jueves, 17 de octubre de 2024

51 especies de aves registró la UNAL Sede Orinoquia durante el October Big Day 2024

 Por ejemplo, en diversas áreas del campus de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia se avistó al cachaquito gigante o frutero cabeza negra (Nemosia pileata), un pájaro raro en la región que además de Colombia habita en Argentina, Bolivia, Brasil, Guayana Francesa, Guyana, Paraguay, Perú y Venezuela. También se observaron guacharacas (Ortalis ruficauda), periquitos (Brotogeris jugularis) y hasta una pareja de guacamayas rojas (Ara macao), autóctonas de la Orinoquia.

Así, la UNAL Sede Orinoquia se unió al evento mundial de avistamiento de aves más grande del planeta, el October Big Day, que se realiza desde 2015, logrando el registro exitoso de 51 especies en su campus en Arauca.

Bajo la guía del biólogo Andrés Aponte, docente de la UNAL Sede Orinoquia, un grupo de estudiantes realizó el recorrido por diversas áreas del campus, contribuyendo al conteo internacional que celebra la biodiversidad y fomenta la conservación de la avifauna. La jornada empezó el 12 de octubre hacia las 3 de la tarde en la Granja Experimental El Cairo y se extendió por el sendero ecológico del campus, pasando por infraestructuras universitarias y lagunas seminaturales cercanas a la entrada de la Sede.

“Tuvimos la fortuna de observar algunas especies que no suelen aparecer con frecuencia en la zona”, comentó el docente Aponte, destacando que esta experiencia les permitió a los estudiantes conectarse de manera más profunda con la biodiversidad de su entorno.

El October Big Day pone a prueba el conocimiento y la pasión de miles de observadores en todo el mundo y reafirma la posición de Colombia como uno de los países líderes en biodiversidad aviar. En el evento –organizado anualmente por la Universidad de Cornell a través de la plataforma de ciencia ciudadana eBird– los observadores de aves de todo el mundo se suman para registrar el mayor número posible de especies en un solo día.

En 2023 Colombia registró 1.530 especies, ocupando el primer lugar mundial por encima de Perú, Brasil, Ecuador e India. Para este año se espera haber logrado mantener este primer puesto; hasta el momento se sabe que se superaron los récords históricos establecidos, van 7.692 especies observadas y 88.804 listas de verificación enviadas en todo el mundo.

La diversa avifauna de la Orinoquia, desde el campus UNAL

Aunque las cámaras trampa instaladas antes no capturaron especies el día del conteo, sí sirvieron para analizar el desplazamiento de las aves por el campus, por lo que la observación directa fue fructífera, especialmente con la aparición del cachaquito gigante o frutero cabeza negra(Nemosia pileata) de la familia Thraupidae, un pájaro raro en la región que sorprendió tanto a estudiantes como al docente.

“Este fue el hallazgo más sorprendente, ya que esta especie, además de Colombia, habita en Argentina, Bolivia, Brasil, Guayana Francesa, Guyana, Paraguay, Perú y Venezuela. Fue la primera vez que la vi aquí”, detalla el profesor.

Además de esta especie inusual, el grupo también observó otras como guacharacas (Ortalis ruficauda) y periquitos (Brotogeris jugularis), hasta una pareja de guacamayas rojas (Ara macao), todas ellas representativas de la rica fauna de aves de la Orinoquia, por lo que estos registros refuerzan la importancia del campus como un espacio de alto valor ecológico para la avifauna, además de su potencial como laboratorio vivo para el aprendizaje y la conservación.

“Observamos aves tanto locales como migratorias, con una gran variedad en zonas de esteros y en zonas de cultivos mixtos y de infraestructura de nuestro campus. Esto me parece muy importante como aporte para la ciencia, además pudimos aprender mucho de ellas al observar sus colores, las actividades que realizan y su desplazamiento por todo el hábitat” expresó Erick Sánchez, estudiante de Química de la UNAL.

La jornada de observación tuvo un enfoque no solo académico, sino que también fue una oportunidad para fomentar la apropiación del espacio universitario por parte de los estudiantes.

Estas experiencias son una forma de llevar la clase al bosque, de que los estudiantes puedan vivir el campus desde otra perspectiva, no solo académica, sino también personal y de bienestar”, explicó el profesor Aponte. El evento les permitió a los participantes desarrollar un mayor entendimiento sobre la diversidad de especies en su propio entorno y comprender la importancia de la conservación como una práctica diaria.

El biólogo enfatizó en la importancia de crear una conciencia ambiental sólida en los estudiantes: “uno no puede proteger lo que no conoce, y estas iniciativas generan una base de conocimiento fundamental para cualquier acción de conservación. Además les permiten a los estudiantes apropiarse de su territorio y de la riqueza natural que los rodea. Este tipo de actividades son cruciales para formar una nueva generación de profesionales comprometidos con la sostenibilidad”.

La participación en el October Big Day también tiene implicaciones a largo plazo. Los registros obtenidos no solo se suman a bases de datos internacionales que ayudan a monitorear la salud de las poblaciones de aves, sino que además sirven como insumo para futuros proyectos de conservación y manejo ambiental.









miércoles, 16 de octubre de 2024

Bachilleres lideran iniciativa para preservar la biodiversidad del Herveo (Tolima)

 Aves como afrecheros, tórtolas y pavas, y mamíferos como ardillas, osos perezosos, tigrillos y conejos fueron avistados por 37 estudiantes de grados sexto a noveno de la Institución Educativa Alfonso Daza Aguirre, ubicada en la vereda Arenillo de Herveo (Tolima), quienes encontraron en la bioprospección una manera de enriquecer el aprendizaje científico y cultivar la conciencia ambiental. Esta es una ciencia reciente y todavía novedosa en Colombia, cuya tarea fundamental es estudiar los seres vivos y sus potenciales usos y aplicaciones.

