miércoles, 6 de marzo de 2024

Camiones y volquetas diésel, los que más están afectando calidad del aire en el Valle de Aburrá

 En un año estos vehículos emiten alrededor de 2.000 toneladas de material particulado (PM2,5) que van a la atmósfera; se trata de partículas tóxicas 100 veces más finas que un cabello humano, implicadas en la agudización de enfermedades como bronquitis y deficiencia cardiopulmonar. Por eso, aunque la medida de “pico y placa ambiental” reduciría el deterioro de la calidad del aire que afrontan Medellín y el Valle de Aburrá, controlando la emergencia, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) afirman que urge instaurar políticas públicas estructurales y de largo plazo.

Según el inventario de emisiones atmosféricas de 2022, elaborado por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, aunque los automóviles de uso común son la principal fuente de dióxido de carbono (CO2), solo emiten cerca de 100 toneladas de PM2,5 al año (t/año), mientras que los camiones emiten 1.281 t/año y las volquetas 894 t/año.

“Los vehículos más antiguos y que funcionan con diésel son la principal fuente de estas partículas, tan riesgosas cuando entran a nuestros pulmones que se han convertido en el principal indicador establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para monitorear la calidad del aire que respiramos”, explica la profesora Carmen Elena Zapata Sánchez, directora del Laboratorio de Calidad del Aire (Calaire) de la UNAL Sede Medellín.

Se estima que en 2022 circularon por el Valle de Aburrá más de 44.500 vehículos de carga y volquetas intermunicipales que llevan escombros, arena, tierra, piedras y otras materias primas para la construcción, y que suelen a recorrer hasta 72.000 kilómetros al año en promedio.

“Sin embargo hay un detalle adicional: estos son los vehículos registrados en esta área, pero por aquí también pasan camiones y volquetas de otras regiones. Para esos casos sería útil, como lo hemos propuesto, hacer control de emisiones y evaluar si dejarlos pasar o no”, afirma la académica.

Así mismo, más del 30 % de estos carros tienen más de 20 años, e incluso algunos más de 45. “Aunque ha habido renovación (la mayoría tiene menos de 16 años), sigue siendo el grupo más contaminante entre las fuentes móviles. De ahí la relevancia de implementar medidas como el “pico y placa ambiental”, aunque lleguen de forma tardía: desde hace semanas se sabía que los incendios forestales podrían tener influencia en la calidad del aire, porque también emiten PM2,5, y el año pasado tuvimos algunas estaciones en rojo (aire dañino para la salud)”, señala.

Más crítico hacia el sur

Según el histórico de mediciones de los últimos siete días, las estaciones de Itagüí, Envigado y La Estrella han registrado índices más altos de PM2,5. “Esto se podría entender a partir de las simulaciones que hicimos hace algunos años para seguir las trayectorias de masas de aire dentro del Valle de Aburrá, las cuales mostraron que en los límites entre Envigado y Medellín se  crea un efecto vórtice, y que como el sur es más frío que el centro, el aire suele estancarse allí”, añade María Camila Eguis Cuentas, magíster en Ingeniería - Recursos Hidráulicos de la UNAL Sede Medellín.

Esto se relaciona con las características topográficas del Valle de Aburrá: una depresión ubicada en la cordillera Central de los Andes cuyo eje principal es el río Medellín, o río Aburrá –de casi 60 km–, cercado por laderas que se elevan hasta 1 km, con una distancia que varía entre los 10 y los 20 km.

Hacia el sur hay más edificaciones, el Valle se estrecha y se produce un efecto tapón al que se le añaden vientos que ingresan en dirección contraria desde San Antonio de Prado.

Así mismo, la calidad del aire depende de la radiación solar que ha aumentado en todo el mundo propiciando la formación de niebla tóxica o esmog y otros contaminantes como el ozono y el dióxido de nitrógeno. “Aquí las estaciones de monitoreo casi nunca están en verde, por eso es importante seguir investigando y explorando medidas realmente efectivas, sin descuidar la incidencia de fuentes fijas como las industrias, que aportan hasta 161 t/año de PM2,5”, menciona la profesora Zapata.

Entre las principales recomendaciones para cuidar de su salud está usar tapabocas N95 si va a hacer deporte (caminar, trotar o montar en bicicleta), pues aunque este no filtra los gases, sí detiene algo de material particulado. “También sería ideal que los niños, adultos mayores, mujeres embarazadas o personas con comorbilidades no salgan antes de las 9:00 a. m., máxime si las estaciones de medición cercanas registran 35 microgramos por metro cúbico de PM2,5 o más, información que se puede consultar en la página web del Sistema de Alerta Temprana de Medellín”, finaliza la experta.






martes, 5 de marzo de 2024

Buscan determinar origen botánico de mieles del Valle del Cauca

 Utilizando metabarcoding –una prometedora herramienta para estudiar el ADN de gran variedad de especies–, una zootecnista trabaja en identificar las plantas de las que provienen las mieles recolectadas en los municipios vallecaucanos de Buga, Argelia, El cerrito, El Cairo, Caicedonia, Trujillo, Roldanillo, Calima, Restrepo, Palmira, Cali y Tuluá. El objetivo es que, así como el café, la miel también tenga una denominación de origen botánico que impulse la reputación del producto, y que de paso les permita a los apicultores de la región generar mejores ingresos.

