miércoles, 8 de mayo de 2024

El juego como terapia para niños con déficit de atención e hiperactividad

 En vez de restringir la desbordante energía de los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los resultados de un estudio realizado con 6 niños de 7 a 11 años diagnosticados sugieren que, en los juegos con imaginación, movimiento, texturas, olores y otros elementos sensoriales habría aspectos fundamentales para regular sus emociones y potenciar su atención.

El TDAH, catalogado como uno de los trastornos del neurodesarrollo más prevalentes en la actualidad, impacta en las relaciones sociales, en el desempeño escolar, y en el campo ocupacional, pues sus síntomas suelen aparecer a partir de los 3 años, y si no se tratan a tiempo prevalecen hasta la adultez. En Colombia, aunque no existen cifras precisas de este problema de salud pública, diferentes estudios hablan de un 5,7 y 20 % de prevalencia.

Jessica García, estudiante de la Maestría en Neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “esta condición se puede presentar a cualquier edad y genera en las pacientes dificultades para mantener la atención, tener el control de su cuerpo y sus movimientos, y lograr pensar antes de ejecutar, por lo que ellos son impulsivos”.

En los adultos esas características se reflejan en situaciones de fracaso laboral, cuando no logran cumplir con tareas asignadas, y también están aquellas susceptibles a desarrollar adicciones a sustancias psicoactivas e incluso tener comportamientos ludópatas –impulso patológico a jugar apostando dinero–, entre otras conductas que pueden afectar sus relaciones sociales.

Para tratar de mejorar el pronóstico y la calidad de vida de quienes padecen de TDHA es clave el diagnóstico oportuno y la intervención temprana. Por eso la estudiante García exploró el potencial del juego como herramienta terapéutica.

“Aunque el juego es la ocupación central de la infancia, en Colombia pocas investigaciones han abordado cómo se ve afectada esta actividad vital cuando los niños presentan condiciones como el TDAH”, explica.

Tras una exhaustiva revisión de la literatura científica, la investigadora diseñó un estudio de viabilidad con 6 niños de entre 7 y 11 años diagnosticados con TDAH y que llevaban su tratamiento en el Consorcio Clínica Emmanuel de Bogotá.

Durante 8 semanas consecutivas los menores asistieron a sesiones terapéuticas basadas en diversas actividades lúdicas de movimiento, juegos de mesa y otros de imaginación, en donde partían de una caja de cartón para crear otros elementos. Así, cada sesión fue cuidadosamente diseñada para estimular su atención, concentración y habilidades sociales de interacción.


Para evaluar los posibles efectos de esta terapia, la metodología contempló no solo la aplicación de herramientas para medir el desempeño y la participación de los niños en las actividades lúdicas, sino también el monitoreo de sus niveles de cortisol, la llamada “hormona del estrés”, mediante análisis de muestras de saliva.

“Utilizamos 2 escalas de evaluación para observar a los niños. La primera se centra en la conducta juguetona, observando cómo el niño participa en el juego, su motivación, control, capacidad de imaginación y discernimiento entre el juego y otras actividades. La segunda escala se enfoca en el logro de objetivos concretos, aquí los padres identifican las dificultades más importantes que el niño enfrenta al jugar, para luego abordarlas en las sesiones de intervención”, detalla.

Las sesiones terapéuticas se dividieron en 3 fases clave: una actividad preparatoria donde los niños saltaban, corría y realizaban múltiples movimientos con el fin de regular sus niveles de alerta y energía.

Luego una actividad central diseñada para favorecer el procesamiento sensorial y emocional a través de juegos como circuitos de saltos, llevar un objeto de un lado a otro, etc., y por último actividades de atención, concentración e inhibición de estímulos como juegos de mesa que desarrollan habilidades cognitivas superiores.

“Después de las sesiones identificamos una asociación con un aumento en la capacidad de los niños para regular sus emociones. Se observaron reducciones notables en los episodios de ira, frustración y ansiedad, así como una mayor expresión de emociones positivas y una mejor capacidad para manejar situaciones estresantes”, menciona el magíster.

Otro resultado alentador fue la mejoría en las habilidades sociales y de interacción durante las sesiones de juego terapéutico, en las que se desenvolvieron mejor con los demás participantes.

“Se observaron aumentos relevantes en la capacidad para compartir, cooperar, resolver conflictos y mantener la atención compartida, lo que sugiere un impacto positivo en el desarrollo de relaciones interpersonales sanas y duraderas”.

“Los resultados respaldan la idea de que involucrar a los niños en el juego favorece su regulación socioemocional, mejora su participación en esta ocupación fundamental y fortalece habilidades clave como la atención y el autocontrol”.

También aclara que es necesario seguir realizando este tipo de propuestas para identificar otros potenciales que puede tener el juego para el desarrollo de los niños.

La investigación fue dirigida por la profesora Sandra Ortiz, psiquiatra infantil, y codirigida por la profesora Eliana Parra, terapeuta ocupacional, ambas de la Facultad de Medicina de la UNAL.






martes, 7 de mayo de 2024

Con los ojos de la inteligencia artificial se observan las capas más profundas del Sol

Experto en astronomía utilizó redes neuronales generativas, un tipo de inteligencia artificial (IA) que simula con mayor precisión y rapidez el campo magnético de las capas más profundas del Sol, incluso más allá de la fotósfera o superficie visible del astro rey. La innovación sería un hito en la comprensión de esta estrella, su funcionamiento, liberación de energía e impacto en la atmósfera terrestre.

