lunes, 16 de septiembre de 2024

Con envases plásticos reciclados fabrican aislante para sistemas de refrigeración

 Las botellas plásticas de gaseosa o agua que normalmente terminan en la basura se podrían convertir en un material eficiente para aislar térmicamente neveras, instalaciones de almacenamiento en frío como las cámaras frigoríficas y otros sistemas de refrigeración. Una investigación mejoró el proceso químico para reutilizar este tipo de plástico, con el uso de microondas, y las características de los productos derivados para su uso industrial.

Josué Hernández Chinchilla, magíster en Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), desarrolló con éxito un método para reciclar tereftalato de polietileno (PET), el plástico que se utiliza habitualmente en las botellas y convertirlo en espuma rígida de poliuretano de alto rendimiento.

“Tal como lo sospechábamos, al reciclar el PET e incluirlo en la fabricación de espumas se mejoraron las propiedades mecánicas como la resistencia a la compresión del poliuretano en casi un 10 % y en el mismo porcentaje también se mejoró el factor K, que es indicador de la eficiencia de aislamiento térmico”, explicó el investigador.

Tras realizar una serie de pruebas, se encontró que la espuma desarrollada tiene propiedades mecánicas que le permiten soportar cargas de peso y resistir cambios de presión sin perder sus dimensiones originales. Además, tiene propiedades de aislamiento térmico que mejoran cuando se incorpora el PET reciclado. 

Así, la propuesta de reciclaje que ofrece este magíster resulta crucial ante el aumento continuo de la producción mundial de plásticos, según informes de Plastics Europe. En 2022 la producción global alcanzó los 400,3 millones de toneladas, y en Colombia se estima que anualmente se consumen 1.250.000 toneladas de plástico, entre ellas las botellas, de las cuales el 74 % termina en rellenos sanitarios.

¿Cómo lo hizo?

El estudio se centró específicamente en el PET, que representa una parte importante de los residuos plásticos. “Cada año se producen unas 30,5 millones de toneladas de PET en todo el mundo, de las cuales solo el 30 % se recicla. En Colombia, de cada 10 botellas que se producen, solo 3 son recicladas”, reitera el magíster Hernández.

El proceso que desarrolló mediante glicólisis, un método de reciclaje químico para depolimerizar (revertir o descomponer) el PET en sus componentes básicos empleando compuestos químicos como el etilenglicol y dietilenglicol, ampliamente utilizados en formulaciones industriales. Los productos de este proceso se utilizan luego para crear polioles, un ingrediente clave en la producción de espuma de poliuretano.

El investigador recicló botellas plásticas y después las molió. Luego, mediante la glicólisis, rompió las largas cadenas del polímero hasta convertirlas en partes más pequeñas que se denominan oligómeros y monómeros.

Un aporte adicional del investigador a este proceso experimental es que utilizó la glicólisis asistida por microondas, que reduce significativamente el tiempo de reacción, que suele ser de 3 a 5 horas, y con este método lo redujo a tan solo una hora.

“Modificamos un horno microondas y empezamos a hacer las pruebas; hicimos curvas de calentamiento y analizamos qué tan efectivo resultaba. Después de todo el proceso identificamos que este método es más efectivo porque los tiempos de reacción se reducen, lo que se traduce en un menor consumo de energía y menores costos de operación”. 

Durante el proceso se seleccionan catalizadores adecuados, sustancias que aceleran la reacción química, y el PET depolimerizado se convierte en polioles de poliéster. Luego estos polioles se combinan con otros insumos como catalizadores, siliconas y agentes soplantes que al reaccionar con líquido isocianato permite producir las espumas de poliuretano rígido.

El paso a seguir fue realizar las pruebas en colaboración con una empresa local de poliuretano y fue en esta fase en la que el investigador corroboró que al reemplazar entre el 10 y el 20 % de los polioles convencionales con los derivados del PET reciclado se observaron mejoras significativas en las propiedades mecánicas y térmicas de esta espuma. 

“El desarrollo logrado no solo aporta al problema de los residuos plásticos, sino que también mejora el rendimiento de un material que es muy utilizado en la industria. Se puede usar en paredes, neveras y otros equipos de refrigeración”, detalló el autor del estudio.






sábado, 14 de septiembre de 2024

“Alegrías”, plantas nativas colombianas, tienen potencial antiviral, antioxidante y antidepresiva

 El primer estudio publicado en Colombia sobre el género de plantas Scutellaria (familia Lamiaceae), conocidas en el país como alegría de páramos o hierbas alegres, confirmó las propiedades de 3 especies oriundas del país para tratar diversas enfermedades y trastornos.

A través de un análisis químico, el estudio determinó las propiedades antioxidantes, antivirales y antiinflamatorias de los compuestos presentes en 3 especies del género Scutellaria: S. incarnata, S. coccinea, y el híbrido S. ventenatii × S. incarnata.