La denominación de origen botánico se refiere al proceso mediante el cual se identifica y clasifica la miel según su procedencia geográfica, composición, método de producción u otras características específicas que la distinguen de otras mieles.

Así, cada colmena de abejas que existe desde Buenaventura (al nivel del mar) hasta los Farallones de Cali (a 3.000 msnm) resguarda una parte de la rica biodiversidad del Valle del Cauca, riqueza que la zootecnista Kelly Johana Quitián Sosa está decidida a identificar mediante herramientas genéticas, en el marco de su Maestría en Producción Animal y del Grupo de Investigación en Diversidad Biológica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

Entre los métodos que existen para realizar dicha denominación están la palinología y la melisopalinología. La primera es el estudio y la caracterización de los granos de polen presentes en la planta para luego hacer una relación de las plantas presentes en los apiarios; y la segunda es el estudio del grano de polen, pero suspendido en la miel. Con el metabarcoding se espera hacer una identificación más precisa de las especies vegetales del departamento, presentes en la muestra.

“Incluso la técnica permite trabajar con pequeñas cantidades, ya que proporciona una visión más completa de la diversidad floral asociada con la miel”, indica la zootecnista Quitián.

A diferencia de los métodos tradicionales, el metabarcoding utiliza información genética y, gracias a la automatización y a la alta capacidad de procesamiento, analiza múltiples muestras de manera simultánea y rápida, facilitando el procesamiento de grandes volúmenes de datos y aumentando la eficiencia del análisis.

En la actualidad, la zootecnista estandariza el protocolo en el Laboratorio de Biología Molecular de la UNAL Sede Palmira, ya que el metabarcoding también se aplica para plantas y microorganismos, uno de los pocos reportes alrededor de su implementación.

“Técnicas moleculares como esta nos permiten estudiar el material genético o ADN presente en el grano de polen suspendido en la miel, y con la metodología que he diseñado espero obtener información de las plantas visitadas por las abejas”, señala la zootecnista.


Las abejas obreras hacen el pecoreo, que es la práctica de extraer polen y néctar de las flores, y durante este emplean varios mecanismos para la elaboración final de la miel u otras sustancias derivadas. Para ello usan las corbículas, unas “canastas” ubicadas en el tercer par de patas, que es la parte ensanchada.

La investigadora señala que “así como el café ha representado a Colombia en el mundo, la miel tiene el gran potencial de convertirse en un emblema de calidad y sostenibilidad, gracias a la invaluable labor polinizadora de las abejas”. Sin embargo, la falta de una cultura arraigada de consumo de miel ha llevado a que su valor y variedad pasen desapercibidos en la mesa de los colombianos.

Dicho desconocimiento, además de limitar la productividad de los pequeños productores en el departamento, también se convierte en un riesgo si se considera que hasta el 80 % de las mieles en el país son adulteradas o falsificadas, lo que deja a los consumidores en la oscuridad sobre la verdadera naturaleza del producto que adquieren.

Gracias a su ubicación geográfica y diversidad de climas, el territorio colombiano produce miel a lo largo de todo el año. No obstante, la falta de estándares de calidad y de la rigurosidad necesaria en su proceso productivo han limitado su presencia en el mercado internacional.

A diferencia de países como Argentina, que lidera las exportaciones y en donde las estaciones marcan la pausa en la producción, Colombia tiene el potencial de convertirse en un referente global si supera la realidad de pequeños productores que luchan por mantenerse a flote en un escenario en donde el precio y no la calidad suele ser el factor determinante.





lunes, 4 de marzo de 2024

Muestra de la amplia riqueza de aves del Valle del Cauca en exposición fotográfica

 Durante varios años de arduo trabajo de campo en el bosque húmedo de la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco, biólogos censaron una población de 348 aves, dato que refleja la riqueza faunística de la región. Una selección de 40 de ellas –entre las que se encuentran atrapamoscas sangretoro, tucancito rabirrojo, toches y azulejos– conforman la muestra “Aves de nuestra Sede”, inaugurada en la Biblioteca de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira y que permanecerá abierta hasta el 22 de marzo.

La exposición se realiza en el marco de la celebración de los 90 años de la Sede Palmira, y además sirve como abrebocas a la participación de la UNAL en la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP16), uno de los espacios de discusión y negociación más importante del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas que se celebrará el próximo octubre en Cali.

