miércoles, 11 de diciembre de 2024

UNAL sobresale en Colombia y el mundo según ranking de sostenibilidad

 En la tercera edición del QS World University Rankings: Sustainability, la compañía británica Quacquarelli Symonds (QS) ubicó a la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en el puesto 327 entre 1.743 universidades del mundo evaluadas, y en Colombia ocupa el segundo lugar.

El ranking evalúa las universidades en tres categorías: Impacto ambiental, Impacto social y Gobernanza, dentro de cada una de las cuales se evalúan diferentes métricas de rendimiento; además las ponderaciones han cambiado con cada edición por la inclusión de más métricas.

En la categoría “Impacto ambiental” la UNAL se ubicó en el puesto 271, en “Impacto social” quedó en el puesto 478, y en “Gobernanza” se ubicó en el puesto 504 del mundo.

La primera edición del QS World University Rankings: Sustainability se publicó en octubre de 2022 y contó con la participación de 700 universidades; para la segunda edición (2023) se incluyó una nueva métrica de evaluación como parte de la sostenibilidad relacionada con la gobernanza,lo que permitió aumentar el número de instituciones participantes a 1.400, un incremento de 700 en relación con la primera edición del ranking, por lo que los resultados de las dos versiones no son comparables.

El ranking se quiere configurar como la herramienta para que los estudiantes identifiquen las universidades más sostenibles, más comprometidas con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y las que demuestren mejores indicadores de una existencia más sostenible.

En la edición 2024 del ranking clasificaron 1.743 universidades del mundo, de las cuales 14 son de Colombia.

Impacto ambiental

En la categoría “Educación sostenible” la UNAL se ubica en el puesto 177, con una calificación de 76,1 puntos de 100 posibles, mientras que en “Impacto ambiental” ocupa el puesto 271 entre 1.743 universidades del mundo evaluadas.

Este bajo resultado se relaciona con la dimensión de “Sostenibilidad ambiental”, una de las métricas que afecta la puntuación por la definición de la meta de cero emisiones netas y la publicación del plan de acción dirigido al cumplimiento de ese objetivo.

Además, en esta dimensión el ranking verifica las estadísticas del país sobre el gasto en I+D y cuánto de esa investigación presenta componentes de sostenibilidad y aporte a la sociedad.

Impacto social

Para el ranking, la evaluación de la categoría “Impacto social” está asociada con métricas de Igualdad, entendidas como la proporcionalidad de hombres y mujeres en el cuerpo estudiantil, en la planta de profesores y en los cargos directivos de la Institución.

En términos del intercambio de conocimiento, evalúa cómo las instituciones se asocian en investigación entre regiones desarrolladas y las que están en vías de desarrollo para compartir conocimientos y estimular el crecimiento educativo y el impacto positivo de una universidad en su comunidad local y la sociedad.

En relación con el “Impacto de la educación”, verifica estadísticas del país tomadas de la Unesco y del Banco Mundial, y el impacto de los egresados de la universidad, verificando los premios/listas relevantes como los premios Nobel, Wolf, o Turing, y reconocimientos similares de impacto social y educativo; además se verifican los 10 investigadores más citados en cada una de las 5 áreas de conocimiento, según SciVal-Scopus.

En términos de “Empleabilidad”, se validan las estadísticas nacionales de la tasa de empleo, y mediante los resultados de la encuesta de Reputación de Empleadores se pregunta a los encuestados sobre la institución en la que se graduaron y en qué medida las habilidades adquiridas durante su estudio fueron relevantes para sus actividades laborales actuales.

Y la última dimensión que se tiene en cuenta para la evaluación del Impacto Social es la de “Salud y bienestar”, en la cual se verifican estadísticas nacionales y resultados contenidos en el Informe de Desarrollo Sostenible y las condiciones de salud que brindan los campus universitarios en términos de atención médica.

En la categoría de “Impacto social” la UNAL se ubica en el puesto 478, ascendiendo 38 lugares en relación con el año anterior; la dimensión en la que presenta el mejor resultado es la de “Intercambio de conocimiento”, ubicándola en el puesto 127 en el mundo con una calificación de 91,0 puntos de 100 posibles.

La tasa de empleo de los graduados UNAL presenta resultados satisfactorios oscilando entre el 70 y 90 %, sumado a la reputación institucional que tiene entre los empleadores, los egresados son reconocidos como profesionales competentes para los desafíos de las organizaciones. La Institución se ha caracterizado por mantener alianzas con empleadores y continúa ampliando las oportunidades para estudiantes y graduados en el mercado laboral.

Gobernanza

Esta categoría evalúa si una institución cuenta con una gobernanza sólida, por ejemplo mediante una toma de decisiones abierta, una cultura organizacional ética, con una representación de los estudiantes en los órganos de gobierno de la Universidad y transparencia financiera, especialmente.

La Universidad se ubica en el puesto 504 de un total de 1.743 universidades clasificadas, con una calificación de 76,6 puntos de 100 posibles.











martes, 10 de diciembre de 2024

Parques con campesinos, modelo de democracia y paz rural en el Meta

 En La Macarena (Meta), escenario de una resistencia campesina que desde los años 80 defiende sus derechos y su territorio tras la declaratoria de Parques Nacionales Naturales en terrenos previamente habitados, lo que dejó a sus comunidades en la ilegalidad, el movimiento “Parques con campesinos” ha sido una exitosa iniciativa para proteger el medioambiente y consolidar la paz, convirtiéndose en un modelo de democracia y resiliencia.