El trabajo fue desarrollado por los investigadores Silvia Porras, Rogerio Saavedra, Lady Sierra, Jairo Martínez y Elena Stashenko, de la Universidad Industrial de Santander (UIS), con el profesor Robert Tulio González Mina, del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

En Colombia, las especies del género Scutellaria se conocen como hierbas alegres por la traducción al español la denominación que les dan las comunidades indígenas nasa. Por su alto contenido en melatonina y serotonina se usan como ansiolíticas, antidepresivas, antivirales y contra ciertos tipos de cáncer.

La planta produce estos dos componentes en altas cantidades como una estrategia para resistir al estrés hídrico cuando no recibe suficiente agua para cubrir sus necesidades, regulando el bienestar y los ciclos de sueño, un comportamiento que ha llamado la atención de los investigadores  y la ha convirtiendo en el género más estudiado por los científicos en el mundo.

Con 476 especies aceptadas, el género Scutellaria tiene una amplia distribución gracias a las aves acuáticas migratorias que dispersan sus semillas a lo largo de América, desde Argentina hasta Estados Unidos y Canadá, primer país que destacó su valor en aplicaciones tecnológicas a partir de sistemas biológicos u organismos vivos (biotecnología).

Estudio pionero en Colombia

Las muestras para el análisis fueron proporcionadas por el Estado colombiano a través del “Contrato n.o 270, para el acceso a recursos genéticos y productos derivados”, celebrado entre el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la UIS.

Por su parte los tallos y hojas se recolectaron en abril de 2021, durante la floración, en parcelas experimentales del Complejo Agroindustrial Piloto del Centro Nacional de Investigación para la Agroindustrialización de Especies Vegetales, Aromáticas y Medicinales Tropicales (Cenivam) ubicado en Bucaramanga, Santander.

Los resultados mostraron que la especie S. coccinea presentó la mayor actividad antioxidante de las 3 especies estudiadas, debido a la alta concentración de baicalina y dihidrobaicalina-glucurónido, compuestos que revelaron tener una notable capacidad para reducir el estrés 

oxidativo, lo que sugiere que serían útiles en el tratamiento de enfermedades como el dengue o la diabetes​.

Además se identificaron otros componentes presentes en las 3 especies, entre ellos la escutelareína y la apigenina, que en investigaciones anteriores demostraron propiedades antitumorales y antivirales.

“Por su parte, la presencia en los extractos de umbelliferona-hexósido-pentosido –un compuesto que no se encuentra en otras especies del género Scutellaria–sugiere que es promisorio para desarrollar extractos antioxidantes que se podrían utilizar en el sector farmacéutico y en productos fitoterapéuticos”, señala el estudio.

del género Scutellarias son de la misma familia de las albahacas, pero, a diferencia de estas, tienen poco aceite esencial y su supervivencia se basa más en compuestos flavonoides, llamados flavonas, las cuales tienen una actividad extremadamente fuerte sobre receptores de las neuronas, este es el receptor GABA, uno de los que apagan y prenden neuronas y funcionan como sedativos o antidepresivos dependiendo de cómo se usen”, destaca el profesor González.

Para el estudio los investigadores incluyeron distintas técnicas para medir la capacidad antioxidante de los extractos obtenidos de las plantas secas, como el ensayo ORAC (Capacidad de Absorción de Radicales de Oxígeno) y el ensayo ABTS. También usaron cromatografía líquida, métodos de ionización y dos tipos de espectrometría de masas para identificar y cuantificar los compuestos químicos, lo que permitió maximizar la obtención de flavonoides, compuestos bioactivos que se encuentran en una amplia variedad de frutas y verduras.







jueves, 12 de septiembre de 2024

Colombia, un jardín deforestado: impacto del modelo de desarrollo en la biodiversidad

 En Colombia al menos el 48 % de los sistemas biológicos se encuentran bajo amenaza. Actividades orientadas a la explotación de recursos naturales y la maximización de la producción agrícola y ganadera, además del consumismo, apartan al ser humano de un pensamiento ambiental que trabaje de manera integral en la construcción de proyectos de desarrollo sostenible en la nación; así lo consideran diferentes expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

En el especial La UNAL en la COP16, programa de Radio UNAL, expertos de la Sede Manizales plantearon que el actual modelo de desarrollo, pensado en satisfacer los intereses humanos, configura uno de los principales riesgos para los ecosistemas en el contexto del cambio climático, porque carece de una conciencia ambiental que reconozca el patrimonio de la biodiversidad.

Patricia Noguera, docente de la Facultad de Ciencias de la UNAL e investigadora del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA), señala que “el modelo de desarrollo es el principal riesgo para los ecosistemas. La ciencia del capitalismo es la devaluación y la explotación, no es el cuidado, […] por eso debemos trabajar en la construcción de proyectos orientados en el pensamiento ambiental con transformaciones profundas en el sentido de la cultura del cuidado”.

La fragmentación de los ecosistemas por cuenta del desarrollo se evidencia por ejemplo en los guadales, que de las más de 12 millones de hectáreas solo queda el 4 %; también en los bosques de niebla, que de 9,7 millones de hectáreas se han reducido a 1,18 millones de hectáreas, según el Instituto Humboldt; y de los 9 millones de hectáreas de bosque seco, solo queda el 8 %.

