jueves, 15 de febrero de 2024

. Jardín Botánico de San Andrés, custodio de la vegetación del Archipiélago

 ¿Qué sería de San Andrés sin sus aguas azules, sin la arena suave y fina que masajea los pies de miles de caminantes, pero, sobre todo, sin sus plantas autóctonas como guayacán real, drácena, sandía, duranta, crotón, oreja de elefante, longuián y helecho nido de pájaro?

No es una revelación que uno de los mayores atractivos de San Andrés es su mar Caribe con una amplia gama de tonos, que alberga peces coloridos y corales, y sus cálidas playas, lo que seguramente usted desconoce es que es un lugar lleno de biodiversidad, cuyo bosque seco tropical incluye más de 200 especies de plantas.

Para preservar este tesoro de flora, hace 16 años la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) creó el Jardín Botánico de San Andrés, proyecto ideado por el arquitecto Santiago Moreno González y el profesor Petter Lowy Cerón, exdirector de la Sede Caribe, quienes con el apoyo de la comunidad raizal compraron el terreno en 1996, con la finalidad de conservar y estudiar las especies de plantas que este alberga en una extensión de 69.718 m2.

El 90 % del Jardín es de bosque seco tropical y allí viven 12.640 individuos de 234 especies pertenecientes a 72 familias botánicas, diversidad se incluye plantas ornamentales, tóxicas, medicinales y maderables.

Un 42 % de este acervo pertenece a plantas nativas que contribuyen al conocimiento, la conservación, el aprovechamiento y la recuperación de la vegetación del Archipiélago.

El Jardín es un aula viva para los estudiantes de la Universidad y de las instituciones educativas de la Isla, lo que lo convierte en un lugar importante para la investigación ambiental.


Todo esto es posible gracias a que en marzo de 1999 la UNAL le presentó el proyecto al Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, que otorgó el concepto de “predio favorable” para adelantar tareas técnico-ambientales, convirtiéndolo así en uno de los primeros jardines botánicos aprobados por esa institución en el país.

El 6 de agosto de ese mismo año obtuvo el permiso ambiental de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (Coralina).


El esfuerzo de la UNAL por conservar esta tierra y las especies que viven en ella se debe valorar como un proyecto que permanece para ser guardián de la historia ambiental de la Isla en los tiempos de los agricultores y sus derechos ancestrales como territorio y comunidad, porque, ¿qué sería de la Isla de San Andrés sin su historia?









miércoles, 14 de febrero de 2024

Región Andina seguirá estando muy afectada por fenómeno de El Niño

 La confluencia entre el periodo seco –entre diciembre y febrero– y el fenómeno de El Niño hace que, debido a la diversidad topográfica del país, la sequía sea mucho más intensa y afecte más a la región Andina y menos a la Orinoquia o la Amazonia. Experta de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín explica las razones científicas de la temporada de calor que todavía no parece irse.

El riesgo de desabastecimiento de agua y el incremento de los incendios en el país son algunos de los efectos de un evento natural que afecta a las regiones según sus condiciones geográficas. Las altas temperaturas en el territorio nacional han llevado al Gobierno de Colombia a pedir ayuda a las Naciones Unidas.

Según las características de sus coberturas, en las ciudades el calor se puede sentir más o menos intenso cuando aumenta la temperatura. ¿Pero qué es la temperatura? La profesora Yuley Cardona Orozco, del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la UNAL Sede Medellín, explica que “es el resultado de fenómenos físicos que ocurren a escala global y local. Como planeta tenemos un clima cambiante de origen antropogénico, es decir resultado de la acción humana –como por ejemplo de la actividad industrial– o de la contaminación”.

En la región Andina, diciembre, enero y febrero son los meses de temperaturas más altas y menores precipitaciones, igual que julio y agosto. “Estacionalmente hablando, desde la meteorología no estamos por fuera de lo normal. Lo que sí es diferente es la confluencia del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) de fase positiva, que es el resultado de un calentamiento del océano Pacífico central y que tiene su pico máximo alrededor de diciembre”, agrega.

El Boletín ENOS –de seguimiento de las condiciones de la temperatura superficial del mar asociadas con este fenómeno– publicado el lunes 5 de febrero por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) indica que en la actualidad se está en un pico y que las anomalías del trimestre son de 2 oC en la temperatura del océano superficial.

La profesora Cardona comenta que “además de que estamos en una tradicional época seca, para Colombia el ENOS representa una reducción en precipitación –o en las lluvias– y un aumento de la temperatura”.

Así mismo, la Oscilación del Sur tiene que ver con la presión atmosférica, por lo que durante la ocurrencia del fenómeno también se dan cambios en los valores relacionados. Es decir, en algunas zonas disminuye y en otras aumenta, haciendo que la intensidad, la velocidad y la dirección del viento se modifiquen.

Este fenómeno, que es planetario, afecta a las regiones de forma distinta según su ubicación; por la diversidad topográfica del país, la región que suele verse más afectada es la Andina, mientras que las menos impactadas son Orinoquia y Amazonia.

