miércoles, 7 de diciembre de 2022

Cría de bocachico en cautiverio lo salvaría de la extinción

 Aunque la trucha, la tilapia y la cachama son las especies que más se cultivan en las piscifactorías de Chiriguaná (Cesar), se quiere incentivar la producción de peces como el bocachico, emblemático del río Magdalena, pero al borde de la extinción. Expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira y del Centro de Desarrollo Tecnológico del Cesar están recorriendo la región para enseñarles a los pescadores cómo producirlo en cautiverio.

Hace más de medio siglo, capaces, nicuros, bagres, doradas y bocachicos, entre otras especies autóctonas, nadaban a sus anchas en los ríos del país y eran las estrellas de la alimentación de las poblaciones ribereñas.

Sin embargo, factores como la sobrepesca, la utilización de métodos inadecuados de captura, la contaminación de las aguas –por la minería, entre otras razones–, la sedimentación a causa de la deforestación y la introducción de especies exóticas, han mermado tanto sus poblaciones, que especies como el bocachico y el bagre ya están incluidos en el libro rojo de peces de agua dulce amenazados de Colombia.

En 2015, la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap) señalaba que mientras en la década de 1960 se capturaban 30.000 toneladas de bocachico por año, en ese año se pasó a solo 6.000 toneladas.

El profesor Mario García, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Palmira, señala que especies como trucha, tilapia y cachama son algunas de las que crían en piscifactorías del Cesar, y los productores han dejado de lado las especies autóctonas, entre otras razones por falta de conocimientos técnicos para su cría o cultivo.


Por eso, la Facultad de Ciencias Agropecuarias y la Dirección de Investigación y Extensión de la UNAL Sede Palmira, junto con el Centro de Desarrollo Tecnológico del Cesar, vienen fortaleciendo la infraestructura investigativa mediante formación, asesorías técnicas y formulación de proyectos de capacitación e investigación vinculados al sector agropecuario.

En días pasados se desarrolló el “I Seminario internacional en ciencia, tecnología e innovación de los sectores ganadero, acuícola y pesquero continental en la región tropical” y el “II Encuentro nacional en ciencia, tecnología e innovación para el sector acuícola y pesquero del Cesar”.

“El objetivo es que los pescadores conozcan las diferentes técnicas de reproducción para que aprendan a diversificar y aumentar la productividad de la piscicultura en esta región del país”, anota el docente.

Así, en un taller con 40 productores, estos aprendieron a extraer la hipófisis o glándula pituitaria (glándula endocrina que produce distintas hormonas)y a seleccionar los reproductores entre los machos aptos, que se distinguen por que expulsan semen por masaje abdominal y emiten ronquidos.

“En el proceso se evaluaron los óvulos de una hembra madura, cuyos núcleos estaban aún en posición céntrica, lo que indica que todavía les falta más tiempo para la maduración óptima”, explica el ictiólogo Otto Castillo, profesor de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, de Venezuela.

El profesor Carlos Jaramillo, director de Extensión e Investigación de la UNAL Sede Palmira, manifiesta que “estos espacios de educación continua permiten vincular al sector productivo agropecuario en la identificación de los desafíos, enfoques y brechas de la investigación en este territorio”.

Edilsa Manjarrés, presidenta de la Federación de Piscicultores en el Cesar, integrada por 35 asociaciones del departamento, asegura que “más de 850 familias viven de la piscicultura, sector que se ha visto afectado por los altos costos de los alimentos, la debilidad y ausencia de infraestructura y la intermediación”.








lunes, 5 de diciembre de 2022

Contaminación altera la forma de las microalgas en la ciénaga de Zapatosa

 Por su forma, volumen y composición esquelética –de sílice–, que les permite tener una mejor protección, o su capacidad para formar colonias, se puede determinar la condición ambiental del agua de ciénagas, ríos, quebradas o lagos. La aplicación de un novedoso modelo facilitó identificar los cambios de las microalgas al estar expuestas a la contaminación en la ciénaga de Zapatosa.

Las microalgas perifíticas, también llamadas ficoperifitón, son la primera entrada de energía solar en los ecosistemas acuáticos y tienen un gran potencial como bioindicadores, ya que se adhieren a rocas, plantas y otros materiales a poca profundidad y permanecen allí durante su corta vida, por lo que arrojan resultados recientes de la calidad de las aguas.