“Todo eso se expresa en 150.000 toneladas de sedimentos que cada año llegan al mar por el río Magdalena, blanqueando el 80 % de los corales entre Cartagena y Barranquilla. Por eso los pescadores ya no pueden vivir del río, porque la pesca ha bajado de 80.000 toneladas anuales a solo 7.000, y en el canal del Dique de 30.000 a solo 3.000”.

En Colombia solo pensamos en territorios pero no en acuatorios, y como no existen regulaciones hídricas y pluviométricas, también tenemos afectaciones en el paisaje cultural cafetero y las ecorregiones del país”, señala el profesor Gonzalo Duque, director del Museo Samoga.

Señala además que “el Eje Cafetero es un jardín deforestado: los suelos aptos para bosques son el 54 % y no tenemos sino la quinta parte, y los suelos aptos para potreros son el 5 %, pero tenemos el 49 % en potreros. Es decir, no hay una cobertura compatible con los desafíos del cambio climático”.

Esta situación conlleva un complejo panorama futuro. Según el académico, para el 2050 se habrá perdido la aptitud en el 50 % de los suelos cafeteros colombianos. Quindío será el departamento más afectado en un escenario de cambio climático con incremento de lluvias y temperatura, que genera mayor humedad relativa y enfermedades fitosanitarias.

La histórica cifra de reducción del 36 % de la deforestación en Colombia en 2023 permitió que la Unión Europea le entregara 47.000 millones de pesos al país para apoyar la lucha contras las múltiples amenazas a los ecosistemas terrestres. Sin embargo, la académica Noguera señala que el país no puede seguir pensando que hay ecosistemas más importantes que otros.

Pacto de País por el Río Grande de la Magdalena

Como parte de las diversas actividades planteadas por los investigadores de la UNAL frente a la protección de los cuerpos de agua, el académico Fabio Rincón, docente de la Cátedra Unesco, aseguró que durante los últimos 3 años ha estado trabajando con diversas instituciones y entidades en dicho pacto.

Como primera acción de este acuerdo, los expertos han construido un repositorio bibliográfico de los textos en los que el río Magdalena es protagonista, lo mismo que un recuento de las investigaciones y acciones realizadas en este afluente de más de 1.528 km de extensión. Con estas herramientas, los expertos crearon la estrategia “Haz tu tesis en el río Magdalena” para que los estudiantes se interesen en este cuerpo de agua.

El Pacto de País por el Río Grande de la Magdalena contempla realizar seminarios para acompañar a los interesados a conocer más sobre la importancia del río, y porqué es necesario conseguir que sea declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como itinerario cultural.

El próximo encuentro con los académicos se realizará en noviembre en Honda (Tolima), y toda la comunidad está llamada a participar y entender la importancia de este cuerpo de agua y de los ecosistemas en el país.






miércoles, 11 de septiembre de 2024

El chontaduro sería una alternativa natural a los tintes alimentarios artificiales

 Aunque hoy el chontaduro se consume en mercados locales en forma de palmitos, crudo, como harina o chicha de chonta, esta fruta también tendría potencial para la industria alimentaria del país, pues contiene altas cantidades de pigmentos orgánicos (o carotenoides) y moléculas antioxidantes que servirían para reemplazar aditivos sintéticos colorantes.

Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín comprobó que usar ventanas refractantes para secar la fruta conservaría el 88,5 % de su betacaroteno, un compuesto natural que remplazaría aditivos artificiales como la tartrazina o el amarillo ocaso, colorantes que pueden generar efectos negativos en la salud. Además, con esta técnica se reducirían costos y energía.

El chontaduro, fruta de color anaranjado quemado y textura fibrosa, es originaria de la Región Amazónica, y aunque ha sido considerada como exótica, cada vez se han conocido más sus propiedades nutritivas y ha cobrado interés por ser un frutal promisorio para promover la sustitución de cultivos de uso ilícito en Colombia.

Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, actualmente en el país hay más de 37.600 hectáreas sembradas con este cultivo, siendo el municipio de Tambo (Cauca) el de mayor participación nacional, con el 48 % de la producción del país.

“Es una fruta con un gran valor nutricional, con alto contenido de carotenoides, selenio, zinc y polifenoles, moléculas que ejercen un potencial antioxidante, es decir aliadas en la prevención de daños celulares y algunas enfermedades degenerativas”, explica Jeanine Kathleen Peñaloza Figueroa, doctora en Ingeniería - Sistemas Energéticos de la UNAL Sede Medellín, autora de la investigación.

Para obtener estos bioactivos de forma eficiente, el material debe estar libre de agua, por lo que el secado de la fruta es crucial. “Para extender su vida útil y usarla como ‘ingrediente’ en otros productos (jugos, tortas, mermeladas, etc.) se le debe retirar toda el agua garantizando su estabilidad y baja degradación oxidativa. Por eso, con el fin especial de preservar sus carotenoides, probamos una tecnología emergente para el secado: las ventanas refractantes”, explica.

