miércoles, 13 de septiembre de 2023

Pulpo común se ha adaptado al Caribe colombiano para no extinguirse

 Así lo evidenció el análisis genético a 30 pulpos comunes (Octopus insularis) en Providencia, San Andrés, Cabo de la Vela, Santa Marta, isla Ceycén e isla Fuerte. El dato es relevante considerando que el conocimiento filo-geográfico –utilizado para indagar sobre el origen y la dispersión de especies– es fundamental para conservar y manejar adecuadamente esta especie.

El pulpo común de aguas poco profundas que se pesca artesanalmente en el suroeste del Caribe está bajo constante presión pesquera y sigue siendo una especie poco estudiada en la región, por lo que se desconoce el estado de su diversidad genética.

Esta especie de gran importancia ecológica, económica y social se alimenta de crustáceos, bivalvos, gasterópodos y peces, por lo que se considera como un depredador oportunista y generalista; además, aunque vive especialmente en fondos rocosos, también habita arrecifes coralinos, pastos marinos y fondos blandos, a profundidades de 1 a 30 m, por lo que es capaz de ocupar un nicho ecológico amplio.

Aunque no existen datos exactos sobre la cantidad de pulpos que se pescan, mediante un estudio filogenético (diagrama evolutivo entre organismos) es posible determinar su diversidad genética y las adaptaciones que han hecho al entorno para no extinguirse. Es el caso, por ejemplo, de lo que sucede con el cambio en la temperatura de los mares, las precipitaciones de agua salada a dulce que reducen la “salinidad” en los arrecifes de corales, y la contaminación por microplástico y petróleo.

Dichos aspectos, que se dan naturalmente pero también por la acción del hombre, generan un impacto medioambiental en los ecosistemas marinos obligando a especies como estas a modificar su información genética (ADN) para sobrevivir.

“Cuanto mayor sea la variabilidad genética de una especie mayor será su adaptación al medio”, afirma Paola Alejandra Puentes Sayo, magíster en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe, quien analizó el ADN de 30 pulpos comunes capturados por pescadores de Providencia, San Andrés, Cabo de la Vela, Santa Marta, isla Ceycén, e isla Fuerte con el propósito de determinar si existían variables genéticas bio-geográficas, es decir si su línea de ADN era cambiante en diferentes puntos del Caribe colombiano.

Para ello, a una pequeña parte del tejido de la cabeza del cefalópodo se le aplicó el protocolo de “extracción de sales”, que consiste en adicionarle al tejido celular dodecilsulfato sódico (SDS) y proteinasa k, una especie de detergente que al combinarse precipita o elimina ciertas proteínas de las membranas celulares. Esto se logró a través de la incubación durante toda la noche a unos 65 ºC en un horno.


Posteriormente se realizó un proceso de amplificación por PCR, que consiste en duplicar o clonar esa muestra genética para no tener que pagar cada vez por las muestras o ir hasta los lugares. En el Laboratorio de Secuenciación de ADN de la Universidad de los Andes se replicaron los genes mitocondriales COIII y 16S y se analizaron 42 secuencias del gen 16S y 37 del gen COIII.

Los análisis mitocondriales mostraron específicamente haplotipos nuevos (16S = H2, H3 y H4) (COIII = H2 – H7) y haplotipos compartidos con áreas geográficas distantes (16S = H1) (COIII = H1).

“Un haplotipo es una combinación única de variantes genéticas en un grupo de genes que tienden a ser heredadas juntas de generación en generación”, explica la investigadora.

La prueba de FST por pares, herramienta genética que mide cuán diferentes son las poblaciones de una especie, no mostró diferenciación entre localidades con los genes mitocondriales evaluados. Por su parte, el análisis demográfico de COIII indicó que el tamaño efectivo poblacional de la especie se ha mantenido constante, a pesar de ser una de las especies que más se pesca para consumo humano.

El estudio no busca promover la explotación excesiva de la especie, por el contrario, preservarlo, conociendo la variabilidad genética que lo ha hecho adaptarse, sugiriendo además una pesca controlada durante las temporadas de reproducción, que ocurre solo una vez en la vida del animal.






martes, 12 de septiembre de 2023

Ácaros y parásitos de abejas del Pacífico, epicentro de investigación que aportará a su conservación.

 Parece difícil imaginar que abejas, abejorros y avispas sean presa de microorganismos diminutos, incluso imperceptibles al ojo humano, como ácaros, parásitos o bacterias que causan enfermedades y provocan la muerte masiva de estas protagonistas de la polinización de los ecosistemas y el agro, una pérdida que tiene en alerta a varios países. Durante año y medio, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) recorrerán el Pacífico colombiano para conocer el impacto de agentes parasitarios y así proponer estrategias para su conservación.

En Valle del Cauca, Nariño y Cauca, más de 131 especies abejas, abejorros y avispas de la familia de los ápidos (Apidae) se están viendo amenazadas por las prácticas de la agricultura industrializada como los monocultivos y el uso de plaguicidas.

Dicha situación obliga a profundizar en el conocimiento de los microorganismos que afectan a estas especies, el cual es escaso pero urgente porque incide en la ausencia de estrategias que preservar a los polinizadores.