En ese sentido, la exposición “Aves de nuestra Sede” es un ejemplo de cómo, además de brindar una riqueza incalculable como productor de oxígeno, capturar CO2, almacenar carbono, garantizar el suministro de agua para poblaciones circundantes y ser fuente potencial de descubrimientos de genes y moléculas con aplicaciones farmacéuticas o industriales, la Reserva Forestal de Yotoco, custodiada por la UNAL, alberga una variada y fascinante comunidad de aves, desde especies nativas con plumajes coloridos hasta las migratorias que atraviesan largas distancias y encuentran refugio en este santuario.

Para hacer el inventario, durante un año los investigadores definieron transectos o rutas que incluyen un mapa, la zona elegida y un conjunto de puntos en los que cada cierto número de metros paraban para hacer grabaciones, fotografías y observaciones con base en una línea trazada.

La expedición se aventuró en los predios aledaños, en lo que se conoce como “zona de amortiguación”, en donde descubrieron aves que, aunque no se encontraran en el corazón del bosque, sí forman parte integral de su ecosistema.

En total se registraron 348 especies de aves, un incremento notable desde el censo de 1990 que daba cuenta de 190. “Este hallazgo refleja la riqueza biológica de la Reserva, resaltando su potencial como destino para el turismo científico y como una fuente inagotable de investigación”, expresa el biólogo Diego Fernando Mejía, profesor coordinador del Sistema de Gestión Ambiental de la UNAL Sede Palmira.

El inventario no se limitó a la reserva principal, sino que también se extendió al campus principal de la UNAL Sede Palmira, en donde se registraron 128 especies, y al Centro Experimental (Ceunp), ubicado en Candelaria, con el reporte de 54 tipos de aves, resultado que enriquece el conocimiento sobre la biodiversidad en estos espacios académicos.

Según el profesor Mejía, el propósito para la COP16 es que la exposición incluya más imágenes y más especies como serpientes y mamíferos. También se buscará publicar un libro ilustrado que exhiba las aves y recopile sus cantos en discos compactos y plataformas digitales.

Un inventario que vuela alto

Entre las especies de aves más observadas se encuentran iguazas, perdices, zambullidores comunes, palomas, garrapateros y una amplia gama de colibríes de diferentes colores.

También se avistó el bien parado, un ave señalada popularmente como bruja y por eso asesinada por quienes la desconocen y la ven como una amenaza debido a su canto áspero y su coloración que la camufla como tronco de árbol, resaltando la importancia de su conservación y protección.

La apertura al público de “Aves de nuestra Sede”, además de ofrecer fotografías de las aves, también sirve como una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de conservar los ecosistemas locales, amenazados por la deforestación, los agroquímicos, la pérdida de hábitat, la contaminación, la presencia de especies invasoras y otros factores que dificultan la sostenibilidad de la fauna y la flora.

Además de su valor estético, “las aves desempeñan un papel crucial en el equilibrio de los ecosistemas; ellas también son polinizadoras, dispersoras de semillas y controladoras de poblaciones de insectos en algunos casos plagas, por lo que contribuyen a mantener la salud y la estabilidad de los ecosistemas en esta región del suroccidente del país”, anota el académico.

Quienes quieran ampliar la información sobre la diversidad de fauna que se encuentra en la región y las actividades que realizan desde el Sistema de Gestión Ambiental, pueden hacerlo desde la cuenta en Instagram @sgaunsedepalmira.






viernes, 1 de marzo de 2024

Pluggets del Mar, unión de saberes tradicionales y ciencia

 La cocina de Hilaria Valencia es el lugar de encuentro de un grupo de mujeres tumaqueñas que juntan sus manos, su sazón y su conocimiento tradicional para elaborar un novedoso y sabroso nugget de plumuda (plugged), pez de alto valor nutricional y de bajo costo que les sirve como materia prima.

Tanto la amistad como la Asociación de Mujeres Concheras de Raíces del Manglar (Asoraizmanglar) –con cerca de 40 integrantes– surgieron en el mangle, donde ellas solían encontrarse para conchar o extraer piangua, un molusco tradicional del Pacífico colombiano que era su único sustento económico; pero ahora, gracias a la capacitación y el trabajo conjunto con el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se volvieron expertas en transformar los alimentos.

Profesores y estudiantes de distintas disciplinas de la UNAL se aliaron para participar en la “Convocatoria nacional para el fomento de alianzas interdisciplinarias que articulen investigación, creación, extensión y formación en la Universidad Nacional de Colombia 2019-2021 (Sede Tumaco)”.

Así iniciaron el trabajo de la mano de los profesores Adriana Patricia Muñoz Ramírez –líder del grupo de investigación UN-ACUICTIO, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia– y Jairo Humberto López Vargas, del ICTA, director del grupo Aseguramiento de la Calidad de Alimentos y Desarrollo de Nuevos Productos.