Los carotenoides como el betacaroteno son una alternativa natural para remplazar aditivos artificiales como la tartrazina (proporciona color amarillo o anaranjado a los productos), promoviendo la reducción de efectos negativos en la salud de los consumidores.

“Inicialmente caracterizamos 3 variedades de chontaduro provenientes de Cauca, Chocó y Putumayo, y encontramos que la primera presenta mayores valores de carotenoides, la segunda mayor contenido de grasas (omegas 6 y 9) y la tercera mayor contenido de almidón”, agrega la investigadora.

Chontaduro del Cauca y uso de ventanas refractantes

En palabras sencillas, el método de ventanas refractantes consiste en un recipiente grande con agua caliente, que funciona similar al “baño María”, y sobre el que hay un plástico llamado lámina mylar, que separa la pulpa del líquido. “Elegimos el chontaduro del Cauca por sus propiedades. Extendimos la pulpa de la fruta hasta que estuviera de poco espesor, o en forma de laminillas, y empezamos el proceso de deshidratación. Para esto el agua debe estar a una temperatura entre 80 y 90 °C”, continúa.

En la parte superior hay un sistema de extracción para eliminar la humedad que sale del producto. “Durante la investigación probamos diferentes temperaturas y espesores, e identificamos que las condiciones óptimas de temperatura y espesor sonde  85 °C y 2 mm, así preservamos el 88,5 % de betacaroteno, un resultado muy favorable teniendo en cuenta que con otras técnicas como el secado por convección, el microondas, el vacío y la atomización se retenía respectivamente el 11,44 %, 23,94 %, 22,85 % y 30 %”.

Además, la investigadora Peñaloza realizó pruebas a nivel industrial, pasando de trabajar en laboratorio con una lámina de 30 cm x 19 cm, a un equipo de 5 m de largo por 80 cm de ancho. Así encontró que a gran escala se necesita incluso menos tiempo de secado (entre 14 y 20 minutos), un hallazgo adicional para la eficiencia energética y la reducción de costos e impactos en el medioambiente.

“Las ventanas refractantes representan muchos beneficios, especialmente porque necesitan temperatura más baja que otras técnicas, como el secado por atomización que requiere temperaturas de hasta 220 °C”, complementa.

Estos resultados demuestran la viabilidad de fortalecer la producción de esta fruta y de apoyar a los emprendedores de zonas vulneradas por el conflicto armado. “Podemos conseguir esta materia prima en zonas como Cauca, Chocó y Putumayo y obtener productos que se materialicen en el mercado nacional”, concluye la investigadora.





martes, 10 de septiembre de 2024

Hongos de orquídeas servirían para controlar enfermedades en cultivos agrícolas

Aunque en Colombia se han descrito más 4.270 especies de orquídeas, solo en 15 de ellas se han estudiado sus hongos micorrícicos (que les permiten germinar), lo cual limita el conocimiento sobre los múltiples beneficios que estos le aportarían a la humanidad en aplicaciones como la propagación de orquídeas comerciales, la protección de cultivos agrícolas e incluso su posible uso en la industria farmacéutica.

Las micorrizas son hongos que han existido por más de 400 millones de años desempeñando un rol esencial en la colonización de las plantas sobre la Tierra; de hecho, más del 80 % de ellas las necesitan en sus raíces para crecer y prosperar. Se trata de una relación simbiótica que implica un intercambio mutuamente beneficioso: los hongos micorrícicos ayudan a las raíces a obtener nutrientes esenciales del suelo –como fósforo y nitrógeno–, y estas a su vez les proporcionan los productos de la fotosíntesis, especialmente azúcares, necesarios para su subsistencia.

Las micorrizas se clasifican en varios tipos, siendo las más comunes las arbusculares, que se encuentran en la mayoría de las plantas, y las ectomicorrizas, que son las más estudiadas e interactúan principalmente con árboles y algunos arbustos. Sin embargo, dentro de esta diversidad destaca un grupo especializado que ha llamado la atención de los científicos por sus posibles aplicaciones biotecnológicas: las micorrizas de orquídeas.

Así lo expuso el profesor Joel Tupac Otero Ospina, líder del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal, durante el Seminario Biotecnología y Biodiversidad “Clave para un futuro sostenible y resiliente”, desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira como parte de la agenda previa a la COP16.

“Para sobrevivir, las orquídeas dependen de sus hongos simbióticos desde las primeras etapas de su vida. A diferencia de muchas otras plantas, sus semillas son diminutas y carecen de endospermo, un tejido nutritivo que alimenta el embrión durante la germinación; esto significa que sin las micorrizas las orquídeas no pueden germinar, por lo que dependen completamente de esta interacción para crecer”, explica el investigador.

Micorrizas para la protección de cultivos

Uno de los campos más prometedores de estos hongos es su aplicación biotecnológica, ya que, al contar con el potencial de mejorar la germinación de semillas de orquídeas silvestres y comerciales, puede contribuir en la conservación de las especies en peligro de extinción y en el cultivo de orquídeas ornamentales o con valor económico, como la vainilla (Vanilla planifolia).


