viernes, 9 de julio de 2021

Abejas escogerían el mejor néctar por el color de las flores

 Por medio del aprendizaje de los colores, las abejas del género Apis mellifera africanizadas tienen la capacidad de seleccionar la flor que les ofrece el mejor recurso a su alrededor para recolectar su alimento, con lo cual evidencian que “pueden tomar decisiones económicas” en el mercado floral.

La percepción del color en estos insectos no es igual a la de los humanos, ya que para ellas está en constante cambio, a medida que se van acercando a la flor.

Así lo demuestra la investigación del biólogo Juan Carlos Hernández Peña, magíster en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien siempre estuvo interesado en la cognición en animales y el uso de la información en tareas como la toma de decisiones.

El trabajo del magíster consistió en hacer que más de 300 abejas, previamente marcadas e identificadas, llegaran a una zona experimental, la cual debían reconocer motivadas por alimento que, en este caso, se trataba de soluciones azucaradas que imitaban el néctar.

En el lugar, ubicado en el apiario del Departamento de Biología de la UNAL, se utilizaron parches de flores artificiales en los que se controló la distancia entre estas, su forma, la densidad de cada tipo floral y el volumen de solución azucarada ofrecido.

“Las abejas atienden a un sistema central de forrajeo que hace que salgan de la colonia en búsqueda de alimento, si encuentran algo rentable lo toman y vuelven a la colmena para depositarlo, pero luego vuelven al mismo sitio para seguir aprovechando el recurso”.

El investigador explicó que él y su equipo buscaban evaluar esa capacidad de tomar decisiones por parte de estos insectos, las cuales resultan más elaboradas frente a las reportadas en especies más complejas.

“En términos humanos, es como si una persona tuviera la opción de ir a la tienda A o la B, las cuales, aunque tienen fachadas similares, ofrecen diferentes productos, y el individuo escoge según la mayor oferta”, detalla.

Sin embargo, dicho comportamiento puede generar que estos insectos favorezcan a unas plantas más que a otras, influyendo en una polinización selectiva y no homogénea de todas las flores.

Memoria olfativa y de color

Dentro de la colmena las abejas tienen una distribución de labores, como las responsables de salir a forrajear (buscar alimento), una actividad que es realizada por los individuos que ya han alcanzado la primera mitad de su vida.

Una abeja puede hacer un muestreo e ir a varios sitios en poco tiempo, por ejemplo, al salir de la colmena pueden forrajear en un radio de 4 km.

“Ellas tienen la capacidad de generar memoria olfativa y de color, y cuando una abeja sale a explorar y se queda en un sitio específico al que vuelve en otra exploración, es porque ya reconoce el recurso. Ella puede aprender y recordar a dónde ir, lo que les permite no tener gasto de energía mientras vuela de forma errante buscando la mejor flor”, describe el magíster de la UNAL.

Aunque todas las flores ofrecen los mismos recursos, ya sea de néctar o de polen, no todas tienen la misma concentración, por lo que las abejas aprenden el color de la planta para la selección y preferencia en su tarea de recolección de alimento.

“Si el estudio se hubiera hecho con otros insectos, como las mariposas, no hay garantía de que vuelvan otra vez, cosa que sí hacen las abejas por su sistema central de forrajeo, y esta es una de las razones por las cuales estas son un agente de polinización favorable para el ecosistema, ya que vuelven al lugar donde encontraron una buena fuente de alimento con una oferta superior al resto”, destaca el investigador.







martes, 6 de julio de 2021

“Cultura y ciencia oceánica se deben fomentar desde la educación temprana”

El estudio de los océanos se debe incluir en los currículums escolares para que los niños y jóvenes conozcan a profundidad el territorio marítimo y las fortalezas y capacidades que tiene el país en este campo.

También es importante que la formación de los docentes no solo esté enfocada en un futuro profesional en las grandes ciudades del país, sino también en las zonas costeras, que requieren más de estos profesionales para que los jóvenes de las mismas comunidades tengan desde temprano instrucción en el campo científico y del mar. 

Estas fueron algunas de las principales conclusiones que dejó el primer encuentro de “Juventud océano 2021: Retos en formación, investigación y oportunidades laborales”, un espacio promovido por la Dirección Nacional de Investigación y Laboratorios de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

“Todas las economías y la posibilidad de permanecer en el planeta están en ese 75 % equivalente al mundo marítimo, lo que hace urgente que nos involucremos más con lo que ocurre allí. Hay sistemas que no conocemos, hay recursos que podemos utilizar, y la participación de los jóvenes es crucial”, destaca el Profesor José Ernesto Mancera, director Nacional de Investigación y Laboratorios de la UNAL.

Ciencia por y para las comunidades

Según la investigadora Camila Forero, magíster en Biología Marina, Biodiversidad y Conservación de la Universidad de La Laguna, en Islas Canarias (España), “no solo se debe hacer ciencia e incluirla en la toma de decisiones, sino que también esta se debe extender a las comunidades y a su beneficio”.

Señala además que “tendemos a trabajar en las ciencias porque nos gusta, pero la misión aprendida en la formación profesional y de posgrado es el compromiso con las comunidades, que nos llama a llevarles la ciencia, a que se traduzca en resultados inmediatos para su beneficio y el de nuestro medioambiente”.

Agrega que “es indiferente el número de artículos o publicaciones que los investigadores realicen, pues lo realmente valioso es la transmisión del conocimiento, que es lo que hace que se generen cambios”.