Con la guía de los profesores Santiago Vargas, del Observatorio Astronómico Nacional, y Sergiy Shelyag, de la Universidad Flinders (Australia), el investigador Germain Nicolás Morales Suárez, magíster en Astronomía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), estimó y generó una imagen de algo que los científicos en el mundo pueden tardar meses en determinar: los cambios en el campo magnético del Sol, el cual es generado en el interior y emerge a la superficie.

Se trata específicamente de la zona convectiva, uno de los puntos que transfiere la mayor cantidad de radiación y energía hacia el espacio, y que le da una apariencia “granulada”.

Según el magíster Morales, entender estas zonas solares activas es relevante porque incide en el clima espacial, pues las manchas y erupciones presentes allí pueden dar lugar a tormentas solares afectando las comunicaciones por satélites, las redes eléctricas, los sistemas de navegación y otros dispositivos electrónicos en la Tierra.

Además es importante para determinar la cantidad de energía que llega a la atmósfera de la Tierra y su contribución en la temperatura, que se ha incrementado en los últimos años.

“Hoy existen dos formas de hacer cálculos sobre las capas del Sol observando y simulando sus estructuras, pero esto se hace especialmente para la fotósfera y las capas más externas, ya que en el interior solar hay zonas profundas que aún no entendemos porque no las podemos observar”, asegura el experto en astronomía.

“Uno de los métodos más usados es la solución de ecuaciones y el desarrollo de simulaciones computacionales pero toma mucho tiempo, tanto por su complejidad como por la necesidad de expertos y la potente capacidad de cómputo que se requiere. También están los  instrumentos de observación como telescopios especializados que son demasiado costosos y su información se limita a la superficie y atmósfera solar”.

Por eso el investigador buscó una alternativa para ahorrarle tiempo y dinero a sus colegas: la IA, ya que usando las redes neuronales generativas –de las que se habla en este campo desde 2011, pero que ganan mayor protagonismo desde 2022– realizó un trabajo pionero en el que obtuvo simulaciones e imágenes de zonas convectivas del Sol con una precisión impresionante en tan solo días, y que guarda una similitud fiable con los cálculos que se han hecho en otros países.

La red neuronal que implementó tiene un error que llega apenas al 5 %, lo cual en este campo significa un rendimiento óptimo y permite determinar valores de temperatura y densidad, además   del comportamiento de la energía, pero en especial los cambios en el campo magnético del Sol y su relación con el plasma, el cuarto estadio de la materia que se presenta a altas temperaturas y genera radiaciones elevadas.

“La red neuronal se encargó de analizar bases de datos con alrededor de 2 terabytes de información de un proyecto llamado MURaM que simula las capas del Sol a partir de ecuaciones de la física, realizado entre 2001 y 2005 por grupos de investigación del Instituto Max Planck, en Alemania, país que con Estados Unidos, España y Reino Unido lleva la delantera en estos temas”, indica el magíster.

La red neuronal genera simulaciones en tres dimensiones, en las que se evidencian cambios en la intensidad de los campos magnéticos que van desde alrededor de los 3.000 Gauss (G) –unidad también conocida como inducción de flujo magnético–, en zonas convectivas y profundas, hasta unos 300 G en la fotósfera, lo cual no se había logrado con este tipo de algoritmo y representa un avance fundamental para este campo.

“La similitud que se consigue es invaluable, y, aunque utilizamos un computador que no es el más avanzado, es solo el comienzo de este tipo de análisis y la oportunidad de seguir mejorando en la identificación de aquellas zonas que aún desconocemos para indagar sobre la formación y evolución del campo magnético en el interior solar”, destaca.

La investigación y las simulaciones se llevaron a cabo en el lenguaje de programación Python, que es uno de los códigos más utilizados en el mundo y que permite usar bibliotecas y herramientas que facilitan el proceso.

El algoritmo desarrollado empezó usando imágenes en dos dimensiones para la red neuronal y se fue mejorando para implementar redes 3D que puedan estudiar la verdadera naturaleza el campo magnético solar.





lunes, 6 de mayo de 2024

Mi primer libro de terremotos se suma a la Colección Infantil de la UNAL

 Uno de los mayores retos para la ciencia es poder contarla de manera sencilla, y esto es lo que busca Mi primer libro de terremotos: Sismología para niños, una obra que acerca a los más jóvenes al entendimiento de estos fenómenos naturales y a saber cómo nos afectan en la vida diaria, con ilustraciones y metáforas que harán que incluso los adultos se interesen y quieran seguir aprendiendo sobre este campo.

Según una leyenda japonesa, existe un pez-remo capaz de predecir cuándo ocurrirá un terremoto o sismo, y lo asocia con el dios dragón del mar (Ryūjin), encargado de cuidarlo; se cree que cuando este sale a la superficie y se mueve es porque habrá un terremoto o sismo, y de hecho muchos niños japoneses se interesan por su historia.

Así lo menciona el profesor Germán Andrés Prieto, del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, uno de los autores del libro, novedad presentada en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2024. En él se plasma el esfuerzo por contarles a los niños algo técnico y científico de la manera más interactiva y llamativa posible, ya que ellos se enfrentan a estos temas con un montón de preguntas y ganas de aprender.

“Tratar de explicarles un terremoto a los niños no es fácil, porque hay que buscar la forma de no perder la rigurosidad, entendiendo que no se puede decir algo equivocado. De ahí partió este viaje, con una primera versión que solo descifraban los expertos, pero que con el tiempo se hizo entendible gracias al arduo trabajo y empeño en el proyecto”, asegura el profesor Prieto.

Y precisamente la ilustradora del libro, Carolina Garzón, comenta que fue como tener un manuscrito complejo de términos –al que ella misma se acercó con la curiosidad de una niña– e irlo armando como un rompecabezas para que los pequeños se encuentren con la maravilla de la ciencia y comprendan –junto con sus padres– conceptos que forman parte de la cotidianidad en nuestro planeta.