En el suroccidente del Meta, una zona donde confluyen las regiones Andina, Amazónica y Orinoquense, se levanta la Sierra de La Macarena, una formación geológica que pertenece al antiguo escudo guayanés. Este espacio, considerado como uno de los más biodiversos de Colombia, es un punto estratégico donde la naturaleza y la historia se entrelazan. Desde mediados del siglo XX esta región dejó de ser un territorio aislado para convertirse en un escenario de colonización, conflicto y negociación, transformado por la llegada de campesinos y colonos desplazados.

Desde entonces ha sido un escenario del conflicto histórico, marcado por la violencia y las luchas por la tierra. Tras el Acuerdo de Paz de 2016 entre el Estado colombiano y las FARC-EP, las comunidades buscan una convivencia pacífica y sostenible.

La investigación del sociólogo Erick Salomón, magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), documenta mediante entrevistas y trabajo de campo los hechos históricos y las tensiones entre desarrollo rural, democracia y derechos ambientales, mostrando a La Macarena como un reflejo de los retos de Colombia hacia la paz.

“El conflicto se agudizó cuando a finales de los años 80 y principios de los 90 el Estado trazó las fronteras de parques naturales como la Serranía de La Macarena, Tinigua y Serranía de los Picachos sin considerar a las comunidades que ya habitaban esos territorios, sin un censo o consulta, dejando a los campesinos en el limbo legal, obligándolos a desplazarse, esto sin perder de vista que las mismas autoridades promovieron el poblamiento de la zona en periodos anteriores”, explica el sociólogo.

El proceso de colonización del Meta fue promovido por el mismo Estado en los años 50, en un intento por desarrollar zonas inexploradas del país. “Familias campesinas de Santander, Tolima y Boyacá fueron trasladadas al Meta para ‘colonizar el monte’, bajo el amparo estatal, primero los invitaron a deforestar y ocupar la tierra, luego los declararon ilegales”, destaca el investigador, subrayando la contradicción en las políticas públicas de la época.

Campesinos como guardianes del territorio

Dichas tensiones entre colonización, desalojo y conservación persisten hasta hoy. La respuesta del campesinado fue la organización y resistencia pacífica. A través de los núcleos veredales –espacios de participación comunitaria– creados por los habitantes se construyeron los “Parques con  Campesinos”, una propuesta que busca armonizar la presencia de las comunidades con la protección del medioambiente.

Esta agenda plantea que los campesinos se comprometan a cuidar los bosques y la biodiversidad mientras continúan habitando y trabajando la tierra, evitando la deforestación y la llegada de nuevos colonos, para proteger los límites establecidos. Según el magíster “este es un ejercicio de democracia directa, donde la comunidad se autogestiona, dialoga y media con el Estado para defender sus derechos”.

Uno de los episodios más críticos para la comunidad campesina fue la Operación Artemisa adelantada en 2020, “una estrategia militar que buscaba frenar la deforestación, pero que, según denuncias, llevó a violaciones de derechos humanos. El problema se trató como un asunto criminal y no civil. Se militarizó el territorio, destruyeron viviendas y separaron familias”, relata el sociólogo Chávez.

El desarraigo y la violencia estatal han marcado profundamente a estas comunidades. Sin embargo, lejos de desistir, los campesinos han fortalecido su organización construyendo vías, escuelas y otros servicios básicos mediante la autogestión. “La ausencia estatal obliga a las comunidades a suplir sus necesidades y a dialogar tanto con el Gobierno como con actores armados, siempre priorizando su subsistencia”, señala el investigador.

Históricamente La Macarena ha sido un territorio estratégico, no solo para el campesinado sino también para movimientos guerrilleros. Desde los años 60 la zona fue cuna de guerrillas liberales y posteriormente de las FARC, lo que añadió otra capa de complejidad al conflicto. Pese a ello, la organización campesina ha buscado mantenerse al margen de estos grupos y enfocarse en sus propios reclamos sociales.

Hoy el movimiento Parques con Campesinos representa una propuesta innovadora en el contexto del posconflicto colombiano. “No se trata solo de un reclamo territorial sino de una apuesta por la paz y la convivencia en armonía con la naturaleza; es una lección para el país sobre cómo lo democrático puede surgir desde las bases sociales, más allá de las instituciones formales”, reflexiona el investigador.






sábado, 7 de diciembre de 2024

Reproducción de las magnolias está amenazada, urgen estudios y medidas de conservación

 Aunque Colombia es el país de América con mayor diversidad de especies de magnolias, estas están amenazadas por la sobreexplotación de su madera, la urbanización y la fragmentación de su hábitat. Un estudio sobre su distribución natural encontró que la mitad de los individuos estudiados está por fuera de coberturas boscosas, lo que dificultaría la correcta germinación de sus semillas y su reproducción. Así mismo, el cambio climático pondría en riesgo sus áreas más favorables, afectando especialmente la especie Magnolia yarumalensis.

Las magnolias son árboles altos y rectos, de hojas grandes y flores vistosas que producen pocas semillas. “Algunas de sus características hacen que sea difícil clasificarlas taxonómicamente, por eso estudiamos las especies M. jardinensis y M. yarumalensis, que son las que tienen más información sobre su biología reproductiva, por ejemplo qué pasa durante su proceso de apertura de la flor”, explica Juan Pablo Santa Ceballos, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Para su estudio, el magíster complementó esta información con nuevos análisis: en qué rango climático y tipos de coberturas se distribuyen, su vulnerabilidad frente al cambio climático y los polinizadores que las visitan, datos esenciales para su conservación.