En Colombia, pese a que la investigación ha avanzado considerablemente gracias a los estudios pioneros de los profesores Marina Sánchez de Prager y Eider Daniel Gómez López de la UNAL Sede Palmira, quienes documentaron por primera vez micorrizas de orquídeas en el país, aún queda mucho por descubrir. Además, desde el Grupo de Investigación estudiantes de pregrado, maestría y doctorado han desarrollado diversas investigaciones.

Uno de los estudios más destacados fue la confirmación de que estos hongos micorrícicos pueden desempeñar un importante papel en la protección de cultivos, según concluyó la investigadora Ana Teresa Mosquera en su tesis doctoral, al evaluar la capacidad de ciertas especies de micorrizas para inducir resistencia en cultivos de arroz frente a patógenos como Rhizoctonia solani, un hongo que causa daños graves en diversas plantaciones.

Los resultados demostraron que las micorrizas de orquídeas no actúan como patógenas en los cultivos de arroz, sino que, por el contrario, pueden reducir la severidad de las infecciones fúngicas, lo que abre la puerta a nuevas estrategias de manejo de enfermedades agrícolas mediante su uso.

“Lo preocupante es que, de las 4.270 especies de orquídeas descritas hasta 2015 en Colombia solo de 15 se han caracterizado sus hongos micorrícicos, lo que destaca la necesidad de continuar investigando para comprender mejor esta relación simbiótica y conocer su potencial biotecnológico”, señaló el investigador Otero.

Recientemente, y por primera vez en el país, estudiantes del Semillero de Investigación en Orquídeas y Ecología descubrieron e identificaron en Palmira (Valle del Cauca) la especie Microchilus riopalenquensis, una orquídea terrestre nativa de Ecuador, Colombia y Perú que crece en guaduales y zonas boscosas, un hallazgo que aporta a la formación científica y al conocimiento de la riqueza botánica del país.

Entre las orquídeas estudiadas por el Grupo de Investigación en diferentes regiones del país –Buenaventura, Palmira, Medellín y Dagua, entre otras– se encuentran especies como Vanilla rivasii, Ionopsis utricularioides y Epidendrum melinanthum, lo que demuestra la importancia de las micorrizas para que estas plantas puedan sobrevivir en diversos y hábitats, incluso con condiciones extremas.

El profesor Otero destaca que “las micorrizas también son valiosas para estudiar la historia natural y la evolución de las orquídeas: entender cómo han evolucionado estas relaciones simbióticas a lo largo de millones de años puede ofrecer perspectivas sobre la adaptación y diversificación de estas plantas”.

Entre los principales retos de la investigación están: identificar nuevos hongos micorrícicos para diferentes especies de orquídeas, crear bancos de micorrizas para aplicaciones comerciales y optimizar los métodos de propagación. La aplicación de técnicas avanzadas como la microscopía electrónica y la secuenciación del ADN permitirá una caracterización más precisa y detallada de las micorrizas.









 

sábado, 7 de septiembre de 2024

Sinfonía viva en la UNAL Sede Bogotá: la importancia del canto de las aves

 Con un poco de atención, los humanos podemos percibir la sinfonía natural que forman las aves con sus trinos –compuestos de patrones y ritmos– que nos pueden llevar a descubrir el complejo mundo que se desarrolla entre los árboles y el viento.

“La importancia del sonido de las aves” es el título de un recorrido por el campus de la Sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), organizado por el Museo de Historia Natural de la Institución y liderado por estudiantes de la carrera de Biología, el cual le brindó una experiencia inmersiva a la comunidad universitaria y al público en general.

Con alrededor de 1.968 especies registradas –es decir el 20 % del total global–, Colombia es líder mundial en registro de aves, las cuales se pueden apreciar incluso en territorios urbanos.

Durante el recorrido se destacó la complejidad del canto de las aves: mientras los sonidos de algunas son elaborados, llenos de matices y variaciones, otras emiten cantos más cortos y simples.

Además, los estudiantes los enseñaron a los participantes a identificar las especies mediante Merlin Bird ID, una aplicación que permite captar el sonido de las aves y da una descripción detallada de cada una.

Los silbidos, chirridos y trinos se producen gracias a un órgano especializado de las aves llamado siringe, que les permite emitir sonidos complejos. En comparación, los humanos utilizamos la laringe para producir la voz, pero, al igual que las aves, nos comunicamos por medio de este sistema sonoro.

En la jornada se destacó que en Bogotá las aves comienzan a cantar desde las 4:00 a. m., marcando el inicio del día. Sus sonidos cumplen múltiples propósitos, como el cortejo, el marcaje de territorio y la alerta de peligros.

En el campus de la UNAL Sede Bogotá se pueden escuchar y observar varias especies de aves, entre ellas la mirla patinaranja (Turdus fuscater), el canario silvestre (Serinus canaria), y la garza ganadera (Bubulcus ibis).

Jimena Sotelo, estudiante de último semestre de Biología, destacó “que las mirlas bogotanas son las más grandes del territorio nacional. El sexo de esta especie se puede identificar por el anillo ocular de los machos, que las hembras no lo tienen”.