Los investigadores identificaron que la actividad económica de las mujeres era débil porque se centraba en conchar y a veces la piangua escasea o se debe dar tiempo de veda por lo que debían parar por algunos meses y esto repercutían en sus ingresos económicos, afectando su calidad de vida.

Con el ánimo de seguir apoyando a las integrantes de la Asociación, el profesor López replicó una exitosa experiencia relacionada con la elaboración de embutidos a base de pescado que ya se había probado en otra región del país.

Aunque inicialmente se pensó utilizar dos tipos de pescado: plumuda y carduma, poco a poco se dieron cuenta de que la carduma ya tenía un alto valor comercial pues se empezó a exportar para elaborar harinas, por eso se quedaron con la plumuda. Después, en un taller de marca que recibieron, surgió el nombre del producto: Pluggets del Mar.

El valor agregado de los pluggets está en la plumuda, que aunque tiene alto valor nutritivo no se aprovecha debidamente; de hecho en época de abundancia se podían encontrar estos peces tirados en las calles. Ahora las mujeres les dan valor comercial.


Para lograr la transferencia adecuada de saberes, primero el profesor López hizo una serie de experimentos y análisis fisicoquímicos en los laboratorios del ICTA en la Sede Bogotá buscando el proceso más adecuado para preparar la receta con plumuda, y luego la zootecnista María Daniela Portela, estudiante de la Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos, lideró los temas de apropiación social del conocimiento.





Del proyecto surgieron dos recetas: la del ICTA, con condimentación comercial, y la de Asoraizmanglar, con sazón autóctona y sabor tradicional. Así se promovió un diálogo de saberes.

El propósito inicial del proyecto era alimentar a los niños de las escuelas de Tumaco y ahora se quiere extender a otros sectores, pero para hacerlo realidad se necesita nueva sede para elaborar el producto, pues la cocina de Hilaria se quedó pequeña, lo cual es un buen indicio del éxito de la idea. En este momento buscan nuevas alianzas con entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Una nueva sede sería un logro del proyecto, ya que evidenciaría que esta alianza no se quedó en lo académico, sino que fue capaz de avanzar hasta el emprendimiento.












martes, 27 de febrero de 2024

Urge restaurar los páramos degradados del país

 En Colombia se ha perdido el 57 % de estos ecosistemas: de las 2.900.000 hectáreas que existían ahora solo se contabilizan alrededor de 1.120.000. En los páramos afectados por actividades ganaderas o agrícolas la vegetación autóctona desapareció; los suelos se perdieron pues se compactaron y ya no retienen agua, y por lo tanto esta ya no corre hasta llegar a quebradas y ríos. Hacedores de política pública, academia y sociedad deben aunar esfuerzos para arrojarles un salvavidas a estas máquinas naturales de hacer agua, que paradójicamente agonizan de sed.

“Aunque los páramos están protegidos desde 2018 por la Corte Constitucional, esta legislación no se aplica, por eso ellos necesitan primeros auxilios urgentes y, desde los mandatarios de pueblos que tengan jurisdicción en estas áreas, hasta el Gobierno nacional, deben tomar decisiones apoyadas en la evidencia científica”, afirma el profesor Conrado de Jesús Tobón Marín, coordinador del grupo de investigación Hidrología y Modelación de Ecosistemas Dinámicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

En uno de los recientes ABC de Periódico UNAL, el experto señala que, “aunque existe una legislación –como la ley 1930 de 2018, también conocida como Ley de Páramos–, esta no se aplica porque no tiene en cuenta a quienes habitan dichos territorios […] no se trata de legislar desde los escritorios desconociendo las necesidades de los pobladores; se necesita una normativa acorde con la situación real de los páramos”.

Menciona además que “aunque en las últimas décadas se ha dado un creciente interés por los páramos, antes estos ecosistemas eran una oportunidad de vida para los campesinos despojados de tierras en las partes medias y bajas; ese uso intensivo para actividades agrícolas y ganaderas arrasó la vegetación autóctona y desapareció los suelos por erosión. Esa amenaza no ha parado, en algunas zonas se ha frenado, pero no ha desaparecido”.

Máquinas de hacer agua

“Los páramos son ecosistemas de alta montaña, sobre todo en el norte de los Andes, y por lo tanto se ubican por encima de los 3.000 msnm, especialmente en Colombia, Venezuela y el norte de Ecuador; tienen lluvias frecuentes y esto los hace climatológicamente fundamentales”, explica el profesor.

En Colombia la mayoría de los páramos están de sur a norte de la cordillera Oriental; otra parte considerable en la cordillera Central, y en menor medida en la Occidental y en la Sierra Nevada de Santa Marta.