Carreras con enfoque de oportunidades

Para Natalia Rincón Díaz, bióloga de la Universidad El Bosque y magíster en Ciencias y Biología Marina de la UNAL, “la formación en las carreras asociadas con las ciencias del mar deben estar enfocadas en las oportunidades y en la búsqueda de ellas, pues en ocasiones los  egresados no saben dónde comenzar su vida laboral o a dónde tocar puertas para una beca o un proyecto”.

“No se puede desconocer que tanto en pregrado como en posgrados existe una falencia, que es la no materialización, escritura y formulación de proyectos de investigación. Generalmente esto lo aprendemos cuando ya estamos trabajando, y debemos empezar a escribir proyectos y a conseguir recursos. El hecho de saber formularlos, no solo escribir la parte técnica sino entender y desglosar la parte presupuestal, es algo que se debe fortalecer en la formación de los jóvenes de este campo de la ciencias del mar”.

A propósito del tema, el ingeniero biológico Daniel Felipe Bernal Glen señala que “hace falta más inversión por parte de las autoridades y el Estado para fortalecer la parte investigativa, pues hay muchas áreas en las que se pueden adelantar proyectos y profundizar en el conocimiento de los mares”.

“El Caribe colombiano ha sido poco estudiado y publicado. En este momento hay una gran oportunidad para estudiarlo y crear nuevas estrategias de manejo, oportunidad de conservación, creación de áreas protegidas y otros aspectos que solo pueden venir del conocimiento de nuestros mares, pues si no conocemos lo que tenemos no podemos protegerlo ni gestionarlo adecuadamente”, concluye el especialista.









sábado, 3 de julio de 2021

UNAL Sede Orinoquia vincula a migrantes en proyecto de reciclaje

 Con el proyecto “Fronteras verdes, conciencia ambiental e inclusión social”, financiado por la Embajada de Francia y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia vincula directamente a 2.130 venezolanos (533 hogares), quienes regularmente centran sus actividades en el reciclaje, convirtiendo el material desechado en materia prima para su posterior uso.

Por medio del reciclaje, el proyecto busca recolectar 30 toneladas semanales de residuos aprovechables, los cuales generan ingresos para la población beneficiaria y se constituye así en una estrategia de economía circular, bandera de la UNAL Sede Orinoquia.

Según datos del Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PGIRS) del municipio de Arauca 2017-2028, la región genera unas 295 toneladas de residuos sólidos por semana, es decir 1.281,95 toneladas mensuales, el 73 % de las cuales corresponde a residuos orgánicos, 2,31 % a plásticos, 1,21 % a vidrio, 1,72 % a cartón y 0,10 % a aluminio, entre otros materiales.

La capacitación a la población venezolana vulnerable y el aprovechamiento de residuos sólidos representan nuevas oportunidades para los migrantes que transitan a diario por las carreteras del municipio de Arauca, lo que ayudaría a disminuir la mendicidad y la xenofobia en la región.

La iniciativa –adelantada desde el proceso misional de Extensión de la UNAL Sede Orinoquia– nació también como una forma de responder a las necesidades nutricionales y de seguridad alimentaria de los migrantes, por medio de acciones que promuevan la resiliencia, aplicando un enfoque de nexo entre el desarrollo humanitario y la paz (HDP), y contribuyendo a crear una visión a largo plazo.

Mediante este proyecto, la UNAL contribuye a mejorar la calidad de vida de familias migrantes compuestas en su mayoría por niños y adolescentes, mujeres embarazadas o lactantes, madres solteras, mujeres transgénero y población de tercera edad o con discapacidades. También se fomenta la integración socioeconómica por medio del fortalecimiento de modelos de negocio vinculados al aprovechamiento del flujo de residuos reutilizables en el departamento de Arauca.

Espacios comunitarios

Las actividades del proyecto están encaminadas a crear espacios de formación y capacitación en manejo de residuos orgánicos e inorgánicos, con los cuales los participantes producen alimentos inocuos para la seguridad alimentaria y nutricional de su comunidad. Hasta hoy se ha delimitado y están en proceso de elaboración cinco espacios comunitarios que incluyen una huerta comunitaria y un vivero de propagación de especies hortícolas, ornamentales y forestales.

También se abrirán oportunidades de capacitación en temas relacionados con emprendimiento, seguridad alimentaria y nutricional, alimentación sana y hábitos de higiene saludables, además de otros temas transversales relacionados con la ruta de atención integral para víctimas de violencia sexual basada en género (VSBG) y atención a población en condición de discapacidad, con el fin de que conozcan los derechos que los cobijan por ley.

Para lograr un mayor impacto y contribuir con la integración social, actualmente se adelanta el montaje de una planta piloto de manejo de residuos orgánicos, ubicada en un colegio del área urbana del municipio de Arauca. Esto como un escenario de aprendizaje académico que impulsa la transferencia de conocimientos.


 




martes, 29 de junio de 2021

Herramienta estima vulnerabilidad de palafitos ante sismos y tsunamis

 Este modelo computacional permitiría, por primera vez en el país, estimar la probabilidad de daño de las viviendas de madera tradicionales de Tumaco (Nariño) al ser sometidas a sismos de mediana intensidad –que se mueva el terreno– y tsunamis –la altura que alcancen las olas o la profundidad de inundación.

Para desarrollar esta herramienta en el caso del sismo se realizaron 120 simulaciones variando las respuestas del material ante distintas fuerzas, y 960 en el del tsunami, variando aspectos como la orientación de la fuerza y las propiedades mecánicas.

“El mapa de amenaza sísmica nacional establece que Tumaco se encuentra en una condición alta; la investigación determina que para aceleraciones y sismos menores a los de diseño de la norma es posible que gran parte de los palafitos colapsen; en caso de tsunami, la probabilidad de colapso también es alta si se presentan profundidades de inundación superiores a 4 m”.