“Los parásitos hacen que las abejas desaparezcan, se mueran, y por ende sus poblaciones en la colmena disminuyen, lo que pone en riesgo la polinización de los cultivos y por lo tanto su variedad, lo que incrementa la inseguridad alimentaria”, afirma el profesor Javier Antonio Benavides Montaño, director del Grupo de Investigación en Parasitología, Inmunología y Enfermedades Infecciosas de la UNAL Sede Palmira.

El experto, quien liderará el grupo de investigadores de las Sedes Palmira, Tumaco y Bogotá, agrega que entre los ápidos se encuentran las abejas: melífera o doméstica, sin aguijón, de las orquídeas y parásitas, lo mismo que los abejorros silvestres (del género Bombus) y carpinteros.

“Estos ayudan a mantener el equilibrio de los ecosistemas naturales, aportan el néctar y el polen que recogen para su propio alimento y lo esparcen por todas las flores generando que las plantas en flor produzcan cualquier tipo de semilla y de frutas”, explica.

“Cuando abejas y abejorros infectados realizan sus tareas de pecoreo en las plantas –es decir, recolectan el polen y néctar–, con el movimiento de sus alas depositan los agentes dañinos, de modo que cuando otros ‘zumbadores’ como ellos hacen los mismo se infectan y propagan las enfermedades en las colmenas”.

“Por eso el objetivo de este trabajo interdisciplinario es estudiar y conocer los agentes parasitarios que afectan dichas especies para después formular estrategias necesarias para su conservación en estas zonas del país”, señala el académico.


Agrega que “es esencial que estudiantes, agricultores y habitantes del Pacífico colombiano conozcan el papel ecológico de los ápidos y sepan que los productos derivados de la colmena –como polen, cera, jalea real, propóleo y miel– son sustancias con una función específica dentro de ella, y que después de extraerlas tienen diversas aplicaciones en las industrias cosmética, farmacéutica y de los alimentos”.

Tumaco (Nariño), Totoró (Cauca) y algunos municipios del Valle del Cauca son los territorios elegidos para desarrollar este proyecto que inició su recorrido a finales de agosto y ya se han colectado las primeras muestras y se analizarán en los laboratorios de la Sede Palmira.

Dichas zonas se escogieron porque sus climas y suelos son aptos para cultivar papa, tomate, plátano, aguacate y uvas, entre otros alimentos básicos de la canasta familiar; esto quiere decir que hay buena presencia de abejas y abejorros para hacer polinización.

El profesor Benavides menciona que “como en las zonas de producción agrícola y pecuaria utilizan fertilizantes, la idea es proponer alternativas enfocadas en proteger la biodiversidad, y para ello se pueden poner en práctica acciones como no usar pesticidas e impulsar la agricultura ecológica para proteger estas valiosas especies”.

Entre los principales enemigos de las abejas se encuentran los siguientes microorganismos:

  • Acarapis woodi, causante de la acarapisosis de las abejas melíferas.
  • Paenibacillus larvae, que causa la enfermedad loque americana de las abejas melíferas.
  • Melissococcus pluton, causante de loque europea de las abejas melíferas.
  • Aethina tumida, una especie de escarabajo que infesta a las colmenas.
  • Tropilaelaps, ácaro que infestación a las abejas melíferas.
  • Varroa, que produce la enfermedad conocida como varroosis de las abejas melíferas.

Así se hará

Los investigadores tienen contemplado realizar la colecta directa de insectos mediante pases de jama, colecta manual, revisión de nidos, colmenas silvestres, material vegetal, troncos y sitios de anidación.

Se efectuarán mediciones de factores como coordenadas geográficas, precipitación (lluvias) y temperatura, humedad, velocidad del viento, entre otros, y se realizará una descripción general del entorno para demarcar áreas de muestreo.

Además, se identificarán ecosistemas, fuentes de agua o ríos y áreas conservadas, entre otras. Así mismo, las parcelas y transectos serán acordadas con los habitantes de los territorios.

 




viernes, 8 de septiembre de 2023

Cambio sí, pero no solo climático, las personas y su estilo de vida también se afectan

 El cambio climático afecta la cotidianidad de las personas, las impacta y motiva a adaptarse. En la Zona 7 de Envigado (Antioquia), por ejemplo, algunos dueños de locales han construido muros alrededor de estos para evitar posibles inundaciones. Aún así, los planes de ordenamiento territorial (POT) y otros documentos no incluyen sus puntos de vista, aunque hacerlo permitiría mayor impacto en prevención y mitigación.

El cambio climático también incide en la cultura, las relaciones y actividades cotidianas de las personas. “Los seres humanos somos causantes y también receptores de sus efectos. Las ciudades que habitamos, por ejemplo, juegan un papel muy importante, pues pese a ocupar solo el 2 % de la superficie terrestre, son responsables del 70 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero”, señala la ingeniera ambiental Sara Isabel Rendón Fernández, magíster en Estudios Urbano Regionales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

La forma de vestir ha cambiado, el hogar sufre adaptaciones, los decisores planean distinto el territorio, etc. “Aunque históricamente las comunidades se han adaptado a los cambios del clima (aumento de la temperatura, mayores probabilidades de inundaciones o derrumbes, entre otros), pocas veces se las ha tenido en cuenta, no solo en estudios diagnósticos sino también en la formulación de políticas de adaptación y ordenamiento territorial”.

