los sistemas de alerta temprana.

Tecnología que puede salvar vidas

El modelo implementado fue el SH-485, equipado con sensores de velocidad y dirección del viento, termohigrómetro (instrumento de medición que mide la temperatura y la humedad), pluviómetro y sensores de radiación solar y presión atmosférica. Además cuenta con un panel solar y una batería, y un panel diseñado específicamente para mostrar la precipitación diezminutal y la precipitación acumulada en el día.

Así mismo, la estación tiene conexión inalámbrica o wifi y envía la información directamente a la plataforma web Wunderground, que les permite a los usuarios publicar actualizaciones y reportes acerca de las condiciones meteorológicas actuales, integrando los datos en tiempo real para mejorar la respuesta ante emergencias en Manizales.

“La idea es que la comunidad esté en alerta temprana y actúe antes de que ocurra una inundación, no cuando ya ha sucedido. Es un cambio fundamental hacia la prevención”, enfatiza la profesora Zambrano.


Para fortalecer la capacidad de respuesta, la UNAL coordinó simulacros de evacuación en conjunto con la Alcaldía de Manizales, la ONG Aldea Global y el SENA. “El mensaje principal es que, en situaciones de riesgo, lo primero es proteger la vida, dejando en segundo plano los bienes materiales”, subraya.

“La participación de la comunidad es fundamental en este tipo de sistemas. Cada vez deben estar mejor informados y capacitados para autogestionar los riesgos, tomando decisiones de manera corresponsable”, agrega.

Esta experiencia en Manizales sirve como un modelo para otros municipios, ya que demuestra que los sistemas de alerta temprana se pueden implementar incluso en zonas con recursos limitados. La meta es que para 2027 todos los municipios del país cuenten con sistemas de alerta para enfrentar desastres naturales.








jueves, 11 de julio de 2024

Fortalecen sistema de alertas tempranas comunitarios en la quebrada Manizales

 Dicha cuenca, expuesta a amenazas naturales como inundaciones y deslizamientos, es el foco de un proyecto dirigido a mejorar un sistema de alertas tempranas comunitario, mediante ciencia ciudadana y monitoreo ambiental participativo de variables como lluvia o niveles de agua. Usando sensores de bajo costo, pluviómetros manuales y estaciones meteorológicas inteligentes, se busca mejorar la recolección y el análisis de datos para gestionar el riesgo de desastres.

La quebrada Manizales, ubicada al oriente de la capital de Caldas, tiene una longitud de 11 km y cubre un área de 27 km² –el 56 % en área rural y el 44 % en área urbana– y es un importante afluente del río Chinchiná. Su parte alta se caracteriza por fuertes pendientes, suelo rocoso y actividades agropecuarias y mineras, mientras que la zona media-baja incluye zonas industriales y asentamientos urbanos vulnerables a inundaciones. Este afluente afronta problemas de deforestación, erosión, contaminación por minería e industrias y riesgos de inundaciones.

En su investigación, María Jimena Henao Salgado, estudiante del Doctorado en Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, desarrolló e implementó un proyecto para mejorar el componente de monitoreo del sistema de alertas tempranas para que la comunidad lo gestione mediante el uso de tecnologías asequibles.

Para ello, revisó los antecedentes y estudios previos sobre la quebrada y las iniciativas de monitoreo comunitario locales e internacionales; después desarrolló una estrategia de comunicación para informar y capacitar a la comunidad sobre los riesgos y las técnicas de monitoreo ambiental; creó un protocolo para la recolección, el manejo y análisis de datos, acompañado de material de capacitación, y por último puso a prueba el proyecto de monitoreo ambiental comunitario (ciencia ciudadana) en el sistema de alertas tempranas.

“Durante la mayor parte del proceso, la comunidad de la Institución Educativa Superior de Malatería, la Junta de Acción Comuna del barrio Maltería, y los habitantes de los barrios Maltería, Bajo Juanchito, y Verdum, los principales beneficiarios de la iniciativa participaron en los talleres que sirvieron para ofrecerles un contexto de la problemática, además del respectivo entrenamiento para usar las herramientas de manera adecuada”.

“Este proceso educativo fue esencial para asegurar la comprensión y el compromiso de los participantes; además su retroalimentación ofreció elementos para mejorar el monitoreo del sistema”, menciona la investigadora.