Miladiz Aguirre Sánchez, magíster en la Enseñanza de las Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, afirma que “la ausencia de actividades prácticas en la enseñanza, como la observación, experimentación y análisis en situaciones reales, puede llevar a que los estudiantes perciban el aprendizaje como algo tedioso y desconectado de sus intereses y necesidades”.

“Esto genera un entorno en el cual la participación de los estudiantes es pasiva, lo que obstaculiza el desarrollo de su pensamiento crítico, la estimulación de su creatividad y la aplicación del conocimiento en situaciones de la vida diaria”.

En ese sentido, con su investigación la magíster quiso ofrecerles a los estudiantes la posibilidad de convertirse en agentes de cambio en la preservación de la biodiversidad local, a través de la bioprospección como una herramienta pedagógica eficaz para el aprendizaje de las ciencias naturales en Colombia.

Expertas en el tema, como la profesora de la UNAL Luz Marina Melgarejo, destacan la bioprospección como un enfoque colaborativo que combina saberes tradicionales y científicos en el ámbito educativo, permitiéndoles a los estudiantes explorar la riqueza biológica local y vincular la enseñanza de las ciencias naturales con los problemas de su entorno.

Observación y mucho entusiasmo para aprender sobre la fauna

Para su trabajo, la magíster Aguirre aplicó el instrumento “Evaluar para Avanzar” del Icfes, una iniciativa que les proporciona a los docentes un conjunto de recursos destinados a apoyar y a facilitar los procesos de enseñanza, monitoreo y fortalecimiento del desarrollo educativo de niños y jóvenes, con el fin de diagnosticar el nivel de comprensión de los estudiantes.

Como parte de su trabajo, la investigadora instaló una cámara trampa que escondió en el bosque cercano al colegio, lo que les permitió realizar un monitoreo de la fauna local. 

También coordinó salidas de campo en las que los estudiantes pudieron aplicar técnicas de muestreo como huelleros, binoculares, lupas y guías de campo, e incluso hubo un taller de primeros auxilios.

Zorro perruno, imagen captada por la cámara-trampa instalada en los alrededores del colegio.

 De igual manera, realizó entrevistas a familiares y miembros de la comunidad para recopilar información sobre la presencia histórica de especies en la región.

Así, ella y sus pupilos, de entre 11 y 15 años, observaron alrededor de 40 especies de aves incluyendo afrecheros, cholongos, tórtolas, un águila y mirlas, y 16 especies de mamíferos como ardillas, erizos, guatines, osos perezosos, tigrillos y conejos.

“Este ejercicio y las entrevistas permitieron corroborar una tendencia preocupante y es la reducción durante los últimos 15 años de la diversidad de especies de aves y mamíferos que habitan la región”, menciona la magíster.

Mejoraron el conocimiento

Para este trabajo se realizaron dos pruebas de conocimiento del entorno, antes y después del ejercicio. En la primera los estudiantes mostraron un conocimiento bajo sobre las aves, con un puntaje promedio de 1,74, y sobre mamíferos fue de 2,39.

En la segunda prueba, después de las clases y las actividades de campo, el promedio de conocimientos de los estudiantes mejoró: con respecto a las aves alcanzó 3,16 y en mamíferos de 3,72.

“Los datos muestran que el método de enseñanza utilizado ayudó a que los estudiantes comprendieran mejor estos temas de ciencia como la Competencia de Indagación, crucial para el desarrollo de habilidades científicas que son esenciales frente a los desafíos contemporáneos, la identificación de especies y la evaluación del estado de la biodiversidad”.

“En el ámbito educativo colombiano la indagación se percibe como una competencia específica en ciencias naturales que implica la capacidad de formular preguntas, buscar información y realizar experimentos. Sin embargo, existe una tendencia a abordarla de manera parcial, a menudo confundiéndola con el método científico” anota la magíster.

“Nuestra experiencia impulsó el interés de los estudiantes por la biodiversidad local y fomentó habilidades investigativas como la observación y el análisis. El enfoque innovador serviría como modelo para otras instituciones educativas en el país, destacando la importancia de la educación ambiental en el desarrollo sostenible”, concluyó la investigadora.






martes, 15 de octubre de 2024

Los sedimentos también están secando el río Amazonas

 Desde hace más de dos décadas expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) vienen advirtiendo que la sedimentación –es decir el arrastre de lodos, rocas o restos de árboles, entre otros elementos– está provocando cambios drásticos en el curso del río Amazonas, generando barreras e islas que reducen el paso de agua. Las consecuencias de este fenómeno, aunado a la deforestación y los incendios forestales, se han profundizado con la sequía.

como una gigante anaconda, está muriendo de sed, y a su paso las comunidades y los ecosistemas que dependen él también sufren las consecuencias.

El profesor Santiago Duque, director del Laboratorio de Manejo y Gestión de Humedales de la UNAL Sede Amazonia, quien lleva más de 30 años investigando la “salud” ambiental de los ecosistemas acuáticos más valiosos del país, entre ellos el del Amazonas, afirma que “durante el último año este ha venido afrontando una condición atípica hidroclimáticamente; por ejemplo, desde el año pasado se viene presentando escasez de lluvias, lo que ha afectado a varios ríos y quebradas que son sus afluentes –o sea que desembocan en el río–, pues al haber menos líquido su caudal también se reduce”.

“A este aspecto se suma la acelerada sedimentación de los brazos del río hacia el lado colombiano, lo que ha generado consecuencias devastadoras para la biodiversidad y las comunidades que dependen de él”.

El Amazonas nace a 6.000 msnm y recorre 3.000 km hasta su desembocadura en el océano Atlántico; cuando pasa por Leticia lo hace a solo 98 msnm, es decir que tiene muy poca pendiente; esta dinámica es todavía más lenta en los brazos del río, que fluyen más lentamente haciendo que todo el material que trae el río se sedimente, no se mueva, no se transporte, y por el contrario, forme barras e islas y hace que a su paso por Colombia el agua fluya menos.