Las altas temperaturas registradas han generado alertas dada la cantidad de incendios presentados y corresponden a un proceso natural de variabilidad climática interanual. Por ejemplo, entre los episodios de El Niño más intensos se recuerdan los de 1998 y 2016, en los que hubo disminución en los niveles de los embalses e incremento de los incendios forestales.

Del aumento progresivo de la temperatura hay datos y registros. Por ejemplo, reportes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) indican que 2021 fue el año con más alta temperatura en la Tierra, tendencia que continuó en 2022 y 2023, este último año declarado por la Organización Meteorológica Mundial como el más cálido en la historia. Lo que ocurre es que “cada año estamos rompiendo el récord”, afirma la profesora Cardona.

Desde 1980, Naciones Unidas viene informando que cada década ha sido más cálida que la anterior, y que los fenómenos meteorológicos se han hecho más frecuentes e intensos; de otra parte, aunque los eventos extremos de frío se seguirán presentando pese al aumento de la temperatura, su frecuencia ha disminuido desde 1950.

Hacia finales de enero, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) informó sobre el aumento de temperaturas en el país y de incrementos récord en 29 municipios. Uno de ellos, Jerusalén (Cundinamarca), superó los 40 °C. Más tarde, a inicios de febrero, se comenzaron a registrar lluvias, y la entidad informó que se preveía que estas condiciones continuarían y que serían abundantes en sectores de las regiones Pacífica y Andina.

Según la académica Cardona, el reporte de la NOAA del 5 de febrero indica que “existe un 73 % de probabilidades de que entre abril y junio no estemos en el fenómeno de El Niño, aunque este es difícil de predecir, y con esta probabilidad se indica que pasaríamos a una fase neutral”.

El calentamiento global que sufre el planeta es precisamente lo que hace más difícil el pronóstico, coinciden las docentes, por cuanto no hay datos históricos que permitan comparar, porque nunca antes el planeta había alcanzado las temperaturas que se están registrando ahora.

 




Sistema inteligente mantiene a salvo del frío los cultivos de invernadero

 El asistente computacional combina pantallas térmicas, tuberías con agua y ventilación natural, y puede aumentar hasta en 5 °C la temperatura dentro del invernadero. Tales características crean un ambiente óptimo para el crecimiento de hortalizas, flores y hasta plantas ornamentales como helechos y bonsáis que forman parte de muchos hogares colombianos.

El cultivo de plantas es una labor que se podría calificar como “titánica”. Los agricultores no solo tienen que lidiar con una serie de plagas como la mosca blanca o la arañita roja, sino que además deben estar listos y anteponerse ante variaciones climáticas como las bajas temperaturas, que dificultan el buen desarrollo de los cultivos.

Los invernaderos han sido una alternativa efectiva para la diversificación de los cultivos, con un aporte muy importante a la calidad. Para no ir muy lejos, en Cundinamarca existen cientos de estas estructuras, generalmente de plástico o vidrio, que brindan protección contra el clima, lo que posibilita la producción agrícola durante todo el año.

Los hay de tipo túnel, de dientes de sierra, con techumbre curva o el famoso capilla, que es muy utilizado en la región Andina, en especial en Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca. La elección del tipo adecuado depende del clima del lugar, las necesidades de espacio del cultivo y la ventilación requerida.

Aunque los invernaderos ofrecen un sinfín de beneficios, la mayoría carece de sistemas de climatización, elementos clave para controlar y optimizar las condiciones ambientales, especialmente en zonas de clima frío, en donde son frecuentes las temperaturas bajas y las heladas.

En el Centro de Investigación Tibaitatá de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia) se encuentra un invernadero tipo capilla con doble ventilación fija que asemeja una pequeña casa con techo curvo y dos aberturas en su parte superior. Por dicha altitud, el cultivo de plantas es todo un reto.

Para afrontar este desafío, Gloria Alexandra Ortiz Rocha, magíster en Ingeniería - Ingeniería de Biosistemas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), diseñó un sistema integral de climatización que aprovecha la energía solar.

El prototipo diseñado cuenta con pantallas térmicas, colectores solares y un panel solar híbrido. También aprovecha mangueras térmicas estratégicamente ubicadas para mantener condiciones óptimas dentro del invernadero.

“Los elementos trabajan en conjunto para regular la temperatura dentro del invernadero, maximizando así las condiciones ideales para el crecimiento de los cultivos”, señala la magíster Ortiz.

Agrega que, “las mangueras se pintaron de negro para que absorban mejor el calor. Ellas facilitan la circulación de agua caliente durante las noches o madrugadas frías”. Esto quiere decir que el agua caliente, generada por el sistema de colectores solares, ayuda a mantener una temperatura estable dentro del invernadero, de tal manera que protege los cultivos de condiciones climáticas extremas.

