miércoles, 9 de junio de 2021

Agroecología, un modelo productivo y de intercambio de saberes

 Mientras los originarios del campo encuentran un espacio donde desarrollar sus proyectos productivos vinculados a su tierra y sus ancestros, a los citadinos se les abre una puerta de conocimiento hacia el campo, un lugar cercano pero a la vez muy lejano de su proyecto de vida.

Jóvenes campesinos y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira compartieron sus experiencias en el conversatorio “Juventudes en diálogo para la preservación de la agroecología”, organizado por los grupos de investigación Eficiencia Energética y Energías Alternativas (GEAL) y en Agroecología (GIA).

La minga de acción y pensamiento ha puesto frente a frente los diferentes conocimientos y saberes que los jóvenes han adquirido en diferentes espacios a lo largo de su vida, y a la vez confrontarse.

“Me pareció interesante descartar algunos mitos que hay de un lado y del otro, ver la perspectiva que tienen unos jóvenes sobre los otros. Habrá gente que está muy enfocada en la ciudad, pero si uno expande sus fronteras ve las posibilidades del campo, con otras ventajas y desventajas” señala Álvaro Londoño Moscoso, estudiante de Administración de Empresas de la UNAL Sede Palmira.

Una minga de acción y pensamiento es un espacio comunitario con dos momentos: “la minga de pensamiento es para reconocemos, pensarnos, hablar de nuestro sentir, necesidades, proyecciones, para pasar a la minga de acción que tiene que ver con la realización de trabajos específicos en el campo”, comenta Disney Rodríguez Parra, campesino productor agropecuario ecológico.

Dentro de las actividades que se realizan están: mantenimiento de cultivos, cuidado de los animales, construcción de eras y construcción de viviendas, entre otros.


De las aulas al campo

La estudiante Sofía Martínez, de Ingeniería Ambiental, señala que “para los alumnos de la UNAL Sede Palmira estos espacios son ideales para llevar todo el conocimiento aprendido en las aulas y enfrentarlo a la realidad, a las situaciones que se dan en el campo”.

El ingeniero agroindustrial Cristian Parra, estudiante de la Maestría en Ingeniería Agroindustrial, relaciona lo que sucede en el terreno con algunos conceptos teóricos aprendidos durante su formación,  “la minga de pensamiento la relaciono con la dialéctica porque en esas reuniones, al lado de una fogata, siempre existen planteamientos y se va moldeando la idea original hasta hacerla más concisa y cercana a la realidad”.

La minga de acción, en cambio, representa la inteligencia colectiva, porque cada uno va asumiendo un rol dentro de la dinámica que se está realizando, no hay un director que diga “haz esto”, cada uno asume un rol y al final todos en complemento realizan el objetivo común, sostiene.

 

Para los jóvenes campesinos también es un escenario de oportunidades, pues “nos permite llevar el joven citadino al campo y el campo a la ciudad; que el joven rural comparta los saberes que ha adquirido desde sus ancestros, desde sus abuelos, con la gente de la ciudad, y enseñe a sembrar en esos espacios donde solo se ve pavimento”, afirma Diana León Cardona indígena y campesina del pueblo Nasa.

Los invitados al conversatorio coincidieron en que una de las responsabilidades que deben asumir es visibilizar los proyectos y espacios que han tejido estos jóvenes.

Para Disney Rodríguez, este tipo de experiencias no solo les permiten asumir la responsabilidad que tienen, sino compartir sus saberes para conservar su legado.

“Nuestro papel es aprender todo ese compendio de conocimientos, de saberes tradicionales, de recetas, de formas de hacer y poder visibilizarlo, poder mostrarlo para que otros aprendan esta forma de hacer producción diferente, que es la agroecología”, comenta.

Pero para él no es solo un intercambio de saberes y conocimientos, es demostrar lo que significa ese legado. “Necesitamos empuñar el arado, seguir trabajando el campo y en la otra mano tener la bandera de la agroecología como opción de vida, conservando los recursos, preservarlos,  promoverlos, pero también preservar la vida y esos lazos de hermandad” añade.

Por último, los jóvenes consideran que estos procesos se pueden resumir en una frase: “aprender haciendo y enseñar demostrando”, y en esa filosofía sintetizan la responsabilidad que asumen de mantener viva la agroecología como forma de vida, porque para ellos es una de las maneras de impulsar el cambio de sistema que su región necesita.

Estas experiencias se dan en el marco de las Escuelas de Pensamiento Agroecológico (EPA) y proyectos como “Juventudes en diálogo para dinamizar la agroecología como estrategia de inclusión y fortalecimiento del tejido social en la ruralidad vallecaucana”, impulsados por los grupos de investigación GEAL y GIA de la UNAL Sede Palmira.






martes, 1 de junio de 2021

Sede Orinoquia apoya producción apícola en Arauca

 Siete huertas comunitarias de especies vegetales y frutales, además de seis viveros de especies forestales y de interés para la producción apícola en la región, fueron establecidos por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y la comunidad del municipio de Tame.

Este avance, que forma parte de la renovación del convenio entre la UNAL Sede Orinoquia y el WFP, beneficia a 1.350 habitantes de las veredas de Agua Blanca, El Pesebre, Malvinas, Santa Inés, Holanda y Betoyes, en el municipio de Tame.

Como se recuerda, con la dirección del Instituto de Estudios de la Orinoquia y la financiación del WFP, en 2019 se creó el primer inventario de flora de interés apícola en el territorio araucano, cuyo resultado es el libro Guía para la identificación de flora melífera del departamento de Arauca, el cual presenta las especies más representativas de la flora del piedemonte y llanura, sus épocas de floración e identificación en campo.

Las familias beneficiarias se caracterizan por ser víctimas del conflicto armado, en su mayoría desplazados de diferentes sectores del país y actualmente ubicados en la zona de amortiguación del Parque Nacional Natural El Cocuy, y con una actividad económica basada en pastos para ganadería, café, plátano y maíz. Todos son productores a pequeña escala, por lo que la producción apícola garantiza su seguridad alimentaria y nutricional.