El académico amplía que “el paso del río es de tipo anastomosado, lo que significa que en algunos sectores se angosta y en otros se ensancha, formando brazos y zonas profundas. Este fenómeno es especialmente relevante cerca de la capital del Amazonas, donde se encuentran los estrechos de Nazareth (comunidad indígena que pertenece al municipio de Leticia) y Tabatinga (Brasil); lo que el río haga en este tramo en procesos de sedimentación y erosión define la geografía de toda la región limítrofe de la frontera entre Colombia y Perú”.

En 2005, en un estudio realizado para el Invías, el profesor Duque y la ingeniera civil Liliana Posada, de la UNAL Sede Medellín, mapearon el río Amazonas y evidenciaron que desde entonces ya había empezado a moverse hacia el brazo peruano, detrás de las islas Rondiña o Chineria y Santa Rosa en Perú.

“Las islas inician como bancos de arena que van quedando y aumentando con los años, lo que permite que colonicen vegetación, consolidando así las islas de cauce (como se les llama) en los diferentes brazos que se construye entre cada estrecho”, señala el profesor Duque.

Menciona además que en desde los años 90 otros estudios del Laboratorio de Hidráulica de la UNAL Sede Bogotá constataron que el río Amazonas había cambiado su trayectoria, pasando de tener un 30 % del caudal hacia el lado colombiano, a un preocupante 13 %, como está ocurriendo hace algunos años, lo que se agrava en este 2024, por haber sido un periodo de sequía extrema de la cuenca en Ecuador y Perú, de donde viene justamente el agua que forma el Amazonas en Leticia.

“El río ha estado moviéndose de un lado para otro porque es un elemento vivo del paisaje, desde hace muchos años él decidió hacia dónde quiere ir, ese es el panorama y es completamente natural” puntualiza.


De hecho, desde hace más de 40 años se ha incrementado la sedimentación haciendo que aparezcan más islas de cauce y otras aumenten de superficie, e incluso que se eleven en el paisaje, como está ocurriendo en la Isla de la Fantasía, ubicada justo al frente del malecón de Leticia .

Impacto de los cambios drásticos del río

El experto en Limnología e Hidrología indica que algunas consecuencias se relacionan la seguridad alimentaria y la pérdida de la biodiversidad, pues el río Amazonas también alimenta lagos circundantes como los de Yahuarcaca (en Leticia) y el sistema de lagos de Tarapoto (en Puerto Nariño).

“Sin agua no hay peces y este es un escenario grave sobre todo para la biodiversidad, porque si el río ya no tiene la dinámica de inundar, entonces los peces ya no entran a esas zonas de lagos”. Es importante mencionar que la conectividad de ríos y lagos en estos dos sectores se está perdiendo, y con ello su productividad pesquera.

Por su parte, la bióloga Dolors Armenteras, directora del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod) de la UNAL Sede Bogotá, advierte que “cada vez que haya tala de bosques, los árboles dejan de hacer su función de filtrador de agua, porque afectan la formación de nubes y las precipitaciones”.

Con respecto a las altas temperaturas asegura que “todo esto es resultado del cambio climático, pero se junta con que tenemos menos agua y temporadas más largas de sequía, creando el coctel perfecto para que se propaguen los incendios forestales, donde ni los animales logran escapar”.

También existen causas naturales para los incendios actuales, la investigadora Armenteras advierte que “en el trópico el 99 % de los incendios son provocados por acción humana intencional, por negligencia o accidental”. Sin embargo, lo más preocupante de estos es la gran pérdida de fauna, que ha llevado a la muerte de innumerables especies de reptiles, anfibios, aves y primates, entre otros.

¿Qué se puede hacer para el futuro?

Además de formar a futuros científicos y profesionales, la UNAL adelanta importantes investigaciones en estos valiosos ecosistemas, contribuyendo a propuestas que permitan traducir la ciencia en políticas públicas más eficaces.

Sin embargo, los profesores Duque y Armenteras coinciden en que es importante trabajar de forma articulada entre la academia y la ciencia junto con el Gobierno nacional, con el objetivo de mitigar los impactos en todos los sectores.

“El Amazonas es un ecosistema vivo y en constante cambio, lo más importante es vivir en armonía con él”, enfatiza el profesor Duque. Por su parte, la profesora Armenteras agrega: “hay impactos en la salud, en la economía y en las comunidades, por eso es importante articularse, porque esto va para largo y hay que evitar que el ecosistema se siga degradando”.







sábado, 12 de octubre de 2024

Cambio climático está impactando en la germinación de malezas en Colombia

 El análisis a bajas y altas temperaturas de semillas de cardo negro (Cirsium vulgare), planta autóctona de Europa, Asia y África pero considerada como una maleza común y agresiva en países como Argentina, México y Colombia, mostró que esta tiene una gran capacidad para brotar en condiciones extremas de temperatura, con un rango muy amplio –entre 4 y 35 °C–, un hallazgo crucial para los agricultores pues les permite anticiparse y diseñar estrategias para proteger los cultivos.

El ingeniero agrónomo Cristian Camilo Grajales Forero, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, explica que “la maleza no es un tipo de organismo sino un comportamiento, es decir que depende de dónde se dé y en qué condiciones para ser considerada como tal”.

Por ejemplo en Europa el cardo negroes una planta autóctona, o sea que no es perjudicial allá, pero en Colombia, si nace cerca a los cultivos no los deja crecer porque compite con las plantas nativas por los nutrientes del suelo y el agua, lo que hace que se reproduzca de manera rápida y acelerada; “por eso es una maleza que puede afectar la productividad de los cultivos hasta en un 50 %, trayendo consigo pérdidas económicas para los agricultores”, agrega el investigador.