En cuanto a los canarios silvestres, los guías advirtieron que frecuentemente estos son víctimas del tráfico ilegal, y a menudo también se confunde con el canario doméstico

Las mirlas son territoriales y tienen una dieta variada. Sin embargo, la deforestación ha cambiado su hábitat, trasladándolas de tierras bajas a zonas más altas.

El recorrido resalta la necesidad de apreciar y conservar la avifauna colombiana, esencial para los ecosistemas por su papel en la dispersión de semillas y en la regeneración de los bosques.

El Museo de Historia Natural de la UNAL invita a todos a participar en sus actividades, dirigidas a conocer mejor la biodiversidad de Colombia. Pueden consultar la programación en sus cuentas de Instagram: @muscohnunal y @goun_unal














viernes, 6 de septiembre de 2024

Caficultura con sombrío y vías verdes reactivaría la economía en Caldas

 En los últimos 50 años la participación del café en el producto interno bruto (PIB) de Colombia ha sufrido una drástica caída: del 9 % hace medio siglo, y de un máximo histórico del 30 %, pasó a menos del 0,9 % en la actualidad. Este descenso contrasta con el creciente impacto del turismo en una zona cafetera como Caldas, que representa el 9,86 % del empleo y contribuye con un 3,27 % al PIB. Estos datos subrayan la urgente necesidad de potenciar el sector turístico tanto para maximizar sus beneficios para este departamento como para diversificar la economía de la región.

A principios del siglo XX el auge de la industria cafetera le permitió a Manizales convertirse en una ciudad próspera, con inversiones en infraestructura como la construcción del Cable Aéreo Manizales-Mariquita y el Ferrocarril de Caldas, además de un crecimiento poblacional y una marcada cultura en torno a este cultivo. Sin embargo, la introducción en 1970 del monocultivo de la variedad caturra –resultado de una mutación genética que redujo el tamaño de la planta de café– y los problemas ambientales asociados afectaron negativamente la caficultura de la región.

“La Revolución Verde introdujo un modelo de monocultivo químico que los campesinos no pudieron asimilar debido a su bajo nivel educativo. Esto provocó una migración masiva del campo a las ciudades, transformando a Caldas de un 70 % rural a un 70 % urbano, lo que generó problemas sociales y ambientales como deslizamientos y fragmentación del territorio”, explica el investigador Gonzalo Duque Escobar, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, ingeniero civil con estudios de posgrado en Geotecnia, Geofísica y Economía.

“La apertura económica de 1991 exacerbó estos problemas, lo que resultó en la fragmentación social y espacial”, agrega. Aunque Manizales ha visto un incremento en la producción y ha sido reconocida por su competitividad y progreso social, además del problema económico también enfrenta el cambio climático, que representa una amenaza para la producción de café. Los expertos estiman que la mitad de las áreas cafetaleras del mundo podrían perder su capacidad productiva.

Una vía verde entre el café y el turismo

Ante este panorama, el Museo Interactivo Samoga de la UNAL Sede Manizales, dirigido por el profesor Duque, le ha propuesto a las autoridades locales una solución a este problema social, ambiental y económico: adoptar una caficultura con sombrío en vez del monocultivo de base química.

El monocultivo de base química se basa en cultivar una sola especie –como el café, en grandes extensiones– utilizando fertilizantes y pesticidas químicos, lo que reduce la biodiversidad, degrada el suelo y contamina el agua, además de ser insostenible a largo plazo.


En contraste, la caficultura con sombrío implica cultivar el café bajo árboles nativos o especies compatibles, lo que promueve un ecosistema más diverso y saludable. Este enfoque mejora la conservación del suelo y el agua, reduce el uso de químicos y aumenta la captura carbono, lo que lo convierte en un método más sostenible y resiliente frente al cambio climático.

La caficultura con sombrío no solo protege el ambiente, sino que además diversifica los productos disponibles y asegura una mayor estabilidad en la producción cafetera. Este enfoque busca mejorar la sostenibilidad buscando el desarrollo económico, el cuidado ambiental y el bienestar social a partir de la seguridad alimentaria.

En la investigación realizada por el profesor Duque se ofrece una visión reveladora sobre cómo Colombia puede reactivar su sector cafetero y su economía rural. En vez de centrarse en un modelo de exportación que hace dependiente al país, se propone fomentar una agricultura autárquica tradicional.

“La agricultura autárquica es un modelo que busca la autosuficiencia alimentaria al permitir que las comunidades locales produzcan sus propios alimentos en vez de depender de la exportación de grandes volúmenes. Este enfoque se centra en el cultivo de alimentos y hierbas medicinales locales, promoviendo prácticas agrícolas tradicionales y el conocimiento de los recursos del territorio”, explica el investigador.

Este modelo se puede complementar con el ecoturismo, aprovechando su auge y el atractivo que representa la rica biodiversidad del país, como sus 1.900 especies de aves, de las cuales el 42 % se encuentran en Caldas. “Esto puede generar ingresos adicionales y atraer visitantes interesados en la naturaleza, apoyando una economía sostenible y respetuosa con el medioambiente”, precisa.