Así lo explica Miguel Ángel Rivas Tabares, magíster en Ingeniería - Estructuras de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), autor de este trabajo que ha servido como insumo para que la Dirección General Marítima (Dimar) diseñe estrategias de mitigación frente a los efectos provocados por estos fenómenos naturales.

Pese a la importancia de los palafitos –o viviendas de madera– que se construyen sobre el mar, como prácticas culturales asociadas con la vida y las tradiciones de sus habitantes, se han estudiado poco para evaluar su vulnerabilidad desde el punto de vista estructural.

En ese sentido, los materiales de construcción y la ubicación inadecuada de algunas viviendas del municipio evidencian una alta fragilidad en caso de presentarse este tipo de desastres naturales.

Ensayos mecánicos

En el siglo XX Tumaco sufrió cinco tsunamis generados por sismos de magnitudes superiores a 7,9 en la escala de Richter: en 1906, 1933, 1942, 1958 y 1979. En este último año, el Gobierno registró 452 muertos, más de 1.000 heridos, 3.081 viviendas destruidas y 2.119 averiadas.

Según datos del DANE, la población actual del municipio es de 257.000 habitantes y cuenta con 13 corregimientos, 5 comunas y 13 barrios, una parte importante de ellos construidos a orillas del mar.

Por eso, el interés del ingeniero Rivas, mediante ensayos mecánicos de los materiales –en este caso maderas autóctonas de la región– y de las uniones típicas, fue analizar dicho tipo de edificaciones y evaluar su vulnerabilidad ante cargas de sismo y tsunami a través de curvas de fragilidad estructural.

“El desarrollo técnico de las curvas de daño explica cómo se podría dañar una edificación, y el desempeño estructural de la fragilidad de estas en múltiples escenarios, desde baja hasta alta intensidad”, detalla el magíster

Pruebas de resistencia

Para las pruebas de resistencia con distintas fuerzas, el investigador realizó primero una visita de campo a Tumaco con el fin de caracterizar las viviendas: cuánto miden los elementos, de qué especie son, etc. cómo son las uniones, y al mismo tiempo obtener la madera necesaria para la fase experimental.

Después realizó la caracterización mecánica de dos especies de madera y de la unión típica entre pilares y vigas, es decir se sometió el material ante distintas fuerzas y evaluó su respuesta.

Los materiales más frecuentes encontrados en la construcción de palafitos son: palma (Attalea colenda) rolliza para los pilares, chaquiro (Goupia glabra) aserrado para vigas y columnas, y paneles de nato (Mora megistosperma) o sajo. Así, obtuvo 18 muestras aserradas de chaquiro. Además se recogieron 10 muestras de palma con el apoyo de la UNAL Sede Tumaco.

Con las maderas se construyeron uniones siguiendo las prácticas constructivas de la región y se ensayaron aplicando ciclos de carga y descarga para simular el efecto del sismo hasta la falla.

El país cuenta con fuentes de información para el estudio de la amenaza en Tumaco: tres mapas vigentes de amenaza sísmica, mapas de inundación en Tumaco y Buenaventura, mapas de amenaza volcánica y mapas de amenaza por remoción en masa, estudios de amenaza por tsunami, entre otros documentos técnicos.

Ahora los resultados de la investigación del ingeniero Rivas se convierten en un insumo más para los decisores.







miércoles, 9 de junio de 2021

Agroecología, un modelo productivo y de intercambio de saberes

 Mientras los originarios del campo encuentran un espacio donde desarrollar sus proyectos productivos vinculados a su tierra y sus ancestros, a los citadinos se les abre una puerta de conocimiento hacia el campo, un lugar cercano pero a la vez muy lejano de su proyecto de vida.

Jóvenes campesinos y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira compartieron sus experiencias en el conversatorio “Juventudes en diálogo para la preservación de la agroecología”, organizado por los grupos de investigación Eficiencia Energética y Energías Alternativas (GEAL) y en Agroecología (GIA).

La minga de acción y pensamiento ha puesto frente a frente los diferentes conocimientos y saberes que los jóvenes han adquirido en diferentes espacios a lo largo de su vida, y a la vez confrontarse.

“Me pareció interesante descartar algunos mitos que hay de un lado y del otro, ver la perspectiva que tienen unos jóvenes sobre los otros. Habrá gente que está muy enfocada en la ciudad, pero si uno expande sus fronteras ve las posibilidades del campo, con otras ventajas y desventajas” señala Álvaro Londoño Moscoso, estudiante de Administración de Empresas de la UNAL Sede Palmira.

Una minga de acción y pensamiento es un espacio comunitario con dos momentos: “la minga de pensamiento es para reconocemos, pensarnos, hablar de nuestro sentir, necesidades, proyecciones, para pasar a la minga de acción que tiene que ver con la realización de trabajos específicos en el campo”, comenta Disney Rodríguez Parra, campesino productor agropecuario ecológico.

Dentro de las actividades que se realizan están: mantenimiento de cultivos, cuidado de los animales, construcción de eras y construcción de viviendas, entre otros.


De las aulas al campo

La estudiante Sofía Martínez, de Ingeniería Ambiental, señala que “para los alumnos de la UNAL Sede Palmira estos espacios son ideales para llevar todo el conocimiento aprendido en las aulas y enfrentarlo a la realidad, a las situaciones que se dan en el campo”.

El ingeniero agroindustrial Cristian Parra, estudiante de la Maestría en Ingeniería Agroindustrial, relaciona lo que sucede en el terreno con algunos conceptos teóricos aprendidos durante su formación,  “la minga de pensamiento la relaciono con la dialéctica porque en esas reuniones, al lado de una fogata, siempre existen planteamientos y se va moldeando la idea original hasta hacerla más concisa y cercana a la realidad”.