“Al abrir el libro ellos se encontrarán con temas como la explicación de las capas de la Tierra usando un huevo, y teniendo siempre en cuenta los principios físicos de su funcionamiento. Hay algo que me dejó atónita, y fue cómo desconocemos las magnitudes y escalas de un terremoto, que escuchamos en un noticiero luego de que ocurrió, pero que en realidad no dimensionamos”, afirma la ilustradora, quien ya había trabajado en libros como Mi primer libro de minerales, de la Facultad de Ciencias de la UNAL.

Por su parte, la profesora Clemencia Gómez, del Departamento de Geociencias y coautora del libro, expresa que “el público infantil tiene una curiosidad innata y un montón de preguntas que hacen enriquecedora la labor de enseñar, y que son el verdadero escenario en donde se construye el gusto y la capacidad de acercarse a un mundo como la geología o el entendimiento de los terremotos”.

“Yo estoy de acuerdo con el reconocido astrónomo Carl Sagan cuando decía que ‘para que la ciencia tenga un impacto importante y sirva debe comunicarse’, por lo que estos esfuerzos son invaluables y surgen de una necesidad y un cuestionamiento crítico de los profesores, que nos hemos dado cuenta de que era el momento de acercarnos a este público”, asegura la experta.

Añade que “aunque parece un libro solo para niños, no lo es, pues le sirve a cualquier persona que no sabe sobre este tema y que quiera acercarse con inocencia y desconocimiento a un mundo enriquecedor y lleno de color y brillo para explicar este fenómeno natural y por qué ocurre”.

Al respecto, el profesor Prieto agrega que “cuando nos hablan sobre la magnitud en un terremoto creemos que lo entendemos, pero no es así, lo vemos como un número cercano en una escala, pero tiene una trascendencia enorme en un evento de este tipo; incluso hay gente o ‘expertos’ que dicen poder predecir cuando va a ocurrir un sismo, pero están equivocados, ya que aún no podemos realizar un pronóstico de la nada sobre el cuándo, dónde y en qué magnitud ocurrirá”.

La ilustradora Garzón comenta que “los colombianos debemos entender que, por nuestra ubicación en la Tierra, estamos expuestos a los terremotos. Yo no sabía que existe una formación denominada ‘anillo de fuego del Pacífico’, del que Colombia forma parte y que tiene una gran incidencia en que ocurra un sismo; por otro lado, también desconocía que hay lugares del planeta en los que no tiembla”.

Para los autores, este debe ser el primero de muchos libros que expliquen los fenómenos naturales, pues más adelante quieren hablar de forma sencilla acerca de qué son y cómo funcionan los volcanes, del impacto que tienen las sequías en la vida de las personas, o de por qué se producen deslizamientos, entre otros muchos fenómenos que quieren explicarles a los niños.





jueves, 2 de mayo de 2024

Pesca artesanal en el Pacífico nariñense, rumbo a un aprovechamiento sostenible

 Entre 2021 y 2024 unos 600 pescadores, aliñadoras y concheras de Tumaco recibieron capacitación tanto en buenas prácticas de manipulación (BPM) de la carne de pescado como en la elaboración de nuevos productos, entre ellos antipasto de piangua y filete de pescado apanado en harina de plátano. Este es uno de los resultados del proyecto “Fortalecimiento de la actividad pesquera artesanal en el Pacífico nariñense colombiano: hacia un aprovechamiento sostenible del recurso”, liderado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Tumaco.

Esta iniciativa, financiada con recursos del Sistema General de Regalías y que contó con la Universidad de Nariño como institución de educación superior cooperante, también aportó en el desarrollo del conocimiento y la información de las nuevas zonas potenciales de pesca –a través de la herramienta web Geopesca 2.0– y en el mejoramiento de la gestión organizacional del sector pesquero artesanal, mediante la creación de un documento de planeación.

También se destaca la publicación de la “Cartilla de resultados de la evaluación y verificación de las buenas prácticas de manipulación, pensados para los pescadores artesanales y las recolectoras de piangua del Pacífico nariñense”, y de un capítulo del libro Integración de conocimientos tradicionales e innovación digital: Un nuevo paradigma para la pesca artesanal costera en ciencias biológicas.

Así mismo se creó la marca TUMA.CO y se hizo un maracado énfasis en el diseño de empaques para los productos innovadores obtenidos en estos 4 años.

El cierre del proyecto marca el inicio de una nueva etapa en el impulso al sector empresarial de Tumaco, además de impactar positivamente en la competitividad y el desarrollo económico de los pescadores artesanales, las aliñadoras y las piangueras.

Silvia Magnolia Ordóñez, representante legal de la Asociación de Concheras Raíces del Manglar, expresó su agradecimiento a la Universidad por el significativo aporte del proyecto en las vidas de las mujeres piangueras y el impacto de los productos realizados para comercializar.

Intensa formación e interacción con las comunidades

El proyecto contó con la participación de docentes y profesionales calificados para asumir el reto de llevar a cabo los estudios diseñados alrededor de 3 objetivos específicos y 7 componentes, mediante un trabajo colaborativo e interinstitucional.

La profesora Adriana Muñoz, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL Sede Bogotá, enfatizó en que, “al generar conocimientos para la elaboración y el procesamiento de productos derivados de piangua y pescado, más los talleres de BPM, se afianzaron sus conocimientos y mejoraron el desarrollo de esta actividad”.