“Además son arbustales y pajonales, una vegetación típica que se complementa con el aspecto hidrológico ya que sus condiciones de clima son muy suaves, la evapotranspiración es muy baja, y por ende el rendimiento hídrico (agua que producen) es muy alto”.

Con respecto a los servicios ecosistémicos, el docente inicia enumerando la gran diversidad de plantas y sigue con el paisajismo: “no es lo mismo subir a una montaña en Perú, donde todo es rocoso, a estar en una zona a tal altura y estar rodeado de vegetación […] entre la cantidad de fauna propia de esas zonas sobresalen el oso de anteojos y el venado, pero también cuenta con una amplia diversidad de aves, mariposas y reptiles”.

Pero, sin lugar a dudas el componente más relevante del último siglo ha sido su abundante aporte hidrológico. A pesar de conformar pequeñas áreas, su producción de agua es muy alta, y como no hay asentamientos humanos su calidad es excelente; además, al estar por encima de las ciudades, no se produce el costo adicional de llevarla hacia las viviendas, sino que se da por gravedad.

“Solo por el servicio hidrológico que prestan deberían conservarse al 100 % e ir más allá: restaurar los páramos degradados”, recalca el docente.

Sobre las iniciativas relacionadas con turismo de montaña es enfático al afirmar que “solo el turismo bien manejando, que conozca la capacidad de carga del sitio y no permita sobrecupo, es una gran oportunidad para que los guías les hablen y enseñen a las personas qué son los páramos y cuál es su importancia; debe haber caminos demarcados; no se permite sacar especies ni tumbar nada; se va a pie y no a caballo, motocicletas o cuadraciclos. Este tipo de iniciativas, bienvenidas”.

Advierte que el uso de caballos y vehículos motorizados es dañino para el ecosistema.

“Aunque Parques Nacionales ha venido haciendo un buen trabajo, también se les debería dar la oportunidad a los habitantes de estas zonas de generar ingresos que les permitan conservar los páramos”, concluye.







lunes, 26 de febrero de 2024

UNAL y entidades aportan al fortalecimiento de la gestión de riesgo ante huracanes en San Andrés

 La Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe y otras nueve instituciones locales, nacionales e internacionales avanzan en un proyecto de fortalecimiento de la gestión del riesgo, a partir de la generación de conocimiento e innovación social para incrementar la capacidad de respuesta comunitaria, natural y económica del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina ante ciclones tropicales.

El paso de los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020 ocasionó graves daños y una enorme destrucción en la infraestructura y el ecosistema de Providencia y Santa Catalina y San Andrés. Superar esa crisis y generar condiciones para el desarrollo de la comunidad insular ha sido muy difícil e incierto cada vez que inicia una nueva temporada de huracanes en el Caribe, el 1 de junio.

Está claro que no se puede regresar a las condiciones previas al impacto del Iota, máxime cuando el cambio climático sigue avanzando de manera vertiginosa, intensificando la frecuencia y las categorías de los huracanes, según datos de las últimas décadas en el Gran Caribe.

Por esa razón, el proyecto liderado por la UNAL, que cuenta con recursos por más de 8.000 millones de pesos, busca fortalecer la gestión del riesgo de desastre incrementando el conocimiento y la capacidad de preparación y respuesta frente a eventos extremos climáticos, que contribuya a la seguridad humana y a la preservación de la base ambiental marina del territorio insular.

Entre las principales actividades que se están desarrollando se encuentran: comprender los efectos, la respuesta comunitaria y las lecciones aprendidas del desastre por el huracán Iota, junto con una estimación de la vulnerabilidad global-multicriterio para enfocarse en su reducción.

También se busca implementar una estrategia de comunicación plurilingüe construida desde lo local, entender el potencial del impacto de las inundaciones por marea de tormenta generadas por los ciclones tropicales, todo en el marco del cambio climático y pensando en futuras medidas de adaptación.

“La gestión del riesgo de desastres ante huracanes, inundaciones y aumento del nivel del mar son algunos de los problemas apremiantes de nuestra generación y de las próximas en el Archipiélago, y este proyecto traza un camino a seguir desde nuestras instituciones fortaleciendo capacidades y medios de vida locales”, explica la profesora Adriana Santos Martínez, directora de la UNAL Sede Caribe y del proyecto.

Abordaje integral

El desastre provocado por el huracán Iota evidenció la necesidad de tener mejores datos en la zona. Por eso el proyecto está implementando una red de monitoreo de variables físicas, químicas  y biológicas en tierra y en aguas marinas de las islas, con el propósito de utilizar toda esta información para tomar decisiones.

Así mismo, atiende el uso de las algas de sargazo –que afectan regularmente a las islas– y desarrolla procesos de restauración con cultivos de manglar y pastos marinos.

