viernes, 6 de septiembre de 2024

Caficultura con sombrío y vías verdes reactivaría la economía en Caldas

 En los últimos 50 años la participación del café en el producto interno bruto (PIB) de Colombia ha sufrido una drástica caída: del 9 % hace medio siglo, y de un máximo histórico del 30 %, pasó a menos del 0,9 % en la actualidad. Este descenso contrasta con el creciente impacto del turismo en una zona cafetera como Caldas, que representa el 9,86 % del empleo y contribuye con un 3,27 % al PIB. Estos datos subrayan la urgente necesidad de potenciar el sector turístico tanto para maximizar sus beneficios para este departamento como para diversificar la economía de la región.

A principios del siglo XX el auge de la industria cafetera le permitió a Manizales convertirse en una ciudad próspera, con inversiones en infraestructura como la construcción del Cable Aéreo Manizales-Mariquita y el Ferrocarril de Caldas, además de un crecimiento poblacional y una marcada cultura en torno a este cultivo. Sin embargo, la introducción en 1970 del monocultivo de la variedad caturra –resultado de una mutación genética que redujo el tamaño de la planta de café– y los problemas ambientales asociados afectaron negativamente la caficultura de la región.

“La Revolución Verde introdujo un modelo de monocultivo químico que los campesinos no pudieron asimilar debido a su bajo nivel educativo. Esto provocó una migración masiva del campo a las ciudades, transformando a Caldas de un 70 % rural a un 70 % urbano, lo que generó problemas sociales y ambientales como deslizamientos y fragmentación del territorio”, explica el investigador Gonzalo Duque Escobar, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, ingeniero civil con estudios de posgrado en Geotecnia, Geofísica y Economía.

“La apertura económica de 1991 exacerbó estos problemas, lo que resultó en la fragmentación social y espacial”, agrega. Aunque Manizales ha visto un incremento en la producción y ha sido reconocida por su competitividad y progreso social, además del problema económico también enfrenta el cambio climático, que representa una amenaza para la producción de café. Los expertos estiman que la mitad de las áreas cafetaleras del mundo podrían perder su capacidad productiva.

Una vía verde entre el café y el turismo

Ante este panorama, el Museo Interactivo Samoga de la UNAL Sede Manizales, dirigido por el profesor Duque, le ha propuesto a las autoridades locales una solución a este problema social, ambiental y económico: adoptar una caficultura con sombrío en vez del monocultivo de base química.

El monocultivo de base química se basa en cultivar una sola especie –como el café, en grandes extensiones– utilizando fertilizantes y pesticidas químicos, lo que reduce la biodiversidad, degrada el suelo y contamina el agua, además de ser insostenible a largo plazo.


En contraste, la caficultura con sombrío implica cultivar el café bajo árboles nativos o especies compatibles, lo que promueve un ecosistema más diverso y saludable. Este enfoque mejora la conservación del suelo y el agua, reduce el uso de químicos y aumenta la captura carbono, lo que lo convierte en un método más sostenible y resiliente frente al cambio climático.

La caficultura con sombrío no solo protege el ambiente, sino que además diversifica los productos disponibles y asegura una mayor estabilidad en la producción cafetera. Este enfoque busca mejorar la sostenibilidad buscando el desarrollo económico, el cuidado ambiental y el bienestar social a partir de la seguridad alimentaria.

En la investigación realizada por el profesor Duque se ofrece una visión reveladora sobre cómo Colombia puede reactivar su sector cafetero y su economía rural. En vez de centrarse en un modelo de exportación que hace dependiente al país, se propone fomentar una agricultura autárquica tradicional.

“La agricultura autárquica es un modelo que busca la autosuficiencia alimentaria al permitir que las comunidades locales produzcan sus propios alimentos en vez de depender de la exportación de grandes volúmenes. Este enfoque se centra en el cultivo de alimentos y hierbas medicinales locales, promoviendo prácticas agrícolas tradicionales y el conocimiento de los recursos del territorio”, explica el investigador.

Este modelo se puede complementar con el ecoturismo, aprovechando su auge y el atractivo que representa la rica biodiversidad del país, como sus 1.900 especies de aves, de las cuales el 42 % se encuentran en Caldas. “Esto puede generar ingresos adicionales y atraer visitantes interesados en la naturaleza, apoyando una economía sostenible y respetuosa con el medioambiente”, precisa.

El Paisaje Cultural Cafetero debería estar basado en prácticas agrícolas tradicionales y sostenibles que protejan la salud del suelo y del agua. Además se sugiere integrar el turismo fomentando vías verdes en donde las comunidades locales puedan ofrecer un turismo ecológico y cultural, no como simples paseos sino experiencias que ofrezcan conocimiento del territorio.

En este contexto también se propone formar a los jóvenes en áreas relacionadas con el turismo, como el aviturismo y la artesanía con denominación de origen, es decir la certificación que reciben los productos agrícolas, alimenticios o artesanales provenientes de una región específica con tienen características distintivas por su origen geográfico y por las condiciones locales en las que se producen.

También se podría replantear el modelo educativo actual para responder a las necesidades y oportunidades de las zonas rurales. Se propone una educación que prepare a los jóvenes para aprovechar el potencial del turismo y otras actividades económicas locales, abriendo oportunidades y contribuyendo a la reducción de la migración del campo a la ciudad.






jueves, 5 de septiembre de 2024

El mar tiene “fiebre”: impacto del cambio climático en San Andrés y Providencia

 Transformar el modelo de turismo masivo en alternativas con menor impacto medioambiental, y además implementar políticas públicas que fortalezcan la gestión del riesgo de desastres en las zonas insulares del país, forman parte de las estrategias planteadas por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe e instituciones internacionales para mitigar los efectos que ha dejado el cambio climático en el territorio.

En el archipiélago de San Andrés y Providencia los impactos de esta crisis se han reconocido en el incremento de fenómenos naturales como las marejadas ciclónicas –cambio en el nivel de agua debido a la presencia de una tormenta–, capaces de generar inundaciones permanentes en zonas costeras; en las marejadas las olas pueden alcanzar entre 7 y 8 m de altura.

