jueves, 4 de agosto de 2022

Lograr la neutralidad de carbono en la agricultura para 2050

 Cinco países latinoamericanos contribuyendo a lograr la carbono neutralidad agrícola para 2050.

América Latina y el Caribe es reconocida como una de las regiones más vulnerables al cambio y la variabilidad climática. Se ve afectada principalmente por períodos prolongados de sequía y precipitaciones extremas, crecientes inundaciones y la frecuencia de ciclones y huracanes en la región. Estos eventos adversos son un factor determinante para los agricultores y el sector agroalimentario, ya que afectan directamente la producción de alimentos, su sostenibilidad y la seguridad alimentaria de la población.

Sin embargo, el sector agrícola ha sido señalado como uno de los principales emisores de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el mundo; representando el 19 y 24% a nivel mundial ( CCAFS, 2018 ). Es por esto que, a través del Acuerdo de París y las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), los gobiernos latinoamericanos han asumido desafíos y compromisos diferenciados para reorientar el desarrollo de la región hacia estrategias productivas sostenibles y bajas en carbono frente al cambio climático ( CEPAL, 2019 ). . 

Métodos agrícolas óptimos para reducir las emisiones

En este contexto, los gobiernos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Colombia lanzaron una nueva iniciativa de investigación sobre métodos agrícolas óptimos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en América Latina. Financiado con fondos de la cooperación KoLFACI y desarrollado por la Alianza de Bioversity International y el CIAT.

Investigadores nacionales de cada país tuvieron la oportunidad, durante la semana del 20 al 24 de junio, de reunirse en la sede de la alianza en Cali, Colombia, para desarrollar un proceso de interaprendizaje en torno a las experiencias de adaptación y mitigación al cambio climático en Centroamérica. América y Colombia. 
Para demostrar los resultados de esta investigación, el objetivo principal del proyecto KoLFACI-Optimum es monitorear las acciones implementadas en cada país a través de la misma metodología y el mismo cultivo, promoviendo así la comparación e intercambio de conocimientos entre países.

Conociendo el campus y la experiencia de los investigadores de la alianza

Durante la visita al campus, los investigadores recorrieron los arrozales experimentales. Aquí socializaron la implementación de prácticas que ayudan a reducir las emisiones de metano en los cultivos de arroz, con base en la amplia experiencia de Colombia en esta materia. Un claro ejemplo de ello es el proyecto que se desarrolla a través del convenio MADR-CIAT-FEDEARROZ (Federación Nacional de Arroceros), sobre el uso y manejo eficiente de la fertilización nitrogenada en el cultivo del arroz.


También visitaron las áreas experimentales sobre sistemas de pastoreo, establecidos con pasto híbrido Caimán en Monocultivo y Sistemas Silvopastoriles (SSP) con Leucaena leucocephala. Se mostraron diferentes metodologías para medir las emisiones de GEI en los sistemas ganaderos. Uno de ellos fue el uso de politúneles para medir las emisiones de metano entérico en el ganado, con dietas basadas en forrajes tropicales mejorados.

Para finalizar el recorrido por el campus, visitaron el laboratorio de análisis de GEI a cargo de la investigadora Catalina Trujillo. En este espacio se explicó cómo se realiza el análisis de emisiones de GEI de diferentes sectores y prácticas agrícolas, utilizando cromatografía de gases en serie.

Hacia la implementación de Kolfaci-optimum

La jornada de formación finalizó con la selección de los sistemas a evaluar. Se solicitó a los representantes de cada país que se coordinaran entre ellos para realizar mediciones comparables en la región. Colombia, Nicaragua y Honduras optaron por medir el ganado, mientras que El Salvador y Guatemala seleccionaron el sistema de milpa (maíz y frijol) como el sistema a analizar.

Los próximos pasos serán coordinar la capacitación a nivel nacional en cada uno de los países participantes. El objetivo es involucrar a más investigadores para apoyar la zonificación para identificar unidades de paisaje y la definición de tipologías de manejo para los sistemas a evaluar.







miércoles, 3 de agosto de 2022

Mapeo a través de teléfonos móviles mejoraría gestión de crisis humanitarias

 A través del uso de información de celulares, por ejemplo, de datos de redes sociales como Facebook, o de entes que se encargan de las estadísticas o la planeación de crisis humanitarias –como la ocurrida en Ucrania– es posible elaborar mapas que permiten entender la situación de los refugiados y los desplazados forados en los territorios.

Durante el taller “Herramientas de análisis de información para la respuesta a crisis humanitarias en salud”, organizado conjuntamente por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y la Universidad del Rosario, la epidemióloga Caroline Buckee, profesora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y cofundadora de la organización CrisisReady, explicó cómo se pueden usar los datos de movilidad durante las crisis humanitarias para desplegar recursos de manera más efectiva.

El proyecto se encarga de recolectar datos sobre ubicación y movilidad de personas en crisis humanitarias, como por ejemplo la pandemia por COVID-19 o el huracán María en Puerto Rico.

