lunes, 9 de junio de 2025

La CVC y las comunidades de Punta Bonita y el río Naya se alistan para resguardar a estos reptiles en sus playas, con el acompañamiento técnico de la WCS.

 En un esfuerzo coordinado para proteger a una de las especies más emblemáticas del Pacífico colombiano, la CVC, con el apoyo técnico de la Wildlife Conservation Society (WCS), llevó a cabo una serie de acciones preparatorias antes de la temporada de anidación de tortugas marinas en zonas estratégicas como Isla Ají, bajo la jurisdicción del Consejo Comunitario del río Naya, y Punta Bonita, en el Consejo Comunitario del río Cajambre.

Las actividades incluyeron capacitaciones, sectorización de playas y socialización del protocolo de monitoreo comunitario, con el objetivo de reforzar la protección de los ecosistemas marino-costeros y fomentar la participación comunitaria en la conservación de estas especies en peligro.

 El protocolo de monitoreo comunitario es un instrumento relevante que permitirá a los grupos de caminantes realizar un seguimiento ordenado y estandarizado de los nidos y del comportamiento de las tortugas en playas claves como Ajicito (DRMI Isla Ají) y El Bajo (en el río Cajambre).

Durante las jornadas, se realizaron ejercicios de sectorización de las playas para identificar zonas críticas de riesgo para los nidos, así como áreas seguras para su posible reubicación, en caso de amenazas como la marea alta, erosión o presencia de depredadores. También se abordaron temas como la pesca incidental —una de las principales amenazas para las tortugas— y el uso de herramientas tecnológicas como GPS y aplicaciones móviles para sistematizar los datos de monitoreo en tiempo real.

“Estas acciones no solo mejoran nuestras capacidades técnicas como autoridad ambiental, sino que fortalecen el compromiso y el conocimiento de las comunidades afrodescendientes que tradicionalmente han convivido con estas especies. El monitoreo participativo nos permite generar alertas tempranas y tomar decisiones informadas para proteger a las tortugas marinas en sus sitios de anidación”, afirmó Maryory Márquez, funcionaria del Grupo de Biodiversidad de la CVC.

Desde la comunidad de Punta Bonita, los líderes del Consejo comunitario del río Cajambre valoraron el acompañamiento técnico de la Corporación. “Nosotras, como comunidad, llevamos años viendo cómo llegan las tortugas a nuestras playas. Este año, con el apoyo de la CVC y WCS, entendemos mejor cómo protegerlas, cómo actuar si el nido está en peligro y cómo enseñar a los niños y jóvenes que estas tortugas son parte de nuestra historia. Es una tarea que hacemos con amor y compromiso”, explicó Tania Lucia Diaz, integrante de la Asociación Guardianes del Manglar de Punta Bonita.

 La experiencia de la CVC demuestra que el trabajo conjunto entre instituciones y comunidades puede generar impactos positivos reales en la conservación de especies amenazadas. Con estas acciones preventivas, se espera reducir significativamente la pérdida de nidos y aumentar el número de crías lleguen al mar.




 



jueves, 5 de junio de 2025

Educación, ciencia y bienestar: balance del primer año de gestión en la UNAL Sede Orinoquia

 Con el fortalecimiento del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) y del Programa de Admisión Especial con Enfoque Territorial (PAET), el desarrollo de alianzas interinstitucionales, la proyección del conocimiento a través de la extensión social y científica, y la consolidación de una estrategia digital con enfoque territorial, la Sede Orinoquia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) avanza en su compromiso de ampliar el acceso a la educación superior en los Llanos Orientales

Durante el último año, la Sede Orinoquia consolidó su apuesta por una educación superior con arraigo territorial, beneficiando –por medio del Peama y del PAET– a 275 estudiantes mediante rutas de ingreso y permanencia que reducen las barreras geográficas y económicas.

Esta apuesta se sustenta en una trayectoria de casi tres décadas. La UNAL Sede Orinoquia se creó el 23 de mayo de 1996, y en 2007 implementó el Peama, pionero en facilitar el acceso a la educación superior en zonas de frontera. Desde entonces se han ofrecido más de 80 programas de pregrado bajo esta modalidad, replicada luego en otras Sedes. En 2024, como parte de una nueva etapa, se inició la oferta de programas completos de pregrado a través del PAET, una respuesta histórica a las demandas de actores sociales de la región.

La profesora Mary Cecilia Montaño Castañeda, directora de la Sede, destacó que el PAET les permite a los estudiantes cursar sus carreras completas en la región. Gracias a lo cual ya se implementaron los programas de Enfermería, Trabajo Social, Lingüística, Ingeniería Industrial y Ciencias de la Computación, en articulación con las Sedes Bogotá, Medellín y Manizales, y en alianza con instituciones de salud locales como el Hospital San Vicente de Paúl y la ESE Moreno y Clavijo.

Además, avanza en el fortalecimiento del Peama y en la apertura de programas académicos completos que respondan a las necesidades del territorio y contribuyan al desarrollo regional.

Extensión universitaria que transforma comunidades

La función misional de extensión en la Sede Orinoquia se ha consolidado como una herramienta para fortalecer capacidades locales en comunidades rurales, campesinas e indígenas de la región. En 2024 participaron más de 150 personas en actividades formativas lideradas por la Universidad.

Según Jetson Nulfran Mojica Vargas, profesional de apoyo del Área de Extensión, una de las iniciativas destacadas fue el taller teórico-práctico sobre inocuidad y valor agregado en productos lácteos, realizado en el SENA Regional Saravena. Esta capacitación benefició a 25 productores del piedemonte araucano y a mujeres indígenas uw’a del municipio de Toledo (Norte de Santander).


