martes, 21 de junio de 2022

Recicladores venezolanos aprenden a darle valor agregado a los residuos

 Bolsas, mochilas, impermeables y cuadros son algunos de los subproductos de plástico y cartón a través de los cuales unas 533 familias que basan su economía en el reciclaje podrían mejorar sus ingresos, y de paso su seguridad alimentaria.

La oficina de Extensión de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia desarrolló el proyecto “Frontera verde, conciencia ambiental e inclusión social”, mediante el cual 2.130 recicladores venezolanos se están formando como recuperadores ambientales del departamento de Arauca.

Las acciones se desarrollaron en cinco espacios comunitarios de formación y capacitación en manejo de residuos orgánicos e inorgánicos, que incluyen una huerta comunitaria y un vivero de propagación de especies hortícolas, ornamentales y forestales.

Allí, los participantes cultivan alimentos inocuos y también pueden generar ingresos con la comercialización de diferentes productos elaborados a partir derivados del plástico recolectado, el cual es transformado en objetos utilitarios.

Según César Gutiérrez, profesional de apoyo de Extensión de la UNAL Sede Orinoquia, “con los diferentes artículos e implementos que se producen en Frontera Verde, los recuperadores ambientales se posicionan en el mercado local como referente de manejo ambiental y emprendimiento social”.

Por ejemplo, en el asentamiento 30 de Agosto, liderado por 12 mujeres, se busca consolidar un espacio para sensibilizar acerca del rol de los recicladores en el aprovechamiento de los residuos y en la consolidación de lazos comunitarios a través de estas actividades.

El proyecto ha contado con donaciones de agencias internacionales como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y el Programa Mundial de Alimentos.

Con estos recursos también se busca darle continuidad a los espacios de aprendizaje en los diferentes asentamientos donde trabajan y conviven los recicladores venezolanos, entre ellos 30 de Agosto, El Recreo y Brisas del Puente, del municipio de Arauca.

El proyecto, pionero en la región, ha generado impactos positivos en términos de inclusión de la población migrante en escenarios de recuperación de residuos, dignificando la valiosa labor de los recuperadores ambientales en el municipio de Arauca.

El colectivo Frontera Verde vincula un grupo de mujeres emprendedoras que desarrollan diversos productos artesanales.






viernes, 17 de junio de 2022

Minería en Santander de Quilichao genera tensiones en el pueblo nasa

 Las prácticas territoriales en los resguardos indígenas nasa del Cerro Munchique, en Santander de Quilichao, se han trasformado y cada vez responden más a la economía extractivista, lo que está afectando el medioambiente y la gobernabilidad en los territorios.

Tradicionalmente, para los nasa los cerros son un espacio simbólico y sagrado; en ellos se encuentra el mundo espiritual en el que los cuerpos vivos y de memoria interactúan. Sin embargo, la llegada de la pequeña y mediana minería aurífera ha provocado la creación de “territorialidades disidentes”.

La antropóloga Catalina Caro Galvis, magíster en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “dicha categoría hace referencia a otras formas de apropiación de los territorios en donde las familias indígenas mineras empezaron a acumular rentas por esta actividad y derechos de propiedad de bienes naturales y del subsuelo, en territorios colectivos que le pertenecen a toda la comunidad”.

Esta es una de las razones por las que la minería se ha convertido en el eje de tensiones que responden a distintos intereses, entre los cuales están los de las grandes trasnacionales mineras y las cuadrillas de minería no formal, pero también el de familias de las comunidades indígenas que empezaron a hacer minería informal de oro, generando un gran impacto.

“Las comunidades indígenas empezaron a tener conflictos comunitarios por el beneficio de la explotación, lo que generó un cambio de vocación económica del territorio, que era agrícola y se volvió minero”, indica.

Asegura además que, debido a los nuevos roles que tienen las familias indígenas mineras, se han empezado a fracturar ciertas prácticas esenciales como el trabajo en comunidad.

Así mismo, con respecto al daño ambiental, ríos como el Bamburiaco y el Páez se han visto afectados por la actividad minera en las veredas altas del cerro Munchique.

Las comunidades indígenas y las afrodescendientes denunciaron en su momento los cambios en el agua, lo que propició ejercicios de control ambiental y territorial de las guardias indígenas y también la producción de mandatos y reglamentos ambientales que regularon de cierto modo la explotación minera. La deforestación que se produjo en el cerro por el montaje de socavones artesanales también fue uno de los impactos más significativos de esta actividad.

Abandonando prácticas culturales

Para su investigación, la antropóloga Caro entrevistó a 30 personas entre mineros indígenas, familias, autoridades de los resguardos, integrantes de la Asociación de Cabildos Indígenas, mujeres y jóvenes.