Para determinar su condición, la bióloga Mayra Guerrero, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se embarcó en la búsqueda de estas pequeñas algas en la ciénaga de Zapatosa (entre Cesar y Magdalena), ya que es uno de los cuerpos de agua más importantes del país, con cerca de 40.000 hectáreas y alrededor de 1.000 m3 de agua.

“Esta zona, de la que forman parte municipios como Chimichagua, Curumaní, Tamalameque y El Banco, no cuenta con un sistema de acueducto adecuado, por lo que los residuos y aguas negras son arrojados a ríos y humedales que llegan hasta la Ciénaga afectando actividades como la pesca, de la que depende gran parte de la población”, asegura.

La experta diseñó un modelo para analizar la calidad de las aguas utilizando la morfología funcional de las microalgas, ya que sistemas como el taxonómico, deben ser realizados por personas con una gran experiencia en el tema, por lo que toma más tiempo.

En el estudio se midieron características físicas como el volumen, el área de su superficie y la presencia o no de un exoesqueleto de sílice –que les da una “capa de cristal”– o de aerotopos, burbujas que les permiten adherirse mejor. También se consideró la producción de mucílago –baba que facilita el crecimiento–, la formación de filamento y la presencia de flagelos.

Se realizó un muestreo en 19 zonas que brindaran una gama distinta de condiciones, como por ejemplo la riqueza de la comunidad de peces, ya que se supone son lugares bien muy bien conservados, el uso del suelo, la cercanía o lejanía con zonas de asentamientos humanos y la cobertura vegetal.

“Las zonas con mayor contaminación fueron los lugares en los cuales se encontraron algas con todas las características, lo que significa que son organismos de gran tamaño, aunque no alargadas, mientras que en los lugares con las mejores condiciones se hallaban tamaños pequeños y estas algas no producían mucílago ni formaban colonias”, afirma.

Las muestras se tomaron en un periodo hidrológico de aguas bajas a aguas altas, en su mayoría de ramas de árboles enraizados en esa zona sumergida a una profundidad de entre 3 y 5 cm, ya que al subir el nivel del agua de la ciénaga los cubre. Además se utilizaron plantas acuáticas y rocas según la disponibilidad del sustrato en la zona.

De los elementos recolectados se separaron las algas adheridas y se conservaron en un tarro con solución transo, que ayuda a su adecuada preservación, y se identificaron en el laboratorio gracias a un microscopio invertido y uno óptico, que permiten ver sus características y cambios.

La bióloga considera que en la Ciénaga falta supervisión gubernamental, pues al parecer de toda su extensión acuática solo hay tres puntos que en la actualidad se están monitoreando de forma constante, lo cual deja por fuera una gran cantidad de agua de la que no se conoce su estado en cuestión.

“Las métricas permitieron construir un índice de integridad biótica (IIB), modelo que se puede aplicar para evaluar distintos cuerpos de agua en el país, lo único que debería modificarse serían los valores específicos de cada lugar, pero la plantilla y estructura ya está”, explica.

Agrega que se utilizó el programa de procesamiento digital de imagen ImageJ para la medición de sus áreas y superficies, y el software estadístico PAST, para analizar estas medidas.

Por último, otro problema latente es la ganadería no controlada, ya que las vacas dañan los suelos de la ciénaga y sus alrededores, pastando dentro de ella en lugares poco profundos, y dañando el ecosistema en general.

La investigación formó parte de un convenio de trabajo entre la UNAL y la Fundación Natura (2020-2021), con el objetivo de asesorar a la institución en la selección de indicadores biológicos para la elaboración de un sistema de biomonitoreo de los ecosistemas acuáticos continentales del país.







 

viernes, 2 de diciembre de 2022

Fuertes pero vulnerables a la luz, así son algunos árboles de la Amazonia

 Mediante imágenes de drones y censos terrestres se evidenció que, contrario a lo que se pensaría, una mayor cantidad de luz sobre las copas de los árboles más altos de un bosque, conocidos como dosel, podría aumentar su riesgo de morir.

Como todo ser vivo, los árboles nacen, crecen, se reproducen y mueren. En los bosques el ciclo suele ser equilibrado: aquellos que fallecen son reemplazados por los más jóvenes. Sin embargo, en las últimas décadas este equilibrio se ha visto afectado a raíz de un aumento significativo en las tasas de mortalidad.