Otra acción relevante fue el fortalecimiento del pensamiento científico en la infancia, mediante cursos de electrónica dirigidos a estudiantes de quinto de primaria en Inírida (Guainía) y Puerto Carreño (Vichada), y posteriormente en el municipio de Arauca. Allí los menores participaron en talleres de electrónica básica, recorrieron las instalaciones de la Sede Orinoquia y visitaron las colecciones biológicas y los procesos productivos de la Granja Experimental El Cairo.

Ambas experiencias recibieron una alta valoración por parte de las comunidades y lograron amplia visibilidad en medios de comunicación locales y redes institucionales.

Semilleros, biodiversidad y arte: investigación con identidad territorial

En 2024 la Sede Orinoquia promovió la iniciación temprana en investigación, creación e innovación a través de semilleros que vincularon a 24 estudiantes de pregrado y posgrado. Esta estrategia busca fortalecer las capacidades científicas, artísticas y de innovación en las comunidades del área de influencia, mediante el intercambio de saberes y el trabajo interdisciplinario.

Luis Torres, profesional de apoyo del Área de Investigación, destacó la realización del evento “A cien años de La vorágine”, que promovió la lectura crítica y el análisis interdisciplinar de la obra cumbre de José Eustasio Rivera. La actividad propició espacios de creación, exploración artística y lectura dialógica en contextos educativos.

En el ámbito científico se avanzó en la documentación de la biodiversidad regional con el registro de 4.312 morfoespecies de plantas e insectos de la Orinoquia, a través de las Colecciones Entomológicas y del Herbario Orinocense Colombiano, creado en 2012, adscrito al Instituto de Estudios de la Orinoquia y enfocado en inventariar y documentar la flora de los departamentos de Arauca y Casanare.

Más apoyos para el bienestar y la permanencia estudiantil

En este primer año de gestión rectoral la Sede Orinoquia fortaleció sus estrategias de Bienestar Universitario, con acciones orientadas al acompañamiento integral de los estudiantes y al equilibrio entre formación académica, vida personal y participación en actividades culturales y deportivas.

Julieth Pinzón, profesional de apoyo del área de Bienestar Universitario, explicó que los estudiantes participaron activamente en la planeación de actividades, y que se ampliaron significativamente los cupos para alimentación, transporte y alojamiento en el PAET y el Peama: 192 estudiantes accedieron a apoyo alimentario, 221 a transporte, y 46 a hospedaje.

Además se consolidaron iniciativas en cultura, deporte, prevención de violencias de género y atención psicosocial a estudiantes en situación de riesgo, pilares del fortalecimiento institucional del bienestar en la Sede.

Visibilidad institucional con enfoque pedagógico y territorial

La Sede también consolidó su estrategia de comunicación digital con contenidos pedagógicos, informativos y culturales que fortalecen el vínculo con la comunidad académica y con el territorio. Las redes sociales institucionales y los medios de comunicación aliados –particularmente la Agencia de Noticias UNAL y Periódico UNAL– se convirtieron en plataformas fundamentales para destacar el quehacer académico, científico y cultural de la Sede.


Con estas acciones, la UNAL Sede Orinoquia reafirma su compromiso con el país y con las regiones, consolidándose como un actor fundamental en la construcción colectiva de conocimiento, la transformación territorial y el fortalecimiento de la educación superior con sentido público, crítico y diverso. En un contexto marcado por desafíos sociales, ambientales y económicos, la presencia activa de la Institución en la región contribuye a cerrar brechas históricas y a impulsar procesos de desarrollo basados en el diálogo de saberes, la ciencia y el vínculo con las comunidades.










miércoles, 4 de junio de 2025

Proteger las aves playeras es proteger la vida en Tumaco

 La pérdida de hábitat por urbanización costera, la contaminación por residuos sólidos y las alteraciones de los flujos de agua dulce son algunas de las principales amenazas que enfrentan las aves playeras en Tumaco, en el Pacífico colombiano. Así lo explicó el experto ambiental Vinicio Góngora Fuenmayor durante la charla “Aves playeras y estrategias para su conservación en Tumaco”, organizada por el Sistema de Gestión Ambiental (SGA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) como parte del Evento Ambiental 2025.

Durante el encuentro, transmitido por YouTube y liderado por la UNAL Sede Tumaco, el investigador destacó que este grupo de aves incluye especies migratorias como el playero semipalmeado (Calidris pusilla), que cumple funciones esenciales en los ecosistemas costeros como el control de insectos y la dispersión de semillas. “Son bioindicadores del estado ecológico del litoral. Su declive es una señal de alerta sobre la salud del ecosistema”.

“Además su papel ecológico se extiende al equilibrio de humedales y zonas intermareales: controlan poblaciones de gusanos arenícolas e insectos, lo que evita desequilibrios que podrían afectar incluso la salud humana”, señaló el experto.

También presentó un análisis detallado de las presiones que están reduciendo la presencia de estas aves en playas, estuarios y manglares. Entre ellas mencionó la ocupación desordenada del borde costero, el vertimiento de aguas residuales sin tratamiento y el uso no planificado de playas para actividades turísticas o comerciales.

A esto se suman amenazas como la cacería furtiva, el uso de herbicidas en camaroneras y el abandono de piscinas acuícolas, que deterioran el hábitat de especies fundamentales. Entre otros factores que también afectan la permanencia de estas aves está la presencia de perros ferales —caninos que viven en estado salvaje, organizados en jaurías y que suelen perseguir o atacar a las aves—, la contaminación con residuos sólidos, el ruido y tránsito de motos en la playa, y la depredación por halcones o serpientes.

Estrategias que nacen en el territorio

Frente a este panorama, el experto propuso fortalecer el trabajo comunitario como vía para la conservación. “Las estrategias de protección deben surgir con y para la comunidad. Necesitamos construir capacidades locales que permitan la apropiación del conocimiento sobre las aves y su entorno”, indicó Góngora, uno de los creadores de la Fundación para la Conservación de la Biodiversidad (Guandal) - Tumaco Birding. En ese sentido, resaltó experiencias exitosas de monitoreo participativo y educación ambiental con niños, jóvenes y líderes locales en Tumaco.


