jueves, 2 de mayo de 2024

Pesca artesanal en el Pacífico nariñense, rumbo a un aprovechamiento sostenible

 Entre 2021 y 2024 unos 600 pescadores, aliñadoras y concheras de Tumaco recibieron capacitación tanto en buenas prácticas de manipulación (BPM) de la carne de pescado como en la elaboración de nuevos productos, entre ellos antipasto de piangua y filete de pescado apanado en harina de plátano. Este es uno de los resultados del proyecto “Fortalecimiento de la actividad pesquera artesanal en el Pacífico nariñense colombiano: hacia un aprovechamiento sostenible del recurso”, liderado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Tumaco.

Esta iniciativa, financiada con recursos del Sistema General de Regalías y que contó con la Universidad de Nariño como institución de educación superior cooperante, también aportó en el desarrollo del conocimiento y la información de las nuevas zonas potenciales de pesca –a través de la herramienta web Geopesca 2.0– y en el mejoramiento de la gestión organizacional del sector pesquero artesanal, mediante la creación de un documento de planeación.

También se destaca la publicación de la “Cartilla de resultados de la evaluación y verificación de las buenas prácticas de manipulación, pensados para los pescadores artesanales y las recolectoras de piangua del Pacífico nariñense”, y de un capítulo del libro Integración de conocimientos tradicionales e innovación digital: Un nuevo paradigma para la pesca artesanal costera en ciencias biológicas.

Así mismo se creó la marca TUMA.CO y se hizo un maracado énfasis en el diseño de empaques para los productos innovadores obtenidos en estos 4 años.

El cierre del proyecto marca el inicio de una nueva etapa en el impulso al sector empresarial de Tumaco, además de impactar positivamente en la competitividad y el desarrollo económico de los pescadores artesanales, las aliñadoras y las piangueras.

Silvia Magnolia Ordóñez, representante legal de la Asociación de Concheras Raíces del Manglar, expresó su agradecimiento a la Universidad por el significativo aporte del proyecto en las vidas de las mujeres piangueras y el impacto de los productos realizados para comercializar.

Intensa formación e interacción con las comunidades

El proyecto contó con la participación de docentes y profesionales calificados para asumir el reto de llevar a cabo los estudios diseñados alrededor de 3 objetivos específicos y 7 componentes, mediante un trabajo colaborativo e interinstitucional.

La profesora Adriana Muñoz, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL Sede Bogotá, enfatizó en que, “al generar conocimientos para la elaboración y el procesamiento de productos derivados de piangua y pescado, más los talleres de BPM, se afianzaron sus conocimientos y mejoraron el desarrollo de esta actividad”.

Así mismo, la profesora Ibeth Adriana Castellanos Alvarado, de la Facultad de Ingeniería y Administración de la UNAL Sede Palmira, indicó que “lo importante no es lo que está dentro de los empaques o envases ni la parte comercial, sino el valor que tiene el territorio: las capacidades de las personas para desarrollar productos y la ancestralidad de la pesca. Todo esto permitirá generar de ingresos a corto plazo, a través de un modelo de negocios con ingresos sustentables para las diferentes asociaciones de pescadores artesanales”.

De otra parte, Ricardo Oviedo, codirector de la Estrategia Participativa 1, resaltó que “mediante trabajo de campo y sondeos que no se habían realizado en los últimos 15 años se logró conocer las condiciones socioeconómicas de los pescadores y recolectoras de piangua de la región”.

“Por ejemplo, existen más 130 asociaciones de pescadores registradas en Cámara de Comercio de Tumaco, lo que denota gran dispersión y ausencia de asociatividad; la mayoría de los pescadores viven en el casco urbano de Tumaco”.

También se destaca que la actividad de pesca es étnica, es decir que inicialmente era una labor indígena, y ahora el 98 % de las comunidades afro la practican.

Biogás y biopolímeros

La profesora Luz Stella Cadavid, coordinadora del grupo de investigación Prospectiva Ambiental de la UNAL Sede Palmira y líder del desarrollo y la puesta en producción de la primera planta piloto para transformar residuos de la pesca artesanal (espinas, branquias y vísceras) en biogás y biometano, señala que “en Tumaco existen deficiencias en saneamiento básico y la práctica de botar los residuos al mar rompe el equilibrio ambiental y trae consecuencias tanto para las personas como para los animales”.

“Eso nos llevó a proponer un modelo que nos permita transformar residuos orgánicos en productos como biogás para aprovecharlos para producir ácidos grasos y fertilizantes para animales”.

Entre tanto, las profesoras Amanda Lucía Mora Martínez y María del Socorro Yepes, de la Escuela de Química de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Medellín, avanzan en el desarrollo de biopolímeros a partir de los excedentes y residuos de pesca.

“Este gran proyecto de investigación apuesta por ofrecer investigación aplicada y de impacto en las comunidades del Pacífico. La intención es articular las diferentes áreas del conocimiento con las personas involucradas en la economía circular”, dijeron las investigadoras.