Una de las características más destacadas del prototipo es su capacidad para adaptarse a diferentes tipos de invernaderos y condiciones climáticas. Gracias al uso de la dinámica de fluidos computacionales (CFD, por sus siglas en inglés), la ingeniera lo diseñó de modo que se pueda ajustar según las necesidades específicas de la ubicación y la estructura.

Luego de haberlo sido sometido a rigurosas pruebas experimentales, se demostró un aumento significativo en la temperatura interior de la estructura. En promedio, se ha logrado un aumento de 5 °C, lo que representa un avance considerable en la protección de los cultivos contra las heladas.

Para evaluar su eficacia, mediante sensores se realizó un seguimiento durante tres meses que incluyó mediciones de temperatura, humedad, velocidad del viento y radiación solar.

Según la investigadora, su propuesta es una alternativa para los desafíos que enfrenta la agricultura en la actualidad, al impulsar prácticas agrícolas más eficientes y resistentes al cambio climático.









lunes, 12 de febrero de 2024

Caldas tiene primer Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Cambio Climático

 El conocimiento generado en 30 años de investigaciones alrededor de la prevención y gestión del riesgo, que ha convertido a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales en una institución líder en el tema, evoluciona ahora hacia la creación del Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático, que apueste por el desarrollo y la consolidación de políticas públicas que generen acciones concretas en este importante ámbito.

La iniciativa es liderada por el Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL Sede Manizales, y con esta se busca ofrecer servicios de extensión en la prevención de riesgos y adaptación al cambio climático orientados a entidades públicas y privadas como Aguas de Manizales, la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas), la Defensa Civil, la Cruz Roja, la Alcaldía de Manizales y el Cuerpo Oficial de Bomberos. Así mismo, se trabajará de manera conjunta con la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres.

El Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático brindará formación especializada en educación continua, como diplomados, cursos y talleres prácticos que sean espacios tanto de aprendizaje como de sensibilización y responsabilidad, y que sirvan para reducir la vulnerabilidad del territorio.

El profesor Jaime Alberto Sepúlveda Gómez, director del IDEA y del proyecto, menciona que “este proceso interdisciplinario está apoyado en el trabajo que durante tres décadas ha realizado el Instituto, y que se reforzado con el programa Investigación Integrada sobre Riesgos y Desastres (IRDR) y el Consejo Internacional para la Ciencia (ISC)”.

El IRDR es un programa internacional que aborda los desafíos planteados por los eventos de amenazas naturales y mejora los mecanismos de formulación de políticas; por su parte el ISC trabaja globalmente para catalizar y convocar experiencia científica, asesoramiento e influencia sobre temas de gran interés tanto para la ciencia como para la sociedad.

Cambio climático, una responsabilidad de todos

La alteración de los ecosistemas, la temperatura y la variación en los patrones climáticos se da, en primera instancia, por las malas prácticas o acciones como la quema forestal, la explotación de suelos y ríos, y el el uso de combustibles fósiles y gas.

El profesor Omar Darío Cardona, del Departamento de Ingeniería Civil de la UNAL Sede Manizales, uno de los más reconocidos expertos nacionales y latinoamericanos en gestión del riesgo, afirma que la capital de Caldas “es un laboratorio natural para la gestión y prevención de desastres”.


“Una de las estrategias de este Centro de Excelencia es generar equipos de trabajo articulados interdisciplinariamente con profesionales de todas las carreras, que permitan conducir a nuevas 

metodologías para generar estudios más profundos y robustos, en pro de resolver e identificar riesgos inminentes como deslizamientos o inundaciones, para mitigar y reducir el riesgo”.

El Centro de Excelencia en Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático se creó a inicios de 2023 y es uno de los 13 centros de excelencia con los que cuenta la UNAL; para 2024 se espera un gran impacto ante la academia y representación de la UNAL, pero aún más la responsabilidad de trabajar juntamente con la actualización del Plan Nacional de Riesgo en su última versión del 2015 al 2030 que entrará en fase de actualización.





jueves, 8 de febrero de 2024

Bosques del Magdalena Medio tendrían más especies en riesgo de las que se creía

 Con algoritmos avanzados se identificó que en las áreas aledañas a la Reserva Natural El Silencio (Yondó, Antioquia) el impacto producido por la presencia de especies exóticas e invasoras –como la palma de cera, el gecko casero, o la pomarrosa– es mayor del que se tenía registrado con los datos de sensores remotos; esta situación amenaza el hogar del tití cabeza blanca, el mono araña café, y el paujil, ave cada vez más difícil de avistar debido a la tala ilegal y la deforestación.

Los sensores remotos son el instrumento por excelencia para monitorear la mayoría de los ecosistemas del mundo; son sistemas que captan información de la superficie terrestre de manera satelital, también se utilizan imágenes detalladas del tipo de vegetación, la distribución y la humedad, entre otras propiedades importantes.