Además elaboró un mapa parlante, que es una forma de representación del territorio y que habla de la historia del poblamiento y la apropiación del territorio del cerro y mingas de pensamiento ambiental con los mayores de las comunidades.

De igual manera, realizó una escuela con jóvenes, que es una forma de construir el conocimiento de manera colectiva; en esta se realizaron recorridos a los socavones y se  construyeron estrategias para difundir las implicaciones de la minería en el territorio y en la población joven.

Así, identificó transformaciones culturales importantes, como por ejemplo el papel de los the’walas (médicos tradicionales) que tienen encomendada la protección territorial.

“Las familias mineras tienen sus propios médicos tradicionales que garantizan su práctica extractiva, lo que ha propiciado conflictos simbólicos entre los the’walas, que protegían la naturaleza, y quienes trabajaban con las familias mineras y buscaban lucro”, asegura la investigadora.

Además se presentan problemas de gobernabilidad, pues estos sectores llegaron a tomar puestos de poder en las comunidades y a tener influencia en los programas y medidas ambientales y económicas de los cabildos, promoviendo en algunas ocasiones las actividades mineras u omitiendo las sanciones establecidas por las leyes propias del pueblo nasa.

“Esto generó una fractura en la comunidad, que incluso desencadenó conflictos que involucraron confrontaciones directas tanto entre los mineros como entre las autoridades indígenas”.

La investigadora asegura que estas prácticas son posibles debido a que estos territorios resguardan estas y otras riquezas, pero a su vez sufren de una pobreza estructural que los han encadenado a este ciclo de economías de bonanza y de rápido lucro.

“Es importante decir que estas prácticas no se generaron solo porque los indígenas lo quisieran, sino que hubo un contexto nacional e internacional que hizo que la explotación del oro fuera una actividad atrayente y rentable, y que poblaciones como la indígena encadenaran su fuerza de trabajo en las actividades extractivistas”, concluye.









martes, 14 de junio de 2022

Adenovirus y lluvias, una relación que se debe vigilar

 El regreso a la normalidad ha traído de vuelta virus e infecciones que ya no se tenían tan presentes, y aunque en este momento se ha presentado un leve incremento de casos nuevos de COVID-19, los más nombrados por estos días son los adenovirus, que han reaparecido causando resfriados, gastroenteritis, bronquitis o neumonía y encefalitis (infección del sistema nervioso central).

El grupo de los adenovirus fue descubierto en 1953 por el virólogo estadounidense Wallace Rowe, quien estudiaba las células de las amígdalas y de los tejidos ubicados entre la nariz y la garganta cuando notó que algo estaba dañando las células que recubren la piel, los vasos sanguíneos y los órganos, por lo que decidió indagar un poco más sobre el asunto y encontró esta particular infección que da a pie a otras enfermedades.

El médico pediatra e infectólogo Germán Camacho Moreno, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que existen 57 serotipos (microorganismos infecciosos) de adenovirus, clasificados en 7 grandes grupos: A, B, C, D, E, F y G.

“Algunos de ellos son más frecuentes que otros, como por ejemplo los serotipos 40 y 41 del grupo F, que se asocian con casos de gastroenteritis pediátrica. Estos cuadros pueden ser graves y requerir hospitalización, sobre todo en menores de dos años”.

Aunque los adenovirus afectan a personas de todas las edades, son más frecuentes en niños menores de 5 años. Los bebés y las personas con sistemas inmunitarios débiles tienen mayor probabilidad de presentar problemas graves.

¿Cómo se propagan los adenovirus?

“Los adenovirus se encuentran distribuidos en todo el mundo y tienen un comportamiento estacional; en países como Colombia, donde no hay estaciones, son más frecuentes en la época de lluvia, es decir de marzo a junio”, asegura el pediatra.

Además, hay que tener en cuenta que en este momento el país afronta el fenómeno de La Niña, por lo que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) estima que las lluvias se extenderán por lo menos hasta agosto, sobre todo en las regiones Andina, Caribe y Pacífica.

Las constantes lluvias y las bajas temperaturas promueven un incremento en la aparición de enfermedades respiratorias agudas. En ciudades como Bogotá, los virus que más influyen en los cuadros respiratorios de los niños son: sincitialadenovirus y parainfluenza.

Para ninguno de estos existe vacuna, por lo que solo se previenen mediante prácticas como el lavado de manos y el uso de tapabocas, además de procurar el aislamiento, y sobre todo consultar al médico ante síntomas respiratorios persistentes.

“Cuando una persona tiene una infección respiratoria –como gripa, tos o faringitis–, al toser, estornudar, hablar, reír o cantar, expulsa pequeñas gotas con el virus, imperceptibles al ojo humano, pero que pueden desplazarse entre 1 o 2 m provocando el contagio a través de ojos, nariz y boca”.