Durante el evento, el profesor John Josephraj Selvaraj, director de la Sede Tumaco y del Instituto de Estudios del Pacífico de la UNAL, acompañó al equipo de docentes y profesionales involucrados en el proyecto y señaló: “es importante visibilizar los resultados y destacar el papel de las comunidades que lo hicieron posible como cocreadoras del proyecto de regalías”.







martes, 30 de abril de 2024

Biodiversidad de Supatá es fascinante: identifican 33 especies de anfibios y reptiles

 Además de la rana dorada de Supatá –que parece sacada de un cuento de hadas por su color dorado intenso–, allí se identificaron otras 32 especies entre lagartos, serpientes, salamandras, cecilias, sapos y ranas, entre ellas Hyloxalus, o rana venenosa, nueva para la ciencia. La información de estos hallazgos se recoge en la Guía ilustrada de los anfibios y reptiles de Supatá, Cundinamarca: Una herramienta para el empoderamiento comunitario, presentada en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

Con cerca de 4.600 habitantes, este municipio que queda unos 76 km al noroccidente de Bogotá, ya era reconocido por sus pintorescos paisajes y su ambiente tranquilo. Sin embargo no se tenía conocimiento de su verdadera riqueza en biodiversidad de anfibios y reptiles, hasta cuando el grupo Biología de Organismos Tropicales (BIOTUN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) inició sus investigaciones allí.

El descubrimiento comenzó con Bolitoglossa pandi, más conocida como salamandra de Pandi crema. Durante el trabajo de campo, el equipo acordó que cada vez que alguien avistara una salamandra debía gritar “salamandra”. Para su sorpresa, a los pocos minutos se escuchó casi un coro unificado de “salamandra, salamandra, salamandra…”, que les indicaba que esta especie era abundante en la zona.

“Fue muy sorprendente porque habíamos buscado esta salamandra en otros sitios de Cundinamarca y no era tan abundante”, mencionó la profesora María Argenis Bonilla Gómez, del Departamento de Biología de la UNAL, líder del proyecto.

Pero este fue solo el comienzo de una serie de descubrimientos. María Daniela Guevara, bióloga de la UNAL e integrante del equipo, como nativa de Supatá llevó a los demás investigadores a enamorarse del territorio y a seguir descubriendo especies similares que han contribuido a que Colombia sea reconocido como el segundo país con mayor biodiversidad de anfibios y el tercero en reptiles.

Estos animales desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas, pues consumen una gran variedad de presas, incluyendo insectos, arañas, roedores y otros animales pequeños que pueden ser portadores de plagas o enfermedades. Además, sirven como indicadores de la salud ambiental: su disminución en número o la presencia de deformidades puede ser una señal temprana de que el ecosistema está en peligro.

Un año de muestreos

El equipo se dedicó a investigar en una variedad de hábitats, entre ellos fragmentos de bosques, orillas de quebradas, pastizales, charcos permanentes, zonas de cultivo y áreas urbanas, en 3 zonas estratégicas del municipio: la Reserva Natural Cuzcungos, el alto Monterrey y la vereda San  Marcos. Allí, durante un año realizaron 3 “muestreos” que implicaron la recolección sistemática de datos sobre la presencia y distribución de las especies.

“El objetivo principal de las expediciones era localizar y documentar las especies presentes en la zona. Para identificarlas utilizamos información disponible en colecciones biológicas, y además contamos con la colaboración del herpetólogo José Luis Vieira, quien nos ayudó a capturar imágenes de alta calidad”, relata la bióloga Guevara.

Como resultado, registraron 15 ranas y sapos, 6 lagartos, 10 serpientes, una salamandra y una cecilia, para un total de 33 especies.

Anfibios

Entre las ranas y los sapos identificados se encontraron especies de 6 familias, entre las que se destacan: Aromobatidae o aromobátidos, cercanamente relacionados con las ranas venenosas; Bufonidae o bufónidos, de piel gruesa, seca y verrugosa; Centrolenidae o centrolénidos, conocidos como ranas de cristal debido a su cuerpo translúcido; y Craugastoridae o craugastóridos, también llamados ranas de lluvia, usualmente de piel café.

Además, se hallaron especímenes de la familia Hylidae, que incluye a las conocidas ranas arborícolas; y Dendrobatidae o dendrobátidos, también llamadas ranas venenosas o punta de flecha, entre las que se encuentra la rana dorada de Supatá.

“En esta última familia encontramos dos especies autóctonas del municipio y una nueva especie del género Hyloxalus, que resultó ser un descubrimiento significativo para la ciencia”, afirma el biólogo Juan Sebastián Curaca Fierro.

La famosa salamandra B. pandi también formó parte de la categoría de anfibios, junto con Caeciliidae o cecilia, que aunque se podría confundir con una serpiente, en realidad tiene una piel lisa similar a la de una lombriz.

Reptiles

Se encontraron 4 familias de lagartos: Alopoglossidae o lagarto pechirrojo, que son lagartijas pequeñas, generalmente de menos de 10 cm de longitud y con ojos muy pequeños; Dactyloidae, también conocido como camaleón porque puede oscurecer su piel hasta tonos café oscuro, y Sphaerodactylidae o salamanquesa, que es de color marrón y su cuerpo está cubierto por escamas pequeñas.

Por último, entre las familias de serpientes identificadas está Colubridae, popularmente llamada cazadora verde de montaña o serpiente lomo de machete; no es venenosa y su dorso suele ser de color verde oscuro, mientras que su vientre es amarillo. Por otro lado está la familia Elapidae, en la que se encuentran las serpientes más venenosas.

El resultado tangible de este esfuerzo es la Guía ilustrada de los anfibios y reptiles de Supatá, Cundinamarca: Una herramienta para el empoderamiento comunitario, publicación que busca no solo educar a la comunidad sino también inspirar acciones concretas para la conservación de estas especies y los ecosistemas que las sustentan.





lunes, 29 de abril de 2024

Conectar ciencia y tecnología para resolver problemas sociales: la apuesta de la UNAL

 A través de la Dirección de Investigación y Extensión, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) juega un papel crucial en la conexión de actores del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación (CTeI), mediante el Centro Méntor. Hoy en el evento Deep Tech se reconocieron proyectos nacionales de alto impacto que buscan optimizar procesos productivos, reducir emisiones de CO2 con cementos descontaminantes, y desarrollar tecnologías para proteger y gestionar recursos naturales como el agua, entre otros.