Por eso la magíster se propuso identificar los efectos del cambio climático que perciben los habitantes de la Zona 7 de Envigado, sus prácticas de adaptación y si estas han impactado o no en la planeación urbana del municipio. “Para esto, durante cerca de 8 meses hicimos recorridos de campo, observación participante, no participante y entrevistas semiestructuradas a personas que habitan allí hace al menos 10 años, líderes comunitarios y víctimas de algún evento ocasionado por cambios extremos del clima, entre otros”, explica.

Así, encontró que el cambio climático percibido por las personas se puede agrupar en tres categorías: patrones climáticos, riesgos en el territorio, y causas y consecuencias concretas. “Es decir, aunque las personas no usen el concepto de ‘cambio climático’, sí dicen que ahora hace más calor, que ya no ventea tanto o que hay menos neblina. También hablan de amenazas como deslizamientos, inundaciones e incendios forestales, y han hecho adecuaciones como la construcción de pequeños muros para evitar inundaciones y se refieren al proceso acelerado de urbanización como una de las causas de los efectos del cambio climático”.

Después de sistematizar la información, la magíster Rendón la comparó con la contenida en los dos últimos planes de desarrollo del municipio, en el Plan Municipal para la Gestión del Riesgo de Desastres y en el Plan para la Mitigación y la Adaptación a la Variabilidad y el Cambio Climático de Envigado, y encontró que coinciden muy poco.


“Constatamos, por ejemplo, que la quebrada La Seca, que en 2011 sufrió dos avenidas torrenciales y dejó estragos graves, no aparecía en el mapa oficial con algún nivel de amenaza. Sin embargo, para la comunidad este es un punto crucial y crítico, pues fueron dos eventos que quedaron marcados en el imaginario colectivo y que se podrían repetir”.

En 2005 los habitantes de la Zona 7 ratificaron la importancia de hacer escuchar sus dinámicas y saberes locales. “Ese año iban a construir sobre el humedal El Trianón, en un predio privado, y fue la comunidad la que se organizó y dijo ‘no, nosotros de niños jugábamos ahí y eso era una laguna’. A partir de esa discusión nació la organización Eco Humedales, y además la administración confirmó que se trataba de un humedal, lo ingresó al Sistema Local de Áreas Protegidas, y en 2019 lo declaró como Área Protegida Urbana, gracias a la movilización de la organización ambiental y comunitaria”.

Por último, la magíster señala que “análisis como este se pueden aplicar en contextos similares a lo largo del país e incluso de Latinoamérica. Estas investigaciones son un complemento para los estudios físicos y atmosféricos del cambio climático. Solo así es posible tener una mirada integradora, que responda a lo que ocurre en los territorios, teniendo en cuenta que es ahí, en una escala pequeña, en donde realmente se sienten los efectos y en donde debemos empezar a implementar medidas de adaptación”.





jueves, 7 de septiembre de 2023

EVITE LAS FOGATAS DURANTE LA TEMPORADA DE CALOR

 COMUNIDAD DE VILLACARMELO PIDE A TURISTAS RESPETAR EL RÍO MELÉNDEZ

Habitantes de la zona dicen que la ribera del río queda bastante impactada de basura cuando el afluente es visitado por cientos de turistas.

Un llamado urgente a los turistas que disfrutan del río Meléndez hizo la comunidad del corregimiento de Villacarmelo, Cali, dado que el afluente se está viendo gravemente afectado por la mala disposición de los residuos que dejan los visitantes.

La problemática, de acuerdo con la información brindada por representantes de la Junta de Acción Comunal - JAC del corregimiento, ubicado a unos 20 minutos del casco urbano de Cali, se evidencia fuertemente a la altura del puente de La Fonda y el charco El Chispero, en la vereda El Carmen.

"Esta temporada seca y, sobre todo, los fines de semana, ha sido caótica para nosotros. Hemos tenido una gran afluencia de turistas que van a disfrutan del río y dejan tiradas botellas de vidrio y plástico, pañales desechables y una cantidad de residuos que afectan considerablemente la ribera del río", expresó Liliana Fernández, presidenta de la JAC.

La líder comunal recalcó que "el llamado que le hacemos a los visitantes es que, así como el río les ofrece un momento agradable con sus familias o amigos, lo respeten y sean responsables con los desechos que generan y se los lleven nuevamente a sus casas o los viertan adecuadamente en los puntos de recolección. La idea es que dejen nuevamente el río limpio, porque nosotros siempre nos encargamos de recoger la basura".

Es de resaltar que en la zona, la CVC y otras organizaciones han liderado jornadas de limpieza e instalado puntos de recolección de residuos en sitios estratégicos. Así mismo, con el fin de mejorar no solo la cobertura boscosa del corregimiento, sino también proteger la cuenca del río Meléndez, se han sembrado más de 20.000 árboles de diversas especies, con apoyo de la comunidad.

Por otro lado, también se fortaleció un Proyecto Ciudadano de Educación Ambiental - Proceda, con el fin de sensibilizar a los turistas sobre el adecuado manejo de los residuos y también se realizó el Plan de Ordenamiento del Recurso Hídrico - PORH del río Meléndez, entre otras importantes acciones ambientales.