La minga de acción, en cambio, representa la inteligencia colectiva, porque cada uno va asumiendo un rol dentro de la dinámica que se está realizando, no hay un director que diga “haz esto”, cada uno asume un rol y al final todos en complemento realizan el objetivo común, sostiene.

 

Para los jóvenes campesinos también es un escenario de oportunidades, pues “nos permite llevar el joven citadino al campo y el campo a la ciudad; que el joven rural comparta los saberes que ha adquirido desde sus ancestros, desde sus abuelos, con la gente de la ciudad, y enseñe a sembrar en esos espacios donde solo se ve pavimento”, afirma Diana León Cardona indígena y campesina del pueblo Nasa.

Los invitados al conversatorio coincidieron en que una de las responsabilidades que deben asumir es visibilizar los proyectos y espacios que han tejido estos jóvenes.

Para Disney Rodríguez, este tipo de experiencias no solo les permiten asumir la responsabilidad que tienen, sino compartir sus saberes para conservar su legado.

“Nuestro papel es aprender todo ese compendio de conocimientos, de saberes tradicionales, de recetas, de formas de hacer y poder visibilizarlo, poder mostrarlo para que otros aprendan esta forma de hacer producción diferente, que es la agroecología”, comenta.

Pero para él no es solo un intercambio de saberes y conocimientos, es demostrar lo que significa ese legado. “Necesitamos empuñar el arado, seguir trabajando el campo y en la otra mano tener la bandera de la agroecología como opción de vida, conservando los recursos, preservarlos,  promoverlos, pero también preservar la vida y esos lazos de hermandad” añade.

Por último, los jóvenes consideran que estos procesos se pueden resumir en una frase: “aprender haciendo y enseñar demostrando”, y en esa filosofía sintetizan la responsabilidad que asumen de mantener viva la agroecología como forma de vida, porque para ellos es una de las maneras de impulsar el cambio de sistema que su región necesita.

Estas experiencias se dan en el marco de las Escuelas de Pensamiento Agroecológico (EPA) y proyectos como “Juventudes en diálogo para dinamizar la agroecología como estrategia de inclusión y fortalecimiento del tejido social en la ruralidad vallecaucana”, impulsados por los grupos de investigación GEAL y GIA de la UNAL Sede Palmira.






martes, 1 de junio de 2021

Sede Orinoquia apoya producción apícola en Arauca

 Siete huertas comunitarias de especies vegetales y frutales, además de seis viveros de especies forestales y de interés para la producción apícola en la región, fueron establecidos por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y la comunidad del municipio de Tame.

Este avance, que forma parte de la renovación del convenio entre la UNAL Sede Orinoquia y el WFP, beneficia a 1.350 habitantes de las veredas de Agua Blanca, El Pesebre, Malvinas, Santa Inés, Holanda y Betoyes, en el municipio de Tame.

Como se recuerda, con la dirección del Instituto de Estudios de la Orinoquia y la financiación del WFP, en 2019 se creó el primer inventario de flora de interés apícola en el territorio araucano, cuyo resultado es el libro Guía para la identificación de flora melífera del departamento de Arauca, el cual presenta las especies más representativas de la flora del piedemonte y llanura, sus épocas de floración e identificación en campo.

Las familias beneficiarias se caracterizan por ser víctimas del conflicto armado, en su mayoría desplazados de diferentes sectores del país y actualmente ubicados en la zona de amortiguación del Parque Nacional Natural El Cocuy, y con una actividad económica basada en pastos para ganadería, café, plátano y maíz. Todos son productores a pequeña escala, por lo que la producción apícola garantiza su seguridad alimentaria y nutricional.

Centro de acopio

Así mismo, el Ministerio del Trabajo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Parques Nacionales Naturales (PNN), la Agencia Promotora de Desarrollo Económico Regional (Aprodel), la Alcaldía de Tame y la Asociación Granita inauguraron el primer centro de acopio de productos apícolas, en la cual se entregaron equipos para el envasado, procesamiento y distribución de miel, contribuyendo así a la consolidación de la cadena productiva en el departamento de Arauca.

Dada su relevancia ecosistémica, desde 1959 se vienen adelantando estrategias de protección abanderadas por PNN, en las que se contempla la restricción en la producción agropecuaria intensiva, lo que ha dado lugar a la implementación de estrategias productivas que permiten una interacción recíproca entre la comunidad y el ambiente.

Dichas estrategias se desarrollan, por ejemplo, en el PNN El Cocuy, que tiene un área de 306.000 hectáreas, de las cuales el 38 % se encuentra en jurisdicción del departamento de Arauca. Esta riqueza ambiental y ecosistémica está protegida desde un gradiente altitudinal que va de los 600 a los 2.330 msnm, con ecosistemas característicos del piedemonte llanero y de bosque andino de piso cálido y templado.


Por su potencialidad estratégica, la riqueza más importante del Parque es la oferta hídrica. De la nieve se desprenden hilos de agua que conforman un gran número de lagunas de origen  glaciar, las cuales alimentan afluentes que dan lugar a la conformación de ríos de Casanare y Arauca, entre ellos el Casanare, Covaría, Cubugón, Róyota, Sínsiga, Banadía, Cusay, Cravo Norte, Tame, Negro y Cóncavo.

Como parte de estas estas estrategias se han implementado sistemas de producción apícola, y desde 2019 la UNAL –en asocio con el WFP y la asociación Granita– viene acompañando a los productores en el desarrollo de acciones que favorecen el desarrollo empresarial y la conservación ambiental de la zona del Parque.







jueves, 27 de mayo de 2021

Colombia instalaría una base temporal en la Antártida

 En agosto de 2021 se espera la entrega formal del proyecto, para que la Comisión Colombiana del Océano (CCO) –que lleva las riendas de esta iniciativa– tenga las bases para construir una estación temporal de verano en esta zona.