La UNAL cuenta con 1.013 grupos de investigación que tienen un alto potencial de desarrollo científico y tecnológico. Cuando estos investigadores se conectan con otros actores del ecosistema de CTeI se produce un efecto que los expertos denominan “multiplicador”, el cual permite que ese conocimiento profundo salga del ámbito académico y se aplique a la resolución de problemas sociales.

La profesora Olga Janneth Gómez Ramírez, directora de Investigación y Extensión/Méntor, explica que “el Deep Tech es una tendencia mundial que busca, precisamente, que ese conocimiento, con la ciencia avanzada y las tecnologías convergentes, sea una oportunidad de resolver los profundos problemas que existen en el mundo, como por ejemplo la contaminación”.

“Colombia es un país con un gran potencial científico y tecnológico. Tenemos el talento humano y los recursos naturales para convertirnos en un líder regional en innovación. Lo que necesitamos es trabajar juntos para crear un ecosistema que apoye el desarrollo de nuevas tecnologías y soluciones a los grandes desafíos que enfrenta nuestro país”.

El evento contó con la participación de investigadores, empresarios y conferencistas de innovación, quienes discutieron sobre los últimos avances en investigación científica y tecnológica en Colombia y las oportunidades para la innovación.

En su intervención, el economista Juan David Castaño, vicepresidente de Fortalecimiento Empresarial de la Cámara de Comercio de Bogotá, compartió preocupantes estadísticas sobre la tasa de supervivencia y crecimiento de las empresas en Colombia, subrayando que “cerca de 76 empresas de las 100 que se crearon en 2023 dejarán de existir para el 2028. Pero lo realmente preocupante es que de las 24 que quedan, 23 no crecerán en el tiempo”.

Al respecto, señaló que para el crecimiento empresarial existen 4 grandes obstáculos: altas tasas de informalidad, baja productividad, economía cerrada y escasa inversión en innovación.

Y agregó: “Bogotá Región tiene unas 500.000 empresas, de las cuales solo unas 2.400 exportan porque tampoco innovan para mercados internacionales, y es ahí donde nosotros vemos una enorme potencialidad a esta conversación”.


Por eso esta estrategia diseñada por la Universidad a través de Méntor ha tenido una gran acogida. “Lo que buscamos es apoyar el desarrollo de tecnologías profundas en Colombia
ofreciéndoles a los investigadores y emprendedores acceso a recursos y servicios para que puedan convertir sus ideas en productos y servicios comerciales”, precisó la profesora Gómez.


Premiaciones

Durante el evento se premiaron 16 tecnologías destacadas y spin-offs colombianas, entre ellas el proyecto Entopro, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL, dirigido por la profesora Karol Bibiana Barragan, que busca mejorar los procesos productivos en el agro y a su vez capacitar a las comunidades locales.

Entopro se apoya en tecnología para producir insectos como la mosca soldado negra, que procesa grandes volúmenes de residuos orgánicos transformándolos en proteína animal y biofertilizantes. Estos insectos son capaces de consumir una amplia variedad de residuos orgánicos, como restos de comida y subproductos agrícolas.

“Estos premios son importantes porque quienes dedicamos nuestras vidas a investigar, nos encontramos con barreras que merecen la pena ser reconocidas”, concluyó la profesora Gómez.

 




 




jueves, 25 de abril de 2024

Bore, arcilla y carbón activado, materia prima de filtro purificador de agua

 
El filtro tiene forma de vasija o maceta con poros, a través de los cuales se filtra el agua con impurezas provenientes del suelo, la minería y la agricultura. El sistema se diseñó para solventar la necesidad que tienen al menos 20 integrantes de una comunidad indígena en la vereda Sipirra, en el municipio de Río Sucio (Caldas), cuyo acceso a una planta de tratamiento es limitado.

El almidón de bore tiene características únicas, con gránulos más pequeños que los de otros almidones como el de maíz, yuca y papa. Al aplicarse en agua, reduce el exceso de oxígeno en un 96 % y aclara la turbidez en un 97 %, conocida como agua oscura por la tierra o contaminación industrial.

La vasija se elaboró con la misma arcilla que la comunidad indígena utiliza en sus artesanías, pero más allá de darle forma al filtro, su uso radica en el alto potencial como adsorbente de metales pesados, por ejemplo.

“Esta pasó por un proceso meticuloso que incluyó secado al aire libre, limpieza de material orgánico, trituración a mano, tamizado, remojo, amasado y moldeado. El grosor de la vasija alcanzó los 2 cm, asegurando su robustez y eficiencia en el filtrado”, destaca la investigadora.

Con respecto al tercer protagonista de esta innovación, el carbón activado, la magíster anota que este se utilizó para potenciar el proceso de purificación. “Este material, que también tiene una alta capacidad para adsorber impurezas, se dispuso en una capa de 2 cm dentro de la vasija de arcilla”.

“El diseño del filtro incluyó un tanque plástico de 50 cm de altura y 25,5 cm de diámetro, con capacidad de 10 litros. La vasija de arcilla, con una boca de 26 cm de diámetro en la parte superior, una base de 18 cm y una profundidad de 23 cm, encajó perfectamente en el tanque de almacenamiento”, agrega.

Así funciona

Luego de determinar las dosis óptimas de coagulante y floculante mediante ensayos de jarras, se recolectó una muestra de 6 litros de agua en un frasco estéril y se mantuvo a 6 °C para preservar  su integridad. En la fase de filtración se aplicó una capa adicional de 2 cm de carbón activado dentro de la vasija de arcilla.