La esperanza de vida de los árboles se ha reducido de manera significativa, en especial de aquellos de los bosques tropicales. Las razones podrían estar relacionadas con el cambio climático, tasas más rápidas de crecimiento y mayor ocurrencia e intensidad de eventos de precipitación, vientos y sequías.

Teniendo este contexto como base, las investigadoras Luisa Fernanda Gómez Correa, magíster en Bosques y Conservación Ambiental, y María Camila Jaramillo, ingeniera forestal, ambas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, analizaron 984 árboles de la Parcela Permanente Amacayacu, en la Amazonia colombiana.

Explican que “como insumos teníamos datos de la Parcela desde 2007 y algunos vuelos de dron que se hicieron entre 2013 y 2019 para explorar las variables específicas que estarían contribuyendo a la mortalidad de los árboles de ese bosque”.

Para ello tomaron la información de los árboles de dosel (los más altos del bosque que forman un “techo” con sus copas), dispuestos en 18 hectáreas de la Parcela; calcularon las tasas de crecimiento, apuntaron la densidad de su madera según la especie, y con las imágenes de dron establecieron la proporción de área de la copa que estaba expuesta a la luz directa.

Después cruzar estos datos y hacer algunas visitas en campo, las investigadoras señalan que, “aunque se creería que los árboles que reciben más luz deberían morir menos, porque la luz es un recurso que utilizan para vivir, hallamos que la influencia positiva o negativa de esta dependía de otro factor: la baja o alta densidad en su madera, es decir qué tan densa o porosa es, características específicas relacionadas con cada especie”.

“Las especies con alta densidad de la madera tienen más defensas, están más preparadas frente a situaciones adversas y son más resistentes a patógenos, mientras que aquellas con baja intensidad de madera son más vulnerables”.

De los 984 árboles estudiados, 101 (10,3 %) murieron después de un promedio de 6 años, lo que da como resultado una tasa de mortalidad anual de 1,82 %, que además presentó un leve incremento entre los árboles con mayor densidad de la madera y con mayor parte de su copa expuesta a la luz del sol.

“Lo que nos dice este hallazgo es que hay una mayor probabilidad de que las especies que conforman típicamente el dosel en bosques de la Amazonia, que no están sujetos a inundación  y que no han sido intervenidos, sean un poco más propensos a morir cuando están más expuestas a la luz”, indica la magíster Gómez.

Agrega que “es importante desarrollar más investigaciones para extrapolar estos resultados a otros tiempos y espacios, es decir, para que dejen de estar sujetos a las características específicas de la parcela estudiada, y además para evaluar si otros factores son los que están influenciando estos resultados”.

Con estos resultados también se muestra la importancia de incluir las estrategias de historia de vida de las especies (la densidad de la madera, por ejemplo) en el modelamiento de la mortalidad de los árboles tropicales, es decir en la predicción de la demografía forestal que luego se usa para crear políticas públicas de conservación y regulación de bosques.

“En la actualidad, las predicciones de los cambios en la demografía suelen hacerse con variables como la temperatura y el déficit de presión de vapor. Nosotros nos dimos cuenta de que es importante incluir también la densidad de la madera, las estrategias de las especies”, concluye la investigadora Gómez.





lunes, 28 de noviembre de 2022

Peces pequeños de la cuenca amazónica podrían extinguirse entre 2050 y 2070

 Las altas temperaturas y las precipitaciones esperadas para dicho periodo como consecuencia del cambio climático global serían las principales responsables de la disminución de estas especies en casi un 50 % en todo el mundo, especialmente en las áreas tropicales, y en concreto en la cuenca del río Amazonas.

El hallazgo es preocupante si se tiene en cuenta que la pesca es una de las principales actividades de las comunidades de la región, y su disminución impactaría la seguridad alimentaria, entre otros factores. En Leticia, capital del Amazonas, el consumo promedio anual de pescado es de 3.000 toneladas.

Además, no hay que perder de vista que los peces de agua dulce tienen una importante labor como reguladores de especies dañinas y bioindicadores de la calidad del agua, por lo que su desaparición generaría una grave afectación ecosistémica.