"En recorridos de control y vigilancia que efectuamos en la zona, hemos evidenciado también que los turistas están haciendo fogatas y fogones de leña, lo que en esta temporada seca está prohibido, ya que se pueden presentar incendios de cobertura vegetal, debido a la intensa ola de calor", dijo Miguel Ángel Sánchez, coordinador de la Unidad de Gestión de Cuenca Lili-Meléndez-Cañaveralejo-Cali, de la Dirección Ambiental Regional Suroccidente de la CVC.

De esta manera, el funcionario instó a la comunidad y turistas para que se abstengan de generar fuego, arrojar colillas de cigarrillos o hacer fogatas sobre las áreas verdes.

La población del corregimiento de Villacarmelo está proyectando una gran jornada de sensibilización y espera que sea acompañada y apoyada por varias entidades públicas y privadas,  además del Ejército Nacional y la Policía Ambiental, con la cual se pretende crear conciencia sobre el cuidado de las fuentes hídricas, de suma importancia para el ecosistema.







miércoles, 6 de septiembre de 2023

Combustible y plásticos sin petróleo y menos contaminantes gracias a las bacterias “eléctricas”

 Reemplazar el petróleo en la fabricación de materiales como el plástico es una urgencia por la contaminación ambiental que genera su producción todos los días; por esta razón, un grupo de investigadores aprovechó el potencial de bacterias de suelos de cultivos como el tomate para producir un compuesto llamado 1,3-propanodiol (usado en la industria farmacéutica, cosmética, de plásticos, textil y de alfombras), y potenciaron su capacidad hasta en un 7 % gracias al envío de electricidad a estos microorganismos.

Las bacterias forman parte de la cadena de reciclaje en la naturaleza; esto quiere decir que se alimentan de residuos que encuentran en el suelo –como papa, tomate o arroz, entre otros alimentos– y pueden transformar estos restos en sustancias útiles con mayor valor agregado para que los productores de industrias –como la agrícola o de combustibles– más “naturales” (biocombustibles) puedan tener mayores ingresos.

Según la Federación Nacional de Biocombustibles de Colombia, en 2026 la demanda mundial de estos combustibles aumentará en un 28 %, lo cual equivaldría a una producción de 41.000 millones de litros, y la meta para 2021 era reducir cerca de 3,2 millones de toneladas de dióxido de carbono.

Hoy los compuestos como el 1,3-propanodiol se obtienen a partir de sustancias como el petróleo, pero parece haber una alternativa, que tiene un protagonista muy abundante y que no representa altos costos para la industria: el glicerol crudo, un compuesto que se genera en grandes cantidades cuando se está produciendo biodiesel, un combustible menos contaminante y sostenible; sin embargo este gran potencial no se aprovecha, y en cambio sus residuos sí terminan representando un riesgo para el medioambiente al ser vertidos o desechados.

Por lo anterior, el ingeniero químico Óscar Aragón Caycedo, doctor en Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), evaluó cómo las bacterias de la especie Clostridium butyricum podrían utilizar el glicerol crudo para mejorar la producción de 1,3-propanodiol. Para ello utilizó electricidad como una forma de enviarles señales y corriente eléctrica a estos microorganismos, ya que se evidenció que cuando se enfrentan a esta situación empiezan a producir el compuesto deseado, pues de no hacerlo no pueden seguir creciendo.

Según el investigador, esto se da porque las bacterias tienen una serie de rutas celulares en las que interactúan los electrones que se envían desde la corriente eléctrica, y que, de no ser por el 1,3-propanodiol, no podrían seguir con su funcionamiento normal, lo que quiere decir que es un “salvavidas” de doble vía: tanto para las bacterias como para el medioambiente.

“Se encontró que esta cepa de Clostridium, que de hecho está presente en suelos de cultivos agrícolas a lo largo del país, puede mejorar esta producción hasta en un 7 %, lo que representaría un incremento para la producción en una industria que se espera valga cerca de 600 millones de dólares en los próximos años”, asegura el doctor Aragón.

El primer paso fue simular computacionalmente el efecto que tendría esta bacteria con la corriente eléctrica, que, como se dijo antes, es un puente de comunicación para que el microorganismo se comporte de la manera deseada. Esto se realizó gracias a modelos matemáticos que permitieron identificar si había un efecto en las rutas celulares que hacen que se produzca el 1,3-propanodiol.

Cómo explica el ingeniero Aragón, esta investigación involucró el análisis de 13 cepas nativas aisladas de suelos colombianos, que han sido estudiadas y caracterizadas por más de 15 años en el grupo de Bioprocesos y Bioprospección con la dirección de la profesora Dolly Montoya Castaño, rectora de la UNAL, y el profesor Gustavo Buitrago, fundadores del Instituto de Biotecnología de la Universidad.

Los microorganismos se tienen almacenados y vienen de distintas partes del país, lo cual también resulta promisorio y más sencillo para la industria biotecnológica, pues son bacterias que están presentes en los suelos de cada región del país.

A partir de los resultados de la simulación computacional se dio paso a probar este análisis en cultivos de dos de las cepas nativas que al parecer podían mejorar la producción.

“Se hicieron dos ensayos, uno en el que se ponía un reactor con dos electrodos (conductores eléctricos) tanto positivo como negativo, para ver cómo interactuaban en las bacterias; y por otro lado uno en el que se separaban estos electrodos para ver específicamente cómo los electrones, que son partículas con carga negativa, tenían un efecto en el microorganismo”, indica el investigador.