El agua recolectada se introdujo en la vasija, la operación se repitió en tres ocasiones para garantizar una filtración completa y eficaz. El líquido filtrado se almacenó en el tanque de plástico, listo para su consumo seguro.

Como parte del control de calidad, se tomaron muestras del agua filtrada para someterlas a pruebas fisicoquímicas y microbiológicas, asegurando su idoneidad para el consumo humano. “Este meticuloso proceso garantiza la obtención de agua potable de calidad, vital para el bienestar de la comunidad”, subraya la investigadora, quien forma parte de las comunidades indígenas del municipio Cañamomo y Lomaprieta, y con esta innovación busca retribuir sus conocimientos científicos en el territorio.

El poder clarificador del bore

Para obtener almidón de bore, la investigadora peló y lavó el tallo, luego los cortó en cubos que se licuaron en 3 ciclos de 20 segundos hasta desintegrarse por completo. La suspensión resultante pasó 3 veces por un filtro de 180 micrómetros para purificarla adecuadamente.

Después de decantarla durante 12 horas, se centrifugó a 5.000 revoluciones por minuto durante media hora, extrayendo el sobrenadante cada 15 minutos para eliminar impurezas. El material seco se puso 8 horas en un horno a 45 ºC y se tamizó hasta obtener un polvo homogéneo.

Se realizaron pruebas con diferentes concentraciones de sulfato de aluminio y almidón acetilado para encontrar las óptimas. Se midió la turbidez y el pH después de agitar y decantar. Se determinaron las dosis óptimas que se aplicaron 6 veces más antes de caracterizar el agua.






miércoles, 24 de abril de 2024

Agroecología, práctica campesina de resistencia latinoamericana

 Junto al Movimiento sin Tierra (Brasil) o el Programa Nacional de Transición Agroecológica y Patrimonio Biocultural (Oaxaca, México), Colombia cuenta con las Zonas de Reserva Campesina de Pradera, y entre ellas Tuluá (Valle del Cauca) y el resguardo indígena Kwet Wala (Pradera) son ejemplos de resistencia que realizan las comunidades indígenas y campesinas para asegurar la comida, ofreciendo propuestas basadas en los principios de la agroecología.

Tales experiencias se recogen en el libro El problema agrario en Colombia y propuestas de resistencia desde la agroecología latinoamericana, una de las novedades que presenta la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

La publicación, cuyos editores académicos son: Wilson Sánchez, estudiante del Doctorado en Agroecología de la Sede Palmira, y Álvaro Rivas, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá, analiza con una postura crítica las dificultades agrarias del país, y destaca la resistencia y el papel de las comunidades campesinas.

Con su enfoque integral y su arraigo en los saberes y prácticas comunitarias, la agroecología se presenta en el libro como un modelo esperanzador para la preservación de la vida en el planeta, ya que garantiza la comida, la defensa y protección y el cuidado de la vida.

Precisamente desde tiempos inmemoriales la agroecología ha sido la piedra angular de la alimentación humana, una práctica arraigada en las comunidades rurales que ha garantizado no solo la subsistencia sino también la abundancia de comida para todo el planeta.

En contraste con este legado ancestral, “el sistema de producción de alimentos predominante en el mundo, que acumula más del 80 % de la mejor tierra en el planeta, produce entre el 15 y el 20 % de la comida, mientras que las comunidades campesinas rurales, que apenas cuentan con el 15 al 20 % de la tierra, son responsables del 80 al 90 % de la producción de comida en el mundo”, afirma el ingeniero agrónomo, Reinaldo Giraldo Díaz, doctor en Agroecología de la UNAL Sede Palmira, uno de los coautores del libro.

Este paradójico panorama revela una verdad incómoda y propone la agroecología como una alternativa capaz de producir la comida de la población mundial en armonía con la naturaleza y sin contribuir al calentamiento global ni a la degradación de los suelos, de donde proviene el 80 % de los alimentos.

Según el experto, “la agroecología ofrece una visión integral en la cual la comida es parte del tejido vital de la comunidad y del territorio”.


Desde una perspectiva que entrelaza historia, filosofía y saberes ancestrales, los autores invitan a “cuestionar las dicotomías impuestas por el sistema hegemónico de producción de alimentos y a reconectar el cuerpo con los ecos, las vibraciones y las resonancias del cosmos”, en medio de lo que denominan “descampesinización” o desaparición gradual del campesinado que se viene configurando en la sociedad, trayendo como consecuencia la pérdida de conocimientos tradicionales, la disminución de la producción agrícola y la desaparición de formas de vida comunitaria.

El problema agrario, más de 500 años sin resolver

En el trasfondo de los campos colombianos y la tenencia de la tierra se teje una historia que se remonta a los tiempos de la conquista y la colonización de América, hasta la mitología griega, una narrativa a la que acude el coautor Giraldo para explicar las profundas conexiones que por siglos ha existido entre el poder, la tierra y la resistencia, en la que figuras como Heracles y Gea representan la lucha entre el poder y el territorio.

La obra hace un análisis multidimensional del problema agrario, con las comunidades rurales como protagonistas de la defensa del territorio y la vida comunitaria. Desde la resistencia a los modelos dominantes –con la expansión del agronegocio, la minería y la pesca industrial– hasta la promoción de la agroecología como una alternativa vital, los autores brindan herramientas para enfrentar los desafíos contemporáneos y construir en “el aquí y ahora” formas de fluir con la vida.

Con miras al futuro de la agricultura en Colombia, este libro se presenta como una herramienta para las comunidades rurales, un testimonio de su sabiduría ancestral y una guía para la defensa de la vida en el planeta.