En su investigación “Análisis de la distribución de las especies de peces de agua dulce a diferentes escalas espaciales y temporales”, la bióloga Ana Milena Manjarrés, doctora en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, indagó sobre cuáles eran las variables o los factores que podrían incidir en la distribución de los peces de agua dulce, teniendo en cuenta diferentes escalas espaciales y nivel de afectación.

Así mismo, hizo una proyección sobre cómo las condiciones actuales permitirían predecir qué especies estarían o no presentes entre 2050 y 2070.

“Se evidenció que las altas temperaturas y las precipitaciones esperadas para ese momento, como consecuencia del cambio climático global, serían las principales responsables de la disminución de estas especies en casi un 50 % en todo el mundo, especialmente en las áreas tropicales, en las cuales se encuentra la Amazonia”, indica la experta.

Urgen planes de acción

Su trabajo consistió en actualizar y analizar una base de datos con 16.825 especies de peces de agua dulce de todo el mundo; además incluyó variables ambientales y diferentes escalas espaciales y temporales para identificar cuáles son los factores con mayor impacto en la distribución de las especies.

“La principal fortaleza de la investigación es la estadística, ya que permite modelar el área de distribución de las especies estudiadas. La base de datos se consolidó con los registros de la Global Biodiversity Information Facility (GBIF), otras páginas web e información de museos, los cuales cuentan con un respaldo científico de la ubicación geográfica de los individuos analizados”, señala la doctora Manjarrés.

A través del software ModestR se analizaron 19 variables bioclimáticas como temperatura y precipitación, que ayudan a entender cómo funciona el ambiente. También se trabajaron otros factores como altitud, densidad de población humana, índice de vegetación y producción primaria, que aportaron al análisis.

Según las estimaciones, se espera que para los próximos años contemplados en previsiones para 2050 y 2070 desaparezcan por completo las áreas de distribución de casi la mitad de las especies de peces de agua dulce, que oscila entre el 45,3 y 46,7 %, independientemente del año y el escenario climático.

“En una de las especies que se observó la influencia de la variabilidad es el dormilón o taraira (Hoplias malabaricus,de la familia Erythrinidae). En la cuenca del Amazonas se documentó que la precipitación genera mayor impacto en las subcuencas de Bolivia”, señala la experta.

Explica además que “en extensiones pequeñas –conocidas como escala local– la temperatura sería la variable que más incidiría en la distribución de las especies, mientras que cuanto más amplia sea la extensión geográfica, mayor será la influencia de otros factores como la precipitación”.

Impacto en Leticia

Leticia es una ciudad en crecimiento en la zona limítrofe con Perú y Brasil, y la mayor parte del desembarque de peces proviene de Brasil. Entre las especies más destacadas están el pirarucú, sábalo, arenga, bocachico, pintadillo o gamitana, las cuales predominaron en los últimos años, dando así más sostenibilidad a la pesca de Leticia.

La investigación abre una puerta al foco de cuidado y conservación de las especies en peligro de extinción, pues son parte fundamental de la red alimenticia en los ecosistemas, que a su vez son la fuente de sostenibilidad y seguridad alimentaria de la región.

La bióloga Manjarrés señala que “es recomendable que en el país se fortalezcan las políticas institucionales para proteger no solo áreas, sino también diseñar estrategias en las que se establezcan acuerdos de pesca, entre otros programas, que permitan restaurar de forma natural las poblaciones, reducir el impacto en la explotación del recurso y mitigar un poco los efectos que se avecinan por el cambio climático”.

En la Amazonia colombiana se emplean distintas estrategias para la preservar y conservar los peces. La UNAL se caracteriza por la implementar proyectos y estrategias que apoyan a las comunidades con el cuidado y la vigilancia de los recursos. Por ejemplo, el Laboratorio de Limnología realiza acompañamientos a través del proyecto “Gobernanza ambiental de los pueblos tikuna, cocama y yagua del sistema lagunar y la quebrada Yahuarcaca (Leticia, Amazonas)”, en el que se capacita a la comunidad para cuidar la selva, el río y sus especies.






jueves, 24 de noviembre de 2022

Pago a ganaderos por cuidar el ambiente sí funcionó en Colombia

Fertilidad de la tierra, calidad del agua, biodiversidad, almacenamiento de carbono y reducción de la erosión, son algunos de los aspectos que se mejoran cuando en una finca dedicada a la ganadería, además de animales y pasturas, se cultivan y mantienen árboles y arbustos. Así lo evidenció una investigación realizada en 104 fincas ganaderas de Quindío y Valle del Cauca.

