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miércoles, 10 de junio de 2026

Aves urbanas inspiran innovador cuaderno sobre biodiversidad

 La pigua que sobrevuela la cancha de fútbol, el titiribí pechirrojo que se deja ver cerca de Posgrados, o el currucutú que permanece oculto entre los árboles, inspiraron un cuaderno escolar que busca acercar a los niños y jóvenes al reconocimiento de la biodiversidad colombiana desde las aulas. La iniciativa surgió a partir de los proyectos de observación de aves urbanas desarrollados con la comunidad de Palmira (Valle del Cauca).

Estas y muchas otras especies habitan los árboles, jardines y zonas verdes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira y de la Reserva Forestal Bosque de Yotoco. Su presencia revela no solo la riqueza natural de la región sino también la importancia de conservar los ecosistemas y de fortalecer el vínculo de las nuevas generaciones con la biodiversidad.

En la cancha de fútbol del campus se puede observar la pigua (Daptrius chimachima), una llamativa ave rapaz que suele confundirse con un águila y que es una de las especies más visibles en Palmira, mientras que en el área de Posgrados se avista el titiribí pechirrojo (Pyrocephalus rubinus), cuyo plumaje rojo intenso convierte al macho en una de las aves más admiradas en jornadas de observación.

En los laboratorios y áreas arborizadas del campus también aparecen aves visitantes sorprendentes. Una de ellas es la piranga abejera (Piranga rubra), una especie migratoria boreal que viaja miles de kilómetros desde Norteamérica para refugiarse temporalmente en los bosques tropicales cuando el invierno llega al hemisferio norte.

Uno de los registros más especiales corresponde al carpinterito colombiano (Picumnus granadensis), una especie endémica de Colombia estrechamente asociada con el bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual se conserva menos del 10 % de su cobertura original.

Precisamente el hallazgo de esta especie dentro del campus marcó uno de los momentos más significativos para Nini Johanna Vivas Ascue, fotógrafa de naturaleza y estudiante de la Maestría en Administración de Empresas de la UNAL Sede Palmira, quien durante los últimos 4 años ha recorrido parques, bosques urbanos, reservas naturales y espacios universitarios del Valle del Cauca registrando aves con su cámara.

Su trabajo ha permitido documentar la presencia de aves como el pellar teru-teru (Vanellus chilensis), el carpintero pechipunteado (Colaptes punctigula), el canario coronado (Sicalis flaveola), la amazilia colirrufa (Amazilia tzacatl), el currucutú (Megascops choliba) y la cotorra cabeciazul (Pionus menstruus), entre muchas otras especies que habitan en el campus.

Un cuaderno para la biodiversidad

El producto central de la investigación de Nini Johana en la Maestría en Administración es “Colombia al natural”, el primer cuaderno homenaje a la biodiversidad natural cuyo objetivo principal será propiciar conexiones entre las personas y la naturaleza, una propuesta que combinará educación ambiental, divulgación científica y emprendimiento.

Las fotografías utilizadas son de su autoría y están acompañadas por información educativa sobre las especies representadas, datos sobre su comportamiento e importancia ecológica, recomendaciones para su conservación, el lugar donde fueron tomadas y nombres científicos, comunes y en inglés, como se registran tradicionalmente.

“Cuando tomo una fotografía siempre registro el lugar exacto donde la tomé, y lo incorporo en el cuaderno porque quiero que las personas sepan dónde encontrar esa especie y puedan visitar esos lugares, reconocerlos y conectar no solo con el ave sino con todo el contexto ambiental que la rodea”, explica la investigadora.

La idea de acercar a las personas a la naturaleza también dio origen a Rubinus, un emprendimiento creado por la investigadora que integra ciencia, arte y recreación como herramientas para la educación ambiental.

“La ciencia está representada en los procesos de educación ambiental y ciencia ciudadana; el arte, en la fotografía de naturaleza y en el trabajo desarrollado con artistas de la región para sensibilizar a la comunidad en temas ambientales, y la recreación en el uso de experiencias lúdicas, salidas de campo y actividades participativas para promover el aprendizaje”, señala.

Colección de 5 volúmenes

El primer volumen de la línea de cuadernos “Colombia al natural” estará conformado por 5 números inspirados en especies representativas de la biodiversidad colombiana: el titiribí pechirrojo, el currucutú, el mono aullador, la iguana verde y la pigua.

Además de las páginas convencionales de un cuaderno escolar, cada ejemplar incluirá una hoja para colorear la especie protagonista, stickers educativos y una tarjeta coleccionable con información sobre la etología de las aves, el estado de conservación y las características ecológicas de cada animal.

El diseño gráfico fue desarrollado especialmente para atraer la atención de niños y jóvenes, y la impresión será en papel ecológico, en coherencia con el mensaje de conservación que promueve el proyecto.

Según la investigadora, en julio comenzará el proceso de validación en tres instituciones educativas del departamento, en donde estudiantes y padres de familia evaluarán la propuesta y compartirán sus principales percepciones sobre el producto. La validación también incluirá la participación de observadores de aves de Palmira, quienes aportarán una mirada especializada sobre los contenidos desarrollados.

La meta para Nini Johana es desarrollar futuras colecciones temáticas dedicadas a las aves tanto migratorias como residentes, a las aves rapaces y otros componentes de la biodiversidad del país, con el objetivo de ampliar las oportunidades para que niños y jóvenes conozcan las especies que habitan sus territorios.