En los últimos días los impactos producidos por el aumento en la temperatura de la atmósfera han dejado alrededor de 3.000 damnificados en zonas del Pacífico colombiano a causa de marejadas, situación que requiere nuevas estrategias de atención para que la vulnerabilidad social que padecen los habitantes de la zona por estos comportamientos atípicos del mar se pueda reducir.

Carolina Velásquez, Ph. D. en Gestión y Manejo Científico de Desastres y magíster en Estudios del Caribe de la UNAL, señaló que “la vulnerabilidad descrita en aspectos tanto sociales como ecosistémicos ha traspasado a situaciones de injusticias hídricas que deben ser atendidas en la gestión de riesgos.En San Andrés se han tomado decisiones legitimadas a través de políticas públicas que han llevado a que los habitantes de la Isla sufran por el acceso al agua”.

Según el Observatorio de la Reserva de la Biosfera Seaflower, el 82 % del agua que se utiliza San Andrés es subterránea, y aunque existen dos acuíferos, solo uno de ellos se considera apropiado para la captación de agua para consumo.

El acuerdo integral (naturaleza-cultura) y nuevo diálogo entre las poblaciones y el elemento agua para minimizar los impactos del cambio climático en las zonas costeras también pone sobre la mesa las consecuencias del desequilibrio existente entre la sobrepesca y la reducción de las poblaciones que componen la biodiversidad marina en los territorios.

Según Adriana Santos, doctora en Ciencias, magíster en Biología Marina y directora de la UNAL Sede Caribe, “sobrepasar los límites de explotación de las especies que conviven en el mar perjudica el ambiente en las zonas que dependen de ese recurso. La sobrepesca en múltiples ecosistemas se ha unido a la pérdida de hábitat, la contaminación y las bioinvasiones que han deteriorado la salud de estas áreas y han llevado a reconocer que el mar y el planeta tienen fiebre por el inminente incremento en la temperatura global”.

Para los expertos, la amplia biodiversidad que existe en el país tiene que convertirse en un motor de desarrollo, en el que los genes y los ecosistemas converjan como uno solo. José Ernesto Mancera, profesor de la Facultad de Ciencias y Biología de la UNAL, en el Especial La UNAL en la  COP16 de Radio UNAL, indica que las posibilidades de desarrollarnos como especie también depende del patrimonio natural.

“Al quemar toda la materia orgánica para mover nuestra maquinaria estamos calentando la atmósfera y esto lleva al derretimiento de los casquetes polares, que albergan el 3 % del agua dulce del planeta”, subrayó el profesor Mancera.

A raíz de los efectos del calentamiento global, la UNAL trabaja en más de 30 acciones de fortalecimiento de la gestión de riesgos de desastres que buscan incrementar el conocimiento, la capacidad y preparación con base en la seguridad humana y la preservación de la base natural en el Archipiélago de San Andrés, en las que también participan otras 10 entidades aliadas que desde hace más de un año y medio pretenden jalonar la respuesta a estas necesidades en el territorio.





martes, 3 de septiembre de 2024

Crecimiento del turismo en la Sierra Nevada cambia el territorio para las poblaciones indígenas

 Los habitantes del municipio de Pueblo Bello (Cesar) –en donde habita la comunidad indígena iku, llamada comúnmente como arhuacos– tratan de generar estrategias para mantener su autonomía ante las presiones que les llegan desde el exterior por las distintas modalidades turísticas que, aunque pueden ser una oportunidad económica y cultural, a medida que crece impacta la forma de habitar sus territorios.

El investigador Andrés Ricardo Restrepo Campo, magíster en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),asegura que aunque algunos indígenas presentan resistencia al turismo, otros piensan en formas que puedan usar para fortalecer sus propias luchas políticas.

“Buscando la diferencia como atractivo, el turismo también visibiliza lo indígena, les da valor a los elementos naturales y culturales como el paisaje prístino, las mochilas elaboradas a mano, o las kankurwas o templos mayores de la palabra, del pensamiento y la reflexión; y su forma de vida, que antes era vista solo como obstáculos para los paisajes de la productividad, hoy son vitales para el paisaje sagrado indígena”, explica el investigador.

En este sentido, la “turistificación” –término usado por el experto para referirse a la transformación de los territorios a raíz del turismo– lleva la subordinación del hábitat a las demandas del mercado y su instrumentalización para el consumo de los visitantes, lo que implica reducir el sentido sagrado que le ha dado la comunidad indígena al territorio que habita.

En este sentido, el magíster señala que “el turismo ofrece una fórmula para resolver una tensión que normalmente está en las comunidades: proteger la naturaleza con la necesidad de desarrollarse económicamente, de proyectos que aprovechen esos recursos naturales y que generen riqueza; pero muchas veces implica consumir o explotar esa naturaleza, que iría en detrimento de ella misma. Asimismo promete generar una alternativa turística, aprovechando ese valor paisajístico, pero que al mismo tiempo se pueda monetizar para satisfacer otras necesidades”.

Impactos del turismo en zonas naturales

En la Sierra Nevada se han evidenciado cambios, específicamente en la parte del límite del Resguardo Indígena Arhuaco. Un ejemplo es Pueblo Bello, en donde se percibe una arquitectura que contrasta con la tradicional: “casas más grandes, con una estética distinta; que se notan son de propiedad de grupos sociales distintos al nativo, seguramente de personas pudientes de Valledupar, convertidas en lo que ellos llaman ‘Casa de campo’ o ‘casas de recreo’ para las zonas rurales”, cuenta el magíster Restrepo.

Así se comienza a transformar el paisaje y el hábitat, debido a la demanda y la oportunidad de ofrecer espacios amplios para la recreación durante el fin de semana, de turistas que buscan espacios tranquilos y frescos fuera de la ciudad, cercanos a la Sierra Nevada. “Para la población  asentada en esta zona, su paisaje sagrado es intervenido y marcado por el accionar de los ‘Bunachi’, es decir el blanco o no indígena, según la denominación de los nativos”, explica el experto.