De estos predios, con una extensión promedio de 35 hectáreas, 75 tuvieron incentivo de pago por servicios ambientales y 29 participaron como fincas control, como parte de la incorporación de Colombia en el uso del instrumento de pago por servicios ambientales en América.

El piloto se realizó entre 2002 y 2008 en Colombia, Costa Rica y Nicaragua en el marco del proyecto regional “Enfoques silvopastoriles integrados para el manejo de ecosistemas” cuyo objetivo es incentivar en los ganaderos el cuidado sostenible del ambiente a cambio de pagos anuales.

Los dineros entregados en ese proyecto fueron financiados por el Fondo Global para el Medio Ambiente y administrados por el Banco Mundial en un primer hito del mundo para estimular el pago por procesos de servicios ambientales en la ganadería.

Antonio José Solarte Sánchez, doctor en Ciencias Agrarias, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, evaluó el estado del suelo de los predios que formaron parte de dicho proyecto y demostró que los ganaderos tienen más las ventajas que las desventajas cuando integran en sus predios árboles, animales y pasturas en un mismo suelo.

El estudio plantea la necesidad urgente de reconvertir la actividad ganadera hacia sistemas más sostenibles de producción debido a los impactos generados por esta en los ecosistemas y en la degradación de los suelos.

En tal sentido, se propuso demostrar que los sistemas silvopastoriles son una herramienta útil para la intensificación sostenible y ecológica de la ganadería, que combina en el mismo espacio plantas forrajeras –como gramíneas y leguminosas rastreras– con arbustos y árboles, en donde es posible producir carne y leche y al mismo tiempo conservar los ecosistemas.

¿Qué metodologías se utilizaron?

El investigador construyó indicadores alternativos para el monitoreo de servicios ecosistémicos, que son los beneficios brindados por la naturaleza a la humanidad, en este caso el almacenamiento de carbono y la conservación de la biodiversidad a partir de la reconversión de agroecosistemas ganaderos con sistemas silvopastoriles.

Para tal propósito elaboró un indicador general de calidad del suelo (GISQ) que le permitió incorporar servicios ecosistémicos como la fertilidad química, la calidad física (capacidad de infiltración y compactación) y las reservas de materia orgánica y carbono.

Además aplicó un indicador de la organización espacial (paisaje) de los agroecosistemas ganaderos para evidenciar los cambios ocurridos en la implementación de los sistemas silvopastoriles.

También propuso un índice de ecoeficiencia que incorporó indicadores de los diferentes servicios ecosistémicos y analizó variables económicas y sociales para los ganaderos como instrumento de monitoreo.

El procesamiento y análisis de la información de las diferentes variables se realizó conmétodos de estadística univariada –que incluyó la descripción de una sola variable– y multivariada, que interpretó los datos resultantes de observar y analizar más de una variable tomada de forma simultánea sobre una muestra de individuos.

La investigación concluyó que “tener un paisaje multifuncional en la ganadería aliviana la pobreza, mejora la fertilidad de la tierra, la calidad del agua, la biodiversidad, la belleza escénica del paisaje, el almacenamiento de carbono y reduce la erosión, y además permitió obtener recursos en efectivo o en especie, iniciativa que ya está regulada por la normativa colombiana”.

“Una de las alternativas planteadas para la reconversión de la ganadería consiste en reorientar los sistemas de pastoreo extensivo hacia sistemas capaces de producir carne o leche y al mismo tiempo conservar los ecosistemas”, indicó el doctor Solarte, e hizo un llamado “a mostrar que una política como el pago por servicios ambientales es efectiva para lograr beneficios en el suelo, el carbono, la biodiversidad y el ingreso de las familias”.





 












 

martes, 22 de noviembre de 2022

Centro de Ciencia de Boyacá, cada vez más cerca de materializarse

 Durante la socialización de este proyecto en Tunja, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) –a cargo de los estudios y diseños– le presentaron al público los avances del primer Centro de Ciencia para Boyacá, que entró en fase III de desarrollo. La Editorial UNAL, adscrita a la Vicerrectoría de Investigación, estuvo allí para escuchar y hacer eco de las novedades de la iniciativa.