No obstante, existen inconvenientes para estudiar más a fondo las especies de flora y fauna presentes en una zona, o cuáles son sus dinámicas en un ecosistema que afronta problemáticas como las mencionadas, y a veces no se trabaja de la mano con las extensas bases de datos que los biólogos construyen en todo el territorio nacional.

Aunque existen sensores acústicos que captan sonidos de aves, insectos y mamíferos, su uso aún no está muy extendido. En vista de este vacío, y con la atención puesta en la Reserva Natural El silencio, que, contrario a su nombre, tiene una gran abundancia de sonoridades de animales, Luis Hernando Romero Jiménez, magíster en Geomática de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), tuvo la brillante idea de utilizar algoritmos de machine learning, o aprendizaje de máquina, para analizar todos los datos y obtener mejores evidencias.

Para lograrlo combinó más de 10.000 datos recogidos por los sensores remotos disponibles en la zona, 1.500.000 registros de especies de animales y plantas almacenados en grandes bases de datos como el Sistema Global de Información sobre Biodiversidad, y múltiples investigaciones en campo desarrolladas por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.

Este mapa de la zona le permitió tener una idea más clara de lo que había en El Silencio, pero aún faltaba una pieza: la inteligencia artificial. Con la prueba de diferentes algoritmos de aprendizaje de máquina tuvo una precisión de más del 70 % para determinar que varios de los parches de bosque considerados como de “alta calidad” por los sensores remotos cuentan con la presencia de especies exóticas que afectan la integridad de los bosques evaluados.

“Los bosques se han conservado en pequeñas porciones, se han fragmentado, y esto afecta la calidad del hábitat; en donde los sensores mostraban buen estado, realmente se presenta el ‘síndrome del bosque vacío’, en el que las especies indicadoras de buena calidad ven mermadas sus poblaciones a causa de la caza y el tráfico ilegal”, destaca el magíster.

Aunque las cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales mostraban que para 2022 la deforestación en el país había disminuido en un 29 %, la pérdida de bosques sigue siendo de al menos 123.517 hectáreas, por lo que la naturaleza sigue en aprietos y necesita de mejores planes y estrategias de conservación, como los que posibilitan los algoritmos utilizados en esta investigación.

“Al hablar de calidad de hábitat se pueden interpretar muchas cosas, pero en la investigación nos centramos en tres puntos de estos bosques: el primero es que su estructura esté bien constituida, esto quiere decir que sus árboles y vegetación sea alta y abundante, con poca intervención humana; el segundo, la riqueza en la composición y diversidad de especies animales y vegetales, y el tercero se refiere a la función y relación entre estas especies”, indica el investigador.

Añade que “el estudio es pionero en cuanto al uso de algoritmos en el análisis de múltiples especies, pues investigaciones pasadas se concentraron en lo que ocurría solo con un ave o mamífero en específico, pero aquí se consideró lo que ocurría con todos los registros, un abordaje holístico, integral, que facilita encontrar el riesgo y la vulnerabilidad asociada para estos animales”.

“El modelo está diseñado para que cualquier investigador interesado lo replique, especialmente para zonas con características similares a este lugar, aunque es posible modificar la captura de información para analizar otros ecosistemas o especies de interés”, anota.

La investigación contó con el apoyo tanto de la Fundación Biodiversa Colombia –que trabaja con las comunidades de ese territorio para tener mejores datos– como de la guía de los profesores José Camilo Fagua González, del Departamento de Biología de la UNAL, y Susana Rodríguez Buriticá, del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.






miércoles, 7 de febrero de 2024

Cátedra sobre el río Magdalena, oportunidad para recalcar urgencia de su preservación

 Con una extensión de 1.528 km, el río Magdalena fue declarado como Monumento Nacional en 1959 y como Patrimonio de la Humanidad en 1995. Pese al protagonismo histórico que le ha hecho merecedor de tales títulos, existe una seria preocupación por su “salud”. La Cátedra Nacional “Pacto de país por el río Grande de la Magdalena”, liderada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, que se inaugura hoy, abordará su valor simbólico, cultural, medioambiental, económico y social en 16 sesiones a las que ha convocado expertos nacionales e internacionales.

El río Yuma, como lo llamaban los muiscas, ha dejado de ser sostenible, ya que sus recursos no perduran en el tiempo porque es mayor la demanda que lo que puede ofrecer. Aspectos como la caza incontrolada de especies, la tala indiscriminada, la industrialización de la pesca, el vertimiento inadecuado de basuras y materiales de construcción, y la falta de plantas de tratamiento de aguas residuales los asfixian desde hace décadas, a tal punto que en julio de 2023 fue declarado como “sujeto de derechos” para que se efectúen todas las acciones tendientes a su protección, y para mitigar el impacto ambiental.

El profesor Fabio Rincón Cardona, de la Facultad de Administración y director la Cátedra Nacional “Pacto de país por el río Grande de la Magdalena”, que se realizará de manera virtual desde la UNAL Sede Manizales, afirma que este afluente se ha estudiado por años, no es la primera vez, y su situación está sobrediagnosticada; ahora el reto es actuar con las comunidades y las entidades, porque la responsabilidad de su preservación es de todos”.