Centro de acopio

Así mismo, el Ministerio del Trabajo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Parques Nacionales Naturales (PNN), la Agencia Promotora de Desarrollo Económico Regional (Aprodel), la Alcaldía de Tame y la Asociación Granita inauguraron el primer centro de acopio de productos apícolas, en la cual se entregaron equipos para el envasado, procesamiento y distribución de miel, contribuyendo así a la consolidación de la cadena productiva en el departamento de Arauca.

Dada su relevancia ecosistémica, desde 1959 se vienen adelantando estrategias de protección abanderadas por PNN, en las que se contempla la restricción en la producción agropecuaria intensiva, lo que ha dado lugar a la implementación de estrategias productivas que permiten una interacción recíproca entre la comunidad y el ambiente.

Dichas estrategias se desarrollan, por ejemplo, en el PNN El Cocuy, que tiene un área de 306.000 hectáreas, de las cuales el 38 % se encuentra en jurisdicción del departamento de Arauca. Esta riqueza ambiental y ecosistémica está protegida desde un gradiente altitudinal que va de los 600 a los 2.330 msnm, con ecosistemas característicos del piedemonte llanero y de bosque andino de piso cálido y templado.


Por su potencialidad estratégica, la riqueza más importante del Parque es la oferta hídrica. De la nieve se desprenden hilos de agua que conforman un gran número de lagunas de origen  glaciar, las cuales alimentan afluentes que dan lugar a la conformación de ríos de Casanare y Arauca, entre ellos el Casanare, Covaría, Cubugón, Róyota, Sínsiga, Banadía, Cusay, Cravo Norte, Tame, Negro y Cóncavo.

Como parte de estas estas estrategias se han implementado sistemas de producción apícola, y desde 2019 la UNAL –en asocio con el WFP y la asociación Granita– viene acompañando a los productores en el desarrollo de acciones que favorecen el desarrollo empresarial y la conservación ambiental de la zona del Parque.







jueves, 27 de mayo de 2021

Colombia instalaría una base temporal en la Antártida

 En agosto de 2021 se espera la entrega formal del proyecto, para que la Comisión Colombiana del Océano (CCO) –que lleva las riendas de esta iniciativa– tenga las bases para construir una estación temporal de verano en esta zona.

La Antártida, con una extensión de 14 millones de kilómetros y considerada incluso el sexto continente, es un importante regulador del clima, con una de las principales reservas de agua dulce del planeta y donde se encuentra el lugar más frío registrado en la historia.

Así lo explicó el capitán de corbeta Wilson Ríos, oficial naval de la Armada Nacional y codirector del proyecto de planeación de una base temporal colombiana en la Antártida, durante la Catedra José Celestino Mutis, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en la cual hizo un recuento de cómo ha sido el camino recorrido por Colombia para tener una base allí.

Después de los análisis realizados hasta el momento se considera que el punto ideal para la base es la zona sur de la isla Livingston, cerca de la base búlgara y una base española en la península antártica. Se espera tener una infraestructura modular con capacidad para alojar a 30 personas, soportar las condiciones extremas de temperatura –viento, nieve y radiación– y ser sustento logístico y operativo para las actividades científicas.

El oficial de la Armada recordó que durante el siglo XIX, países como Francia, Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Argentina, Chile y Reino Unido empezaron a reclamar ese lugar por el interés que había en la caza de ballenas, además de las ambiciones colonialistas y de posición estratégica.

En 1959, cuando la ONU asumió como gobierno depositario y la Antártida se declaró como territorio para la humanidad, los 12 países signatarios firmaron el Tratado Antártico que daba origen a un contexto jurídico especial, el cual prohibía reclamaciones de la zona o que se hicieran pruebas militares o nucleares allí.

Unos años después se planteó la posibilidad de explorar la Antártida con fines comerciales –Tratado de Wellington–, pero en 1990 apareció el Protocolo de Madrid, que se oponía a esa explotación y consideraba la evaluación del impacto ambiental, la conservación de fauna y flora, el tratamiento de residuos y la prevención de la contaminación marina.


Actualmente hay 36 estaciones antárticas temporales que solo se habilitan en el verano austral, a fin de año, y 40 permanentes, la mayoría en la península Antártica, que es el lugar más cercano al continente.

Colombia en la Antártida

“En este proyecto hay intereses tanto nacionales –cooperación en la investigación científica con otros Estados– como marítimos –como los estudios científicos, la proyección de poder  naval y de recursos ambientales– y de política exterior, como la visibilidad en la comunidad científica”, explica el capitán Ríos.

En los años 80 se dio el boom antártico latinoamericano y países como Brasil, Perú y Ecuador se interesaron en crear expediciones e implementar estaciones allí. En 1988 Colombia aprobó la Ley 67 que reconocía el Tratado Antártico, y en 1990 se creó la Comisión Nacional de Asuntos Antárticos, que nunca ha sesionado.

No fue sino hasta 2014 cuando el país hizo su primera expedición; en 2020 adhirió al Protocolo de Madrid, que le da voz y voto en las decisiones medioambientales antárticas, y en 2021 se completaron 7 expediciones científicas.

El programa antártico colombiano comprende cinco fases hasta 2045. Actualmente está por empezar la cuarta, que va de 2021 a 2032, con el establecimiento y funcionamiento de la estación científica permanente. Entre 2032 y 2045 se establecerán los campamentos para la llegada al polo sur geográfico.

“Hay cuatro tipos de estaciones posibles: un campamento, que se levanta para una investigación específica y puntual; un refugio, infraestructura permanente pero no habitada que se puede usar si es necesario; una base temporal, infraestructura permanente que solo está habitada en el verano austral –entre octubre y marzo del siguiente año– y una base permanente que esta tripulada todo el año”, indica el capitán de la Armada.