La Antártida, con una extensión de 14 millones de kilómetros y considerada incluso el sexto continente, es un importante regulador del clima, con una de las principales reservas de agua dulce del planeta y donde se encuentra el lugar más frío registrado en la historia.

Así lo explicó el capitán de corbeta Wilson Ríos, oficial naval de la Armada Nacional y codirector del proyecto de planeación de una base temporal colombiana en la Antártida, durante la Catedra José Celestino Mutis, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en la cual hizo un recuento de cómo ha sido el camino recorrido por Colombia para tener una base allí.

Después de los análisis realizados hasta el momento se considera que el punto ideal para la base es la zona sur de la isla Livingston, cerca de la base búlgara y una base española en la península antártica. Se espera tener una infraestructura modular con capacidad para alojar a 30 personas, soportar las condiciones extremas de temperatura –viento, nieve y radiación– y ser sustento logístico y operativo para las actividades científicas.

El oficial de la Armada recordó que durante el siglo XIX, países como Francia, Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Argentina, Chile y Reino Unido empezaron a reclamar ese lugar por el interés que había en la caza de ballenas, además de las ambiciones colonialistas y de posición estratégica.

En 1959, cuando la ONU asumió como gobierno depositario y la Antártida se declaró como territorio para la humanidad, los 12 países signatarios firmaron el Tratado Antártico que daba origen a un contexto jurídico especial, el cual prohibía reclamaciones de la zona o que se hicieran pruebas militares o nucleares allí.

Unos años después se planteó la posibilidad de explorar la Antártida con fines comerciales –Tratado de Wellington–, pero en 1990 apareció el Protocolo de Madrid, que se oponía a esa explotación y consideraba la evaluación del impacto ambiental, la conservación de fauna y flora, el tratamiento de residuos y la prevención de la contaminación marina.


Actualmente hay 36 estaciones antárticas temporales que solo se habilitan en el verano austral, a fin de año, y 40 permanentes, la mayoría en la península Antártica, que es el lugar más cercano al continente.

Colombia en la Antártida

“En este proyecto hay intereses tanto nacionales –cooperación en la investigación científica con otros Estados– como marítimos –como los estudios científicos, la proyección de poder  naval y de recursos ambientales– y de política exterior, como la visibilidad en la comunidad científica”, explica el capitán Ríos.

En los años 80 se dio el boom antártico latinoamericano y países como Brasil, Perú y Ecuador se interesaron en crear expediciones e implementar estaciones allí. En 1988 Colombia aprobó la Ley 67 que reconocía el Tratado Antártico, y en 1990 se creó la Comisión Nacional de Asuntos Antárticos, que nunca ha sesionado.

No fue sino hasta 2014 cuando el país hizo su primera expedición; en 2020 adhirió al Protocolo de Madrid, que le da voz y voto en las decisiones medioambientales antárticas, y en 2021 se completaron 7 expediciones científicas.

El programa antártico colombiano comprende cinco fases hasta 2045. Actualmente está por empezar la cuarta, que va de 2021 a 2032, con el establecimiento y funcionamiento de la estación científica permanente. Entre 2032 y 2045 se establecerán los campamentos para la llegada al polo sur geográfico.

“Hay cuatro tipos de estaciones posibles: un campamento, que se levanta para una investigación específica y puntual; un refugio, infraestructura permanente pero no habitada que se puede usar si es necesario; una base temporal, infraestructura permanente que solo está habitada en el verano austral –entre octubre y marzo del siguiente año– y una base permanente que esta tripulada todo el año”, indica el capitán de la Armada.

Advierte además que “al estar comprobado que en la Antártida hay recursos no renovables en importantes cantidades y el 70 % del agua dulce del planeta, sería clave ser miembro consultivo del Protocolo de Madrid –que toma las decisiones– e instalar una base permanente es un paso importante para lograrlo, aunque para ello se deben integrar empresas. No puede ser solo iniciativa del Estado o de las instituciones de educación superior”.








viernes, 21 de mayo de 2021

Ansiedad requiere manejo nutricional

 Este trastorno, que a raíz de la pandemia se ha incrementado, podría responder a estrés postraumático o depresión, y uno de sus síntomas es un des balance en la relación con la comida, por eso es clave la atención profesional en este aspecto.

La primera recomendación cuando se diagnostica esta condición es que antes de ir a hacer las compras al supermercado el paciente haya comido, pues suele pasar que tenga hambre y termine comprando cosas que no necesitaba, o todo menos una dieta balanceada.

Otra recomendación es que el profesional analice si a la persona le faltan algunos nutrientes clave como ácido fólico, biotina, complejo B, omega y magnesio, entre otros, ya que una deficiencia nutricional afectaría los síntomas de la ansiedad y tienen un impacto en el cerebro.

La ansiedad es un estado psicológico, físico y conductual que se produce ante una amenaza o preocupación del futuro. Hasta cierto punto se considera una respuesta normal ante el peligro, lo que permite sobrellevar eventos adversos, pero cuando sobrepasa lo “normal” se debe tener cuidado.

En la charla “Manejo nutricional en pacientes con trastornos por ansiedad” del programa #SaludUNALContigo, iniciativa de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), el nutriólogo y psicólogo Edwin Albores, magíster en Nutrición Clínica y Terapia Familiar, explicó que es muy distinto el eustrés (estrés beneficioso), que es motivador, el distrés, que provoca un efecto de bienestar individual, y el estrés crónico y psicosocial, que por el ritmo de vida puede desencadenar comorbilidades.