“En su mismo crecimiento el turismo ejercerá presión sobre la naturaleza. En un primer momento atrae turistas que no tienen tantos requerimientos como el mochilero, que se acomoda en una carpa o en cualquier espacio y no requiere una infraestructura tan compleja, pero en la medida en que se va masificando el turismo y atrae más gente, se requiere infraestructura de acomodamiento, alimentación, restaurantes o senderos que implican intervención sobre esos territorios; a eso se suma que cuando el turismo es descontrolado genera residuos sólidos, erosión de los suelos por el recorrido de alta cantidad de gente y contaminación auditiva”, puntualiza.

Al respecto, los indígenas consultados por el académico manifestaron que en una temporada se veían cosas inusuales como usar cuatrimotos para llegar a Nabusimake (pueblo sagrado de los pueblos indígenas de este sector del Cesar) y fiestas hasta muy tarde en la noche con mucho ruido, por lo que se vieron obligados a poner un portón en su entrada, custodiado por los ‘semaneros’, indígenas a quienes la comunidad les ha encargado la tarea de vigilar y controlar quién puede ingresar o no a su territorio.

“Cabe anotar que la comunidad indígena percibe el mundo bajo una lógica muy distinta de la occidental, a través del entramado de sitios sagrados, y establecen las normas que rigen la vida a través desde la Ley de Origen, un conjunto de normas no escritas presentes en la tradición indígena que dictaminan cómo se deben relacionar en la sociedad y ante su hábitat, donde rige el principio de la armonía y el equilibrio con el universo: una especie de retribución por lo que se toma de la naturaleza”, detalla el egresado de la UNAL.

Acerca de la localidad

La zona urbana de Pueblo Bello es la única cabecera municipal ubicada en el macizo montañoso de la Sierra Nevada. Presenta una población de 14.433 habitantes, de las que el 53,44 % es indígena, pero a pesar de su alta representatividad, es la población mestiza y su modo de habitar se hace más evidente a primera vista, ya que su territorialidad y cultura son las dominantes localmente.

El 51 % de los habitantes residen en zona rural y el 31,49 % en zona urbana. De estas, 11.520 personas están ubicadas en los dos resguardos indígenas (Resguardo Arhuaco de la Sierra Nevada y Resguardo Businchama), mientras que los demás se ubican en el casco urbano y en predios rurales aún no reconocidos legalmente como parte de los resguardos.








lunes, 2 de septiembre de 2024

Paz ambiental: una tarea para garantizar la vida

 “La época actual exige pensar en cómo avanzamos en una relación diferente alrededor de la relación entre los seres humanos y el resto de la naturaleza, por eso trabajamos con la paz ambiental”, señala el profesor Germán Palacio, director del Centro de Pensamiento Amazonias

La UNAL Sede Amazonia y sus aliados estratégicos lanzaron en este sentido el Diplomado en Paz Ambiental, “iniciativa académica que pretende desarrollar los trabajos previos organizados en torno a los acuerdos de paz y el informe de la Comisión de la Verdad”, explica el docente.

No es casualidad que el Diplomado se ofrezca inicialmente en este territorio. Leticia, capital del Amazonas, depende principalmente de la quebrada Yahuarcaca para el suministro de agua potable, pero en los últimos años se ha registrado la disminución de su caudal por factores como la deforestación, las quemas indiscriminadas y el cambio climático, lo que afecta la disponibilidad y calidad del recurso.

A pesar de que el municipio se encuentra rodeado por el río Amazonas, enfrenta una paradoja hídrica a causa de la falta de infraestructura, por lo que aproximadamente el 80 % de los ciudadanos han optado por construir su propio pozo de captación de agua, mientras el 20 % restante es el servicio de agua municipal.

Por eso uno de los principales asuntos del Diplomado es el ordenamiento territorial alrededor del agua, como uno de los factores que contribuye a la paz con la naturaleza. Así lo expuso en la sesión inaugural la viceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio, Lilia Tatiana Roa Avendaño.

“La pregunta repetitiva que nos hemos formulado: ¿cómo logramos salir del extractivismo generando bienestar, pero que al mismo tiempo nos permita enfrentarnos a la crisis civilizatoria y cómo hacerlo de forma oportuna?”, inquirió la viceministra durante su charla.

Justamente este proyecto subraya lo que significa el agua para la humanidad y los ecosistemas. Esta preocupación del Gobierno nacional forma parte del Plan Nacional de Desarrollo, que busca redefinir el ordenamiento territorial en el país al poner el agua como eje central.

“Esta iniciativa busca romper esa mirada instrumental del agua, y lo que queremos es pensar en los territorios desde otra perspectiva, entendiendo las dinámicas y alteraciones del ciclo del agua […] que nos permita comprender mejor que el agua es lo que nos garantiza la vida y la biodiversidad”, puntualizó la viceministra Roa.

Así mismo, uno de los pilares fundamentales que ha llevado a avanzar en este proyecto se enfoca en la gobernanza del agua, lo que se construirá a través de acuerdos sociales con comunidades, sectores productivos, instituciones del Estado y la academia.


Igualmente mencionó que “estar aquí en la Amazonia es la oportunidad para hablar de paz con la naturaleza, tema que precisamente será el centro de la próxima COP16 que se realizará en Cali […]  este es el paso para hacer un trabajo conjunto entre la Universidad con el Ministerio para defender nuestra Amazonia”.

Por su parte, Salima Cure, investigadora del Cepam, señaló que “en el Diplomado se hará énfasis entre lo humano y la naturaleza, y estando aquí en el Amazonas, que es un territorio biodiverso y de muchas interrelaciones, desde la UNAL Sede Amazonia saldrá una gran reflexión acerca de lo que es paz con la naturaleza. Además esta oferta académica servirá para realizar un gran análisis con toda la academia y los líderes sociales indígenas acerca de la crisis ecológica tanto en el Amazonas como en el mundo”.