De igual manera, se busca comprender cómo fortalecer los arrecifes de coral de la isla de San Andrés como una medida de reducción del riesgo basada en la conservación de ecosistemas; y desde una visión integral, desarrollar negocios verdes que contribuyan a los medios de vida de las islas, además de implementar tecnología con estaciones meteorológicas y red de monitoreo comunitario transferibles a las instituciones del gobierno local.

Las instituciones que aúnan esfuerzos para abordar los desafíos del cambio climático y fortalecer la resiliencia de las comunidades en el Archipiélago son: la UNAL Sedes Caribe, Bogotá y Medellín; la Corporación Ambiental Coralina; la Escuela Naval de Suboficiales ARC “Barranquilla”; la Dirección General Marítima (Dimar); el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe (CIOH); la Corporación del Laboratorio al Campo; el Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional (Infotep); la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD); la Gobernación Departamental del Archipiélago de San Andrés; la Universidad de Guadalajara (México) y la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (Cemarín).








viernes, 23 de febrero de 2024

Urge mejorar tratamiento de aguas contaminadas por fármacos

 Los “contaminantes de preocupación emergente” –entre los que se encuentran medicamentos y cosméticos– son un problema mundial asociado, por ejemplo, con la feminización de peces macho y la resistencia de ciertas bacterias a los antibióticos. Los procesos de oxidación avanzados basados en ozono –capaces de cambiar la estructura de los contaminantes aumentando su biodegradabilidad– eliminarían en solo 60 segundos más del 50 % de los fármacos presentes en nanogramos por litro de agua residual, y reducirían a la mitad la generación de otros compuestos tóxicos durante el proceso.

Cada vez que usted toma un medicamento su cuerpo absorbe una fracción de este y lo demás, conocido como “activo no metabolizado”, lo expulsa a través de la orina o las heces, y así se convierten en “contaminantes de preocupación emergentes” que llegan a ríos y mares. Se trata de sustancias químicas o materiales que últimamente se han detectado en las aguas y cuya presencia puede suponer un riesgo para el medioambiente y la salud humana.

Una de sus consecuencias más preocupantes es la presencia de antibióticos y su contribución a que algunas bacterias se vuelvan más resistentes a ellos, una de las 10 amenazas más grandes para la salud pública según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Estudios adelantados en Medellín y Bogotá detectaron concentraciones altas de paracetamol, azitromicina, losartán y naproxeno en algunos efluentes”, señala María Angélica Prada Vásquez, doctora en Ingeniería - Recursos Hídricos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Esto se debe no solo al aumento de la producción y el consumo de fármacos, sino también a que los actuales sistemas de tratamiento de aguas residuales del país están diseñados especialmente para eliminar sólidos en suspensión y materia orgánica degradable, y por lo tanto son incapaces de limpiar dichos contaminantes presentes en contracciones tan bajas.

Para solventar esta falencia, la investigadora Prada evaluó una avanzada tecnología basada en el ozono, que por ser un agente oxidante puede degradar una gran variedad de estos contaminantes.

“La ozonización, que opera a través de los radicales hidroxilos, se usa en pocos países (Suiza, por ejemplo) porque es costosa y aún tiene algunas limitaciones, entre ellas dos principales: (i) por ser un gas, el ozono es poco soluble en agua, y (ii) se logran ‘bajas tasas de mineralización’, es decir que después del proceso deja otros productos que pueden ser incluso más tóxicos que los compuestos originales. La tesis doctoral se enfoca en mejorar esas dos limitaciones”, afirma.

Para limpiar agua contaminada con ibuprofeno, la investigadora probó en laboratorio tres combinaciones basadas en ozono: ozono más luz, ozono más oxidante (peroximonosulfato de potasio) y ozono más catalizador (zeolitas).

La solución se depositó en un prototipo de reactor con capacidad de un litro; se aplicó cada combinación y se midieron los tiempos de degradación y los costos. “Encontramos que el ozono con la zeolita sería el sistema más efectivo para eliminar por completo el ibuprofeno, y además degradaría el 50 % de la mineralización o carbono orgánico total”, menciona la investigadora.

Sobre la poca solubilidad del ozono en agua, la magíster optimizó un dispositivo desarrollado por investigadores de la Universidad de Oporto (Portugal). “Se trata de un sistema en el que se inyecta el ozono a través de un contactor de membrana que permea el gas a la fase líquida. Lo que ocurre es que se crean unas microburbujas y aumenta la transferencia de masa. Así determinamos que el caudal del gas debe ser de 0,75 litros por minuto (l/min) y el del agua 100 l/h”.

En Portugal y España se probaron los métodos en aguas residuales reales. “Con el dispositivo eliminamos en 60 segundos 12 compuestos de los 21 detectados, es decir más del 50 % de estos; quizá aumentando un poco el tiempo de residencia se eliminen por completo, mientras que con un sistema de ozonización convencional tardaríamos entre 30 minutos y una hora. Por otro lado, con las zeolitas aumentó 3 veces la velocidad de degradación de los contaminantes en el agua frente a una ozonización única”, explica.