“Algunos efectos de la ansiedad pueden ser el aumento de la activación simpática del eje neural, se dilatan las pupilas y los bronquios, hay glucogénesis en el hígado y aumenta la presión arterial”, explica el especialista.

Hay varios tipos de trastornos de ansiedad, como el trastorno por separación, por mutismo selectivo, fobia específica, fobia social, pánico, agorafobia, ansiedad generalizada, inducida por medicamentos o por afecciones médicas. Cada una de esas categorías tiene criterios específicos y solo un especialista en psicología clínica o psiquiatría puede diagnosticarlas.

Manejo nutricional

El nutricionista cuenta que algunas de sus estrategias para que la persona no tenga resistencia al cambio, o evite el sabotaje de amigos o familiares, que puede ser inconsciente, es el uso de reforzadores, como calendarios, hojas de metas, dibujos y objetivos. Allí se ponen mensajes en lugares visibles para que las personas los vean constantemente, o aplicaciones que recuerden cuándo comer o tomar agua.

“Otra técnica es la de disco rayado: repetirse una y otra vez una frase u objetivo. Para una persona con ansiedad que empieza a sentir la necesidad de abrir la nevera o la alacena lo mejor es cambiar de actividad o salir de casa por un momento, o usar distractores como juegos de mesa, hacer listas de tareas e incluso mindfulness nutricional y técnicas de relajación, estrategias cognitivo-conductuales que redirigen el pensamiento”, recalca el psicólogo.

Una de las fases del tratamiento es la precontemplación, o darle información al paciente para ayudarlo a hacer la asociación entre los alimentos y los sentimientos. Luego, en la fase de contemplación, se usa material de ayuda como rompecabezas y juegos de mesa para que la persona tenga educación nutricional; la última es la preparación, que tiene que ver con la personalidad del paciente, sus gustos o sus hábitos nutricionales.

Alimentos para el cerebro

“Algunos de los alimentos que recomiendo para el cerebro incluyen nueces, menta, fresas, moras, espárragos, chocolate oscuro, salmón, espinacas, banano y aceite de oliva en ensaladas”, explica el nutricionista, y agrega que, por el contrario, se deben evitar las bebidas alcohólicas, alimentos con alto contenido de almidón, alto contenido de endulzantes, colorantes o comidas rápidas.

Es clave conocer el paladar de la persona, si es más orientado a lo salado o a lo dulce, eso es importante porque si se hace una dieta muy rígida, siguiendo patrones ya estandarizados sin tener en cuenta al paciente, lo que se consigue es que este no adhiera al plan nutricional, por lo que debe haber cierta flexibilidad.

La última recomendación es trabajar con la familia y la red de apoyo para que todo el sistema tenga educación nutricional de manera que no lo saboteen, es decir, que un familiar o amigo le incite a consumir más alimento, pues la clave es una atención integral.








 





 









miércoles, 19 de mayo de 2021

Mercados campesinos y otras redes, proveedores en la crisis

 Situaciones como la pandemia y el paro nacional, que afectan a Colombia en estos momentos, han impulsado a los campesinos a asumir –en parte– la responsabilidad de generar soluciones encaminadas a controlar el desabastecimiento de alimentos que suele presentarse en medio de estas crisis.

Organizaciones campesinas como la Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca (Redmac) o el Mercado Agroecológico de Cali (Asoproorgánicos) han mantenido el flujo de sus productos mediante diferentes estrategias que les permiten mantener la soberanía alimentaria de sus miembros y el flujo de alimentos en la región y parte del país.

Este tipo de iniciativas, que también se han promovido dentro de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, ha permitido que el mercado agroecológico que se realizaba en la Institución cada 15 días se siga manteniendo a pesar de la pandemia.

Una de las primeras decisiones que tomaron dichas organizaciones fue mantener en funcionamiento los mercados agroecológicos campesinos de sus regiones, pero no solo como el lugar que provee alimentos de calidad, sino como la primera línea de abastecimiento en medio de la delicada situación que vive el país. Para eso adoptaron protocolos de bioseguridad y consiguieron salvoconductos con las autoridades locales para mantenerse abiertos y seguir abasteciendo a los consumidores.

“Cuando empezó la cuarentena estricta en Cali decidimos, como grupo, buscar las dinámicas para llegar a la ciudad, y por fortuna se dieron con algunos apoyos de la Secretaría de Desarrollo Económico. El mercado de Cali nunca dejó de funcionar; en algunos momentos por disposición de la Alcaldía tuvimos que trasladar el día del mercado, pero siempre funcionamos”, señala Ana Franco Avellaneda, integrante de la Junta Directiva de Asoproorganicos, campesina agroecológica y panadera artesanal. 

Dentro de sus territorios han revivido los trueques como mecanismo alternativo económico para las comunidades rurales. Esta dinámica tomó un papel protagónico en medio de la pandemia, porque les garantiza a los campesinos la soberanía alimentaria en sus casas, en sus fincas, con sus familias y también con sus vecinos.

Por otro lado, y después de establecer unas cadenas de servicio a domicilio (que han generado empleo para algunas personas), se han establecido otras alternativas como las canastas solidarias y las canastas agroecológicas que permiten seguir haciendo presencia en las ciudades. Las primeras consisten en provisiones de diferentes productos alimenticios que se entregan en lugares y a personas en estado de vulnerabilidad, y las segundas son las entregas a domicilio que hacen los mercados campesinos por encargo expreso del consumidor.

