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lunes, 22 de julio de 2024

Restauración de manglares debe considerar fenómenos de El Niño y La Niña

 Acciones de dragado, manejo de sedimentos y limpieza de caños en la Ciénaga Grande de Santa Marta deben tener en cuenta los fenómenos de El Niño y La Niña para evitar afectaciones en los manglares. Un estudio demuestra que la restauración ecológica debe ser climáticamente inteligente para contrarrestar o evitar reforzar los efectos que pueden tener las temporadas de sequía y lluvia en estas importantes especies vegetales.

La Ciénaga Grande de Santa Marta es muy importante para el Caribe colombiano y el país porque alberga alrededor de 519 especies animales y sustenta más de 3.000 pescadores que dependen de sus servicios ecosistémicos, según explica el doctor en Biología Marina David Alejandro Sánchez Núñez, docente de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz. Incluso algunas comunidades viven inmersas dentro del manglar, como las poblaciones palafíticas de Buenavista y Nueva Venecia, que se benefician de la pesca, el ecoturismo, la madera y la protección contra vientos.

“Cuando se muere extensivamente el manglar, que ellos denominan como su ‘empresa’, hay muchos peces y otras especies comerciales que pueden aminorar, entre ellas sábalo, mojarras, camarón, robalo, lisa, macabí y jaiba, que utilizan para su sustento y para vender”, acota el experto. Mientras que, si los manglares se expanden, habría más hábitats para los peces, más recursos pesqueros y mayor bienestar para las poblaciones.

Para proteger estos ecosistemas y quienes dependen de ellos es necesario actuar según la variabilidad climática. “Normalmente cuando el evento es de El Niño (lluvias por debajo de lo normal en los Andes y Caribe colombiano) se pierde cobertura, o sea que se muere la vegetación; y cuando es de La Niña (donde ocurren lluvias y aumentan caudales por encima de lo normal) gana cobertura o se expande”, explica el investigador.

“Cuanto más fuerte sea El Niño, como en el 2015, cuando el Gobierno nacional impulsó el ahorro de agua y luz para evitar racionamientos, hubo muchos manglares que se murieron, mientras que con eventos de La Niña consecutivos entre 2007 y 2010 o entre 2020 y 2023 los manglares se recuperaron, y lo más interesante es que se expandieron en lugares internos difíciles de recuperar con el desarrollo de árboles”, anota el profesor Sánchez.

Así mismo, las actividades humanas, como las obras de infraestructura o mantenimiento de afluentes, impactan las condiciones de estos ecosistemas costeros. La Ciénaga Grande de Santa Marta perdió 27.380 hectáreas de manglares entre 1956 y 1995, de las 51.150 hectáreas presentes previamente por la construcción de las carreteras Ciénaga-Barranquilla y Palermo-Sitio Nuevo y de diques paralelos al río Magdalena, que aumentaron la salinidad del suelo en el sistema (hipersalinización) al reducir la conectividad mareal y de agua dulce.

La salinidad del suelo es uno de los principales reguladores de las plantas de manglar. Aunque los manglares son tolerantes a la sal, cuanto mayor sea la salinidad, mayor será la energía involucrada en la absorción de agua y menor será el crecimiento del manglar.

Cabe anotar que a este sistema le entra agua dulce del río Madalena a través de varios caños y de tres ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta, que aumentan su caudal durante estaciones lluviosas y eventos La Niña, y disminuyen su caudal durante la estación seca o durante eventos El Niño.

Un poco de historia

Entre 1996 y 1998, la Ciénaga Grande de Santa Marta fue declarada como sitio Ramsar (humedal de importancia internacional) y en el año 2000 como Reserva Internacional de la Biosfera. Durante la década de 1990 se implementó un proyecto de rehabilitación hidrológica llamado Prociénaga para aumentar la conectividad de agua dulce mediante la construcción de derivaciones que reconectan al sistema lagunar con el río Magdalena, principal fuente de agua dulce.

En 1998 cuando se reabrió el Canal Aguas Negras como medida de restauración hidrológica, sucedió al mismo tiempo un evento de La Niña fuerte. Es decir, le entró mucha agua dulce al sistema, disminuyendo la salinidad demasiado y muy rápido. El manglar no se recuperó en el corto plazo tanto como se esperaba, pues en algunos lugares proliferaron otras especies de vegetación acuática como la enea (Typha domingensis).

La alta carga de sedimentos provenientes del río Magdalena, 10 veces mayores a las existentes hace varios siglos, taponan los caños y reducen la conectividad hidrológica (los sedimentos taponan los caños como el colesterol lo hace con las arterias). Por eso desde 2004 el mantenimiento de caños se ha realizado periódicamente, y aun así la extensión ocupada por los manglares ha fluctuado con periodos de recuperación o degradación.