“Trabajamos con individuos de la cuenca media del río Cauca y tuvimos en cuenta si se encontraban dentro de zonas con vegetación en regeneración, sistemas ganaderos o de cultivos, con el fin de determinar si influían en la distribución y los polinizadores que las visitan”, agrega.

Fuertes, pero amenazadas

Inicialmente el magíster generó una base de datos con las coordenadas de los individuos de las dos especies, “a través de la plataforma del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF), que está vinculada con iNaturalist y SiB Colombia; curamos la información para eliminar posibles errores e hicimos trabajo de campo en el municipio de Jardín, en Antioquia, donde confluyen ambas especies de magnolias”.

Con esta información cruzó 14 variables como la elevación del terreno, los tipos de cobertura, la temperatura máxima y mínima, y la precipitación, obtenidas con herramientas como WolrdClim y Colombia en Mapas. “Luego, con el algoritmo Maxent generamos un modelo que estima las áreas geográficas según la información que teníamos, además de que nos permitió agregar otros factores como la distancia de centros poblados, quebradas y coberturas de bosque”, explica el magíster.


Así, encontró que entre el 44 y el 58 % de los individuos están ubicados por fuera de bosques (coberturas antrópicas), “lo que da cuenta de la complejidad que habría para que estas magnolias se regeneren, ya que la mayoría están en medio de potreros, lo que afectaría la germinación de semillas, pues no logran llegar a bosques o zonas más húmedas en las que se establecerían con éxito”, continúa.

Por otro lado, se constató que mientras M. yarumalensis tiene un rango de altitud de 1.648 a 2.760 msnm, el de M. jardinensis es de 1.995 a 2.667 msnm, por lo que sería una especie más “plástica” frente a un escenario de cambio climático, lo cual se constató mediante un modelo estadístico. “También evidenciamos que el 10 % del área de distribución corresponde a zonas óptimas para M. jardinensis y el 5 % para M. yarumalensis, lo que nos llevó a evidenciar que el área de la segunda estaría en un riesgo mayor de reducción en un escenario de cambio climático”.

¿Quiénes las visitan y qué dicen?

Para estudiar los animales que visitan sus flores –para dar continuidad a la reproducción–, el magíster Santa, junto con los guías Alejandro Arango y Mauricio Mazo, trepó por troncos de más de 20 m de alto para llegar a las ramas exteriores y alcanzar la flor.

“Embolsamos las flores para que los insectos no se escaparan, y luego identificarlos taxonómicamente en laboratorio. Los tomamos de magnolias rodeadas de potreros y de zonas conservadas, y además consideramos otras variables como la temperatura”, agrega el investigador.

Así, y según los análisis estadísticos, halló que un escarabajo de la especie Hoplandria sp. las poliniza y está presente en todas las coberturas. “Este insecto mide de 2 a 5 milímetros y es mucho más frecuente en las zonas intervenidas por el hombre, que suelen proporcionar condiciones más favorables para cualquier insecto, como el calor. Así mismo, encontramos una larva de mariposa que ataca las anteras, donde la flor guarda el polen, ataques que causarían problemas reproductivos”.

Con este hallazgo, el investigador reportó dos nuevos visitantes: la larva mencionada, que además está asociada con bosques, y un escarabajo de la familia Staphylinidae, del que se desconoce su papel en la flor. Es importante analizar si son plagas y evaluar otras variables relacionadas con la reproducción de estos árboles que son reguladores hídricos y están asociados con otras formas de vida, incluso las orquídeas. Perderlos ocasionaría una reacción en cadena.

Por último, es fundamental conservarlas in situ, en las áreas en donde las magnolias se distribuyen naturalmente, especialmente porque en un futuro habría reducciones en sus áreas favorables; también es necesario generar nuevos modelos para identificar los lugares más susceptibles, y corroborar que no se esté dando polinización entre individuos que son “familia” para evitar problemas genéticos.

La investigación  fue dirigida por la profesora Ligia Estela Urrego Giraldo, adscrita a la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín, y codirigida por la profesora Marcela Serna González, de la Facultad de Ingeniería del Tecnológico de Antioquia - Institución Universitaria.







viernes, 6 de diciembre de 2024

9 colegios rurales del Valle del Cauca son apadrinados por la UNAL para cerrar brechas

 Para facilitarles a los estudiantes la transición del bachillerato a la educación superior, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira capacita a los docentes y socializa material audiovisual en las instituciones públicas departamentales, en las cuales las matemáticas, la comprensión lectora y la gestión emocional representan los mayores retos. Menos del 5 % de los jóvenes supera los cursos de formación matemática, lo que refleja la urgente necesidad de una intervención.

Cada año cientos de estudiantes “primíparos” tienen dificultades al ingresar a la educación superior: la mayoría carece de hábitos de estudio y competencias básicas en lectura, escritura y matemáticas, lo que complica su adaptación a un entorno más exigente.

El problema no es solo académico, pues a este se suman aspectos afectivos o emocionales –como tener que dejar su casa para trasladarse a otra ciudad y conocer otra gente, otras rutinas– los cuales inciden con la concentración en el aula y la asistencia a clases.