Teniendo en cuenta esta situación, el ingeniero agrónomo ha centrado su experiencia en identificar, controlar y gestionar malezas en sistemas agrícolas. Su investigación surgió a partir de la observación de la aparición estacional de ciertas malezas, por lo cual se dio a la tarea de indagar sobre cómo las variaciones ambientales influyen en el comportamiento de estas plantas, trabajo que realizó con semillas de malezas comunes como C. vulgare y Epilobium montanum traídas del Centro Agropecuario Marengo de la UNAL.

El análisis de los momentos de brote o germinación se midió a temperaturas de 5, 10, 15, 20, 25, 30 °C y la temperatura ambiente, que al momento de hacer la investigación promedió los 18 °C.

Para simular las temperaturas altas utilizó una incubadora de germinación, y para las bajas una nevera. En ambos entornos incorporó una lámpara para proporcionar luz. Las semillas se pusieron en vasos de agua con algodón y su germinación se monitoreó diariamente durante un mes.

La investigación concluyó que mientras C. vulgare puede germinar en condiciones extremas, a temperaturas mínimas de 4 °C y máximas de 35 °C, E. montanum mostró limitaciones; de hecho, germina en un rango de entre 10 y 30 °C.

El ingeniero agrónomo afirma que “este hallazgo es crucial para los agricultores, ya que les permite anticipar a qué temperaturas germinarán las malezas, lo que les brinda herramientas para prevenir su aparición y proteger los cultivos”.

Así, el estudio realiza un valioso aporte desde la ciencia al agro colombiano, pues identificar las condiciones climáticas óptimas para la producción de estas malezas permitirá anticipar las tomas preventivas en los cultivos, contribuyendo a la seguridad y la sostenibilidad ambiental.

Los hallazgos de esta investigación se presentaron durante el II Congreso Internacional de Variabilidad y Cambio Climático, organizado por las Facultades de Ciencias y Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá.







viernes, 11 de octubre de 2024

Primera ruta de avistamiento de aves para personas con discapacidad visual está en los Farallones de Cali

 La ruta, ubicada entre los bosques nublados del barrio San Antonio, zona rural de Cali, comprende 400 m de un sendero que cuenta con 6 puntos con guías especializados y rutas sonoras seguras que les permite a los visitantes con discapacidad visual apreciar, a través de sus cantos y otros sonidos de la naturaleza, la diversidad de colibríes, tangaras, quetzales, tucanes y atrapamoscas que sobrevuelan los Farallones de Cali.

Cada año, unas 500 personas nacionales y foráneas llegan al país para disfrutar de esta primera ruta de avistamiento de aves incluyente, una iniciativa del zootecnista Carlos Mario Wagner, experto en aves de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira. Esta surgió en 2021 como resultado de una convocatoria realizada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) para impulsar proyectos turísticos innovadores después del Covid-19.

El experto en aves, integrante del Grupo de Investigación en Diversidad Biológica de la UNAL Sede Palmira, afirma que “hemos logrado un impacto positivo en la economía local y en la conservación de los ecosistemas, debido en gran parte a que se han involucrado a las comunidades rurales en la protección de la biodiversidad, lo que ha permitido que varias fincas privadas se unan al esfuerzo y se establezcan como puntos de avistamiento”.

Destaca además que “muchos de mis vecinos no entendían por qué dedicaba tanto tiempo a observar aves, pero poco a poco se dieron cuenta del potencial que tiene esta actividad. Al conservar las aves también estamos protegiendo otros grupos taxonómicos como orquídeas, insectos y anfibios”.

Con más de 1.966 especies registradas, de las cuales alrededor de 275 son migratorias, Colombia se consolida como el país con mayor diversidad de aves en el mundo. El Valle del Cauca destaca con 989 especies, de las cuales 562 son de Cali, es decir más del 50 %, lo que convierte a esta región en un verdadero santuario para los amantes de la naturaleza y el turismo de observación de aves, una actividad conocida como aviturismo que ha surgido como una de las estrategias más efectivas ante la necesidad de conservar este patrimonio natural.

Este segmento atrae a cerca de 3.000 aficionados al año en el área de influencia de los Farallones de Cali, sobre la cuenca alta y media del río Cali, en los bosques de San Antonio ubicados en el kilómetro 18.

Ruta pionera

Desde su infancia, el zootecnista Wagner empezó a realizar observaciones y registros fotográficos que con el tiempo recopiló y se convirtieron en un esfuerzo colectivo para conservar los hábitats de estas aves, por lo que en 2004 el lugar fue declarado como Área de Importancia para la  Conservación de las Aves (AICA). Estos sitios se identifican a partir de los criterios de expertos ornitólogos y conservacionistas del mundo, pese a que no se trata de una figura de conservación oficial.

La ruta turística diseñada por él y su esposa, Adriana Márquez, se materializó con el aporte de Juan Pablo Culasso, un invidente uruguayo célebre por su capacidad de distinguir los trinos de más de 3.000 aves.

El proyecto consiste en 400 m de sendero, que a lo largo del trayecto cuenta con 6 puntos en donde se ubican guías especializados y rutas seguras que les permiten a las personas con discapacidad visual disfrutar de la observación de aves mediante la experiencia sensorial de los sonidos y el entorno natural. El éxito del proyecto en Cali llevó a que la ruta se expandiera a comunidades indígenas en la Amazonia y campesinas en los Llanos y el norte del país.

Importancia de estudiar las aves

Además de su valor intrínseco, las aves desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas como polinizadores, controladores de plagas y dispersores de semillas. Sin embargo, la fragmentación del hábitat, la minería y el crecimiento de cultivos de uso ilícito siguen amenazado su existencia.

Por eso el Grupo de Investigación en Diversidad Biológica de la UNAL Sede Palmira estudiará la diversidad genética de las aves de los Farallones de Cali y de la Reserva Forestal Natural Bosque de Yotoco.