“Este pacto de país por el río Magdalena permitirá vincular tanto a entidades públicas y privadas como a profesionales de todas las áreas del conocimiento para que se pueda construir y contribuir con nuevas estrategias que generen conciencia real sobre la urgencia que implica el cuidado de los ríos, y del Magdalena en concreto”, agrega.

El geólogo Germán Vargas Cuervo, profesor de la UNAL Sede Bogotá, quien ha estudiado este río por más de 30 años, menciona un aspecto fundamental para abrir la Cátedra, y es la comprensión de la dinámica natural del río.

“La mayoría de las afectaciones al cauce son intencionadas, solo en algunos casos son naturales; por ejemplo, cuando ocurren desbordamientos de la cuenca suelen construirse barreras de contención, pero estas también alteran las dinámicas del río en un futuro, al otro lado de la orilla o más abajo; otro claro ejemplo es la adecuación de represas, que aunque proporcionan energía a las viviendas, también retienen el líquido afectando todo un ecosistema que dependía de ello, y es necesario interpretar la lectura de qué es desarrollo”, anota el investigador.


El profesor Gonzalo Duque Escobar, ingeniero civil experto en geología y mecánica de suelos, y quien estará a cargo de una de las sesiones de la Cátedra, señala que “la cuenca del Magdalena tiene una solemne representación cultural y social en el país, es la conectividad entre los municipios aguas abajo”.

“La Cátedra es un espacio de pensamiento crítico que invita precisamente a reflexionar, pues se debe dejar de pensar la cuenca como un espacio geográfico, ya que es más que eso: es vida, es desarrollo que se debe seguir conservando”, destaca el académico.

La Cátedra se enmarcará en cuatro pilares fundamentales: (i) Introducción, (ii) Procesos e historicidad, (iii) Influencias en estudio, y (iv) Mejoras y propuestas para la recuperación del Magdalena.

Además contará con la participación de expertos de la UNAL, el Centro de Pensamiento río Magdalena, el Museo del Río, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Banco de la República, el Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la UNAL, el Atlántico Movimiento Ambiental (AMA) y la Universidad del Atlántico, entre otras importantes entidades.

 






martes, 6 de febrero de 2024

Condiciones de trabajo precarias afectan la salud de recicladores en Bogotá

 Un estudio con 42 recicladores de tres asociaciones de la capital evidenció su exposición constante a radiación solar, malos olores, y sustancias químicas, además de cortes y pinchazos con material cortopunzante y contaminado, que desencadenan, entre otras afectaciones, gripas o asma. Aunque su labor es crucial tanto en la recuperación de miles de toneladas de residuos como en la preservación de los recursos naturales y en la disminución de la contaminación, ellos carecen de acceso al trabajo seguro y a la protección social.

Ante estos hallazgos, Lina Paola Escobar Rincón, magíster en Salud y Seguridad en el Trabajo de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), afirma que “urge que las autoridades locales, las empresas de gestión de residuos y la sociedad en general se comprometan a mejorar las condiciones de trabajo de los recicladores de oficio”.

“Se requieren medidas mínimas como la formulación de políticas públicas eficaces que reglamenten procesos adecuados de reciclaje y separación en la fuente”.

Así mismo, la formalización del trabajo, es decir, brindarles seguridad social y estabilidad laboral a los recicladores, y capacitación en salud y seguridad en el trabajo, “sensibilizarlos sobre la importancia de la protección de los peligros asociados con su trabajo”, anota.

También es necesario dotarlos con equipos de protección personal como mascarillas, botas de seguridad y guantes, ya que así se minimizaría la ocurrencia de accidentes y enfermedades ocasionadas por el trabajo.

En su estudio, la magíster trabajó con 42 recicladores de oficio de tres asociaciones de la capital, que desarrollan su actividad especialmente en la calle.

“A ellos se les aplicó un instrumento que en español traduce como ‘Agua, medioambiente y salud: impacto en las condiciones de vida de los recicladores. Cuestionario de salud’, para recopilar datos específicos sobre sus condiciones de salud, trabajo y percepciones”, explica.

Las preguntas abarcaron desde datos personales como edad y núcleo familiar, hasta hábitos de vida, uso de elementos de protección personal que utilizan al ejercer la labor, información específica de su rutina laboral, que permitió identificar los problemas más frecuentes.

Así, evidenció la exposición constante a peligros del medioambiente de trabajo (radiación solar, olores ofensivos), sustancias químicas, accidentes de trabajo asociados con cortes y pinchazos con material cortopunzante, enfermedades respiratorias y contacto con material contaminado, entre otros.

También otros comunes denominadores: registraron una manipulación de cargas excesivas; en algunas respuestas se indicó que podrían  cargar en sus carretas hasta 300 kilos y para ellos es normal.