Desde la Fundación, creada en 2018, se han desarrollado iniciativas como festivales comunitarios de aves y ballenas, distribución gratuita de calendarios ilustrativos con nombres locales y científicos, exposiciones fotográficas y talleres escolares. También se han llevado a cabo más de 38.000 registros de aves en cinco años, identificando 28 especies, muchas de ellas migratorias. Estos datos se han integrado a bases de datos científicas nacionales e internacionales.

Igualmente hizo énfasis en el valor cultural que algunas de estas aves tienen para las comunidades locales. Por ejemplo, la cachimbuja (Numenius phaeopus) es utilizada por las piangüeras como señal auditiva de que la marea sube, permitiéndoles saber cuándo deben regresar del manglar. Otras, como el meniaculito, son reconocidas por sus movimientos característicos y se integran al saber popular.

Respecto al cambio climático, alertó que “algunas especies están adelantando su llegada migratoria a Tumaco, lo que estaría asociado con alteraciones en sus ciclos reproductivos en el hemisferio norte. Aunque aún no hay estudios concluyentes, esta es una línea de investigación urgente”.

También compartió hallazgos sobre especies migratorias que, de forma inusual, han comenzado a reproducirse en playas de Tumaco, como el chorlito (Anarhynchus wilsonia), a pesar de las perturbaciones humanas. Esta ave ha desarrollado una estrategia reproductiva escalonada que le permite anidar dos veces por temporada, lo que aumenta sus posibilidades de éxito.

Así mismo planteó la necesidad de integrar estos esfuerzos con políticas públicas y ordenamiento territorial, subrayando que “las soluciones deben ser interinstitucionales, pero con el corazón puesto en la comunidad”.

La charla se inscribe en una serie de encuentros virtuales que buscan sensibilizar sobre los retos ambientales más urgentes en los territorios colombianos, en el marco del Evento Ambiental 2025 de la UNAL.






viernes, 30 de mayo de 2025

Turismo rural en Ricaurte enfrenta el reto de reconectar al visitante con el territorio

 En esta región de Boyacá donde el turismo crece como motor económico, pero también como amenaza al equilibrio ambiental, una investigación analizó 10 alojamientos rurales en los municipios de Villa de Leyva, Arcabuco y Gachantivá, para entender cómo la arquitectura puede transformar la forma en que nos relacionamos con la naturaleza. El estudio plantea que los materiales, las formas y los modos de habitar definen si el turismo reproduce la desconexión con el entorno o se convierte en un espacio de reencuentro, aprendizaje y cuidado ambiental.

En los últimos años, los municipios de la provincia de Ricaurte han vivido un auge del turismo de naturaleza y rural, alentado por su cercanía con Bogotá, sus paisajes montañosos y su arquitectura patrimonial. Por ejemplo Villa de Leyva recibe más de 700.000 visitantes al año y hoy es uno de los destinos más concurridos del país. Según el DANE, en 2023 el turismo aportó el 2,5 % del PIB nacional y crece en promedio un 11 % anual.

Aunque esta actividad ha dinamizado la economía local, también ha generado impactos ambientales y sociales: aumento en la demanda de servicios, presión sobre el suelo rural, cambios en las dinámicas de uso del territorio y proliferación de alojamientos que privilegian el confort del visitante sobre el equilibrio con el entorno. Este panorama ha hecho urgente pensar cómo se diseña, se construye y se habita en contextos rurales atravesados por el turismo.

La pregunta por cómo el turismo transforma la relación entre el ser humano y la naturaleza llevó a Ingrid Gigliola Aragón Gordillo, magíster en Medioambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a indagar en la arquitectura como forma de mediación. Lejos de concebir los alojamientos rurales solo como espacios de descanso o consumo, el estudio plantea que también pueden ser experiencias pedagógicas y éticas.

“Me interesaba comprender si la arquitectura podía propiciar formas de reencuentro, cuidado y comprensión del entorno, especialmente en un contexto como el de Ricaurte, donde el turismo crece sin una mirada crítica”, explica la arquitecta.

Su enfoque se nutre de una lectura sensible del habitar rural, para proponer lo que ella denomina como “habitar del reencuentro”, una forma de ocupación del espacio que cultiva vínculos con el territorio.

Un recorrido por 10 alojamientos rurales

La investigación se desarrolló a partir del análisis de 10 alojamientos turísticos de Villa de Leyva, Arcabuco y Gachantivá. A través de visitas de campo, entrevistas, bitácoras, fotografías y planos, la autora construyó una lectura crítica del papel que cumple la arquitectura en cada lugar.

La selección de casos incluyó desde casas campesinas adaptadas para recibir visitantes hasta construcciones modernas con estética de glamping. Algunos de estos espacios se integran al  paisaje a través del uso de materiales como guadua, bareque, tierra cruda y madera local; otros privilegian estructuras prefabricadas que se imponen sobre el entorno.

Cada sitio fue interpretado no solo desde su forma física sino también desde las experiencias que propone al habitante, su relación con el paisaje y los modos de interacción que promueve. El análisis se organizó a partir de tres categorías: arquitectura que cuida (cuando promueve la conexión con la naturaleza y el arraigo territorial), arquitectura que enseña (cuando facilita procesos de aprendizaje o reflexión) y arquitectura que separa (cuando reproduce lógicas de consumo o aislamiento del entorno).

Lo que revela la forma de habitar

Según la investigación, las formas en que se diseñan y habitan los alojamientos turísticos reflejan tres grandes lógicas. La primera es la arquitectura que cuida, presente en proyectos que se integran al paisaje, reutilizan materiales locales y fomentan el arraigo con el territorio. Estas construcciones, muchas veces de origen campesino, conservan la escala humana, respetan los ritmos del entorno y evocan memorias vivas de habitar. “En algunas casas se puede vivir en primera persona la vida diaria de un campesino boyacense ya sea haciendo las arepas del desayuno, cocinando con leña o aprendiendo en un taller sobre tejidos de lana; esa arquitectura contiene una historia que se vuelve experiencia”, cuenta la magíster.