“La conservación comienza con algo tan sencillo como aprender a mirar. Las personas no pueden proteger aquello que no conocen. Cuando descubren las aves que viven cerca de ellas entienden que forman parte de un patrimonio natural que merece ser conservado por todos los servicios ecosistémicos que brindan a los humanos”, concluye la magíster.










lunes, 22 de abril de 2024

Más cemento y menos áreas verdes: así se configuran las áreas urbanas del Valle de Aburrá

 Mientras que entre 2016 y 2023 las áreas construidas dentro de las zonas urbanas se incrementaron –al pasar del 77,1 al 80,5 %–, los espacios destinados a pastos y árboles se redujeron: del 6,4 al 5,8 % y del 16,6 al 13,8 % respectivamente. Estos datos advierten sobre el riesgo de degradación de los ecosistemas urbanos y de la pérdida de beneficios sociales y ambientales que estos brindan.

La investigación, adelantada por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y de la Universidad de Antioquia, proporciona evidencia de que mientras las áreas construidas están aumentando su cohesión, las áreas verdes su fragmentación. Analizar este fenómeno y tenerlo en cuenta es importante, ya que su ocurrencia ocasiona la pérdida de conectividad entre ecosistemas afectando negativamente la biodiversidad.

El profesor Javier Mancera Rodríguez, del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín, explica que “por esta razón se vuelve más difícil que una especie pueda desplazarse en el territorio. Lo ideal sería tener áreas más compactas y de mayor tamaño y no unas más pequeñas y dispersas, que es lo que se observa entre 2016 y 2023”.

La fragmentación de áreas verdes abre la puerta a otras implicaciones como el cambio climático asociado con las islas de calor, que en el contexto local se presentan en el centro de la ciudad ante la cantidad de construcciones, cuyos materiales absorben y mantienen más el calor. Con la reducción de áreas verdes se pierden otros beneficios como la regulación climática y de escorrentía del agua.

También se encontraron diferencias en estos indicadores a lo largo de la zona urbana, las cuales pueden obedecer a factores socioeconómicos.

Los investigadores indican que “los sectores de mayores ingresos per cápita presentan más altos porcentajes de áreas verdes y menor densidad de construcción; al parecer, allí es donde tienen mayor efectividad las políticas públicas asociadas con la protección de las áreas verdes y hay mayor atención gubernamental y ciudadana”.

Para desarrollar el estudio se clasificaron pastos, árboles y áreas construidas, y el procesamiento de datos y análisis se realizó con softwares especializados y plataformas de sistemas de información geográfica y de procesamiento de imágenes en línea, usando inteligencia artificial, como Google Earth Engine.

Pastos, los grandes olvidados

Aunque en las políticas públicas y en el seguimiento a los ecosistemas los pastos son los grandes olvidados, ellos son indispensables en las fases iniciales del proceso de sucesión ecológica. La ingeniera ambiental Carolina Paniagua Villada, estudiante de la Maestría en Biología de la  Universidad de Antioquia, señala que “los vemos como rastrojo y maleza, pero en realidad ahí crece vegetación nativa que es muy útil para la fauna nativa”.

Al respecto, el profesor Jaime Andrés Garizábal Carmona, estudiante del Doctorado en Ecología de la UNAL Sede Medellín, agrega que “de hecho los rastrojos son la transición entre pastos y vegetación leñosa, y como no se regulan ni se les da valor, suelen ser aprovechados para la expansión urbana sin tener en cuenta que en ellos se alberga mayor diversidad en número de especies, sobre todo en fauna”.

El profesor Mancera agrega: “por estar más libres, esas zonas son las que se sacrifican más fácilmente la construir unidades residenciales, ya que es más fácil despejar el terrero sin importar el valor biológico que tienen. En las áreas con árboles las constructoras requieren de permisos”.

Para el investigador Garizábal, “la premisa de que Medellín es una ciudad verde se ha convertido en una ‘bandera política’ para decir que se están haciendo bien las cosas, que se están sembrando árboles, pero el estudio demuestra que son necesarios monitoreos más juiciosos y que debe haber un acercamiento más integral para detectar los cambios a tiempo y en toda la ciudad, no solo en algunas zonas verdes”.

“Por eso hay que generar información e indicadores sencillos como el número de parches verdes, y además hacer una planeación vinculando procesos sociales y ambientales”.

Recomendaciones

Una de las sugerencias de los investigadores es mejorar los monitoreos de áreas verdes para disminuir los efectos de la urbanización tanto en la biodiversidad como en el bienestar humano teniendo en cuenta que así es posible comprender las dinámicas del paisaje y mejorar la planificación urbana.

Además, replantear las prioridades, “ya que en el ordenamiento territorial se le ha dado mucha importancia a la parte estética, entonces, por sembrar árboles bonitos, normalmente se introducen especies exóticas y no se fijan en que sean propias de estos niveles altitudinales o de un rango de distribución”, llama la atención la investigadora Rodríguez.

En la investigación también participó Víctor Martínez Arias, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la UNAL Medellín y estudiante del Doctorado en Biología de la Universidad de Antioquia.

Un artículo con los resultados de la investigación se publicaron en Urban Ecosystems, la revista de mayor impacto internacional en ecología urbana, de la editorial Springer Link.