Luego de El Niño de 2015-2016, que fue el más fuerte que se ha registrado, se perdieron alrededor de 7.659 hectáreas de manglar, casi la mitad de la extensión de manglar recuperada entre 1995 y 2015 (16.711 ha). En 2017, este sistema natural fue incluido en el registro de Montreux (humedales Ramsar en peligro crítico) debido a la sequía severa generada por El Niño 2015-2016 y a otras a afectaciones como la expansión agrícola y ganadera y los desvíos y captaciones de flujos de agua de los ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Medidas como mejoras en la disposición de sedimentos cuando se hace dragado de caños, eventos de la Niña consecutivos entre 2016-2018 y entre 2022-2023 y una restauración ecológica más efectiva han permitido recuperar el manglar a un nivel similar al presente antes de El Niño 2015-2016.

Recomendaciones

Con base en esta investigación realizada por el doctor Sánchez junto con la magíster en Ciencias de Biología, Jenny Alexandra Rodríguez y el doctor en Biología José Ernesto Mancera, docente de la UNAL Sede Bogotá, se podría recomendar que cuando se espere un evento de El Niño se realicen los dragados de mantenimiento a los canales; mientras que cuando se presenten eventos de La Niña muy fuerte no es recomendable realizar mantenimientos extensivos porque se dulcifica rápidamente el sistema de la Ciénaga Grande.






miércoles, 17 de marzo de 2021

Más huracanes y otros fenómenos por desequilibrio de los océanos

 El desequilibrio en los océanos debido al aumento en las lluvias y el deshielo polar, entre otros eventos climáticos, tendría como consecuencia temporadas de huracanes más intensas, nevadas e inviernos gélidos y veranos con temperaturas extremas.

La oceanóloga Nancy Villegas, doctora en Ciencias Físicas y Matemáticas y líder en el Grupo de Investigación en Oceanología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), indica que ya se ven esos cambios, como las recientes nevadas de España, de Ámsterdam luego de diez años, o las de Texas, además del huracán que afectó el Archipiélago de San Andrés.

En ese sentido, advierte que la temporada de tormentas podría ser más frecuente e intensa porque en época de verano la temperatura superficial del mar sería más cálida, lo que favorecería la energía que requieren las tormentas tropicales para volverse huracanes, y afectaría zonas alejadas como los sistemas monzónicos de Asia y África y en la circulación atmosférica de Estados Unidos.

“La superficie del océano transforma la energía calorífica que llega por la radiación solar y genera procesos como evaporación, aerosoles, hielo, lluvias, olas, intercambios de gases y salinidad, que va aumentando a medida que se hace más profundo”, indica la profesora Villegas, y agrega que los cambios en ese equilibrio varían las condiciones climáticas, e incluso causa que los seres vivos se desplacen a otras zonas.

En el planeta hay cinco zonas costeras de surgencia muy importantes, es decir cuando las masas del fondo, frías y ricas en nutrientes, empiezan a ascender a la superficie y favorecen a los peces del sector y recirculan las aguas. Estas se encuentran en el Atlántico norte en la corriente de las Canarias; en el Atlántico sur, corriente de Benguela; en el Índico, la occidental de Australia; en el Pacífico norte la de California y en el Pacífico sur, corriente de Perú-Chile.

Contracorriente de agua caliente

La oceanóloga indica que en una situación normal el agua fría viajaría desde Chile hasta el Pacífico colombiano y se movería por el Ecuador hasta las costas de Australia, a donde llegaría caliente. En la oscilación de El Niño se genera una contracorriente de agua caliente desde Australia que viaja por el Ecuador y llega caliente a esa zona típicamente fría. Esta oscilación trae tiempos secos en algunas regiones de América del Sur y es lo que se conoce como el fenómeno de El Niño.

La experta recuerda que el 71 % de la superficie de la Tierra está ocupada por océanos, que proporcionan entre el 50 y 80 % del oxígeno del planeta por el fitoplancton, que captura entre el 30 y el 50 % de CO2 atmosférico.

No se puede olvidar que el agua es 1.000 veces más densa que el aire, es decir que trasporta 1.000 veces más calor que el aire, la corriente del golfo mueve unos 20 millones de metros cúbicos de agua por segundo, que es casi 100 veces el caudal del Amazonas.

“Esta corriente atraviesa el Atlántico norte, lleva aguas cálidas a altas latitudes, cuando llega a los países nórdicos ha emitido tanto calor que ya están frías, se van a la profundidad y se devuelven por el océano hasta Suramérica”, agregó la profesora durante la Cátedra Nacional Colombia Bioazul, “Dos mares un país, territorios por explorar” de la UNAL.

Dicha corriente estaba hasta el siglo XIX y en la década de los 50 empezó a ralentizarse; en 2018 se observó que se ha desacelerado en un 15 %, posiblemente por el aumento en las lluvias y el derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia, donde el agua dulce reduce la salinidad y no permite que la corriente vaya al fondo y se regrese.

El debilitamiento de la corriente puede llevar a cambios climáticos, ya no tendría la misma fuerza para llevar aguas cálidas a Europa ni aguas frías y ricas en nutrientes al Caribe. “Algunas predicciones señalan que en 2100 se debilitaría hasta en un 45 % y habría un cambio en las condiciones climáticas de todo el mundo, empezando por Europa, donde habría inviernos gélidos severos y veranos extremos, debido a que el vapor de agua de la corriente no suavizaría ninguna de las estaciones”, concluye la profesora Villegas.