Canastas agroecológicas en la UNAL

En la UNAL Sede Palmira, la estudiante Elsa María Guetocue, del Grupo de Investigación en Agroecología, como consumidora, como madre de familia y como futura ingeniera agrónoma, se apersonó del mercado agroecológico que se hacía en la Sede para que este perseverara.

Ella se empoderó de la propuesta, y con otros estudiantes de la Universidad mantienen las canastas agroecológicas. Así, “Elsa María recibe los productos, arma las canastas, la gente pide los domicilios y se le llevan”, comenta el profesor Diego Iván Ángel, de la UNAL Sede Palmira, doctor en Agroecología y consumidor de productos agroecológicos.

Los mercados campesinos aprovecharon la cercanía con sus “amigos consumidores” –como ellos los llaman– para generar cadenas de abastecimiento entre los mismos consumidores, y así se genera una dinámica de domicilio muy útil en tiempos o situaciones de movilidad restringida o controlada. Un consumidor adquiere los productos en el mercado y los distribuye entre vecinos y amigos.

Una de las características más destacables de estos mercados es la relación productor-consumidor: “como productores, ellos han asumido el importante papel de educar al consumidor, saber qué es lo que estamos consumiendo, por qué es importante consumirlo, y no solo desde el punto de vista alimenticio sino desde la soberanía alimentaria, saber el recorrido que tiene lo que llega a nuestra mesa desde que se siembra hasta que lo compramos, ya sea fresco o procesado”, afirma el doctor Ángel.

Agrega que “el mercado no es un espacio en el que solo se vaya a comprar, es un lugar de intercambio de saberes, donde se encuentra con un amigo productor al que se le pregunta por sus hijos y con el que se puede conversar, generando una relación de amistad que convierte a los consumidores en un importante apoyo para los mercados agroecológicos”.







viernes, 9 de abril de 2021

La Alianza de Bioversity International y el CIAT se une a red colombiana para monitorear la evolución del virus que causa la enfermedad COVID-19

 La tecnología esencial utilizada para monitorear la evolución de virus en plantas es la misma que ayuda a monitorear el virus humano. El laboratorio de virología y protección de cultivos de la Alianza en Palmira, Valle, es pionero en el uso de tecnologías de secuenciación portátiles para la “vigilancia genómica”. Palmira, abril 6 de 2021.


En 2016, los cultivos de yuca en el sudeste asiático comenzaron a decaer debido a un agente desconocido. Los agricultores que esperaban cosechar las habituales raíces grandes de esta planta, consiguieron extraer tan solo trozos de este cultivo básico. Los investigadores determinaron que un virus causante de la enfermedad del mosaico de la yuca (CMD) en el sur de la India, había emergido en el sudeste de Asia, había enfermado a las plantas y se había propagado en los campos locales y a través de las fronteras nacionales.

 Esto ocasionó millones de dólares en pérdidas en tanto que autoridades y expertos se reunieron para mitigar la propagación y hallar una cura. Si bien la escala de pérdidas humanas y las repercusiones económicas de la pandemia por COVID-19 son mucho mayores que los daños causados por CMD, los virus de las plantas pueden ser devastadores para los agricultores de bajos recursos debido a lo duradero de su impacto negativo en sus medios de vida y economías. Sin embargo, la virología subyacente es la misma. Cuando emerge un virus, los científicos se apresuran a monitorear su propagación y genética, de forma que las nuevas variantes puedan ser identificadas con prontitud y sea posible implementar respuestas rápidas.

 Para que esto suceda con eficiencia, se deben implementar nuevas tecnologías, hacerlas ampliamente disponibles, y lo más importante, se requiere la disponibilidad de personal calificado.

Cuando CMD apareció en el sudeste asiático, la Alianza de Bioversity International y el CIAT invirtió en la tecnología y conocimiento necesarios para monitorear la enfermedad y la genética del virus causante, procedimiento que los científicos denominan “vigilancia genómica”. El laboratorio de virología de la Alianza en Colombia es pionero en el uso de tecnologías de secuenciación portátiles (Oxford Nanopore Technologies), para este propósito. 

Esas mismas capacidades están ahora contribuyendo a monitorear la variación genética del SARS-CoV-2, virus que causa el COVID-19, en colaboración con autoridades nacionales de salud y otros 17 laboratorios en Colombia. “Cuando se realiza el diagnóstico de un virus, ya sea en humanos, plantas o animales, los retos y la tecnología necesarios son los mismos,” comentó Wilmer Cuéllar, quien lidera el Grupo de Virología y Protección de Cultivos en la sede regional de las Américas de la Alianza, ubicada en Palmira, Colombia. 

“La información contenida en la secuencia genética de los virus es un recurso invaluable para mejorar el  diagnóstico de enfermedades, la evaluación de nuevos tratamientos y la implementación oportuna de las labores de control a medida que aparecen nuevas variantes genéticas del virus”. Dentro del acuerdo de colaboración, el Instituto Nacional de Salud de Colombia (INS) envía muestras de virus SARS-CoV-2 al laboratorio de la Alianza para su secuenciación.

 Los resultados son transmitidos después al INS por los laboratorios pertenecientes a la red. El INS es el único  responsable de publicar la detección de nuevas variantes genéticas del virus u otra información relevante detectada por el laboratorio de Palmira y los otros laboratorios nacionales de la red. Esta labor es financiada por el INS. 

No es la primera vez que la Alianza colabora con la estrategia de Colombia para responder a la pandemia. En agosto pasado, Cuéllar y sus colegas secuenciaron el primer caso aislado de SARS-CoV-2 de Cali utilizando esta tecnología.

 En el pasado mes de febrero, la Alianza acordó prestar ultracongeladores a las autoridades de salud pública para asistir en la distribución de vacunas contra el coronavirus, las cuales requieren temperaturas extremadamente frías para su transporte y almacenamiento. 