Con la presencia de la viceministra de Ambiente, la UNAL Sede Amazonia, junto a algunos de sus aliados estratégicos, fue el escenario para ratificar su compromiso y responder a la crisis ambiental, a través del Diplomado en Paz Ambiental.

La apertura protocolaria fue presidida por Eliana Jiménez, directora de la Sede, Demian Regehr, director de la Fundación alemana Hanns Seidel Stiftung, la cooperación francesa del Institut des Amériques, Germán Palacio, director del Centro de Pensamiento Amazonias, y Arturo Gómez, del Instituto Amazónico de Investigadores.

En ese sentido, el lanzamiento del Diplomado en Paz Ambiental es importante para continuar con el compromiso del cuidado y la protección con el medioambiente que, como menciona la viceministra Roa, “es un ejemplo de que se puede vivir una relación armoniosa y de reciprocidad con la naturaleza, por eso todos debemos aprender de ello”.








miércoles, 28 de agosto de 2024

Deforestación y ganadería serían factores de riesgo por deslizamiento en Palmira

 En un país como Colombia gestionar el riesgo de desastres es una prioridad esencial, por los desafíos que generan la geografía montañosa y la expansión urbana. En este contexto, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales estudia una metodología que permitiría zonificar adecuadamente para reducir los riesgos de deslizamientos, inundaciones y avenidas torrenciales, eventos destructivos comunes de regiones montañosas.

Un ejemplo de ello es el municipio de Palmira (Valle del Cauca), que tiene el 42,9 % de su territorio amenazado por movimientos en masa, lo que representa un gran reto para la gestión del riesgo local, según el Plan Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres. Por su ubicación en la ladera de la cordillera Central, esta zona se seleccionó para realizar un estudio con una metodología predictiva para evaluar la vulnerabilidad de este territorio montañoso.

“En el trabajo adelantado en la zona montañosa de Palmira se analizó el riesgo de deslizamientos de tierra en áreas con pendientes superiores al 30 %”, explica Sergio Hernando Sánchez Ospina, estudiante de la Maestría en Ingeniería – Recursos Hidráulicos, autor de la investigación.

“Uno de los casos fue el corregimiento de La Zapata, en donde se evidenció que la deforestación y el uso intensivo para ganadería han desestabilizado el suelo aumentando el riesgo de deslizamientos en las empinadas pendientes”, sostiene el investigador.


Allí se estudió un deslizamiento rotacional en la quebrada Baquero, que afecta la conexión con las veredas Llanitos y La María comprometiendo la estabilidad del terreno y causando subsidencia (hundimiento progresivo de la superficie) en propiedades privadas.

La erosión por ganado y lluvia han desnudado el suelo, facilitando su saturación. “El deslizamiento, con un volumen de 5.285,21 m³ y un hinchamiento del 74 %, aumenta el riesgo de eventos torrenciales en la quebrada Baquero y áreas circundantes”, precisa el ingeniero.

Como este, otros deslizamientos han dañado carreteras y propiedades, y causado la pérdida terreno agrícola. En Palmira, el 13 % del área del centro poblado enfrenta una alta amenaza de avenidas torrenciales y el 78 % una amenaza media.

Para la investigación se utilizó un enfoque integrado que combinó el análisis del terreno, la geología y el uso del suelo para desarrollar mapas destinados a mejorar la planificación territorial.


Puntos críticos en Palmira

En el corregimiento de Tenjo las pendientes se dividen en 4 categorías: (i) fuertemente inclinado (12-25 %), (ii) fuertemente quebrado (25- 50 %), (iii) escarpado (50-75 %) y (iv) muy escarpado (75 % y mayores). La combinación de pendientes pronunciadas y expansión agrícola descontrolada ha aumentado los deslizamientos causando daños a infraestructuras y afectando la estabilidad del terreno, según el Plan de Ordenamiento Territorial de Palmira.

En la cuenca del río Nima los riesgos se distribuyen así: en Aguaclara, el 87 % enfrenta alta amenaza por inundación y el 13 % por avenidas torrenciales. En Calucé, por movimientos en masa, el 7,2 % está en alto peligro y el 92,8 % en baja; por avenidas torrenciales, el 19 % está en amenaza alta y el 74 % en media. En Tenjo, el 0,1 % enfrenta alta amenaza por inundación y el 36 % por avenidas torrenciales, mientras que el 64 % está en media. Y en Aguaclara, el 87 % del área enfrenta alto peligro por inundación y el 13 % amenaza media.

Una metodología para prevenir

En la investigación se empleó el método Weights of Evidence (Wofe) para analizar la susceptibilidad a movimientos en masa, logrando un porcentaje predictivo del 84 %. Este método es un enfoque estadístico que utiliza la teoría de la probabilidad para actualizar los conocimientos previos sobre un evento o una hipótesis en función de nueva evidencia o datos observados. En otras palabras, demuestra ser efectivo para prever y mitigar riesgos de desastres naturales y se emplea para predecir eventos geológicos, a partir de varios datos.

Para abordar el problema de los deslizamientos de tierra en Palmira, el ingeniero Sánchez analizó mapas que clasifican las áreas de susceptibilidad en tres niveles: alta (roja), media (amarilla) y baja (verde), con el fin de aportar información sobre dónde construir y a planificar el uso del suelo, teniendo en cuenta el crecimiento urbano y la seguridad de las personas.

Según el estudio, estos mapas se deben actualizar cada 12 años para asegurar que las decisiones sobre urbanización se basen en información precisa y actualizada. Es decir, no es un estudio para atender desastres, sino para prevenirlos.


El procedimiento predictivo Wofe, utilizado para analizar la susceptibilidad de áreas a deslizamientos, se desarrolla en varios pasos dentro de un Sistema de Información Geográfica (SIG). Primero, se recogen y preparan los datos relacionados con los factores que influirían en los deslizamientos, como la pendiente del terreno, la geología y la cobertura del suelo. Estos datos se representan en capas temáticas dentro del SIG.

