miércoles, 24 de mayo de 2023

Modelo de producción y consumo insostenible: se acelera la crisis civilizatoria del planeta

 “En un mundo amenazado por el cambio climático, por la pérdida de la biodiversidad, por la acidez creciente del océano, por el mal manejo de la tierra y otros factores asociados con la influencia muy negativa de nuestra especie sobre el planeta, el giro hacia una economía que sea más respetuosa con el medioambiente no puede verse como una opción sino como una imperiosa obligación para sobrevivir”. Este es uno de los apartados del libro ¿Cambio climático o crisis civilizatoria?, publicado por la Asociación de Profesores de la Universidad Nacional de Colombia (APUN).

El libro compila los aportes realizados por profesores e investigadores de diferentes grupos interdisciplinarios de la Universidad que buscaron compartir el conocimiento adquirido durante varios años acerca del cambio climático, tema que atañe a la humanidad entera.

Durante la presentación, el profesor José Jairo Giraldo Gallo, de la Facultad de Ciencias y editor del libro, señaló que “los autores llegan a la conclusión de que el mundo no está afrontando las consecuencias del cambio climático sino una crisis civilizatoria provocada por el modelo de producción y consumo insostenible que amenaza la biodiversidad del planeta y a todos sus moradores, tanto así, que se habla de la sexta extinción masiva”.

 “No hemos respetado los límites que el planeta nos impone para seguir sosteniendo las distintas formas de vida de las cuales dependemos. En últimas, es el trato que le hemos dado al planeta lo que nos tiene al borde del colapso”, agregó.

Crisis civilizatoria

El profesor Giraldo explica que “podemos evidenciar que la humanidad está viviendo en una crisis civilizatoria desde hace siglos. Tal es el caso del surgimiento de la economía, la cual se creó para proteger el bien común en beneficio de la comunidad, pero a partir de la Primera Revolución Industrial no ha estado orientada en esa dirección”.

“A mediados del siglo XIX se acuña el término ecología, el cual busca el cuidado de la casa común, orientado a la preservación del medioambiente con su enorme biodiversidad y este propósito choca con los de una nueva economía basada en el expansionismo, el consumismo y la acumulación desmedida de capital en unas pocas manos”.

Los autores del libro consideran que ante el calentamiento climático no existen soluciones rápidas pues el daño ya está hecho, y se debe reparar. Se debe perseverar en la implementación de energías sostenibles y de otras formas que surjan de la investigación en ciencia y tecnología.

Así mismo es necesario recuperar las selvas, los bosques, los océanos, los ríos, la fauna de todo tipo y cambiar los hábitos alimentarios. Simultáneamente hay que reducir las brechas de desigualdad y la pobreza extrema y se debe pensar en una nueva civilización en armonía con el medioambiente.


Ante esta crisis, el libro plantea tres conclusiones principales: (i) los países desarrollados no pueden seguir creciendo indefinidamente como lo pretenden, y por lo tanto se requiere con urgencia de un nuevo modelo económico, (ii) el modelo educativo se debe replantear con base en las problemáticas actuales, y (iii) países como Colombia pueden contribuir a la conservación del medioambiente si cuentan con el respaldo internacional para restaurar las selvas y los bosques, se reorienta la extracción de recursos y se pone fin a la minería ilegal.

¿Cambio climático o crisis civilizatoria? nació en tiempo de pandemia, a partir del espacio virtual desarrollado por la APUN por medio de los foros APÚNtese a la tertulia.

Durante el evento se les rindió un homenaje a los profesores Mary Falk de Losada, del Departamento de Matemáticas, y Carlos Niño Murcia, de la Facultad de Artes, quienes fueron reconocidos por su amplia trayectoria durante más de 30 años, por los aportes académicos y la huella imborrable que dejaron en cada uno de sus colegas y estudiantes.

“La Universidad, como patrimonio científico y cultural de la nación, tiene que preguntarse por el futuro de las nuevas generaciones. Más que proponer soluciones se dejan inquietudes y un llamado a tomar conciencia colectiva. Los temas ambientales son prioritarios para la supervivencia de la especie”, dijo el académico Giraldo.

Además de la APUN, en la publicación participaron la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Corporación Buinaima. Durante su presentación, el profesor Julio Carrizosa Umaña, impulsor del ambientalismo en el país, fue uno de los invitados especiales. El lanzamiento de realizó en el Auditorio Enrique Pérez Arbeláez del ICN.

La celebración contó con la intervención musical de la soprano Laura Garzón Galindo y el guitarrista Anderson Vargas, quienes deleitaron al público con sus sentidas interpretaciones.






jueves, 18 de mayo de 2023

Cuencas atmosféricas, esenciales en el monitoreo de la calidad del aire

 Al igual que en la hidrología, las cuencas atmosféricas son espacios geográficos delimitados parcial o totalmente por elevaciones montañosas u otros atributos naturales, ocupados por un volumen de aire con características similares que propician la concentración y reacción de gases y partículas contaminantes del aire; por eso su uso resulta preponderante en la gestión de la calidad del aire. En la aplicación de este novedoso concepto avanza el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, la segunda aglomeración urbana de Colombia, que lo viene utilizando en su normativa ambiental.

En 2011, con el fin de conocer las zonas más afectadas por la baja calidad del aire y delimitarlas en polígonos para tomar mejores decisiones, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) fue definida como un área fuente de contaminación o cuenca atmosférica, porque allí se emite material particulado PM10 y PM2.5, es decir, de partículas de polvo, ceniza, hollín y otros contaminantes que quedan suspendidos en la atmósfera.

“El AMVA es la única en Colombia que ha aplicado el concepto, y aunque ha sido un hecho valioso aún hay algunos problemas relacionados con su definición, interpretación y aplicación técnica”, señala Lucas Andrés Quintero Velásquez, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Agrega que “sabemos que los factores que deterioran la calidad del aire –afectando la salud humana, la fauna y la flora– están directamente relacionados con la organización del territorio. Por eso es indispensable adoptar figuras que sirvan como determinantes en los planes y esquemas de ordenamiento”.

Sin embargo, el país no tiene una norma que mencioné y desarrolle el concepto de “cuenca atmosférica” o “pluma urbana”, y hacerlo sería crucial para tomar medidas conjuntas (entre distintas entidades y la comunidad) que impidan que los contaminantes que se generan en una región perjudique a otra.

Según el magíster, “se sabe, por ejemplo, que las emisiones del Valle de Aburrá llegan a la región biogeográfica del Chocó, y que las generadas en el Valle de Sogamoso pueden afectar el Valle de Aburrá, especialmente a Medellín. La figura de cuenca atmosférica ayudaría a abordar y mejorar el problema”.

Esta afectación entre regiones se da por la velocidad y la dirección de los vientos, por lo cual no es suficiente determinar una cuenca atmosférica a partir de la cuenca geográfica (montañas, pequeños relieves, etc.), sino que además se debe apelar al transporte de contaminantes.

A partir de entrevistas a decisores, funcionarios del AMVA, revisión de literatura, análisis de leyes colombianas y estudio de la situación normativa y ambiental en México –en donde sí se ha legislado en torno a cuencas atmosféricas incluyendo dirección y transporte de contaminantes–, el magíster determinó que “dicho concepto sí puede ser un determinante ambiental en Colombia, de manera que su implementación derive en limitaciones en los usos del suelo, en la circulación de vehículos, la presencia de fuentes fijas (como industrias) y la altura de los edificios”.

“Como la implementación de esta figura implica restringir algunos derechos, como el de circulación y propiedad privada, si en la normativa se considera la cuenca atmosférica, se deberá regular mediante una ley estatutaria, que implica un debate y un consenso más arduo en el legislativo”, señala el experto.

En definitiva, aunque en el Valle de Aburrá se haya avanzado en el uso del término, su definición aún no ha sido detallada ni establecida legalmente.

“El concepto de ‘pluma urbana’ nos lleva a tomar datos de emisiones y transporte de contaminantes durante todas las épocas del año, lo que permitiría tener un seguimiento constante de un asunto que es dinámico y cambiante. Implementar esta figura legalmente en el país llevaría a una mejor gestión y planificación territorial relacionada con la calidad del aire”, concluye el magíster.







martes, 16 de mayo de 2023

Almidón de bore tiene poder descontaminante de ríos y quebradas

 Esta especie de raíz muy grande, conocida científicamente como Alocasia macrorrhiza, que prolifera en zonas cercanas a ríos y quebradas y que es considerada como maleza, podría ser la aliada que se necesita para limpiar los afluentes de la contaminación provocada por las industrias agrícola y minera. En pruebas de laboratorio se evidenció que este tiene un poder purificador cercano al 80 %.

En el campo, los campesinos suelen tomar las hojas de bore para alimentar a las gallinas, y el tronco –la parte que más se desperdicia– se lo dan a los cerdos; también se desecha en el suelo para que sirva como abono, e incluso es materia prima para producir biogás.

Ebelin Daniela Ramírez Hernández, magíster en Ciencias Físicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, encontró otro potencial en el tronco del bore: el de limpiar las aguas contaminadas.

Para comprobar la capacidad purificadora del almidón de bore, la investigadora utilizó el tallo de una planta que tomó de su huerta, ubicada en el municipio de Riosucio.

“Aunque el almidón suele extraerse de plantas como maíz, yuca o papa, también se obtiene del bore, con la diferencia de que los gránulos de este son más pequeños, lo que permite un trabajo más efectivo durante el proceso de limpieza. La planta crece completamente hasta los cinco años, pero a partir de los cinco meses ya se puede cosechar para obtener el almidón; así, cuanto más longeva sea, mayor será su capacidad de producirlo”, explica la magíster.

Así, de un tallo de 4 meses de edad y 5 kilos se obtuvo un 87 % de almidón, un porcentaje considerable si se tiene en cuenta el provecho que se le podría sacar a todo lo que se desperdicia.

Para obtener el almidón, al tallo se le quita la corteza y se lava por el mayor tiempo posible para retirarle el oxalato de calcio, compuesto que produce irritación en el cuerpo. Después se muele de forma húmeda y se tamiza; el líquido lechoso obtenido se deja reposar durante 12 horas hasta que sedimente para que se separe lo sólido de lo líquido.

Una vez surtido este proceso, la parte sólida se centrifuga en una máquina para quitarle el exceso de agua. En seguida se lleva al horno y se pone a 45 oC durante 12 horas más para que seque por completo, y finalmente se vuelve a moler para tamizarlo hasta que se convierta en un polvo muy fino y parejo.

“El objetivo de la investigación es limpiar agua obtenida de ríos y quebradas, pero el almidón que se obtiene del bore es insoluble, no se mezcla en agua fría, por lo que su estructura química se debe modificar (mediante un proceso denominado acetilación), para que funcione”, menciona la investigadora Ramírez.


Una vez obtenido el almidón, se tomaron muestras de agua de dos lugares: la quebrada Manizales, en el sector conocido como La Enea, cerca al campus La Nubia de la UNAL Manizales, y del nacimiento de agua en Riosucio, líquido que no es del todo potable, por lo que la comunidad indígena Cañamomo Lomaprietala –a la cual pertenece la investigadora– debe hervirla para consumirla.

La investigadora llevó las muestras al laboratorio y allí las mezcló con el almidón y las dejó actuar durante 25 minutos; después de ese tiempo las partículas atraparon (o encapsularon) los residuos contaminantes formando flóculos (grumos o bolas) que se endurecen y se pueden retirar y desechar. El agua queda limpia de los residuos y se puede usar para riego de cultivos y bebederos para animales, pero no es apta para consumo humano.

También identificó que con el uso del almidón se modificaron favorablemente otros aspectos químicos del agua, disminuyendo en un 96 % el exceso de oxígeno y aclarando la turbidez –es decir qué tan oscura se ve el agua– en un 97 %.

Por último, la investigadora está diseñando un filtro para que después del proceso de purificación con el almidón de bor, se entregue el agua potable lista para consumo.






jueves, 11 de mayo de 2023

Diversidad genética, esencial en la liberación de cocodrilos del Orinoco en Vichada

 La reciente liberación de 14 cocodrilos del Orinoco (Crocodylus intermedius) en el río Tomo, del Parque Nacional Natural El Tuparro (Vichada), incluye una parte fundamental, y es que el análisis genético garantice que entre los individuos no haya relación filial, ya que la endogamia llevaría al detrimento de la población completa. Desde hace más de 50 años la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) trabaja en esta tarea.

Gracias a los aportes de la bióloga Ana María Saldarriaga, magíster en Ciencias - Biología de la UNAL, se seleccionaron los animales que serían liberados después de 15 años de crianza en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco de la UNAL en Villavicencio.

En su extenso y arduo trabajo de laboratorio, y como parte de este proyecto financiado por la Vicerrectoría de Investigación de la UNAL y Cormacarena, ella obtuvo el ADN de aproximadamente 600 individuos, entre animales vivos y los registros de los parentales Polo y Dabeiba, primeros habitantes de la Estación de Biología, con el fin de garantizar la diversidad genética necesaria para reintroducir a los animales.

“Los cocodrilos son indispensables para los ecosistemas acuáticos de la Orinoquia”, destaca la bióloga, y agrega que “así se garantiza la salud y productividad de los ecosistemas en donde habitan”.

El profesor Mario Vargas Ramírez, director de la Estación de Biología y quien en los últimos años ha estado al frente del proyecto de conservación del cocodrilo del Orinoco, considera que “el objetivo del proyecto es recuperar la especie en el medio”.

El propósito es conocer esta especie y a futuro recuperar sus poblaciones en un ambiente natural. Se estima que en la actualidad hay menos de 500 individuos adultos en Colombia, lo que indica su nivel de riesgo. Dicho proceso de adaptación se sitúa en el Parque Merecure, a unos 42 km de Villavicencio, en el municipio de Puerto López, en donde se ubican las instalaciones del campo del proyecto.

La preparación de los cocodrilos inició hace más de 10 años. Cuando los animales alcanzan la maduración y el tamaño adecuado se separan y se llevan a un entorno de semicautiverio, en donde se mantienen en un estado de libertad controlado. Allí aprenden a cazar su alimento de forma natural.

Después de la adaptación, los animales que serían liberados se escogieron a partir de los resultados del estudio genético de la bióloga Saldarriaga y también teniendo en cuenta aspectos como su madurez sexual, que tengan entre 12 y 15 años de edad y una longitud cercana a los 3 m.

En principio el plan de liberación contemplaba 25 cocodrilos, pero por inconvenientes no previstos en el transporte solo se logró llevar a 14 de ellos (12 hembras y 2 machos). El acarreo final estuvo a cargo de la Fuerza Aérea Colombiana, los cocodrilos y el personal del proyecto fueron trasladados en un avión militar C-130 Hércules.

Transporte realizado con sumo cuidado

Para garantizar la seguridad tanto de los cuidadores como de los animales, los cocodrilos se inmovilizaron. Para ello se les cubrieron los ojos con toallas para asegurarse de que no pudieran ver nada del proceso y así evitar que se estresaran; después se aseguraron la boca y las extremidades y se introdujeron en guacales que facilitaron su transporte.

Una vez asegurados, en la parte superior del cuello se les instalaron transmisores satelitales para monitorear sus movimientos y observar si se reproducen, y en dónde y cómo será el comportamiento en un ambiente natural.

Los transmisores tienen un chip de GPS que indica la localización de los animales, y además cuentan con Iridium,un sistema de localización satelital que envía información diaria de su comportamiento. De igual manera se espera analizar los posibles nidos y garantizar la reproducción natural. El objetivo es tener suficientes datos para saber si el proceso se ha llevado a cabo de la forma planeada o si, por el contrario, se deben hacer ajustes en futuras liberaciones.

Camila Durán, especialista en fauna de la Organización WCS Colombia, y quien formó parte del equipo de liberación, señala que “es importante que la gente se sensibilice, se eduque, conozca la especie y las funciones que esta cumple en los ecosistemas para que puedan convivir de manera exitosa en los territorios”.

De hecho, parte del proyecto consiste en visitar las poblaciones cercanas al lugar de liberación para que las comunidades conozcan los beneficios de tener estos animales en los ecosistemas, y también para advertirles sobre posibles riesgos –tanto para los humanos como para los cocodrilos– que se podrían presentar por el desconocimiento del manejo de la convivencia con esta especie.

Después del desembarco, los animales se trasladaron vía terrestre durante 90 minutos hasta llegar a Playa Blanca, en inmediaciones del río Tomo, en el Parque Nacional Natural El Tuparro.

“El objetivo del proyecto es recuperar las poblaciones en Colombia y educar a la población colombiana acerca de la especie y su importancia”, concluye el profesor Vargas.

La liberación fue liderada por la UNAL y Parques Nacionales Naturales de Colombia y contó con el apoyo técnico y financiero de WCS Colombia, CrocFest, la Universidad de la Florida, la Fuerza Aérea Colombiana y la Defensa Civil Colombiana.











lunes, 8 de mayo de 2023

Programa de reciclaje de la UNAL Sede Amazonia mitiga impacto de sus residuos

 Sillas, bicicletas en mal estado, cartones, plásticos y papel son algunos de los elementos que llegan hasta el centro de acopio instalado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, en donde se clasifican según los estándares establecidos por la normatividad colombiana. Los residuos plásticos son recolectados por la Fundación Amazonas sin Límites, los orgánicos se llevan a una planta de compostaje para convertirlos en abono, y aquellos como las bicis se recuperan y se ponen a disposición de los mismos estudiantes.

Las anteriores son algunas de las acciones adoptadas por la UNAL Sede Amazonia dentro del Sistema de Gestión Ambiental (SGA), el cual implementa la Política Ambiental de la Institución, creada por el Consejo Superior Universitario mediante el Acuerdo 016 de 2011.

Con dicha política, la UNAL busca promover un entorno ambientalmente sano para el desarrollo de su misión educadora y formadora; proteger su entorno natural; proponer alternativas sostenibles para solucionar las problemáticas ambientales que se presentan en sus espacios; e incluir de forma transversal la dimensión ambiental en los procesos de docencia, investigación, extensión y funcionamiento administrativo según los fundamentos de mejoramiento continuo, prevención de la contaminación y cumplimiento de los requisitos legales ambientales aplicables vigentes.

En 2016, a partir del trabajo de grado de la pedagoga Viviana Infante, de la Universidad Pedagógica Nacional, en el cual se plantea la necesidad de brindarles unas bases de educación ambiental a los alumnos y demás miembros de la comunidad universitaria, la Sede implementó un proyecto de reciclaje enfocado en esa línea.

Dicha tarea le fue asignada a la profesional Infante, encargada de echar a andar el Sistema Integrado de Gestión Ambiental (SIGA); después, el ingeniero ambiental Nicolás Muñoz realizó los estudios de implementación y elaboró el proyecto para la Sede Amazonia, y hoy se encuentra al frente del proceso.

Según las directrices establecidas por el SGA, el objetivo es generar conciencia y dar buen ejemplo ante la comunidad amazonense, ya que, según datos de un estudio realizado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), Leticia, una ciudad con cerca de 40.000 habitantes, produce cada día alrededor de 30 toneladas de basura, de las cuales solo se recicla el 4 % (1,2 toneladas).

De otra parte, en 2018 el informe sobre el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PGIRS) de la Alcaldía de Leticia señaló algunos factores que ponen en riesgo la estabilidad del ecosistema amazónico, entre ellos: el bajo desarrollo institucional para la prestación del servicio público de aseo; la inexistencia de una recolección eficiente; la escasa instalación de cestas o canecas en zonas públicas; el manejo ineficaz de los residuos; la falta de gestión para la recolección, el transporte y la disposición; y la inadecuada clasificación de residuos por parte de los usuarios, ya que suelen mezclar todo tipo de residuos en una misma bolsa.

Esta situación impacta las fuentes de agua, ya que los residuos del Relleno Sanitario El Jaguar llegan a las quebradas Pichuna y La Beatriz, que forman parte del sistema de humedales que  beneficia tanto a las comunidades de los resguardos indígenas de Monilla Amena, La Playa, San José como a la población de los kilómetros 6, 9 y 11. Así mismo, en algunos barrios cercanos a estos afluentes las personas tiran la basura a la calle, o directamente en los ríos.

Avances

La UNAL Sede Amazonia creó un centro de acopio que reúne los residuos recolectados en los contenedores dispuestos para tal fin, y luego los clasifica por material para que la Fundación Amazonas sin Límites los recoja; esta es única entidad en la triple frontera que se encarga de esta labor.

De otra parte, los residuos orgánicos se llevan a la planta de compostaje y allí se utilizan como abono para la vegetación del campus y de las huertas que los alumnos crean en convenio con el SENA, mediante el cual se ponen en marcha estas estrategias de reciclaje.

Otro aporte ha sido la recuperación de algunas bicicletas aprovechando las partes en buen estado para armarlas de nuevo y ponerlas en funcionamiento para que los alumnos del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) puedan desplazarse.

Desde el inicio del programa, y con un mínimo de recolección de 4 m3 semanales, se han reciclado al menos 5.900 kg de residuos sólidos, que se han clasificado y organizado según los estándares establecidos por la normatividad colombiana, y que han sido recolectados por la Fundación.

 


 




jueves, 4 de mayo de 2023

Así avanza el plan “salvavidas” de los cocodrilos del Orinoco

 Después de un mes de la reintroducción de los 14 cocodrilos del Orinoco –2 machos y 12 hembras– en el río Tomo del Parque Nacional Natural El Tuparro, en Vichada, los datos obtenidos de los transmisores satelitales muestran avances positivos de este importante paso en la recuperación de su población y en la protección de su ecosistema.

Los individuos tienen entre 13 y 15 años y crecieron en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) ubicada en Villavicencio. Después de varios años de planeación, el 2 de abril se hizo realidad la liberación de esta especie que se encuentra en peligro crítico (CR) de extinción por la caza indiscriminada.

Como parte del proceso de transición a su nuevo hábitat, a 12 de ellos se les instalaron transmisores satelitales para hacerles monitoreo durante 24 horas en tiempo real y así conocer sobre su estado y comportamiento.

Dichos transmisores indican sus movimientos en tiempo real, si las hembras tienen comportamientos diferentes a los de los machos y también un tema muy importante: en dónde ellas ponen los huevos en la época de reproducción.

El profesor Mario Vargas Ramírez, del Instituto de Genética y director de la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, afirma que “en este mes hemos evidenciado que el ejercicio ya está empezando a dar información interesante; la mayoría de los cocodrilos se quedaron en el área donde fueron liberados y solo 2 se fueron por un cuerpo de agua que es tributario del río Tomo”.

Explica además que “cuando las hembras están en periodo de reproducción se quedan 3 meses cerca al nido que ellas cavan con sus patas”.

Si los transmisores envían 5 coordenadas que están exactamente en el mismo lugar, también poseen una “alerta de muerte”, que indica que el aparato se cayó o que el cocodrilo pudo haber fallecido, y así se puede comprobar su supervivencia.

También vale la pena destacar que el río donde fueron liberados tiene las características biológicas para soportar una población de esta especie, pues posee disponibilidad de recursos alimenticios como los peces, buen bosque de galería circundante y extensas playas para que las hembras puedan poner los huevos y hacer los nidos.

En el proceso de vigilancia de estos reptiles la Fuerza Aérea Colombiana ha apoyado el monitoreo a través de drones, y las imágenes obtenidas dan cuenta de su buen estado.

Hasta el momento, este importante paso hacia la conservación de la especie muestra un buen funcionamiento y por eso que se espera unir pronto al plan, y en el mismo lugar, a otros 11 cocodrilos con telemetría satelital.

Más sobre la especie

Este cocodrilo, también conocido como caimán llanero, es el reptil más grande de América Latina y es considerado como uno de los más importantes para la cadena alimenticia, o trófica,  de los ríos, pues al estar en la cima de la pirámide alimentaria en su hábitat natural, tiene un impacto significativo en la regulación de las poblaciones de otros animales y es indicador de la salud de los ecosistemas de ríos y humedales.

Sin embargo, además de la caza, en los últimos años su población ha disminuido drásticamente por la destrucción de su hábitat y por la contaminación. Es por situaciones como estas, que atentan contra la especie, que la Estación Roberto Franco ha trabajado durante años en su cuidado y reproducción con el fin de contribuir a su conservación junto con la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL y con entidades aliadas como la WCS Colombia, el Parque Merecure, la Fuerza Aérea de Colombia, la Defensa Civil de Colombia, Universidad de los Llanos y Cormacarena.





martes, 2 de mayo de 2023

El cosmos y la divulgación científica, novedad de la UNAL en FILBo 2023

 En los andenes cercanos al Museo del Louvre (París), 135 medallones incrustados revelan la historia de François Arago, un político, matemático, físico y astrónomo francés, inspirador de una de las 127 columnas que el astrofísico colombiano Santiago Vargas Domínguez, investigador del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), publica desde 2014 en el diario El Tiempo.

Los medallones señalan el recorrido de 9 km de la Línea Arago, en el meridiano de París, que rivalizó con el de Greenwich como principal meridiano del mundo; este último resultó elegido en 1884 en la Conferencia Internacional del Meridiano, conformada por representantes de 25 Estados. El profesor Vargas recogió este y otros hechos para plasmarlos en el libro Historias del cosmos, una de las novedades de la UNAL en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2023.

Lo que se cuenta sobre el astrónomo Arago está en el apartado “El jefe de gobierno que midió la Tierra”, del capítulo “Vidas astronómicas” del libro.

“Arago fue uno de los personajes más importantes del siglo XIX, llegó a ser jefe del Gobierno francés, y uno no se imagina a un político haciendo aportes a la ciencia. Era una persona que podía llegar a la ciencia con grandes investigaciones como medir la Tierra”, comenta el profesor Vargas.

Durante la presentación del libro, la conversación del autor con el periodista de ciencia Nicolás Bustamante, prologuista de libro, estuvo llena de ejemplos, metáforas y lenguajes cercanos a todos, que hicieron posible entender el universo y sus dinámicas.

Otra historia que el autor compartió en el lanzamiento de su obra es sobre la ciencia y los árboles, que cuentan el pasado del universo guardado en estos “restos fósiles”, como los llama el profesor Vargas.

La publicación, editada por la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá, cuenta con el apoyo de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFyN).

En la presentación de Historias del cosmos, el profesor Enrique Forero, presidente de la ACCEFyN, escribió: “este compendio de artículos cortos escritos por Santiago evidencia una clara comprensión de la necesidad urgente que tenemos en el país de apropiar la ciencia como un elemento de cultura general, con el convencimiento de que su importancia debe convertirla en parte fundamental y necesaria en nuestra vida cotidiana. La información que se adquiera con su lectura busca que los conocimientos de sus lectores se aclaren, y renueven su interés por entender el cosmos en el cual están inmersos”.

Olfato y edición

Durante la conversación, el astrofísico Vargas relató que “tenía que hacer la columna tan simple, para que quien no conozca el cosmos se aproxime a él, y tan compleja para que los conocedores del tema encuentren cosas nuevas, además de sintetizar todo en 400 palabras que se lean en 3 minutos y que el tema no se vuelva aburrido. También dejar la semillita para  que la gente siga buscando”. Y esta sencillez en la manera de presentar la información científica es uno de los puntos a favor de esta publicación, de lectura agradable y diagramación ágil.

Así mismo, el autor recordó que empezó a escribir sobre curiosidades del cosmos, como por ejemplo a qué huele, cuál es la estrella más caliente, o cuál es la galaxia más distante de la Tierra, temas llamativos que le permitieron mover el interés de cientos de lectores de su columna.

“Me gusta hacer analogías con cosas cercanas y pongo ejemplos. Lo escribo en formas que se aplican cada día”, dijo el profesor.

“La vida de las estrellas es limitada: las estrellas grandes explotan y dejan restos en el universo; las medianas se convierten en objetos pequeños con una gran presión que puede generar diamantes”, escribe en su libro.





sábado, 29 de abril de 2023

Disponibilidad de agua en la cuenca del río Sinú disminuyó en 40 años

 Este es uno de los hallazgos obtenidos a partir del análisis de más de 60 estaciones de monitoreo de precipitación y caudal, tomadas entre 1981 y 2020. Se evidenció que la falta de agua en la cuenca del río Sinú ha pasado del 10 al 30 % anual. Además, que febrero es uno de los meses más críticos, debido a la reducción de precipitaciones.

El río Sinú es una de las fuentes hídricas más importantes del Caribe colombiano, esencial para el equilibrio ecosistémico; de ella se obtiene agua para consumo humano, actividades agrícolas, ganaderas e industriales, entre otras.

Ángel Daniel Díaz Carvajal, magíster en Ingeniería - Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, estudió la variabilidad climática de la cuenca en un período de 40 años, es decir, las variaciones en algunos parámetros que determinan la oferta hídrica del territorio

Para ello se enfocó en identificar los cambios que se presentan en las precipitaciones (lluvias) y el caudal del río, así como sus relaciones con el ENSO –fenómeno de variabilidad climática -que se manifiesta a través de El Niño o La Niña– y la operación del embalse de Urrá.

“Caracterizar sus comportamientos y estudiar sus tendencias es muy importante para planear mejor la gestión de los recursos hídricos”, señala el investigador.

Para el estudio aplicó métodos estadísticos apropiados para analizar los registros de 4 décadas en 46 estaciones pluviométricas y 16 estaciones de caudal, además de la información espacial de lluvia de la base de datos CHIRPS (Climate Hazards Group Infrared Precipitation with Station Data), para cubrir totalmente la zona de estudio, desde la cuenca alta –en el Parque Natural Nudo del Paramillo– hasta la cuenca baja, en la zona de desembocadura en el mar Caribe.

El magíster señala que “uno de los aportes de la metodología fue proponer la técnica estadística conocida como ‘análisis de varianza’ para evaluar específicamente si el ENSO genera cambios significativos en las variables (precipitación y caudal), y se encontró que algunos meses tienen más impacto que otros. En la época seca (diciembre, enero y febrero) y en el segundo semestre del año las alteraciones son mayores. Se evidenció la importancia de realizar los análisis de forma discriminada para cada mes”.

En relación con las precipitaciones, se evidenció que en febrero es más crítico, con una tendencia generalizada de disminución en toda la cuenca. “Esto es una señal de alarma para tomar medidas y enfrentar un mes que es cada vez más seco”, advierte el magíster.

Otros resultados relevantes fueron la disminución de la disponibilidad global del agua en la cuenca. “Al observar las gráficas notamos una gran diferencia entre las condiciones antes y después del embalse. Aunque en el periodo preembalse la cuenca alcanzaba valores de déficit hídrico anual cercanos al 10 %, en el periodo posembalse alcanza valores cercanos al 30 %”, explica.

Tales cifras reflejan el efecto sinérgico de la operación del embalse y el cambio climático detectado a través de las tendencias negativas de lluvia en diferentes porciones de la cuenca.

Con respecto al caudal, se encontró que esta variable refleja de forma clara la respuesta de la cuenca al cambio o la variabilidad de la precipitación, que a su vez es modelada por el ENSO, la vegetación y las actividades humanas.

Los meses en los que hay más influencia del ENSO están agrupados: los de menor impacto son los que van de abril a julio, mientras que los de mayor impacto van de agosto a marzo. Según el investigador Díaz, este hallazgo es muy importante porque da una idea de cuáles pueden ser los meses más afectados ante la ocurrencia de una fase activa del fenómeno.

Además, se encontraron evidencias de que el ENSO altera otros aspectos de la cuenca, como por ejemplo el tiempo de respuesta (tiempo medio que tarda el agua en llegar a un punto sobre la corriente).

“En la parte alta del Sinú, el tiempo de respuesta medio está entre 3 y 5 días, es decir que los caudales responden a la lluvia de los 3-5 días anteriores. No obstante, durante El Niño se presentan máximos de 11 días y durante La Niña mínimos de 1 día”.

Este es un aspecto fundamental a tener en cuenta en el diseño y la construcción de obras hidráulicas, por ejemplo, pues “si las condiciones de diseño cambian ante la ocurrencia de una fase activa del fenómeno, ¿cómo se afectaría la seguridad de la obra?, pregunta el investigador.

Por otro lado, el embalse de Urrá ha afectado no solo la magnitud de los caudales sino también otros aspectos del régimen hídrico, como duración, frecuencia y tasas de cambio. “Sin embargo, estos impactos son dinámicos, es decir, cambian a lo largo del tiempo, lo que nos indica la necesidad de realizar monitoreos permanentes”.

Al mismo tiempo, “las pruebas de hipótesis permitieron detectar que la generación hidroeléctrica se reduce significativamente durante El Niño, lo que se asocia con la disminución de los aportes al embalse”. Aunque los análisis de la precipitación mostraron tendencias positivas en la cuenca alta, las reducciones hidrológicas impactan de manera importante sobre la producción de energía.







jueves, 27 de abril de 2023

Residuos de cachama, plátano y cacao, materia prima para producción de biogás en Arauca

 En la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia se ubica la primera planta piloto de biogás del departamento de Arauca, para cuyo funcionamiento se utilizarán vísceras y agallas de cachama y tilapia, además de cáscaras de plátano y cacao. Del procesamiento de estos residuos se espera producir alrededor de 280 litros de biogás al día, que permitirán el abastecer ciertos espacios de la Sede, como la cafetería.

Según cifras del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, en 2020 Colombia produjo 12.000 toneladas de tilapia y 8.000 de cachama, lo que evidencia por qué son los peces que más se producen en el país. El departamento de Arauca es un productor piscícola por excelencia, cifras de la misma entidad muestran que para en ese mismo año esta fue de 1.892 toneladas.

Sin embargo, en la producción piscícola, residuos como las escamas, vísceras y cabezas sin un manejo adecuado pueden contaminar ríos y quebradas, entre otros cuerpos de agua. La situación no es diferente para los residuos agrícolas, que además de contaminar el agua su errónea disposición puede afectar el ciclo de nutrientes y la estructura del suelo.

Como una alternativa a esta situación, el Grupo de Investigación en Prospectiva Ambiental de la UNAL Sede Palmira busca convertir en biogás los residuos de la actividad piscícola y agrícola del área de influencia de la Sede Orinoquia. De paso, como ya sucedió en la Sede Tumaco, donde este proyecto ya tiene un camino recorrido, quiere vincular a los productores del área de influencia para que les den un uso óptimo a los desechos y así reducir su impacto en el medioambiente.

La profesora Luz Stella Cadavid, coordinadora del Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental de la Sede Palmira, señala que “Arauca es una zona con una alta actividad agrícola que genera grandes cantidades de biomasa residual, la cual debe ser manejada y dispuesta de forma adecuada, y en lo posible aprovechada”.

“Creemos que las comunidades de una zona como esta, que ha sufrido el conflicto armado, pueden fortalecerse y mejorar su calidad de vida con una iniciativa que generará empleo y desarrollo para la región. Por eso es necesario el apoyo de las instituciones”.

Funcionará con energía solar

La planta piloto, que busca expandirse al departamento, funcionará con un 80 % de residuos piscícolas y un 20 % de residuos agrícolas, lo que se convertiría en una alternativa para las familias que padecen el desabastecimiento de gas y los altos costos de este.

El sistema permite hacer un tratamiento previo a los residuos con la finalidad de reducir su tamaño y homogeneizarlos. Luego, estos se mezclan y disponen en un reactor que los descompone y transforma en biogás.

A diferencia de la planta de biogás de la Sede Tumaco, la de la Sede Orinoquia tendrá una versión mejorada, pues contará con una fuente de energía para la que se utilizarán paneles solares, además de un sistema mejorado de purificación del biogás.

Debido a que Arauca tiene una temperatura favorable, que varía entre los 28 y 36 oC, no es necesario calentar de manera adicional los sistemas para la producción del biogás, que tienen una temperatura óptima de 37 °C.

“La planta tiene dos partes, una que produce el biogás y otra que se encarga de purificarlo, removiendo el dióxido de carbono, el ácido sulfhídrico y la humedad, lo que nos permite obtener biometano con la calidad del gas natural”, explica la académica.

En unos tres meses se espera comenzar a producir biogás y biometano, que serán utilizados para el funcionamiento de la estufa en la cocina de administrativos de la Sede Orinoquia, así se economizará dinero en la adquisición de cilindros de gas.

“Se busca recibir cerca de 10 kilos de residuos a la semana, un poco más de 1 kilo al día, pero cuando se optimice la producción esperamos subir a 3 kilos por día para producir alrededor de 560 litros de biogás”, proyecta.

Proyecto con los productores locales

El proyecto desarrollará talleres con la comunidad para crear conciencia sobre la importancia de darle un segundo uso a los residuos agrícolas y animales.

“La idea es que los productores se apropien de esta tecnología y la puedan instalar en otras zonas; así podrían obtener una fuente de energía limpia para cocinar, y si se quisiera y a mayor escala, como combustible vehicular o fuente de energía eléctrica”, anota la profesora.

 







sábado, 22 de abril de 2023

22 de Abril día Internacional de la Madre Tierra !

 Cuidar a nuestra Madre Tierra

La Madre Tierra claramente nos pide que actuemos. Los océanos se llenan de plásticos y se vuelven más ácidos. El calor extremo, los incendios forestales, las inundaciones y otros eventos climáticos han afectado a millones de personas. Aún a día de hoy nos enfrentamos al COVID -19, una pandemia sanitaria mundial con una fuerte relación con la salud de nuestro ecosistema. 

El cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden acelerar el ritmo de destrucción del planeta.

Este día de la Madre Tierra es el segundo que se celebra dentro del Decenio de la ONU para la Restauración de Ecosistemas. Los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra. De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Restaurar aquellos que están dañados ayudará a acabar con la pobreza, a combatir el cambio climático y prevenir una extinción masiva. Pero sólo lo conseguiremos si todo el mundo pone de su parte.

Recordemos hoy más que nunca en este Día Internacional de la Madre Tierra que necesitamos un cambio hacia una economía más sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. Promovamos la armonía con la naturaleza y la tierra. ¡Únete al movimiento mundial para restaurar la madre Tierra!



jueves, 20 de abril de 2023

Creciente urbanización, la mayor amenaza de humedales, lagunas y ríos del Amazonas

 El incremento de la población, las alteraciones al cauce del río Amazonas –como sus desviaciones o la tala de los bosques ribereños– y el crecimiento urbanístico desordenado son los factores causantes de casi todas las situaciones de emergencia y de escasez de agua en la región.

Todo río construye a lado y lado de la ribera una ronda hídrica para encauzar el exceso de caudal, pero cuando estos espacios son ocupados por las personas, esta variación directa del entorno tiene efectos negativos en el ecosistema y genera un deterioro ambiental.

Así por ejemplo, “cuando una cuenca se queda sin bosque, pierde la capacidad de guardar el agua para liberarla en épocas de sequía”, explica el biólogo Santiago Roberto Duque, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia y director del Grupo de Investigación en Limnología Amazónica de la Sede.

Estos factores han generado fases extraordinarias, como la disminución del caudal sucedida en 2005 y 2010, o el aumento exagerado, como pasó en 2011, 2012 y 2015.

Por ejemplo, en enero de 2022 se presentó un fenómeno de drástica reducción del caudal del río Amazonas, que no se daba desde 1992 y que llevó al cierre de la bocatoma del acueducto de Leticia por la disminución del nivel de agua en la quebrada Yahuarcaca, que depende de las aguas del Amazonas.

“Aunque este comportamiento forma parte de la variabilidad hidrológica, el mal manejo de las cuencas incide directamente en estas situaciones, ya que genera destrucción ambiental, cambios extremos en los ecosistemas y grave impacto en la biodiversidad”, señala el biólogo.

Agrega que “tres décadas monitoreando y modelando el comportamiento del río a su paso por el departamento nos permiten concluir que en los niveles hídricos de los humedales de Yahuarcaca y del río Amazonas incide más el comportamiento humano que la afectación generada por el cambio climático”.

“Y aunque este es un fenómeno global que puede generar alteraciones como exceso o defecto de lluvias, en el Amazonas de alguna manera se siguen repitiendo los ciclos con algunas variaciones que son normales. Lo que en realidad está causando una afectación grave es el manejo inadecuado de las cuencas y del agua”, recalca el experto.

Cuando se tala el bosque se pierden árboles, arbustos, plántulas y lianas, pero lo más grave es que el suelo –que es muy pobre en nutrientes– queda expuesto al calor solar y al agua, que en la época de lluvia lo lava y erosiona haciéndolo infértil y arrebatándole la posibilidad de recuperarse.

Con la deforestación también desaparece la fauna que acompaña el bosque y se altera la dinámica natural de los miles de arroyos que existen en la región. Al quedar desprotegidos de sus bosques ligados a las riberas de los ríos (riparios o de galería), los sistemas fluviales cambian drásticamente sus patrones de aumento y disminución de caudales –e incluso el color de sus aguas–, que ahora transportan toneladas de sedimentos llevándose el suelo.

Sistema hídrico particular

Los estudios realizados por la UNAL Sede Amazonia han permitido reconocer la naturaleza geográfica, climática e hidrológica del territorio amazónico.


“Por estar ubicada cerca de la línea ecuatorial, Colombia tiene fluctuaciones de lluvias, por lo que en algunos lugares del territorio llueve dos veces al año, es decir que se presenta un patrón bimodal”.

“Esta situación se presenta en la cordillera de los Andes y en los valles interandinos, por ejemplo, pero así mismo en Cauca y Magdalena los patrones son monomodales porque tienen un gran periodo de lluvias”, explica el profesor Duque.

En buena parte de la Amazonia y la Orinoquia se da el patrón monomodal. Al llover, el agua drena por pendiente –debido a la topografía– hacia un punto determinado y forma la cuenca, desde donde desagua a un punto final formando también macro, meso y microcuencas.

Lo anterior indica que todos los ríos de la región obligatoriamente cambian de nivel: primero llevan más agua por el cauce, y a mayor velocidad debido a su caudal, lo que explica por qué se desbordan: no tenían la capacidad de albergar tanta agua, y por eso surgen las inundaciones como procesos naturales.

“Cada año en la Amazonia la temporada de lluvia en ascenso inicia entre octubre y noviembre y va hasta febrero o marzo, lo que produce las aguas altas, y con ellas el desbordamiento y las inundaciones que afectan los barrios bajos de Leticia”, explica el académico.

Este periodo ocurre hasta junio, cuando inicia la etapa rápida de descenso y el fenómeno del friaje –por la llegada de los vientos fríos antárticos, que cambian la estación en el hemisferio sur–, dando inicio a la temporada de aguas bajas, que va hasta agosto o septiembre, y se reinicia el ciclo.

Existe una variabilidad climática hidrológica, la cual indica que todos los años el fenómeno no sucede igual, y aunque es natural, es importante monitorear y reunir datos para predecir las condiciones naturales. De este trabajo se encargaba antes el Instituto Colombiano de Hidrología, Meteorología y Adecuación de Tierras (Himat) y hoy está a cargo del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).