Advierte además que “al estar comprobado que en la Antártida hay recursos no renovables en importantes cantidades y el 70 % del agua dulce del planeta, sería clave ser miembro consultivo del Protocolo de Madrid –que toma las decisiones– e instalar una base permanente es un paso importante para lograrlo, aunque para ello se deben integrar empresas. No puede ser solo iniciativa del Estado o de las instituciones de educación superior”.








viernes, 21 de mayo de 2021

Ansiedad requiere manejo nutricional

 Este trastorno, que a raíz de la pandemia se ha incrementado, podría responder a estrés postraumático o depresión, y uno de sus síntomas es un des balance en la relación con la comida, por eso es clave la atención profesional en este aspecto.

La primera recomendación cuando se diagnostica esta condición es que antes de ir a hacer las compras al supermercado el paciente haya comido, pues suele pasar que tenga hambre y termine comprando cosas que no necesitaba, o todo menos una dieta balanceada.

Otra recomendación es que el profesional analice si a la persona le faltan algunos nutrientes clave como ácido fólico, biotina, complejo B, omega y magnesio, entre otros, ya que una deficiencia nutricional afectaría los síntomas de la ansiedad y tienen un impacto en el cerebro.

La ansiedad es un estado psicológico, físico y conductual que se produce ante una amenaza o preocupación del futuro. Hasta cierto punto se considera una respuesta normal ante el peligro, lo que permite sobrellevar eventos adversos, pero cuando sobrepasa lo “normal” se debe tener cuidado.

En la charla “Manejo nutricional en pacientes con trastornos por ansiedad” del programa #SaludUNALContigo, iniciativa de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), el nutriólogo y psicólogo Edwin Albores, magíster en Nutrición Clínica y Terapia Familiar, explicó que es muy distinto el eustrés (estrés beneficioso), que es motivador, el distrés, que provoca un efecto de bienestar individual, y el estrés crónico y psicosocial, que por el ritmo de vida puede desencadenar comorbilidades.

“Algunos efectos de la ansiedad pueden ser el aumento de la activación simpática del eje neural, se dilatan las pupilas y los bronquios, hay glucogénesis en el hígado y aumenta la presión arterial”, explica el especialista.

Hay varios tipos de trastornos de ansiedad, como el trastorno por separación, por mutismo selectivo, fobia específica, fobia social, pánico, agorafobia, ansiedad generalizada, inducida por medicamentos o por afecciones médicas. Cada una de esas categorías tiene criterios específicos y solo un especialista en psicología clínica o psiquiatría puede diagnosticarlas.

Manejo nutricional

El nutricionista cuenta que algunas de sus estrategias para que la persona no tenga resistencia al cambio, o evite el sabotaje de amigos o familiares, que puede ser inconsciente, es el uso de reforzadores, como calendarios, hojas de metas, dibujos y objetivos. Allí se ponen mensajes en lugares visibles para que las personas los vean constantemente, o aplicaciones que recuerden cuándo comer o tomar agua.

“Otra técnica es la de disco rayado: repetirse una y otra vez una frase u objetivo. Para una persona con ansiedad que empieza a sentir la necesidad de abrir la nevera o la alacena lo mejor es cambiar de actividad o salir de casa por un momento, o usar distractores como juegos de mesa, hacer listas de tareas e incluso mindfulness nutricional y técnicas de relajación, estrategias cognitivo-conductuales que redirigen el pensamiento”, recalca el psicólogo.

Una de las fases del tratamiento es la precontemplación, o darle información al paciente para ayudarlo a hacer la asociación entre los alimentos y los sentimientos. Luego, en la fase de contemplación, se usa material de ayuda como rompecabezas y juegos de mesa para que la persona tenga educación nutricional; la última es la preparación, que tiene que ver con la personalidad del paciente, sus gustos o sus hábitos nutricionales.

Alimentos para el cerebro

“Algunos de los alimentos que recomiendo para el cerebro incluyen nueces, menta, fresas, moras, espárragos, chocolate oscuro, salmón, espinacas, banano y aceite de oliva en ensaladas”, explica el nutricionista, y agrega que, por el contrario, se deben evitar las bebidas alcohólicas, alimentos con alto contenido de almidón, alto contenido de endulzantes, colorantes o comidas rápidas.

Es clave conocer el paladar de la persona, si es más orientado a lo salado o a lo dulce, eso es importante porque si se hace una dieta muy rígida, siguiendo patrones ya estandarizados sin tener en cuenta al paciente, lo que se consigue es que este no adhiera al plan nutricional, por lo que debe haber cierta flexibilidad.

La última recomendación es trabajar con la familia y la red de apoyo para que todo el sistema tenga educación nutricional de manera que no lo saboteen, es decir, que un familiar o amigo le incite a consumir más alimento, pues la clave es una atención integral.








 





 









miércoles, 19 de mayo de 2021

Mercados campesinos y otras redes, proveedores en la crisis

 Situaciones como la pandemia y el paro nacional, que afectan a Colombia en estos momentos, han impulsado a los campesinos a asumir –en parte– la responsabilidad de generar soluciones encaminadas a controlar el desabastecimiento de alimentos que suele presentarse en medio de estas crisis.

Organizaciones campesinas como la Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca (Redmac) o el Mercado Agroecológico de Cali (Asoproorgánicos) han mantenido el flujo de sus productos mediante diferentes estrategias que les permiten mantener la soberanía alimentaria de sus miembros y el flujo de alimentos en la región y parte del país.

Este tipo de iniciativas, que también se han promovido dentro de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, ha permitido que el mercado agroecológico que se realizaba en la Institución cada 15 días se siga manteniendo a pesar de la pandemia.

Una de las primeras decisiones que tomaron dichas organizaciones fue mantener en funcionamiento los mercados agroecológicos campesinos de sus regiones, pero no solo como el lugar que provee alimentos de calidad, sino como la primera línea de abastecimiento en medio de la delicada situación que vive el país. Para eso adoptaron protocolos de bioseguridad y consiguieron salvoconductos con las autoridades locales para mantenerse abiertos y seguir abasteciendo a los consumidores.