¿Me puede contagiar mi mascota?

Aunque algunas personas creen que los perros y los gatos se pueden contagiar de algún adenovirus y contagiarnos –duda que también se generaba con el COVID-19–, el médico Camacho afirma que “sí se pueden presentar casos de adenovirus en algunos animales, pero estos realmente no se consideran como una zoonosis (enfermedad que se transmite de animales a humanos) importante”.

“Las grandes epidemias de adenovirus se presentan por el contacto entre humanos, las aglomeraciones y los ambientes mal ventilados, por lo que el contacto con mascotas no es una vía de transmisión relevante”, explica.

El cuidado de todos es primordial, es una época del año en la que se presentan muchas infecciones, por lo que es prudente seguir teniendo medidas de precaución y vencer al virus de la manera más efectiva posible: impidiendo que se propague.






Granja Sembrando Inclusión echa a andar en Arauca

 La primera granja adaptada a las condiciones diferenciales de la población en condición de discapacidad entró en funcionamiento en el municipio de Arauquita, y garantizará la seguridad alimentaria y nutricional de 280 personas.

En un trabajo conjunto entre la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) se diseñó e implementó esta iniciativa, referente de inclusión laboral y educativa en la región.

Según el último reporte del DANE (2020), Arauca tiene una población de 7.940 personas con condiciones diferenciales motoras y cognitivas, las cuales presentan dificultades para acceder a la educación, formación para el trabajo y oportunidades laborales.

Además, un porcentaje significativo de la población con discapacidades motoras está relacionada con el conflicto armado y las mutilaciones por artefactos explosivos.

Reportes del Instituto Nacional para Ciegos (INCI) indican que Arauca presenta pocas alternativas para la inclusión de las personas en situación de discapacidad, un grupo poblacional cuya mayoría es de escasos recursos económicos, lo cual les impide generar algún proyecto productivo que ayude a subsanar sus necesidades. Por ejemplo, señala que el 90 % de sus afiliados no tienen trabajo o alguna fuente de generación de ingresos.

Ana María Romero Hernández, coordinadora del proyecto “Sembrando Inclusión”, explica que la Granja cuenta con un galpón de gallinas ponedoras y huertas agroecológicas adaptadas a las condiciones diferenciales –cognitivas, físicas o sensoriales–, incluyendo, por ejemplo, senderos para las personas con movilidad reducida de la Asociación Capacidades Sin Límites de Arauquita.

También cuenta con una escuela de campo en la que se ofrecen sesiones de formación en sistemas productivos.

“Este espacio de aprendizaje para la población con capacidades diferenciales es un apoyo para los cuidadores, ya que produce alimentos inocuos e ingresos económicos”, explica la coordinadora Hernández.

Lo anterior significa una gran oportunidad para garantizar la alimentación de las 280 personas que forman parte de la iniciativa, y además generar excedentes económicos mediante la comercialización.

Julio César Soto, ingeniero agrícola del proyecto, menciona que “la Granja significó un reto en términos de inclusión considerando los diferentes tipos de discapacidad de los beneficiarios, pero logramos consolidar un espacio ideal acorde con sus capacidades diferenciales y nos enorgullece ver que pueden producir sus alimentos y generar ingresos para sus familias”.

La Granja Sembrando Inclusión se está fortaleciendo en el marco del Co-Laboratorio de Innovación Social (Co-LabIS) de la Dirección Nacional de Extensión, Innovación y Propiedad Intelectual de la UNAL, de la mano de cada una de las unidades de Extensión de las sedes y en articulación con el Observatorio de Inclusión Educativa para Personas con Discapacidad, construyendo estrategias que permitan disminuir las brechas sociales y de acceso a la educación superior presentes en esta población.

 







viernes, 10 de junio de 2022

Serranía del Perijá, despensa alimentaria del Cesar que se debe conservar

 La riqueza natural, ambiental y biológica de la Serranía del Perijá es innegable: a lo largo de sus 310 kilómetros de extensión se encuentra una importante variedad de especies animales, árboles, plantas, cultivos y cuerpos de agua que la han convertido en una gran despensa agrícola e hidrográfica.

Este imponente sistema montañoso, ubicado en la parte más septentrional de la cordillera Oriental, abarca varios municipios de los departamentos del Cesar, La Guajira y Norte de Santander, y también una zona del estado Zulia en Venezuela.

En el Cesar recorre 17 de sus 25 municipios, muchos de los cuales fueron visitados por las profesoras Claudia Mosquera Rosero Labbé y Lucía Eufemia Meneses Lucumí, en el marco del proyecto Laboratorio de Paz Territorial, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz.