En contraste, la arquitectura que separa es aquella que convierte la naturaleza en fondo de pantalla: estructuras vistosas, muchas veces prefabricadas o tipo glamping, que aíslan al visitante en una burbuja de confort sin contacto real con el territorio.

“Se romantiza el estar en medio de la montaña, pero se vive desde un spa climatizado que evita la incomodidad del entorno. No hay una relación viva, solo consumo del paisaje”, afirma. Muchos de estos alojamientos replican una arquitectura genérica, sin conexión con el lugar, diseñada más para las redes sociales que para el entorno.

La tercera categoría, la arquitectura que enseña, aparece cuando el alojamiento propicia experiencias que invitan a comprender el entorno. Puede ser desde un fogón comunitario hasta una pared de tierra cruda que muestra las capas del terreno. “Hay arquitecturas que son pedagógicas, que nos hacen detenernos, preguntar, entender cómo fue hecha esa casa y por qué está ahí”, señala.

Cuando la arquitectura también educa

Más allá del análisis de los casos, la investigación propone una forma distinta de entender el turismo rural: no como simple desplazamiento hacia la naturaleza, sino como oportunidad de transformación del vínculo con ella. En este sentido, el diseño arquitectónico no es neutro: puede ser herramienta pedagógica, medio de comunicación ambiental, o, por el contrario, mecanismo de ruptura. “Si el turista no entiende dónde está ni por qué esa casa es así, se pierde una oportunidad valiosa para generar conciencia”, sostiene la autora.

El estudio plantea que arquitectos, operadores turísticos y decisores deben asumir su responsabilidad en la construcción de estos escenarios. Pensar en escalas adecuadas, materiales  coherentes con el entorno, memorias locales y experiencias que fomenten la reflexión ambiental es fundamental para un turismo más consciente.

Así mismo, propone integrar estas perspectivas en la formación de arquitectos, promoviendo un enfoque ético y territorial que dialogue con las comunidades. “Las universidades deberían enseñar a diseñar desde el arraigo, desde la escucha del territorio, no desde el mercado”, concluye la investigadora Aragón.








jueves, 22 de mayo de 2025

Isla Decepción revelaría claves sobre la vida en Marte

 En el extremo austral del planeta, donde el hielo y el fuego conviven en una caldera volcánica activa, un grupo de científicos colombianos y europeos propone que la isla Decepción, en la Antártida, sea reconocida como un análogo planetario de Marte. Su geología, clima extremo, presencia de microorganismos en condiciones inhóspitas y registros de interacción entre magma, lava y hielo la convierten en un laboratorio vivo para entender la posibilidad de vida fuera de la Tierra.

En el campo de las ciencias planetarias un análogo planetario es un entorno terrestre que comparte características físicas, químicas o geológicas con otro cuerpo celeste, y que permite simular y estudiar procesos similares. Entre los más reconocidos del mundo están el desierto de Atacama (Chile), por su aridez extrema y radiación solar intensa; el Valle de la Muerte (EE. UU.), por sus suelos salinos y temperaturas extremas, y el ártico canadiense, por su permafrost y aislamiento.

La propuesta de la UNAL busca incluir a la isla Decepción dentro de esta red de sitios esenciales para la investigación planetaria y se sustenta en una revisión publicada en la revista International Journal of Astrobiology, en la que se detallan las características de la isla, que la convierten en un escenario ideal para explorar procesos similares a los que podrían haber originado la vida marciana.

“Se trata de un entorno en donde confluyen volcanismo activo, permafrost, glaciares cubiertos de ceniza volcánica, gases sulfurosos y comunidades microbianas extremófilas”, explican David Tovar y María Angélica Leal, investigadores del Grupo de Ciencias Planetarias y Astrobiología (GCPA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Hasta hace pocos años los estudios en la isla Decepción se centraban por separado en la actividad volcánica o los glaciares. Fue gracias al trabajo conjunto con el geólogo planetario Miguel Ángel de Pablo, de la Universidad de Alcalá, que se empezó a integrar una mirada astrobiológica y planetaria del lugar, reconociendo su potencial como análogo marciano.

Entre los hallazgos más relevantes se encuentran tapetes microbianos en zonas hidrotermales, estructuras glaciovolcánicas bien preservadas y la detección de percloratos en el piroclasto volcánico, compuestos también presentes en Marte. Estas condiciones extremas permiten estudiar potenciales formas de vida que podrían haber existido –o existir– en el planeta rojo.

“Hemos identificado microorganismos termófilos, psicrófilos, endolíticos y tolerantes a radiación, capaces de sobrevivir en suelos calientes, dentro de rocas o bajo hielo. Estos organismos, en proceso de caracterización, representan modelos valiosos para entender los límites de la vida”, señalan los investigadores. De hecho, el equipo prepara una publicación exclusiva sobre estos microorganismos y su potencial astrobiológico.

También se realizaron estudios geoquímicos comparativos usando datos de sensores remotos captados por orbitadores en Marte. Al contrastarlos con muestras recolectadas en la isla se obtuvo un índice de similitud (FOM) de 0,80, considerado como “muy alto” para este tipo de estudios.

“Aunque no hay análogos terrestres idénticos, este valor indica que Decepción se aproxima bastante en composición mineralógica a zonas marcianas como el cráter Gusev”, explica la bióloga Leal, estudiante del Doctorado en Biología de la UNAL y en Investigación Espacial y Astrobiología de la Universidad Alcalá de Henares (España).

Ciencia en acción

La isla también ha servido como escenario para la calibración de instrumentos como el sensor REMS, hoy operativo en el rover Curiosity. Además, la base Gabriel de Castilla cumple condiciones para desarrollar misiones análogas.