Después de varios años de haberse concebido, finalmente el sueño del primer Centro de Ciencia para Boyacá empieza a hacerse realidad. Una vez surtida en su totalidad la fase III de gestión del proyecto, se podrá iniciar su construcción en los actuales predios del Jardín Botánico José Joaquín Camacho, en Tunja, y así la sociedad boyacense podrá ver cómo se materializa lo que tanto ha esperado

Así lo aseguraron los integrantes de la consultoría que formaron parte de la socialización, entre ellos el arquitecto Camilo Avellaneda, director del proyecto por parte de la UNAL, quien le mostró al público asistente el diseño arquitectónico aprobado para Ukán, nombre que tendrá el Centro, y que traducido de la lengua muisca significa “conocimiento”

“En la actualidad se están surtiendo todos los procesos técnicos definitivos, lo que quiere decir que ya se podría construir”, resaltó el arquitecto, tras aclarar que, pese a las complejidades del proyecto en sí mismo y a las circunstancias que lo han rodeado, se han logrado importantes avances que hoy dan cuenta de una labor fructífera en la que la sociedad boyacense ha tenido parte activa.

Según el experto, el diseño arquitectónico prevé la construcción de cinco pabellones ovoidales que se mimetizarán con los senderos y el paisaje vegetativo del Jardín Botánico, cada uno con una área de 1.800 my que albergarán exposiciones de larga duración denominadas “Ambientes de aprendizaje”, además de exposiciones temporales

“Estamos hablando de estructuras en hormigón con sistemas metálicos dotados con la más alta tecnología para estos espacios de exposición. Se trata de crear un circuito a lo largo de todo el sistema del Jardín Botánico que permita activar los senderos, desarrollar el itinerario alrededor de todos los espacios de exposición, y obviamente permitir que esa lectura del paisaje integre todo lo artificial con todo lo natural”, concluye el arquitecto.

Los ambientes de aprendizaje de Uká

Ukán está pensado como un espacio para la apropiación social del conocimiento que –a partir de sus distintos ambientes– dialogará con los saberes de la sociedad y mostrará el valor de los patrimonios y riquezas de los paisajes ambientales, bioculturales, industriales y ancestrales de Boyacá, al tiempo que propenderá por acciones que motiven su conservación y mitiguen el impacto negativo de las actividades humanas sobre sus ecosistemas

“Paraísos de aire y agua”, “Tierra que alimenta”, “Boyacá es energía” y “Cielos y ancestros” son los subambientes de aprendizaje sobre los cuales girará el concepto y discurso del Centro Ukán .

El geógrafo y museólogo Edmon Castell, docente de la UNAL y coordinador del equipo de contenidos curatoriales y de diseño museográfico del proyecto, señala que “los museos y centros de ciencia son lugares privilegiados que contribuyen a entender la articulación producida entre ciencia y sociedad”

Por su parte, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación señala que “el Centro de Ciencia Ukán se debe configurar como un espacio de ciencia abierta, de ciencia ciudadana para que las comunidades del departamento puedan descolonizar conocimientos y reempoderarse de los saberes de ciencia de Boyacá”, comentó el profesor Castell

De otra parte, la Gobernación de Boyacá indicó que se espera queUkán se convierta en un centro generador de empleo

Ukán es una iniciativa derivada de un sueño colectivo liderado por la Gobernación de Boyacá y que reúne a un equipo interdisciplinar de la UNAL y de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), entidades que han venido trabajando en el desarrollo del proyecto.

En la socialización del Centro de Ciencia estuvieron presentes estudiantes y académicos de diferentes universidades del departamento, representantes de la Gobernación de Boyacá, la consultoría de la UNAL y voceros de la UPTC, además de la participación del profesor Carlos Naranjo de la Facultad de Artes.






viernes, 4 de noviembre de 2022

FOTOGALERÍA. Del campus a su mesa con la Feria Agroalimentaria UNAL

 Haga mercado en esta feria llena de sabores y saberes del campo, organizada por la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Acelgas de colores, cuatro tipos de papas traídas desde las alturas del Páramo de Sumapaz, ajíes ancestrales del Amazonas, quesos madurados de forma artesanal, comida cocinada con amor y sabiduría, y lechugas de excéntrica belleza cultivadas por los futuros agrónomos de la Universidad, forman parte de la diversa oferta de alimentos que se producen en las huertas que rodean parte del campus de la Sede Bogotá. La feria está ubicada en la plaza central del edificio de la Facultad y permanecerá abierta hasta mañana viernes 4 de noviembre. ¡Traiga su canasto y lleve lo mejor del campus UNAL a su mesa! Fotos: Jeimi Villamizar – Unimedios.

















miércoles, 2 de noviembre de 2022

Biocarbón reduciría uso de fertilizantes sintéticos en cultivos forestales

 Al combinar biocarbón –carbón activado– con fertilizantes sintéticos en un vivero de plantas de madera se genera mayor acumulación de nutrientes, con lo que también se mitiga el impacto ambiental de los agroquímicos.