El segundo ensayo permitió que los niveles de producción del compuesto 1,3-propanodiol fueran mayores y más eficientes, y el experto asegura que el porcentaje de incremento de rendimiento obtenido (7 %) alcanzaría hasta un 10 o 12 % con mejoras en el diseño de los reactores y los microorganismos en investigaciones futuras.






lunes, 4 de septiembre de 2023

“Migración de especies marinas por cambio climático provocaría conflictos pesqueros”

 Así lo afirmó el paleo-oceanógrafo británico David Thornalley, profesor de geografía en la University College de Londres –conocido por su trabajo sobre los cambios en la circulación del Atlántico Norte durante el periodo Cuaternario–, en el Seminario Ciencias del Mar 2023, desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz.

Según el experto, “aunque existe una alta probabilidad de que las especies migren hacia latitudes más al norte, la interacción entre este fenómeno y la circulación oceánica modificará esta distribución en diferentes regiones”.

“En algunos casos esta reubicación podría desencadenar conflictos pesqueros, especialmente cuando el calentamiento se acelere abruptamente. […] En el mundo de los ecosistemas marinos y la circulación oceánica juegan un papel esencial en la distribución de recursos cruciales”.

Según la Primera Evaluación Integrada del Medio Marino a escala mundial de Naciones Unidas, los océanos y la vida que contienen son fundamentales para el funcionamiento saludable del planeta, ya que suministran la mitad del oxígeno que respiran los seres humanos y cada año absorben un 26 % de las emisiones de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera.

“Cada vez hay más evidencias que demuestran el papel esencial que desempeña la biodiversidad marina para la salud del planeta y el bienestar social. La pesca y la acuicultura son una fuente de ingresos para cientos de millones de personas, en especial familias de bajos ingresos; además contribuyen directa e indirectamente en su seguridad alimentaria”, manifestó el experto.

Los ecosistemas marinos proporcionan innumerables servicios a las comunidades costeras; por ejemplo los manglares son una importante fuente de alimento para más de 210 millones de personas, y otros también ofrecen medios de subsistencia, agua limpia, productos forestales y protección contra la erosión y los fenómenos meteorológicos extremos.

“Cambios como que un 57 % de la superficie oceánica registre temperaturas que en 1870 se consideraban como extraordinarias y que entonces afectaban como mucho al 2 % de los mares, hoy se ha hecho habituales”, dijo.

La capacidad de prever estas transformaciones es un desafío para la humanidad. En este sentido, el científico Thornalley dijo: “a pesar de los avances en modelos climáticos, todavía existe una brecha significativa en la comprensión de la variabilidad en el noreste del Atlántico. Este vacío resalta la necesidad imperante de mantener una vigilancia constante y mejorar la comprensión de los aspectos biológicos relacionados para evaluar con precisión los cambios oceanográficos y sus consecuencias ecológicas”.

Uno de los impactos más notables es la reubicación de especies marinas, incluida la pesca comercial, debido al calentamiento de los océanos.

El experto manifestó además que “el mecanismo clave detrás de esta dinámica es la ‘Invertida Meridional Atlántica’, una ‘cinta transportadora’ que lleva calor y agua salada al Atlántico Norte, donde se enfría y se sumerge hacia las profundidades”.

“Una vez allí, el flujo de agua se dirige nuevamente hacia el sur y circula por los océanos globales. Sin embargo, modelos climáticos indican que este sistema podría ralentizarse debido al calentamiento global y los cambios en los ciclos del agua”.

El equipo de investigación dirigido por el profesor Thornalley está abordando este desafío. La investigación ha identificado un patrón distintivo sobre cómo impactan en el océano los cambios en la Invertida Meridional Atlántica, en particular cuando interactúa con otros factores, con el compromiso de generar registros más detallados y precisos para tener una comprensión más sólida de estos procesos.

“La interacción compleja entre la circulación oceánica y el calentamiento global está transformando los ecosistemas marinos y generará tensiones geopolíticas significativas, pues los recursos pesqueros son esenciales para las economías”.

En ese sentido, una combinación de observaciones continuas y un profundo conocimiento biológico son esenciales para anticipar y gestionar adecuadamente los cambios en los océanos y sus consecuencias en la biodiversidad y la política internacional”, concluyó el científico británico.

 







 




Bosques de manglar en Buenaventura, ahogados en microplásticos

 Las bahías de Buenaventura y Málaga acumularon hasta 206 % más plásticos microscópicos –o microplásticos– que la bahía de Tumaco, debido a factores como la proximidad a centros poblados, las descargas de residuos a los ríos, las actividades económicas y las áreas turísticas.

Los fragmentos plásticos, imperceptibles al ojo humano, representan una creciente preocupación tanto para los ecosistemas acuáticos como para la vida marina y la salud humana, ya que quedan atrapados entre el gran sistema de raíces propio de los manglares, bioma esencial en la conservación de flora y fauna y valiosos sumideros de gases de efecto invernadero.

El estudio realizado por la ingeniera ambiental Daniela Vásquez Molano, estudiante de la Maestría en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, muestra que los bosques con mayor densidad de árboles acumularon hasta 104 % más microplásticos en sedimentos (arena, materia orgánica y otros) que los bosques menos densos, lo cual obedece a la reducción de la velocidad del agua, que genera retención de sedimentos y plásticos.