“Cuando empezó la cuarentena estricta en Cali decidimos, como grupo, buscar las dinámicas para llegar a la ciudad, y por fortuna se dieron con algunos apoyos de la Secretaría de Desarrollo Económico. El mercado de Cali nunca dejó de funcionar; en algunos momentos por disposición de la Alcaldía tuvimos que trasladar el día del mercado, pero siempre funcionamos”, señala Ana Franco Avellaneda, integrante de la Junta Directiva de Asoproorganicos, campesina agroecológica y panadera artesanal. 

Dentro de sus territorios han revivido los trueques como mecanismo alternativo económico para las comunidades rurales. Esta dinámica tomó un papel protagónico en medio de la pandemia, porque les garantiza a los campesinos la soberanía alimentaria en sus casas, en sus fincas, con sus familias y también con sus vecinos.

Por otro lado, y después de establecer unas cadenas de servicio a domicilio (que han generado empleo para algunas personas), se han establecido otras alternativas como las canastas solidarias y las canastas agroecológicas que permiten seguir haciendo presencia en las ciudades. Las primeras consisten en provisiones de diferentes productos alimenticios que se entregan en lugares y a personas en estado de vulnerabilidad, y las segundas son las entregas a domicilio que hacen los mercados campesinos por encargo expreso del consumidor.

Canastas agroecológicas en la UNAL

En la UNAL Sede Palmira, la estudiante Elsa María Guetocue, del Grupo de Investigación en Agroecología, como consumidora, como madre de familia y como futura ingeniera agrónoma, se apersonó del mercado agroecológico que se hacía en la Sede para que este perseverara.

Ella se empoderó de la propuesta, y con otros estudiantes de la Universidad mantienen las canastas agroecológicas. Así, “Elsa María recibe los productos, arma las canastas, la gente pide los domicilios y se le llevan”, comenta el profesor Diego Iván Ángel, de la UNAL Sede Palmira, doctor en Agroecología y consumidor de productos agroecológicos.

Los mercados campesinos aprovecharon la cercanía con sus “amigos consumidores” –como ellos los llaman– para generar cadenas de abastecimiento entre los mismos consumidores, y así se genera una dinámica de domicilio muy útil en tiempos o situaciones de movilidad restringida o controlada. Un consumidor adquiere los productos en el mercado y los distribuye entre vecinos y amigos.

Una de las características más destacables de estos mercados es la relación productor-consumidor: “como productores, ellos han asumido el importante papel de educar al consumidor, saber qué es lo que estamos consumiendo, por qué es importante consumirlo, y no solo desde el punto de vista alimenticio sino desde la soberanía alimentaria, saber el recorrido que tiene lo que llega a nuestra mesa desde que se siembra hasta que lo compramos, ya sea fresco o procesado”, afirma el doctor Ángel.

Agrega que “el mercado no es un espacio en el que solo se vaya a comprar, es un lugar de intercambio de saberes, donde se encuentra con un amigo productor al que se le pregunta por sus hijos y con el que se puede conversar, generando una relación de amistad que convierte a los consumidores en un importante apoyo para los mercados agroecológicos”.







viernes, 9 de abril de 2021

La Alianza de Bioversity International y el CIAT se une a red colombiana para monitorear la evolución del virus que causa la enfermedad COVID-19

 La tecnología esencial utilizada para monitorear la evolución de virus en plantas es la misma que ayuda a monitorear el virus humano. El laboratorio de virología y protección de cultivos de la Alianza en Palmira, Valle, es pionero en el uso de tecnologías de secuenciación portátiles para la “vigilancia genómica”. Palmira, abril 6 de 2021.


En 2016, los cultivos de yuca en el sudeste asiático comenzaron a decaer debido a un agente desconocido. Los agricultores que esperaban cosechar las habituales raíces grandes de esta planta, consiguieron extraer tan solo trozos de este cultivo básico. Los investigadores determinaron que un virus causante de la enfermedad del mosaico de la yuca (CMD) en el sur de la India, había emergido en el sudeste de Asia, había enfermado a las plantas y se había propagado en los campos locales y a través de las fronteras nacionales.

 Esto ocasionó millones de dólares en pérdidas en tanto que autoridades y expertos se reunieron para mitigar la propagación y hallar una cura. Si bien la escala de pérdidas humanas y las repercusiones económicas de la pandemia por COVID-19 son mucho mayores que los daños causados por CMD, los virus de las plantas pueden ser devastadores para los agricultores de bajos recursos debido a lo duradero de su impacto negativo en sus medios de vida y economías. Sin embargo, la virología subyacente es la misma. Cuando emerge un virus, los científicos se apresuran a monitorear su propagación y genética, de forma que las nuevas variantes puedan ser identificadas con prontitud y sea posible implementar respuestas rápidas.

 Para que esto suceda con eficiencia, se deben implementar nuevas tecnologías, hacerlas ampliamente disponibles, y lo más importante, se requiere la disponibilidad de personal calificado.

Cuando CMD apareció en el sudeste asiático, la Alianza de Bioversity International y el CIAT invirtió en la tecnología y conocimiento necesarios para monitorear la enfermedad y la genética del virus causante, procedimiento que los científicos denominan “vigilancia genómica”. El laboratorio de virología de la Alianza en Colombia es pionero en el uso de tecnologías de secuenciación portátiles (Oxford Nanopore Technologies), para este propósito. 

Esas mismas capacidades están ahora contribuyendo a monitorear la variación genética del SARS-CoV-2, virus que causa el COVID-19, en colaboración con autoridades nacionales de salud y otros 17 laboratorios en Colombia. “Cuando se realiza el diagnóstico de un virus, ya sea en humanos, plantas o animales, los retos y la tecnología necesarios son los mismos,” comentó Wilmer Cuéllar, quien lidera el Grupo de Virología y Protección de Cultivos en la sede regional de las Américas de la Alianza, ubicada en Palmira, Colombia. 