Así mismo, la profesora Ibeth Adriana Castellanos Alvarado, de la Facultad de Ingeniería y Administración de la UNAL Sede Palmira, indicó que “lo importante no es lo que está dentro de los empaques o envases ni la parte comercial, sino el valor que tiene el territorio: las capacidades de las personas para desarrollar productos y la ancestralidad de la pesca. Todo esto permitirá generar de ingresos a corto plazo, a través de un modelo de negocios con ingresos sustentables para las diferentes asociaciones de pescadores artesanales”.

De otra parte, Ricardo Oviedo, codirector de la Estrategia Participativa 1, resaltó que “mediante trabajo de campo y sondeos que no se habían realizado en los últimos 15 años se logró conocer las condiciones socioeconómicas de los pescadores y recolectoras de piangua de la región”.

“Por ejemplo, existen más 130 asociaciones de pescadores registradas en Cámara de Comercio de Tumaco, lo que denota gran dispersión y ausencia de asociatividad; la mayoría de los pescadores viven en el casco urbano de Tumaco”.

También se destaca que la actividad de pesca es étnica, es decir que inicialmente era una labor indígena, y ahora el 98 % de las comunidades afro la practican.

Biogás y biopolímeros

La profesora Luz Stella Cadavid, coordinadora del grupo de investigación Prospectiva Ambiental de la UNAL Sede Palmira y líder del desarrollo y la puesta en producción de la primera planta piloto para transformar residuos de la pesca artesanal (espinas, branquias y vísceras) en biogás y biometano, señala que “en Tumaco existen deficiencias en saneamiento básico y la práctica de botar los residuos al mar rompe el equilibrio ambiental y trae consecuencias tanto para las personas como para los animales”.

“Eso nos llevó a proponer un modelo que nos permita transformar residuos orgánicos en productos como biogás para aprovecharlos para producir ácidos grasos y fertilizantes para animales”.

Entre tanto, las profesoras Amanda Lucía Mora Martínez y María del Socorro Yepes, de la Escuela de Química de la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Medellín, avanzan en el desarrollo de biopolímeros a partir de los excedentes y residuos de pesca.

“Este gran proyecto de investigación apuesta por ofrecer investigación aplicada y de impacto en las comunidades del Pacífico. La intención es articular las diferentes áreas del conocimiento con las personas involucradas en la economía circular”, dijeron las investigadoras.

Durante el evento, el profesor John Josephraj Selvaraj, director de la Sede Tumaco y del Instituto de Estudios del Pacífico de la UNAL, acompañó al equipo de docentes y profesionales involucrados en el proyecto y señaló: “es importante visibilizar los resultados y destacar el papel de las comunidades que lo hicieron posible como cocreadoras del proyecto de regalías”.







martes, 30 de abril de 2024

Biodiversidad de Supatá es fascinante: identifican 33 especies de anfibios y reptiles

 Además de la rana dorada de Supatá –que parece sacada de un cuento de hadas por su color dorado intenso–, allí se identificaron otras 32 especies entre lagartos, serpientes, salamandras, cecilias, sapos y ranas, entre ellas Hyloxalus, o rana venenosa, nueva para la ciencia. La información de estos hallazgos se recoge en la Guía ilustrada de los anfibios y reptiles de Supatá, Cundinamarca: Una herramienta para el empoderamiento comunitario, presentada en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

Con cerca de 4.600 habitantes, este municipio que queda unos 76 km al noroccidente de Bogotá, ya era reconocido por sus pintorescos paisajes y su ambiente tranquilo. Sin embargo no se tenía conocimiento de su verdadera riqueza en biodiversidad de anfibios y reptiles, hasta cuando el grupo Biología de Organismos Tropicales (BIOTUN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) inició sus investigaciones allí.

El descubrimiento comenzó con Bolitoglossa pandi, más conocida como salamandra de Pandi crema. Durante el trabajo de campo, el equipo acordó que cada vez que alguien avistara una salamandra debía gritar “salamandra”. Para su sorpresa, a los pocos minutos se escuchó casi un coro unificado de “salamandra, salamandra, salamandra…”, que les indicaba que esta especie era abundante en la zona.

“Fue muy sorprendente porque habíamos buscado esta salamandra en otros sitios de Cundinamarca y no era tan abundante”, mencionó la profesora María Argenis Bonilla Gómez, del Departamento de Biología de la UNAL, líder del proyecto.

Pero este fue solo el comienzo de una serie de descubrimientos. María Daniela Guevara, bióloga de la UNAL e integrante del equipo, como nativa de Supatá llevó a los demás investigadores a enamorarse del territorio y a seguir descubriendo especies similares que han contribuido a que Colombia sea reconocido como el segundo país con mayor biodiversidad de anfibios y el tercero en reptiles.

Estos animales desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas, pues consumen una gran variedad de presas, incluyendo insectos, arañas, roedores y otros animales pequeños que pueden ser portadores de plagas o enfermedades. Además, sirven como indicadores de la salud ambiental: su disminución en número o la presencia de deformidades puede ser una señal temprana de que el ecosistema está en peligro.

Un año de muestreos

El equipo se dedicó a investigar en una variedad de hábitats, entre ellos fragmentos de bosques, orillas de quebradas, pastizales, charcos permanentes, zonas de cultivo y áreas urbanas, en 3 zonas estratégicas del municipio: la Reserva Natural Cuzcungos, el alto Monterrey y la vereda San  Marcos. Allí, durante un año realizaron 3 “muestreos” que implicaron la recolección sistemática de datos sobre la presencia y distribución de las especies.

“El objetivo principal de las expediciones era localizar y documentar las especies presentes en la zona. Para identificarlas utilizamos información disponible en colecciones biológicas, y además contamos con la colaboración del herpetólogo José Luis Vieira, quien nos ayudó a capturar imágenes de alta calidad”, relata la bióloga Guevara.