Entrenamiento de nuevos expertos en secuenciación de virus Parte del rol de la Alianza es asistir en el entrenamiento de expertos en técnicas de secuenciación para el estudio de virus.

 Hasta la fecha, el equipo de Cuéllar ha colaborado en talleres de tecnologías de secuenciación portátiles con investigadores de la Universidad del Valle, la sede Palmira de la Universidad Nacional y la Universidad ICESI, universidades que sirven principalmente al suroccidente de Colombia. “La colaboración ha sido una oportunidad para que la Alianza ayude a fortalecer las capacidades en virología para el diagnóstico molecular y la respuesta rápida en el país,” añadió Cuéllar. “Este desarrollo de capacidades tendrá impactos positivos hasta mucho después de que la pandemia desaparezca”.

 

jueves, 8 de abril de 2021

Retos para la agricultura familiar en el contexto del covid -19:

¿Sigue afectando la pandemia del COVID-19 a nuestros campesinos?

Ya ha pasado un año desde que se reportó el primer caso de Covid-19 en América Latina y el Caribe (ALC). Desde entonces, la región ha sido una de las más gravemente afectadas del mundo, con más de 70 millones de casos reportados y más de 1,5 millones de decesos.

Además de la preocupante situación de contagios y decesos, la pandemia ha generado una crisis de hambre. La mayoría de los países de América Latina y el Caribe han percibido retrocesos importantes en temas de seguridad alimentaria debido a una caída en los ingresos y remesas, así como al incremento en los precios de los alimentos.


En junio de 2020, presentamos los resultados de un estudio que, a través de entrevistas telefónicas a una muestra de 105 pequeños y medianos productores agropecuarios de la región, analizó los efectos inmediatos de la crisis del Covid-19 para la agricultura familiar. Este estudio reveló que las principales consecuencias de la pandemia en el corto plazo incluyeron una disminución de las ventas, principalmente debido a dificultades en el transporte de la producción, y una caída en la demanda. Además, se encontraron obstáculos en la obtención de insumos y mano de obra, y restricciones de liquidez causadas por la caída de los precios y la demanda. En suma, este estudio mostraba efectos preocupantes, que podían afectar la continuidad de la producción agrícola y, como consecuencia, empujar a la pobreza a los productores más vulnerables.

Si bien este primer estudio nos permitió entender los efectos inmediatos de la pandemia, la crisis de salud pública y económica en la región continuó por varios meses más. Por tanto, resultaba importante saber si los graves efectos observados durante los primeros tres meses de la pandemia continuaban, y así entender si la situación había mejorado.

A fin de arrojar luz sobre estas preguntas, se realizó el estudio: Retos para la agricultura familiar en el contexto del COVID-19: Seguimiento tras 6 meses de crisis. Entre agosto y noviembre de 2020, dimos seguimiento a la misma muestra de productores de Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y República Dominicana (aproximadamente 15 productores de cada país), para explorar los efectos de la pandemia 6 meses después. Este estudio, por tanto, corresponde a la Fase 2 del estudio anterior.

En general, los resultados del segundo estudio muestran que los problemas encontrados en la Fase 1 persisten y que, en su mayoría, se han acentuado. Específicamente, en la Fase 2, los productores indicaron haber tenido mayores problemas en obtener insumos y conseguir mano de obra, y una mayor proporción de productores manifestó haber enfrentado mayores precios en los insumos. Como consecuencia, los problemas de liquidez observados en la Fase 1 desmejoraron. De hecho, mientras que un 69.5% indicó haber tenido que utilizar ahorros, vender activos o solicitar un préstamo para afrontar la crisis durante la Fase 1, en la Fase 2 esta proporción aumentó a un 82%. Adicionalmente, un 84% de los productores mencionó que sus ingresos se vieron afectados durante la Fase 2.

Esta reducción importante de la liquidez y los ingresos podría afectar la continuidad de la producción y de esta manera agravar la situación de inseguridad alimentaria en el mediano y  largo plazo. De hecho, los resultados de la Fase 2 indican que un 39% de productores encuestados consideró que los ingresos del hogar no son suficientes para la compra de alimentos en el hogar, y el 64.9% de los hogares se encontró en algún estado de inseguridad alimentaria (i.e. leve, moderada o severa). Dado que sabemos que la crisis afecta la producción y los ingresos de estos agricultores, la prolongación de esta misma crisis podría agravar la situación de inseguridad alimentaria aún más.

Fuente: Retos para la agricultura familiar en el contexto del CVID-19: Seguimiento tras 6 meses de crisis

En resumen, nuestros resultados apuntan a que, después de 6 meses de crisis, la pandemia ha afectado de forma crítica la producción agrícola de los pequeños agricultores, convirtiéndose en un ciclo vicioso de baja producción, bajos ingresos y alta inseguridad alimentaria. Los pequeños productores agrícolas se encuentran hoy en una posición más difícil que al comienzo de la pandemia y, dadas las tendencias observadas entre las dos fases de la encuesta, es probable que los múltiples retos identificados sigan afectando la dinámica del sector y la seguridad alimentaria de esta población en el largo plazo.

Para impedir que esto suceda, es necesario realizar mayores esfuerzos con políticas públicas encaminadas a reducir los problemas de liquidez y mejorar la seguridad alimentaria de los campesinos. En el futuro, durante una eventual fase de recuperación de la crisis, jugarán un papel importante aquellas políticas que provean apoyo a los grupos más vulnerables y que aseguren una producción constante de alimentos para los mercados locales, evitando así un posible quiebre de la producción agrícola y ayudándolos a superar la inseguridad alimentaria.