Segundo, se genera un mapa de los deslizamientos ocurridos antes en el área de estudio. A continuación, se calculan las probabilidades de que ocurra un deslizamiento en relación con cada uno de los factores identificados, lo cual se hace superponiendo las capas temáticas con el mapa de deslizamientos anteriores y calculando la importancia de la presencia o ausencia de cada factor.

Por último, se combinan estos cálculos para generar un mapa de susceptibilidad que muestra qué áreas tienen mayor o menor probabilidad de sufrir deslizamientos. Este mapa se valida comparándolo con los deslizamientos históricos para asegurar su precisión. El mapa resultante se utiliza para la planificación y gestión del territorio, ayudando a tomar decisiones informadas sobre la mitigación de riesgos.

Como se evidencia en la tesis, en Colombia la gestión del riesgo de desastres se centra en conocimiento, prevención y manejo. Los deslizamientos, que constituyen el 4,9 % de los desastres naturales globales y el 10 % en Latinoamérica, tienen un gran impacto. Durante la temporada de lluvias 2010-2011, agravada por el fenómeno de La Niña, el país enfrentó lluvias un 170 % más intensas que el promedio histórico, afectando a más de 4 millones de personas y causando 490 muertes. Desde entonces, la Ley 1523 de 2012 y el Decreto 1807 de 2014 han reforzado la gestión  del riesgo mediante estudios técnicos para zonificación de susceptibilidad y amenaza, destacando que la lluvia y la susceptibilidad del terreno son cruciales para una gestión efectiva.

del riesgo mediante estudios técnicos para zonificación de susceptibilidad y amenaza, destacando que la lluvia y la susceptibilidad del terreno son cruciales para una gestión efectiva.

martes, 27 de agosto de 2024

La biodiversidad salvaría la yuca de enfermedades y altas temperaturas

 La diversidad genética de esta raíz les permitiría a algunas especies tener mayor resistencia a las altas temperaturas y enfermedades relacionadas con el cambio climático, según aspectos biológicos y genéticos hallados en cultivos de yuca en una investigación del grupo Manihot Biotec de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Aunque este cultivo es resistente al calor de climas tropicales y a la sequía, no está exento de las amenazas que representa el aumento de la temperatura en el mundo, “debido a que este cambio altera las relaciones, algunas patogénicas o bióticas del cultivo, con plagas y enfermedades”, precisa el biólogo Rubén Mora, investigador del grupo Manihot Biotec UNAL.

El biólogo Mora realizó el estudio reciente más amplio de variedades de yuca en Colombia y adelanta una investigación doctoral en Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá en la que busca las regiones del genoma de esta raíz que la hacen resistente a una de las enfermedades más devastadoras del cultivo, la bacteriosis vascular de la yuca (CBB por sus siglas en inglés).

“La bacteria entra a los haces vasculares y los tapona, lo que afecta el rendimiento y el crecimiento. La planta muere de arriba hacia abajo”, explica el investigador Mora. De esta enfermedad se tiene información producto de investigaciones desde hace varios años, pero ha mantenido su prevalencia a lo largo del tiempo en todos los lugares del mundo en donde se cultiva yuca.

El investigador expone que la yuca es susceptible a varias enfermedades, entre ellas a CBB, la cual es producida por la bacteria Xanthomonas phaseoli pv. Manihotis. La interacción entre la bacteria y la yuca ha sido investigada desde hace más de dos décadas por el grupo Manihot Biotec, en cabeza del profesor Camilo López Carrascal de la UNAL.

“Por el momento esta bacteria no tiene una incidencia grave en el país, pero en el contexto del cambio climático y de las prácticas agrícolas actuales puede ser un potencial riesgo para el cultivo de yuca”, advierte el biólogo.

Como la yuca es un alimento tan importante en el mundo, es necesario tomar medidas para adaptar y mitigar los efectos de las altas temperaturas, o temporadas largas de lluvia que puedan generar problemas fitosanitarios sobre este cultivo.

La yuca tiene alto contenido de fibra y vitaminas, entre otros nutrientes, por lo que es una fuente nutricional para la seguridad alimentaria en poblaciones rurales, donde también se presenta como una fuente de ingresos para pequeños agricultores que comercian esta raíz almidonada.

En este sentido se adelanta el estudio, dirigido por la profesora Johana Soto Sedano del Departamento de Biología de la UNAL, financiado por la Universidad y el Programa de Becas de Excelencia Doctoral del Bicentenario, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

“Con el equipo de trabajo recorrimos diversas regiones del país recolectando hasta 380 cultivares de yuca, de las cuales se secuenció el ADN de 182, identificando marcadores moleculares que permitieron los análisis de diversidad genética”, detalla el biólogo. Las muestras se tomaron en Santander, Antioquia, Arauca, Nariño, Boyacá, Cundinamarca, la Costa Caribe –Montes de María, Córdoba y Sucre–, y en la región Amazónica, en los departamentos de Guaviare, Caquetá y Amazonas.

El conocimiento del cultivador

La diversidad de la yuca se encuentra no solo en sus genes sino también en las comunidades que la cultivan. Un aspecto que es parte de la investigación doctoral, que incluyó trabajo con las comunidades yuqueras, de las cuales se obtuvo el material vegetal. “Con ellas se buscó revalorar el conocimiento ancestral y el arraigo cultural detrás del cultivo de la yuca”, comenta el biólogo.

La mayoría de los cultivares estudiados en esta investigación han sido poco o nada explorados, no son comerciales a gran escala, pero sí generan sustento para sus comunidades, por lo que pueden albergar información de alto valor para la investigación.

“Son materiales cuya genética puede ser fuente de regiones genómicas particulares de genes que den mayor resistencia a plagas y enfermedades, entre estas a CBB. Estas regiones se logran identificar a través de metodologías como los estudios de asociación del genoma completo (GWAS por sus siglas en inglés). En este enfoque es posible detectar regiones del genoma que cuando cambian (marcadores moleculares), transforman significativamente el valor cuantitativo de la enfermedad (síntoma de la enfermedad) de cada una de los cultivares”, afirma el biólogo.