La deserción universitaria tiene una de sus principales causas en el aprendizaje de las matemáticas; tanto es así, que de 400 estudiantes que inician un curso básico apenas 20 lo aprueban. Esto refleja no solo dificultades en los contenidos, sino también una carencia en aptitudes básicas de razonamiento y comprensión.

“La dependencia al uso de celulares y redes sociales causa desconcentración en clase, además de apatía hacia las actividades que implican realizar lecturas extensas o comprensión lectora, porque los estudiantes no cuentan con bases o competencias sólidas en estos procesos. También presentan dificultad para gestionar sus sentimientos, emociones y situaciones de estrés cuando empiezan a coincidir diferentes exigencias académicas como trabajos, exposiciones, parciales y demás”, explica la profesora Teresa Pontón, directora Académica de la UNAL Sede Palmira.

Los colegios rurales apadrinados como parte del proyecto colaborativo con la Gobernación del Valle del Cauca –para impulsar la educación superior y cerrar las brechas en el departamento– están ubicados en los corregimientos de El Cerrito, Potrerillo, Tablones y Rozo, en Palmira, así como en el municipio de Pradera; sin embargo, las diversas acciones implementadas por la UNAL en esta zona del país también benefician a otras instituciones de zonas aledañas.

Las matemáticas, el reto

En un reciente conversatorio organizado por la Dirección Académica de la UNAL Sede Palmira con maestros de los colegios públicos beneficiados y otros profesores rurales de la región se divulgaron las principales estrategias diseñadas para estudiantes y docentes, entre las que destaca la presentación de 14 videos didácticos con la resolución de los problemas matemáticos más frecuentes, los cuales se subieron a la cuenta oficial de YouTube de la UNAL.

Del mismo modo, con el objetivo de intercambiar iniciativas pedagógicas entre los colegios y la Universidad, se llevarán a cabo jornadas de capacitación dirigidas a los docentes de estas instituciones. Además, estos profesores y los tutores de la UNAL han abierto espacios de diálogo para identificar necesidades y adaptar los contenidos desde la educación media.

“Queremos que los colegios del Valle del Cauca sientan que forman parte de la UNAL, que haya una relación constante. Por ejemplo, si un colegio tiene énfasis agropecuario, la Universidad, con su fuerte componente en investigación, puede brindar apoyo en esos procesos”, señala la profesora Pontón.

Cabe destacar que el acompañamiento de la UNAL no se limita al momento del ingreso, sino que durante los dos primeros semestres se activa una red de apoyo que involucra a Bienestar Universitario, representantes estudiantiles y profesores, quienes tienen un papel fundamental en esta etapa, ya que deben asumir la responsabilidad de fortalecer la autonomía y las competencias básicas del estudiantado mediante el fomento del hábito de la lectura y la escritura, así como de la capacidad de interpretar y razonar, habilidades esenciales en matemáticas y otras disciplinas.

En una segunda fase, a través de la Dirección Académica la UNAL planea incluir profesores de educación media en el diseño de los nuevos materiales educativos para asegurarse de que estos respondan a los requerimientos específicos de los estudiantes.






miércoles, 4 de diciembre de 2024

Reconocimiento de derechos y reservas fluviales salvaría el Magdalena de amenazas ambientales

 La salud de los ríos de Suramérica, incluyendo el Magdalena, está en peligro debido a la contaminación, la deforestación y la construcción de hidroeléctricas, lo que pone en riesgo la biodiversidad y la importancia ecológica de sistemas fluviales como los humedales de La Mojana y las áreas costeras del mar Caribe donde desemboca. Experto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) hace un llamado urgente a restaurar y conservar este importante afluente del país, que pasa por 22 departamentos y 728 municipios.

Según el profesor Jhon Charles Donato Rondón, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), coautor del libro De los ríos suramericanos al río Magdalena publicado por la Editorial UNAL, “es importante reconocer el río y sus tributarios como una entidad natural sujeta a derechos de protección, conservación, mantenimiento y restauración a cargo del Estado y de las comunidades de la sociedad civil, como ya se hizo para el río Atrato”.

También considera que es urgente declarar como reserva fluvial la cuenca alta del río Magdalena y sus tributarios, en particular las lagunas de páramos como las glaciales, en donde nacen los sistemas fluviales. Hay que recordar que este nace a 3.685 msnm, en el Páramo de las Papas, ubicado en el macizo colombiano, una importante zona de montañas entre los departamentos de Huila y Cauca.

“Además es importante promocionar políticas para proteger las especies de peces migratorios (bocachico, bagre o nicuro) que son la base de la cadena alimenticia y que ofrecen uno de los servicios ecosistémicos más importantes del río como es su aporte de proteína de alta calidad para la población colombiana”.´

Así mismo, es fundamental proteger el delta fluvial de La Mojana y la depresión Momposina como reservas hídricas que sirven como hábitat para el desarrollo de poblaciones de peces (juveniles) y funcionan como zonas de regulación hidrológica natural del río en su cuenca baja (Magdalena, Atlántico, Bolívar y Sucre).

Y tal como afirma el experto, “de ninguna manera puede faltar la promoción de medidas para obligar a las empresas que utilizan los recursos hídricos y modifican los cursos de los ríos (hidroeléctricas), a cumplir con las normas de protección, tanto de los ciclos de vida de las especies migratorias de peces como de los ciclos hidrológicos del río que han afectado la disponibilidad de agua y los recursos pesqueros artesanales del país”.