Esta investigación, que es un avance para la protección efectiva de las fuentes de agua, los ecosistemas y la vida humana, obtuvo el reconocimiento de “Tesis Laureada” y fue posible gracias a los laboratorios de la UNAL Sede Medellín, al grupo de investigación en Remediación y Biocatálisis de la Universidad de Antioquia, la Universidad Politécnica de Valencia (España) y la Universidad de Oporto.







jueves, 22 de febrero de 2024

Una segunda vida para los residuos que salen de los pabellones de las ferias de exposición

 Una guía ilustrada, similar a un cómic, sobre producción de pabellones, sintetiza las fases, roles y componentes involucrados en la construcción de dichas estructuras temporales diseñadas para eventos masivos. Está dirigida a los encargados de la redacción de términos de referencia (contratación), productores, diseñadores y fabricantes. Con ella se busca promover la transición hacia una economía circular, y de paso reducir el vacío normativo que existe en el país con respecto a este tipo de espacios.

Según el último informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en 2022 el sector de la construcción fue responsable del 34 % de la demanda energética en el planeta, y de alrededor del 37 % de las emisiones de dióxido de carbono, derivadas de sus operaciones y funcionamiento.

Estas cifras se asocian con los procesos de construcción convencional, pero poco se habla sobre los impactos de la fabricación de pabellones y estands para eventos masivos.

Así lo concluyó Antonio Ernesto Yemail Cortés, magíster en Construcción de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien lleva más de 20 años trabajando con la elaboración de pabellones para entidades como el Ministerio de Cultura y de las Artes, y el Centro Nacional de Memoria Histórica, en especial en el contexto de ferias y eventos culturales.

Luego de realizar una revisión historiográfica de más de 64 proyectos de arquitectura temporal en Colombia a partir del siglo XX, identificó que la madera es el material más utilizado, con usos en hasta un 54 % de los casos, por su bajo costo y facilidad de fabricación y montaje, seguido por metales como acero o aluminio, en cerca del 37 %, y otros como concreto, cerámica, drywall o vidrio, en el 9 % restante.

El 72 % de la construcción de pabellones se da en Bogotá, un desbalance que se podría subsanar con la reutilización de estos.

Entrevistó a actores relevantes en la producción de eventos culturales, vinculados a entidades como la Cámara Colombiana del Libro, Corferias y el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), seleccionados por su experiencia en distintas etapas del ciclo de vida de los pabellones.

Aunque hay iniciativas que promueven la reducción de residuos y la recuperación de materiales desde las entidades promotoras, sus protocolos no consideran una segunda vida para los elementos de manera anticipada.

“El contraste con el escenario internacional es muy diciente, hemos participado en proyectos como el Pabellón de Colombia para la Exposición Universal de Milán en 2015, en los que la normativa era distinta, y sí exigía un plan de manejo de materiales posterior al evento”, indica el arquitecto Yemail.


También analizó casos notables en Latinoamérica como el del Pabellón en el Zócalo de la Ciudad de México, que resalta por su simplicidad y el uso de módulos comerciales de madera; el Museíto Itinerante en Perú, que también destaca por su simplicidad y se transporta fácilmente, por lo que llega a diferentes localizaciones y tiene un amplio alcance social; y el Pabellón ZERI, construido en Hannover (Alemania) y Manizales y que representó una innovación constructiva con materiales renovables como la guadua.

“La disposición y el transporte de estos materiales puede representar cerca del 10 % de las emisiones totales del proyecto, por lo que tener un plan de manejo antes de la ejecución es indispensable para disminuir estas cargas contaminantes”, afirma.

La guía

Otro importante resultado de la investigación es el desarrollo de una guía ilustrada de lectura y producción de pabellones, que sintetiza las fases, roles y componentes involucrados en este tipo de proyectos, dirigida a los encargados de redactar los términos de referencia, productores, diseñadores y fabricantes, buscando promover la transición hacia una economía circular en el sector, y que haya pedagogía sobre esta problemática; por eso utilizó un estilo de un cómic.

El experto explica que como resultado se generaron una serie de recomendaciones para cada etapa del ciclo de vida de un pabellón, y cuya efectividad se comprobó con su implementación en tres proyectos de arquitectura efímera en Bogotá: la Feria Internacional de Arte de Bogotá (ARTBO) 2022, la feria La Vuelta 2022 y Salvando Primates en 2023.

Los tres casos presentaban restricciones temporales, presupuestales y de gestión material similares, además se realizaron en secuencia con el objetivo de recuperar y reconfigurar los materiales de un proyecto para el desarrollo del siguiente, buscando conservar el valor, la utilidad y la calidad de estos elementos y reducir la producción de desechos.