“La información contenida en la secuencia genética de los virus es un recurso invaluable para mejorar el  diagnóstico de enfermedades, la evaluación de nuevos tratamientos y la implementación oportuna de las labores de control a medida que aparecen nuevas variantes genéticas del virus”. Dentro del acuerdo de colaboración, el Instituto Nacional de Salud de Colombia (INS) envía muestras de virus SARS-CoV-2 al laboratorio de la Alianza para su secuenciación.

 Los resultados son transmitidos después al INS por los laboratorios pertenecientes a la red. El INS es el único  responsable de publicar la detección de nuevas variantes genéticas del virus u otra información relevante detectada por el laboratorio de Palmira y los otros laboratorios nacionales de la red. Esta labor es financiada por el INS. 

No es la primera vez que la Alianza colabora con la estrategia de Colombia para responder a la pandemia. En agosto pasado, Cuéllar y sus colegas secuenciaron el primer caso aislado de SARS-CoV-2 de Cali utilizando esta tecnología.

 En el pasado mes de febrero, la Alianza acordó prestar ultracongeladores a las autoridades de salud pública para asistir en la distribución de vacunas contra el coronavirus, las cuales requieren temperaturas extremadamente frías para su transporte y almacenamiento. 

Entrenamiento de nuevos expertos en secuenciación de virus Parte del rol de la Alianza es asistir en el entrenamiento de expertos en técnicas de secuenciación para el estudio de virus.

 Hasta la fecha, el equipo de Cuéllar ha colaborado en talleres de tecnologías de secuenciación portátiles con investigadores de la Universidad del Valle, la sede Palmira de la Universidad Nacional y la Universidad ICESI, universidades que sirven principalmente al suroccidente de Colombia. “La colaboración ha sido una oportunidad para que la Alianza ayude a fortalecer las capacidades en virología para el diagnóstico molecular y la respuesta rápida en el país,” añadió Cuéllar. “Este desarrollo de capacidades tendrá impactos positivos hasta mucho después de que la pandemia desaparezca”.

 

jueves, 8 de abril de 2021

Retos para la agricultura familiar en el contexto del covid -19:

¿Sigue afectando la pandemia del COVID-19 a nuestros campesinos?

Ya ha pasado un año desde que se reportó el primer caso de Covid-19 en América Latina y el Caribe (ALC). Desde entonces, la región ha sido una de las más gravemente afectadas del mundo, con más de 70 millones de casos reportados y más de 1,5 millones de decesos.

Además de la preocupante situación de contagios y decesos, la pandemia ha generado una crisis de hambre. La mayoría de los países de América Latina y el Caribe han percibido retrocesos importantes en temas de seguridad alimentaria debido a una caída en los ingresos y remesas, así como al incremento en los precios de los alimentos.


En junio de 2020, presentamos los resultados de un estudio que, a través de entrevistas telefónicas a una muestra de 105 pequeños y medianos productores agropecuarios de la región, analizó los efectos inmediatos de la crisis del Covid-19 para la agricultura familiar. Este estudio reveló que las principales consecuencias de la pandemia en el corto plazo incluyeron una disminución de las ventas, principalmente debido a dificultades en el transporte de la producción, y una caída en la demanda. Además, se encontraron obstáculos en la obtención de insumos y mano de obra, y restricciones de liquidez causadas por la caída de los precios y la demanda. En suma, este estudio mostraba efectos preocupantes, que podían afectar la continuidad de la producción agrícola y, como consecuencia, empujar a la pobreza a los productores más vulnerables.

Si bien este primer estudio nos permitió entender los efectos inmediatos de la pandemia, la crisis de salud pública y económica en la región continuó por varios meses más. Por tanto, resultaba importante saber si los graves efectos observados durante los primeros tres meses de la pandemia continuaban, y así entender si la situación había mejorado.

A fin de arrojar luz sobre estas preguntas, se realizó el estudio: Retos para la agricultura familiar en el contexto del COVID-19: Seguimiento tras 6 meses de crisis. Entre agosto y noviembre de 2020, dimos seguimiento a la misma muestra de productores de Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y República Dominicana (aproximadamente 15 productores de cada país), para explorar los efectos de la pandemia 6 meses después. Este estudio, por tanto, corresponde a la Fase 2 del estudio anterior.

En general, los resultados del segundo estudio muestran que los problemas encontrados en la Fase 1 persisten y que, en su mayoría, se han acentuado. Específicamente, en la Fase 2, los productores indicaron haber tenido mayores problemas en obtener insumos y conseguir mano de obra, y una mayor proporción de productores manifestó haber enfrentado mayores precios en los insumos. Como consecuencia, los problemas de liquidez observados en la Fase 1 desmejoraron. De hecho, mientras que un 69.5% indicó haber tenido que utilizar ahorros, vender activos o solicitar un préstamo para afrontar la crisis durante la Fase 1, en la Fase 2 esta proporción aumentó a un 82%. Adicionalmente, un 84% de los productores mencionó que sus ingresos se vieron afectados durante la Fase 2.

Esta reducción importante de la liquidez y los ingresos podría afectar la continuidad de la producción y de esta manera agravar la situación de inseguridad alimentaria en el mediano y  largo plazo. De hecho, los resultados de la Fase 2 indican que un 39% de productores encuestados consideró que los ingresos del hogar no son suficientes para la compra de alimentos en el hogar, y el 64.9% de los hogares se encontró en algún estado de inseguridad alimentaria (i.e. leve, moderada o severa). Dado que sabemos que la crisis afecta la producción y los ingresos de estos agricultores, la prolongación de esta misma crisis podría agravar la situación de inseguridad alimentaria aún más.

Fuente: Retos para la agricultura familiar en el contexto del CVID-19: Seguimiento tras 6 meses de crisis

En resumen, nuestros resultados apuntan a que, después de 6 meses de crisis, la pandemia ha afectado de forma crítica la producción agrícola de los pequeños agricultores, convirtiéndose en un ciclo vicioso de baja producción, bajos ingresos y alta inseguridad alimentaria. Los pequeños productores agrícolas se encuentran hoy en una posición más difícil que al comienzo de la pandemia y, dadas las tendencias observadas entre las dos fases de la encuesta, es probable que los múltiples retos identificados sigan afectando la dinámica del sector y la seguridad alimentaria de esta población en el largo plazo.