Situación sobrediagnosticada, se necesitan acciones

Todas estas recomendaciones que el profesor Donato ofrece en el tercer capítulo del libro De los ríos suramericanos al río Magdalena surgen a partir tanto de su experiencia como investigador como de una exhaustiva revisión de documentos académicos y científicos que dan cuenta, entre  otros aspectos, de que el 80 % de la contaminación del Magdalena proviene de las actividades domésticas –es decir de aguas negras que se vierten a este afluente–, de la minería ilegal con el usos de químicos como el mercurio, de la deforestación y la urbanización.

Así mismo, la construcción de las represas El Quimbo y Betania, en el Huila, ha ocasionado que el78 % de la cuenca alta presente erosión crítica, es decir desgaste y desprendimiento de material del lecho y las laderas del río por la acción de las corrientes de agua; además en los últimos 40 años se ha presentado una reducción del volumen pesquero del 62,5 %.

De igual manera, estudios del Instituto Humboldt identificaron que el área de los humedales en el río Magdalena se ha reducido en un 24 % y que este cuenta con 233 especies de peces, de los cuales 158 (76 %) son autóctonos de estos ecosistemas, entre ellos pataló, bagre, bocachico, nicuro, piraña, sábalo y pez carpa. Actualmente solo hay una décima parte de los peces que se reportaban hace 30 años.

“El río Magdalena es un ejemplo claro de cómo la actividad humana puede afectar negativamente la salud de un ecosistema fluvial, por eso es importante tomar medidas no solo para preservar la biodiversidad sino también para garantizar el bienestar de las comunidades que dependen de ellos”, afirma el académico.

Ríos a fondo

El libro De los ríos suramericanos al río Magdalena describe 89 ríos agrupados en 23 capítulos y ofrece una visión detallada de la geología, hidrología, biodiversidad y la historia humana de cada una de estas cuencas fluviales.

Suramérica es hogar de algunos de los ríos más largos y biodiversos del planeta como el Amazonas, que atraviesa 7 países incluyendo Brasil, Colombia y Perú; el Paraná, que fluye a través de Brasil, Paraguay y Argentina, y el Orinoco, que pasa por Colombia y Venezuela.

Pese a su importancia, estos ecosistemas enfrentan numerosas amenazas, desde la contaminación y la deforestación hasta la construcción de represas y la sobrepesca. Muchos ríos del continente han sido contaminados por minería y descargas de aguas residuales de grandes ciudades y pueblos con inadecuadas plantas de tratamiento. Así mismo, muchos de ellos han sido severamente represados y no fluyen libremente, afectando la migración de peces.







lunes, 2 de diciembre de 2024

Hidrógeno “verde”, oportunidad de oro para Colombia que necesita mayor apoyo estatal

 “Como fuente energética, el hidrógeno verde es un vector energético que proviene de fuentes renovables y con cero emisiones de dióxido de carbono; su producción en Colombia tiene un gran potencial ya que el país cuenta con fuentes primarias como la hidráulica, la biomasa y la energía solar”, afirmó el ingeniero electricista Omar Prías, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), durante el I Congreso UNAL de Hidrógeno y Energías Renovables, organizado por la Facultad de Ciencias de la Institución

El experto en temas de eficiencia energética y fuentes renovables manifestó que el futuro de una nueva fuente de energía como el hidrógeno verde –o hidrógeno renovable– depende no solo de una buena política sino también de que se asignen presupuestos para desarrollar la tecnología que impulse su desarrollo en el corto, mediano y largo plazo.

“La ley de transición energética ya existe, pero el Congreso de la República debe integrarla en la política pública para definir quién produce, quién transporta y cómo se regula el hidrógeno. Es una decisión política que no puede esperar más”, dijo el académico.

En su opinión, el hidrógeno verde representa no solo una solución ambientalmente sostenible sino también una oportunidad de oro para diversificar la matriz energética y fortalecer la economía nacional, ya que se puede vender a países vecinos. Sin embargo, subrayó: “la clave está en tomar decisiones rápidas y bien fundamentadas antes de que esta oportunidad se nos escape”.

El académico enfatizó en que la planificación energética debe integrar incentivos tributarios y recursos suficientes para fomentar la producción y el uso del hidrógeno verde, y también advirtió que el desarrollo del hidrógeno verde requiere vigilancia tecnológica y prospectiva. “Aunque todo el mundo habla del hidrógeno, ¿cómo se va a producir, con qué máquinas, cómo se usará? Hay que hacer un seguimiento de las tecnologías, verificar casos de éxito y adaptar esas tecnologías a nuestras condiciones”.

Transición energética requiere inversiones billonarias

Otro invitado a la primera jornada del evento fue Arno van den Bos, ingeniero y analista de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena), organismo intergubernamental con más de 170 miembros y comprometida con liderar la transición energética global, quien expresó que “alcanzar un sistema energético sostenible sí es posible pero requiere de inversiones masivas, innovación y políticas públicas decididas. Si realmente queremos mantenernos en un mundo que no rebase los 1,5 oC debemos reducir drásticamente las emisiones del sector energético y de otros sectores esenciales”.

La Irena calcula que para 2050 la transición energética global requiere inversiones de 150 billones de dólares, de los cuales 80 billones deberán destinarse a energías renovables, 45 billones a eficiencia energética y 12 billones al desarrollo de hidrógeno verde.

“Es un reto pero también una oportunidad única para transformar nuestras economías y construir un futuro sostenible. Las energías renovables tienen costos operativos bajos pero requieren acceso a capital asequible para su implementación”, indicó el experto Van den Bos.

Según un informe de la Irena, para 2050 el consumo final de energía mundial debería reducirse significativamente mediante la implementación de medidas de eficiencia energética. La electricidad representa hoy solo un 29 % del consumo energético global, pero en un escenario de descarbonización debería alcanzar el 91 %.

Al respecto, el profesor Prías aportó que “en Colombia el carbón sigue siendo una oportunidad no solo de producir electricidad sino también de que las comunidades tengan de dónde vivir, pues muchas familias viven del carbón”.

De igual manera instó a la academia a jugar un papel más activo en este proceso. “La universidad tiene que investigar nuevas tecnologías, no solo desde lo académico sino también desarrollando soluciones prácticas. Si no lo hacemos seguiremos importando tecnologías listas y quedándonos con la tarea de limpiar los equipos”, precisó el experto Prías.

En esa afirmación coincidió el ingeniero Van den Bos de la Irena: “un mundo descarbonizado es posible, pero necesitamos actuar ahora. Para lograrlo es fundamental la cooperación entre Gobiernos, sector privado y sociedad”.

Urgen modelos energéticos sostenibles

El investigador Mirovan Sverko, del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), invitado al Congreso, centró su intervención en la importancia de no perder de vista el impacto del calentamiento global.

Recordó que este es impulsado principalmente por la acumulación de gases de efecto invernadero que ha llevado a un aumento promedio de la temperatura del planeta de 1,2 °C y no se puede sobrepasar de 1,5 °C, lo que quiere decir que si sigue aumentando así también lo hará el nivel del mar, lo que perjudicaría a la población.

“Este incremento, aunque aparentemente pequeño, tiene consecuencias catastróficas en los sistemas climáticos y en fenómenos meteorológicos extremos y pérdida de biodiversidad”, afirmó.

Agregó que el sector energético es uno de los mayores contribuyentes a este problema, ya que depende en gran medida de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural, cuya combustión libera a la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono y metano.

“Estas emisiones no solo intensifican el efecto invernadero, sino que además retrasan la transición hacia un modelo energético sostenible basado en fuentes renovables y limpias”, concluyó.







jueves, 21 de noviembre de 2024

De residuos de alimentos y hojarasca a energía y biochar

 Las 1.300 toneladas de alimentos que se desperdician cada año en el mundo son una gran fuente de energía “verde”, ya que pueden convertirse en gas metano y biochar, un carbón de origen vegetal. Con hojarasca y podas de jardines investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín han producido hasta 76 kilovatios de energía por hora, es decir casi la mitad del consumo medio mensual de un hogar colombiano. La iniciativa sería viable para el autoabastecimiento de centros comerciales y plazas de mercado.

El sistema desarrollado por los expertos de la UNAL Sede Medellín, la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia y la Universidad de La Guajira aprovecha los residuos de comida (considerados como húmedos) y los sobrantes vegetales como hojarasca y troncos, el producto de podas, mantenimiento de jardines y la industria agrícola, considerados como secos. 

Como caso de estudio se tomaron los desechos orgánicos del campus Robledo de la UNAL Sede Medellín, en donde cada año se generan alrededor de 2,3 kg de residuos de podas (troncos y hojas) y 19,5 kg de residuos de alimentos por persona por metro cuadrado. 

El profesor Farid Chejne Janna, líder del grupo de investigación Termodinámica Aplicada y Energías Alternativas (TAYEA), adscrito a la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, explica que “los residuos se sometieron a un ‘esquema híbrido’ que aplica tres tecnologías: pirólisis, gasificación y biodigestión, con las que probamos distintas temperaturas, tiempos y tamaños de la biomasa, entre otras variables”.

La pirólisis consiste en someter los residuos secos a altas temperaturas en ausencia de oxígeno para obtener biochar y algunas fracciones de líquidos; la gasificación en oxidar parcialmente la biomasa (también seca) y obtener un gas combustible; y la digestión anaerobia –en la que el grupo apenas está incursionando– implica utilizar bacterias para la degradación de los residuos húmedos. 

Michell Ortiz Cardona, estudiante del Doctorado en Ingeniería - Sistemas Energéticos y miembro del grupo TAYEA, menciona que “con el biochar obtenido de la pirólisis se podrían remediar o recuperar suelos dañados, ya que es un material rico en carbono; también serviría para optimizar el proceso de digestión anaerobia, con el que obtendríamos no solo biogás, sino también un subproducto que serviría como fertilizante”.

Agrega que el biochar también “secuestra” carbono, es decir que lo “guarda” en su interior evitando que pase a la atmósfera y se vuelva contaminante.

“A escala de laboratorio, y a 550 °C, encontramos que del 100 % de la biomasa seca que ingresa al reactor se puede obtener un 32 % de biochar”, destaca el investigador.

Con respecto a la digestión anaerobia de los residuos húmedos se hicieron ensayos en un reactor de 60 litros, con bacterias y a temperatura ambiente, obteniendo así un biogás compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono. 

“Obtuvimos un rendimiento aproximado de 2,1 litros de metano por cada kilogramo de residuos, otro buen resultado que, no obstante, mejora aún más cuando aplicamos biochar, pues se produce un 20 % más de metano”, añade. 

Oportunidad para centros comerciales y plazas de mercado

Para identificar el potencial de estos avances, los investigadores caracterizaron los sistemas urbanos de Medellín (centros comerciales, instituciones educativas y plazas de mercado), estimaron cuántos residuos sólidos generaba cada uno y qué tan prometedor sería un autoabastecimiento de energía. 

“Encontramos que las instituciones educativas y las terminales de transporte no generan una cantidad de residuos orgánicos suficiente ni diversa como la que necesitamos, mientras que los centros comerciales y las plazas de mercado sí serían buenos candidatos, no solo porque disponen alimentos sino también por la presencia de hojarasca”, cuenta Andrea Tamayo, docente del Colegio Mayor de Antioquia.

Por ejemplo una de las plazas con las que trabajaron genera 1.150 kilos de residuos orgánicos al día, y aunque tiene 5 composteras estas no logran gestionar todo lo que generan. 

“Lo importante en estos lugares sería adecuar un espacio lo suficientemente amplio para separar correctamente desde la fuente. Además sería esencial que por normativa todos estos sitios tuvieran que reportar sus cifras de generación de residuos y de consumo de electricidad, lo cual permitiría diseñar planes de acción más concretos y realistas que respondan a necesidades específicas”, señala la docente. 

Agrega que “aunque algunas cifras se están manejando confidencialmente, es importante hacer pedagogía, pues a futuro estos serán datos cruciales para hacer estudios de viabilidad técnico-financiera”.

Este proyecto, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (contrato ICETEX 2022-0666, convocatoria 890), continúa en desarrollo y se esperan resultados aún más favorables; además recibe apoyo de la Universidad de Antioquia y del Grupo EPM.









miércoles, 20 de noviembre de 2024

Corvina de Tumaco, entre los peces comerciales amenazados por los microplásticos

 El estudio adelantado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira en la bahía de Tumaco, ubicada en el extremo sur del Pacífico colombiano, reveló presencia de microplásticos en el contenido estomacal de 126 corvinas de 467 analizadas; el dato representa un desafío para la sostenibilidad pesquera en esta región del país, base de su economía y de su seguridad alimentaria.

Es importante recordar que la ingesta de fragmentos de plástico que miden menos de 5 mm puede provocar en estos peces la sensación de saciedad, que en el mejor de los casos los hace que queden mal alimentados y desnutridos, y en el peor de los casos les puede obstruir el estómago, causar lesiones en el tracto digestivo y exponerlos a contaminantes químicos.

Además, organismos internacionales como Naciones Unidas vienen llamando la atención sobre la necesidad de prestar mayor atención al potencial impacto para la salud humana de consumir peces que hayan ingerido microplásticos.

Ante este panorama, y como un ejercicio que busca ofrecerle al país evidencia científica sobre este problema de manera que sirva para establecer estrategias de manejo y conservación en zonas como Tumaco, los investigadores José Alejandro Vivas Sánchez y Guillermo Duque Nivia, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, y Esteban Gamboa García, del grupo de investigación en Ecología y Contaminación Acuática (Econacua), analizaron la ingesta intencional y no intencional de un grupo de corvinas.

La captura de corvinas se realizó entre 2020 y 2021 en 4 sitios de muestreo, utilizando artes de pesca artesanales como el anzuelo, la changa y el transmallo; también se contó con la colaboración de pescadores tumaqueños.

Cada espécimen fue identificado taxonómicamente, según su forma y tamaño, mientras que el peso, la frecuencia y composición de su contenido estomacal se analizó en el Laboratorio de Peces Ornamentales. Además se clasificaron los microplásticos presentes en función de su tipo y color.

De igual manera, para relacionar la dieta de los peces estudiados con las variables ambientales, se midieron parámetros como salinidad, temperatura y oxígeno disuelto en el agua en cada estación de muestreo.

Crustáceos, el alimento favorito de las corvinas

Los resultados indicaron que para el 92 % de las especies evaluadas, los crustáceos constituyen la principal fuente de alimento, por lo que representa un ítem de consumo constante y de gran importancia en el 80 % de los casos. El camarón blanco (Penaeus occidentalis) y el camarón tigre (Rimapenaeus byrdi) fueron las especies identificadas como la presa principal de tres especies de corvina: Stellifer typicusLarimus argenteus y Stellifer pizarroensis.

En los estuarios, los crustáceos, por ser organismos bentónicos (que viven en el fondo o cerca de él), actúan como un puente en la red alimentaria. Al consumir los camarones, las corvinas mezclan los nutrientes del fondo con aquellos de las zonas medias y superficiales donde nadan (red trófica pelágica). Esta conexión es vital, ya que permite que la energía y los nutrientes circulen desde las profundidades y mantengan la estabilidad y diversidad del ecosistema.

“El consumo de crustáceos más alto se presentó en la zona externa del estuario, asociada con una mayor salinidad, oxígeno disuelto y transparencia, lo que determina mayor abundancia y riqueza de este recurso”, menciona el ingeniero ambiental Vivas.

Con respecto a la ingesta incidental de microplásticos –es decir no intencional–, el análisis de 30 peces de 10 especies de corvinas (la mayoría de relevancia comercial) reveló que los tipos más comunes fueron las fibras transparentes (39 %) y las azules (36 %), que provendrían tanto del desgaste de los textiles y de la ropa al lavarla como del deterioro propio que sufren las mallas o las redes de pesca que van soltando esas fibras plásticas en los ecosistemas.

Según el investigador, “estas partículas microscópicas se estarían transmitiendo a través de la cadena alimentaria, afectando a los depredadores superiores en la bahía de Tumaco”.

