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martes, 15 de octubre de 2024

Los sedimentos también están secando el río Amazonas

 Desde hace más de dos décadas expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) vienen advirtiendo que la sedimentación –es decir el arrastre de lodos, rocas o restos de árboles, entre otros elementos– está provocando cambios drásticos en el curso del río Amazonas, generando barreras e islas que reducen el paso de agua. Las consecuencias de este fenómeno, aunado a la deforestación y los incendios forestales, se han profundizado con la sequía.

como una gigante anaconda, está muriendo de sed, y a su paso las comunidades y los ecosistemas que dependen él también sufren las consecuencias.

El profesor Santiago Duque, director del Laboratorio de Manejo y Gestión de Humedales de la UNAL Sede Amazonia, quien lleva más de 30 años investigando la “salud” ambiental de los ecosistemas acuáticos más valiosos del país, entre ellos el del Amazonas, afirma que “durante el último año este ha venido afrontando una condición atípica hidroclimáticamente; por ejemplo, desde el año pasado se viene presentando escasez de lluvias, lo que ha afectado a varios ríos y quebradas que son sus afluentes –o sea que desembocan en el río–, pues al haber menos líquido su caudal también se reduce”.

“A este aspecto se suma la acelerada sedimentación de los brazos del río hacia el lado colombiano, lo que ha generado consecuencias devastadoras para la biodiversidad y las comunidades que dependen de él”.

El Amazonas nace a 6.000 msnm y recorre 3.000 km hasta su desembocadura en el océano Atlántico; cuando pasa por Leticia lo hace a solo 98 msnm, es decir que tiene muy poca pendiente; esta dinámica es todavía más lenta en los brazos del río, que fluyen más lentamente haciendo que todo el material que trae el río se sedimente, no se mueva, no se transporte, y por el contrario, forme barras e islas y hace que a su paso por Colombia el agua fluya menos.

El académico amplía que “el paso del río es de tipo anastomosado, lo que significa que en algunos sectores se angosta y en otros se ensancha, formando brazos y zonas profundas. Este fenómeno es especialmente relevante cerca de la capital del Amazonas, donde se encuentran los estrechos de Nazareth (comunidad indígena que pertenece al municipio de Leticia) y Tabatinga (Brasil); lo que el río haga en este tramo en procesos de sedimentación y erosión define la geografía de toda la región limítrofe de la frontera entre Colombia y Perú”.

En 2005, en un estudio realizado para el Invías, el profesor Duque y la ingeniera civil Liliana Posada, de la UNAL Sede Medellín, mapearon el río Amazonas y evidenciaron que desde entonces ya había empezado a moverse hacia el brazo peruano, detrás de las islas Rondiña o Chineria y Santa Rosa en Perú.

“Las islas inician como bancos de arena que van quedando y aumentando con los años, lo que permite que colonicen vegetación, consolidando así las islas de cauce (como se les llama) en los diferentes brazos que se construye entre cada estrecho”, señala el profesor Duque.

Menciona además que en desde los años 90 otros estudios del Laboratorio de Hidráulica de la UNAL Sede Bogotá constataron que el río Amazonas había cambiado su trayectoria, pasando de tener un 30 % del caudal hacia el lado colombiano, a un preocupante 13 %, como está ocurriendo hace algunos años, lo que se agrava en este 2024, por haber sido un periodo de sequía extrema de la cuenca en Ecuador y Perú, de donde viene justamente el agua que forma el Amazonas en Leticia.

“El río ha estado moviéndose de un lado para otro porque es un elemento vivo del paisaje, desde hace muchos años él decidió hacia dónde quiere ir, ese es el panorama y es completamente natural” puntualiza.


De hecho, desde hace más de 40 años se ha incrementado la sedimentación haciendo que aparezcan más islas de cauce y otras aumenten de superficie, e incluso que se eleven en el paisaje, como está ocurriendo en la Isla de la Fantasía, ubicada justo al frente del malecón de Leticia .

Impacto de los cambios drásticos del río

El experto en Limnología e Hidrología indica que algunas consecuencias se relacionan la seguridad alimentaria y la pérdida de la biodiversidad, pues el río Amazonas también alimenta lagos circundantes como los de Yahuarcaca (en Leticia) y el sistema de lagos de Tarapoto (en Puerto Nariño).

“Sin agua no hay peces y este es un escenario grave sobre todo para la biodiversidad, porque si el río ya no tiene la dinámica de inundar, entonces los peces ya no entran a esas zonas de lagos”. Es importante mencionar que la conectividad de ríos y lagos en estos dos sectores se está perdiendo, y con ello su productividad pesquera.

Por su parte, la bióloga Dolors Armenteras, directora del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la UNAL Sede Bogotá, advierte que “cada vez que haya tala de bosques, los árboles dejan de hacer su función de filtrador de agua, porque afectan la formación de nubes y las precipitaciones”.

Con respecto a las altas temperaturas asegura que “todo esto es resultado del cambio climático, pero se junta con que tenemos menos agua y temporadas más largas de sequía, creando el coctel perfecto para que se propaguen los incendios forestales, donde ni los animales logran escapar”.

También existen causas naturales para los incendios actuales, la investigadora Armenteras advierte que “en el trópico el 99 % de los incendios son provocados por acción humana intencional, por negligencia o accidental”. Sin embargo, lo más preocupante de estos es la gran pérdida de fauna, que ha llevado a la muerte de innumerables especies de reptiles, anfibios, aves y primates, entre otros.

¿Qué se puede hacer para el futuro?