Para impedir que esto suceda, es necesario realizar mayores esfuerzos con políticas públicas encaminadas a reducir los problemas de liquidez y mejorar la seguridad alimentaria de los campesinos. En el futuro, durante una eventual fase de recuperación de la crisis, jugarán un papel importante aquellas políticas que provean apoyo a los grupos más vulnerables y que aseguren una producción constante de alimentos para los mercados locales, evitando así un posible quiebre de la producción agrícola y ayudándolos a superar la inseguridad alimentaria.



domingo, 4 de abril de 2021

Cascarilla de cacao, novedoso ingrediente para brownies más saludables

Con una herramienta de medición sensorial propia, estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) trabajaron en la elaboración de un ponqué tipo brownie con harina de cascarilla de cacao, la cual aportó fibra, entre otras cualidades.


Laura Melissa Ramírez Gómez y Jorge Eduardo Villamizar Villamizar, ingenieros químicos con maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL Sede Bogotá, trabajaron dos proyectos individuales pero con el mismo propósito: producir un ponqué más saludable y nutritivo que los convencionales.

De la cadena de producción de cacao se generan tres subproductos: el mucílago, la cáscara y la cascarilla. Esta última llamó la atención de los integrantes del Grupo de Investigación en Química de Alimentos de la UNAL Sede Bogotá, quienes ya tenían un indicio de que este residuo posee un alto porcentaje de fibra dietaria.


En Colombia se aprovecha solo el 20 % del fruto del cacao y se estima que se generan 43.940 toneladas anuales de residuos agroindustriales de este cultivo. En el caso particular de la cascarilla de cacao, cada año se desechan en el mundo cerca de 700.000 toneladas anuales.

La ingeniera Ramírez señala que “este tipo de desechos suelen disponerse en suelos generando muchas consecuencias contra el ambiente, por lo que quisimos ver cómo podíamos emplear la cascarilla de cacao en algo diferente a su uso como alimento para animales, que es uno de los principales”.


Apuntándole al mercado saludable

Como la cascarilla de cacao tiene un al alto contenido de fibra dietaria, el grupo quiso aprovechar para elaborar un producto que dirigiera a las tendencias saludables del mercado actual. Se eligió un ponqué tipo brownie debido al color café del grano de cacao.

El primer paso fue comprobar la composición de la fibra dietaria, carbohidratos, grasas y demás nutrientes de la cascarilla de cacao. Después se evaluó cuánto cadmio tenía, ya que en Colombia el cacao se cultiva en suelos volcánicos. Se determinó que sí se podía utilizar como ingrediente, pues los valores se ajustaron a la norma.

Otro proceso consistió en evaluar su viabilidad para el consumo humano teniendo en cuenta la calidad microbiológica antes y después de un proceso de tostado a diferentes temperaturas. El resultado fue positivo.

Después se molió la cascarilla hasta convertirla en harina y se realizaron varias formulaciones para ver cuáles tenían potencial para agradar más a los posibles consumidores.

El responsable de optimizar este proceso fue el ingeniero Villamizar, quien elaboró una herramienta para medir la textura y firmeza de los ponqués. Para esto tomó diferentes productos comerciales de tres marcas reconocidas en el sector de alimentos, a los cuales les realizó un protocolo estandarizado de medición instrumental de textura y firmeza con un texturómetro.

Por último, se hizo una prueba con consumidores en la que se les presentó cada uno de los productos para que los calificaran. Al cruzar esta percepción con las pruebas instrumentales se determinó el nivel de firmeza que más agrada a los consumidores y que podría generar más aceptación.

Este indicador, que queda como insumo para futuros proyectos que busquen diseñar ponqués con inclusión de fibra, ayudó a determinar el porcentaje de cascarilla de cacao que debe incluir el producto.

Menos harina de trigo

Se comprobó que la cascarilla de cacao puede ser un ingrediente eficaz de una parte de la harina de trigo para brownies de chocolate. Así, en vez de usar un 100 % de harina de trigo se utilizó un 60 %, adicionando un 40 % de harina de cascarilla de cacao.

El brownie que se obtuvo tiene buena cantidad de fibra dietaria y menor cantidad de calorías; además, más del 60 % de quienes lo probaron manifestaron que les gustó su sabor, color, olor y textura, y que sí lo comprarían si se ofreciera comercialmente.

La ingeniera Ramírez señala que “para llevar este producto al mercado lo único que haría falta es el interés de la industria. Nosotros hemos comprobado que la cascarilla tiene buenas propiedades”.

Las dos investigaciones involucradas en este proyecto fueron dirigidas por la profesora Liliam Alexandra Palomeque Forero, de la UNAL Sede Bogotá.









martes, 23 de marzo de 2021

Tapas plásticas, piezas para construir ladrillos y ventanas

 Aunque ya es común que los plásticos se reciclen y se reutilicen para crear otros productos, sí resulta novedoso el uso propuesto por Juan Sebastián Beltrán Grand, arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, quien decidió crear productos de construcción llamativos.

“Como estudiante siempre me llamó la atención la arquitectura sostenible, por lo cual me uní al Grupo de Investigación en Ambiente, Hábitat y Sostenibilidad, liderado por el profesor Gustavo Adolfo Agredo Cardona, desde donde empezamos a experimentar con materiales reciclables”, comenta el arquitecto.

Agrega que “desde allí colaboramos con diversas investigaciones, y allí surgió la idea de adelantar mi tesis Diseño y elaboración modular de prototipos o piezas arquitectónicas a partir de plástico reciclado: una contribución ambiental’”.