Ellas estuvieron en veredas, corregimientos, fincas y caseríos, evidenciando todo lo que brinda la Serranía a la población rural y al planeta a través de su gran producción hídrica, la biodiversidad y los diversos climas que la convierten en un importante patrimonio para el país.

Durante sus recorridos se encontraron con campesinos, emprendedores, ganaderos, artistas, indígenas, docentes y empresarios del turismo, que fueron considerados como personajes emblemáticos del departamento del Cesar y cuyas historias forman parte del Laboratorio de Paz Territorial.

Para las docentes fue maravilloso encontrar relatos de superación, de lucha y de fortaleza, pero, sobre todo, muy humanos, en los que los protagonistas destacan todo lo que brinda la Serranía del Perijá tanto a sus vidas como al medioambiente.

En este territorio, considerado como una gran fábrica de agua, junto a la Sierra Nevada de Santa Marta, apreciaron cultivos de café, cacao, árboles frutales, hortalizas, ganadería, minería, y sobre todo bellos paisajes que invitan a disfrutarlos.

Para las investigadoras fue muy importante conocer proyectos productivos resilientes de personas que sufrieron el conflicto armado y las acciones de los grupos violentos, pero que han decidido vivir en esperanza, sacando adelante sus iniciativas familiares y grupales, con las cuales están aportando a la economía de la región.

La Serranía del Perijá abarca una gran variedad de climas, desde el húmedo que se presenta en el sur hasta el seco en el norte, pasando por los cálidos, fríos, templados y el páramo, todos aptos para su desarrollo agrícola y que las docentes recorrieron durante su investigación

También conocieron el sistema hidrográfico de la Serranía, compuesto por caños, fuentes, ríos y quebradas que alimentan el complejo cenagoso de la Zapatosa y que llegan al río Magdalena.

Dentro de los hallazgos registrados por las investigadoras está la importante producción de alimentos que se da en estos territorios, donde se cultiva gran parte de lo que se consume tanto en el Cesar como en los departamentos vecinos.

“Hemos encontrado flujos comerciales que se dan a través de diferentes iniciativas de mercados campesinos, asociaciones y organizaciones empoderadas, a las cuales creemos que hay que apoyar porque se han convertido en agentes económicos territoriales y muchos productos agrícolas que son susceptibles de ser investigados y de desarrollar cadenas productivas”, afirma la profesora Mosquera.

Muchos de los entrevistados que formarán parte de las más de 100 semblanzas que saldrán como resultado del proyecto, habitan en la Serranía del Perijá y han sido consideradas como emblemáticas a nivel microlocal, por lo que en un libro se destacarán sus valores, sus actividades, sus experiencias y sus proyectos.







martes, 7 de junio de 2022

Contaminación y creciente urbanización amenazan los humedales de Leticia

 Tras evaluar el estado de 16 humedales suburbanos de Leticia se encontró que 11 presentan estancamiento de la corriente de las aguas, debido en gran parte a la transformación de los ambientes acuáticos para actividades como la piscicultura.

De otra parte, en 10 humedales ubicados dentro de la ciudad se evidenció que el principal problema es la urbanización, ya que además de la construcción de viviendas también se incrementa la existencia de infraestructura como vías, lo cual transforma los asentamientos humanos y la manera como se relacionan con estos ecosistemas.

Estos son algunos de los resultados principales del proyecto “Apropiación ambiental y social de los humedales urbanos y suburbanos de Leticia”, una alianza entre los grupos de investigación en Limnología Amazónica –de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia– y de Biodiversidad, Biotecnología y Conservación de Ecosistemas, de la UNAL Sede Bogotá.

Aunque los humedales albergan una amplia diversidad de especies de aves y peces, y otras vegetales como el canangucho (palma alta que cubre extensas áreas de los ríos Amazonas y Orinoco), y representa una despensa muy importante para la fauna, la contaminación por residuos sólidos o por el vertimiento de aguas residuales domésticas amenaza el futuro de estos valiosos ecosistemas.

La ingeniera ambiental María José Arias, de la UNAL Sede Medellín, quien desarrolló su trabajo de grado dentro de dicho proyecto, encontró que el 91,8 % de 100 encuestados consideraron que en los humedales de Leticia existe una preocupante problemática ambiental.

“El 90,4 % de los encuestados consideran que los humedales son importantes porque son fuente de vida, brindan alimento (pescado, frutas y semillas) y agua, son reguladores climáticos e hídricos y contribuyen al equilibrio ecosistémico”.

Baluartes de la biodiversidad

La investigación evaluó el estado de 26 humedales de Leticia; entre los citadinos se encuentran la quebrada Urumutú, los caños Calderón y Simón Bolívar y la quebrada San Antonio, que sirve de límite entre Colombia y Brasil.