“De igual manera se observó una falta de medidas de protección y una baja precepción al riesgo, ya que muchos no consideran su trabajo como algo peligroso. Estas condiciones incrementan la posibilidad de ocurrencia de accidentes y afectación de la salud a largo plazo”, indica.

Lo que para ellos parece ser normal se traduce en “problemas de salud como alteraciones en la tensión, gripas, crisis asmáticas, enfermedades respiratorias y dermatológicas, e importantes cargas mentales”, amplía.

La magíster realizó acompañamientos en campo para obtener no solo datos cuantitativos sino también experiencias cualitativas como espacios de dibujo en donde los trabajadores expresaron sus condiciones laborales y la asociación directa con la salud.

“Estuve con un reciclador durante una jornada, llegamos hasta el centro de la ciudad y ahí evidencié la carga mental asociada con el estigma social, la discriminación, así como los peligros al recorrer la calles y zonas de tolerancia”, dice la egresada de la UNAL.

En estos ejercicios encontró que algunos aspectos de la informalidad como la falta de acceso al trabajo seguro y la protección social son causas por las que los recicladores de oficio trabajan en condiciones precarias, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por formalizarlo.

Existe un largo listado de asociaciones y organizaciones de recicladores constituidas en la capital las cuales han venido trabajando de manera ardua para que el gremio reciclador en crecimiento sea reconocido y remunerado. En 2022 la población recicladora era de 25.259 individuos, según un reporte de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.






lunes, 5 de febrero de 2024

Mapa de Vegetación Natural, con instrucciones para reforestar luego de incendios, no se usa

 Un ejemplo de la importancia del Mapa de Vegetación Natural es que evidencia que, en Colombia a lo largo de la historia, se ha perdido el 75 % de la vegetación del Caribe, 55 % en la cordillera andina, y 27 % en la Orinoquía. Lo cual se acentúa en la actualidad con la alerta roja por incendios declarada en 28 de los 32 departamentos del país, con conflagraciones que no dan tregua en zonas como los cerros orientales en Bogotá, o en el páramo de Santurbán.

Sin embargo, la implementación de dicha herramienta desarrollada por el Instituto de Ciencias Naturales (ICN), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), junto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, e institutos como el Humboldt o el Ideam, aún está en veremos, sin importar que es fundamental para la reforestación de páramos y bosques nativos, ya que ofrece información de las especies que deben ser plantadas en cada región, lo cual disminuiría errores a largo plazo y daños en los ecosistemas.

El profesor Orlando Rangel, del ICN, uno de los líderes de la creación del mapa de vegetación, afirma que, este se apoya en la evidencia. “Con él se puede fácilmente determinar que, por ejemplo, en la parte boscosa de los cerros orientales, hay que plantar especies leñosas como el árbol del canelo (Drimys), el encenillo (Weinmannia) o los gaques (Clusia, Vallea); y en lugares como los páramos hay que tener muy presente a frailejones como el Espeletia grandiflora, también llamado frailejón mayor y no a otras especies como Espeletia lopenzii (frailejón perrito) de los páramos de Boyacá”.

Desde las décadas de los 30 y 40, se realizaron plantaciones con árboles que no son propios de estas zonas, como los pinos y eucaliptos, así como otros cipreses, los cuales han repoblado zonas aledañas a Monserrate, pero que no son nativas; “no hay una armonía con la situación original, además, representan un riesgo durante incendios por los aceites en sus tejidos o la necromasa que termina siendo un combustible rápido”.

“En aquellas épocas no se tenía el conocimiento y la capacidad tecnológica y científica que se tiene hoy en día, por lo que sé el trabajo no se hizo de manera adecuada; pero en la actualidad no hay excusa para ello, y la universidad desde el Instituto y todos sus profesionales tiene la capacidad y el mejor personal para asistir las estrategias de reforestación que se lleven a cabo”, indica el experto.

Otro punto clave es que, al hacer mal estos procesos, se corre el riesgo de alterar su capacidad para controlar el exceso de gases en el aire como el dióxido de carbono (CO2), un servicio ecosistémico indispensable.

El experto hace un llamado a que no haya “histeria” por eventos que han pasado desde hace muchos años, y que son propios del devenir histórico del planeta; pero asegura que, “una de las herramientas más poderosas es la pedagogía ambiental, para contrarrestar problemas como la sobrepoblación y los asentamientos, que acentúan los incendios.

Recalca que, “el país es uno de los mejores documentados en cuanto a vegetación en el mundo, y el arduo trabajo de descripción y materialización del mapa está al servicio de los entes gubernamentales desde su lanzamiento el año pasado”.


Sin embargo, anota, “no se ha logrado que pueda estar al servicio de todos los interesados, y lo preocupante es que, si se sigue dilatando el asunto, la actualización de la información, por ejemplo, lo relacionado con los incendios, va a ser más traumática”.

El profesor anota que, hay que tener en cuenta que los incendios hacen parte de cambios y fluctuaciones propias de los ciclos en la naturaleza, y que hay temporadas específicas del año en donde se sufren con una mayor intensidad, pero en los casos de la actual crisis (entre diciembre y marzo, temporada de sequía) la totalidad de los incendios son producto de la acción humana.