Del mismo modo, los bosques de manglar con mayor intervención humana acumularon hasta 22 % más microplásticos por la influencia de áreas pobladas, descargas de ríos, canales y zonas turísticas.

Los diminutos residuos se encontraron en diversos puntos de las bahías evaluadas, con un promedio de 14 partículas de microplasticos por kilogramo de sedimento que incluye fibras, fragmentos de plásticos, “pellets” (material plástico esferoide utilizado por algunas industrias), y “films”, que son derivados de plásticos grandes. ​

En los manglares de la bahía de Buenaventura se hallaron en promedio 21 partículas por kg de sedimento, mientras que en Tumaco fue de 7 partículas por kg.

Según la ingeniera ambiental, “la mayor acumulación de microplásticos en la bahía de Buenaventura frente a la de Tumaco se puede atribuir a la población de los dos distritos: 322.311 y 263.990 habitantes respectivamente, que generan una mayor cantidad de residuos sólidos; así mismo, cuenta con el puerto más importante del Pacífico colombiano y recibe la descarga de los ríos Dagua y Anchicayá”.

El estudio combinó trabajo de campo en parcelas establecidas en las tres bahías seleccionadas por su importancia económica y diferencias poblacionales. En cada una se colectaron muestras de sedimento superficial. Los microplásticos se extrajeron mediante separación por densidad y cada partícula se contó y clasificó según su morfología.

Además se determinó la textura del suelo y el contenido de materia orgánica y se midieron sólidos suspendidos, salinidad y temperatura del agua superficial. En cada sitio se identificó la especie del árbol, cantidad de individuos, diámetro de altura al pecho y altura del árbol.

Para su trabajo, la estudiante Vásquez contó con la dirección de los profesores Duque Nivia y Andrés Molina, y el apoyo del Grupo de Investigación Ecología y Contaminación Acuática.

Los resultados de su investigación resultan preocupantes por la capacidad de los microplásticos de absorber y transportar en su superficie diferentes contaminantes presentes en el ambiente,
 como  metales pesados, que pueden llevar a la muerte de especies, transferirse a lo largo de la cadena alimenticia y poner en riesgo la seguridad alimentaria y la salud humana.


En ese sentido, los expertos señalan que “es necesario profundizar en la identificación de la composición de los plásticos hallados para establecer estrategias de mitigación y cultura ambiental”.

La investigación se realizó como parte del proyecto “Investigación de los servicios ecosistémicos derivados de bosques de manglar en el Pacífico colombiano, Valle del Cauca, Nariño, Cauca, Chocó”, financiado por el Sistema General de Regalías, código BPIN2020000100054.




 








 


viernes, 1 de septiembre de 2023

Con educación ambiental se busca recuperar los humedales de Leticia

 Fanzines, talleres didácticos, clases, e incluso visitas prácticas al Laboratorio, forman parte del proyecto “Memorias del agua y diálogo intergeneracional alrededor de los humedales de Leticia” que busca concientizar a la niñez y a los adultos mayores sobre la importancia de cuidar los humedales de la ciudad.


Este proyecto, a cargo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia y la Fundación Platino, tiene como base la memoria ambiental, esencial para proteger estos ecosistemas amenazados por la contaminación, la deforestación y la reducción de flora y fauna.

El profesor Santiago Duque, director del Grupo de Investigación en Limnología Amazónica de la UNAL Sede Amazonia, afirma que “no se cuida lo que no se conoce”, frase que puede resumir la esencia del proyecto, pues es fundamental que todas las generaciones conozcan la importancia y los beneficios ecosistémicos que brindan los humedales, especialmente en Leticia”.

“La expansión urbana ha llegado hasta los humedales, que tiende a deteriorarlos, lo mismo que a las fuentes naturales hídricas; por eso los del casco urbano de Leticia están completamente reducidos, contaminados y dañados”, afirma el docente.

En ese sentido, la iniciativa está dirigida a las comunidades de La Playa y el cabildo indígena Tiwa, dos grupos compuestos interculturalmente por 9 etnias: tikuna, yukun, murui, miraña, tanimuca, cubeo, inga, cocama y yaguas, con las cuales se busca reforzar la memoria ambiental intergeneracional en la niñez, los adultos y abuelos de las comunidades.

“En los humedales de Leticia hay dos zonas geográficas o topográficas: en la parte alta, unos metros encima del nivel del río Amazonas, tiene lluvias e inundaciones locales, y en la parte baja de la ciudad está el área suburbana; allí, a solo 500 m está el sistema lagunar de Yahuarcaca, compuesto por 21 lagos en donde viven varias comunidades, entre ellas la de La Playa”, señala el docente Duque.

En un ejercicio anterior, el grupo de investigación identificó que los humedales del casco urbano están contaminados con residuos orgánicos. Así mismo, en 2017 el Instituto Sinchi analizó 40 de los 77 humedales del Amazonas y concluyó que el 17,5 % presentan buena calidad del hábitat, 32,5 % media, 32,5 % moderada y 17,5 % baja.

Precisamente por estas amenazas sobre los humedales –que también incluyen la reducción de flora y fauna–, el proyecto le apuesta a llegar desde los más jóvenes hasta los abuelos. “Los abuelos todavía tienen el conocimiento que se está perdiendo en los más jóvenes, sobre todo en los cascos urbanos, entonces queremos estrechar los lazos entre generaciones y que los abuelos se conviertan en los profesores de sus propios hijos y nietos”, asegura el docente.