 








martes, 23 de abril de 2024

Urge cambio de mentalidad ante inminente crisis climática mundial

 “No basta con preocuparse, hay que generar una nueva cultura y hacer la transición hacia una economía sostenible para detener la sexta extinción masiva”, esta una de las principales consignas del libro ¿Cambio climático o crisis civilizatoria?, del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), presentado en la Feria del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

En las últimas tres décadas se ha acumulado evidencia irrefutable del impacto humano en la crisis climática. Desde el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera hasta el ascenso del nivel del mar y la intensificación de eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones y tormentas se han vuelto más frecuentes e intensos, y según los autores del libro “tienen huellas presentes de la actividad humana”.

El libro reúne 9 capítulos abordados por profesionales de diferentes disciplinas, entre ellas física, medioambiente, derecho y filosofía. Los autores plantean la idea de que “la civilización occidental nació con una mentalidad de explotación desenfrenada de los recursos naturales, una economía que ignora los límites del planeta y una cultura que desprecia el conocimiento ancestral”.

Los primeros capítulos de Cambio climático o crisis civilizatoria son un tributo in memoriam del legado del profesor y ambientalista Ernesto Guhl Nannetti, una figura destacada que dedicó su vida a la promoción del cuidado del medioambiente y el desarrollo sostenible. Además fue un promotor incansable de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo del IDEA.

En los capítulos siguientes se cuestiona desde diferentes perspectivas la visión “antropocéntrica” que ha dominado la cultura occidental poniendo al ser humano como el centro del universo y con derecho a disponer de los recursos naturales a su parecer.

“En la mayoría de las religiones se cree que somos el centro; que el universo fue hecho para nosotros y que podemos gastarlo sin medida. Por otro lado, hemos llegado a creer en la ciencia y la tecnología como las ‘verdades reveladas’ y no tenemos en cuenta todo ese conocimiento ancestral,’ que viene de milenios; por eso estamos acabando con las esculturas ancestrales”, precisa el profesor Jairo Giraldo Gallo, del departamento de Física de la UNAL, editor de la obra.

Señala además que “la humanidad no solo está acabando con la naturaleza sino también con la cultura, y este es el tercer punto de la crisis de múltiples factores que destaca la obra”.

Por eso sostiene que “estamos ante una ‘policrisis’ que requiere una respuesta integral y urgente, y que además requiere un cambio de mentalidad sobre la idea de que los recursos son infinitos, pues es realmente insostenible”.

Durante la presentación del libro, los profesores de la UNAL: Gregorio Mesa Cuadros, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, y Víctor Reyes Morris, de la Facultad de Ciencias Humanas, además de Carlos Eduardo Maldonado, de la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque, coincidieron en señalar la clara necesidad de una nueva economía, una economía ecológica que esté en armonía con la naturaleza y que reconozca los límites de los recursos del planeta.

Aunque individualmente no podemos hacer nada para frenar la crisis, el profesor Giraldo reitera que “la unión y la fuerza colectiva logran cambios de gran impacto”.

“Debemos apoyar los movimientos en defensa del medioambiente y darles orientación a los jóvenes sobre cuál es el verdadero problema; esto no se basa solo en consignas, hay que entender el dramatismo. Así podemos aportar a una posible solución”, puntualiza.

También trabajaron en la construcción de esta obra los profesores Clemente Forero Chaparro, Paula Andrea Arias, Germán Poveda, José Fernando Isaza Delgado y Ernesto Guhl.


 




lunes, 22 de abril de 2024

Más cemento y menos áreas verdes: así se configuran las áreas urbanas del Valle de Aburrá

 Mientras que entre 2016 y 2023 las áreas construidas dentro de las zonas urbanas se incrementaron –al pasar del 77,1 al 80,5 %–, los espacios destinados a pastos y árboles se redujeron: del 6,4 al 5,8 % y del 16,6 al 13,8 % respectivamente. Estos datos advierten sobre el riesgo de degradación de los ecosistemas urbanos y de la pérdida de beneficios sociales y ambientales que estos brindan.

La investigación, adelantada por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y de la Universidad de Antioquia, proporciona evidencia de que mientras las áreas construidas están aumentando su cohesión, las áreas verdes su fragmentación. Analizar este fenómeno y tenerlo en cuenta es importante, ya que su ocurrencia ocasiona la pérdida de conectividad entre ecosistemas afectando negativamente la biodiversidad.

El profesor Javier Mancera Rodríguez, del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín, explica que “por esta razón se vuelve más difícil que una especie pueda desplazarse en el territorio. Lo ideal sería tener áreas más compactas y de mayor tamaño y no unas más pequeñas y dispersas, que es lo que se observa entre 2016 y 2023”.

La fragmentación de áreas verdes abre la puerta a otras implicaciones como el cambio climático asociado con las islas de calor, que en el contexto local se presentan en el centro de la ciudad ante la cantidad de construcciones, cuyos materiales absorben y mantienen más el calor. Con la reducción de áreas verdes se pierden otros beneficios como la regulación climática y de escorrentía del agua.

También se encontraron diferencias en estos indicadores a lo largo de la zona urbana, las cuales pueden obedecer a factores socioeconómicos.

Los investigadores indican que “los sectores de mayores ingresos per cápita presentan más altos porcentajes de áreas verdes y menor densidad de construcción; al parecer, allí es donde tienen mayor efectividad las políticas públicas asociadas con la protección de las áreas verdes y hay mayor atención gubernamental y ciudadana”.