El Paisaje Cultural Cafetero debería estar basado en prácticas agrícolas tradicionales y sostenibles que protejan la salud del suelo y del agua. Además se sugiere integrar el turismo fomentando vías verdes en donde las comunidades locales puedan ofrecer un turismo ecológico y cultural, no como simples paseos sino experiencias que ofrezcan conocimiento del territorio.

En este contexto también se propone formar a los jóvenes en áreas relacionadas con el turismo, como el aviturismo y la artesanía con denominación de origen, es decir la certificación que reciben los productos agrícolas, alimenticios o artesanales provenientes de una región específica con tienen características distintivas por su origen geográfico y por las condiciones locales en las que se producen.

También se podría replantear el modelo educativo actual para responder a las necesidades y oportunidades de las zonas rurales. Se propone una educación que prepare a los jóvenes para aprovechar el potencial del turismo y otras actividades económicas locales, abriendo oportunidades y contribuyendo a la reducción de la migración del campo a la ciudad.






jueves, 5 de septiembre de 2024

El mar tiene “fiebre”: impacto del cambio climático en San Andrés y Providencia

 Transformar el modelo de turismo masivo en alternativas con menor impacto medioambiental, y además implementar políticas públicas que fortalezcan la gestión del riesgo de desastres en las zonas insulares del país, forman parte de las estrategias planteadas por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe e instituciones internacionales para mitigar los efectos que ha dejado el cambio climático en el territorio.

En el archipiélago de San Andrés y Providencia los impactos de esta crisis se han reconocido en el incremento de fenómenos naturales como las marejadas ciclónicas –cambio en el nivel de agua debido a la presencia de una tormenta–, capaces de generar inundaciones permanentes en zonas costeras; en las marejadas las olas pueden alcanzar entre 7 y 8 m de altura.

En los últimos días los impactos producidos por el aumento en la temperatura de la atmósfera han dejado alrededor de 3.000 damnificados en zonas del Pacífico colombiano a causa de marejadas, situación que requiere nuevas estrategias de atención para que la vulnerabilidad social que padecen los habitantes de la zona por estos comportamientos atípicos del mar se pueda reducir.

Carolina Velásquez, Ph. D. en Gestión y Manejo Científico de Desastres y magíster en Estudios del Caribe de la UNAL, señaló que “la vulnerabilidad descrita en aspectos tanto sociales como ecosistémicos ha traspasado a situaciones de injusticias hídricas que deben ser atendidas en la gestión de riesgos.En San Andrés se han tomado decisiones legitimadas a través de políticas públicas que han llevado a que los habitantes de la Isla sufran por el acceso al agua”.

Según el Observatorio de la Reserva de la Biosfera Seaflower, el 82 % del agua que se utiliza San Andrés es subterránea, y aunque existen dos acuíferos, solo uno de ellos se considera apropiado para la captación de agua para consumo.

El acuerdo integral (naturaleza-cultura) y nuevo diálogo entre las poblaciones y el elemento agua para minimizar los impactos del cambio climático en las zonas costeras también pone sobre la mesa las consecuencias del desequilibrio existente entre la sobrepesca y la reducción de las poblaciones que componen la biodiversidad marina en los territorios.

Según Adriana Santos, doctora en Ciencias, magíster en Biología Marina y directora de la UNAL Sede Caribe, “sobrepasar los límites de explotación de las especies que conviven en el mar perjudica el ambiente en las zonas que dependen de ese recurso. La sobrepesca en múltiples ecosistemas se ha unido a la pérdida de hábitat, la contaminación y las bioinvasiones que han deteriorado la salud de estas áreas y han llevado a reconocer que el mar y el planeta tienen fiebre por el inminente incremento en la temperatura global”.

Para los expertos, la amplia biodiversidad que existe en el país tiene que convertirse en un motor de desarrollo, en el que los genes y los ecosistemas converjan como uno solo. José Ernesto Mancera, profesor de la Facultad de Ciencias y Biología de la UNAL, en el Especial La UNAL en la  COP16 de Radio UNAL, indica que las posibilidades de desarrollarnos como especie también depende del patrimonio natural.

“Al quemar toda la materia orgánica para mover nuestra maquinaria estamos calentando la atmósfera y esto lleva al derretimiento de los casquetes polares, que albergan el 3 % del agua dulce del planeta”, subrayó el profesor Mancera.

A raíz de los efectos del calentamiento global, la UNAL trabaja en más de 30 acciones de fortalecimiento de la gestión de riesgos de desastres que buscan incrementar el conocimiento, la capacidad y preparación con base en la seguridad humana y la preservación de la base natural en el Archipiélago de San Andrés, en las que también participan otras 10 entidades aliadas que desde hace más de un año y medio pretenden jalonar la respuesta a estas necesidades en el territorio.





martes, 3 de septiembre de 2024

Crecimiento del turismo en la Sierra Nevada cambia el territorio para las poblaciones indígenas

 Los habitantes del municipio de Pueblo Bello (Cesar) –en donde habita la comunidad indígena iku, llamada comúnmente como arhuacos– tratan de generar estrategias para mantener su autonomía ante las presiones que les llegan desde el exterior por las distintas modalidades turísticas que, aunque pueden ser una oportunidad económica y cultural, a medida que crece impacta la forma de habitar sus territorios.