Según informa el profesor Jaime Eduardo Muñoz Flórez, coordinador del grupo, “los estudios se adelantarán mediante técnicas moleculares y morfológicas, de donde esperamos que salga un inventario más extenso de las principales especies que habitan en esta región, el cual se convertirá en un libro e involucrará a las comunidades locales en la capacitación, conservación y el cuidado del entorno”.

La experiencia y el valioso aporte realizado por el zootecnista Wagner se dará a conocer como parte de la programación que prepara la Institución para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16), que se celebrará del 21 de octubre al 1 de noviembre de 2024 en Cali.








jueves, 10 de octubre de 2024

¿Colombia será capaz de salvar sus páramos de la extinción?

 Colombia alberga el 50 % de los páramos del mundo, ecosistemas vitales para la provisión de agua y la conservación de la biodiversidad. No obstante, la presión agrícola y ganadera ha puesto en riesgo su capacidad para suministrar agua y regular el clima. Así lo manifestaron los expertos invitados al programa especial La UNAL en la COP16, emitido hoy por Radio UNAL, dedicado al tema “Páramos, agua y biodiversidad”.

Los páramos son ecosistemas de montaña que se desarrollan por encima de los bosques andinos, a alturas que pueden superar los 3.000 msnm; por su ubicación en la zona ecuatorial tienen clima frío todo el año y sus suelos de origen volcánico suelen ser muy fértiles. Según datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Colombia cuenta con la mitad de los páramos del mundo, lo que representa una inmensa responsabilidad en términos de conservación y gestión ambiental.

Estos ecosistemas, que cubren cerca de 3 millones de hectáreas, son vitales tanto para la biodiversidad como para el abastecimiento de agua de millones de colombianos. Pese a su importancia, afrontan múltiples amenazas que ponen en riesgo su integridad y sostenibilidad.

El profesor Conrado Tobón Marín, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, señaló que “aunque los páramos cubren apenas el 2,5 % del territorio colombiano, generan el 85 % del agua utilizada para consumo humano, riego y generación eléctrica en el país. Sin embargo, su deterioro ha reducido su capacidad hídrica en un 25 %”.

Para el académico, esta es una de las razones por las que se han desencadenado problemas como el colapso hídrico en áreas como Chingaza, que afectan el suministro de agua para Bogotá.

Biodiversidad y regulación del calentamiento global

Además de su capacidad hídrica, los páramos son fundamentales para la biodiversidad. El profesor Jesús Orlando Rangel, del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL, afirmó que “toda el área biogeográfica del páramo, desde Costa Rica hasta Bolivia, es la región con mayor biodiversidad del mundo; en 55.000 km se encontraron registros de 6.200 especies de plantas con flores, unas 3.600 de ellas autóctonas de dichas regiones. No hay ningún otro lugar en el mundo con tal explosión de diversidad genética”.

“Esta riqueza convierte los páramos en un laboratorio natural para futuras generaciones en busca de soluciones a problemas ambientales y climáticos”.

De igual manera, estos ecosistemas desempeñan un papel crucial en la mitigación del cambio climático al capturar carbono y regular el calentamiento global. El profesor Tobón, dijo que “a medida que el calentamiento global avanza, estos ecosistemas sufren transformaciones que afectan su capacidad de capturar carbono. Los suelos ricos en materia orgánica, característicos de 

los páramos, son fundamentales para almacenar agua y regular su flujo, pero la compactación de estos suelos debido a la intervención humana ha alterado su función.

Cada vez menos agua

De los 2.906.000 hectáreas de páramos en Colombia, solo 1 millón conserva su vegetación original, el resto ha sido transformado por actividades humanas como la agricultura y la urbanización, lo cual ha tenido un impacto directo en su capacidad para regular el agua y conservar la biodiversidad, lo que ha reducido la regulación hídrica en un 40 %.

La cifra es alarmante ya que dicha regulación hídrica es el proceso mediante el cual estos ecosistemas montañosos regulan y mantienen el ciclo del agua en su entorno; los páramos actúan como esponjas naturales capturando, almacenando y liberando agua gradualmente, lo que contribuye a la disponibilidad de recursos hídricos en las regiones aledañas; los aspectos claves son la captación y el almacenamiento de agua gracias a su estructura geológica, y la liberación gradual que regula el flujo de los ríos.

Restauración pasiva no es suficiente

Para revertir la situación, el profesor Jesús Orlando Vargas, director del Grupo de Restauración Ecológica de la UNAL, subrayó la importancia de restaurar las cuencas y microcuencas que nacen en los páramos.

“La restauración ecológica es crucial para recuperar la funcionalidad de estos ecosistemas, pero se necesitan esfuerzos de restauración activa, que implica intervenciones directas y planificadas para rehabilitar un ecosistema degradado, que vaya más allá de la regeneración natural”, indicó.

Advirtió además que algunas técnicas como la restauración pasiva (dejar que la vegetación nativa y los procesos ecológicos se recuperen de forma natural) no son suficientes en zonas donde los suelos están severamente compactados.

En este escenario, es necesario que la comunidad se involucre en la protección de los páramos a través de la participación en proyectos de reforestación, el apoyo a políticas públicas que promuevan la conservación de estos ecosistemas y la concientización sobre su importancia.

Reducir el consumo de agua y evitar la expansión de la agricultura y la ganadería en zonas de páramos son medidas que cada ciudadano puede adoptar para contribuir a la protección de estos vitales ecosistemas.

La conservación de los páramos no es solo un desafío ambiental, sino también una necesidad urgente para garantizar el acceso al agua y la mitigación del cambio climático. Los estudios realizados por la UNAL y su participación en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16), que se celebrará del 21 de octubre al 1 de noviembre de 2024 en Cali, resaltan la importancia de tomar acciones inmediatas y coordinadas entre el Gobierno, la academia y la sociedad civil para proteger estos ecosistemas.