La profesora Buckee explica que se busca crear una red entre la industria de datos, la academia y los Gobiernos, para que haya un mejor manejo de las crisis humanitarias.

Según la experta “durante la pandemia muchas personas alrededor del mundo migraron de las ciudades o regiones urbanas hacia lugares rurales, lo cual pudo agudizar la propagación del virus”.

En ese sentido, en temas de salud pública, “necesitamos conocer la población en riesgo. Cuando hay grupos humanos muy móviles, todas las estimaciones se desvanecen cuando no se sabe dónde están o cómo viven”.

El sistema de CrisisReady consiste en una preparación de datos que analiza largas cadenas de información sobre los lugares y las personas que se movilizan, priorizando el riesgo durante una crisis de manera urgente y preventiva.

Además, observa el panorama específico de la situación en cuanto al origen de estas problemáticas, su propagación y las formas de manejarlo desde una red de expertos, para hacerlo llegar a las autoridades e instituciones encargadas de gestionar las crisis.

“Aquí radica uno de los puntos más importantes de este tipo de proyectos: en las decisiones que toman los entes gubernamentales para mitigar el impacto de estas situaciones de riesgo y vulnerabilidad, si se tiene un mapeo más eficiente, con datos reales que fundamenten el estudio de cada caso, se podrían generar mejores planes de manejo”, señala la experta.

Malaria, datos y movilidad

Una de las apuestas de esta iniciativa en el país es la Crisis Ready Grant – Human Ecology of Malaria in Colombia, que contempla la posibilidad de hacer un mapeo de Colombia en cuanto a problemáticas relacionadas con este virus, y saber así cuál es el potencial de acción de estos datos en la región.


El profesor Vladimir Corredor, de la Facultad de Medicina de la UNAL, quien ha investigado por varios años sobre el tema, señala que “en Guainía la enfermedad estuvo controlada por un tiempo, pero a raíz de situaciones de movilización masiva de migrantes provenientes de Venezuela, los casos han aumentado”.

Añade que, “la importancia de estos análisis está en el contraste entre la adquisición de datos y el trabajo de campo en las regiones”, por lo que se necesita de un trabajo conjunto y actualizado entre los mecanismos de recolección y el análisis de los expertos alrededor de estas problemáticas.

Según el Ministerio de Salud y Protección, cerca del 80 % del territorio rural del país está situado por debajo de los 1.600 msnm, lo que convierte a Colombia en un lugar óptimo para la proliferación de enfermedades como la malaria. Alrededor de 25 millones de personas están en riesgo de enfermar o morir por esta causa.

Se puede seguir la transmisión de este evento a través de la página de YouTube de la Facultad de Medicina de la UNAL, https://www.youtube.com/watch?v=qvJm3gqPT4g







martes, 2 de agosto de 2022

Mapa de vegetación natural, necesario para redistribución de tierras

 “El mapa de vegetación natural será una herramienta fundamental para la redistribución de tierras que anuncia el nuevo gobierno”, aseguró el profesor Jesús Orlando Rangel, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), invitado por la Red de Naciones Unidas Pacto Global Colombia a una conferencia web para explicar los alcances de dicho proyecto.

El académico indicó que el próximo gobierno debería incluir a los campesinos en las asignaciones, además de la porción de territorio vital para satisfacer sus necesidades básicas, tierras deforestadas para resembrar-recuperar los bosques y restaurar la vegetación natural.

“Esta acción se constituiría en un gran aporte del país con mayor expresión de la biodiversidad del mundo al proceso real de mitigar el calentamiento global”, anotó.

El docente, director del proyecto, considera que esta nueva herramienta resulta especialmente valiosa para planear la producción agrícola sin afectar la vegetación nativa del país, la cual ha sido muy transformada, especialmente en las regiones Andina o cordillerana, Caribe y en el Piedemonte llanero (Orinoquia).

El mapa de vegetación natural que realiza ICN en coordinación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Minambiente) se desarrolla con tecnologías de información satelital mediante una metodología propuesta por Larry Niño, estudiante del Doctorado en Ciencias - Biología de la UNAL.

El estudiante explica que la recopilación de la información permitirá establecer en detalle los diferentes tipos de vegetación natural con que cuenta el país e identificar los territorios donde ha sido más transformada, ya sea por la agricultura, los cultivos extensivos y otras actividades como la ganadería intensiva.

Los datos se están consolidando en el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia) del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt y estarán al alcance de cualquier colombiano que los quiera consultar antes de adelantar cualquier proyecto o intervención sobre estos recursos.

El biólogo Niño también trabajó desde Google Earth Engine, plataforma abierta que utilizan los científicos y académicos para estudiar y visualizar conjuntos de datos geoespaciales provenientes de miles de imágenes satelitales.

Señala que “las imágenes multidimensionales en las que se fundamenta la cartografía a presentar se componen de tres sensores distintos: dos tipos radar y uno óptico. Cada uno de estos provee datos con distintas perspectivas para diferenciar y clasificar los tipos de vegetación por medio de técnicas de inteligencia artificial, particularmente machine learning o aprendizaje de máquinas”.