Uno de los componentes esenciales del sistema obtenido fue el diseño, el montaje y la instalación de sensores remotos y de bajo costo y pluviómetros manuales para medir variables como lluvia y niveles de agua. Estos se distribuyeron estratégicamente donde existen observadores comunitarios cerca a las comunidades vulnerables en la microcuenca para asegurar una cobertura adecuada y una recolección precisa de los datos.

Así, se instalaron tres miras limnimétricas para monitoreo comunitario en los sectores de Juanchito, Maltería y Verdum. Por lo general estas herramientas básicas de cualquier estación de medición del nivel o del flujo del agua se ubican en ríos, embalses, lagos o lugares en donde se requiere determinar la altura de la lámina de agua. También se entregaron 3 kits agroclimáticos para monitoreo de lluvias y temperatura a ciudadanos observadores.

El trabajo de la estudiante Henao aborda la importancia del desarrollo sustentable mediante la capacitación de las comunidades como actores fundamentales en la gestión del riesgo de inundaciones. Este enfoque participativo promueve la adaptación al cambio climático y la reducción del riesgo de desastres, fortaleciendo el desarrollo sustentable de Manizales.

La investigadora anota que su propuesta se alinea con el Plan de Desarrollo “Manizales + Grande” y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) números 3, Salud y bienestar, 11, Ciudades y comunidades sostenibles y 13, Acción por el clima.

Así mismo, se articula con iniciativas locales como el sistema de monitoreo de la Corporación Vivo Cuenca, fortaleciendo el Comité de Monitoreo Hidrometeorológico y la participación estudiantil en actividades de servicio social.

La sostenibilidad del proyecto se asegura mediante la integración de la comunidad en el monitoreo y la validación de datos, logrando una gestión integrada y adaptativa del riesgo de inundaciones en la región.

 






martes, 9 de abril de 2024

Bolsos con residuos textiles que le apuestan a una mejor salud mental en Manizales

Retazos de telas, reatas, cinturones o cordones sirven como materia prima para elaborar “Bolsos con propósito”, una iniciativa de la Fundación FunPaz apoyada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, que además de darle una segunda vida más sostenible a estos residuos, busca incentivar actividades manuales y creativas para 10 personas de entre 22 y 50 años que les sirvan como terapia para superar el nefasto laberinto de la adicción a sustancias psicoactivas.

“’Bolsos con propósito: tejiendo esperanza con residuos” es más que un simple acto de reutilización creativa de materiales textiles, es un recordatorio tangible de la capacidad de generar nuevos ciclos de vida, lo cual aplica para los residuos pero también para las personas que, afectadas por la adicción a las drogas, pueden encontrar nuevas sendas de vida, lejos de este flagelo”, señala la ingeniera en Medio Ambiente Manuela Marín Toro, de la Oficina de Gestión Ambiental de la UNAL Sede Manizales.

Durante 3 y 6 meses, cada uno de los 10 integrantes del grupo que forman parte de este proyecto encuentran en el tejido de bolsos de diferentes colores y tamaños una terapia que les permite destinar parte de su tiempo a una actividad creativa, realizada con sus propias manos, en la que el proceso tanto como el resultado pueden serles satisfactorios; en otras palabras, se dan cuenta de lo que son capaces de hacer.

Para FunPaz, la elaboración de los bolsos funciona como terapia ocupacional y desempeña un papel fundamental en la rehabilitación de personas con trastornos por consumo de sustancias, así que apuestan completamente a una mejor salud mental en la ciudad.

En dicho periodo los participantes elaboran 10 bolsos en promedio, con precios entre 30.000 y 150.000 pesos. El 10 % de las ganancias son para los pacientes, otro 10 % se destina al grupo para desarrollar actividades, un 30 % para comprar cremalleras o botones, entre otros insumos, y un 50 % para suplir necesidades del grupo, ubicado en la vereda La Cuchilla del Salado, a unos 15 minutos de Manizales.

La ingeniera Marín anota que “los ingresos generados por la venta de los bolsos se reinvierten en el proyecto, y además se destina un porcentaje para que los pacientes tengan un ahorro personal para cuando finalicen su tratamiento clínico”.

“Bolsos con propósito: tejiendo esperanza con residuos” es liderado por tres entidades: la Fundación FunPaz, Clínica de Salud Mental, encargada de la terapia ocupacional para la rehabilitación de individuos con trastornos por consumo de sustancias; Coveta SA, empresa de tejidos industriales de Manizales que dona las lonas para elaborar los bolsos, y la UNAL Sede Manizales como agente encargado del relacionamiento estratégico entre ambas entidades para obtener recursos, además del acompañamiento y las charlas sobre la conservación del medioambiente, entre otros.