Para detectar estas regiones del genoma fue necesario realizar una infección controlada de la bacteria y bajo condiciones de invernadero a 132 cultivares de yuca secuenciadas, a las cuales se le hizo el seguimiento de los síntomas en el tiempo.

Así el equipo evidenció una diferencia de síntomas entre las variedades estudiadas. Algunas tuvieron un efecto mortal, otras se enfermaron poco o mucho, y otras que no tuvieron efecto alguno, demostrando una gran resistencia frente a la infección. Esta evaluación sigue en proceso para tener resultados más amplios y detallados.

Con este estudio queda en evidencia que la diversidad, como la de la yuca, es la base de las herramientas que ofrece la naturaleza, que permiten sortear alguna adversidad como una enfermedad.

“Si hay una alta diversidad, tenemos herramientas para no acabarnos ante la primera adversidad, se acabarán tres o cuatro individuos, pero no morirán 50 millones. Si se pierde la diversidad de yuca o de cualquier cultivo, se pone en riesgo la viabilidad ante cualquier adversidad”, argumenta el investigador Mora.

Los resultados de esta investigación permitirán abrir nuevas oportunidades en el país para crear estrategias biotecnológicas que permitan desarrollar variedades de yuca mejoradas con mayor resistencia a CBB, lo cual se espera que tenga un impacto significativo en la producción de yuca y la economía alrededor de esta.






viernes, 23 de agosto de 2024

Talar el bosque y perder la comida: deforestación en Amazonas impacta la alimentación de pueblos indígenas

 Las complejas interrelaciones entre las plantas, los animales y la vida humana se hacen evidentes en el sistema lagunar Yahuarcaca, en Leticia (Amazonas), donde la deforestación de árboles frutales ha provocado escasez de peces y ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas en este territorio.

Aunque las comunidades cercanas a estos lagos tan importantes para la capital del Amazonas han aprovechado esta zona para la pesca, la desforestación y la contaminación han provocado que muchos de los peces busquen refugio en otras zonas del río Amazonas, haciendo que los lugareños se queden sin un sustento alimenticio.

“Muchas especies de peces dependen del bosque de inundación para alimentarse, y desafortunadamente estos árboles se han ido acabando por múltiples razones”, explica la docente Sandra Bibiana Correa, profesora asociada de la Universidad Estatal de Mississipi, experta en pepeaderos de árboles y alimentos para peces. Hasta el momento se ha evidenciado que en estos lagos la biodiversidad puede superar las 120 especies.

La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia trabaja en un proyecto que busca restaurar y conservar los bosques inundables a través de la reforestación de los árboles que den frutos –conocidos coloquialmente como pepeaderos– esenciales para los peces que llegan hasta los lagos de Yahuarcaca. En esta iniciativa se cuenta con el apoyo de múltiples instituciones nacionales e internacionales cuyo fin es mejorar la pesca y la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas.

“Existen unas 30 especies de peces que comen pepas, por eso es tan importante conservar estos bosques inundables. De hecho, parte de la disminución de la pesca en lugares como el río Magdalena, por ejemplo, es porque se acabaron los bosques de las ciénagas, que son bosques que han evolucionado conjuntamente y son parecidos a los de acá”, señala el profesor Santiago Roberto Duque Escobar, director del Laboratorio de Manejo y Gestión de Humedales de la UNAL Sede Amazonia, quien durante los últimos años ha trabajado arduamente en torno a la gobernanza ambiental del Yahuarcaca.

Estos peces no son solo fuente de alimento para las comunidades, sino que además son fundamentales para preservar el ecosistema, por ser distribuidores de las mismas semillas que comen, pues cuando estas pasan por el tracto digestivo y sale, favorece a su pronta germinación. “Es un papel sinérgico y favorable tanto para el árbol como para el pez” indicó el profesor Duque.

Un esfuerzo con conocimiento local


La UNAL Sede Amazonia, la Fundación Grupo PROA, la Universidad Estatal de Mississipi y la Universidad Internacional de la Florida, con recursos de la Fundación Gordon & Betty Moore,trabajan conjuntamente en el proyecto “Gobernanza ambiental de los pueblos tikuna (también conocidos como magüta), cocama y yagua del sistema lagunar y la quebrada Yahuarcaca”, liderado por la Organización de Pescadores Artesanales Tikà y financiado por el programa Visión Amazonia del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Colombia.

La meta de esta iniciativa es restaurar las zonas inundables donde crecen árboles de frutos o pepeaderos. “Hay un gran interés en reforestar, sobre todo, pero no sabemos cuáles árboles ni dónde, por eso la idea es recopilar la información necesaria para plantar los árboles, que no solo es para los peces sino también para las personas” aseguró la profesora Correa.

Por eso el proyecto se desarrolla en varias etapas, la primera de las cuales inició con un avance titulado “Frutas para peces: levantamiento de información para desarrollar prácticas de reforestación de llanuras aluviales para mejorar la pesca y la seguridad alimentaria 2024-2025”.

Esta etapa del proyecto irá hasta finales de 2025 y empezará con un levantamiento absoluto de información importante acerca de los árboles que pueden crecer de forma natural con frutos de diversos tamaños en la zona de Yahuarcaca. Además se realizará un inventario detallado de todos los tipos de frutos, y con un trabajo mancomunado con los pescadores locales se conocerán las especies de peces que habitan allí y cuáles son los frutos más consumidos.

Durante los primeros meses de recolección de información, que irá hasta enero de 2025, también se logrará entender los cambios en la dinámica fluvial del bosque inundable de Yahuarcaca, debido a las variaciones en inundaciones anuales, situación que es muy común en la Amazonia.

La UNAL ha sido una gran propulsora de este importante proyecto en el que ha trabajado a lo largo de 20 años con la participación de egresados, como los dos coinvestigadores con los que ya se cuenta, y quienes son expertos en Ingeniería Forestal, además de ser leticianos; y se destaca a Adrián Mauricio Muñoz, quien hará su tesis de maestría en la Universidad Estatal de Mississipi.