Entre los efectos secundarios se encuentra la posible disminución en la tasa de crecimiento y el peso de los peces, es decir que podría haber “peces más pequeños y con menos carne”, amplía.

Estudios previos han documentado que la ingesta de micropartículas de plástico puede causar en los peces problemas morfológicos y reproductivos, así como obstrucciones y daños en su tracto digestivo, lo cual podría afectar la disponibilidad de este recurso para las comunidades locales​.

En Tumaco la pesca artesanal es el sustento para más de 5.000 familias; en 2022 produjo 1.917 toneladas de pescado, lo que representó el 9,66 % del total nacional.

La investigación destaca la importancia del monitoreo continuo de estos contaminantes, fundamental para proteger la biodiversidad y los medios de subsistencia en la región.








martes, 19 de noviembre de 2024

Residuos agrícolas se convierten en el sustrato ideal para cultivar hongos comestibles y nutritivos

 Desechos como bosta de caballo, hojarasca, boñiga de cordero, poda de pasto, tallos de frijol y aserrín resultaron ideales para cultivar hongos comestibles como el champiñón gris (Pleurotus pulmonarius) de la variedad orellana gris, capaces de prosperar en condiciones climáticas extremas. Por su sabor y textura esta especie es muy apreciada en Europa y Norteamérica, y en Colombia tiene un alto potencial para ser producida a escala comercial.

En los invernaderos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias adscritos al Semillero Hwa Investigando Hongos lideran un proyecto que combina sostenibilidad, aprovechamiento de residuos y biotecnología para producir hongos comestibles. 

En uno de los resultados prometedores avanza el estudiante de sexto semestre Javier Santiago Cortés, quien encontró en los residuos agrícolas unos aliados idóneos para producir el hongo gris, el cual se consume fresco o seco y se puede preparar de diversas maneras; se trata de un alimento nutritivo que, al ser incorporado en la dieta, ofrece salud y bienestar.

Entre sus atributos nutricionales se encuentra un alto contenido en proteínas y fibra, y bajo contenido en calorías y grasas; también es una fuente rica en vitamina B y minerales como potasio y cobre, y por si fuera poco cuenta con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y ayuda a reducir el colesterol y mejorar la salud cardiovascular.

De residuos a hongos comestibles

Para su trabajo, el estudiante Cortés inició con la identificación de residuos provenientes de procesos agrícolas y jardinería tales como estiércol de caballos, gallinas y corderos, y también resultado de la poda del pasto, la hojarasca, los tallos y vainas de frijol, aserrín y restos de maíz, que posteriormente se integraron en formulaciones experimentales de sustratos. 

La primera etapa de este proceso fue la inoculación, mediante la cual el hongo gris se propagó en granos de sorgo, mijo y cebada, utilizados como medios selectivos para que este creciera. 

“Estos granos no son solo un lugar donde se desarrolla P. pulmonarius, sino que además son una fuente de nutrientes que ayudan a que el micelio (parte vegetativa del hongo) se multiplique”, explica el estudiante.


En la segunda etapa, para la formulación de los sustratos utilizó 50 % de pasto picado y 50 % de hojarasca, y a su vez este último lo dividió en dos partes: “para la primera, que es una fuente de nitrógeno, agregamos un 20 % del desecho del cultivo del frijol y un 10 % de carbonato de calcio con el fin de regular las condiciones de acidez del sustrato, ya que a medida que el hongo va creciendo el pH va disminuyendo, lo que influye en su tamaño y en la cantidad que se genera”, anota.

La tercera etapa consistió en la fermentación –que duró alrededor de 20 días– y en el acondicionamiento, y se centró en laestabilización del sustrato, creando las condiciones ideales para el crecimiento del hongo, como por ejemplo absoluta oscuridad y una humedad promedio de entre 70 y 90 %.

Para la incubación el investigador utilizó bolsas inoculadas con el hongo gris que fueron incubadas durante 20 a 25 días antes de pasar al cuarto de fructificación, donde indujo el crecimiento mediante la adición de agua y el intercambio de aire.

Otro reto del experimento fue que el espacio no contaba con todas las condiciones idóneas, lo que le sirvió al magíster para evidenciar que, aunque P. pulmonarius se suele dar a una temperatura promedio de 20 °C y humedad del 75 %, también prosperó en condiciones extremas, como una temperatura de 6 °C en la madrugada y 42 °C al mediodía.

“El hongo gris se adaptó y produjo rendimientos superiores al 100 % en tamaño y cantidad. Para alargar la vida útil de este producto después de la cosecha es crucial mantenerlo entre 0 y 4 °C para prolongar su frescura hasta 20 días, dado su alto contenido de agua” anota el estudiante Cortés.

La investigación sienta las bases para optimizar el cultivo de hongos en contextos de recursos limitados y climas extremos, a los cuales se enfrentan cada vez más países como Colombia. “Esperamos que este proyecto no solo beneficie la producción agrícola, sino que además inspire a futuros investigadores. Queremos consolidar metodologías que combinen sostenibilidad, innovación y aprovechamiento de residuos”, subraya.

Otro aporte de su trabajo fue la identificación de hongos silvestres en áreas cercanas a Bogotá como el humedal La Conejera, en Suba, donde identificó más de 20 especies. “La meta es combinar extensión, bioprospección y producción, integrando el conocimiento técnico y la gestión ambiental para un impacto positivo de largo plazo”, concluye el joven investigador.