La inauguración de este proyecto se dio en el marco del XXXIII Mes de la Investigación y Extensión de la UNAL Sede Amazonia, en cuyo marco se realizó un taller con estudiantes enfocado en la memoria ambiental.

Los humedales, conocerlos para cuidarlos

Aunque en los últimos años se ha agudizado el debate sobre la protección de los humedales, lo cierto es que aún faltan acciones claras para protegerlos. Para lograr dicho cometido lo primero es conocer los beneficios de estos valiosos ecosistemas.

Los humedales, de diferentes tamaños, se encargan de ayudar a regular el flujo del agua, almacenando agua durante las lluvias y liberándola durante las sequias; además actúan como esponjas absorbiendo el exceso de agua durante las inundaciones. Y como si fuera poco, tienen la función de “depurar”, por lo que filtran el agua de contaminantes, lo que ayuda a mejorar su calidad.

Al respecto el docente Duque comenta que “el agua siempre debe ser el eje central de la planeación y la manera de vivir y convivir con la naturaleza, sobre todo en los dos territorios que trabajaremos, que tienen una inundación frecuente y constante”.

Sin embargo, enfatiza en que “la inundación es un proceso natural por la ubicación del país en la región ecuatorial, cercana a la línea del Ecuador; por eso todos los años parte del territorio se inunda por el incremento de las lluvias y el desbordamiento de los ríos. Hay que aprender a vivir con esa naturaleza inundable”.

De ahí que el trabajo que realizan busca recuperar el conocimiento ancestral que por diferentes razones no ha podido permear entre los jóvenes. “Las estrategias que usaremos incluyen fanzines, talleres didácticos, clases, e incluso visitas al Laboratorio de la UNAL Sede Amazonia”.

“En el mundo del agua, de los humedales, hay vida pequeña, y puede que esto sea lo más importante. Pero este diminuto mundo solo se puede ver con un microscopio, que nos muestra que el humedal está repleto de microorganismos, que son los que le dan el potencial para que los peces que viven allí se alimenten, y además dan el oxígeno a través de la fotosíntesis. Y lo que nos hemos notado con otros proyectos es que las personas no conocen el mundo microscópico del agua y su importancia”, concluye.





jueves, 31 de agosto de 2023

Sensores detectan metales pesados en ríos y quebradas

 Para extraer oro o elaborar pigmentos y baterías se utilizan metales pesados como mercurio, cadmio y plomo que, sin un tratamiento adecuado, terminan afectando la calidad de ríos y quebradas, entre otros cuerpos de agua. Mediante la combinación de dos materiales, el grafeno y el bismuto, se diseñó una especie de sensor electroquímico con alta capacidad de detectar esos residuos industriales.

Según estudios del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, se han encontrado niveles de contaminación que sobrepasan lo permitido por la Ley 1658 de 2013, que establece que el mercurio no debe superar las 2 partes por billón (ppb), el cadmio 2,5 ppb y el plomo 10 ppb.

En el Laboratorio de Materiales y Catálisis de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, el ingeniero químico Juan Alejandro Clavijo Morales construyó en 4 etapas pequeños electrodos capaces de funcionar como sensores versátiles para la detectar impurezas en aguas contaminadas por metales pesados.

La primera etapa consistió en extraer el grafito, en este caso de una batería reciclada, y sintetizar electrodos de aproximadamente 5 cm de largo; después acondicionó la superficie con una lija de óxido de aluminio de 2.500 granos de espesor.

Posteriormente sumergió los electrodos en un baño de agua con ultrasonido con el fin de obtener una superficie limpia, y por último cubrió uno de los dos extremos con una capa de 4 mm de diámetro con cinta de teflón blanco para que hiciera las veces de aislante.

Antes de realizar la electrodeposición, que es la combinación con el bismuto, activó el electrodo del grafito; en este caso, mediante la técnica de voltamperometría cíclica aplicó una corriente continua, entre 0,05 y 0,3 voltios con el dispositivo sumergido en una solución de ácido nítrico, para que funcione como electrolito de soporte.

Para aplicar la técnica de electrodeposición se adhirió superficialmente el bismuto en pequeñas concentraciones de 0 y 1,5 ml; dicho proceso se consigue introduciendo la varilla cilíndrica en una suspensión de electrodos a -0,5 voltios con una agitación electromagnética de 6 Hz durante 5 minutos; así logró una capa superficial del material como un efectivo proceso de síntesis o combinación de ambos metales.

Experimentación

Para medir la efectividad de esta síntesis se aplicó voltamperometría de despojamiento anódico de onda cuadrada (SWASV), proceso utilizado por su sensibilidad y selectividad en cuanto a la detección de elementos impuros en aguas.

Con la guía de su tutor, el profesor Hugo Ricardo Zea, del Grupo de Investigación en Materiales, Catálisis y Medioambiente de la Facultad de Ingeniería de la UNAL, realizó 15 experimentos con el software Mintab Statistical.

Para ello, introdujo los electrones en una agitación triplicada de 6 Hz y -0,5 voltios logrando una superficie de respuesta de 0,98 % de plomo a los 300 segundos (5 minutos) y 0,99 % para mercurio a los 160 segundos (2,6 min).