Como resultado, registraron 15 ranas y sapos, 6 lagartos, 10 serpientes, una salamandra y una cecilia, para un total de 33 especies.

Anfibios

Entre las ranas y los sapos identificados se encontraron especies de 6 familias, entre las que se destacan: Aromobatidae o aromobátidos, cercanamente relacionados con las ranas venenosas; Bufonidae o bufónidos, de piel gruesa, seca y verrugosa; Centrolenidae o centrolénidos, conocidos como ranas de cristal debido a su cuerpo translúcido; y Craugastoridae o craugastóridos, también llamados ranas de lluvia, usualmente de piel café.

Además, se hallaron especímenes de la familia Hylidae, que incluye a las conocidas ranas arborícolas; y Dendrobatidae o dendrobátidos, también llamadas ranas venenosas o punta de flecha, entre las que se encuentra la rana dorada de Supatá.

“En esta última familia encontramos dos especies autóctonas del municipio y una nueva especie del género Hyloxalus, que resultó ser un descubrimiento significativo para la ciencia”, afirma el biólogo Juan Sebastián Curaca Fierro.

La famosa salamandra B. pandi también formó parte de la categoría de anfibios, junto con Caeciliidae o cecilia, que aunque se podría confundir con una serpiente, en realidad tiene una piel lisa similar a la de una lombriz.

Reptiles

Se encontraron 4 familias de lagartos: Alopoglossidae o lagarto pechirrojo, que son lagartijas pequeñas, generalmente de menos de 10 cm de longitud y con ojos muy pequeños; Dactyloidae, también conocido como camaleón porque puede oscurecer su piel hasta tonos café oscuro, y Sphaerodactylidae o salamanquesa, que es de color marrón y su cuerpo está cubierto por escamas pequeñas.

Por último, entre las familias de serpientes identificadas está Colubridae, popularmente llamada cazadora verde de montaña o serpiente lomo de machete; no es venenosa y su dorso suele ser de color verde oscuro, mientras que su vientre es amarillo. Por otro lado está la familia Elapidae, en la que se encuentran las serpientes más venenosas.

El resultado tangible de este esfuerzo es la Guía ilustrada de los anfibios y reptiles de Supatá, Cundinamarca: Una herramienta para el empoderamiento comunitario, publicación que busca no solo educar a la comunidad sino también inspirar acciones concretas para la conservación de estas especies y los ecosistemas que las sustentan.





lunes, 29 de abril de 2024

Conectar ciencia y tecnología para resolver problemas sociales: la apuesta de la UNAL

 A través de la Dirección de Investigación y Extensión, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) juega un papel crucial en la conexión de actores del ecosistema de ciencia, tecnología e innovación (CTeI), mediante el Centro Méntor. Hoy en el evento Deep Tech se reconocieron proyectos nacionales de alto impacto que buscan optimizar procesos productivos, reducir emisiones de CO2 con cementos descontaminantes, y desarrollar tecnologías para proteger y gestionar recursos naturales como el agua, entre otros.

La UNAL cuenta con 1.013 grupos de investigación que tienen un alto potencial de desarrollo científico y tecnológico. Cuando estos investigadores se conectan con otros actores del ecosistema de CTeI se produce un efecto que los expertos denominan “multiplicador”, el cual permite que ese conocimiento profundo salga del ámbito académico y se aplique a la resolución de problemas sociales.

La profesora Olga Janneth Gómez Ramírez, directora de Investigación y Extensión/Méntor, explica que “el Deep Tech es una tendencia mundial que busca, precisamente, que ese conocimiento, con la ciencia avanzada y las tecnologías convergentes, sea una oportunidad de resolver los profundos problemas que existen en el mundo, como por ejemplo la contaminación”.

“Colombia es un país con un gran potencial científico y tecnológico. Tenemos el talento humano y los recursos naturales para convertirnos en un líder regional en innovación. Lo que necesitamos es trabajar juntos para crear un ecosistema que apoye el desarrollo de nuevas tecnologías y soluciones a los grandes desafíos que enfrenta nuestro país”.

El evento contó con la participación de investigadores, empresarios y conferencistas de innovación, quienes discutieron sobre los últimos avances en investigación científica y tecnológica en Colombia y las oportunidades para la innovación.

En su intervención, el economista Juan David Castaño, vicepresidente de Fortalecimiento Empresarial de la Cámara de Comercio de Bogotá, compartió preocupantes estadísticas sobre la tasa de supervivencia y crecimiento de las empresas en Colombia, subrayando que “cerca de 76 empresas de las 100 que se crearon en 2023 dejarán de existir para el 2028. Pero lo realmente preocupante es que de las 24 que quedan, 23 no crecerán en el tiempo”.

Al respecto, señaló que para el crecimiento empresarial existen 4 grandes obstáculos: altas tasas de informalidad, baja productividad, economía cerrada y escasa inversión en innovación.

Y agregó: “Bogotá Región tiene unas 500.000 empresas, de las cuales solo unas 2.400 exportan porque tampoco innovan para mercados internacionales, y es ahí donde nosotros vemos una enorme potencialidad a esta conversación”.


Por eso esta estrategia diseñada por la Universidad a través de Méntor ha tenido una gran acogida. “Lo que buscamos es apoyar el desarrollo de tecnologías profundas en Colombia
ofreciéndoles a los investigadores y emprendedores acceso a recursos y servicios para que puedan convertir sus ideas en productos y servicios comerciales”, precisó la profesora Gómez.


Premiaciones

Durante el evento se premiaron 16 tecnologías destacadas y spin-offs colombianas, entre ellas el proyecto Entopro, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL, dirigido por la profesora Karol Bibiana Barragan, que busca mejorar los procesos productivos en el agro y a su vez capacitar a las comunidades locales.