Otros aportes

El mapa tiene la vegetación de cada región y su distribución a lo largo del territorio, tan solo basta con verlo para saber qué tipo de frailejón o especies arbóreas son propias de la zona Nadina o del caribe; así como de los bosques del pacífico o de la Amazonía; según los registros, esta última es la mejor conservada con algunos puntos preocupantes para la conservación de bosques como los frentes de deforestación del Putumayo (San Miguel) y del Caquetá (San Vicente del Caguán o Florencia).

Para el académico, “hay que entender que por lo menos el 70 % de Colombia no tiene vocación agrícola, esto quiere decir que no se tiene la convicción de lo que representa el recurso de la tierra, y que sus potencialidades son renovables y recargables”.

“Si se siguieran las instrucciones y la información académica de primera mano que ya se tiene el problema podría solventarse, pues sabiendo qué especies deben ser plantadas en un lugar en donde la vegetación se perdió, la regeneración tendría éxito”, concluye.

 






jueves, 1 de febrero de 2024

Coberturas vegetales, aliadas en la recuperación de las cuencas de bosque de alta montaña

 El análisis de las cuencas El Silencio y Montañita, ubicadas en la Reserva Biológica El Silencio municipio de El Retiro (Antioquia), evidenció que el proceso de restauración ecológica contribuye a mejorar las condiciones de los suelos y a aumentar la tasa de infiltración del agua, evitando que se convierta en escorrentía y se eleven sus niveles en las quebradas de las cuencas asociadas.

Los aportes del trabajo de Marcela Mosquera Vásquez, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, son relevantes en la medida que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período comprendido entre 2021 y 2030 como la Década para la Restauración de los Ecosistemas.

Para hacer la comparación necesaria e interpretar resultados, la ingeniera ambiental, tuvo en cuenta, además de El Silencio y Montañita, otra cuenca, la de Pastos, que no estaba en recuperación y que tiene cobertura de pastos y ganadería.

“Como anillo al dedo”, dice, le resultó encontrar cuencas en restauración de toda la extensión de su área, porque es difícil. Alguien le dio el dato, y le sugirió visitar la zona. Así lo hizo, y “fueron perfectas”, añade, porque en lugar de una, encontró dos.

Sin embargo, hallar una cuenca con cobertura de pastos en la mayoría del área tampoco le fue sencillo, además, el análisis fue más complejo, ya que “después de buscar ya tenía datos de un año en las otras dos en restauración”, cuenta.

La magíster ejerció como una especie de inspectora, aunque primero debió instalar aparatos que le permitieran indagar los efectos ecohidrológicos de la restauración ecológica, concepto que hace referencia a la relación entre hidrología y ecología con los complejos procesos en el ciclo del agua o ciclo hidrológico.

Así, en estos lugares monitoreó, mediante instrumentos, el comportamiento de variables como la humedad del suelo, la infiltración, la evapotranspiración y el rendimiento hídrico y cómo estos inciden en la regulación de caudales de las quebradas.

En las tres cuencas instaló sensores de humedad del suelo para medir los datos promedio cada 15 minutos cada día durante 14 meses. También usó pluviógrafos para cuantificar la precipitación (o lluvias) en acumulados de cinco minutos y estaciones meteorológicas automáticas para conocer humedad relativa, radiación solar, precipitación, temperatura, velocidad y dirección del viento.

Adicionalmente, en cada una de las cuencas utilizó limnígrafos (equipo que grafica los niveles o fluctuación del nivel de un río o lago) y barógrafos (instrumento meteorológico de precisión que mide y registra las variaciones de presión atmosférica sobre un papel milimetrado), que determinan el nivel del agua de los ríos. Se realizaron visitas a las áreas de estudio cada 20 días para descargar los datos y calcular los caudales. 

Asimismo, tomó muestras de suelo de diferentes profundidades para determinar la densidad aparente (su masa por unidad de volumen) por medio de cilindros metálicos que luego fueron pesados y secados en un horno a 105 °C durante 48 horas.

Por otro lado, para conocer cómo fluye el agua a través del suelo y su capacidad para almacenarla, usó cilindros de PVC de 331 cm3 y anillos metálicos de 19,6 cm3, empleando equipos especializados. Además, tomó muestras de suelo para determinar en el laboratorio el contenido de materia orgánica del suelo.

Heroínas en la regulación de caudales

La investigadora explica que, en las cuencas en restauración, propiedades como la densidad aparente fue menor por lo cual hubo, por ejemplo, una mayor porosidad y conductividad hidráulica. Estas características contribuyeron a que la respuesta ante eventos de precipitación fuera más regulada.

Señala que, “llueve y esa agua va pasando por todo el proceso de infiltración, humedecimiento del suelo y flujos subsuperficiales, entonces se demora más en llegar a las quebradas y no aumenta súbitamente los niveles de estas”.