El investigador Andrés Ricardo Restrepo Campo, magíster en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),asegura que aunque algunos indígenas presentan resistencia al turismo, otros piensan en formas que puedan usar para fortalecer sus propias luchas políticas.

“Buscando la diferencia como atractivo, el turismo también visibiliza lo indígena, les da valor a los elementos naturales y culturales como el paisaje prístino, las mochilas elaboradas a mano, o las kankurwas o templos mayores de la palabra, del pensamiento y la reflexión; y su forma de vida, que antes era vista solo como obstáculos para los paisajes de la productividad, hoy son vitales para el paisaje sagrado indígena”, explica el investigador.

En este sentido, la “turistificación” –término usado por el experto para referirse a la transformación de los territorios a raíz del turismo– lleva la subordinación del hábitat a las demandas del mercado y su instrumentalización para el consumo de los visitantes, lo que implica reducir el sentido sagrado que le ha dado la comunidad indígena al territorio que habita.

En este sentido, el magíster señala que “el turismo ofrece una fórmula para resolver una tensión que normalmente está en las comunidades: proteger la naturaleza con la necesidad de desarrollarse económicamente, de proyectos que aprovechen esos recursos naturales y que generen riqueza; pero muchas veces implica consumir o explotar esa naturaleza, que iría en detrimento de ella misma. Asimismo promete generar una alternativa turística, aprovechando ese valor paisajístico, pero que al mismo tiempo se pueda monetizar para satisfacer otras necesidades”.

Impactos del turismo en zonas naturales

En la Sierra Nevada se han evidenciado cambios, específicamente en la parte del límite del Resguardo Indígena Arhuaco. Un ejemplo es Pueblo Bello, en donde se percibe una arquitectura que contrasta con la tradicional: “casas más grandes, con una estética distinta; que se notan son de propiedad de grupos sociales distintos al nativo, seguramente de personas pudientes de Valledupar, convertidas en lo que ellos llaman ‘Casa de campo’ o ‘casas de recreo’ para las zonas rurales”, cuenta el magíster Restrepo.

Así se comienza a transformar el paisaje y el hábitat, debido a la demanda y la oportunidad de ofrecer espacios amplios para la recreación durante el fin de semana, de turistas que buscan espacios tranquilos y frescos fuera de la ciudad, cercanos a la Sierra Nevada. “Para la población  asentada en esta zona, su paisaje sagrado es intervenido y marcado por el accionar de los ‘Bunachi’, es decir el blanco o no indígena, según la denominación de los nativos”, explica el experto.

“En su mismo crecimiento el turismo ejercerá presión sobre la naturaleza. En un primer momento atrae turistas que no tienen tantos requerimientos como el mochilero, que se acomoda en una carpa o en cualquier espacio y no requiere una infraestructura tan compleja, pero en la medida en que se va masificando el turismo y atrae más gente, se requiere infraestructura de acomodamiento, alimentación, restaurantes o senderos que implican intervención sobre esos territorios; a eso se suma que cuando el turismo es descontrolado genera residuos sólidos, erosión de los suelos por el recorrido de alta cantidad de gente y contaminación auditiva”, puntualiza.

Al respecto, los indígenas consultados por el académico manifestaron que en una temporada se veían cosas inusuales como usar cuatrimotos para llegar a Nabusimake (pueblo sagrado de los pueblos indígenas de este sector del Cesar) y fiestas hasta muy tarde en la noche con mucho ruido, por lo que se vieron obligados a poner un portón en su entrada, custodiado por los ‘semaneros’, indígenas a quienes la comunidad les ha encargado la tarea de vigilar y controlar quién puede ingresar o no a su territorio.

“Cabe anotar que la comunidad indígena percibe el mundo bajo una lógica muy distinta de la occidental, a través del entramado de sitios sagrados, y establecen las normas que rigen la vida a través desde la Ley de Origen, un conjunto de normas no escritas presentes en la tradición indígena que dictaminan cómo se deben relacionar en la sociedad y ante su hábitat, donde rige el principio de la armonía y el equilibrio con el universo: una especie de retribución por lo que se toma de la naturaleza”, detalla el egresado de la UNAL.

Acerca de la localidad

La zona urbana de Pueblo Bello es la única cabecera municipal ubicada en el macizo montañoso de la Sierra Nevada. Presenta una población de 14.433 habitantes, de las que el 53,44 % es indígena, pero a pesar de su alta representatividad, es la población mestiza y su modo de habitar se hace más evidente a primera vista, ya que su territorialidad y cultura son las dominantes localmente.

El 51 % de los habitantes residen en zona rural y el 31,49 % en zona urbana. De estas, 11.520 personas están ubicadas en los dos resguardos indígenas (Resguardo Arhuaco de la Sierra Nevada y Resguardo Businchama), mientras que los demás se ubican en el casco urbano y en predios rurales aún no reconocidos legalmente como parte de los resguardos.