Además de formar a futuros científicos y profesionales, la UNAL adelanta importantes investigaciones en estos valiosos ecosistemas, contribuyendo a propuestas que permitan traducir la ciencia en políticas públicas más eficaces.

Sin embargo, los profesores Duque y Armenteras coinciden en que es importante trabajar de forma articulada entre la academia y la ciencia junto con el Gobierno nacional, con el objetivo de mitigar los impactos en todos los sectores.

“El Amazonas es un ecosistema vivo y en constante cambio, lo más importante es vivir en armonía con él”, enfatiza el profesor Duque. Por su parte, la profesora Armenteras agrega: “hay impactos en la salud, en la economía y en las comunidades, por eso es importante articularse, porque esto va para largo y hay que evitar que el ecosistema se siga degradando”.







miércoles, 25 de octubre de 2023

Entre burocracia y taponamientos, ciénagas en Bolívar se están secando

 No hay certeza sobre la cantidad de ciénagas sedimentadas o secadas en el complejo cenagoso de Cascaloa, en Magangué, lo cual afecta a cientos de campesinos que dependen de la pesca. Un problema que se agravó con la construcción de una vía carreteable en 2002, pues taponó la conexión de estas aguas con el río Magdalena. Las autoridades aún no tienen respuesta, por lo que un grupo de investigadores trabajó con la comunidad para intervenir estos puntos, una tutela sería la solución.

El complejo cenagoso de Cascaloa tiene cerca de 11.000 hectáreas, con 92 ciénagas, en las que más de 23.000 personas se benefician de la pesca; sin embargo, desde los años setenta, y debido a los cambios en el uso de estos ecosistemas, esta actividad tradicional se ha disminuido considerablemente, dando lugar a cultivos de arroz, que deterioran y modifican cada vez más las ciénagas.

Así lo describe el investigador Juan Manuel Quinche Roa, magíster en Gestión y Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), para quien el problema es que los playones junto a estos humedales son “terrenos baldíos”, superficies que no tienen una delimitación clara en el país y de las cuales se supone el Estado es dueño. Los procesos administrativos para conocer su extensión son lentos e impiden la atención de fenómenos de apropiación iniciados por actores que no forman parte de las comunidades tradicionales.

“Los procesos de delimitación de estas zonas se llaman deslindes, y determinarían desde qué punto se pueden constituir propiedad privada, disminuyendo los riesgos de apropiación; sin embargo, a febrero de 2023, solo un proceso de este tipo se había culminado en el municipio de Simití, sur de Bolívar, luego de que la Corte Constitucional fallara a favor una acción de tutela interpuesta por las organizaciones campesinas”, asegura.

Desde hace tres años el investigador se ha interesado en aportar de alguna forma a que esto no siga ocurriendo, y a que factores que aceleran los procesos de sedimentación de las ciénagas, como la construcción de vías carreteables que taponan caños como el “rompedero”, no impacten de manera negativa el ciclo reproductivo de los peces, que dependen de un flujo de agua óptimo entre el río y las ciénagas.

Aproximación pionera

En ocasiones pasadas no se había tenido en cuenta la variable del “deslinde”, clave a la hora de atender los conflictos en torno a la tenencia la tierra que afectan a las comunidades. En este caso, el experto analizó la relación existente entre la no culminación del deslinde y el taponamiento de los caños con ocasión a la construcción de la vía carreteable antes mencionada.

Fueron numerosas entrevistas a líderes campesinos y pescadores que habitan la ciénaga, la revisión de 32 expedientes de deslindes abiertos en el complejo, una exhaustiva revisión de  sentencias proferidas por tribunales de todo el país, y la sistematización de la información que la Agencia Nacional de Tierras tiene sobre las ciénagas en el sur de Bolívar.

El experto indica que este es un gran logro, pues las administraciones municipales no habían atendido las peticiones que buscaban rehabilitar el caño, lo cual es paradójico, porque alrededor de 2021 la vía carreteable sufrió graves daños, y en vez de tener en cuenta las demandas de la comunidad para restaurar las ciénagas y contemplar obras civiles que no generaran taponamientos en el tránsito del agua, se volvieron a rellenar con material los mismos puntos en donde el daño y la obstrucción ya estaban presentes.

“Debido a los taponamientos de los caños, hay regiones de las ciénagas que aceleran su sedimentación, acentuando problemas de vieja data en humedales sin delimitar como la deforestación, la expansión de ganadería extensiva o los monocultivos. Se busca que con la tutela se suspendan las obras que impiden la conectividad ecológica, interviniendo y garantizando la rehabilitación de los caños, y teniendo procesos de concertación con los habitantes para que la pesca no se vea marchitada”, expresa el magíster.

Para él es importante hacer la distinción entre la forma en que antes se realizaban cultivos temporales que no modificaban el ecosistema cenagoso, y lo que se está haciendo hoy en día en la región, dando lugar a que diversos puntos de las ciénagas tengas cercas y diques, afectando el tránsito natural de agua y materia orgánica entre los ecosistemas.

“Es necesario seguir con los procesos de concertación en torno a la restauración ecológica mientras se espera la culminación del deslinde y una decisión de la tutela presentada. La idea es que las autoridades administrativas y las corporaciones regionales tengan en cuenta la voz de los pescadores artesanales, y que establecer y respetar los límites del complejo cenagoso sea una prioridad”, asegura el investigador.

La tutela fue producto de un trabajo conjunto con la comunidad y la Corporación Tiempos de Vida, y está siendo estudiada por la Corte Constitucional en el despacho de la magistrada Natalia Ángel Cabo.