“Llegamos a la conclusión de que en este momento sí se recicla, sí se contribuye, pero no se está innovando, casi siempre es lo mismo. Lo que quería con la investigación era contribuir al medioambiente con otras formas reciclaje, en este caso con objetos arquitectónicos. Me dediqué estudiar elementos que se podrían usar con plástico”, recuerda el arquitecto.

En su tesis planteó que cada colombiano utiliza 2 kg de plástico en el mes, es decir 24 kg en el año, y solo el 7 % de este plástico se recicla, ante la poca preocupación del Gobierno por impulsar el reciclaje y la escasa voluntad del ciudadano para hacerlo.

Innovando con la técnica

El arquitecto Beltrán explica que como antecedentes a su propuesta existen bloques plásticos de construcción que se pegan con cemento, por lo que su idea fue hacer bloques machimbrados, o tipo lego, es decir que se pueden ensamblar por medio de unos recortes. También creó adoquines con diseños distintos y más fáciles de usar al momento de pegar, con un machimbre más corto.

“Sobre los marcos de las ventanas no encontré antecedentes, pues en general estos se construyen con madera o metal; mientras la primera sufre por el gorgojo, y además la temperatura y el ambiente la van acabando, el segundo sufre cambios químicos y también se corroe”, señaló.

Además, “en una investigación previa encontré que el plástico es supremamente durable, resistente y moldeable, y al momento del vaciado se le puede dar la forma que uno desee según el molde”.

Otro recurso importante fue el color, pues a diferencia de la madera y el metal, que van perdiendo sus cualidades, con el plástico no ocurre esto, pues las anilinas y colorantes se adhieren fácilmente a sus partículas, lo que le da mayor durabilidad.

Para saber qué plástico era el más adecuado, el arquitecto Beltrán probó con tres tipos: el PET (parte transparente de los envases), polipropileno de alta densidad (en tapas de gaseosa) y PVC, material resistente usado para tuberías, entre otros.

“El PVC es un material difícil de reciclar y bastante contaminante, además difícil de manejar y expulsa muchos gases tóxicos, por lo que desistí, ya que le estaba dando un manejo artesanal. Sin embargo, evidencié que industrialmente se le puede dar un manejo adecuado”.

“Con los envases PET aproveché una máquina para inyección de plástico que desarrolló un compañero y hallé que aunque también tiene un grado de toxicidad, es más manejable”.

“Aunque los primeros resultados fueron esperanzadores, identificamos un problema, y es que recortar las botellas en pedazos pequeños es un proceso muy desgastante. Luego encontramos un aparato sencillo desarrollado con madera y una tramontina (cuchillo) que permite cortar más fácilmente el plástico e inyectarlo en los moldes. 

El PET se derritió usando solo una estufa y una olla; así se logró crear el bloque, aunque se fracturó”.

“La tercera fue la vencida. En este caso usé las tapas de plástico y obtuve una mezcla más manejable y resistente, con una consistencia como la plastilina. Por ser más espesa, introducirla en moldes fue más complicado, pero al secarse tuvo mejores resultados de durabilidad”.

Frente a las ventanas, el arquitecto dejó la idea plasmada: encontró la posibilidad de construirlas con el material obtenido con las tapas. Hoy sigue con el proyecto y la idea de terminar de ejecutarlo y sacar provecho de la iniciativa.

El diseño se compone de dos marcos sencillos que se unen en el medio, lo que permite un movimiento lateral por los dos costados, por medio de uniones metálicas con rosca.






miércoles, 17 de marzo de 2021

Más huracanes y otros fenómenos por desequilibrio de los océanos

 El desequilibrio en los océanos debido al aumento en las lluvias y el deshielo polar, entre otros eventos climáticos, tendría como consecuencia temporadas de huracanes más intensas, nevadas e inviernos gélidos y veranos con temperaturas extremas.

La oceanóloga Nancy Villegas, doctora en Ciencias Físicas y Matemáticas y líder en el Grupo de Investigación en Oceanología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), indica que ya se ven esos cambios, como las recientes nevadas de España, de Ámsterdam luego de diez años, o las de Texas, además del huracán que afectó el Archipiélago de San Andrés.

En ese sentido, advierte que la temporada de tormentas podría ser más frecuente e intensa porque en época de verano la temperatura superficial del mar sería más cálida, lo que favorecería la energía que requieren las tormentas tropicales para volverse huracanes, y afectaría zonas alejadas como los sistemas monzónicos de Asia y África y en la circulación atmosférica de Estados Unidos.

“La superficie del océano transforma la energía calorífica que llega por la radiación solar y genera procesos como evaporación, aerosoles, hielo, lluvias, olas, intercambios de gases y salinidad, que va aumentando a medida que se hace más profundo”, indica la profesora Villegas, y agrega que los cambios en ese equilibrio varían las condiciones climáticas, e incluso causa que los seres vivos se desplacen a otras zonas.

En el planeta hay cinco zonas costeras de surgencia muy importantes, es decir cuando las masas del fondo, frías y ricas en nutrientes, empiezan a ascender a la superficie y favorecen a los peces del sector y recirculan las aguas. Estas se encuentran en el Atlántico norte en la corriente de las Canarias; en el Atlántico sur, corriente de Benguela; en el Índico, la occidental de Australia; en el Pacífico norte la de California y en el Pacífico sur, corriente de Perú-Chile.

Contracorriente de agua caliente

La oceanóloga indica que en una situación normal el agua fría viajaría desde Chile hasta el Pacífico colombiano y se movería por el Ecuador hasta las costas de Australia, a donde llegaría caliente. En la oscilación de El Niño se genera una contracorriente de agua caliente desde Australia que viaja por el Ecuador y llega caliente a esa zona típicamente fría. Esta oscilación trae tiempos secos en algunas regiones de América del Sur y es lo que se conoce como el fenómeno de El Niño.

La experta recuerda que el 71 % de la superficie de la Tierra está ocupada por océanos, que proporcionan entre el 50 y 80 % del oxígeno del planeta por el fitoplancton, que captura entre el 30 y el 50 % de CO2 atmosférico.