Por último, el investigador asegura que “se reconoce que la selección cuidadosa de materiales y la planificación de su reutilización, desde las etapas iniciales, es un factor crucial para mitigar las cargas ambientales de los pabellones, y su implementación y éxito dependen de una gestión integral, entendiendo que la responsabilidad de extender la vida útil de un pabellón no recae solo en la arquitectura”.





miércoles, 21 de febrero de 2024

Paujil de pico azul, ave en peligro de extinción que todavía se puede salvar

En la Sierra Nevada de Santa Marta ya no es tan frecuente escuchar el canto de estas aves, que no excede los 90 cm, pues la caza, el tráfico ilegal y la deforestación han hecho que su hábitat se pierda; por eso cada grano de arena dirigido a su conservación es fundamental. Una bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) hizo un primer registro sobre el comportamiento reproductivo de 4 paujiles en Medellín, y creó un protocolo para preservar la especie en el país.


Los paujiles macho tienen un pico azul celeste inconfundible, cresta crespa y negra, y como muchas especies de aves, se contonean, bailan y les dan regalos a las hembras para cortejarlas; además viven en los sotobosques, lugares en donde abundan los arbustos y árboles pequeños, vegetación entre la que se esconden y estiran el cuello.

A pesar de ser un ave endémica de Colombia (o sea que solo vive aquí) su población ha disminuido radicalmente con el pasar de los años. El nivel de baja es tan preocupante, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la incluyó como especie “en peligro crítico de extinción”.

Existen pocas investigaciones sobre su situación actual, solo se sabe del estudio de un grupo de paujiles en Yondó (Antioquia), realizado por la ONG Wildlife Conservation Society, en el cual se determinó que si la cacería de la especie se mantiene constante en los próximos años, no habrá vuelta atrás y los esfuerzos por conservarla serán en vano.


Ante este panorama, y considerando que en el país al menos el 39 % de las 24 especies de crácidos (familias a la que pertenece el paujil) están en grave peligro, la bióloga Zhara Valentina Cubillos Arias llegó al Parque de la Conservación (Medellín) para trabajar por el cuidado y manejo de 4 paujiles de pico azul y aportar al entendimiento de su comportamiento reproductivo y social, generando estrategias que potencien los planes de conservación existentes hoy.

Durante seis meses, la bióloga enriqueció el hogar de estas aves –conformadas por recintos cerrados con un nido y algo de espacio– con balazo (Monstera deliciosa) y platanillo, plantas cuyas hojas rojas y amarillas parecen picos de aves. Aprovechando su presencia en el Parque, se ubicaron nueve ejemplares en cada jaula para que sirvieran como aislantes del ruido (el lugar queda al lado del transitado barrio Antioquia) y de la conexión con otras especies como las guacamayas.

“Aunque el paujil no interactúa en su día a día con estas plantas, tampoco se sabe qué tipo de vegetación prefiere, pues como son aves difíciles de encontrar no hay certeza sobre el lugar del que provienen”, asegura la investigadora, cuyo trabajo de investigación fue dirigido por el profesor Hugo López, del Departamento de Biología.


“Cuando llegué aquí los paujiles estaban retraídos y poco activos; presentaban muestras de estrés por no tener un hábitat adecuado, y por ende sus intenciones de reproducirse eran muy bajas; no  obstante, después de enriquecer sus recintos y de aplicar un plan de manejo que tuvo en cuenta la interacción entre ellos y la alimentación, así como retos cognitivos para conseguir comida y su condición física, las aves volvieron a presentar intención de copular y un mayor dinamismo y movimiento”, cuenta la investigadora.


Un dato curioso y a la vez riesgoso para la especie, por increíble que parezca, es que su principal estrategia de cortejo consiste en reunir las piedras más preciosas que encuentra a su alrededor para llevárselas a la hembra,  práctica que ha alentado el mito de que las aves guardan oro en su cuerpo, por lo que personas inescrupulosas las cazan para comprobar si es cierto.

“Después de ajustar los nidos hubo acercamientos para reproducirse: uno de los machos montó a una hembra de unos 6 años, pero el proceso no llegó a buen término porque se tornó muy agresivo. Un segundo macho, con el que también hubo buena química, ya tenía 20 años y no se interesó”, indica la bióloga.

Aunque no se pudo obtener un huevo viable para tener un polluelo, se evidenció que la hembra mejoró su comportamiento materno, pues al inicio los dos huevos que puso los dejo caer y dañar, pero al tener un nido enriquecido les dio calor y los protegió.

Este trabajo es un primer paso para entender los procesos que influyen en la reproducción de la especie, por lo que representa un insumo y antecedente fundamental para futuras investigaciones. Aunque en el Parque se manejan protocolos rigurosos de cuidado y alimentación (frutas, vegetales, arroz, huevo o pollo), el estudio permite robustecer los planes de conservación y preservación con enfoques más holísticos e integrales.