Para desarrollar el estudio se clasificaron pastos, árboles y áreas construidas, y el procesamiento de datos y análisis se realizó con softwares especializados y plataformas de sistemas de información geográfica y de procesamiento de imágenes en línea, usando inteligencia artificial, como Google Earth Engine.

Pastos, los grandes olvidados

Aunque en las políticas públicas y en el seguimiento a los ecosistemas los pastos son los grandes olvidados, ellos son indispensables en las fases iniciales del proceso de sucesión ecológica. La ingeniera ambiental Carolina Paniagua Villada, estudiante de la Maestría en Biología de la  Universidad de Antioquia, señala que “los vemos como rastrojo y maleza, pero en realidad ahí crece vegetación nativa que es muy útil para la fauna nativa”.

Al respecto, el profesor Jaime Andrés Garizábal Carmona, estudiante del Doctorado en Ecología de la UNAL Sede Medellín, agrega que “de hecho los rastrojos son la transición entre pastos y vegetación leñosa, y como no se regulan ni se les da valor, suelen ser aprovechados para la expansión urbana sin tener en cuenta que en ellos se alberga mayor diversidad en número de especies, sobre todo en fauna”.

El profesor Mancera agrega: “por estar más libres, esas zonas son las que se sacrifican más fácilmente la construir unidades residenciales, ya que es más fácil despejar el terrero sin importar el valor biológico que tienen. En las áreas con árboles las constructoras requieren de permisos”.

Para el investigador Garizábal, “la premisa de que Medellín es una ciudad verde se ha convertido en una ‘bandera política’ para decir que se están haciendo bien las cosas, que se están sembrando árboles, pero el estudio demuestra que son necesarios monitoreos más juiciosos y que debe haber un acercamiento más integral para detectar los cambios a tiempo y en toda la ciudad, no solo en algunas zonas verdes”.

“Por eso hay que generar información e indicadores sencillos como el número de parches verdes, y además hacer una planeación vinculando procesos sociales y ambientales”.

Recomendaciones

Una de las sugerencias de los investigadores es mejorar los monitoreos de áreas verdes para disminuir los efectos de la urbanización tanto en la biodiversidad como en el bienestar humano teniendo en cuenta que así es posible comprender las dinámicas del paisaje y mejorar la planificación urbana.

Además, replantear las prioridades, “ya que en el ordenamiento territorial se le ha dado mucha importancia a la parte estética, entonces, por sembrar árboles bonitos, normalmente se introducen especies exóticas y no se fijan en que sean propias de estos niveles altitudinales o de un rango de distribución”, llama la atención la investigadora Rodríguez.

En la investigación también participó Víctor Martínez Arias, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la UNAL Medellín y estudiante del Doctorado en Biología de la Universidad de Antioquia.

Un artículo con los resultados de la investigación se publicaron en Urban Ecosystems, la revista de mayor impacto internacional en ecología urbana, de la editorial Springer Link.






viernes, 19 de abril de 2024

Morichales jóvenes estarían desarrollando resistencia al fuego

 El moriche (Mauritia flexuosa), especie de palma autóctona de la Amazonia y la Orinoquia, estaría desarrollando adaptaciones anatómicas como respuesta a los incendios forestales sucedidos en el Parque Nacional Natural El Tuparro (Vichada). Investigación destaca la resiliencia de la planta naciente y sus potenciales mecanismos de resistencia frente a las conflagraciones, contribuyendo a entender su papel ecológico en la región.

Los morichales son considerados como los guardianes de la Sabana, ya que suelen estar en tierras bajas con suelos inundados y alto contenido de materia orgánica de baja descomposición y pH ácido; por eso su presencia es indispensable para el ecosistema, ya que actúan como un gran reservorio de agua y minerales, y además son la base de la alimentación, la ropa y la construcción de muchas comunidades indígenas de la región.

Esta palma se encuentra ampliamente distribuida cerca de las cuencas de la Orinoquia, por lo que su presencia ha sido habitual en el Parque El Tuparro, el cual alberga una amplia variedad de ecosistemas –entre ellos sabanas, bosques y humedales– en sus 548.000 hectáreas.

El estudio realizado por la bióloga Carolina Pachón Venegas, magíster en Ciencias – Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se centró en las características anatómicas de las palmas de moriche en estado de plántula y juvenil, presentes en las áreas del Parque afectadas por incendios ocurridos entre 1 y 3 años antes de tomar las muestras.

El objetivo de la investigación fue identificar cuáles adaptaciones de la especie le podrían ayudar a resistir o recuperarse de los incendios, y efectivamente en dichas plantas jóvenes encontraron una sustancia “retardante al calor”.

Incendios forestales como parte del paisaje

El Parque Natural Nacional El Tuparro es reconocido por su rica biodiversidad, con numerosas especies de flora y fauna, muchas de ellas endémicas de la región, como el moriche; sin embargo, durante los últimos años ha afrontado varios desafíos ambientales, entre ellos el impacto de la deforestación, el cambio climático y los incendios forestales.

En 2007, un informe del Instituto Humboldt destacó que el Parque ha sido víctima del fuego desde hace varios años, situación que se ha venido normalizando.

Por ejemplo, entre el 20 y el 24 de febrero de 2019 un incendio destruyó más de 16.000 hectáreas, y en enero de 2023 las llamas consumieron 8.000 hectáreas más. Estas conflagraciones presentaron 18 focos de fuego, y esa es una de las razones por las que se escogió el moriche, también conocido como burití (Brasil), ita (Guyana), morete (Ecuador), canangucho (Colombia) y aguaje (Perú).

Un pequeño “superpoder” hallado

“En el estudio analizamos muestras de palmas en diferentes estados de crecimiento y que fueron sometidas tanto a fuegos recientes (menos de 1 año) como a fuegos no recientes (entre 3 y 5 años). Al compararlas, encontramos que en su estructura no se presentaban diferencias significativas en términos de la anatomía de las hojas, los peciolos, vainas y raíces de las plantas en estado de plántula y juvenil”, explica la bióloga Pachón.

Y agrega: “esto sugiere que la anatomía de la especie se ha mantenido consistente a lo largo de su desarrollo, a pesar del antecedente del fuego, por lo que analizamos sus tejidos, y el hallazgo más notable fue la mayor presencia de taninos en las hojas de las palmas expuestas a incendios recientes, lo que indicaría un posible mecanismo de resistencia, ya que se sabe que los taninos actúan como retardantes del fuego en otras especies de plantas”.

El estudio también destacó la importancia de comprender las adaptaciones anatómicas del moriche en el contexto de su papel ecológico: “la especie es crucial en la prestación de servicios ecosistémicos como el secuestro de carbono, el movimiento del agua y la filtración de aguas subterráneas”, indica la profesora Fagua Álvarez, del Departamento de Biología de la UNAL Sede Bogotá, directora de esta investigación.

Señaló además que “es importante considerar el impacto de los incendios en el papel ecológico de la especie, pues al provocar aridificación del suelo se pierde la biodiversidad y disminuyen los servicios ecosistémicos; por eso entender cómo las especies se adaptan a los incendios y se recuperan de ellos da una información valiosa sobre los mecanismos de resiliencia de otras especies de plantas en ecosistemas similares”.

El estudio subraya la importancia de preservar áreas naturales como el Parque El Tuparro y sus ecosistemas únicos. Al proteger estas áreas, los esfuerzos de conservación pueden ayudar a mantener la biodiversidad y el equilibrio ecológico de la región, asegurando la supervivencia de flora tan importante como los morichales, y con ellos las diferentes especies animales a los que la planta les ofrece refugio, alimentación y zonas de anidamiento.

Este estudio sirve como punto de partida para futuras investigaciones sobre las implicaciones ecológicas y evolutivas del fuego en el hábitat de la palma moriche.






jueves, 18 de abril de 2024

Con liberación de 11 cocodrilos del Orinoco se completa plan “salvavidas”

 Casi un año después de entregarle al Orinoco 14 ejemplares de Crocodylus intermedius, liberados en el río Tomo del Parque Nacional Natural El Tuparro (Vichada), el pasado 12 de abril, y después de varios días de trabajo, la misión se completó con la liberación de 11 ejemplares más, para un total de 20 hembras y 5 machos que ya están disfrutando su vida silvestre en los Llanos Orientales.

El caimán llanero o cocodrilo del Orinoco es una especie autóctona del país que en 1984 fue declarada como en “Peligro crítico extinción”, categoría ratificada por Colombia mediante la Resolución 676 del 21 de julio de 1997, expedida por el entonces Ministerio del Medio Ambiente. Para ese año quedaban unos pocos ejemplares debido a la caza indiscriminada de la que fueron objeto los cocodrilos entre las décadas de 1930 y 1950 para exportar sus pieles.

El reptil considerado como el mayor depredador de América Latina alcanza una longitud de 7 m y es la única especie cuya distribución está contenida en una sola cuenca hidrográfica: la de Orinoco.

Con el propósito de conservar la especie, desde hace más de 10 años la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en Villavicencio, viene desarrollando un proyecto salvavidas para reintroducir especímenes a la vida silvestre, iniciativa que hoy ya es una realidad con la incorporación de estos grandes reptiles en su hábitat natural, trabajo adelantado con Parques Nacionales Naturales y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

“Los individuos tienen entre 13 y 15 años, nacieron en cautiverio, fueron incubados y protegidos en la Estación Roberto Franco, y después de varios años de planeación, estudios de su ADN (para determinar su entorno ideal) y análisis de su comportamiento de transición (instinto de caza), evidenciamos que ya estaban listos para liberarlos junto con los 14 soltados el año pasado”, señala el profesor Carlos Moreno, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL Sede Bogotá.

El docente, quien es el actual director de la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, destaca el apoyo en este proyecto de WCS Colombia, el Ejército Nacional, la Fuerza Aérea, la Defensa Civil de Colombia y el Parque Merecure.

De las 8 hembras y 3 machos liberados en esta ocasión, a 5 se les instalaron transmisores satelitales para hacer seguimiento en tiempo real de su estado y comportamiento. “En los monitoreos de los reptiles liberados previamente se encontró un desplazamiento de no más de 40 km, lo que indica que están muy a gusto en esta área, pues ellos podrían moverse mucho más”, añade el académico Moreno.

Un beneficio para el ecosistema y la comunidad

Willinton Martínez Barreto, ingeniero ambiental y administrativo de la UNAL, explica que “este es uno de los cocodrilos más antiguos del neotrópico, por lo que su conservación es indispensable; también es importantísimo para la cadena trófica, pues como el depredador más grande, su función es regular otras poblaciones y crear un equilibrio en el ecosistema”.

“Además es un restaurador de las cuencas, pues mantiene la profundidad de los ríos y charcones; en época seca los peces buscan refugio, lo cual es muy beneficioso para ellos porque además de fertilizar el plancton con sus heces mantienen el agua oxigenada gracias a los movimientos que ejercen en el río”, agrega.

Pese al impacto que se pueda percibir por ser depredadores libres y el miedo que pueda generar a algunas personas, hay que tener en cuenta que ahora están en áreas protegidas en donde no hay presencia habitual de personas, lo que conlleva grandes beneficios directos para la comunidad.

“Este parque natural es muy extenso, lo que atrae a muchas personas interesadas en el ecoturismo y la pesca deportiva, y aunque al principio algunos guías no estaban conformes con la presencia del cocodrilo allí, al explicarles su importancia y su historia vieron la oportunidad de incluir el avistamiento de este imponente animal en sus recorridos, y a la vez este trabajo con la comunidad también nos permite estar informados de cualquier anomalía con ellos”, resalta el profesor Moreno.

Otro factor a resaltar es que en diálogo con personas mayores que hace muchos años no veían estas especies –la mayoría campesinos–, manifestaron que siempre han asociado la llegada o presencia del cocodrilo con la recuperación de la pesca para ellos.

Los hechos revelan una conexión profunda entre la conservación del cocodrilo del Orinoco y la educación tanto de la comunidad como de las generaciones futuras. Al comprender y valorar la importancia de esta especie en el ecosistema, las personas pueden superar el miedo y convertirse en defensores de activos de su preservación.

“La integración del turismo sostenible y la participación de los niños en actividades educativas en la Estación Roberto Franco no solo promueven el conocimiento sobre la biodiversidad, sino que también generan un sentido de responsabilidad y protección hacia estas especies amenazadas”, asegura el profesor Moreno.

La colaboración entre la comunidad, las instituciones educativas y la presencia más activa de las autoridades gubernamentales es fundamental para asegurar un futuro más prometedor para el cocodrilo del Orinoco y para el medioambiente en general del país.



 




 




miércoles, 17 de abril de 2024

Río Magdalena, patrimonio cultural y comercial que se debe preservar

 Por el río Magdalena han navegado peces, caimanes, serpientes y tortugas, pero también la historia, la economía y la cultura colombiana. El recorrido de un tramo de 100 km de este afluente –entre Calamar (Bolívar) y Bocas de Ceniza (Barranquilla)– evidenció su protagonismo ancestral como centro neurálgico del comercio y la comunicación de las comunidades que habitan esta zona. Pese a haber sido declarado como sujeto de derechos, se necesitan acciones urgentes para su preservación y legado.

Esta primera descripción detallada de la parte baja del río Magdalena concibe la cuenca como algo que va más allá de una vía de comunicación, y la asume como un símbolo de unidad nacional y un invaluable patrimonio cultural.

El profesor Fabio Rincón Cardona, de la Facultad de Administración de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, coordinador de este proyecto, menciona que “aunque se ha dicho mucho y se ha estudiado el río, poco se ha profundizado sobre el comercio, el transporte o su valor territorial”.

Para lograr esta caracterización, en 2023 se realizaron visitas y entrevistas a más de 100 habitantes de estas áreas, la mayoría rurales, por ejemplo pescadores; además se analizaron más de 500 investigaciones realizadas en la UNAL sobre este icónico curso fluvial.

Entre los aspectos identificados hasta ahora se encuentra que la navegabilidad del río ha sido crucial para el transporte de una amplia gama de productos, desde los tradicionales tabacos hasta el codiciado café colombiano.

Hoy el Magdalena sigue siendo una arteria vital para el comercio y el turismo, transportando carga y pasajeros desde el interior del país hacia los puertos en la costa Caribe como Barranquilla y Cartagena, además del envío de madera y carbón. Se destacan productos agrícolas como café, banano, cacao y caña de azúcar, junto con alimentos frescos como frutas, verduras y pescados.

Tales actividades económicas no son solo medios de subsistencia, sino también expresiones arraigadas de la identidad cultural y la conexión con la tierra y el río.

En esta zona del país se resalta el vital papel de las mujeres en estas actividades económicas, como pescadoras, agricultoras y guardianas de tradiciones culinarias y artesanales. En cuanto a la agricultura, ellas son responsables de sembrar y cosechar una variedad de productos, desde la yuca y el maíz hasta el plátano y la ahuyama.

“Por ejemplo, la carpintería de ribera, una habilidad transmitida de generación en generación se utiliza para construir y reparar embarcaciones tradicionales como canoas, balsas, o pequeños barcos sin motor”, anota el docente, quien con expertos del Museo del Río Magdalena en Honda (Tolima) exponen los resultados de esta primera aproximación en una exposición permanente, en el Salón Independencia Fluvial del Museo del Río Magdalena.

De igual manera, el Magdalena es un refugio para la biodiversidad y un laboratorio viviente. Alberga variedad de aves acuáticas, caimanes, cocodrilos, tortugas de río, anfibios y mamíferos como el jaguar, el oso hormiguero y el mono aullador, además de diversas especies de peces.

Así mismo, esta primera caracterización destaca que el río ha sido un centro neurálgico de comercio y comunicación, forjando vínculos entre pueblos y culturas –como los taironas, muiscas, panches y zenúes– mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles; hoy se estiman 132.156 habitantes.

El Canal del Dique y la transformación del paisaje

La construcción del Canal del Dique en el siglo XX transformó la dinámica del delta, que es una especie de triángulo tajado y el paisaje actual de Bocas de Ceniza, extremo del continente sobre el mar y puntada final del río, resultado de la constancia del cambio facilitando la navegación, pero también alterando su paisaje.

Sin embargo, aunque la conexión entre el río y el mar sigue siendo fundamental para la vida en la región, marcando un equilibrio entre lo salado y lo dulce, entre lo humano y lo natural, los morreros, habitantes del Morro, ubicado en la Ciénaga de Pajaral, manifestaron su preocupación sobre cómo antiguos caños y cuerpos de agua dulce han desaparecido o se reducido drásticamente debido a la construcción de la Troncal y proyectos petroleros, afectando tanto a la vida acuática como a las comunidades que dependen de ella.