Todo esto se refleja en unas gráficas obtenidas con el programa informático Origin Pro, que detecta una “deconvolución de señales de oxidación de los materiales”, es decir que simplifica las señales de onda que detecta el metal, en una serie de picos que mide a cuantos voltajes y miliamperios.

Así, el electrodo detectó el plomo entre los 0,75 y 0,50 voltios a 60 miliamperios, y el mercurio de 0,00 y 0,50 voltios a casi 100 miliamperios.

“Esto demuestra que la composición del electrodo a pequeñas concentraciones tiene óptima sensibilidad al metal, haciéndolo funcional para la fabricación de sensores, que se lleven a campo para futuros estudios”, concluye el ingeniero Clavijo.

 









miércoles, 2 de agosto de 2023

En Yotoco, la pava caucana registra un aumento de su población

 Esta majestuosa ave endémica del país, catalogada en “peligro de extinción” debido a la pérdida alarmante de su hábitat natural original, no ha dejado de cantar en la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco, preservada por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL); mientras en 2006 se registraban entre 6,5 y 10 individuos por kilómetro cuadrado, en las observaciones realizadas este año se reveló una densidad aproximada de 46 ejemplares.

La gula –membrana rojo intenso bajo su pico–, el patrón de plumaje en el pecho y su canto son algunos de los rasgos que diferencian a Penelope perspicax de otras especies que se encuentran en el territorio, como la guacharaca.

El proyecto de conservación de esta especie surgió como respuesta a la alarmante disminución de su población, que en algún momento tuvo entre 40 y 60 individuos en la Reserva. El estudio se adelanta gracias a un convenio entre la Sociedad para la Conservación de Vida Silvestre (Wildlife Conservation Society - WCS) y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC).

Así, a finales de 2022 y comienzos de 2023 se implementó un monitoreo con más de 45 estudiantes voluntarios de la UNAL Sede Palmira y las universidades Javeriana de Cali, Icesi y del Valle.

En 2006, un monitoreo hecho por otros investigadores daba cuenta de una densidad variable entre 6,5 y 10 individuos por kilómetro cuadrado. Posteriormente se realizaron otros cálculos que mostraron densidades entre 7,4 y 16 aves, pero el último ejercicio reveló una densidad aproximada de 46 pavas caucanas, lo que representa el incremento del 430 %.

Durante el estudio, parejas de observadores recorrieron 13 rutas seleccionadas en los bosques de la Reserva, con una longitud promedio de 1 km cada una. Se realizó un análisis para calcular la densidad y el número de individuos para esta nueva temporada de monitoreo, y así se obtuvo una población aproximada de 260 ejemplares, que implica un aumento del más del 400 %.

Reserva en óptimas condiciones

Según el biólogo Mauricio Correa Salazar, especialista en alternativas para la conservación de la WCS Colombia, “algunos factores que han contribuido al crecimiento positivo de la especie en este hábitat han sido el manejo adecuado de la Reserva, la recuperación de las coberturas vegetales y la disminución de presiones como la cacería”.

“Después de tener una distribución localizada pero abundante en los bosques de Cauca, Valle del Cauca, Quindío y Risaralda, la pava caucana hoy no tendría más de 2.500 ejemplares vivos y en vida silvestre recorriendo los escenarios naturales en donde alguna vez fue vista”.

Por su parte el profesor Carlos Alberto Jaramillo, coordinador de la Reserva, señaló que “el trabajo en educación ambiental, concientización y desarrollo comunitario liderado tanto por nuestros funcionarios Valentín Hidalgo y Cristóbal Córdoba como por el Comité Interinstitucional para el Manejo de la Reserva de Yotoco (CIRNY), ha permitido ampliar la zona  de conservación de la reserva a 1.224 hectáreas, lo que ha sido clave para la supervivencia de esta ave”.

El monitoreo y la recopilación de datos que hicieron los estudiantes voluntarios fue fundamental en este programa de conservación, pues son actividades esenciales para entender mejor el comportamiento y las necesidades de la especie.

Desafíos en la conservación de la pava caucana

Uno de los mayores retos con la pava caucana es la endogamia, es decir el apareamiento entre animales emparentados por ancestros comunes, ya que esto fragmenta su hábitat y aísla a sus poblaciones. La Reserva Natural Bosque de Yotoco se dividió en dos áreas por la ampliación de la doble calzada Buga-Loboguerrero, lo que puede dificultar la migración y el flujo genético de la especie.

Por eso, Luisa Fernanda Collazos Escobar, una de las estudiantes de Zootecnia de la UNAL Sede Palmira que participó en los monitoreos, afirma que “el siguiente reto en el trabajo de conservación es estudiar el flujo genético de la especie, ya que esta división del bosque puede afectar la reproducción y la diversidad genética del ave”.

El biólogo Correa considera que “el futuro trabajo de conservación se centrará en mantener y fortalecer las estrategias del plan de manejo, la mitigación de amenazas, la preservación de hábitats y la identificación de núcleos poblacionales para facilitar el flujo genético entre las diferentes poblaciones”.

Por último, el profesor Jaramillo destacó la educación y el involucramiento de la comunidad local en los resultados del programa de conservación: “los esfuerzos de sensibilización han llevado a una mayor conciencia sobre la importancia de coexistir con la pava caucana y otros animales silvestres”.