Por su parte, Ángel Pijachi, tecnólogo forestal de la UNAL y conocedor local de la comunidad indígena Ocaina, del Igará Paraná, se encargará –junto con el estudiante Muñoz– de caracterizar las especies de árboles que forman parte del ciclo nutritivo de los peces para ayudar a cruzar los transectos (contar la presencia de objetos en un trayecto largo) y hacer mediciones para buscar las especies de pepeaderos adecuadas para la zona.

Además se trabajará con sabedores locales de las 7 comunidades que forman parte de la Organización Tikà, de manera que se unifiquen los conocimientos y experiencias locales con la científica.

Este esfuerzo en el que el Amazonas ya es pionero, no solo es un proyecto científico sino un compromiso con las futuras generaciones, por eso en la UNAL Sede Amazonia se ha creado el semillero de investigación “Gobernanza Ambiental y Pesquera”, en el que jóvenes de los primeros semestres de Ingeniería Ambiental del Programa de Admisión Especial con Enfoque Territorial (PAET) también podrán participar como coinvestigadores y colaboradores durante su formación profesional.

“El país hay que reconstruirlo en estos territorios a nivel de conservación natural […] este es un esfuerzo de largo aliento, pero hay que hacerlo y nos dejará una enseñanza muy grande”, mencionó el profesor Duque.










jueves, 22 de agosto de 2024

Colombia buscaría distribución justa y equitativa de beneficios de biodiversidad en la COP16

 Conservar y aprovechar la biodiversidad requiere de un acceso justo y equitativo a la información sobre la misma, por ejemplo, en un país como Colombia donde se extraen múltiples recursos naturales sin retribución correspondiente en conocimiento e inversión. Expertos invitados en el especial La UNAL en la COP16, programa de Radio UNAL, indican las formas en que la Conferencia de las Partes en Cali podría ser el escenario propicio para avanzar en este objetivo.

El centro de la discusión son los recursos genéticos, que es la información sobre el ADN de todas las formas de vida estudiadas y la base para entender la biodiversidad, sus funciones en los ecosistemas, así como los productos que se pueden obtener a partir de esta.

“En esas secuencias de ADN está la información para muchas cosas, tenemos información en esa biodiversidad para desempeñarse en distintos papeles en los ecosistemas, que posteriormente puede aprovechar la humanidad desde diferentes puntos de vista: biotecnología, medicina, de allí puede salir información para generar hasta microorganismos, por ejemplo, a la hora de hacer procesos particulares, acelerar procesos para generación de energías. Por eso es tan importante esas secuencias, todo parte de donde vienen esos organismos y qué conocen los humanos que estaban allí”, explica Juan Carlos Rincón, doctor en Ciencias Agrarias con énfasis en Genética Molecular.

Los procesos de digitalización de información en el mundo, de acuerdo con Mauricio Cabrera, viceministro de Ambiente e invitado al programa, permiten tener acceso a la información y crear nuevos recursos genéticos capaces de aportar insumos para la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, la adaptación a este nuevo entorno digital requiere una regulación equilibrada que garantice el acceso justo a tales desarrollos genéticos y promueva la colaboración global.

“Hay comunidades en las regiones mega diversas como Colombia que están protegiendo ecosistemas, pero estas mismas poblaciones no han tenido los beneficios en la distribución justa de la información genética que ya está digitalizada y que ayudarían a la continuidad de estos procesos de preservación”, indicó el viceministro Cabrera.

Colombia desde el año 2022, a través de la ratificación de la gobernanza del conocimiento tradicional mediante el Protocolo de Nagoya, el cual reconoce los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales, así como sus conocimientos tradicionales asociados a los recursos genéticos, según el Ministerio de Ambiente, apostaría a que, en el país, la información y la biodiversidad no se conviertan en otro extractivismo injusto para los habitantes.

En este sentido, Cabrera asegura que Colombia está trabajando con países como Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela para llegar a acuerdos sobre la distribución justa y equitativa de dichos beneficios digitalizados entre el norte global y el sur global para lograr conservar la biodiversidad de la que goza la región. “Estamos sufriendo presiones muy grandes sobre las zonas de alta biodiversidad. En la Amazonia con minería y la extensión de la frontera agrícola se ve afectada, y esto nos está  llevando a discursos inconscientes de proteger esta zona, pero no se toman acciones adecuadas”, sostiene.


“Si no se logra generar esa distribución adecuada de beneficios para las comunidades que protegen esa biodiversidad, si no logramos cambiar esa forma de recibir beneficios y solo sean las grandes farmacéuticas o las grandes industrias que utilizan esa gran biodiversidad y que no retribuyen a los países que somos generadores, va a ser muy difícil lograrla conservar”, afirma Cabrera.

La inteligencia artificial: una alternativa

Desarrollar procesos de comprensión profunda de los ecosistemas, incluyendo prácticas sostenibles de manejo de recursos, métodos de conservación para mantener el equilibrio ecológico, además de proteger la diversidad biológica de la región son algunos de los escenarios de los cuales las comunidades han sido protagonistas. Por tal razón, combinar la experiencia tradicional con tecnologías avanzadas de secuenciación genética y análisis de datos se vuelven elementos claves para reforzar las acciones de conservación.

La inteligencia artificial puede acelerar el análisis de estos datos, descubrimientos, optimizaciones en biotecnología y conservación de la misma, sin embargo, el uso de esta herramienta plantea desafíos en términos de control y equidad en el acceso de recursos genéticos para todas las comunidades.

Judith Rodríguez, Doctora en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), frente a esta necesidad de ser beneficiarios de estos recursos económicos y científicos que generan la aplicación de inteligencia artificial en procesos de desarrollo genético, señaló cómo la Institución a través de los diferentes trabajos de investigación que impactan directamente a las comunidades ha sido blanco de la falta de recursos. “La distribución justa tiene que verse como una Política de Estado que permita la visibilización de la mega biodiversidad, la protección de la permanencia de las comunidades en sus territorios y la promoción de la investigación dentro de las instituciones”, precisó la académica.