 




miércoles, 9 de octubre de 2024

UNAL Sede Orinoquia se prepara para el avistamiento de aves más grande del mundo: October

 Con una charla preparatoria, técnicas de observación de aves y el uso de herramientas tecnológicas para el avistamiento, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia está lista para participar en el October Big Day, iniciativa internacional organizada por la Universidad de Cornell para registrar la mayor cantidad posible de especies de aves en todo el mundo, en un periodo de 24 horas. Esta se realizará el lunes 14 de octubre, durante el Día Mundial de las Aves Migratorias.

Además de aportar al registro de la diversidad de la avifauna nacional, esta actividad tiene el propósito de incentivar a los estudiantes de la UNAL a reconocer la riqueza de su territorio desde el campus de la Sede Orinoquia y prepararlos para lograr una jornada exitosa.

Durante esta actividad se registrarán los hallazgos del avistamiento en la plataforma móvil eBird, una base de datos biológica donde los participantes podrán hacer el registro simultáneamente desde diferentes rincones del mundo.

El pasado 4 de octubre en la UNAL Sede Orinoquia se realizó un taller para entrenar a los estudiantes en los detalles que deben tener en cuenta durante la jornada, como el uso correcto de binoculares, de la plataforma eBird, el manejo adecuado de equipos fotográficos y el cuidado personal.


Aunque la charla fue dirigida a estudiantes interesados en avifauna, en el October Big Day puede participar cualquier persona a la que le guste “pajarear” o que sea apasionada por las aves, solo se deben tener en cuenta las recomendaciones.

Recomendaciones para un avistamiento exitoso

El biólogo Andrés Felipe Aponte, profesor de la Institución, dijo que “lo principal es el cuidado personal, pues vamos a estar recorriendo áreas naturales con mucha vegetación y podemos encontrarnos potencialmente con diferentes especies de fauna, se deben usar botas de caña alta que nos protejan de laceraciones por rocas, ramas o animales rastreros; además de una vestimenta cómoda, cubierta, y de colores camuflados para no ahuyentar a las especies”.


También subrayó la importancia de la discreción durante el avistamiento, pues cuando las aves perciben una actividad inusual, suelen implementar sus estrategias de defensa contra depredadores.

Durante el taller los estudiantes aprendieron a ubicar aves utilizando referencias espaciales como las manecillas del reloj o la detección entre ramas; además, practicaron con los binoculares para perfeccionar su manejo y garantizar que no se pierdan detalles en el campo.

De igual manera, mediante guías ilustradas identificaron las especies más características de la región llanera y sus diferencias, como el ibis escarlata (Eudocimus ruber), conocido popularmente en la región como corocora, y la garza paleta (Platalea ajaja) ambas de tonos rosa y patas largas, pero con ciertas diferencias en sus picos y tamaño, entre otras.

“Hay que familiarizarse con las partes o las regiones corporales de las aves, como por ejemplo la parte superior donde está el occipital, se llama coronilla, o las regiones caudales, abdominales, etc. Donde se pueda decir con exactitud las zonas del cuerpo donde hay un patrón de coloración o elementos característicos de la especie. Estos detalles morfológicos son esenciales para identificar correctamente a la especie”, enfatizó el biólogo.

Según el académico, “este evento nos permite generar inventarios de avifauna en todo el mundo, lo que contribuye a iniciativas como el ecoturismo y la conservación”. Precisamente, Colombia se ha mantenido consistentemente entre los primeros lugares en los rankings mundiales, logrando registrar una amplia cantidad de especies pese a tener menor número de participantes comparado con países más grandes como Estados Unidos.

“El ecoturismo en Colombia ha crecido significativamente, y actividades como el October Big Day promueven una perspectiva más profunda del entorno natural y desde ahí se puede crear consciencia y respeto por la naturaleza”, comentó el docente de la UNAL.

Esta dinámica también puede ser una puerta de entrada para futuras carreras, pasatiempos o proyectos de investigación relacionados con la conservación ambiental, por lo que el profesor Aponte concluye afirmando que: “conocer la fauna local es clave para cualquier esfuerzo de preservación y conservación, pues no se puede proteger lo que no se conoce. Este tipo de iniciativas no solo educan, sino que nos permiten apropiarnos de nuestra gran biodiversidad, lo que nos motiva a protegerla”.






lunes, 7 de octubre de 2024

“Casa” modular sostenible mejoraría la calidad de vida en asentamiento irregular de Manizales

 Esta ofrecería un espacio de 36 m2 elaborado con madera aglomerada reforzada y 6 muebles interiores adaptables, y contaría con servicios sanitarios, cocina, tanques para la recolección de agua lluvia con capacidad de 350 litros y paneles solares emisores de energía eléctrica. El grupo de investigación en Medioambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales ya les entregó los planos a la comunidad de Nueva Esperanza, asentamiento irregular ubicado al noroccidente de la capital caldense.

El trabajo “Hábitat sostenible Nueva Esperanza”, ganador en 2022 de la Convocatoria Nacional para Proyectos de Extensión Solidaria, promovida por la Dirección de Investigaciones (DIMA), se presentó durante las actividades PreCOP 16, en las que la UNAL Sede Manizales visibilizó los aportes de facultades, institutos, grupos y centros de investigación para contribuir a las discusiones y debates de la 16ª Conferencia de las Partes de la Convención sobre la Diversidad Biológica (COP16), programada del 21 de octubre al 1 de noviembre de 2024 en Cali.

Uno de sus creadores, el profesor Gustavo Adolfo Agredo Cardona, actual decano de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la UNAL Sede Manizales, recordó que la Institución atendió la solicitud de la Personería Municipal, que en su momento indicó que “desde el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Manizales se determinó que esta invasión carecía de espacios de inclusión para niños (parques infantiles) y adultos (casas de acción comunal 

Hace más de una década llegaron a la vereda Colombia, adyacente al río Cauca –kilómetro 41 de Manizales– personas víctimas del conflicto armado buscando preservar su vida; sus precarias viviendas, construidas con tablas, latas y tejas, son vulnerables a emergencias ambientales.