“Estar allí es como caminar en otro planeta. No hay árboles, no hay sonidos humanos. El aire es limpio, seco, sin el olor de la tierra mojada. El viento golpea a más de 80 km/h. Es un lugar que no solo se parece a Marte, sino que se siente como Marte”, relata el geólogo David Tovar, estudiante del Doctorado en Geociencias de la UNAL y de Investigación Espacial y Astrobiología de la Universidad de Alcalá (España), quien considera la Antártida como uno de los entornos más exigentes del mundo.

La propuesta de estudiar la isla como análogo planetario nació en Colombia, liderada por el Grupo de Ciencias Planetarias y Astrobiología (GCPA), avalado por la UNAL y la Corporación Científica Laguna. El proyecto fue aprobado por el Programa Antártico Colombiano (PAC) y el Comité Polar Español, y cuenta con la participación de investigadores de Chile, España, Italia, Argentina y Alemania. El trabajo ha sido posible gracias al uso de laboratorios e infraestructura científica colombiana y espacios aliados internacionales.

“Pusimos la primera piedra para posicionar esta isla como un análogo planetario reconocido internacionalmente”, señala el geólogo Tovar, codirector del GCPA.

Por su parte la investigadora Leal señala que “Colombia no tiene satélites propios ni telescopios de gran escala, profesionales, pero tiene talento, ciencia y alianzas. Estos estudios demuestran que podemos aportar a las ciencias planetarias desde nuestros entornos y capacidades”.

Actualmente el equipo promueve la propuesta en congresos internacionales, redes de ciencias polares y foros de astrobiología. Se prevé organizar una campaña con investigadores –hombres y mujeres– de varios países para desarrollar proyectos conjuntos en la isla durante los próximos años.

“Queremos que más investigadores del mundo vean la isla Decepción como un lugar esencial para ensayar ciencia espacial en la Tierra. Ya empezamos a mover esta idea en congresos y redes académicas, y soñamos con ver allí, en unos años, nuevas misiones análogas con participación internacional”, concluye la experta Leal.

Con apuestas como esta, Colombia fortalece su presencia en la ciencia polar y planetaria demostrando que incluso sin grandes telescopios o satélites puede liderar estudios de frontera desde su propia experiencia y territorio aliado.








miércoles, 21 de mayo de 2025

Manizales: amenazas naturales se agravan por la acción humana

 Las lluvias no dan tregua en la capital de Caldas, en donde rige la alerta amarilla por riesgo de deslizamientos e inundaciones. Aunque no se ha llegado a una situación crítica, expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) advierten que la amenaza no proviene solo del clima: factores como la saturación del suelo, la urbanización inadecuada y la falta de articulación entre normas y prácticas culturales están agravando el riesgo.

Según reportes recientes de la Unidad de Gestión del Riesgo (UGR) del municipio, en los últimos 25 días se han registrado acumulados de lluvia superiores a los 200 mm en zonas como Bosques del Norte (230,3 mm), Chipre (226,8 mm) y Alcázares (215,4 mm). Estos niveles, por encima de lo habitual, han intensificado la vigilancia en sectores vulnerables y mantienen en alerta a las autoridades y comunidades.

Ubicada en el corazón del trópico andino, Manizales comparte con gran parte del país una condición geográfica tan privilegiada como frágil. Su topografía montañosa, la presencia de fallas geológicas activas y la cercanía a zonas volcánicas hacen que el territorio esté constantemente expuesto a amenazas naturales como deslizamientos e inundaciones.

A estas condiciones naturales se suma una urbanización acelerada y en muchos casos desordenada, lo que convierte a Manizales en un territorio especialmente vulnerable. En los primeros meses de 2025 las lluvias han sido tan intensas que los suelos de Caldas están sobresaturados. Aunque el agua es parte fundamental del ciclo de vida en la región, también se puede convertir en detonante de emergencias cuando coincide con ocupaciones inadecuadas del terreno.

La profesora Jeannette Zambrano Nájera, del Departamento de Ingeniería Civil de la UNAL Sede Manizales, considera que atribuir los desastres solo a las lluvias es un diagnóstico incompleto. Aunque las precipitaciones funcionan como detonantes, la verdadera raíz del problema está en múltiples factores humanos que agravan las amenazas naturales y transforman el entorno en un escenario de riesgo.

“La eliminación de la cobertura vegetal, la urbanización en zonas de alto riesgo, la impermeabilización del suelo y la construcción en laderas o cerca de ríos son acciones humanas que transforman una amenaza natural en un riesgo social”, afirma la profesora Zambrano.

En Manizales la cobertura vegetal ha disminuido significativamente en las últimas décadas. Según un estudio de la Universidad de Manizales, entre 1986 y 2023 los espacios verdes en el área urbana pasaron del 59,6 al 53,7 % evidenciando una pérdida de 5,9 puntos porcentuales. Esta reducción afecta la capacidad del suelo para absorber agua y aumenta la vulnerabilidad a deslizamientos e inundaciones.

La impermeabilización del suelo, producto de la expansión urbana y el uso excesivo de materiales como el cemento, impide la infiltración natural del agua incrementando la escorrentía superficial y la presión sobre los sistemas de drenaje. Esto agrava el riesgo de inundaciones, especialmente en zonas con pendientes pronunciadas.

En relación con la topografía es importante recordar que la capital de Caldas se caracteriza por su topografía montañosa, con pendientes que en algunos sectores superan los 30°, lo que, combinado con suelos húmedos y poco consolidados, incrementa la susceptibilidad a deslizamientos. La construcción en laderas y cerca de ríos, a menudo sin una adecuada planificación y sin considerar las normas urbanísticas, expone a las comunidades a mayores riesgos durante las temporadas de lluvias intensas.

“La manera en que ocupamos el territorio está transformando profundamente la dinámica de las amenazas: hoy los eventos son más intensos y frecuentes, no solo por el cambio climático, sino por nuestra intervención sobre el entorno”, advirtió la profesora Zambrano.