Hallazgos importantes

El equipo investigador ya cuenta con la mayor parte de información que se ha producido sobre inventarios de la vegetación de Colombia y tiene sistematizada y “espacializada” la de la Orinoquia y la zona Andina (cordillerana). Entre los hallazgos más importantes se destaca que el modelo ha clasificado el 46 % de la región Andina y el 73 % de la Orinoquia como porciones del territorio cubiertas por vegetación natural.

Se resalta que fueron cartografiadas 52 alianzas/formaciones para los bosques de la Región Andina –en un área aproximada de 13,5 millones de hectáreas–, las cuatro unidades boscosas con mayor extensión, con el 44 % de los bosques andinos, corresponden a aquellos agrupados en las formaciones (alianzas fitosociológicas) como palmares mixto y bosques de roble.

En la región paramuna se diferenciaron 48 alianzas/formaciones en una extensión aproximada de 1,7 millones de hectáreas, con predominancia de tres formaciones con el 40 % de la vegetación de páramo. Predominan tres formaciones con el 40 % del cubrimiento de la vegetación, particularmente frailejonales.

En la Orinoquia fueron cartografiadas 24 alianzas/formaciones de bosques con una extensión aproximada de 7,4 millones de hectáreas, en donde predominan los palmares mixtos de la alianza. En cuanto a los pastizales naturales, se diferenciaron 20 alianzas/formaciones en cerca de 9,6 millones de hectáreas, las 4 unidades con mayor extensión, con el 45 % de los pastizales.

Para el profesor Rangel, el mapa de vegetación tendrá aplicación en diferentes escenarios, particularmente en lo relativo a la toma de decisiones para la utilización sostenible de la biodiversidad, la conservación y la preservación de la enorme riqueza que representan nuestros bosques, selvas y diversos tipos de vegetación.

 






viernes, 29 de julio de 2022

Un mar más caliente incrementa riesgo de muerte de los corales del Caribe

 Desde 1998, el calentamiento global ha aumentado la temperatura superficial del mar, factor fundamental para que regiones como el Caribe colombiano sean más vulnerables al blanqueamiento o muerte de los corales. El análisis de factores como temperatura, precipitación o salinidad en la Gran Barrera de Coral, frente a las costas de Queensland, en Australia, ofrece luces al respecto.

Los blanqueamientos masivos de los arrecifes de coral que se presentaron en 1998, 2002 y 2016 en la Gran Barrera de Coral australiana han sido producto del calentamiento global. En mayo del presente año, investigadores del Instituto Australiano de Ciencias Marinas evidenciaron que más del 90 % de los arrecifes que lo conforman han perdido su color.

La Gran Barrera de Coral, con una extensión de 2.300 km, está compuesta por más de 2.900 arrecifes conformados por colonias de corales, con más de 400 variedades, entre ellas aguja, hongo, coral cerebro, asta de ciervo o acropora y plano o agarcia.

Allí, tanto la temperatura superficial del mar como la del aire presentan una tendencia de crecimiento en el verano austral, pero es en el invierno cuando se observa un incremento abrupto de dichas variables.

La estudiante de Geología Yeimmy Alejandra Gutiérrez, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), afirma que desde 2016 la temperatura superficial del mar en Queensland se ha incrementado en 1,79 °C, la precipitación ha disminuido en un 25,7 % y la salinidad superficial del mar ha aumentado en 0,388 %”.

El blanqueamiento sucede cuando el coral se desequilibra, se debilita o su estructura se vuelve porosa y enferma perdiendo su color por no poder aportar a su relación mutua con las algas zooxantelas, las cuales les proporcionan carbohidratos para crecer y construir su esqueleto de carbonato de calcio.

Al respecto, la profesora Nancy Liliana Villegas Bolaños, directora del Grupo de Investigación en Oceanología (CENIT) de la UNAL, señala que “Colombia cuenta con 2.860 km² de arrecifes, la mayoría en el mar Caribe y en menor cantidad en el Pacífico colombiano, los cuales se han visto afectados en su ambiente físico por el calentamiento global, haciendo que se enfermen, lo cual se manifiesta en su cambio de color, llegando a ser blanquecino”.

Por eso destaca que “los datos que conforman el trabajo de grado de la estudiante Gutiérrez permitirían que el conocimiento adquirido se aplique en el monitoreo eficaz de las islas, en las condiciones atmosféricas y oceanográficas del Caribe y Pacífico colombiano, con el fin de protegerlas de erosión costera, contaminación, sobrepesca o predadores naturales, como algunos tipos de estrellas de mar”.

Principales blanqueamientos masivos

Los blanqueamientos de 1998, 2002 y 2016 dañaron dos tercios del coral en el famoso arrecife de la costa este australiana, debido a que aumentaron los periodos de sequía y disminuyeron los húmedos y fríos.

El primer blanqueamiento se presentó en 1998, cuando la temperatura superficial del mar alcanzó los 27,04 °C, es decir una temperatura elevada debido a los inicios del calentamiento global en el mundo.

Así mismo, la salinidad superficial del mar fue de 35,2 gramos por litro y la precipitación total de 35,04 mm anuales.

“Esto significó un cambio en el hábitat de los arrecifes trayendo consecuencias como el estrés por aumento de temperatura y la muerte de varias algas que aportan a la protección del coral”, menciona.

El segundo blanqueamiento se dio en 2002; en ese momento la temperatura superficial del mar fue de 26 °C, la salinidad superficial del mar de 35,3 gramos por litro y la precipitación total de 12,8 mm anuales; “los datos reflejan que las lluvias de redujeron, y por lo tanto la salinidad del agua aumentó”.

El tercer fenómeno de muerte de coral sucedió en 2016, considerado el más agresivo del mundo, pues estuvo acompañado por el fenómeno de El Niño.

En ese momento se presentó un incremento del 0,3 en la salinidad del mar (35,6) y un aumento en la temperatura superficial del mar (26,4 °C), pero las lluvias bajaron a 18,25 mm anuales.

“La combinación de estas variables produjo la muerte del 14 % de los arrecifes de coral, lo cual significó la mayor catástrofe medioambiental y biológica de la década”.

A partir de los datos obtenidos, la estudiante elaboró cálculos y gráficas de las climatologías, mostrando que de octubre a febrero –los meses más cálidos– la mayoría de las variables físicas aumentan y están influenciadas por los procesos intraanuales, ya que los mayores valores se obtienen en regiones más cercanas al ecuador.

 











lunes, 25 de julio de 2022

Aves insectívoras predicen qué tan “saludable” es el hábitat en El Quimbo

 Para que los cantos del batará rayado y del hormiguero ventriblanco se sigan escuchando al sur del Huila, se debe reforzar la siembra de arbustos y matorrales, especies vegetales afectadas por la drástica transformación del ecosistema, provocada por la construcción de la represa de El Quimbo.

En 2018 y 2019 el biólogo Camilo Loaiza Gómez, doctor en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), le siguió la pista al hormiguero ventriblanco (Myrmeciza longipes), al batará rayado (Thamnophilus doliatus) y al pijuí pechiblanco (Synallaxis albescens), cuya base de alimentación son los insectos, por lo que su función es muy importante en el control de las plagas.

El estudio de la abundancia o escasez de estas especies serviría para establecer qué tan “saludable” es el hábitat del bosque seco tropical que rodea la zona de la represa de El Quimbo, al sur del Huila.

Los bosques secos tropicales son aquellos que crecen en áreas que no reciben lluvia durante muchos meses del año. Concretamente, el del Alto Magdalena se considera como uno de los ecosistemas más degradados, fragmentados y poco conocidos de Colombia y del mundo.

“Por eso los estudios sobre la calidad de sus hábitats son relevantes para tomar decisiones de manejo y conservación, especialmente durante un proceso de restauración ecológica”, afirma el investigador.

El suyo fue el primer trabajo doctoral desarrollado en la zona de restauración ecológica del bosque seco tropical de la Central Hidroeléctrica El Quimbo, conformada por cerca de 11.000 hectáreas. Desde 2014 la Fundación Natura desarrolla el Plan de Restauración que finalizará en 2038, cuando la zona será entregada al Estado colombiano.

En 2009, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia le exigió a Enel-Emgesa –empresa de energía eléctrica constructora de la represa– comprar una zona de bosque seco tropical aledaño al embalse como medida de compensación por la sustracción de los terrenos necesarios para la construcción del proyecto, los cuales formaban parte de la Reserva Forestal de la Amazonia.

Playback y observación pasiva

Después de definir el grupo a estudiar, el siguiente paso fue revisar un inventario de aves en la zona. Para ello se apoyó en la línea base de biodiversidad elaborada por la empresa constructora para la licencia ambiental, en la primera salida de campo escogió 10 especies y seleccionó 3.

“Ese día preparamos sonidos de cantos de hormiguero ventriblanco, batará rayado y pijuí pechiblanco, para ver si estaban distribuidos a lo largo del área de estudio. Con binoculares y altavoz en mano transmitimos los cantos y así determinamos que efectivamente tales especies eran residentes en el área, en un rango de entre 700 y 1.300 msnm”, relata el investigador.

El biólogo definió 186 puntos o parcelas de conteo y dividió el área en 3 zonas según su estado de conservación (alta, media y baja) y ajustó modelos lineales generalizados (GLM) con el fin de evaluar las relaciones entre la abundancia y las variables de microhábitat y paisaje.

Para evaluar la calidad del hábitat utilizó el índice de adecuabilidad del hábitat (HSI), y para definir los modelos arquitectónicos de las plantas registró las especies vegetales dominantes en cada parcela, les tomó fotos e identificó su modelo por medio de una clave sinóptica (herramienta que permite agrupar las especies de plantas), basada en un análisis de la arquitectura disponible para árboles de zonas tropicales y templadas.

Además hizo 8 salidas de campo de entre 15 y 20 días cada una y visitó los puntos tres veces tratando de abarcar todas las épocas climáticas: lluviosa, seca y de transición.

Más arbustos y matorrales

Los resultados mostraron que la abundancia de las 3 especies de aves varió según el tipo de cobertura. Por ejemplo, el hormiguero ventriblanco tuvo mayor abundancia en fragmentos de bosques y matorrales que en arbustales, el batará rayado fue más abundante en arbustales y matorrales que en bosque, y las poblaciones del pijuí pechiblanco fueron mayores en arbustales y menores en bosque.

Con respecto a la evaluación de calidad del hábitat, evidenció que para el hormiguero ventriblanco el 38,44 % del hábitat disponible en la zona de estudio presentó baja calidad, es decir que no tiene los recursos ambientales suficientes para el mantenimiento de poblaciones e individuos de la especie.

En ese sentido, propone que “en arbustales y matorrales se realicen procesos de restauración, con el fin de incrementar en ellos estructura del sotobosque para el forrajeo; cobertura vegetal para refugio contra predadores y el clima adverso; y horquetas en el sotobosque para el soporte y la construcción de nidos”.

En relación con el batará rayado, el 39,91 % del área de estudio presentó mala calidad en sitios con baja cobertura de arbustos.

Según el biólogo, el proceso de restauración para el hormiguero pechiblanco también beneficiaría el hábitat del batará rayado.








jueves, 21 de julio de 2022

Rocas del Devónico, posible fuente para reserva de hidrocarburos ante futura escasez

 Estas rocas de hace más de 250 millones de años (era Paleozoica), que afloran en el macizo de Floresta, al norte de Boyacá, fueron buena fuente de hidrocarburos en el tiempo Devónico, pues cerca del 8,3 % del petróleo generado en el mundo proviene de ellas.

El investigador Andrés Felipe Pastor Chacón, magíster en Ciencias - Geología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), señala que hoy mucha de la geología del país ha trabajado alrededor de la explotación de los recursos mineros y petrolíferos, en la cual la exploración de hidrocarburos ha estado enfocada en las rocas del Mesozoico –o era de los dinosaurios–, que habría terminado hace 66 millones de años.

Sin embargo el Paleozoico, que precede al Mesozoico, no ha sido tan estudiado ni cuenta con tanto detalle sobre la explotación petrolífera de sus rocas como las eras siguientes. Esta se caracteriza por ser una era en la que los animales invertebrados se diversificaron en los océanos, y las plantas, anfibios y reptiles también se movían en tierra, y que habría acabado hace más de 250 millones de años.

Una de las principales razones es que generalmente estas rocas se encuentran a profundidades extremas, que representan un mayor riesgo y gasto económico, comparado con las más cercanas a la superficie pertenecientes a otros periodos.

El magíster indica que “los volúmenes de hidrocarburos que se pueden generar con las rocas paleozoicas son importantes, teniendo en cuenta la necesidad de incorporar reservas para la demanda interna del país”.
Por eso indagó si en Colombia se encontrarían rocas generadoras de hidrocarburos del Devónico –cuando aparecen los registros del desarrollo de los primeros bosques–, perteneciente a la era Paleozoica, que pudieran servir para incorporar futuras reservas de este producto para el país, justo en un momento en el que el Ministerio de Minas y Energía anunció que la generación y producción de hidrocarburos alcanza para suplir la demanda interna hasta 2029.

¿Hubo hidrocarburos en Boyacá?

El estudio se centró en el macizo de Floresta, en los municipios de Floresta y Busbanzá, en Boyacá, en donde aflora un cuerpo de roca del tiempo Devónico conocido como Formación Floresta, a la cual se le aplicaron distintas técnicas directas e indirectas para evaluar su potencial como generadora de hidrocarburos.

La técnica indirecta consistió en una descripción sedimentológica, en la cual el geólogo se va a campo, toma escalón por escalón de roca, lo mide metro a metro, describe sus características, lo compara con otros registros, y describe el proceso que formó la roca.

“Por ejemplo, haciendo estas observaciones y medidas, se puede interpretar si una roca se deposita en un ambiente marino, o en un continental”, explica el magíster.

El método de medición directo consiste en aplicar técnicas analíticas a las muestras de roca para evaluar su potencial; mediante estas se mide, por ejemplo, el contenido de carbono orgánico total. Otra estrategia es la aplicación de pirólisis, que consiste en medir la cantidad de hidrocarburos tanto libres como potenciales por expulsar, tras someterla a temperaturas superiores a los 400 °C.

Según el magíster, el estudio aporta información no solo sobre hidrocarburos sino también en medidas indirectas que se pueden aplicar, por ejemplo, en museos paleontológicos de la zona, y que se reflejarán en una mejor preservación e identificación de nuevas especies para la ciencia.

“Esto gracias a la tradición y riqueza paleontológica de Floresta, en donde las primeras investigaciones paleontológicas se remontan a hace 90 años y hay fósiles importantes para la ciencia que permiten hablar de las posiciones de los continentes y mares durante el Devónico”.

“Después de realizar un modelado estadístico que nos permitió devolvernos en el tiempo e imaginarnos cómo sería estar en el lugar donde la roca sí cumple con todas las condiciones, la investigación arrojó que, en efecto, las rocas analizadas sí tuvieron potencial en su tiempo como generadores de hidrocarburos, aunque en este momento la roca se mostrara agotada”.

Según el investigador, aunque la roca de estudio no mostrara registros actuales como roca generadora, no quiere decir que en el pasado o en otro lugar del país no se encuentren otras rocas con potencial.








lunes, 18 de julio de 2022

Problemas con la calidad del agua en la altillanura colombiana

 La presencia de niveles elevados de Escherichia coli –bacteria que se encuentra en el intestino de personas y animales– evidencia problemas en la calidad del agua superficial en la altillanura colombiana, específicamente en los municipios de Puerto López y Puerto Gaitán, al oriente del país.

La altillanura colombiana comprende los departamentos del Meta –municipios de Puerto López, Puerto Gaitán y Mapiripán– y el Vichada –municipios de La Primavera, Cumaribo, Santa Rosalía y Puerto Carreño–.

Este territorio cuenta con 13,5 millones de hectáreas, de las cuales se pueden cultivar 4,3 millones. Por este potencial es considerada como la gran despensa agrícola de Colombia, con extensos cultivos de maíz, soya, arroz, palma de aceite y pastos a gran escala, entre otros.

Sin embargo, el potencial del área contrasta con la calidad de sus suelos, que “son oxisoles (con alta dominancia de minerales oxidados) y con muy poco contenido de nutrientes, lo que los hace deficientes”, según explica el ingeniero agrónomo César Augusto Botero Vargas, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

Por lo tanto, para tener cultivos de calidad es necesario mejorar los suelos, tanto nutricional como físicamente.

En ese sentido, en su investigación el magíster establece el efecto del suelo en las fuentes de agua superficial, independientemente de si es para actividades agrícolas o pecuarias.

“Por ejemplo, aunque los coliformes totales –presentes en el intestino– aún están por debajo de los límites permitidos, de E. coli no debe existir ninguna presencia en agua para el consumo humano, y las fincas que evaluamos toman agua de esas fuentes”, señala el magíster.

Recuerda además que E. coli es un indicador microbiológico preciso de contaminación fecal, mientras los coliformes totales lo son de contaminación microbiológica en el agua para consumo humano.

Ganado no puede entrar a los bosques

Para la investigación se establecieron dos zonas: una en Puerto López (Meta) con alta intervención agrícola y pecuaria, en contraste con una zona poco intervenida en Puerto Gaitán, en límites con el Vichada. Se eligieron 6 predios, 3 en cada zona.

Las fincas debían poseer afluentes de aguas y tener algún sistema productivo transitorio –como el arroz y la soya–, de cultivos perennes –como caucho y palma–, o pasturas, en la parte de ganadería, que se contrastaron con sistemas poco intervenidos de bosque y sabana nativa (pasturas sin intervención).

Ya en el lugar, y con los predios establecidos, empezó el trabajo de campo: se crearon transectos, que son muestreos caracterizados por la toma de datos en determinados recorridos prefijados; estos tenían cinco puntos que salían desde la fuente de agua hasta el campo abierto donde estaba el sistema productivo predominante en la finca.

Así se recopilaron los datos para hacer el “análisis de componentes principales”, que agrupa todos esos datos y los convierte en un indicador.

En este caso se usaron los indicadores de funciones hídricas (variables físicas), fertilidad (variables químicas), biológico (macrofauna edáfica), morfología (agregación del suelo) y de calidad de agua (variables químicas y biológicas). Los indicadores van de 0,1 a 1, donde 1 es el valor más alto.

“Encontramos que en la zona de mayor intervención, con sistemas de ganadería extensivos, la calidad de agua era más baja, precisamente por la presencia E. coli y coliformes totales, y es por eso que no se debe permitir que el ganado ingrese a los bosques, sino que se deben establecer bebederos en los potreros”, señala.

Además, en las pendientes de los predios se halló un desnivel hacia la corriente de agua, entonces, con las condiciones de lluvia y la poca capacidad de estos suelos de infiltrar, y por la acción de la escorrentía, se produce un arrastre de estos desechos a las fuentes de agua.

Tener un mosaico de cultivos en la zona mejoraría los indicadores del suelo. Por ejemplo, se pudo establecer que las pasturas mejoran el indicador biológico, y para eso una de las alternativas es generar corredores o franjas de pastos dentro de los cultivos transitorios.

También es fundamental utilizar sistemas silvopastoriles, ya que los árboles dentro de las pasturas les dan confort a los animales y protegen directamente el suelo, gracias a las raíces y a la fauna que atraen.

Así mismo, el estudio señala que los bosques en buenas condiciones funcionan como una esponja que retiene todo lo que se desplaza de los sistemas productivos evitando que llegue a las fuentes de agua, por eso es básico cuidar estos bosques de galería.

 







miércoles, 6 de julio de 2022

Habitantes de calle, por fuera de los planes de desarrollo urbano

 En localidades de Bogotá como Los Mártires la atención integral dirigida a esta población solo ha hecho énfasis en la salud, pero se estarían descuidando aspectos como el derecho a la educación y la participación ciudadana, lo cual provoca un desplazamiento local.

Así lo estableció Erin Brayan Vera Cruz en su trabajo para optar por el título de Magíster en Gobierno Urbano del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el que analizó la atención integral de los habitantes de calle y la transformación urbana en la localidad de Los Mártires entre 2004 y 2019.

La revisión normativa relacionada con las políticas públicas y el análisis de los censos de habitantes de calle en Bogotá evidencian que “al revisar los planes de gestión social de los planes parciales en etapa de adopción se observa que no se incluye a los habitantes de calle como población impactada por la implementación de estos; por eso, el acceso a sus derechos queda restringido, agravando las condiciones de exclusión social”, explica el estudiante de maestría.

Afirma además que “tradicionalmente se ha percibido al habitante de calle como ‘vago’, se considera que está por fuera de la esfera social, lo cual ha integrado el grado de vulnerabilidad económica y social de este grupo poblacional. Por tanto, el Estado tiene que intervenir para que se mejoren sus condiciones”.

Lo anterior se daría porque se han dejado de lado estudios de caracterización y diagnóstico socioeconómico de estas personas, es decir que se no tiene certeza sobre quiénes son, cuántos son o qué edades tienen.

Esto llevaría a que no haya programas o proyectos encaminados a mitigar las acciones de los procesos de renovación urbana.

Proceso de revalorización promueve el desplazamiento

Según el estudiante Vera, “la situación evidenciada obliga a las personas a desplazarse a zonas más deprimidas, en las que arman ‘parches’ y ‘cambuches’ que les proveen un espacio no solo para pernoctar sino también para desarrollar actividades de esparcimiento y socialización entre pares, y otras como el consumo de sustancias psicoactivas”.

“Existen cambuches estructurales o temporales, y dentro de los planes de ordenamiento territorial estos espacios no se están considerando como movimientos realizados por personas dentro del área a intervenir”.

Así mismo, menciona que los procesos de revalorización son el resultado de las renovaciones urbanas lideradas desde las entidades públicas, mediante las cuales se aumenta el valor de las propiedades.

“Es entonces cuando los habitantes del sector son desplazados, ya sea porque no pueden solventar los costos de vida que representa estar allí o porque en el proceso de renovación se les exige entregar los predios donde están ubicados, lo cual es problemático, porque para esta población permanece en área intervenida”.

La identificación de vectores de desplazamiento locales demuestra que los habitantes de calle transitan en las proximidades a los centros de atención dispuestos por el Distrito para satisfacer necesidades, a espacios privados en los que pueden pagar por albergue, y a las zonas en donde se desarrollan los principales planes parciales de renovación urbana adelantados en esta zona de la ciudad.

El investigador recomienda formular instrumentos de ordenamiento territorial que consideren datos de caracterización hechos por entidades como la Secretaría de Integración Social, en los cuales se establece que, dentro de los espacios o barrios a intervenir, existe población habitante de calle.

Lo anterior se vuelve muy importante si se considera que Los Mártires es la localidad de Bogotá con mayor número de habitantes de calle. Según el censo del DANE, en 2017 había 1.750 habitantes en esta condición.

Los barrios en donde más se concentra esta población son Santa Fe, La Favorita, Las Aguas, Ricaurte, La Alameda, Restrepo, La Capuchina, Voto Nacional, La Estanzuela y Eduardo Santos.







martes, 21 de junio de 2022

Recicladores venezolanos aprenden a darle valor agregado a los residuos

 Bolsas, mochilas, impermeables y cuadros son algunos de los subproductos de plástico y cartón a través de los cuales unas 533 familias que basan su economía en el reciclaje podrían mejorar sus ingresos, y de paso su seguridad alimentaria.

La oficina de Extensión de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia desarrolló el proyecto “Frontera verde, conciencia ambiental e inclusión social”, mediante el cual 2.130 recicladores venezolanos se están formando como recuperadores ambientales del departamento de Arauca.

Las acciones se desarrollaron en cinco espacios comunitarios de formación y capacitación en manejo de residuos orgánicos e inorgánicos, que incluyen una huerta comunitaria y un vivero de propagación de especies hortícolas, ornamentales y forestales.

Allí, los participantes cultivan alimentos inocuos y también pueden generar ingresos con la comercialización de diferentes productos elaborados a partir derivados del plástico recolectado, el cual es transformado en objetos utilitarios.

Según César Gutiérrez, profesional de apoyo de Extensión de la UNAL Sede Orinoquia, “con los diferentes artículos e implementos que se producen en Frontera Verde, los recuperadores ambientales se posicionan en el mercado local como referente de manejo ambiental y emprendimiento social”.

Por ejemplo, en el asentamiento 30 de Agosto, liderado por 12 mujeres, se busca consolidar un espacio para sensibilizar acerca del rol de los recicladores en el aprovechamiento de los residuos y en la consolidación de lazos comunitarios a través de estas actividades.

El proyecto ha contado con donaciones de agencias internacionales como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y el Programa Mundial de Alimentos.

Con estos recursos también se busca darle continuidad a los espacios de aprendizaje en los diferentes asentamientos donde trabajan y conviven los recicladores venezolanos, entre ellos 30 de Agosto, El Recreo y Brisas del Puente, del municipio de Arauca.

El proyecto, pionero en la región, ha generado impactos positivos en términos de inclusión de la población migrante en escenarios de recuperación de residuos, dignificando la valiosa labor de los recuperadores ambientales en el municipio de Arauca.

El colectivo Frontera Verde vincula un grupo de mujeres emprendedoras que desarrollan diversos productos artesanales.






viernes, 17 de junio de 2022

Minería en Santander de Quilichao genera tensiones en el pueblo nasa

 Las prácticas territoriales en los resguardos indígenas nasa del Cerro Munchique, en Santander de Quilichao, se han trasformado y cada vez responden más a la economía extractivista, lo que está afectando el medioambiente y la gobernabilidad en los territorios.

Tradicionalmente, para los nasa los cerros son un espacio simbólico y sagrado; en ellos se encuentra el mundo espiritual en el que los cuerpos vivos y de memoria interactúan. Sin embargo, la llegada de la pequeña y mediana minería aurífera ha provocado la creación de “territorialidades disidentes”.

La antropóloga Catalina Caro Galvis, magíster en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “dicha categoría hace referencia a otras formas de apropiación de los territorios en donde las familias indígenas mineras empezaron a acumular rentas por esta actividad y derechos de propiedad de bienes naturales y del subsuelo, en territorios colectivos que le pertenecen a toda la comunidad”.

Esta es una de las razones por las que la minería se ha convertido en el eje de tensiones que responden a distintos intereses, entre los cuales están los de las grandes trasnacionales mineras y las cuadrillas de minería no formal, pero también el de familias de las comunidades indígenas que empezaron a hacer minería informal de oro, generando un gran impacto.

“Las comunidades indígenas empezaron a tener conflictos comunitarios por el beneficio de la explotación, lo que generó un cambio de vocación económica del territorio, que era agrícola y se volvió minero”, indica.

Asegura además que, debido a los nuevos roles que tienen las familias indígenas mineras, se han empezado a fracturar ciertas prácticas esenciales como el trabajo en comunidad.

Así mismo, con respecto al daño ambiental, ríos como el Bamburiaco y el Páez se han visto afectados por la actividad minera en las veredas altas del cerro Munchique.

Las comunidades indígenas y las afrodescendientes denunciaron en su momento los cambios en el agua, lo que propició ejercicios de control ambiental y territorial de las guardias indígenas y también la producción de mandatos y reglamentos ambientales que regularon de cierto modo la explotación minera. La deforestación que se produjo en el cerro por el montaje de socavones artesanales también fue uno de los impactos más significativos de esta actividad.

Abandonando prácticas culturales

Para su investigación, la antropóloga Caro entrevistó a 30 personas entre mineros indígenas, familias, autoridades de los resguardos, integrantes de la Asociación de Cabildos Indígenas, mujeres y jóvenes.

Además elaboró un mapa parlante, que es una forma de representación del territorio y que habla de la historia del poblamiento y la apropiación del territorio del cerro y mingas de pensamiento ambiental con los mayores de las comunidades.

De igual manera, realizó una escuela con jóvenes, que es una forma de construir el conocimiento de manera colectiva; en esta se realizaron recorridos a los socavones y se  construyeron estrategias para difundir las implicaciones de la minería en el territorio y en la población joven.

Así, identificó transformaciones culturales importantes, como por ejemplo el papel de los the’walas (médicos tradicionales) que tienen encomendada la protección territorial.

“Las familias mineras tienen sus propios médicos tradicionales que garantizan su práctica extractiva, lo que ha propiciado conflictos simbólicos entre los the’walas, que protegían la naturaleza, y quienes trabajaban con las familias mineras y buscaban lucro”, asegura la investigadora.

Además se presentan problemas de gobernabilidad, pues estos sectores llegaron a tomar puestos de poder en las comunidades y a tener influencia en los programas y medidas ambientales y económicas de los cabildos, promoviendo en algunas ocasiones las actividades mineras u omitiendo las sanciones establecidas por las leyes propias del pueblo nasa.

“Esto generó una fractura en la comunidad, que incluso desencadenó conflictos que involucraron confrontaciones directas tanto entre los mineros como entre las autoridades indígenas”.

La investigadora asegura que estas prácticas son posibles debido a que estos territorios resguardan estas y otras riquezas, pero a su vez sufren de una pobreza estructural que los han encadenado a este ciclo de economías de bonanza y de rápido lucro.

“Es importante decir que estas prácticas no se generaron solo porque los indígenas lo quisieran, sino que hubo un contexto nacional e internacional que hizo que la explotación del oro fuera una actividad atrayente y rentable, y que poblaciones como la indígena encadenaran su fuerza de trabajo en las actividades extractivistas”, concluye.