El biocarbón es un tipo de carbón que se obtiene a partir de la exposición a altas temperaturas de residuos vegetales (tallos, ramas, y hojas entre otras), por medio de pirolisis. Una de sus bondades es que funciona como fertilizante o acondicionador orgánico que, combinado con los fertilizantes o abonos sintéticos, puede proporcionar
una mejor rentabilidad en los cultivos forestales.

El profesor Giovanni Reyes, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, menciona que “dicho aprovechamiento, puede disminuir las aplicaciones de fertilizantes sintéticos, lo cual genera una ganancia ambiental debido a que estos son solubles, por lo que cuando se utilizan en grandes cantidades,  terminan contaminando las fuentes de agua que se encuentran bajo la superficie del suelo (acuiferos), las cuales se conectan a las aguas superficiales (ríos, quebradas y lagos, entre otros)”.

Según el investigador, con la combinación de biocarbón y fertilizantes sintéticos se tiene una ganancia económica y ambiental, ya que no se utiliza el 100 % de dichos fertilizantes.

“El gran logro es que combinamos el biocarbón con la mitad de fertilizante sintético que usualmente se utiliza en la plantación”, expresa el profesor, quien agrega que “gracias a esta mezcla también se obtuvo un mayor crecimiento, vigor y salud en las plántulas de vivero”.

El reto de la investigación era entender cómo un residuo como el biocarbón se podría utilizar como acondicionador en las plántulas, que es el estado de la planta que se da tiempo después de brotar la semilla, por eso el objetivo de este estudio fue evaluar el efecto del biocarbón, mediante el análisis del sustrato y las medidas de la planta.

Paso a paso para el estudio

La investigación se llevó a cabo en un vivero de la empresa Green Cooperation, en el corregimiento de Planas (Meta), donde la producción de plántulas de A. Mangium se destina para la posterior plantación forestal.

En el lugar se evaluaron 9 tratamientos, 3 repeticiones y 3 materiales fertilizantes compuestos de la siguiente forma: (i) biocarbón obtenido a partir de podas de A. mangium (BAM), (ii) fertilizante sintético (FS), y (iii) la combinación de ambos, BAM + FS.

Así, se encontró que en la combinación del tratamiento hubo un aumento del 18 al 28 % en el rendimiento de plantas en campo, por lo que se recomienda una aplicación de biocarbón de 47 toneladas por hectárea.

Para medir el crecimiento de las plántulas se realizaron mediciones fisiológicas teniendo en cuenta el índice de Dickson, un indicador de predicción de plantas en campo.

El profesor Reyes menciona que su investigación se realiza en un vivero, pues es el paso fundamental para tener raíces de plantas fuertes que sobrevivan en una plantación forestal.

En ese sentido, explica que “la nodulación en las raíces de las plantas es un indicador de eficiencia de conversión de nitrógeno disponible para la planta”.

“Los nódulos son pequeñas estructuras circulares presentes en las raíces de algunas plantas (leguminosas) que forman simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno. Las raíces con grandes nódulos tendrán un mayor crecimiento vegetativo. Por eso el nitrógeno es tan importante en una planta, es como su leche materna, por eso es lo primero que se aplica en términos de fertilización vegetal, y lo que garantizará el tamaño y el color verde de las plantas”.

Los resultados de la investigación son importantes si se tiene en cuenta que en Colombia se han plantado cerca de 129.000 hectáreas de A. mangium en zonas como el Bajo Cauca, sur de Córdoba y Llanos Orientales, por lo que es esencial proteger y conservar los suelos en donde se produce.

Además, las plantaciones forestales tienen un potencial crecimiento en el país. La Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal estima que hoy en Colombia se sobrepasan los 17 millones de hectáreas con aptitud forestal.