No se puede olvidar que el agua es 1.000 veces más densa que el aire, es decir que trasporta 1.000 veces más calor que el aire, la corriente del golfo mueve unos 20 millones de metros cúbicos de agua por segundo, que es casi 100 veces el caudal del Amazonas.

“Esta corriente atraviesa el Atlántico norte, lleva aguas cálidas a altas latitudes, cuando llega a los países nórdicos ha emitido tanto calor que ya están frías, se van a la profundidad y se devuelven por el océano hasta Suramérica”, agregó la profesora durante la Cátedra Nacional Colombia Bioazul, “Dos mares un país, territorios por explorar” de la UNAL.

Dicha corriente estaba hasta el siglo XIX y en la década de los 50 empezó a ralentizarse; en 2018 se observó que se ha desacelerado en un 15 %, posiblemente por el aumento en las lluvias y el derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia, donde el agua dulce reduce la salinidad y no permite que la corriente vaya al fondo y se regrese.

El debilitamiento de la corriente puede llevar a cambios climáticos, ya no tendría la misma fuerza para llevar aguas cálidas a Europa ni aguas frías y ricas en nutrientes al Caribe. “Algunas predicciones señalan que en 2100 se debilitaría hasta en un 45 % y habría un cambio en las condiciones climáticas de todo el mundo, empezando por Europa, donde habría inviernos gélidos severos y veranos extremos, debido a que el vapor de agua de la corriente no suavizaría ninguna de las estaciones”, concluye la profesora Villegas.




Cítricos y coco ayudarían a limpiar derrames de petróleo

 Un producto elaborado a base de estas plantas reduciría hasta en un 90 % la contaminación ocasionada por derrames de hidrocarburos en fuente hídricas, en aproximadamente dos semanas.

Esta sustancia, creada por el ingeniero de petróleos Duvanis Herazo Navajas, magíster en Ciencias - Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se constituiría en una alternativa al uso de productos químicos importados con los que se suele eliminar la contaminación de aguas por derrames de hidrocarburos.

El primer escenario que llevó al ingeniero Herazo a poner a prueba su desarrollo biotecnológico fue el derrame de varios litros de diésel en una laguna de Puerto Asís (Putumayo) ocurrido en julio de 2020, en medio de la pandemia. Los hidrocarburos crearon una capa espesa sobre el agua y el panorama era muy desalentador.

El producto, creado a base de extractos vegetales, descompone los hidrocarburos para que sean degradados o consumidos por bacterias presentes en la naturaleza.

“Se trata de una mezcla de surfactantes y solventes que cuando entra en contacto con el petróleo ayuda a que este se descomponga en estructuras más sencillas, y ahí las bacterias nativas presentes en el medioambiente lo degradan”, explica el investigador.

Agrega que “los surfactantes, también llamados tensioactivos, son extraídos de plantas como la quinoa y el coco. Son llamamos metabolitos secundarios porque no son vitales para las plantas. Un ejemplo son los limonenos, sustancias producidas por plantas cítricas para repeler insectos y que reconocemos con facilidad por el olor cítrico”.

Como el surfactante –mezclado con agua y aplicado sobre el petróleo para transformarlo– es de origen natural, el producto también se degrada.

El tiempo de descomposición del petróleo depende de las cantidades. En la laguna de Bloque Pantanillo, del municipio de Puerto Asís, se logró una degradación casi completa en dos semanas.

La segunda, también en Puerto Asís, fue un derrame de petróleo crudo ocurrido en un cananguchal (bosque típico de la Amazonia) en diciembre de 2019. Allí se logró restaurar el suelo en cuestión de semanas. La tercera prueba fue en la quebrada La Guinea, en La Dorada (Putumayo) en noviembre de 2020.

La prueba más reciente fue en un parque industrial cercano a Bogotá, donde se presentó un derrame de hidrocarburos en una alcantarilla. “Ahí fue interesante, porque allá el agua es fría y en esas condiciones el hidrocarburo se emulsiona más, lo que lo hace más difícil de degradar o descomponer. Aun así, con la biotecnología hubo un buen resultado”, aclaró el magíster.

Hay que anotar que usualmente cuando hay un derrame de petróleo se usan dos métodos para controlarlo: uno es la recolección mecánica del petróleo, y el otro es el uso de surfactantes químicos, la mayoría de los cuales son importados y fabricados con solventes a base de hidrocarburos, lo que significa que son más difíciles en degradar.

El investigador señaló además que “en el caso del producto natural la degradación puede ser más lenta porque son procesos naturales, pero todo es biodegradable. Por eso tenemos que cambiar la mentalidad: hay métodos más rápidos pero que a largo plazo generan otros impactos en el ecosistema”.

Después de la investigación que le permitió obtener el título de Magíster en Ciencias - Biotecnología en la UNAL Sede Medellín, el ingeniero Herazo planea continuar con la documentación de su desarrollo para buscar una patente.

“Yo empecé a investigar este tema en 2014, porque quería buscar formas de contribuir al medioambiente desde mi profesión, la ingeniería de petróleos. Creo que en este campo necesitamos más conciencia ambiental”, comentó.

El profesor Antonio Romero Hernández, de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, manifestó que “los hallazgos del ingeniero Herazo son importantes porque reducen el impacto de los derrames de hidrocarburos, que pueden ocurrir en cualquier momento, y en Colombia hemos tenido una historia de más derrames por cuenta de ataques terroristas a oleoductos como Caño Limón - Coveñas”, dijo.

Según reportes de Ecopetrol, la infraestructura de transporte de hidrocarburos del país sufrió más de 2.745 ataques en 38 años, lo que ocasionó el derrame de más de 3,7 millones de barriles de petróleo, eso sin contar los incidentes en el transporte, averías de tubos, e incluso los derrames en las estaciones de gasolina.

El surfactante de origen vegetal se puede emplear tanto en suelo firme como cuerpos de agua como quebradas y ríos, e incluso en el mar, a más de 10 m de profundidad.