La COP16, que se realizará en octubre en Cali, será un escenario propicio para esta propuesta al abordar las metas del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal. La meta número 21 contempla garantizar el acceso a la información e incorporación de los conocimientos tradicionales, que será fundamental para el reconocimiento del trabajo integral de las comunidades; así mismo, la meta 13 precisa el acceso a recursos genéticos y permitirá reconocer el discurso medioambiental que, aseguran los expertos, concluye en la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo en el planeta.






miércoles, 21 de agosto de 2024

Colombia, el país con mayor biodiversidad por km² del mundo, tiene 1.700 especies amenazadas

 Con 79.831 especies observadas, el territorio colombiano es un punto caliente de diversidad biológica del planeta, lo que posiciona al país como el segundo más biodiverso del mundo, superado solo por Brasil en área geográfica. Para conservar esta gran riqueza amenazada por actividades humanas, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) resguarda más de 7 millones de ejemplares de flora y fauna en sus colecciones científicas; además sus 400 grupos de investigación y 700 profesores en las 9 Sedes aportan activamente a esta tarea.

Con 1.999 especies de aves, 82 de ellas endémicas (exclusivas del territorio nacional), Colombia alberga hoy la mayor diversidad de pájaros del mundo, además de unas 26.000 especies de plantas, 560 de orquídeas y 3.844 de mariposas (350 endémicas). Sin embargo el riesgo de que muchas de ellas desaparezcan es latente, lo que el profesor Miguel Gonzalo Andrade Correa, director del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL, califica como “vergüenza nacional”.

“Entre las 1.700 especies ‘amenazadas’, todas las tortugas continentales se encuentran en ‘peligro de desaparecer’. Entre las plantas, y pese a su riqueza, 311 especies de orquídeas están ‘en riesgo’, así como 38 especies de frailejones, plantas endémicas de los páramos colombianos. El territorio nacional cuenta con 81 ecosistemas, 20 de ellos ‘en estado crítico’ –es decir al borde de la extinción– y cerca de 30 se consideran en peligro, lo que significa que el 25 % están bajo amenaza”, advierte el profesor Andrade.

Por su parte la profesora Luz Stella Cadavid Rodríguez, vicerrectora de la UNAL Sede Palmira e integrante del Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental, considera que “esta crisis, marcada por el cambio climático y la pérdida acelerada de biodiversidad, es reflejo de las fallas en los modelos socioeconómicos actuales, centrados en la explotación intensiva de los recursos naturales que llevará a la extinción de los seres humanos y de todas las formas de vida; por eso propongo una ‘transición civilizatoria’ que se haga mediante un cambio profundo en la relación entre los seres humanos y el medioambiente”.

“Debemos movernos de un enfoque extractivista centrado en el hombre y su postura de dominación, a uno horizontal en el que nos reconocemos como otra especie en la naturaleza y propendemos por la conservación de todas las formas de vida. No se trata solo de un cambio de modelo económico, sino también es de mentalidad: debemos pasar del consumismo desenfrenado a una economía que garantice la preservación de los recursos para las generaciones futuras”.

El grupo de investigación, de la mano de las comunidades de Tumaco y Arauca, ha promovido la transformación de residuos de pescado y desechos de comida en energía renovable, y además creó un fertilizante biológico subproducto del proceso, un aporte para detener la pérdida de biodiversidad con la eliminación de contaminantes y agroquímicos peligrosos para el suelo.


El profesor Diego Fernando Mejía Carmona, coordinador del Sistema de Gestión Ambiental de la UNAL Sede Palmira, destacó que “la biodiversidad no necesita de las personas, esta tiene un valor intrínseco independiente de las necesidades humanas”, al resaltar los servicios que la naturaleza le ofrece a la humanidad, mientras esta última representa sus principales amenazas por la deforestación, la minería, las semillas comerciales y las especies introducidas, como el caso de los hipopótamos en Colombia.

Por su parte, la diversidad genética es fundamental para la biodiversidad porque proporciona la variabilidad necesaria para que las especies se adapten a cambios en el entorno y puedan resistir enfermedades y sobrevivir ante diferentes presiones ambientales. En ese sentido, los estudios sobre el área vegetal adelantados por el Grupo de Investigación en Diversidad Biológica se han enfocado en frutales, flores, plantas medicinales, follajes tropicales y especies para alimentación animal, explorando ganado vacuno, porcinos, aves, peces y microorganismos.

Dentro de estos animales se encuentra el arapaima, el pez más grande de agua dulce del Amazonas, en cuya diversidad genética se basa el estudio de Dagoberto Martínez, estudiante del Doctorado en Ciencias Agrarias, junto con los profesores Juan Carlos Rincón, Darwin Hernández y Jaime Eduardo Muñoz Flórez, líder del grupo.

“Estamos realizando una secuenciación de alto cubrimiento del genoma, para obtener una visión detallada de las numerosas secuencias que nos permiten identificar las características específicas, incluyendo posibles variaciones según las regiones geográficas, lo que contribuye a su conservación”, explica el profesor Flórez.

Balance de la UNAL en la COP16

La profesora Nubia Janeth Ruiz Ruiz, vicerrectora de Investigación de la Universidad, anunció que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le notificó a la UNAL que ahora forma parte de la agenda de la Zona Verde. Además, la Sede Palmira y la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco se incluyeron en el Circuito de Movilización y Participación de la decimosexta versión de la Conferencia de las Partes (COP16).

Cada semana una Sede desarrollará una temática sobre biodiversidad en el programa Análisis UNAL, de Radio UNAL (98.5 FM), transmitido por Periódico UNAL. Este miércoles 21 de agosto el turno es para la Sede Palmira con un panel en el que se abordarán las amenazas a la biodiversidad, además de sus leyes y beneficios para las comunidades.

Por último, la vicerrectora Cadavid informó que durante la Cumbre Académica de Universidades del país, celebrada recientemente en Cali, y que contó con la moderación de la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad, se creó la Red Colombiana de Conocimiento en Biodiversidad, para contribuir con las metas emanadas del Convenio sobre la Diversidad Biológica.