En el humedal el Calderón, en el barrio la Ceiba, se encontró mayor cantidad de nutrientes; y en el humedal pozo del Parque Santander se observa gran presencia de lechuga de agua, la cual ha desplazado la Victoria amazónica que predominaba en este lugar.

La ingeniera señala que los humedales del Parque Santander, cananguchal del barrio la Ceiba, Inravisión, y el de la UNAL Sede Amazonia, están asociados con la microcuenca de la quebrada Urumutú, o el caño Calderón.

Estos se caracterizan por tener saturaciones de oxígeno iguales o cercana a cero y altas conductividades relacionadas con problemáticas como la urbanización, residuos sólidos y el vertimiento de aguas residuales domésticas.

En relación con los peces se encontró que el dormilón, el cará y las sardinas son las especies que prevalecen. Cabe recordar que en Leticia la pesca es la principal actividad económica tanto de abastecimiento propio como para la venta.

Entre los humedales suburbanos visitó El Salado del km 17, Finca la Julianita, el Retiro km 22, la Reserva La Manigua y Mundo Amazónico, asociados en su mayoría con la quebrada la Beatriz y Yahuarcaca, en la vía Leticia-Tarapacá.

“La calidad de sus aguas es buena; presenta mayores porcentajes de saturación de oxígeno y menos problemáticas o impactos ambientales causados por actividades humanas”, resalta la ingeniera ambiental Arias.

“Con respecto a las plantas acuáticas, se encontró presencia abundante de cortaderas y gramalotes, lo cual indica la gran cantidad de nutrientes que hay en estos lugares”, menciona la ingeniera ambiental.

Algunos de los humedales evaluados presentan algún tipo de protección ya sea por estar en zona privada, por formar parte de una reserva natural, un resguardo indígena o por denominarse patrimonio ambiental.

Los resultados de su trabajo hicieron merecedora a María José Arias del primer puesto en el concurso “Mejores trabajos de grado de pregrado 2022” de las diferentes carreras de la UNAL.











viernes, 3 de junio de 2022

Inteligencia artificial facilita la prevención y detección del dengue

 La plataforma para la detección temprana del dengue ha confirmado que los fenómenos de El Niño y La Niña presentan alta correlación con el número de casos de esta enfermedad viral, de la que el Instituto Nacional de Salud ha reportado 21.000 contagios y 13 muertes en lo que va corrido del año. Las ciudades del país donde más se presenta dicha asociación son: Barranquilla, Cali, Cúcuta, Medellín, Santa Marta y Villavicencio.

La plataforma implementa dos modelos predictivos que permiten pronosticar la aparición de casos de dengue, según el comportamiento de variables como temperatura, precipitación y humedad relativa.

“En general la temperatura y la lluvia no presentaron asociación con los casos de dengue, pero los periodos secos sí”, expone Juan Pablo Hernández Ortiz, profesor del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, director del Laboratorio Genómico One Health y del Colombia Wisconsin One Health Consortium.

Gracias a los datos y al análisis también se pueden establecer relaciones con factores geográficos, de cobertura vegetal, demografía y movilidad de población, por ejemplo. Esto quiere decir que permite estudiar y pronosticar los casos de dengue en las diferentes ciudades del país.

Precisamente, para cada ciudad se identificó la variable que más influye en los casos de dengue y el número de semanas de rezago con respecto a los picos reportados de la enfermedad.

“Estos modelos de predicción son una herramienta y un mecanismo para estudiar y pronosticar los casos de dengue en las diferentes ciudades del país”, destaca el profesor Hernández.

Por su parte, John Willian Branch Bedoya, profesor del Departamento de Ciencias de la Computación y de la Decisión de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, afirma que la plataforma es útil para la toma de decisiones, y que no solo beneficia a las autoridades de salud, sino también a la comunidad en general.

¿Cómo lo hicieron?

Los investigadores procesaron muestras de sangre y les realizaron pruebas moleculares como las de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) y serológicas para determinar si hay dengue o anticuerpos contra la enfermedad.

Además, se establecieron modelos predictivos con un nivel de precisión mayor al 90 %. El profesor Branch explica que se modelaron datos de 2007 a 2019.

Asimismo, la plataforma recopila datos del Sistema de notificación oficial de Salud Pública (Sivigila) y extrae el número de casos reportados con el propósito de predecir en un tiempo determinado si puede ocurrir un brote de dengue o no.

La información que resulta de ella será de uso abierto y quedará disponible en un repositorio de One Health, no solo para los futuros desarrollos de este trabajo sino también para futuras investigaciones.

El investigador explica que después de adquirir datos se hizo un procesamiento, se extrajo información, y posteriormente se entrenaron los modelos matemáticos y computacionales que dan los resultados finales. La base de trabajo que usaron fue el lenguaje de programación Python.

Relata que durante el desarrollo del proyecto afrontaron el reto de obtener los datos, por lo que debieron acudir a estrategias que, “desde el punto científico y tecnológico se usan hoy, y que consisten en aumentar los datos con reglas propias del problema en cuestión”. Lo justifica: “en Colombia la información meteorológica y climática, así como los clínicos, tienen demasiados subregistros porque hay estaciones que dejaron de operar por días, semanas o años, así que había que construir los datos de buena calidad para entrenar el modelo”.

Interdisciplinariedad

En el estudio participaron estadísticos, ingenieros de sistemas, mecánicos, químicos, de materiales, biólogos, microbiólogos y médicos veterinarios, quienes trabajaron en conjunto para analizar datos obtenidos sobre casos de fiebre atendidos en clínicas de Cali y así desarrollar modelos para monitorear en tiempo real el número de pacientes con dengue.

En este contexto, diferenciar el dengue de otras enfermedades “es importante, porque en nuestro país, desafortunadamente, hay varias enfermedades febriles (zika, dengue, fiebre amarilla, malaria) con manifestaciones clínicas muy similares”, afirma el profesor Hernández.

La plataforma para la detección temprana del dengue es un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y los resultados de este estudio servirán de base para futuras investigaciones en África, Sierra Leona, India, y Asia.

“Vamos a hacer una red tripartita de información y datos de enfermedad febril para vigilar pandemias”, concluye el investigador.






martes, 31 de mayo de 2022

Sondas artesanales miden con eficacia contaminación del agua

 Comunidades del Cesar y La Guajira trabajan conjuntamente con docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz en la elaboración de dispositivos para el monitoreo de la calidad del agua a partir de totumas, botellas plásticas y otros materiales reciclables.

Los prototipos diseñados hasta el momento detectan, entre otros parámetros, el pH (nivel de acidez), el oxígeno disuelto (cantidad de oxígeno en el agua), el color aparente (sustancias disueltas en el agua), la temperatura, la turbidez (pérdida de transparencia), y la presencia de algunos metales pesados como cadmio, mercurio, plomo, cobre o hierro.

El profesor Jaime Andrés Pérez Taborda, de la UNAL Sede de La Paz, señala que la grave situación del agua potable en el país ha generado un interés por estudiar la forma de acompañar a estas comunidades para que tengan una mejor calidad de vida.

De esta reflexión surge la idea de crear una “plataforma multisensorial integrada”, es decir una herramienta que permita hacer un control autónomo de las aguas, con datos cada vez más precisos.

“Pretendemos que los ciudadanos participen en el monitoreo de la calidad del agua, porque, en últimas, son ellos quienes tienen un papel fundamental de vigilancia de sus propios recursos naturales”, agrega el docente.

La iniciativa surge ante los enormes desafíos que se tienen en la gestión de la calidad del agua en regiones en donde sus usos son diversos (domésticos, industriales y agrícolas) y en donde es necesario contar con un sistema de alertas tempranas que garantice que el agua es apta para consumo humano.

El docente reconoce además que se trata de un reto colosal, debido a la problemática que existe alrededor de la contaminación del agua en regiones como la cuenca del valle del río Cesar y La Guajira, en donde se adelantan iniciativas de diversificación productiva y energética, y en donde algunas de las nuevas apuestas –minería de metales– afecta los acuíferos.

Características de los dispositivos

El profesor recuerda que “uno de los primeros prototipos se elaboró con una botella plástica para agua. En ese primer momento solo teníamos dos sensores, para medir temperatura y conductividad eléctrica, pero ya hemos llegado a sondas de seis variables”.

Con la participación de estudiantes de la UNAL Sede de La Paz, diseñaron otro prototipo para determinar los usos del suelo y su impacto en las aguas subterráneas. El dispositivo consta de una totuma que tiene en su interior una placa o circuito electrónico y hace las veces de caja electrónica, conectada a una sonda; “tiene una serie de sensores que se introducen en la tierra para realizar la medición. Los valores y ubicaciones se envían a una aplicación móvil, que luego se encarga de nutrir la plataforma de datos en la red”, explica el docente Pérez.


En la actualidad, grupos de investigación como el de Nanoestructuras y Física Aplicada (Nanoupar) de la UNAL Sede de La Paz, estudian la manera de proveer de una batería resistente y adecuada las sondas portables, por medio de paneles solares o nanogeneradores, que son dispositivos pequeños que convierten en energía eléctrica la diferencia del calor y del movimiento.

El investigador indica que “no depender de las baterías fue un aprendizaje que surgió del trabajo en la Amazonia, en donde nos dimos cuenta de los grandes problemas que causan las altas temperaturas, la humedad y la disposición final de las baterías, además de los enormes retos en interconectividad”.

Según la ONG Global Witness, Colombia es uno de los lugares más difíciles para ejercer la defensa de ambiente, por eso el docente considera que “el diseño y la ejecución de la plataforma podría ayudar a disminuir las tensiones en los territorios entre comunidades y multinacionales, y entre las mismas comunidades, al brindar datos reales que puedan soportar lo que está pasando, y en los que se involucren las necesidades de las personas”.

Este proyecto se adelanta con la profesora Alba Ávila, de la Universidad de los Andes, en el marco del proyecto Community Technology Literacy IEEE.






sábado, 28 de mayo de 2022

Uchuvas más longevas gracias a empaque biodegradable

 En el marco de un proyecto de extensión, el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), realiza unos empaques que permiten que el producto tenga una vida útil de hasta 40 días, mientras en condiciones normales es de 8 días.


Gracias a su sabor especial y a su aporte nutricional –con un alto contenido de fibra y vitaminas A y C–, la uchuva es una de las frutas exóticas colombianas con más potencial para la exportación, y además se cultiva durante todo el año, lo que favorece su disponibilidad para la industria.

No obstante, trasladarla hasta otros continentes no es una tarea sencilla, pues su vida útil es de apenas unos 8 días, por lo que se prefiere venderla como una fruta deshidratada o procesada.

El profesor Diego Alberto Castellanos, del Área de Empaques y Vida Útil de Alimentos del ICTA, señala que “la UNAL viene desarrollando un empaque que prolonga la conservación y vida útil de la fruta más allá del doble del tiempo habitual”.

“Una empresa que trabaja en soluciones de empaques para diferentes distribuidoras y exportadoras de frutas nos contactó y estamos desarrollando unos sistemas de empaques para uchuvas, que además de conservar la fruta también cuentan con materiales sustentables y que brindan sostenibilidad ambiental”.

Los materiales usados en estos empaques son biodegradables o reciclables, utilizan componentes que controlan el crecimiento de microorganismos como los hongos y permiten regular el metabolismo de la fruta, es decir, los procesos de respiración y presión de oxígeno. La UNAL está trabajando para que estos empaques puedan ser exportados a Europa.

“En la industria se trabaja con polímeros y productos derivados del petróleo, materiales plásticos que son más baratos y se encuentran fácilmente en el mercado, pero que no son sostenibles, ya que pueden tardar hasta 100 años en biodegradarse y no prolongan la vida útil de las frutas”, asegura el profesor Castellanos.

Los materiales que utilizan los investigadores de la UNAL son el ácido poliláctico (PLA), que se deriva de materias primas naturales y renovables como el maíz, y aquellos pertenecientes a los poliésteres como un polímero sintético.

“Estos materiales se encuentran en el almidón del maíz y de la papa, en la celulosa que se extrae de la madera y también en la yuca, y son materiales biodegradables que tardan en descomponerse dos o tres meses, máximo un año, lo que aumenta la sostenibilidad ambiental”, indica el experto.

Agrega que “la UNAL trabaja para poder articularse con productores de papa que tienen subproductos o desechos para aprovechar este tipo de materiales; la idea es recuperar lo que a ellos les sobra para hacer un aprovechamiento completo y aportar al cambio desde el principio, sin usar materiales derivados del petróleo”.

¿Cómo se hace?

El producto se elabora en el Área de Empaques y Vida Útil de Alimentos del ICTA y tiene que pasar por cuatro fases.

“Todo comienza con la materia prima: introducimos el PLA en un secador, para extraer todo el proceso del agua. Luego pasa a una extrusora –máquina que funde el material–, en un circuito conocido como tolda de alimentación, en donde un tornillo que va girando funde el material; se saca la lámina larga y gruesa, parecida a un líquido viscoso, después se enrolla en unos carretes que vuelven el material más delgado y así se puede enrollar con facilidad”.

El rollo del material se pone en una impresora 3D usada para realizar prototipos, para determinar el tipo de bandeja o empaque que se utilizará de manera masiva. Después las canastillas pasan a una máquina de termoformado, en la que, con un molde a presión y teniendo en cuenta la temperatura, se forman los empaques.

Finalizado este proceso se evalúan las propiedades mecánicas en una máquina que mide la resistencia del material, se realizan pruebas de compresión y se evalúa la humedad y concentración de oxígeno.

“A pesar de que son materiales biodegradables, también son resistentes para que no se rompan y el alimento se conserve. Pueden ser compostables y cada canastilla tiene la posibilidad de albergar unos 120 g, lo que hace que el transporte del alimento sea sencillo, se controle la atmosfera y se tenga una humedad adecuada y un componente antimicrobiano”, indica el profesor Castellanos.

Por último, comenta que en Colombia el potencial exportador está en el mercado de las frutas exóticas y endémicas, pues en 2019 las exportaciones de uchuvas alcanzaron los 36 millones de dólares y presentaron un crecimiento del 12,5 % respecto a 2018.







viernes, 20 de mayo de 2022

Nanotecnología prolonga la vida útil de frutas y verduras ¿cómo?

El diseño de empaques para conservar en fresco aguacate Hass, uchuvas, tomates y alimentos procesados como mora en polvo o snacks de piña, son algunos de los desarrollos en los que avanza el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). 

La comercialización y el transporte de los alimentos es una tarea compleja en la industria por factores como la presencia de microorganismos que disminuyen y afectan su vida útil, y por ende su calidad, lo que los convierte en no aptos para el consumo.

En ese sentido, la aplicación de nanomateriales puede representar una ventaja importante para los productores, distribuidores y exportadores de productos agroindustriales, pues permite reducir el volumen de pérdidas y aumentar los márgenes de ganancia.

El profesor Diego Alberto Castellanos, del Área de Empaques y Vida Útil de Alimentos del ICTA, menciona que los investigadores utilizan la nanotecnología, que se compone de la fabricación, caracterización y manipulación de moléculas de alto rango que, aplicadas a los embalajes, los vuelven más seguros, rentables y no tóxicos.

Por ejemplo, se desarrolló un sistema de empaque para conservar el aguacate Hass, que controla activamente la acumulación de agua en los empaques del producto, mejorando su conservación.

El propósito era mejorar los empaques que ya había en el mercado. Para ello, utilizaron la misma caja en la que se transportan los aguacates y le agregaron una funcionalidad activa.

“Tomamos láminas de ácido poliláctico, un polímero biodegradable, y las llenamos de nanopartículas de dióxido de titanio, que en tamaño de partícula tiene un doble efecto: es antimicrobiano y retarda la madurez del producto. Así, evidenciamos que al poner las láminas dentro del empaque se prolongó la vida útil del aguacate hasta en 43 días” explica el docente.

Recuerda además que la nanotecnología es el estudio y la manipulación de materia en tamaños sumamente pequeños, en general entre 1 y 100 nanómetros (unidad de longitud que permite medir dimensiones imperceptibles al ojo humano). Por ejemplo, una hoja de papel tiene unos 100.000 nanómetros de grosor.

La nanotecnología comprende una gama muy amplia de materiales, procesos de fabricación y tecnologías que se usan para crear y mejorar muchos productos que la gente usa diariamente.

“En el caso concreto de los alimentos, trabajamos con materiales a escala de micrómetros, que es la milésima parte de un milímetro. Estos cambian sus propiedades químicas, y en aplicaciones biodegradables, compostables o fácilmente reciclables, pueden mejorar las cualidades mecánicas, térmicas y de barrera, así como la bioseguridad en los envases”.

“Lo que hacemos es reforzar los materiales de empaque que se utilizan en el día a día, entonces yo puedo tener un vaso, una bandeja, una botella de agua o una lata de atún, y si le  incluyo nanomateriales en escala micro, puedo cambiar muchas propiedades de esos materiales y darles el valor agregado”, explica el profesor Castellanos.

Según la necesidad del producto, se utilizan algunos materiales contra los microorganismos en pequeña escala; por ejemplo la plata, si se vuelve más pequeña comienza a ser cada vez más antimicrobiana, destruye las bacterias que se le acercan y en algunas frutas retardan la madurez y hacen que el proceso de degradación sea más lento.

Beneficios

La nanotecnología en envases puede servir para hacer bolsas o empaques más resistentes, menos permeables a contaminantes y para cambiar la opacidad de la luz. Es el caso de los empaques inteligentes, diseñados para detectar cambios microbianos o bioquímicos en los alimentos. En partículas de monóxido de titanio o de zinc se pueden programar para que cuando estén expuestas a la luz día o ultravioleta hagan una barrera e impidan el deterioro del alimento.

El académico destaca que en el ICTA se está trabajando con ciertos nanomateriales que se pueden “programar” para que cambien de color cuando pase algo dentro del empaque. “Por ejemplo, un pollo crudo empacado al vacío, a medida que se va descomponiendo emite ciertos componentes volátiles como la amina, que al reaccionar con nanopartículas hace que cambie de color, indicando que ya no es apto para consumir”.

“El envasado con esta tecnología es útil para identificar las condiciones internas y externas de los alimentos y los contenedores en toda la cadena de suministro”, agrega el profesor.

Por último, asegura que en el mercado existen varios nanomateriales que incluyen nanopartículas de nitruro de titanio, nanopartículas de plata y óxido de nanozinc, nanoarcilla y dióxido de nanotitanio, que se presentan como aditivos funcionales para la industria del envasado de alimentos.