Frente a este panorama, ella insiste en que la ciudadanía no se debe ver solo como víctima sino también como protagonista del riesgo. La forma en que cada persona interactúa con el entorno puede aumentar o disminuir el riesgo. Por eso subraya que “la prevención debe comenzar en lo cotidiano: sembrar árboles adaptados al territorio, no obstruir los drenajes, conservar las zonas verdes, y sobre todo respetar las advertencias técnicas y las normas urbanísticas”.

Las áreas arboladas cumplen un papel clave en la prevención de desastres: ayudan a regular las lluvias, protegen el suelo y disminuyen la escorrentía. Sin embargo esta lógica ambiental ha sido desplazada por una visión de desarrollo urbano centrada en el cemento, que sella el suelo, impide su respiración natural y dificulta la regulación del agua. Según la experta, “recuperar la vegetación nativa y garantizar espacios permeables no solo es deseable sino también una medida urgente de adaptación y resiliencia frente a las amenazas crecientes”.

Tecnología y ciencia ciudadana: el aporte de la UNAL para reducir el riesgo

La UNAL Sede Manizales ha desempeñado un papel fundamental en el fortalecimiento del Sistema de Alertas Tempranas (SAT) de la ciudad. A través de un convenio interadministrativo con la UGR de la Alcaldía se han instalado estaciones pluviométricas y miras limnimétricas en zonas críticas como Lusitania, Providencia y las cuencas de los ríos Chinchiná y Manizales. Estas herramientas permiten monitorear en tiempo real variables como la saturación del suelo, los caudales y las condiciones atmosféricas facilitando una respuesta oportuna ante eventos de riesgo.

“Uno de los avances más notables del sistema de alerta temprana ha sido la integración de tecnología asequible con el conocimiento local”, afirmó la profesora Zambrano. Así, esta articulación ha permitido que estaciones automáticas trabajen en sintonía con la observación atenta de las comunidades rurales.


Además la UNAL ha liderado iniciativas de ciencia ciudadana para fortalecer la gestión comunitaria del riesgo. Un ejemplo destacado es el proyecto desarrollado en la quebrada Manizales, en donde se capacitó a los residentes de barrios como Maltería y Juanchito en el uso de sensores de bajo costo y pluviómetros manuales para monitorear participativamente las variables  hidrometeorológicas. Esta estrategia ha permitido una mayor apropiación del conocimiento y una respuesta más efectiva ante posibles emergencias.

Estos esfuerzos se enmarcan en una visión integral de la gestión del riesgo, la cual reconoce la importancia de la articulación entre la academia, las autoridades locales y la comunidad. La experiencia de Manizales ha sido reconocida nacional e internacionalmente como un modelo de gestión del riesgo de desastres, destacando la necesidad de superar enfoques asistencialistas y tecnocráticos para avanzar hacia una planificación del desarrollo que integre la reducción del riesgo como un componente esencial.

Según la profesora Zambrano, la academia cumple un rol fundamental en la prevención de desastres. Su aporte va más allá de la investigación técnica: incluye la formación de ciudadanía, la planificación territorial con enfoque de riesgo, y la construcción de puentes entre la comunidad, las autoridades y las instituciones. Por eso insiste en que esta articulación es esencial para avanzar hacia territorios más seguros y resilientes.

 






jueves, 15 de mayo de 2025

Organismos más pequeños advierten la crisis ambiental en los ríos del Meta

 En los ecosistemas acuáticos del Meta, bacterias, microalgas, mosquitos y libélulas están revelando un deterioro silencioso. Investigadores encontraron que estos organismos funcionan como bioindicadores fundamentales para monitorear la calidad del agua, y alertan sobre los efectos de la contaminación por pesticidas, la reducción del caudal y otras presiones humanas sobre los ríos y lagunas del departamento.

Con una de las mayores riquezas hídricas del país, el departamento del Meta enfrenta una degradación progresiva de sus ecosistemas acuáticos. Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la Universidad de los Llanos (Unillanos) y la Universidad Santo Tomás (USTA) advierten que factores como la contaminación por pesticidas, la extracción de materiales y la disminución del caudal están alterando profundamente la biodiversidad de ríos y lagunas, afectando organismos fundamentales en la cadena alimentaria.

Para evaluar este deterioro, los científicos se enfocaron en comunidades de perifiton (bacterias, hongos, microalgas y protozoos adheridos a superficies sumergidas) y macroinvertebrados bentónicos (como larvas de mosquitos, escarabajos, libélulas, caracoles y lombrices acuáticas), que funcionan como bioindicadores, es decir organismos cuya presencia, ausencia o comportamiento permite detectar cambios en el ambiente y evaluar el estado de salud de un ecosistema.

“Por ejemplo las libélulas usan el agua para depositar sus huevos, y su desarrollo larval refleja directamente la calidad del ecosistema”, explica el biólogo Gabriel Antonio Pinilla Agudelo, docente de la Facultad de Ciencias de la UNAL.

El estudio empleó técnicas de muestreo, identificación de especies y análisis de abundancia y diversidad, complementadas con modelos aditivos generalizados (GAM) —herramienta estadística que permite analizar relaciones complejas entre variables, como el efecto de la contaminación en la biodiversidad— para cruzar estos datos con variables fisicoquímicas como caudal, pH, oxígeno disuelto, conductividad y temperatura. En el río Orotoy, por ejemplo, mosquitos enanos (quironómidos) fueron abundantes y se asociaron con una mejor calidad del agua.

Los resultados mostraron que la pérdida de biodiversidad microbiana y la disminución de larvas son señales de alarma. Actividades humanas como la agricultura intensiva, los vertimientos domésticos y la minería han alterado la fotosíntesis de las microalgas afectando el perifiton y reduciendo la capacidad de las bacterias para procesar nutrientes y degradar materia orgánica, lo cual provoca desequilibrios en los ciclos bio-geoquímicos y afecta directamente la calidad del agua.

“La reducción del caudal impacta a los organismos microscópicos, y con ellos a los peces, aves y mamíferos como las nutrias, hasta llegar al ser humano”, señala Fabián Moreno Rodríguez, magíster en Gestión Ambiental Sostenible de Unillanos y candidato a Doctor en Biología de la UNAL.


El estudio también analizó los efectos de la extracción de piedras, especialmente en zonas del piedemonte con fuerte inclinación y golpeteo del agua, donde se produce oxígeno esencial para el perifiton. Esta actividad modifica la composición de bacterias y algas, sobre todo en temporada de lluvias.

Según la Agencia Nacional de Minería, el 81 % de las regalías por minerales en el Meta proviene de la explotación de materiales de construcción, a lo que se suma la expansión de cultivos como palma y arroz, cuyas prácticas intensivas contaminan y alteran el equilibrio ecológico.

Frente a este panorama, los investigadores destacan la importancia de conservar áreas no perturbadas como La Macarena y Ariari, que aún permiten estudiar la estructura y el funcionamiento natural de los ecosistemas. “Estos espacios son esenciales para comparar y entender el nivel de degradación en otras zonas y tomar decisiones informadas en conservación”, concluye el investigador Moreno.




miércoles, 14 de mayo de 2025

Editorial UNAL se consolidó como referente académico en la FilBo 2025

 Con más de 6.000 ejemplares vendidos, una ambiciosa agenda cultural y un proyecto editorial central que marcó la pauta, la Editorial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) cerró con un balance positivo su participación en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FilBo) 2025.

Tras una edición que atrajo a más de 570.000 visitantes, la FilBo se consolidó nuevamente como el evento editorial y cultural más importante del país. En este escenario, la Editorial UNAL se destacó como uno de los principales actores del libro académico en Colombia, con un total de 6.063 ejemplares vendidos, cifra que iguala los niveles récord alcanzados en 2022.

Este año, con una propuesta gráfica liderada por la artista María Isabel Rueda, la Editorial ofreció una experiencia inmersiva alrededor de la Colección Orlando Fals Borda, desarrollada en alianza con la Biblioteca Nacional. Con 278 ejemplares distribuidos esta serie de 7 tomos encabezó el listado de ventas de la Editorial.

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Además de esta colección, el catálogo incluyó títulos destacados como Memento mori: Intercambios entre la vida y la muerte, una novela gráfica basada en investigación en antropología forense que combina rigor académico con un lenguaje accesible; Black Feminism y Pereza para todos, todos entre los más vendidos en esta edición de la Feria.

El profesor Francisco Montaña Ibáñez, director de la Editorial UNAL, calificó el resultado como un hito. “Estamos recuperándonos de la caída de 2023 y 2024, y este año volvimos a los niveles de uno de nuestros mejores momentos”, afirmó. En 2023 se vendieron 4.676 ejemplares, y en 2024 apenas se superaron los 4.700.

Más de 100 actividades y una apuesta por la descentralización editorial

La participación de la UNAL en la FilBo 2025 fue mucho más allá de la venta de libros. La Universidad desarrolló una agenda con más de 100 actividades entre presentaciones editoriales, conversatorios, talleres y espacios de divulgación académica. Este esfuerzo se articuló con la red de 22 centros editoriales de las distintas Facultades y Sedes, visibilizando la diversidad temática y territorial de su producción editorial.

Facultades con una alta dinámica de publicación –como Ciencias Humanas, Derecho, Medicina y Ciencias Económicas– contaron con franjas completas de programación para presentar sus novedades editoriales y dialogar con el público. Esta organización descentralizada no solo facilitó la logística del evento, sino que además fortaleció la identidad colectiva del catálogo universitario.

“La Universidad entera trabaja para este evento durante los primeros cuatro meses del año. Hay un compromiso muy serio con la idea de que el conocimiento que se produce aquí debe ponerse al servicio de la sociedad, y el libro es una de las mejores maneras de hacerlo”, indicó el director de la Editorial UNAL.

Retos futuros: sostenibilidad, exhibición y coherencia editorial

Pese al balance positivo, la Editorial reconoce desafíos importantes a futuro. Uno de ellos es la sostenibilidad económica de participar en una feria de esta magnitud. Según el director Montaña, es necesario repensar el diseño del estand y buscar fórmulas que permitan amortizar los costos a largo plazo.

También se plantea mejorar la exhibición para dar mayor visibilidad tanto a las novedades como a los títulos del fondo editorial, es decir, aquellos publicados en años anteriores.

En el plano conceptual, el equipo ya trabaja en el proyecto central para la FilBo 2026. Aunque aún no se puede anunciar oficialmente, se anticipa que mantendrá la coherencia editorial y gráfica que caracterizó la muestra de este año.

El balance de la FilBo 2025 ratifica la importancia del evento como un espacio de encuentro, acceso y reflexión sobre la lectura en Colombia. Según los organizadores, más de 570.000 personas asistieron a la Feria, lo que confirma el interés del público por el libro y la cultura escrita.

En este contexto, el rol de las editoriales universitarias –y en particular el de la UNAL– resulta esencial. “Lo que vemos es que la ciudadanía está ávida de entender el conocimiento académico en otros lenguajes, en formatos asequibles, sin perder el rigor. Y esa es una de nuestras misiones centrales”, concluyó el académico.






martes, 13 de mayo de 2025

Desde los territorios, una ingeniería diferente empieza a cambiar el rumbo

 Desde la cosecha de agua lluvia en Sumapaz hasta los proyectos de agroecología en favelas de Brasil, o la programación en lengua indígena en Bolivia, una investigación doctoral desarrollada en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) sistematizó 210 experiencias que muestran cómo la Ingeniería puede ser una herramienta para la justicia social, la sustentabilidad y la transformación de los territorios.

Se trata de las “Ingenierías Comprometidas”, un enfoque que articula conocimientos técnicos con justicia social, participación comunitaria y sustentabilidad, entendida no solo como el uso responsable de los recursos naturales, sino también como una práctica que busca preservar los vínculos culturales, sociales y ecológicos de los territorios. Este enfoque se construye en diálogo con el Buen Vivir, propuesta filosófica de raíz indígena que plantea una vida en equilibrio entre las personas, la comunidad y el entorno.

Esta visión fue desarrollada por Alexei Gabriel Ochoa Duarte, ingeniero mecatrónico y doctor en Ingeniería Industrial y de Organizaciones de la UNAL. En su tesis sistematizó 210 experiencias de 17 países de América Latina —de las cuales 120 fueron documentadas mediante 57 entrevistas directas—, incluyendo casos de investigación, extensión y docencia. Además realizó otras 13 entrevistas en el marco del proyecto “Ingeniería para la construcción de paz en Colombia: reflexiones, prácticas y futuro(s)”, enfocadas en el territorio colombiano, que permitieron sistematizar otras 23 experiencias.

“Tales experiencias demuestran que otra ingeniería es posible. Han sido impulsadas por estudiantes, docentes y colectivos que quieren construir soluciones con y para las comunidades, no imponerlas desde afuera”, señala el autor.

Crítica a la Ingeniería tradicional

El investigador Ochoa considera que históricamente la Ingeniería convencional ha estado vinculada al capital, la guerra y el modelo de desarrollo extractivista. “El ingeniero no ve más allá de lo técnico”, afirma, retomando la crítica de la académica estadounidense Donna Riley, referente en el campo de la educación en Ingeniería y promotora de enfoques con justicia social. “Se forma como un caballo con anteojeras: el pensamiento matemático se fortalece pero se descuidan las relaciones sociales, la comunicación, y el reconocimiento de otros saberes”.

Este tipo de formación, centrada en la eficiencia y el rendimiento, suele desconectarse del contexto real en el que se implementan sus proyectos. “La Ingeniería ha formado parte del problema en la crisis civilizatoria actual. El discurso del desarrollo, incluso con apellidos como ‘sostenible’, no ha transformado las causas de fondo: sigue justificando la explotación de la naturaleza en nombre del progreso”, advierte.

Del aula a la comunidad

La investigación destaca experiencias como Ingeniería Sin Fronteras Argentina, que ha trabajado en Buenos Aires en el diseño de espacios dignos para mujeres privadas de la libertad y en la construcción de una piscina comunitaria para niños de barrios populares. En Chile, la Universidad de Chile impulsa proyectos de energía y revitalización de lenguas originarias con comunidades mapuches, desde la Subdirección de Pueblos Indígenas.

En Brasil, el núcleo Sociedad, Territorio y Construcción de Conocimientos (Soltec), de la Universidad Federal de Río de Janeiro, trabaja con el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra en proyectos de agroecología y tecnologías libres para favelas. Se trata de un colectivo transdisciplinar que promueve la producción de conocimientos situados y la transformación social desde el diálogo entre saberes académicos y populares.

En Guatemala, el programa EPSUM, de la Universidad San Carlos, vincula a estudiantes de distintas carreras en un semestre de trabajo rural obligatorio, articulando sus conocimientos con procesos comunitarios. Esta iniciativa busca fortalecer la equidad social desde una perspectiva intercultural, abordando temas como el embarazo adolescente, la salud comunitaria y el cuidado de los manglares.

En Colombia, el Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) Sumapaz, de la UNAL, permite que jóvenes rurales accedan a la Universidad y desarrollen proyectos con sus propias comunidades. Desde cosechar agua lluvia hasta proteger ecosistemas locales, estas acciones transforman tanto a las personas como al territorio. “La Ingeniería tiene sentido cuando se construye con las comunidades, no cuando se les imponen soluciones desde afuera”, enfatiza el ingeniero Ochoa.

Propuestas transformadoras

La tesis doctoral propone acciones concretas para que las Ingenierías Comprometidas se integren en los procesos de formación. Entre ellas destaca el rediseño de currículos para incluir metodologías basadas en proyectos reales con comunidades, fortalecer redes como la Red Colombiana de Ingeniería y Desarrollo Social, y promover el diálogo de saberes.

“Lo primero es reconocer que estas otras formas de hacer ingeniería también son ingeniería. Y eso exige voluntad institucional, apertura epistemológica y metodológica, y una mirada más crítica sobre el papel social del conocimiento técnico”, señala el autor.

También propone aprovechar los programas existentes para fortalecer estas prácticas, crear asignaturas con este enfoque y fomentar la participación activa de comunidades vulneradas en los procesos de formación, investigación y extensión.

En el contexto de la UNAL Sede Bogotá, el ingeniero Ochoa propone ajustar asignaturas como el Taller de Proyectos Interdisciplinarios (TPI), promover semilleros en diálogo con comunidades, y vincular experiencias como el Peama Sumapaz con esta visión crítica de la Ingeniería.

Otra ingeniería es necesaria

La tesis concluye con un modelo de análisis para evaluar cualitativamente el nivel de cercanía de estas experiencias con los principios del Buen Vivir. Este modelo considera aspectos como el origen  del proyecto, el vínculo con la comunidad, el empoderamiento logrado y el tipo de conocimiento que se activa.

“No se trata de conquistar el mundo, sino de hacerlo de nuevo, de otra manera, con otras lógicas. Y eso también es ingeniería”, afirma. Desde esa perspectiva, las Ingenierías Comprometidas no son una alternativa menor, sino una propuesta urgente para pensar el papel de la universidad pública y la educación técnica frente a los grandes desafíos del presente.

En palabras del autor: “como decía el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, ‘mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo’. Y eso es lo que ya está pasando en estas 210 experiencias. Solo necesitamos escuchar, reconocer y actuar”.

















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