En dicho terreno, de cerca de 1 hectárea, 500 familias han parcelado lotes, el 80 % de los cuales son usados exclusivamente como vivienda. La mayor parte de esta población no ha finalizado el bachillerato, son madres cabeza de hogar y su subsistencia económica se basa en el comercio y en pequeñas tiendas locales conocidas como chazas.

En el creciente proceso de urbanización se han implementado servicios como la recolección de basura y el suministro de electricidad –aunque intermitente–, y el agua se obtiene a través de mangueras o la recogen en tanques.

Iniciativa viable

Junto a las estudiantes Lorena Estefanía Pérez Nástar, Laura Torres Tejada, Eimy Dahiana Gómez Álvarez y Liliana Lizeth Revelo, de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, el profesor Agredo diseñó los planos de una vivienda de 36 m2 que considera los preceptos de la “arquitectura pasiva”, en la cual se prioriza la eficiencia energética como la luz del sol y la ventilación natural, y además su interior debe permitir una calidad de vida digna en espacios que no necesariamente tienen que ser amplios.

“Se trata de un espacio suficiente para tener un antejardín, patio, cocina, sala, baño, comedor, dos habitaciones y una zona de recolección de agua, todo esto en un solo piso o nivel”, anotan sus creadores.

La propuesta, versátil y fácil de construir, se adapta a las necesidades del lugar, y su costo –estimado en 30 millones de pesos– se podría cubrir mediante subsidios de vivienda. El diseño permite alojar entre 4 y 7 personas, las casas tendrían 3 m de alto y 8 m de ancho y de fondo.

La casa está compuesta por dos núcleos: uno principal de 2 m x 4 m; y otro de módulos replicables del mismo tamaño que pueden ensamblarse y agruparse según el uso requerido.

El profesor Agredo destacó que “las necesidades derivadas del conflicto crean una oportunidad para mejorar las condiciones de vida, y resulta paradójico que una comunidad situada a orillas del río Cauca esté sufriendo por la falta de agua, lo que representa una necesidad urgente. Las iniciativas que llevamos a cabo con las comunidades son esenciales para alcanzar avances significativos”.

La estudiante Gómez menciona que “los desafíos ambientales, económicos y sociales surgen a partir de un enfoque participativo que responde a las necesidades de un territorio específico, marcado por la violencia y una historia vinculada al narcotráfico. En esta zona de expansión no urbanizada, según el POT, no hay alcantarillado, agua potable ni vías”.

A su turno, la estudiante Revelo subrayó la relevancia de la vegetación y la avifauna en el área, señalando que la variedad de vegetación y los pisos térmicos propician el cultivo de plantas frutales y medicinales. “Se realizaron talleres prácticos de cultivo, permitiendo que cada hogar tuviera su propio jardín para lograr autosuficiencia”.

La estudiante Torres destacó un aspecto importante de esta iniciativa, y es que, teniendo en cuenta que esta comunidad enfrenta diversas problemáticas “una alternativa eficaz sería optar por el uso de materiales locales adaptados a sus necesidades, lo que contribuirá a la sostenibilidad, y los módulos estarán diseñados para almacenar agua en los techos, que podrá filtrarse para su consumo”, concluyó.







sábado, 5 de octubre de 2024

Transformar el ruido en energía sería viable

 La propuesta busca utilizar sensores piezoeléctricos para convertir el ruido en energía aprovechable. “Estos sensores convierten las vibraciones del sonido en energía cinética, a través de un proceso basado en la física de ondas sonoras que después se puede aprovechar como energía eléctrica”, explicó Juan Sebastián Hernández, estudiante de Ingeniería Física de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, durante el conversatorio PreCOP16 realizado en la UNAL Sede Bogotá.

“La idea surgió cuando me di cuenta de que las energías renovables, como la solar y la eólica, no utilizaban una fuente que también se podría aprovechar: el sonido”, dijo el estudiante, quien, inspirado por sus clases de Física del colegio, decidió que su pasión por la ciencia podía llevarlo a desarrollar proyectos más ambiciosos como este que hoy está en etapa de ejecución.

Aunque el concepto ya se ha explorado en otros contextos, como en estudios realizados en Francia y Australia, en donde se han medido las vibraciones de las bicicletas o de los vehículos al chocar con los reductores de velocidad en una autopista, la idea del estudiante Hernández es “aplicarlo al ruido urbano, específicamente en ciudades como Bogotá, donde los niveles de contaminación auditiva alcanzan los 80 decibeles (dB)”.

“Se trata de un nivel demasiado alto, producido mayormente por fuentes móviles como los carros o los buses del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP); además es un factor que hasta ahora no tiene control ambiental”, amplía.

Según cifras mundiales y recomendaciones de especialistas en la audición, el máximo ruido generado por el tráfico y las áreas de comercio no debería sobrepasar los 53 dB en el día y los 45 dB en la noche.

Bogotá está dentro de las ciudades del mundo que más produce ruido en los entornos urbanos, con un rango entre 70 y 83 dB medidos por el Instituto de Investigaciones en Heslington, de la Universidad de York, en Inglaterra.

Propuestas de investigación como estas contribuyen a la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático. Al respecto, el estudiante Hernández subraya que “el uso de energías renovables no se reduce a la dependencia de combustibles fósiles a la que estamos acostumbrados en todo el mundo, o en el caso de Colombia a la dependencia de las hidroeléctricas, sino que también ayuda a mejorar la calidad de vida y reducir la polución que afecta la salud pública”. En ese sentido, su proyecto ayudaría a mitigar la contaminación auditiva, y al mismo tiempo generaría energía útil.