Entopro se apoya en tecnología para producir insectos como la mosca soldado negra, que procesa grandes volúmenes de residuos orgánicos transformándolos en proteína animal y biofertilizantes. Estos insectos son capaces de consumir una amplia variedad de residuos orgánicos, como restos de comida y subproductos agrícolas.

“Estos premios son importantes porque quienes dedicamos nuestras vidas a investigar, nos encontramos con barreras que merecen la pena ser reconocidas”, concluyó la profesora Gómez.

 




 




jueves, 25 de abril de 2024

Bore, arcilla y carbón activado, materia prima de filtro purificador de agua

 
El filtro tiene forma de vasija o maceta con poros, a través de los cuales se filtra el agua con impurezas provenientes del suelo, la minería y la agricultura. El sistema se diseñó para solventar la necesidad que tienen al menos 20 integrantes de una comunidad indígena en la vereda Sipirra, en el municipio de Río Sucio (Caldas), cuyo acceso a una planta de tratamiento es limitado.

El almidón de bore tiene características únicas, con gránulos más pequeños que los de otros almidones como el de maíz, yuca y papa. Al aplicarse en agua, reduce el exceso de oxígeno en un 96 % y aclara la turbidez en un 97 %, conocida como agua oscura por la tierra o contaminación industrial.

La vasija se elaboró con la misma arcilla que la comunidad indígena utiliza en sus artesanías, pero más allá de darle forma al filtro, su uso radica en el alto potencial como adsorbente de metales pesados, por ejemplo.

“Esta pasó por un proceso meticuloso que incluyó secado al aire libre, limpieza de material orgánico, trituración a mano, tamizado, remojo, amasado y moldeado. El grosor de la vasija alcanzó los 2 cm, asegurando su robustez y eficiencia en el filtrado”, destaca la investigadora.

Con respecto al tercer protagonista de esta innovación, el carbón activado, la magíster anota que este se utilizó para potenciar el proceso de purificación. “Este material, que también tiene una alta capacidad para adsorber impurezas, se dispuso en una capa de 2 cm dentro de la vasija de arcilla”.

“El diseño del filtro incluyó un tanque plástico de 50 cm de altura y 25,5 cm de diámetro, con capacidad de 10 litros. La vasija de arcilla, con una boca de 26 cm de diámetro en la parte superior, una base de 18 cm y una profundidad de 23 cm, encajó perfectamente en el tanque de almacenamiento”, agrega.

Así funciona

Luego de determinar las dosis óptimas de coagulante y floculante mediante ensayos de jarras, se recolectó una muestra de 6 litros de agua en un frasco estéril y se mantuvo a 6 °C para preservar  su integridad. En la fase de filtración se aplicó una capa adicional de 2 cm de carbón activado dentro de la vasija de arcilla.

El agua recolectada se introdujo en la vasija, la operación se repitió en tres ocasiones para garantizar una filtración completa y eficaz. El líquido filtrado se almacenó en el tanque de plástico, listo para su consumo seguro.

Como parte del control de calidad, se tomaron muestras del agua filtrada para someterlas a pruebas fisicoquímicas y microbiológicas, asegurando su idoneidad para el consumo humano. “Este meticuloso proceso garantiza la obtención de agua potable de calidad, vital para el bienestar de la comunidad”, subraya la investigadora, quien forma parte de las comunidades indígenas del municipio Cañamomo y Lomaprieta, y con esta innovación busca retribuir sus conocimientos científicos en el territorio.

El poder clarificador del bore

Para obtener almidón de bore, la investigadora peló y lavó el tallo, luego los cortó en cubos que se licuaron en 3 ciclos de 20 segundos hasta desintegrarse por completo. La suspensión resultante pasó 3 veces por un filtro de 180 micrómetros para purificarla adecuadamente.

Después de decantarla durante 12 horas, se centrifugó a 5.000 revoluciones por minuto durante media hora, extrayendo el sobrenadante cada 15 minutos para eliminar impurezas. El material seco se puso 8 horas en un horno a 45 ºC y se tamizó hasta obtener un polvo homogéneo.

Se realizaron pruebas con diferentes concentraciones de sulfato de aluminio y almidón acetilado para encontrar las óptimas. Se midió la turbidez y el pH después de agitar y decantar. Se determinaron las dosis óptimas que se aplicaron 6 veces más antes de caracterizar el agua.






miércoles, 24 de abril de 2024

Agroecología, práctica campesina de resistencia latinoamericana

 Junto al Movimiento sin Tierra (Brasil) o el Programa Nacional de Transición Agroecológica y Patrimonio Biocultural (Oaxaca, México), Colombia cuenta con las Zonas de Reserva Campesina de Pradera, y entre ellas Tuluá (Valle del Cauca) y el resguardo indígena Kwet Wala (Pradera) son ejemplos de resistencia que realizan las comunidades indígenas y campesinas para asegurar la comida, ofreciendo propuestas basadas en los principios de la agroecología.

Tales experiencias se recogen en el libro El problema agrario en Colombia y propuestas de resistencia desde la agroecología latinoamericana, una de las novedades que presenta la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

La publicación, cuyos editores académicos son: Wilson Sánchez, estudiante del Doctorado en Agroecología de la Sede Palmira, y Álvaro Rivas, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá, analiza con una postura crítica las dificultades agrarias del país, y destaca la resistencia y el papel de las comunidades campesinas.

Con su enfoque integral y su arraigo en los saberes y prácticas comunitarias, la agroecología se presenta en el libro como un modelo esperanzador para la preservación de la vida en el planeta, ya que garantiza la comida, la defensa y protección y el cuidado de la vida.

Precisamente desde tiempos inmemoriales la agroecología ha sido la piedra angular de la alimentación humana, una práctica arraigada en las comunidades rurales que ha garantizado no solo la subsistencia sino también la abundancia de comida para todo el planeta.

En contraste con este legado ancestral, “el sistema de producción de alimentos predominante en el mundo, que acumula más del 80 % de la mejor tierra en el planeta, produce entre el 15 y el 20 % de la comida, mientras que las comunidades campesinas rurales, que apenas cuentan con el 15 al 20 % de la tierra, son responsables del 80 al 90 % de la producción de comida en el mundo”, afirma el ingeniero agrónomo, Reinaldo Giraldo Díaz, doctor en Agroecología de la UNAL Sede Palmira, uno de los coautores del libro.

Este paradójico panorama revela una verdad incómoda y propone la agroecología como una alternativa capaz de producir la comida de la población mundial en armonía con la naturaleza y sin contribuir al calentamiento global ni a la degradación de los suelos, de donde proviene el 80 % de los alimentos.

Según el experto, “la agroecología ofrece una visión integral en la cual la comida es parte del tejido vital de la comunidad y del territorio”.


Desde una perspectiva que entrelaza historia, filosofía y saberes ancestrales, los autores invitan a “cuestionar las dicotomías impuestas por el sistema hegemónico de producción de alimentos y a reconectar el cuerpo con los ecos, las vibraciones y las resonancias del cosmos”, en medio de lo que denominan “descampesinización” o desaparición gradual del campesinado que se viene configurando en la sociedad, trayendo como consecuencia la pérdida de conocimientos tradicionales, la disminución de la producción agrícola y la desaparición de formas de vida comunitaria.

El problema agrario, más de 500 años sin resolver

En el trasfondo de los campos colombianos y la tenencia de la tierra se teje una historia que se remonta a los tiempos de la conquista y la colonización de América, hasta la mitología griega, una narrativa a la que acude el coautor Giraldo para explicar las profundas conexiones que por siglos ha existido entre el poder, la tierra y la resistencia, en la que figuras como Heracles y Gea representan la lucha entre el poder y el territorio.

La obra hace un análisis multidimensional del problema agrario, con las comunidades rurales como protagonistas de la defensa del territorio y la vida comunitaria. Desde la resistencia a los modelos dominantes –con la expansión del agronegocio, la minería y la pesca industrial– hasta la promoción de la agroecología como una alternativa vital, los autores brindan herramientas para enfrentar los desafíos contemporáneos y construir en “el aquí y ahora” formas de fluir con la vida.

Con miras al futuro de la agricultura en Colombia, este libro se presenta como una herramienta para las comunidades rurales, un testimonio de su sabiduría ancestral y una guía para la defensa de la vida en el planeta.

 








martes, 23 de abril de 2024

Urge cambio de mentalidad ante inminente crisis climática mundial

 “No basta con preocuparse, hay que generar una nueva cultura y hacer la transición hacia una economía sostenible para detener la sexta extinción masiva”, esta una de las principales consignas del libro ¿Cambio climático o crisis civilizatoria?, del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), presentado en la Feria del Libro de Bogotá (FILBo) 2024.

En las últimas tres décadas se ha acumulado evidencia irrefutable del impacto humano en la crisis climática. Desde el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera hasta el ascenso del nivel del mar y la intensificación de eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones y tormentas se han vuelto más frecuentes e intensos, y según los autores del libro “tienen huellas presentes de la actividad humana”.

El libro reúne 9 capítulos abordados por profesionales de diferentes disciplinas, entre ellas física, medioambiente, derecho y filosofía. Los autores plantean la idea de que “la civilización occidental nació con una mentalidad de explotación desenfrenada de los recursos naturales, una economía que ignora los límites del planeta y una cultura que desprecia el conocimiento ancestral”.

Los primeros capítulos de Cambio climático o crisis civilizatoria son un tributo in memoriam del legado del profesor y ambientalista Ernesto Guhl Nannetti, una figura destacada que dedicó su vida a la promoción del cuidado del medioambiente y el desarrollo sostenible. Además fue un promotor incansable de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo del IDEA.

En los capítulos siguientes se cuestiona desde diferentes perspectivas la visión “antropocéntrica” que ha dominado la cultura occidental poniendo al ser humano como el centro del universo y con derecho a disponer de los recursos naturales a su parecer.

“En la mayoría de las religiones se cree que somos el centro; que el universo fue hecho para nosotros y que podemos gastarlo sin medida. Por otro lado, hemos llegado a creer en la ciencia y la tecnología como las ‘verdades reveladas’ y no tenemos en cuenta todo ese conocimiento ancestral,’ que viene de milenios; por eso estamos acabando con las esculturas ancestrales”, precisa el profesor Jairo Giraldo Gallo, del departamento de Física de la UNAL, editor de la obra.

Señala además que “la humanidad no solo está acabando con la naturaleza sino también con la cultura, y este es el tercer punto de la crisis de múltiples factores que destaca la obra”.

Por eso sostiene que “estamos ante una ‘policrisis’ que requiere una respuesta integral y urgente, y que además requiere un cambio de mentalidad sobre la idea de que los recursos son infinitos, pues es realmente insostenible”.

Durante la presentación del libro, los profesores de la UNAL: Gregorio Mesa Cuadros, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, y Víctor Reyes Morris, de la Facultad de Ciencias Humanas, además de Carlos Eduardo Maldonado, de la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque, coincidieron en señalar la clara necesidad de una nueva economía, una economía ecológica que esté en armonía con la naturaleza y que reconozca los límites de los recursos del planeta.

Aunque individualmente no podemos hacer nada para frenar la crisis, el profesor Giraldo reitera que “la unión y la fuerza colectiva logran cambios de gran impacto”.

“Debemos apoyar los movimientos en defensa del medioambiente y darles orientación a los jóvenes sobre cuál es el verdadero problema; esto no se basa solo en consignas, hay que entender el dramatismo. Así podemos aportar a una posible solución”, puntualiza.

También trabajaron en la construcción de esta obra los profesores Clemente Forero Chaparro, Paula Andrea Arias, Germán Poveda, José Fernando Isaza Delgado y Ernesto Guhl.


 




lunes, 22 de abril de 2024

Más cemento y menos áreas verdes: así se configuran las áreas urbanas del Valle de Aburrá

 Mientras que entre 2016 y 2023 las áreas construidas dentro de las zonas urbanas se incrementaron –al pasar del 77,1 al 80,5 %–, los espacios destinados a pastos y árboles se redujeron: del 6,4 al 5,8 % y del 16,6 al 13,8 % respectivamente. Estos datos advierten sobre el riesgo de degradación de los ecosistemas urbanos y de la pérdida de beneficios sociales y ambientales que estos brindan.

La investigación, adelantada por expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y de la Universidad de Antioquia, proporciona evidencia de que mientras las áreas construidas están aumentando su cohesión, las áreas verdes su fragmentación. Analizar este fenómeno y tenerlo en cuenta es importante, ya que su ocurrencia ocasiona la pérdida de conectividad entre ecosistemas afectando negativamente la biodiversidad.

El profesor Javier Mancera Rodríguez, del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín, explica que “por esta razón se vuelve más difícil que una especie pueda desplazarse en el territorio. Lo ideal sería tener áreas más compactas y de mayor tamaño y no unas más pequeñas y dispersas, que es lo que se observa entre 2016 y 2023”.

La fragmentación de áreas verdes abre la puerta a otras implicaciones como el cambio climático asociado con las islas de calor, que en el contexto local se presentan en el centro de la ciudad ante la cantidad de construcciones, cuyos materiales absorben y mantienen más el calor. Con la reducción de áreas verdes se pierden otros beneficios como la regulación climática y de escorrentía del agua.

También se encontraron diferencias en estos indicadores a lo largo de la zona urbana, las cuales pueden obedecer a factores socioeconómicos.

Los investigadores indican que “los sectores de mayores ingresos per cápita presentan más altos porcentajes de áreas verdes y menor densidad de construcción; al parecer, allí es donde tienen mayor efectividad las políticas públicas asociadas con la protección de las áreas verdes y hay mayor atención gubernamental y ciudadana”.

Para desarrollar el estudio se clasificaron pastos, árboles y áreas construidas, y el procesamiento de datos y análisis se realizó con softwares especializados y plataformas de sistemas de información geográfica y de procesamiento de imágenes en línea, usando inteligencia artificial, como Google Earth Engine.

Pastos, los grandes olvidados

Aunque en las políticas públicas y en el seguimiento a los ecosistemas los pastos son los grandes olvidados, ellos son indispensables en las fases iniciales del proceso de sucesión ecológica. La ingeniera ambiental Carolina Paniagua Villada, estudiante de la Maestría en Biología de la  Universidad de Antioquia, señala que “los vemos como rastrojo y maleza, pero en realidad ahí crece vegetación nativa que es muy útil para la fauna nativa”.

Al respecto, el profesor Jaime Andrés Garizábal Carmona, estudiante del Doctorado en Ecología de la UNAL Sede Medellín, agrega que “de hecho los rastrojos son la transición entre pastos y vegetación leñosa, y como no se regulan ni se les da valor, suelen ser aprovechados para la expansión urbana sin tener en cuenta que en ellos se alberga mayor diversidad en número de especies, sobre todo en fauna”.

El profesor Mancera agrega: “por estar más libres, esas zonas son las que se sacrifican más fácilmente la construir unidades residenciales, ya que es más fácil despejar el terrero sin importar el valor biológico que tienen. En las áreas con árboles las constructoras requieren de permisos”.

Para el investigador Garizábal, “la premisa de que Medellín es una ciudad verde se ha convertido en una ‘bandera política’ para decir que se están haciendo bien las cosas, que se están sembrando árboles, pero el estudio demuestra que son necesarios monitoreos más juiciosos y que debe haber un acercamiento más integral para detectar los cambios a tiempo y en toda la ciudad, no solo en algunas zonas verdes”.

“Por eso hay que generar información e indicadores sencillos como el número de parches verdes, y además hacer una planeación vinculando procesos sociales y ambientales”.

Recomendaciones

Una de las sugerencias de los investigadores es mejorar los monitoreos de áreas verdes para disminuir los efectos de la urbanización tanto en la biodiversidad como en el bienestar humano teniendo en cuenta que así es posible comprender las dinámicas del paisaje y mejorar la planificación urbana.

Además, replantear las prioridades, “ya que en el ordenamiento territorial se le ha dado mucha importancia a la parte estética, entonces, por sembrar árboles bonitos, normalmente se introducen especies exóticas y no se fijan en que sean propias de estos niveles altitudinales o de un rango de distribución”, llama la atención la investigadora Rodríguez.

En la investigación también participó Víctor Martínez Arias, magíster en Bosques y Conservación Ambiental de la UNAL Medellín y estudiante del Doctorado en Biología de la Universidad de Antioquia.

Un artículo con los resultados de la investigación se publicaron en Urban Ecosystems, la revista de mayor impacto internacional en ecología urbana, de la editorial Springer Link.