“En términos generales, la restauración tiene un efecto en estos caudales, en el rendimiento hídrico de las cuencas. No se puede concluir tácitamente, pero se nota una tendencia a que regulen mejor los eventos de precipitación y, más aún, a que se mantenga el agua en las quebradas en épocas de sequía (caudal base)”, agrega.

Indica también que, como estas son cuencas de alta montaña la escorrentía puede tener mayores velocidades y llegar más rápido a la parte baja, entonces ese proceso era aminorado debido a la cobertura de vegetación y a que se mejoran las condiciones del suelo”.

La investigadora anota que ese resultado se esperaba en mayor medida para la cuenca Montañita, que es la que mayor tiempo lleva en el proceso de restauración: más de 15 años. Sin embargo, manifiesta que la regulación hidrológica necesita más tiempo para evidenciar efectos notorios.

En cuanto a las coberturas, destaca la importancia de los árboles y su relación con la materia orgánica, en la medida en la que las hojas que caen generan otros procesos mediados por microorganismos que, si bien no se midieron en este estudio, sí se recomienda incluir en futuros análisis.

Los aportes de este trabajo son relevantes en la medida que la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período comprendido entre 2021 y 2030 como la Década para la Restauración de los Ecosistemas.

Hay un concepto estrechamente relacionado con el análisis de su tesis de Maestría y es el caudal base. Este es, explica, el “nivel de agua que está ahí incluso en época de pocas precipitaciones, cuando más se necesita el recurso”. Expone que “por ese lado va la importancia de la investigación”.



martes, 30 de enero de 2024

COMUNIDADES NEGRAS AYUDAN A DEFINIR LA GESTIÓN AMBIENTAL DEL VALLE 2024-2027

 Directivos, técnicos y profesionales de la CVC atendieron las inquietudes, muchas de las cuales tienen que ver con el trabajo que estas comunidades hacen por el ambiente en sus territorios.

Durante tres jornadas los representantes de los Consejos Comunitarios de Comunidades Negras del Pacífico expresaron sus peticiones y aportes a las construcción del Plan de Acción 2024-2027 de la CVC, la hoja de ruta de las intervenciones ambientales que se realizarán en ese cuatrenio.  

“Nos han expresado todo lo que ellos quieren que esté en nuestro Plan de Acción que no es otra cosa que el desarrollo de sus territorios, el apoyo a sus mujeres, sus jóvenes, reconocer su independencia e identidad propia que le da, no solo nuestra Constitución, sino los organismos internacionales y nosotros que seguimos siendo un ejemplo a nivel nacional del relacionamiento entre las comunidades negras y la Corporación”, dijo Marco Antonio Suárez Gutiérrez, director general de la CVC.

 

Directivos, técnicos y profesionales de la Corporación atendieron las inquietudes de los representantes de los Consejos Comunitarios, muchos de los cuales tienen que ver con el trabajo que estas personas hacen por el ambiente en sus territorios.

“Ellos son los primeros que están defendiendo el territorio, pero necesitan el apoyo de la Corporación, no solo desde el punto de vista legal y de recursos, sino también sentir que cuentan con una Corporación que valora el trabajo ambiental que hacen”, añadió.

“Se hicieron varias solicitudes, el Director nos respondió positivamente algunas y otras quedaron para revisar. Nos parece algo muy positivo, porque todo lo que plasmamos en esas solicitudes son el sentir de las comunidades y tenemos claro que el Director y su equipo lo saben y van a hacer todo lo que esté a su alcance para que se puedan materializar”, dijo Fabio García Zamora,  representante legal de Consejo Comunitario de Campo Hermoso.

“Tenemos el tema de los guardabosques. Para nosotros es de gran importancia que en los territorios hayan personas nuestras en ese proceso y que se genere un reconocimiento para ellas, que van a estar pendientes de nuestra flora y fauna”, dijo por su parte José Crescencio Angulo, representante legal de Consejo Comunitario de Río Naya.

La lideresa y representante de las comunidades negras en el Consejo Directivo de la CVC, Rosa Solís, resaltó el proceso: “aquí en el Valle no deciden los funcionarios qué es lo que nosotros queremos. Ellos nos proponen y nosotros también hacemos sugerencias y así revisamos y ajustamos”.

 

“Resaltó el liderazgo que tiene hoy la CVC en cabeza de nuestro director Marco Antonio Suárez y quiero también agradecer al Consejo Directivo en cabeza de la gobernadora Dilian Francisca Toro por todas las acciones incluyentes y vinculantes. Asimismo, a todos los servidores públicos de la Corporación por su disposición para escucharnos y para enseñarnos y así nosotros poder ejercer mejor nuestras funciones”, agregó.  


Ahora la CVC avanza en la construcción del Plan de Acción con las comunidades indígenas, las ONG ambientales, gremios, academia e instituciones de carácter público como la Gobernación del Valle del Cauca y el Dagma.