No solo estamos reduciendo el impacto ambiental de la industria, sino que también estamos promoviendo la autoestima, la creatividad y la conexión con la comunidad entre aquellos que luchan consigo mismos diariamente”, agrega la ingeniera.

Para ofrecer los bolsos se creó un catálogo digital que muestra las características de cada uno, cómo se elaboró, cuánto cuesta y quién lo fabricó. Además, el próximo 26 de abril, en el hall central del campus Palogrande, habrá una feria con diferentes estands en la que participará “Bolsos con propósito”.

“Esta iniciativa y este relacionamiento entre entidades ha logrado fortalecer lazos de responsabilidad ambiental en la ciudad y prevenir el consumo de drogas en Manizales, ciudad que presenta uno de los registros más altos en el país, incluso por encima de Bogotá”, anota la experta. 

“Además los talleres no quedan allí, pues los encuentros buscan que los estudiantes se sensibilicen e incluso se incentiven en visitar la Fundación y aprendan a hacer uno de los bolsos, proceso que requiere de dedicación, sentido y creatividad”, concluye la ingeniera.







lunes, 13 de marzo de 2023

Manizales, ejemplo de resiliencia ante desastres ambientales

 Más de las 1.000 obras de infraestructura convierten a esta ciudad del centro-occidente de Colombia –con 485.442 habitantes– en ejemplo de resiliencia, no solo ante la amenaza sísmica y volcánica, sino también ante las fuertes lluvias, inundaciones y deslizamientos de tierra durante las intensas épocas de invierno.

Estabilidad y control de la erosión de las laderas, ampliación de los sistemas de alcantarillado para que puedan recolectar de manera óptima las aguas lluvia, mantenimiento y reforzamiento sismorresistente de múltiples edificaciones importantes como el Hospital de Caldas y la Catedral Basílica Metropolitana Nuestra Señora del Rosario de Manizales, forman parte de las obras adelantadas en la ciudad, que muestran su capacidad de afrontar un desastre y recuperarse del evento adverso (resiliencia).

Hoy la capital de Caldas es un ejemplo mundial de gestión del riesgo; por ejemplo, cuenta con estrategias y protocolos de reacción ante eventos adversos, y además en la oficina del Servicio Geológico de Colombia, un conjunto de pantallas transmite en tiempo real la actividad sísmica, las imágenes satelitales y las imágenes de la cámara web del volcán Nevado del Ruiz, gracias a cerca de 150 sensores.

El profesor Omar Darío Cardona, de Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, afirma que “aunque no se puede predecir qué día van a ocurrir fenómenos como los sismos, sí se puede determinar con anticipación cómo afectaría a la población y estimar los daños que se presentarían en la infraestructura, por ejemplo”.

Agrega que “en ocasiones los gobiernos ignoran estas estimaciones y no se hace prevención cuando se sabe que en un país como Colombia existen sectores de la población que son más vulnerables”.

“La resiliencia frente a los desastres no solo tiene que ver con la forma como la Policía, las Fuerzas Militares, los bomberos o la Defensa Civil atienden una emergencia, sino cómo se ordena, se hace la planeación del territorio y se aplican normas de seguridad en la construcción”.

Algo fundamental para un municipio es tener un desarrollo territorial adecuado, lo que significa no habitar zonas de alto riesgo, en pendientes inestables, en las orillas de los ríos o en zonas costeras. Colombia posee asentamientos humanos en zonas consideradas como de alto riesgo, en donde quienes más padecen pérdidas son las personas de los estratos más bajos.

El académico Cardona considera que “es mejor un gasto anticipado en el territorio y mejorar la resistencia sísmica de las edificaciones del país para prepararse ante un fenómeno, que tener que lamentar las víctimas y enormes pérdidas y costos en un futuro”.


Justamente la falta de prevención fue notable en las cifras de 2022, cuando se registraron más de 4.000 eventos de emergencia ambiental, y en 2023 ya se han presentado más de 30 sucesos, sumados a la ocurrencia de temblores como el sucedido en la madrugada del pasado viernes 10 de marzo.

El profesor Cardona ofreció estos aportes durante la charla “Riesgo y resiliencia. Desafíos para el mundo”, realizada en el marco de los 75 años de la UNAL Sede Manizales.