La UNAL y la PreCOP16

El conversatorio PreCOP16 se centró en visibilizar los aportes académicos en pro de la biodiversidad étnica, cultural y ecosistémica, para abordar soluciones frente a la crisis climática.

Las actividades académicas previas a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16), que se llevará a cabo del 21 de octubre al 1 de noviembre de 2024 en Cali, busca que cada 2 años se establezcan compromisos vinculantes que aceleren la transición hacia energías limpias y renovables, un tema que está en el corazón de la lucha contra el cambio climático.

La propuesta del estudiante Hernández se presentó junto a otras lideradas por las Sedes de Presencia Nacional de la Institución. Como este, varios proyectos del semillero de investigación Germinando Curiosidades, de la UNAL Sede Orinoquia, fueron socializados por el profesor Jesús Berdugo, su coordinador.

Desde allí, el académico ha asesorado a otros 17 estudiantes involucrados con la innovación y la sostenibilidad. “Los estudiantes están comprometidos en generar ideas novedosas que pueden tener un impacto global. Su motivación es esencial para desarrollar soluciones creativas que aborden problemas locales y globales”, destacó.

Además del impacto ambiental, la investigación también resuena con los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo de Colombia, que busca impulsar la transición energética a través de estrategias sostenibles. En este sentido, el docente Berdugo manifestó: “nuestras ideas cuentan con un apoyo técnico que permite que estas propuestas crezcan y beneficien tanto a las personas como a los territorios”.






viernes, 4 de octubre de 2024

Poca diversidad de árboles ha reducido la variedad de aves en Valledupar, ¿por qué?

 Aunque el sirirí, el bichofué, la maría mulata y el periquito bronceado son las especies de aves más abundantes en la capital de Cesar, la creciente urbanización ha generado que la vegetación de la que se alimentan estas aves se haya vuelto muy homogénea, lo que estaría disminuyendo la diversidad de estas comunidades y las funciones que desempeñan. Urge impulsar la siembra de distintos árboles nativos y conservar zonas como los cerros tutelares y los bosques de galería del río Guatapurí.

David Esteban Restrepo Zuluaga, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, menciona que “los edificios, calles, centros comerciales y avenidas han transformado radicalmente los ecosistemas naturales, lo que ha perjudicado servicios ecosistémicos que brindan bienestar a todos los individuos, no solo a los humanos, sino también a las aves, por ejemplo”.

Mirlos, colibríes, azulejos y otros pájaros se encargan de dispersar las semillas, es decir de la polinización que garantiza la reproducción de algunas plantas, el control de insectos plaga e incluso de la materia vegetal en descomposición, evitando así la proliferación de enfermedades.

“La urbanización limita todos estos servicios, y esto lo podemos cuantificar mediante los índices de diversidad funcional, que son como gráficas tridimensionales”, anota el magíster.

Para su investigación evaluó el gradiente de urbanización, que clasifica el impacto humano de 0 a 100 –nulo y grado más alto– teniendo en cuenta variables como el aumento en la densidad poblacional, la distancia de las vías, los tipos de usos de la tierra y las especies de plantas, entre otras, y así encontró que la ciudad no tiene niveles inferiores a 65, lo que la hace una zona altamente urbanizada.

“Además determinamos 15 puntos en toda la ciudad, cada uno de 1,76 hectáreas y separados por una distancia superior a los 200 m, para identificar la estructura de la vegetación y caracterizarla junto con las aves que rondaban por allí, trabajo adelantado con estudiantes de pregrado y otros profesionales”, precisa.

Medir el cuerpo de las aves, sus alas, picos, patas

Después de identificar los pájaros, entre los que abundaron el sirirí, el bichofué, la maría mulata y el periquito bronceado, se compararon algunas de sus características físicas, como por ejemplo la forma y el tamaño de sus picos, alas, tarsos o patas, etc.

“Estas características nos dan información sobre su alimentación, si comen semillas o insectos, si se desplazan mucho o poco, y si tienen hábitos alimenticios aéreos o rastreros, y esto nos sirve para entender qué servicios está prestando el lugar”, explica el magíster.

Así, encontró que las aves tenían rasgos muy parecidos entre sí, lo que significa que en la zona hay una redundancia funcional. “Los lugares en los que encontramos más diversidad fue en los menos urbanizados. Además, vimos que factores como la altura de los árboles y la cantidad de follaje tenían relación positiva con la biodiversidad entre las especies”, continúa el investigador.

Con respecto a la relación de las aves con la vegetación para alimentarse de frutos, el que mostró más frecuencia de interacciones fue el saltador ajicero, con 138 eventos, que representan el 18,6 % del total, seguido por el periquito bronceado, con 95 interacciones, es decir el 12,8 % de los interacciones.

Por otro lado, las planta que sostuvieron mayores interacciones fueron el higuerón y el matapalos con 128 eventos, es decir el 17,3 % del total, seguidos del árbol palo rosa con 119 interacciones y el mango con 104.

“Estos resultados nos muestran que las redes de frugivoría de Valledupar son pequeñas, conformadas por un núcleo de aves generalistas (que tienen una alimentación variada) y muy pocas especialistas, lo que ocasiona declives en los procesos y el equilibrio ecosistémico”, explica el magíster Restrepo.

Una de las principales consecuencias de este fenómeno es la posible extinción secundaria de algunas plantas, especialmente de aquellas que necesitan de animales específicos –con picos muy largos y delgados (como los colibríes)– para ser polinizadas.

“Este estudio demuestra la urgencia de implementar planes de manejo y medidas de conservación en la ciudad, sobre todo en sitios como los cerros tutelares, las áreas verdes y los bosques de galería alrededor del río Guatapurí”, concluye el magíster.

La tesis fue dirigida por los profesores Joan Gastón Zamora-Abrego y Juan Fernando Acevedo-Quintero, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín.