martes, 20 de agosto de 2024

Tapir, el creador del paisaje, está amenazado por incendios y altas temperaturas

 Con 3 de las 4 especies de tapires reportadas en el mundo, Colombia es el país más diverso en estos animales, pero su existencia está en riesgo a causa de la destrucción de su hábitat y del cambio climático, y con ellos la biodiversidad del bosque.

“Si desaparecen los tapires desaparece la variabilidad genética del bosque, y como consecuencia se reduce su capacidad de adaptación al cambio climático, ya que lo relevante de este animal es que se puede desplazar largas distancias, entre 5 y 7 km, dispersando semillas y frutos. Estos nuevos árboles o arbustos son el hogar cientos de especies de insectos, anfibios y aves, por eso los tapires son considerados como especie paisaje”, explica el biólogo Federico Mosquera Guerra, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), investigador del grupo de investigación en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas (Ecolmod).

El tapir, o danta, es una especie de gran importancia ambiental para el mundo que se ubica en la categoría de “peligro de extinción”. Este fue el eje central del octavo simposio del Grupo de Especialistas de Tapires de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), realizado esta vez en Brasil, en julio de 2024. Allí, un representante de Ecolmod compartió los aportes del grupo desde la investigación científica y las contribuciones en pro de la conservación de los tapires.

Colombia es el quinto país del mundo con mayor riqueza de mamíferos, entre los que se encuentran el tapir centroamericano (Tapirus bairdii), tapir de montaña (T. pinchaque) y tapir de tierras bajas (Tapirus terrestris).

El tapir de tierras bajas es un mamífero herbívoro de gran tamaño que desempeña un rol muy importante en los ecosistemas en donde habita, y en la ecología de las sabanas de la Orinoquia son esenciales como dispersores las semillas y frutos de los bosques de galería y morichales, contribuyendo así al mantenimiento de las coberturas naturales y la regulación del ciclo del agua, lo que resalta la necesidad de preservar esta especie y sus hábitats en un entorno de constante cambio por las acciones humanas.

A pesar de su importancia, los tapires enfrentan amenazas como la caza, la destrucción de su hábitat, los cambios en el clima y los fenómenos extremos, como sequías o inundaciones, que pueden alterar su acceso a alimentos y al agua, degradando sus hábitats aceleradamente.

“En los últimos años el cambio climático ha generado un aumento en la frecuencia, intensidad y extensión de los incendios forestales, que se han convertido en una amenaza creciente para la biodiversidad de la Orinoquia porque deterioran los bosques riparios y morichales en las sabanas. Estas acciones humanas reducen la oferta de recursos disponibles para las especies de mamíferos, como alimento, refugio y provisión de agua”.

“A esta situación se suman las actividades productivas mal implementadas como la ganadería extensiva y la agricultura tradicional, que realizan prácticas como la tala y quema, que influyen en la presencia de estas especies en los hábitats evaluados para las sabanas de altillanura de la Orinoquia”, explica el investigador Mosquera.

Tapires: especiesvitales para el mantenimiento de los ecosistemas del país

El objetivo del proyecto “Biofuegos” del grupo Ecolmod es evaluar la influencia de factores ambientales –como las áreas afectadas por incendios forestales y las actividades humanas agropecuarias– sobre la diversidad de especies de grandes mamíferos amenazados.

“El tapir de tierras bajas –considerado como vulnerable– se distribuye en las sabanas nativas de altillanura del Vichada y actualmente está amenazado por el deterioro de sus hábitats debido a incendios forestales, construcción de infraestructura vial y la presión cinegética”, enfatizó el investigador de la UNAL.

La conservación de esta especie es esencial no solo para su supervivencia sino también para la salud de los ecosistemas que dependen de su actividad ecológica. Según el biólogo Mosquera, “la asistencia al simposio y el diálogo con los profesionales de diferentes países me permitió identificar 3 principales cuellos de botella para lograr la conservación del tapir y de sus hábitats”.

“El primer obstáculo es la protección social del conocimiento, es decir articular la academia que está generando investigaciones con el decisor, que en últimas son las comunidades; el segundo es la incidencia en las políticas públicas y el tercero la financiación de la ciencia, ya que el porcentaje para la construcción del conocimiento en nuestros países es muy bajo.

Por último, hace un llamado acerca de la importancia de conocer e implementar acciones que realmente ayuden a la conservación de los tapires y sus hábitats, debido a que su pérdida no solo afectaría esta zona de estudio del país. Mientras tanto el equipo de investigación continúa realizando estudios que ayuden a identificar las amenazas que presenta el tapir de tierras bajas y posteriormente construir las estrategias para incidir con este conocimiento en la toma de decisiones que tenga como pilar fundamental la conservación y protección de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que prestan estos grandes mamíferos y sus hábitats en el país.

Un llamado internacional

El biólogo Mosquera representó al grupo Ecolmod en Campo Grande do Soul (Brasil) para exponer los conocimientos adquiridos por la UNAL sobre la relación entre el tapir y su entorno y el desplazamiento de grandes mamíferos amenazados, como el tapir de tierras bajas característico de las sabanas del Vichada.

El simposio del Grupo de Especialistas de la UICN se realiza cada 3 años y esta vez participaron importantes instituciones interesadas en la preservación de esta especie al rededor del mundo, entre ellas la UNAL y el Zoológico de Cali representantes de Colombia; algunas ONG como WCS e instituciones académicas como las Universidades Nacional Autónoma de México (UNAM), Nacional de Guatemala, y Nacional de Costa Rica, entre otras instituciones de Ecuador, Brasil, Singapur y demás países de Asia y Europa.

Como aporte de la UNAL al encuentro, el investigador Mosquera expuso 4 trabajos derivados del proyecto “Biofuegos” (BPIN 2020000100456) que desarrolla el grupo Ecolmod con financiación del Sistema Nacional Regalías: “el primero está relacionado con un modelo de distribución potencial para el tapir de tierras bajas para la altillanura y su representatividad en áreas protegidas; el segundo con la conectividad funcional de los tapires en la Orinoquia, con énfasis en la altillanura; el tercero con la importancia de los bosques ribereños y el hábitat de más de 31 especies de grandes mamíferos, y por último presentamos avances del libro Colombia, país de tapires, el cual publicaremos próximamente como un aporte pedagógico tangible al conocimiento más profundo de la especie en el país”, concluye el investigador Mosquera.






viernes, 16 de agosto de 2024

Declarar el río Magdalena como sujeto de derechos contribuiría a su recuperación

 Para contrarrestar los conflictos socioambientales del río Magdalena, en cuya cuenca habita el 77 % de la población colombiana y se produce el 85 % del producto interno bruto (PIB) nacional, sería necesario brindarle protección al afluente y los ecosistemas que lo componen, además de reconocer su importancia como principal vía fluvial del país.

Una de las problemáticas del río Magdalena identificadas por el ingeniero civil Gonzalo Duque Escobar –con posgrados en Economía, Geofísica y Mecánica de Suelos y docente de la UNAL– es la carga de 150 millones anuales de toneladas de sedimentos que se vierten al Caribe, como expresión de la deforestación del 80 % de la región Andina, y las crecientes periódicas que inundan decenas de miles de hectáreas en su cuenca baja como consecuencia de la pérdida de la función reguladora de la depresión Momposina, en donde se han desarticulado complejos de cientos de ciénagas, cerrando sus caños.

Según el investigador, a esta situación se suma la pérdida del 90 % de la pesca y el blanqueamiento del 80 % de los corales entre Cartagena y Santa Marta, así como la consecuencia de la deforestación en algunas de sus cuencas.

“Este río de 1.613 km, con 990 km navegables desde su desembocadura en el mar Caribe hasta el Salto de Honda, y 400 km más desde allí hasta el departamento del Huila, tiene comprometida su cuenca –de unos 250.000 km2–, puesto que es un escenario deforestado que explica por qué en la desembocadura, siendo el caudal promedio de 7.200 m3/segundo, se presentan variaciones desde 10.287 m3/s en invierno hasta 4.068 m3/s en verano.

“Lo anterior explica por qué amparar los derechos ambientales a la Luz del artículo 331 de la Constitución Política de Colombia –que crea Cormagdalena– y de la Ley 161 de 1994 –que la organiza– es darles primacía a sus 30.000 pescadores y a 15.000 más de sus afluentes en el Cauca, a los humedales y bosques secos que lo circundan, no solo para ponerle límites a las intervenciones que buscan establecer un canal navegable para que no alteren su vaguada (ascenso de masas de aire cálido y húmedo) ni los frágiles humedales como ecosistemas vitales de este territorio”, enfatiza.

Por otro lado, en 1991 la Constitución Política, mediante el artículo 331, crea la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena, (Cormagdalena) encomendándole la recuperación de la navegación y la protección del medioambiente y de los recursos naturales renovables de la principal arteria fluvial del país. “Pero pese a haberle encomendado la recuperación integral del río, al adscribírsele el organismo con la misión al Ministerio de Transporte, se ha ocupado principalmente de la navegación, dejando de lado a los pescadores y los ecosistemas”, manifiesta el investigador Duque.

Deterioro ambiental va más allá de la deforestación y pérdida de complejos de humedales; además de resolver la contaminación por aguas vertidas y no tratadas, donde a las actividades agroindustriales con su huella hídrica se suman los vertimientos industriales y urbanos”, precisa.

Propuesta

Para el ingeniero civil, una posible solución sería una declaratoria que priorice al río Magdalena partiendo del concepto del territorio como sujeto de derechos. “Si su cuenca es el hábitat en donde se dan las relaciones con el medio andino tropical y también el río hoy –víctima del olvido– y se encuentra degradado y contaminado, urge emprender una recuperación que tenga como fin una política pública orientada a socializar los beneficios de la economía modal”.

“Además, para recuperar íntegramente el río, sostiene que se necesita una declaratoria que lo haga sujeto de derechos bioculturales y de reconocer su valor excepcional como patrimonio cultural y natural de la humanidad, como lo propone la Cátedra Unesco”, puntualiza el investigador.

Recorrido del río

La cuenca del río Magdalena ocupa el 24 % del territorio colombiano. En ella están 11 departamentos: Magdalena, Atlántico, Bolívar, Cesar, Antioquia, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Caldas, Tolima y Huila.






martes, 13 de agosto de 2024

Con IA revelan el trabajo invisible de los manglares en Colombia contra el cambio climático

 Solo en 2020 las costas colombianas cubiertas por estas formaciones vegetales capturaron casi 100.000

kilotoneladas de dióxido de carbono (CO2), principal causante del calentamiento global, según calcularon investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que entrenaron un algoritmo de inteligencia artificial (IA) con imágenes satelitales para medir el aporte de estos ecosistemas en la reducción de los gases de efecto invernadero.

Aunque parezca poco común que la física tenga un vínculo estrecho con la ecología y la conservación, en este estudio fue un instrumento clave para medir –mediante tecnología satelital y algoritmos avanzados– el área total de manglar de las costas del Caribe y el Pacífico de Colombia, además de su capacidad de almacenar CO2 en sus tejidos y en el suelo.

Cuando el carbono es atrapado por estos bosques y otros tipos de vegetación marino-costeros recibe el nombre de “carbono azul”, diferenciándolo del almacenado en los bosques y la vegetación terrestre, que es el “carbono verde”.

El profesor Santiago Vargas Domínguez, del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la UNAL y uno de los investigadores del estudio, explica que “en estos casos la física fundamental se aplica a la observación, un campo que ha evolucionado precisamente por los satélites que orbitan alrededor del planeta”.

“Lo que hacemos es captar las imágenes de un satélite de observación de la Tierra y transformarlas en información. A partir de ellas podemos conocer la dinámica del océano, la atmósfera y de los fenómenos que ocurren en el planeta”, sustenta.

Este tema es más complejo de lo que parece, pues los investigadores obtienen una imagen que les proporciona información de cómo la luz está interactuando con la superficie de la Tierra, en este caso de las zonas costeras, y el reflejo de esa luz que le llega al satélite es la información que emplean para inferir las propiedades de la región.

El algoritmo arrojó que en 2020 Colombia tenía un área total de manglar de 2.756,84 km2, y estimó que estos ecosistemas podrían capturar y almacenar unas 96.351,66 kilotoneladas de CO2, lo que contribuiría significativamente a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, ya que según la medición absorben hasta 10 veces más que los ecosistemas terrestres.

“Los ecosistemas en Colombia están cambiando drásticamente y estimar la reducción o el aumento de manglares depende de muchos factores. En este enfoque hemos aprovechado la información global que nos brinda la tecnología satelital, tanto en términos de cobertura espacial como temporal. Con este estudio abrimos la posibilidad de utilizar algoritmos para analizar otros ecosistemas y asimismo orientar estrategias de conservación”, destaca el profesor Vargas.

Así funciona el algoritmo

“El proceso comenzó en 2020 con la recolección de cientos de imágenes satelitales de alta resolución provenientes del satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea que proporcionan una vista detallada de las áreas costeras de Colombia donde se encuentran los manglares” explica Joel Bernal Ortiz, estudiante de Física de la UNAL y uno de los investigadores del estudio.

“Las imágenes multiespectrales que reunimos no solo capturan los colores que podemos ver, sino además en bandas que nuestros ojos no pueden captar, información que nos permite identificar qué es y qué no es un manglar; para eso empleamos IA”, precisa.

Este proceso requirió de meses de trabajo, pues durante más de 10 años los satélites han estado observando el territorio colombiano y acumulando millones de imágenes, por eso un amplio conjunto de datos de las zonas costeras se filtró, limpió y calibró para asegurar su fiabilidad.

Con las imágenes satelitales seleccionadas se aplicaron algoritmos de procesamiento de imágenes para identificar y mapear las áreas cubiertas por manglares, proceso que incluyó la clasificación de la vegetación mediante técnicas de aprendizaje automático, lo que permitió diferenciar los manglares de otros tipos de vegetación y superficies.

“Nosotros entrenamos el algoritmo Random Forest para que aprendiera a diferenciar lo que era manglar y lo que no, a partir de los datos etiquetados”.

“Luego tuvimos una fase que es de validación, en la que le mostramos al algoritmo datos que no conoce, absolutamente nuevos, para que determine según su aprendizaje las zonas que son de manglar, después verificamos con datos reales si es correcto o no”, explica el estudiante Bernal.

La eficiencia arrojada por esta herramienta optimizaría tanto los costos como el tiempo frente a los métodos tradicionales de recolección y análisis de datos que requieren expediciones de campo extensivas, en las cuales los investigadores recolectan datos directamente en el terreno. Este proceso es costoso por la necesidad de desplazar equipos de investigadores a zonas remotas, lo que implica gastos de transporte, alojamiento y equipo especializado.

Según los investigadores, emplear IA y tecnología satelital no solo representa un avance en la precisión y rapidez con la que se pueden obtener datos críticos sobre los ecosistemas, sino que además abre nuevas posibilidades para la conservación a gran escala.









lunes, 12 de agosto de 2024

Buenas relaciones comerciales aumentan la adopción de tecnologías en el sector agrícola

 Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales revela que las buenas relaciones entre los agricultores y los proveedores de insumos y servicios inciden en la manera como los agricultores adoptan nuevas tecnologías en la producción agrícola.

La investigación muestra que una relación comercial sólida no solo facilita el acceso a nuevas tecnologías, sino que además mejora la capacidad de los productores para implementar estos avances, aumentando así su competitividad y sostenibilidad.

El estudio fue realizado por Charles Robin Arosa Carrera para el Doctorado en Administración, con el objetivo de analizar el “capital relacional” a través de la red de actores en los territorios agrícolas en el Meta y cómo este capital influye en la innovación tecnológica.

El investigador aplicó encuestas a 250 productores agrícolas (medianos y pequeños) de palma, arroz, café, cítricos, yuca, plátano, cacao, maíz, aguacate, caña y maracuyá. Se eligió el Meta por su importancia agrícola y diversidad de cultivos, aunque presenta un bajo índice de innovación frente a otros departamentos colombianos.

“Para medir la calidad de la relación comercial entre productores y proveedores se utilizó una escala de 7 puntos, con una media general de 3,75, lo que sugiere que, en términos generales, las relaciones comerciales se perciben positivamente, aunque se identificó un margen para mejorar”, explica el investigador.

En cuanto al nivel de adopción de innovaciones tecnológicas, el estudio reveló que el 52 % de los productores adoptaron al menos una nueva tecnología en los últimos 2 años. “De estos, el 70 % de aquellos que reportaron una buena calidad (alta) en la relación comercial, también adoptaron innovaciones, mientras que solo el 35 % con una relación comercial de baja calidad adoptaron nuevas tecnologías”, precisa el investigador. Esto demuestra una fuerte relación entre la calidad de la relación comercial y la adopción de innovaciones.

En los agronegocios con relaciones comerciales de alta calidad se observó un incremento del 15 % en la adopción de nuevas tecnologías, en comparación con aquellos con relaciones menos efectivas. Este aumento en la adopción de herramientas tecnológicas demuestra que las buenas relaciones comerciales están estrechamente relacionadas con la disposición para incorporar innovaciones en la agricultura.

“El análisis estadístico mostró una correlación positiva significativa de 0,65 entre la calidad de la relación comercial y la adopción de tecnologías, con un valor p < 0,01, significa que hay menos del 1 % de probabilidades de que los resultados observados se deban al azar si la hipótesis nula es cierta. En otras palabras, es muy improbable que el resultado se deba a una casualidad.

Esto confirma que la relación entre ambos factores es estadísticamente significativa y destaca la importancia de una buena relación comercial para fomentar la innovación tecnológica en el sector agrícola”, menciona el investigador.

La mayoría de los agronegocios muestran una relación estable con sus proveedores, pues hay coherencia entre el tiempo dedicado al cultivo y la duración de la relación comercial. Los cultivos perennes, como la palma, tienen tiempos de dedicación más prolongados en comparación con los cultivos transitorios como el arroz.

En términos de área cultivada, la palma de aceite lidera con 1.465,9 hectáreas y una alta productividad de 17,2 toneladas por hectárea, además de un tiempo promedio de dedicación de 24,7 años. En contraste, el arroz tiene una menor área cultivada (177,5 hectáreas) y una productividad inferior (5,3 toneladas por hectárea), pero los productores se dedican a esta actividad durante un promedio de 10,4 años. Otros cultivos como el café y los cítricos presentan distintas combinaciones de hectáreas y productividad, con tiempos de dedicación que varían según su antigüedad y tipo.

En muchos casos la baja área cultivada obedece a la estructura organizacional basada en la economía campesina en la región del Meta, que está compuesta predominantemente por pequeños y medianos productores. La productividad presenta una gran dispersión, influenciada por la edad de los cultivos y las inversiones necesarias para su desarrollo. En general, los valores observados son consistentes con los niveles de productividad nacionales.

El sector agrícola colombiano tiene la oportunidad de mejorar la optimización de sus cultivos mediante la adopción de innovaciones tecnológicas avanzadas. Por ejemplo, emplear pulverizadoras modernas para fumigar cultivos, junto con sensores digitales para el monitorear parcelas, podría garantizar un manejo más preciso y eficiente.

Las sembradoras de precisión optimizarían el proceso de siembra, mientras que los biofertilizantes y bioestimulantes fortalecerían el desarrollo de las plantas. Además, los drones facilitarían el monitoreo aéreo de los cultivos, y el uso de macrodatos (big data) permitiría recopilar y analizar información detallada sobre factores cruciales como el suelo, el clima y la calidad del agua, contribuyendo a una gestión agrícola más efectiva e informada.










viernes, 9 de agosto de 2024

Con participación de la UNAL, el Valle del Cauca adopta el primer Plan Agroecológico del país

 Más de 7.000 productores agro-ecológicos del departamento se beneficiarán con la implementación del Plan Agro-ecológico construido colectivamente y adoptado por el Valle del Cauca para el periodo 2024-2035, proceso acompañado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

El nuevo Plan Agro-ecológico del Valle del Cauca, adoptado por la Ordenanza 656 del 11 de junio, contempla una inversión cercana a los 95.000 millones de pesos para transformar en los siguientes 11 años la agricultura departamental y beneficiar mediante su implementación a más de 7.473 personas agrupadas en 233 asociaciones agro-ecológicas.

La agro-ecología toma cada vez más interés en el mundo porque promueve la conexión de conocimientos científicos y tradicionales para desarrollar sistemas agrícolas sustentables. Por eso en el Plan también se propone promover la autosuficiencia alimentaria, posibilitar el acceso a la tierra con dignidad y asegurar la conservación de la biodiversidad y la inclusión de la agro-ecología en la producción rural.

Desde sus inicios esta iniciativa ha estado respaldada por la experiencia y acción de más de 20 años del Grupo de Investigación y del Centro de Pensamiento en Agro-ecología de la UNAL Sede Palmira, los cuales, a través de seminarios y encuentros con agricultores, han facilitado la apertura institucional hacia la investigación y el trabajo comunitario en los territorios. Así la Institución busca articularse al Plan mediante la participación activa en el grupo “Alianzas por la Agro-ecología”.

“Esta coalición buscará impulsar la agro-ecología en todos sus componentes: tecnológico, económico, social, político y ambiental, con la articulación de la Gobernación, organizaciones campesinas agro-ecológicas, el Instituto Mayor Campesino (Inca), el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y la UNAL”, informa la profesora Marina Sánchez de Prager, coordinadora del Centro de Pensamiento y del Grupo de Investigación en Agro-ecología, el cual avanza en la formulación de proyectos para contribuir al bienestar de las comunidades.

“A partir de esta ordenanza la UNAL debe proyectarse más allá de sus paredes y seguir trabajando de manera integral con la comunidad, pues la agro-ecología es una herramienta poderosa para mitigar el cambio climático, bajar los costos de producción y promover la justicia social, fundamental para la sostenibilidad y la paz en los territorios”, enfatiza la coordinadora.

Con la adopción del Plan Agroecológico, el Valle del Cauca se convierte en el primer departamento de Colombia en asumir con acciones reales los pilares de la política nacional para el campo, la cual plantea: convertir el país en potencia agroalimentaria para promover la soberanía y seguridad alimentaria desde lo local; frenar la crisis del hambre; garantizar el derecho humano a la alimentación adecuada; sustituir las importaciones de alimentos y de insumos con base en la  petroquímica, y además estimular la producción rural con miras a fortalecer la agricultura campesina, familiar, comunitaria y popular.

Plan de Agro-ecología, un trabajo colectivo

En entrevista con la Agencia UNAL, el ingeniero agrónomo Fernando de Jesús Álvarez Ramírez, funcionario de la Secretaría de Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca de la Gobernación del Valle del Cauca y coordinador de la construcción colectiva del Plan, destacó que “la iniciativa se hizo con enfoque territorial y de género, lo que permitió una participación amplia de los municipios en las 4 subregiones del departamento: norte, centro, Pacífico y sur”.

“Para los agricultores que adopten prácticas agro-ecológicas el Plan incluirá incentivos, como subsidios para la compra de insumos orgánicos y apoyo técnico continuo. Estamos comprometidos a garantizar que los agricultores tengan acceso a los recursos necesarios para implementar estas prácticas y mejorar la rentabilidad y calidad de vida de las comunidades rurales, campesinas, indígenas y afrodescendientes”.

El Plan Agroecológico del Valle del Cauca prevé la implementación de 50 mercados agro-ecológicos, 20 casas de semillas, 500 escuelas campesinas de agroecología, y 8 casas museo para la memoria biocultural. Además, la construcción de redes subregionales de consumidores agro-ecológicos y la creación de 84 proyectos para la producción de energías alternativas y 178 biofábricas, con el apoyo de la UNAL y otras instituciones académicas y de investigación de la región.

La estrategia se estructuró en 4 dimensiones: (i) ecológica técnico-productiva para el manejo y la conservación de la agro-biodiversidad, (ii) histórico-cultural y espiritual para recuperar la memoria cultural y los saberes ancestrales, (iii) las económicas diversas y alternativas como la del cuidado, popular y solidaria, y (iv) organizativo-política e institucional, que fortalecerá el movimiento agro-ecológico y la integración de la agro-ecología con las instituciones de la región.

Dada la importancia del Plan, la agenda previa de la COP16 en la UNAL Sede Palmira inició con el conversatorio “Agroecología y futuro local, regional, territorial y planetario: una mirada desde el Valle del Cauca y el PLAVEV”, en el que se socializó parte de la iniciativa. Revívelo aquí.







jueves, 8 de agosto de 2024

Universitarios y campesinos rescatan árboles para restaurar alta montaña en el Valle del Cauca

 Academia, empresa y familias campesinas restauraron ecológicamente en cooperación zonas degradadas por la deforestación para agricultura y ganadería en áreas de conservación de recursos naturales de la alta montaña de Palmira. La siembra de casi 500 árboles rescatados por las comunidades fue un éxito al lograr el 60,6 % de supervivencia en el primer semestre del año

Este territorio, ubicado entre los 2.400 y 2.800 msnm, es rico en biodiversidad y de allí se originan importantes ríos que surten al municipio. Además ha sido históricamente escenario del conflicto armado y actividades al margen de la ley, que luego de la firma del Acuerdo de Paz en 2016, se abrió a nuevas oportunidades productivas y turísticas, y con ello vino una mayor ocupación y uso de la tierra. Algunas familias regresaron al territorio y otras llegaron buscando un nuevo comienzo.

La paz brindó la oportunidad a la academia, representada en profesores, investigadores y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, de subir a estas zonas del municipio y reconocerlas, un proceso que desde 2017 ha originado diversos proyectos de investigación en los corregimientos de Toche, Teatino, Cabuyal y Combia.

En este último, ubicado en la parte más alta de la montaña cerca al Parque Nacional Natural de Las Hermosas Gloria Valencia de Castaño, se realizó la restauración ecológica en cooperación con la siembra de 487 árboles nativos como gavilán, flor amarilla, sauce, cedro negro, molde y palma de cera, el árbol nacional del país.

Cerca del 60 % de las plantas fueron rescatadas por la comunidad. Las 13 familias campesinas, en sus recorridos por la zona montañosa, se dedicaron a identificar árboles pequeños de entre 20 y 40 cm de altura, utilizando su conocimiento ancestral y una cartilla proporcionada por el Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental y su semillero de Investigación Ambiental (SIAMB). Durante las caminatas encontraban estos arbolitos en lugares donde probablemente no sobrevivirían, y siguiendo las indicaciones los sacaban cuidadosamente protegiendo la raíz y parte del sustrato.

Yorledis Esquivel, una de las participantes de la zona rural de Combia, quien ordeña en las mañanas y en las tardes realiza los oficios de la casa, manifestó: “uno que no conoce muchos árboles puede pensar que son maleza y no sirven, pero este proyecto nos enseñó su importancia y cómo cuidarlos para ayudar al medioambiente”.

Luego de recolectar los árboles, los llevaban a sus casas y los cuidaban en bolsas especiales que les habían sido suministradas. Cuando llegaba el momento de la siembra, profesores y estudiantes revisaban el material vegetal rescatado, y si estaba en buenas condiciones lo trasladaban al lugar de plantación en la montaña.


“Durante el proceso de investigación adelantado con un equipo multidisciplinario identificamos uno de los problemas más importantes: la fragilidad ambiental que tienen estas zonas frente a la conservación de su biodiversidad, particularmente sus árboles nativos y sus bosques, que son clave para la sostenibilidad y la adaptación al cambio climático”, señaló la profesora María Victoria Pinzón Botero, directora del SIAMB y líder de la iniciativa, respecto al origen del proyecto.

A pesar del impacto del fenómeno de El Niño a inicio de 2024, en el seguimiento adelantado en el primer semestre se registró que los árboles lograron un porcentaje de supervivencia de 60,6 %, “lo que evidencia que ese esfuerzo compartido logró un éxito contundente, incluso a pesar de las variaciones climáticas”, agregó la profesora Pinzón.

La metodología empleada se centró en un enfoque participativo y de transferencia de conocimiento. El trabajo de siembra se distribuyó en tres jornadas entre febrero y abril de 2024, y paralelamente se fue realizando el seguimiento a cada uno de los arbolitos sembrados en los diferentes sectores correspondientes a las franjas de protección del río Amaime y de la quebrada Los Cuchos, fuente abastecedora del centro poblado plan de vivienda del corregimiento.

Restauración ecológica en cooperación

En el trabajo con las comunidades que venía adelantando la UNAL Sede Palmira en Combia, la iniciativa fue impulsada por el vivero local con el campesino Jaime Quintero, quien desde hace algunos años trabaja en el rescate de la palma de cera, nativa de las regiones montañosas de los Andes colombianos. Luego, con el apoyo del SIAMB, se propusieron destinar un área adicional para cultivar y rescatar árboles nativos.

Desde 2017 la actividad investigativa ha sido apoyada por la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Parques Nacionales Naturales de Colombia, el municipio de Palmira y la empresa Ecotank, que en 2023, a través del programa “Reverdece con propósito” y con la colaboración de compañías de diversos sectores a los que presta sus servicios, logra contribuir con la puesta en marcha de la siembra de árboles con apoyo económico para las familias campesinas.

Diana Giraldo, quien vive con su familia en la vereda Combia y se dedica a diversos oficios como la recolección de cebolla y otras tareas del campo, recorrió con su esposo y dos hijos pequeños la montaña en el rescate de árboles. Ella destaca que fue “algo muy bonito que les enseñó a valorar y proteger el entorno natural, donde mis hijos aprendieron la importancia de esta tarea”.

Para la profesora Pinzón “es fundamental que los futuros profesionales comprendan que las zonas de conservación y protección no siempre están en las condiciones ideales que imaginamos. Este proyecto ha permitido que los estudiantes se enfrenten a la realidad de los territorios y conozcan la importancia de conservar los árboles nativos y la biodiversidad para un ordenamiento territorial más sostenible que aporte efectivamente a los retos de la adaptación al cambio climático”.








martes, 6 de agosto de 2024

Nuevo modelo prevería emergencias en proyectos como Hidroituango

 Un modelo multicriterio, probado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, logró hacer previsiones a modo de ranking –de mayor a menor– de los impactos ocurridos en torno a este proyecto, por lo que sería una herramienta útil para tomar decisiones acertadas, prevenir riesgos y evitar mayores gastos. Su uso se podría extender a futuros planes hidroeléctricos, o similares, de gran envergadura.

Hidroituango, una de las centrales de generación de energía más grandes de Sudamérica, tuvo una de sus mayores contingencias operacionales en 2018 por la obstrucción de uno de los túneles auxiliares de desviación. Así mismo, y pese a su importancia para la economía del país, tuvo una fuerte oposición por parte de la comunidad, lo que implicó retos económicos, sociales y ambientales.

“Durante la planeación de proyectos como este se busca prever, evitar y mitigar riesgos. Sin embargo, los estudios suelen ser muy limitados y unidireccionales, centrados a favor de los resultados que el proyecto pretende alcanzar”, explica Juan Felipe Laverde Salazar, magíster en Ingeniería de Sistemas de la UNAL Sede Medellín.

Hidroituango como caso de estudio

El nuevo modelo se considera integral porque determina la influencia que puede haber entre variables y revela conexiones que pasan desapercibidas con otros métodos. “En la bibliografía encontramos 21 metodologías existentes, luego seleccionamos aquellos impactos relacionados con las hidroeléctricas (148 en total), y por último con el modelo DEMATEL-WINGS (empleado para analizar factores entrelazados) determinamos cómo influía cada impacto en el sistema o en ‘el todo’”.

Para este estudio se analizó el Listado de impactos ambientales específicos2021, publicado en por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. “Obtuvimos 1.104 combinaciones que siguen la estructura: Decisor – Espacio geográfico – Temporalidad del proyecto – Impacto, lo que nos permitió determinar quiénes eran los más afectados por el proyecto, en qué etapa y en cuál área de influencia”.

Y además realizar un análisis complementario para los planes de manejo ambiental, de manera que sean más precisos y efectivos. “Para validar el modelo propuesto según los impactos ‘listados’, tomamos como caso de estudio el proyecto Hidroituango y los datos públicos de su Evaluación de Impacto Ambiental”.

Esta información se ingresó al modelo para analizar los 30 impactos que finalmente se muestran “ranqueados”, y encontramos que la mayoría se concentran en el proyecto mismo, tal como ocurrió en la vida real con la emergencia operacional.

Según estos resultados, el proyecto es el principal agente de impacto dentro del sistema, y además sugieren que la comunidad es la más afectada por su implementación. En cuanto a la dimensión temporal, se destaca que la mayoría de los impactos ocurre durante la fase de construcción.

Con respecto a la dimensión espacial, se obtuvo que la zona del embalse experimenta la mayor incidencia de impactos, principalmente atribuibles al proyecto. “Aunque la validación se correspondió con la realidad, el modelo se puede mejorar aún más, incluyendo actores como los estatales y variables de causalidad”, agrega el investigador.

Potenciar un modelo como este sería establecer un precedente para construcciones más equilibradas y sostenibles, de manera que se prevean y mitiguen conflictos socioambientales y de operatividad. Por último, también es importante señalar que es extrapolable a proyectos similares y de gran magnitud.







lunes, 5 de agosto de 2024

Con cenizas de cascarilla de arroz se mejorarían vías terciarias de los Llanos Orientales

 Un proyecto liderado por docentes y profesionales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y financiado por el Sistema General de Regalías (SGR) busca aprovechar la ceniza resultante de la quema de la cascarilla de arroz para fabricar cementos no convencionales, con el fin de aplicarlos para mejorar las vías terciarias de la región Orinoquia.

En 2023 se produjeron en Colombia 6,5 millones de toneladas de productos agrícolas, entre ellos el arroz, con 1,7 millones toneladas en el Casanare y 1,4 millones de toneladas en el Meta, lo que demuestra que los Llanos Orientales es la zona de mayor producción arrocera del país, según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), sobre la más reciente Evaluación Agropecuaria Municipal (EVA).

Sin embargo el mal estado de las vías internas de la región es uno de los problemas que dificulta sacar eficientemente los productos agropecuarios (arroz, soya, piña, caucho, palma africana, pino, maíz, plátano, patilla, yuca, cítricos y árboles maderables, entre otros), y además repercute en un alza en los costos de transporte, situación que obedecería a la ubicación geográfica, el clima, y la falta de inversión y de soluciones definitivas.

“El 70 % de las vías colombianas se clasifican como “terciarias”, es decir las que unen las cabeceras municipales y las veredas, por lo que son fundamentales para el desarrollo de la economía regional”, expuso el profesor de la UNAL Ary Alain Hoyos, ingeniero civil, doctor en Ingeniería - Ciencia y Tecnología de Materiales y líder de la investigación.

Ante esta problemática, la UNAL Sedes Medellín y Orinoquia se unieron para adelantar un proyecto que explora soluciones de economía circular, es decir aprovechar al máximo todos los recursos materiales para reducir, reciclar y reutilizar lo que se desecha.

Los investigadores encontraron en la producción arrocera un recurso útil para aportar a la solución del estado de las vías terciarias de la región: “elegimos la ceniza de la cascarilla de arroz como materia prima porque esta ya pasó por todo un proceso químico, la huella de carbono es mucho más baja y es algo que no se utiliza, es un residuo”, explica el profesor Hoyos.

La ceniza de cascarilla de arroz mejoraría el suelo vial

La cascarilla de arroz suministrada por la Comercializadora de los Llanos fue la materia prima de la investigación: “su ceniza se adquiere mediante un proceso de quema controlada, el cual implica calentarla a temperaturas específicas, y de allí se produce la calcinación y se transforma en cenizas. Después, este subproducto se incorpora en mezclas de concreto como un sustituto parcial del cemento, lo que mejora la resistencia y durabilidad del material”, explica el docente.

Aclara además que “el proceso para aprovechar este residuo consiste en recolectar la ceniza y mezclarla con el suelo en ciertas proporciones, y a esa mezcla agregarle activadores alcalinos, lo  que permite disolver parte de la ceniza para obtener lo que se necesita –en este caso silicio y aluminio– y generar un material que se pueda conglomerar”.

Aunque todo el proceso se estudió en laboratorio para saber cómo funcionarían los componentes en la vía, el líder del proyecto manifiesta que “la aplicación sería muy similar a la actual. El pavimento está formado por 4 capas: subrasante, subbase, base y carpeta de rodadura; las vías terciarias tienen máximo 2 de estas, por eso se presenta un deterioro más rápido en estas carreteras”.

activador; luego las volquetas van colocando la ceniza cada cierta distancia, posteriormente la moto niveladora mezcla el suelo existente con la ceniza, y por último un carro riega el activador. Es importante aclarar que este procedimiento se realizó desde 0 hasta los primeros 50 cm de suelo de la vía, y dio resultados satisfactorios”, indica el profesor Hoyos.

Aportes educativos y tecnológicos

Los beneficios del estudio se observan no solo en la sostenibilidad sino también en la articulación entre la academia, el Estado y la industria, pues además de la participación del sector privado se contó con el vínculo entre las Sedes Medellín y Orinoquia de la UNAL, la Institución Universitaria Pascual Bravo de Medellín y la Universidad Minuto de Dios, que aportaron el conocimiento de sus profesionales y los espacios de investigación en laboratorios. También contribuyeron de los departamentos Arauca, Casanare, Guainía, Guaviare, Meta, Vaupés y Vichada, cuyos esfuerzos buscan no solo resolver la problemática, sino además promover la ciencia y el progreso de esta región.

El objetivo principal del proyecto es fortalecer las capacidades científicas, que se reflejan en la dotación de equipos de alta tecnología para la UNAL usados durante el estudio, como el microscopio electrónico de barrido que queda a disposición de la comunidad académica de la Sede Orinoquia.

En la investigación también participaron estudiantes del Doctorado en Ingeniería - Ciencia y Tecnología de Materiales, y de la Maestría en Ingeniería Materiales y Procesos, contratados para formar parte del equipo investigador, y quienes a su vez apoyaron a estudiantes de pregrado, uno de los cuales fabricó un tipo de cemento.

Este proyecto evidencia los logros del fortalecimiento de la ciencia para la sostenibilidad, los cuales se gestan desde la academia y sus beneficios se enfocan en pro de la región y de las comunidades rurales, que pueden aportar a iniciativas locales gubernamentales para mejorar las vías y el progreso de la Orinoquia, que repercutiría en una mayor competitividad y calidad de vida para los llaneros.








viernes, 2 de agosto de 2024

Con plástico se construirían muros ligeros y sostenibles en viviendas

 Según un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con plásticos reciclados y fibras de madera se fabricarían muros divisorios en viviendas para reducir el uso de materiales convencionales con impacto ambiental.

Estos paneles prefabricados se harían a partir de polietileno de alta densidad (HDPE), un tipo de plástico comúnmente empleado en las botellas de agua que, junto con fibras de madera de una especie de pino, contribuiría a reducir el problema de los residuos plásticos y el impacto ambiental generado por la fabricación de ladrillos de arcilla, ya que este mantiene sus propiedades mecánicas incluso después de ser reutilizado.

“Lo que buscamos es tratar de mejorar el medioambiente utilizando esos materiales desechados, pero que también mantengan sus propiedades mecánicas después del reciclaje”, explica Luisa Fernanda Sierra Franco, magíster en Construcción de la UNAL, autora del estudio.

Para reforzar el material se propone incorporar fibras de madera del pino romerón, una especie nativa de Colombia seleccionada porque mejora la cobertura vegetal durante su crecimiento y tiene la capacidad de regenerarse después de ser talado. Además, se incluirían fibras de vidrio para aumentar la resistencia del material compuesto.

“Para llegar a estos materiales y sus propiedades, el estudio se basó en cálculos teóricos y análisis comparativos con paneles prefabricados existentes, como por ejemplo uno de una empresa eslovaca compuesto por una estructura de madera natural y un relleno de paja”, explica la investigadora.

Así, utilizando datos de propiedades mecánicas obtenidos de la literatura científica, la investigadora y su director de tesis, el profesor Andrés Felipe Pérez Marín, de la Facultad de Artes, realizó una “regla de mezclas” para determinar las características del nuevo material compuesto y si su uso sería eficiente.

“A través de fórmulas y cálculos medimos las propiedades del material compuesto que conforma el panel de 85 cm de largo, 40 cm de ancho y 3 m de alto. La resistencia a la flexión arrojada fue de 27,65 megapascales (MPa), la elasticidad fue de 5,802 MPa, el esfuerzo a la atracción de 105,71 MPa y el coeficiente de Poisson de 0,49, que indica cómo se deforma un material”, explica la magíster.

La lectura que hizo es que el panel de madera plástica es sumamente viable para emplearlo en construcción. Esto quiere decir que, con estos resultados, se podrían realizar pruebas de laboratorio y ensayos prácticos para confirmar estos resultados antes de cualquier implementación real.

“El potencial que vemos es que los paneles servirían como alternativa a la mampostería en muros divisorios en viviendas que sería más sostenible y ligera”, enfatiza.

Reducir el impacto ambiental de la construcción

“A lo largo de la historia hemos visto que la construcción se ha manejado con los mismos materiales. Aunque existen tecnologías suficientes para mejorarlos, en 2024 seguimos utilizando el concreto y la mampostería, que implican la explotación de recursos naturales, deforestación e impactos significativos al medioambiente”, señala la magíster Sierra.

Por ejemplo, la fabricación tradicional de ladrillos de arcilla conlleva varios problemas ambientales, entre ellos que los hornos empleados en este proceso operan continuamente emitiendo partículas contaminantes al aire las 24 horas del día, lo cual no solo afecta la calidad del aire, sino que además provocaría enfermedades respiratorias en las poblaciones cercanas a las ladrilleras.

Además, la extracción de arcilla para estos ladrillos a menudo implica remover vegetación, lo cual altera la estructura del suelo que generaría pérdida de fertilidad, lo que conlleva que difícilmente pueda crecer cualquier tipo de planta.

Esta investigación abre la puerta a futuras exploraciones en el campo de los materiales sostenibles para la construcción a propósito del creciente énfasis en la sostenibilidad y la economía circular para transformar la industria de la construcción hacia prácticas con menor impacto ambiental.






jueves, 1 de agosto de 2024

Con imágenes satelitales monitorean pérdida de bosque en Nariño

 En este departamento la deforestación ha sido un problema creciente que afecta tanto al medioambiente como a las comunidades y la biodiversidad. Un estudio reciente de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales utilizó imágenes satelitales avanzadas para analizar la cobertura forestal y entender mejor la magnitud de la tala de árboles en la región.

La investigación desarrollada por Mónica Yolanda Moreno Revelo para la Maestría en Ingeniería - Automatización Industrial de la UNAL Sede Manizales se centra en desarrollar un enfoque basado en técnicas de visión artificial cuyo objetivo es resaltar características en imágenes para detectar más fácilmente los cambios en los bosques.

Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam, 2020), en Nariño se han destruido 3.461 hectáreas de bosques, ubicándose en el noveno lugar del país en tasas de destrucción boscosa.

Los resultados del estudio permitieron generar mapas detallados que muestran las áreas deforestadas entre 2014 y 2019 destacando las zonas de mayor impacto, lo que ayuda a entender mejor las dinámicas de la deforestación en la región. Esta metodología no solo proporcionó una visión clara de la magnitud de la pérdida forestal, sino que además facilitó identificar patrones espaciales como deforestación (amarillo), sin cambios (azul), regeneración (rojo) y nubes (rosado), útiles para planificar estrategias de conservación y recuperación del ecosistema.

“Para llevar a cabo la investigación, y considerando la importancia del departamento, se utilizaron imágenes del Landsat 8, un satélite de la NASA que toma imágenes detalladas de la Tierra para monitorear cambios ambientales con enfoque en la clasificación y detección de las transformaciones del suelo”, afirma la investigadora.

Además se realizó un análisis temporal detallado comparando mapas etiquetados en diferentes fechas, lo que permitió rastrear y cuantificar los cambios en la cobertura forestal a lo largo del tiempo.

El municipio de El Rosario fue el más afectado por la deforestación. En el periodo 2002-2023 perdió 228 ha de bosque primario húmedo, lo que representa 31 % de su pérdida total de cobertura arbórea en el mismo periodo, mientras que el área total de bosque primario húmedo disminuyó en 2,8 % en este tiempo, según Global Forest Watch (2024).

Este territorio es importante tanto por su notable diversidad de especies como por la fertilidad de sus suelos, que son fundamentales para el equilibrio ecológico y la productividad agrícola. De las 79.831 especies registradas en Colombia, Nariño aporta 11.227 especies de fauna terrestre, 326 de peces (56 marinos), y una notable diversidad de plantas que constituyen el 63 % del total regional. Además la región es crucial para la observación de ballenas amenazadas y especies migratorias, según el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia.

Así mismo, los territorios rurales son fundamentales para el cultivo de alimentos esenciales como papa, caña panelera, plátano, coco, tomate invernadero, palmito, café, zanahoria, yuca y maíz tradicional; sin embargo la destrucción de los bosques ha tenido un impacto negativo notable en las comunidades locales que dependen de la tierra para su subsistencia.

La deforestación altera la fertilidad del suelo, que es vital para el crecimiento de cultivos agrícolas. La eliminación de vegetación arbórea reduce la capacidad del suelo para retener nutrientes y humedad, afectando negativamente la productividad agrícola.

Además, la pérdida de bosques puede provocar un aumento en la erosión del suelo y disminuir los recursos hídricos, lo que también afecta la capacidad de los agricultores para cultivar alimentos de manera sostenible. La alteración de los ciclos ecológicos y la pérdida de hábitats naturales afectan la biodiversidad de polinizadores y otros organismos importantes para la producción de alimentos.

Esta pérdida de cobertura forestal está impulsada en gran medida por la expansión de cultivos de uso ilícito, especialmente de coca para la producción de cocaína, que representan una de las principales causas de la pérdida de selva en la región. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (2023), el 13 % de la deforestación anual del país está vinculada a este fenómeno.

Algunos métodos para erradicar cultivos de coca son: la aspersión aérea con herbicidas como el glifosato, un químico que puede reducir la fertilidad del suelo y contaminar las fuentes de agua; la destrucción manual, y la quema de cultivos, alternativa que altera el suelo y contribuye a su desgaste paulatino. Según el periódico ambiental Mongabay (2023), en 2022 Tumaco (Nariño) era el segundo municipio en Colombia con más cultivos de coca, con 20.720 hectáreas, mientras El Charco-Olaya Herrera contaba con 11.088 hectáreas.